Capítulo XII

Querido Padre

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٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•. En capítulos anteriores ·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•

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*°• Usagi y Rei son advertidas, a través de sus sueños, de que el fin del mundo está cerca.

*°• Hikaru, Umi y Fuu conocen las verdaderas identidades de las Sailor. Pero las Sailor desconfían de ellas.

*°• Gurú Clef le cuenta a Umi que existe una conexión muy profunda entre la Tierra yCéfiro. También le revela que sus poderes existen independientemente del mundo en el que se encuentren.

*°• Rei presencia la apertura del portal en la Torre Tokio, justo en el momento en que Hikaru, Umi y Fuu regresan a Tokio.

*°• Ferio y Ascot se encuentran en la Tierra para unirse a la batalla que han de enfrentar las Guerreras Mágicas.

*°• Latis decide ir a Mundo Místico a buscar al primer Mago Supremo, él único que puede responder sus interrogantes.

*°• La tensión entre las guardianas de Céfiro y de la Tierra sigue en aumento.

*°• Mientras, los poderes de nuestras guerreras están fuera de control, ¿de verdad son capaces de desatar catástrofes sin igual?

*°• Mokona es, en realidad, una poderosa diosa, creadora de Céfiro y de la Tierra, que busca acabar con la humanidad que tanto daño le está provocando al mundo que ella misma creó. ¿De verdad la única alternativa para nuestro mundo es que la raza humana se extinga?

*°• Latis llega a la Tierra. Justo después de que atraviesa el portal, Mokona/Thia lo cierra, quizás para siempre y destruye la Torre Tokio.

*°• Las Guerreras Mágicas entienden de que son capaces sus poderes y logran controlarlos.

Es momento de encontrar al primer Gurú Supremo. He aquí el otro capítulo importante del que les hablé, un capítulo clave, el resto de la trama principal de esta historia. ¡Espero les guste!

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-¿El padre de Gurú Clef?- preguntó, confundida, la guerrera del viento, mientras los demás presentes guardaban silencio. Jamás hubiera imaginado que Clef ¿tuviera padre? Claro que era una locura, si no tenía padre, ¿de dónde venía? Aunque, quizás, en Céfiro no fuera una locura, después de todo, allí todo era posible. Aún más sorprendente era que su padre siguiera vivo. Si Clef llegaba a los 700 años, ¿Cuántos años podría tener su progenitor?

Umi jugaba nerviosamente con su celular, mientras escuchaba lo que el espadachín mágico tenía que contarles. No estaba segura de haber hecho lo correcto al decirle la dirección exacta de la casa de Hikaru. A decir verdad, ya no estaba segura de nada. Apenas había pasado un par de horas de la extenuante batalla contra esa extraña mujer. Thia. ¿Quién era ella? ¿Qué buscaba? ¿Por qué estaba empeñada en que encuentren las llaves de la destrucción de la humanidad? Las noticias no dejaban de hablar de la extraña tormenta que se había esfumado como por arte de magia. Tampoco dejaban de lado los trabajos de rescate en la Torre Tokio que, gracias a la mejora del clima, se habían podido reanudar.

Hikaru estaba confundida. Se sentía feliz de tener a su amado con ella, pero, a su vez, le preocupaba que el portal no vuelva a abrirse, que él no pueda volver a su mundo. Y sabía que si el hombre de confianza de Gurú Clef, el espadachín más poderoso de Céfiro estaba allí, algo muy grave debía estar pasando. Algo que, tal vez, involucraba al mismo mundo mágico. Eso la atormentaba. Pero Latis no parecía dispuesto a dar demasiada información. Él seguía siendo tan inexpresivo, un hombre de pocas palabras. Umi estaba segura de que sabía más de lo que decía, después de todo, Clef confiaba en él, confiaba casi tanto como en sí mismo.

-¿Y por qué aquí? - otra vez era Fuu la que quería saber más. - ¿Él… se encuentra en la Tierra?

-Clef ha logrado rastrear su esencia… Se encuentra en Japón, pero no puede precisar donde.

-Pero… Japón es demasiado grande, ¿Qué se supone que debemos hacer? ¿Buscarlo en cada pueblo? Eso es físicamente imposible. ¿No tiene algún dato más? ¿Acaso tiene una fotografía suya?

-¿Fotografía? - preguntó Latis, confundido. Una gota de sudor resbaló por la cabeza de Fuu. Claro, ellos ni siquiera sabían que era una fotografía.

-¡Oye! ¡Hikaru! - la voz de Satoru, de repente, interrumpió la conversación, poniendo los nervios de punta a la pelirroja, de sólo imaginar un hipotético encuentro entre su celoso hermano y el hombre que causaba sus desvelos. Afortunadamente, su hermano era demasiado respetuoso de su intimidad y, ni siquiera, atinó a entrar a la sala, sabiendo que se encontraba con sus amigas. -Hay dos chicas aquí que te buscan…- terminó de decir, desde el otro lado de la puerta de la sala. En ese momento, Umi se puso de pie, nerviosa, tomando su celular entre ambas manos.

-¿Puedes hacerlas entrar, Satoru? – se apresuró a decir antes de que Hikaru pueda contestar, mientras caminaba hacia la puerta que conectaba la sala con el gimnasio de Kendo de la familia Shidou. Luego, volteó a ver a sus amigos. - Lo siento, yo les dije dónde estábamos… Ami me escribió, ella y Usagi querían que hablemos y…

-¡Umi!- protestó Fuu. – Ni siquiera sabemos si podemos confiar en ellas…- Umi estaba por contestar, cuando la puerta se abrió detrás de ella, dando paso a las jóvenes. La primera en entrar fue Usagi, quien hizo una pequeña reverencia para después posar sus ojos en ese misterioso hombre con armaduras extrañas. Creía haberlo visto en las inmediaciones de la Torre Tokio. Detrás de ella, ingreso Ami, quien, con algo de timidez, se acercó a Umi y le dio un abrazo.

-Me da gusto que estés bien…- le susurró, ante la sorpresa de la joven de cabellos celestes.

-Ami…- dijo, mirándola a los ojos, apenas la chica se separó de ella. - ¿Aún confías en mí, después de lo que pasó hoy? - Ami negó con la cabeza.

-Pero ustedes lograron detenerlo… Umi… lograste controlar tus poderes…

-Nosotras no creemos que ustedes sean nuestras enemigas. - intervino Usagi. Hikaru se acercó a ella. Observó la tristeza en su mirada. Esa mirada tan profunda, tan dulce y tierna. Esa mirada que tanto le recordaba a Esmeralda. Claro, ella también era una princesa, ahora lo entendía, ella también tenía un corazón puro y fuerte, capaz de luchar para proteger a los demás aún a costa de su propia vida.

-Usagi…

-Sé que quieren proteger este mundo tanto como nosotras, por eso no debemos ser enemigas… debemos unirnos, luchar juntas…- Hikaru notó ese brillo especial en la mirada de la joven de cabellos dorados. Se la notaba emocionada, casi hasta las lágrimas. Parecía sincera. Pero Fuu aún desconfiaba, lo podía ver en su mirada. A la guerrera del viento no le agradaban los extraños, no era de confiar fácilmente en las personas. Aún se preguntaba cómo había confiado tan fácilmente en ellas al conocerse. Quizás el estar en un mundo extraño, lejos de todo, había ayudado. Quizás no había tenido otra opción. Pero ellas, ¿Qué opción tenían? Usagi era poderosa, lo había notado en aquella batalla, sin dudas podía ayudar. Y si algo o alguien quería que ellas mismas encabecen la destrucción de su propio mundo, quizás era buena idea tener a las guerreras guardianas de la Tierra de su lado. Qué pasaría si ellas acabarán encontrando los dichosos talismanes y desencadenando el caos. Qué tal si Thia lograba controlarlas, hacer surgir ese lado oscuro de sus corazones, sacar lo peor de ellas. Quizás Usagi y sus amigas podrían detenerlas, aunque tuvieran que luchar contra ellas.

-Usagi… ¿crees que puedes ayudarnos a encontrar a alguien? - intervino Umi, sacando a Hikaru de sus cavilaciones. – Alguien de quien sólo conocemos su nombre...

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Los primeros rayos del sol se asomaban, haciendo brillar las aguas del océano. Las penumbras de la oscura noche habían quedado atrás, junto con el clima hostil del día anterior. Jamás en su vida se había levantado tan temprano, cuando aún era de noche. Él observaba el mar, embelesado. Lo observó de la misma manera. Él despertaba tantos sentimientos en ella, sentimientos que jamás hubiera imaginado que existían. Al otro lado. Apoyada sobre la pared que separaba la costanera del mar, se encontraba su amiga, buscaba quien sabe qué tipo de información en internet a través de su celular. Estaba nerviosa por saltarse sus clases ese día, ella notaba su nerviosismo. Así como notaba que Mamoru estaba algo molesto con ella. Molesto por haberle pedido su ayuda, por meterlo en eso, por confiar en ellas. Desde el mismo momento en que él había conocido a esas niñas y sus amigos, había tenido esa extraña sensación, ellos no eran de este mundo, de eso estaba seguro. Claro que lo sabía, conocía su historia, Ami se la había contado. Esos extraños hombres no eran de su mundo, pero ellas sí. Ellas eran de este mundo, amaban a este mundo, aunque su destino sea proteger a otro.

-Se están tardando…- se animó a decir, por fin. Suspiró. Ami alejó la mirada de su celular. Era curioso que la reina de la impuntualidad se incomode ante unos minutos de retraso de alguien más. Sonrió.

-Umi tampoco es buena con el reloj. - dijo. Usagi entendió la referencia.

-Repíteme por qué estamos haciendo esto, Usako. - dijo Mamoru, volteando.

-Confío en ellas, Mamo-cham… ¿Acaso no confías en mí? - Mamoru suspiró. ¿Cómo no confiar en ella? Había salvado a su mundo y a él mismo tantas veces que ya no podía precisar cuántas habían sido.

Un auto azul llegó a toda velocidad y se detuvo abruptamente frente a ellos. Una gota de sudor resbaló por la frente de Ami. Su amiga de cabellos celestes solía ser bastante inconsciente cuando andaba de apuros. Varios sobresaltos se había llevado aquel día en que Umi la había acercado hasta la tienda de juegos Crown para socorrer a sus amigas.

Mamoru observó, con cierto recelo, a los hombres que bajaban de aquel lujoso auto. Eran ellos, sus sospechas eran ciertas después de todo. Ellos no pertenecían a este mundo. Su mirada se entrecruzó con la del joven mago de ojos verdes. Por un momento, sintió que salían chispas de ese cruce. Ascot seguía sospechando de él. Y ni hablar de Ferio, que observaba bien de cerca a su amada guerrera del viento, no sea cosa que ese sujeto se le vuelva a acercar.

-Mamoru, creo que ya conoces a las chicas y a Ascot y Ferio... Y él es Latis. - dijo Usagi, acercándose al alto espadachín que llevaba su clásica ropa negra, pero había dejado sus armaduras escondidas en casa de Hikaru, para no llamar la atención de los terrícolas.

-Usagi ¿Estas segura de que esto funcionará? - preguntó Hikaru, dando un paso al frente.

-Será mejor que así sea... si mis padres se enteran de que falté a mis clases estaré en graves problemas... Por lo menos que valga la pena. - comentó Fuu, con el semblante serio y algo de recelo.

-Funcionará... Mamo-chan puede encontrarlo... Él está conectado con este mundo... puede encontrar lo que sea y aunque se encuentre al otro lado del planeta.

-Pero necesitaré saber cómo es él, necesito rastrear su esencia... de otra forma, no podré encontrar a quien buscan...- dijo, Mamoru, observando a las jóvenes que estaban paradas frente a él. Entonces, Latis se quitó el anillo que llevaba en su dedo anular, un anillo con una piedra violeta en forma de rombo. Se acercó hacia Mamoru, extendiendo su mano, ofreciéndole el anillo.

-¿Crees que esto servirá? - dijo seriamente, clavando sus ojos azabache en los azules ojos del joven príncipe. Podía sentirse mucha tensión entre ellos, cómo si el aire pudiera cortarse con tijeras.

-¡Es el anillo de Clef!- se apresuró a decir Umi. Ni siquiera había notado que Latis lo llevaba en su mano.

-Clef pensó que podría ser de ayuda. El anillo perteneció a su padre...- dijo, sin profundizar en detalles. Mamoru extendió su mano para tomar el anillo, sin despegar sus ojos de los del espadachín. Apenas el espadachín dejo caer el anillo en su mano, Mamoru sintió como una poderosa energía lo rodeaba. El dueño de aquel anillo no era un hombre como cualquier otro. Aún más, algo más que alguien con poderes, que un hechicero o un guerrero. Se sentía como ella, alguien con su energía, con su poder. ¿Acaso un descendiente de los mismos dioses, como su amada Serenity?

Cerró los ojos, concentrándose en sus poderes. Recorrió cada rincón de Japón con su mente, hasta que dio con el lugar indicado. Era un lugar alejado de la ajetreada metrópolis, un valle rodeado de montañas, que lo mantenían oculto. Un lugar alejado de la civilización, pero no lejos de ella. Les tomaría algo más de una hora llegar hasta el lugar, eso era una buena noticia.

Mamoru abordó su auto, con Usagi, Ami y Hikaru. Mientras que los demás, volvieron a subir al auto de Umi.

ஐ.

El clima era agradable, el sol brillaba con intensidad en un hermoso cielo azul. Parecía increíble que estuviera tan hermoso, después de tantos días de tormentas y nubarrones negros. ¿Acaso, al fin, habían aprendido a dominar sus poderes? ¿Todos esos días de inestabilidad climática habían sido producto de sus propias inseguridades? El viaje era agradable, algo largo, para lo que estaba acostumbrada. Umi nunca había conducido fuera de las ajetreadas calles de la metrópoli japonesa, era agradable conducir con una carretera por la que no iba más que ella y sus compañeros viaje a bordo del Alfa Romeo rojo que manejaba el novio de Usagi. Pero también, le ponía un poco nerviosa estar tan lejos de la ciudad, rodeada de interminable bosque, que le recordaban un poco a su recorrida por el mágico mundo de Céfiro.

Él último tramo del recorrido la puso aún más nerviosa. El Alfa Romeo abandonó la carretera para adentrarse en el espeso bosque, por un rústico camino de tierra que, para complicar aún más las cosas, iba en bajada. Una pronunciada bajada que lo adentraba en lo que parecía ser un valle en medio de aquel denso bosque. Umi tragó saliva. ¿Adónde los estaba llevando? ¿Era seguro confiar en él? ¿Acaso tenía otra opción más que confiar? Pero ¿¡cómo quedaría su lujoso auto al entrar a ese camino de tierra?! Ya podía escuchar la voz de su padre dándole un regaño de aquellos a los que la tenía acostumbrada, sólo al ver el estado en el que había quedado su lujoso auto nuevo.

-Tranquila...- la voz de su amigo la hizo sobresaltar. - Todo estará bien, no te preocupes. - Dijo, desde su lugar de copiloto. Umi sonrió. ¿Cómo hacía él para hacerla sentir mejor tan sólo con unas palabras? ¿Cómo era posible que él adivinara lo que estaba sintiendo con sólo mirarla?

Luego de unos cuantos minutos adentrándose en lo más profundo del bosque, se encontraron con aquel hermoso y verde valle. Era extenso y se encontraba rodeado de montañas, parecía sacado de un cuento de hadas. O de Céfiro. Un estrecho arroyo de aguas cristalinas dividía el valle a la mitad. El sol brillaba por detrás de la montaña más alta que rodeaba el valle. Umi observó como el Alfa Romeo detuvo su marcha. Segundos después, sus tripulantes bajaron del mismo. El sendero había llegado a su fin. A partir de allí no había más que un denso césped y vegetación de todo tipo. Sus compañeros de viaje también bajaron del auto, así que Umi decidió hacer lo mismo.

Observó el maravilloso paisaje. El calor del sol golpeaba en su rostro, un resoplido de aire puro llegó hasta sus pulmones. Se sentía bien respirar aire fresco. Aquel lugar le recordaba mucho a su amado Céfiro. Se acercó a los demás.

-¿Qué ocurre Mamoru?- preguntó al joven de cabellos azabache, que permanecía dándole la espalda. El joven volteó a verla.

-El camino acaba aquí, no hay manera de que nuestros autos atraviesen la vegetación en esta parte... Debemos continuar a pie.

-¿¡Queeeee!? ¿¡Hasta dónde debemos ir!?- se quejó Umi.

-Aún falta, sigamos. - contestó Mamoru, fríamente.

Caminaron unos cuantos minutos por el denso bosque, antes de encontrarse con un claro, justo en el centro del valle. A unos cuantos metros de ellos pudieron divisar una pequeña cabaña, rodeada de lo que parecía ser un extenso y poco cuidado huerto. La cabaña era vieja y se notaba que estaba muy maltratada por el clima, como si no lo hubieran hecho mantenimiento en años, quizás décadas. Mamoru se detuvo antes de llegar, suspiró, metió la mano en el bolsillo de su jean y sacó el anillo que le había dado Latis.

-¿Es aquí, Mamo-chan? - preguntó Usagi, dulcemente. El afirmó con la cabeza, sin despegar su mirada de aquel anillo.

-Debe haber un error...- dijo Umi, dando un paso al frente. - No creo que nadie viva aquí... esta cabaña está abandonada...

-No creo que este abandonada, Umi - Se apresuró a decir Fuu, mientras señalaba las hortalizas creciendo en el huerto que rodeaba la casa. - Es cierto que el huerto parece descuidado, no se han quitado las hierbas y las malezas de alrededor de las plantas, pero si tienen rastros de haber sido cosechadas recientemente.

-Pues, entonces, ¡vayamos! - dijo Hikaru, con esa energía que la caracterizaba y luego se dirigió hacia la cabaña. Umi la siguió de cerca. Tenía mucha intriga por conocer al progenitor de su amor platónico. Mientras los demás las seguían unos cuantos pasos por detrás, Usagi permaneció de pie, observando, como hipnotizada.

-¿Qué ocurre Usako?- preguntó Mamoru, con dulzura. Sabía que algo le preocupaba.

-No lo sé... de repente siento mucha nostalgia y tristeza...

Hikaru y Umi fueron las primeras en llegar hasta la cabaña. Observaron a su alrededor. De cerca, se veía aún más abandonada, la madera estaba vieja y llena de moho, la puerta y ventanas llenas de telarañas. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Umi.

-Siento como si estuviéramos dentro de una película de terror. - comentó en voz baja.

-Has luchado con monstruos terribles, incluso contra Debonel, ¿y le tienes miedo a un par de telarañas? - comentó Hikaru, con picardía. Observó la huerta, entonces pudo ver a un hombre junto a ella. - Umi, mira...- dijo señalando al hombre que permanecía de espaldas. - ¿Crees que sea él? - El hombre lucía algo mayor, tenía el cabello rubio, largo hasta los hombros y llevaba ropa vieja y algo deteriorada. Se acercaron a él.

Cuando estuvieron a escasos metros a sus espaldas, el hombre volteó, como si las hubiera escuchado llegar, a pesar de que no habían hecho el más mínimo ruido. Era más alto que Umi, aunque no llegaba a la altura de Latis, tenía buen físico, se notaba que tenía brazos fuertes, debajo de todos esos trapos. Su rostro denotaba cierta tristeza, aunque su mirada era dulce. En su rostro podían notarse las marcas de la edad, había patas de gallo alrededor de sus ojos, sobre su frente arrugada caían algunos mechones de cabello rubio. Umi observó con detenimiento sus expresivos ojos azules. Sus ojos que le recordaron tanto a aquel hombre con aspecto de niño que había sabido amar con todas las fuerzas de su ser. Sin dudas era él. El hombre sonrío.

-Guerreras Mágicas... – dijo con una sonrisa en sus labios y un brillo especial en sus ojos. Hikaru y Umi se sorprendieron. Fuu, Ferio, Latis, Ascot y Ami llegaron en ese mismo instante. – Estaba esperándolas…

-¿Cómo sabe quiénes somos? ¿Como sabía que vendríamos? - preguntó Hikaru.

-Las estrellas me lo dijeron… Las estrellas lo saben todo…- El hombre recorrió con su mirada a los presentes. Se detuvo en el joven de cabellos verdes. Coloco su pie derecho al frente e hizo una pequeña reverencia. – Es un honor conocerlo su majestad. - dijo, manteniendo la cabeza baja. Ferio se sonrojó.

-Eso no es necesario. -dijo, avergonzado. El hombre volvió a levantar su cabeza y observó, ahora, al joven palu.

-Y tú… el futuro heredero de la magia más poderoso de Céfiro. - El joven hechicero se sorprendió ante aquella afirmación. ¿Acaso aquel hombre estaba prediciendo que él, algún día, se convertiría en el Gurú se Céfiro?

-Yo…

-No debes dudar de tu capacidad, muchacho…

- ¿Mesic? – Preguntó Latis, dando un paso al frente. El hombre sonrió.

-Lograste encontrarme Latis… no esperaba menos de ti, después de todo, mi hijo te ha elegido como su mano derecha.

-¿Tu hijo? ¿Cómo puedes llamarlo hijo cuando lo abandonaste siendo un niño, dejando todo el peso de la magia más poderosa en sus hombros? - el hombre volvió a sonreír, como si esperara el comentario de la joven de cabellos celeste.

-La heredera de Ceres… Tu temperamento se asemeja tanto a las mareas del océano… A veces pacíficas, a veces tempestuoso, capaz de ocasionar catástrofes… Supongo que tienes razón… pero no tuve opción… Hace años que mí destino no está en mis manos, mi vida no me pertenece… Sigo pagando por el pecado más grande que se puede cometer contra los dioses…

-¿A qué se refiere? - pregunto Fuu. El hombre estaba a punto de contestar, cuando desvió la mirada a los recién llegados. Una intensa brisa movió los cabellos dorados de Usagi. Ella clavó su mirada en los intensos ojos azules de aquel hombre. Una profunda tristeza recorrido su cuerpo, al mismo tiempo que una sensación de familiaridad la invadió. Los ojos de aquel hombre se llenaron de lágrimas.

-Serenity…- dijo el hombre, al borde del llanto. Caminó lentamente hacia ella. - Mi princesa. - cuando estuvo enfrente a ella le dio un fuerte abrazo fraternal. Los ojos de Usagi se llenaron de lágrimas. - Jamás pensé que tendría la dicha de abrazarte, hija mía...- terminó diciendo, mientras se separaba de ella y la miraba a los ojos.

-¿Hija? - se preguntó Usagi, mientras observaba como las lágrimas caían de los ojos de ese hombre.

-Lo siento… lamento no haber estado contigo, Serenity… Te debo una explicación

-¿Padre? - preguntó Usagi. Mientras los demás observaban con más interrogantes que respuestas.

- A todos les debo una explicación…- dijo, alejándose de Usagi. - Pero, primero creo que debo invitarlos a pasar…

La cabaña era bastante acogedora, por dentro se veía muy bien, a pesar de su aspecto en el exterior. Una prueba más de que más apariencias engañan. El hombre los invito a tomar asiento alrededor de una mesa de madera maciza, mientras preparaba té y algunas frutas recién cosechadas de su huerta.

-Se que vinieron hasta aquí con muchas preguntas. - dijo luego de servir la última taza de té. - Pero supongo que primero debo presentarme como corresponde...

...Mesic es una de las identidades que he usado a través de mí eterna vida. Mí verdadero nombre es Apolo. No soy de Céfiro, tampoco soy humano. Soy hijo del Dios supremo Zeus. Pero nunca he tenido un lugar en el Olimpo, junto a los grandes dioses, durante años he vagado por este mundo como un mortal más. Ese es el castigo de Hera para los hijos que Zeus tuvo por fuera de su matrimonio. Tuve mí oportunidad de volver a la divinidad cuando conocí a tu madre. - el hombre observó a la joven de cabellos dorados, quien escuchaba atentamente su relato. - Me enamoré perdidamente de ella. Serenity fue el amor de mi vida. Su madre, Selene, la hija predilecta de Thia, nos dio su bendición. - A Usagi se le puso la piel de gallina al escuchar el nombre de aquella mujer, la mujer que las había atacado, quien estaba en busca de los tres talismanes para despertar de Sailor Saturn. - También logró que Thia me acepte y me permita gobernar el Milenio de Plata junto a mí amada Serenity. Pero yo lo arruiné. Cometí el error más grande de mí vida, el error que aún estoy pagando y del que me arrepiento cada día de mi vida. Durante años desee la suerte de mis medio hermanos, los hijos de Hera, de gobernar este mundo desde el Olimpo. Por eso, me deje llevar por ese deseo. El poder me corrompió. No me conformé con el reinado de la Luna, quise ir más allá, gobernar el sistema solar. Tan ciego estaba en mí afán por tenerlo todo lo que un día se me negó, que me uní al Caos en el Caldero Primordial para lograr mi deseo. Pero Thia logró vencer al caos y restaurar el caldero a su estado original. Mi castigo fue perder mí trono junto a Serenity, así como también perder a mí familia: mí amada esposa y mi hija recién nacida. - El hombre volvió a posar sus ojos en Usagi. - Desde ese momento, mi vida paso a manos de Thia. Ella me condenó a vivir en este mundo, como un humano más, a obedecer sus órdenes y cumplir sus caprichos de por vida. Recorrí el mundo, viví en diferentes lugares, con distintas identidades, para no levantar sospechas sobre mí longevidad, mi vida eterna. Pero aquel fatídico día, el día que el Milenio de Plata se extinguió en manos de la diosa de la destrucción, Thia tenía una nueva misión para mí. Ella me encomendó proteger su más preciada creación, Céfiro. Desde entonces, me convertí en Mesic, guardián de Céfiro, el encargado de proteger al Pilar y asegurar su descendencia, el guardián de la corona y de la magia suprema. Allí, en Céfiro, volví a conocer el amor…- Apolo volvió a observar a Usagi. - Jamás olvidé ni olvidare a tu madre, ella fue el gran amor de mi vida. Pero en Céfiro conocí a una mujer maravillosa, que me hizo volver a sentir amado. Tuvimos un hermoso hijo, un hijo que, desde pequeño supe que estaría para grandes cosas. Él sería mí heredero, mi sucesor. Sería su maestro en el arte de la magia y, cuando el asumiera como Mago Supremo, yo tendría, al fin, mí descanso. Así lo prometió ella. Pero no cumplió su promesa. Ella nunca cumple sus promesas. Una vez más ella decidió por mí. Ella decidió que debía volver a este mundo. Por eso volví a dejar a mí familia, a mí mujer y a mí hijo, quien apenas entraba en la adolescencia… Al parecer nunca fui bueno para ser padre… jamás pude hacerlo bien. Clef me odia y con toda razón. Lo abandoné a su suerte, con el peso de la magia más poderosa de Céfiro sobre sus hombros, abandoné a su madre haciendo que se hunda en la más profunda tristeza… Realmente no tengo perdón. Pero… mírate nada más, Serenity…- dijo acercándose a Usagi y acariciando su rostro. - Eres una hermosa jovencita… tu madre ha hecho un gran trabajo contigo… quizás fue mejor así, yo no hubiera podido hacerlo. Sé que jamás he estado contigo, pero sé todo de ti. Durante cientos de años me las he ingeniado para verte crecer, desde las sombras. Te he visto jugar en los jardines del palacio, junto a tus amigas y guardianas. - dijo, echando una mirada de reojo y regalándole una sonrisa a Ami. - Te he visto enamorarte de un apuesto joven, capaz de dar la vida por ti. - observando ahora a un sonrojado Mamoru, de sólo pensar que tanto sabía de él su ¿suegro? - Incluso te he visto durante cada una de tus reencarnaciones… Pero se me ha prohibido presentarme ante ti, así como intervenir en tu vida oen tu destino. La única posibilidad de verte era si tú venías a mí. Aun así, la única razón por la que estás aquí es porque ella así lo quiso…-El hombre volvió a mirar a Usagi, con ternura. - Espero que algún día puedas perdonarme, Serenity.

-Yo ya te he perdonado, me basta con saber que estás realmente arrepentido de todo lo que pasó.

-Lamento interrumpir, Es una historia muy conmovedora, Mesic, Apolo… o como sea que te llames…- intervino Umi. - Pero que tiene que ver tu historia con Thia y los tres talismanes que ella quiere que encontremos.

-Thia… ella es la diosa suprema, la creadora de todo. Thia ha creado a la Tierra y Céfiro, así como los sistemas solares a los que ellos pertenecen. Pero su creación no hubiera sido posible sin la intervención de su hermano, Crono, el creador del tiempo y el espacio. Esa fue la razón por la que ambos decidieron dividirse la creación. En un principio, Thia era la diosa suprema de Céfiro y su sistema solar, mientras Crono era el dios supremo de la Tierra y su sistema solar. Pero, un día, Crono la traicionó, destruyendo a su amado Céfiro y quedándose con toda su creación. Thia nunca pierde, ella no se da por vencida ni aun vencida. Desde las sombras, ideó un plan para vencerlo, aliándose con los propios hijos de su hermano, Zeus, Poseidón y Hades. A cambio del favor, Thia dejo la Tierra en manos de ellos. Pero, temiendo una nueva traición, puso a su hija predilecta, Selene, como gobernante de la Luna y protectora de la Tierra y el sistema solar. Mientras tanto ella se dedicó a buscar la perfección en Céfiro. Allí ha permanecido todos estos años, asegurándose que el sistema del pilar funcione a la perfección. Ha vivido durante siglos en una dimensión desconocida junto a sus hijos más pequeños: Rayearth, Ceres y Windom.

-¿Nuestros mashin son... sus hijos?

-Ella vuelve al mundo de Céfiro cada vez que un pilar se vuelve una amenaza para la prosperidad del mundo, para asegurarse que las Guerreras Mágicas sean convocadas. Entonces, toma la forma de una esponjosa y tierna criatura.

-¡No puede ser! - dijo Fuu, poniéndose de pie. - Thia es… ¡Mokona!

-Mokona no es más que un disfraz que ella ha usado.

-¿Eso quiere decir que Mokona es la creadora de la Tierra y de Céfiro? - continuo Umi, sin aún dar crédito a lo que oía.

-Pero, si Thia es la creadora de este mundo, entonces, no entiendo porque querría destruirlo… ¿Por qué quiere despertar a Sailor Saturn?

- El Caos que vive en el Caldero Primordial siempre vuelve a resurgir, es inevitable. El ser humano es un blanco fácil, influenciable. Durante siglos, he sido testigo como los humanos han permitido al Caos resurgir una y otra vez en este mundo, a través de infinidades de guerras o destruyendo su hábitat. Muchos han sido las amenazas que has enfrentado, Usagi, cada uno de los enemigos que has enfrentados se encontraban influenciados por el Caos. Pero el Caos aún existe en los corazones de los seres humanos. Los humanos que con su actuar irresponsable, con su creencia de ser superiores, están destruyendo este mundo. Ella piensa que la raza humana no tiene remedio y que la única forma de salvar a este mundo es que deje de existir. De ese modo, este mundo tendrá un nuevo comienzo.

-¡Eso no es posible!

-En Céfiro existe un mecanismo de emergencia para salvar al mundo de una catástrofe segura, si acaso el pilar dejará de orar por el bienestar de todos o se viera corrompido por el poder. Esas son ustedes, Guerreras Mágicas. Su misión es acabar con esa amenaza, es decir, asesinar al Pilar. La razón por la que pertenecen a este mundo es porque nadie en Céfiro se atrevería a asesinar a un pilar. Aquí, en la Tierra, también existe un mecanismo de emergencia por si acaso el caos se apodera del mundo: Sailor Saturn, muerte y renacimiento. No es casualidad que las Guerreras Mágicas pertenezcan a este mundo. Céfiro y la Tierra son el verdadero centro de sus sistemas solares, además, existe una profunda conexión entre ambos planetas. Son como la cara de una misma moneda. Es por eso que ustedes pueden usar sus poderes aquí, de la misma forma que pueden hacerlo allá. Ustedes, Guerreras Mágicas, no solo son el mecanismo de emergencia para salvar a Céfiro cuando su pilar lo ponga en peligro. También son el mecanismo de emergencia, quienes deben activar la destrucción cuando esté planeta este al borde del colapso.

-¿El mecanismo de emergencia? Quieres decir que nosotras debemos acabar con la humanidad porque pone en peligro el futuro de este mundo, así como debíamos asesinar al Pilar que ponga en peligro el futuro de Céfiro. - preguntó Fuu, con lágrimas en sus ojos,

-Exactamente. Según la profecía, cuando La Tierra y Céfiro están cercanos a su fin, la niña devenida en pilar despertará a las Guerreras Mágicas que lograrán cambiar el destino de ambos mundos. Es por eso que Mokona, es decir Thia, ha permanecido en Céfiro aun después de que ustedes se convirtieran en Guerreras Mágicas y cumplieran su misión. Por esa razón, también, es que ambos mundos continúan conectados. Parte de la profecía ya se ha cumplido, ustedes ya cambiaron el destino de Céfiro, al darle a su gente el poder de gobernarse a sí misma. Sólo falta que cambien la historia de este mundo... Para eso, deben hacer que este mundo, tal como hoy lo conocemos desaparezca, que la humanidad se extinga para que renazca nuevamente, junto con la dinastía del Milenio de Plata, pero aquí en la Tierra.

-¿Con la dinastía del Milenio de Plata? - interrumpió Ami.- Eso quiere decir que...

-Así es, este mundo está destinado a perecer y renacer desde Tokio de Cristal, con Serenity como su reina.

-¡Eso no es posible! - Hikaru se puso de pie, levantando su tono de voz y con sus ojos llenos de lágrimas. - ¡¿Cómo podemos acabar con este mundo, con nuestra familia, con nuestros amigos?! ¿¡Un nuevo mundo, dónde todo recaiga en los hombros de una reina!? ¡Eso se parece demasiado al sistema de Pilar de Céfiro! ¡El mismo que yo abolí porque siempre pensé que fue muy injusto! ¿¡Por qué querría ayudar a crear un mundo parecido!?- Hikaru observó a la joven de cabellos dorados, sin intentar disimular sus lágrimas. - Usagi... es que tú...- Usagi sonrió, aunque sus ojos seguían denotando una profunda tristeza.

-Hace tiempo que he aceptado mi destino. Seré le Neo Reina Serenity, haré renacer el Milenio de Plata aquí en la Tierra... y Mamoru será mi rey. - dijo, mirando con dulzura al joven que se encontraba a su lado. - Tendremos una hija que, algún día, será mi heredera...

-Usagi...

-Pero, no es necesario acabar con este mundo para que uno nuevo renazca... Hemos vencido a Caos en muchas oportunidades, sé que podamos hacerlo nuevamente, aunque ahora no haya una persona específica en quien se encuentre, sé que podemos...

-Sé que así es... He intentado persuadir a Thia de que la destrucción no es necesaria, pero ella nunca escucha... Guerreras Mágicas... nunca olviden que su verdadero destino está en sus manos... Aunque su despertar no haya sido casual, aunque su misión sea la destrucción de este mundo... no tiene por qué ser así, ustedes poseen la habilidad de cambiar su destino... Solo tienen que confiar en la fuerza de sus corazones. - Un largo silencio se produjo. Un silencio que parecía una eternidad. Un silencio que fue interrumpido por un estruendoso rayo que cayó a pocos metros de la pequeña cabaña. Los presentes se alarmaron, afuera había sol radiante, ¿cómo podía haber caído un rayo?

Apolo se puso de pie, alarmado. Esa energía, la reconocería en cualquiera de sus formas. Había permitido que ellas lleguen hasta él, había dejado que les cuente todo lo que querían saber y ahora... Quizás quería que ellas supieran. Quizás se trataba de una trampa. Pero, ¿qué pretendía ahora?

-Será mejor que se vayan de aquí. - se apresuró a decir. Los jóvenes presentes se pusieron de pie.

-¿Es ella? - preguntó Hikaru. El hombre se dirigió a la puerta.

-Yo me encargo. - dijo saliendo. Hikaru se puso de pie. Umi y Fuu se miraron. Por la expresión en los ojos de su amiga notaron que estaba lista de salir a luchar, no hacían falta más palabras. Fuu se puso de pie.

-Vamos… - le dijo a su amiga pelirroja, mientras se acercaba a la puerta. Hikaru afirmó con la cabeza y allí se dirigió también. Umi se puso de pie para salir tras ella.

-Umi… espera…- se apresuró a decir Ami. Umi apenas volteó su rostro.

-Ustedes quédense aquí… está es nuestra batalla…- dijo, antes de salir. Latis, Ferio y Ascot observaron en silencio. Los tres sabían que era mejor no intervenir, su presencia sólo podía entorpecer la batalla y sembrar dudas y temor en el corazón de las guerreras.

Cuando Umi salió de la cabaña, la mujer de cabellos negros ya se había presentado ante sus amigas. Estaba parada frente a ellas, como una humana más, tez blanca como la nieve, largos y ondulados cabellos azabache, ojos grandes y expresivos, negros como la noche. Le llamo la atención la gema que llevaba en su frente. La gema dorada tenía la misma forma que la gema en la frente de Mokona. Sus amigas la enfrentaban en posición de batalla, mientras Apolo permanecía a un costado, mirándola de manera desafiante.

-Esperaba este momento, mis queridas Guerreras Mágicas…- dijo Thia, con un tono burlón. – El momento de la profecía está cerca… - Para Apolo no cambian dudas, Thia había estado esperando a que él les cuente toda la historia, siempre había estado en sus planes.

-¡Jamás haremos lo que pretendes! - se apresuró a decir Hikaru, con los ojos llenos de lágrimas. Thia río. Una poderosa luz dorada la rodeó. El viento comenzó a soplar con fuerza, las nubes comenzaron a agolparse sobre su cabeza.

-La raza humana ya no tiene escapatoria… Nada más miren a su alrededor… lo que le han hecho a este hermoso mundo…- dijo, mientras el viento se arremolinaba alrededor suyo, meciendo sus largos cabellos. En cuestión de segundos, el cielo se puso completamente negro, los nubarrones comenzaron a descargar su furia contra la tierra, los animales de aquel bosque comenzaron a huir del lugar, como si supieran que una tragedia se avecinaba. ¿Era aquel el verdadero poder de la diosa? No, claro que no. Ella era aún más poderosa. Pero, a pesar de su poderío, ella no tenía el poder de destruir lo que había creado. Si así fuera, no necesitaría despertar a Sailor Saturn.

Y allí estaban, ¿acaso presenciando el principio del fin? Thia estaba molesta, Thia quería exterminar a la raza humana. ¿Acaso tenían posibilidades contra la diosa más poderosa del universo?

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·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•. N/A ·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•

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Bueno, este capítulo me quedó un poco largo, creo que Apolo habló demasiado jaja Pero tenía que contar la historia completa en un mismo capítulo. Espero no haberlos aburrido ni mareado. Así que resultó que Usagi y Clef son hermanos, bueno, no Usagi, mejor dicho, Serenity, porque el padre de Usagi es el señor Tsukino ¿no? Uf, esto de las reencarnaciones en Sailor Moon siempre me confundió un poco. Para ser sincera, de niña casi adolescente, cuando vi Sailor Moon por primera vez, no comprendía mucho eso de las reencarnaciones y vidas pasadas, siempre pensé que las sailors habían muerto y habían revivido y viajado en el tiempo hasta el siglo XX. Claro, ya de grande comprendí bien todo ese asunto de vidas pasadas y, a partir de Crystal, comprendí que Serenity y Endiminion pudieron reencarnar varias veces, pero recién es su última reencarnación pudieron encontrarse. O al menos eso interpreto yo.

La verdad es que siempre me dio curiosidad el asunto del padre de Usagi, sé que muchos dicen que Serenity no tenía padre, sino que nació en el Caldero Estelar y fue allí donde la reina fue a buscarla, pero la verdad es que ni en el manga ni en el anime se habla de ese tema. Por eso quería incluir en esta historia, mi versión acerca de lo que pasó con el padre de Serenity. Y bueno, también escuché sobre otras versiones que dicen que el padre de Serenity era el sol, y que su relación con la reina Serenity era prohibida, por esa razón no estaban juntos. Así que me inspiré un poco en ella. Apolo era el Dios de Sol, uno de los tantos hijos de Zeus, por eso lo elegí como padre de Serenity, sólo como en detalle de color jaja

He leído y releído tantas veces esta historia, para que cada capítulo tenga sentido, para que todo encaje y no quede nada colgado. Espero estar haciéndolo bien, este es un proyecto muy ambicioso (al menos para mí), en el que estado pensando desde que empecé a escribir fics (hace como unos 10 años cof, cof), pero que nunca me había animado a comenzar por miedo a no saber cómo encararlo. ¡Aun no puedo creer haber llegado hasta aquí! Y agradezco que vos también hayas llegado hasta aquí. Realmente espero tener el final muy pronto, no quisiera extenderme demasiado, como hice con mi historia estrella jaja, que quedó mucho más larga de lo que había imaginado.