Inseguridad.

Se sintió inseguro de avanzar más. Apenas sería tratar de intimar más el contacto para seguir con su experimento, pero temía se le saliera de control. No pretendía llegar a más que algunas caricias, pero la idea de terminar teniendo sexo aun lo incomodaba y no porque Liam no le pareciera atractivo o porque tuviera algún temor. Era más que, no lo sentía necesario y no quería terminar arruinando las cosas.

El rubio lo veía confundido, Sherlock lo había separado ligeramente de sí y lo observaba con intensidad, ocasionalmente paseando su mirada por todo su cuerpo. Provocándole curiosidad.

— ¿Puedo ayudarle en algo, señor detective?

Inquirió el matemático en un tono seductor, trayendo de vuelta a la realidad al de hebras azabaches.

— ¿Puedo tocarte?

Una pregunta sencilla, que Liam decidió obviar para meterlo en problemas.

— Ya me estás tocando y hace nada nos tocamos con los labios.

— ¿Es un sí o un no? — Sherlock entendió su intención y decidió lanzar un contraataque.

De forma casi imperceptible, se asomó una microexpresión en el semblante del rubio. Que Sherlock interpretó como nerviosismo. Lo cual, le hizo pensar que podría ser casi tan inexperto en el tema, como él.