¡Ya tocaba! Ha sido un maremoto de sentimientos escribirlo. Porque de sentirme en nubes de algodón pasaba a reírme o a sentir ganas de pegar a alguien, para luego reírme y volver a sentir nubecitas.
¡Ojalá logre que les pase! ¡Cuéntenme todo! =D
Resumen hasta ahora (largo):
Los chicos de 2-B tienen un historial complicado que no termina de convencer a sus nuevos profesores y menos a la directora, que les da otra oportunidad y los apoya y espera guiarlos en su vida. Que no es nada fácil.
El líder, Naruto Uzumaki, perdió a su padre siendo un niño y ha convivido con su madre, que, por suerte, es diferente a muchos adultos que se ha encontrado durante su vida. Su sueño es convertirse en jefe de policía. Es quien sostiene unida a la clase, pero carga con sus propios problemas. No sólo la chica de la que estaba enamorado la rechazo, es que ahora, sus sentimientos han cambiado hacia Hinata Hyûga, la hija del hombre que amaba a su padre y odia a su madre. Tras que fuera secuestrado con el resto por los Akatsuki, decide poner en claro sus sentimientos por Hinata, pero repentinamente, aparece un nuevo chico que resulta ser su hermano…
Sasuke cayó por el peso de la oscuridad que no sólo su familia creaba en él. Tuvo que soportar ser el prometido de Hinata Hyûga durante un largo tiempo, pero gracias a su hermano, logra la libertad que ansiaba. Sin embargo, es tarde para los sentimientos que ha descubierto: siente celos por Sakura. A la que él mismo a apartado de su lado al jurar violarla. Ahora, tiene que atener sus propias decisiones…
Sakura carga consigo el peso de una historia pasada que no puede contar. Solo Lee lo sabe. Ha decidido rendirse en amar a Sasuke y, para sorpresa de muchos, está empezando una relación con Sasori. Cada vez que esta cerca de Sasuke siente terror y no puede evitar echar a correr, sin embargo, por algún motivo, sigue amándolo.
Hinata es finalmente libre. Se ha confesado a Naruto, pero la cosa no ha salido lo suficiente bien gracias a su desmayo. Cuando cree que podría poner en orden todo, aparece el chico nuevo y causa tal terror en ella que se desmaya. Tiene tanto miedo de él que no puede ni respirar. Se descubre que ese chico fue el que la secuestró a ella y a Sakura…
Temari finalmente logra tener a su hermano de vuelta. Gaara, tras tantos sustos y tras que Naruto hiciera una de sus angelicales actuaciones, está volviendo a ser más o menos quien era. Sin embargo, no puede pasar por alto el dolor que han pasado y que, cuando más lo necesitaba, fue Shikamaru quien estuvo a su lado. Quizás el vago de la clase estaba convirtiéndose en algo más…
Shikamaru está siempre metido en todos los embrollos sin quererlo. Está ahí para sus amigos. Su primera ex novia ha sido asesinada y es la causante del problema de Gaara. Sin embargo, no puede evitar echarse las culpas por haber abandonado a Tayuya cuando más lo necesitaba. Ahora, se entera de lo que le ocurre a Naruto y de nuevo, vuelve a pensar en otro que no es él…
Gaara sufre. Su adicción a las drogas que estaba dejando por su cuenta fue destruida por Tayuya, quien además, lo violó y drogó hasta el límite, abandonándolo en un callejón. Ahora, se da cuenta de cuánto mal estaba haciendo a su hermana… el cambio será duro para él. Matsuri se alegra por él pero no se atreve a participar de más en su recuperación…
Neji no puede sacarse de la cabeza a Tenten, quien tras enterarse por Shikamaru que Tayuya está muerta, teme por su vida y termina recurriendo a él.
La llegada de Menma, el hermano desconocido de Naruto, ha empezado a crear caos en el hogar Uzumaki. Kushina no da crédito, está dolida por todo y temerosa por su hijo. Mientras Menma se alegra de su desconsolación, podrido por el odio de la familia, Karin huye de él.
Niños robados, heridos, usados como venta de drogas o esclavos sexuales. Adolescentes que deberían de tener una vida normal con corazones rotos y vida cuesta arriba.
¿Qué más podría ocurrirles? ¿Qué hay tras las sombras?
ºcapítulo 16º
Sentimientos
Querría volar hasta ti y tomarte entre mis manos
para no soltarte jamás de lo mucho que te amo.
Tenten sopló sobre el té. Todavía temblaba y le dolían los pies de correr descalza. La manta que la cubría empezaba a darle calor, así que eran los nervios los que quedaban, helándola. Neji estaba sentado frente a ella en la silla frente a un escritorio. Le había ofrecido hablar con Hinata, pero Tenten lo descartó, preocupada por inmiscuir a Hinata en ello. En realidad, si lo pensaba, estaba haciendo mal en ir a ese lugar.
Pero su cuerpo y su mente no pensaron lo suficiente en claro. Las palabras acerca de la muerte de Tayuya palpitaban en su memoria una y otra vez. También las posibilidades de la cantidad de muertes que podrían experimentar con ella.
Tanto correr para al final, terminar muerta por sólo inmiscuirse una vez en un robo de ordenadores.
Y Neji fue en el único que pensó.
Pensarlo provocaba que se sonrojara pese al terror. No podía sacarlo de su cabeza y a la primera de cambio, corría hasta él. Por suerte, Neji era lo suficientemente educado como para no expulsarla de su casa, aunque con lo tradicional que se veían él y su familia, no tardaría en preocuparle el hecho de que una chica estuviera en su dormitorio, seguramente. Especialmente, una chica con la que ya le habían emparejado sin quererlo.
Condenado Lee y su bocota.
Neji aún no le había hecho más preguntas que la de ofrecerle a su prima como consuelo. Solo estaba ahí, mirándola en espera. Cruzado de brazos mientras parecía sopesar las posibilidades que la llevaran a correr hasta su casa. Seguramente, también preguntándose cómo diablos sabía ella que vivía ahí.
—Lo sé por Lee. No es que te haya acosado ni nada parecido —advirtió. Él enarcó una ceja al no comprender —. Donde vives.
—Ah.
Asintió lentamente y ella se acurrucó más bajo la manta.
—Simplemente… —comenzó él frunciendo el ceño—, tengo otras preguntas.
—Pensaba que no eras de tipo que hacía preguntas.
—Por lo general, no —reconoció Neji echándose hacia atrás—. También por lo general no acude a mi casa una compañera de clases en pijama y como si le persiguiera un fantasma.
Miró la taza por un instante y dio un sorbo poco después.
—Tayuya —dijo—. Ha muerto.
Neji se levantó de la silla como si estuviera sentado sobre un clavo ardiente. Dio un paso hacia ella, se detuvo. Se pasó una mano por los cabellos y miró alrededor.
—Mierda.
—Sí, mierda —le imitó.
Lo siguió con la mirada mientras tomaba el té a pequeños sorbos. Finalmente, volvió a sentarse, serio.
—¿Crees estar implicada por ayudarla?
—Era sólo robar ordenadores, pero no me extrañaría, sí —confirmó—. Ese hombre era peligroso, pero estúpidamente confié en Tayuya. Igual que si hubiera confiado en cualquiera de la clase.
Y porque estaba pasando una etapa demasiado estúpida preocupándose por Neji y su acoso. También, Tayuya fue bastante convincente.
Contarle a Neji los detalles de todo era frustrante y necesario a la vez. Él la escuchó con una paciencia asombrosa. No abrió la boca hasta que terminó.
—Sólo fue el robo, nada más. No estás inmiscuida en ningún otro tipo de asunto con ella. ¿Verdad?
—No —confirmó—. ¿Había más?
—Sospecho que sí —indicó él—. Pero no estoy seguro y no quiero indagar más a menos que sea necesario. No obstante, ya sabemos lo que pasó con Gaara y que Shikamaru tuviera conocimiento de lo que ocurrió con Tayuya significa que lo sabe por su padre más que por haber estado saliendo juntos. Mi suposición es que Tayuya drogó a Gaara, lo dejó tirado donde lo encontró Naruto y que fue detenida. De todas maneras, llamaré a Nara a ver qué averiguo.
Se dirigió a la puerta con el móvil en la mano.
—Puedes quedarte tranquila —le dijo—. Nadie va a entregarte y tampoco dejaré que te pase nada.
Tenten juraba que podía confiar en él. En esa mirada llena de promesas.
Cuando se cerró la puerta y se quedó a solas, suspiró. La habitación olía a Neji. Tenía pocas cosas. Libros, una planta, una maqueta en construcción y una televisión. Simple. Ordenado. Era el típico hombre que podía esconder todo dentro de él y no dejar nunca nada a la vista que pudiera delatar sus sentimientos al resto del mundo. Como, por ejemplo, que estaba loco por su prima.
Aunque: ¿quién era ella para juzgarlo?
Se dejó caer sobre la cama, acurrucándose. Era extraño, pero se sentía completamente segura de verdad. Le gustaba como olía. El calor. Le recordó a un tiempo feliz. A cuando podía sentarse en el regazo de su padre y no entender nada del mundo.
Sin darse cuenta, con lágrimas en los ojos, se quedó dormida.
.
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Neji bufó frustrado cuando a la tercera llamada Shikamaru continuó sin responder. Se imaginó que estaría durmiendo en algún rincón o simplemente, en el hospital todavía. El chico Nara se había enfocado mucho en ayudar a Temari y Gaara, así que cabía esa posibilidad. E igualmente, Ino continuaba en el hospital junto a Sai y ella y Shikamaru siempre fueron amigos. No sería raro que estuviera ahí también.
Necesitaba información.
Porque era sorprendente que de la nada Tenten apareciera en su casa, muerta de pánico y en esas condiciones. Primero pensó que querría hablar con Hinata, pero se aferró tanto a él mientras se negaba que todavía tenía marcas de sus arañazos en los brazos. La única solución que vio fue llevarla a su dormitorio y darle su tiempo para hablar.
Estaba metida en un lío muy peligroso. Le daba en la nariz que era mucho más perverso de lo que parecía a simple vista y Tenten había pecado de ingenua. Ahora estaba pagando esa ingenuidad.
—Neji.
Dio un respingo al escuchar la voz de su tío. Estaba tan concentrado en el asunto de Tenten que no fue capaz de presentirlo. Bajó las escaleras que los separaban y aunque Hiashi miró hacia lo alto de la escalera, no preguntó. Su decisión de no inmiscuirse en las relaciones de sus hijas o él continuaba muy clara en su palabra.
—Itachi está aquí por negocios. Ya que formas parte de la herencia que tu padre dejó y has recuperado. Me gustaría que estuvieras presente en la reunión —informó. Efectuó un gesto en dirección al techo—. No te quitará mucho tiempo.
Todavía no le hacía mucha gracia tener que reunirse con los Uchiha. Pese a que toleraba a Sasuke como compañero de clases e Hinata le había asegurado que era mejor chico de lo que parecía a simple vista, continuaba con cierto resquemor. Algo contra lo que él mismo debía de luchar y corregir.
—¿Neji?
—Iré —aceptó.
Itachi Uchiha se puso en pie al verlos entrar. Inclinó la cabeza hacia él, como si no fuera mayor, como si no mereciera respeto. Neji se acercó a él y extendió su mano como salutación y Uchiha la aceptó, perplejo.
—Realmente te pareces a tu tío —le dijo—. Gracias.
Era extraño recibir una frase de agradecimiento de parte de un hombre que se asemejaba a Sasuke Uchiha, pero más lo era sentir que sus palabras, de algún modo, le hacían sentirse mejor. Como si hubiese efectuado una buena obra.
—Bueno, siento reuniros tan tarde —empezó Hiashi—. Pero no creo que sea algo que tenga que hacerse en una oficina. Itachi va a sacar sus estudios y tú todavía estás en ello —reflexionó moviendo el ratón del ordenador frente ellos—. Dado que hemos decidido ser sinceros y no cometer los mismos errores, creo que compartir todo es lo mejor. Me gustaría que le echarais un vistazo a los anteriores accionistas de Fugaku Uchiha.
En una presentación profesional, Hiashi empezó a exponer los distintos empresarios enlazados a las empresas. Los que consideraba adecuados para volver a trabajar con ellos y después, los excluido desde su punto de vista.
Neji le hizo detenerse en uno de ellos. La fotografía le llamó la atención.
—¿Quién es? —cuestionó Itachi.
—Era un contrabandista de armas. Hace años terminó en la cárcel, pero Fugaku aprovechaba los contactos y recursos que dejó atrás.
—Está muerto —informó él apretando los puños—. Ese hombre murió. Hace mucho tiempo.
—Entonces, mi padre chupaba del tarro de un muerto —protestó Itachi frustrado—. Cómo no iba a ser así de retorcido.
Hiashi asintió, pero se centró en él. Posó una mano sobre su hombro.
—¿Le conoces?
—No, yo no —negó—. Pero sé quién sí. Tiene un heredero en vida. Así que los únicos bienes que tenía limpios, le pertenecen.
—Y se le devolverán —terció Itachi—. Mi padre seguramente abusó de ellos.
—Arreglaremos todo eso —prometió Hiashi—. Dame la información de su heredero y me pondré en contacto con él para explicarle la situación.
—No será necesario —descartó—. Siento pedir esto, pero: dejad que me ocupe yo de este caso.
Los otros dos hombres estudiaron su proposición un instante. Luego se miraron entre ellos y ambos aceptaron con un gesto de cabeza.
—Está bien. Yo me encargaré de todo el asunto financiero y demás. Cuando esté listo, venid a verme.
Neji aceptó y les miró.
—¿Es todo?
—Por ahora sí —asintió su tío—. Pero vas a tener que ir habituándote a tener esta clase de reuniones.
—No es un problema —aceptó. Inclinó esa vez la cabeza—. Con permiso.
No terminó de salir cuando Itachi Uchiha lo interceptó. Neji había subido dos escalones de regreso al dormitorio cuando le llamó.
—No necesitas disculparte más veces —le dijo antes de que agachara de nuevo la cabeza. Conocía lo orgullosos que eran los Uchiha—. Las disculpas no van a regresar todo lo que me quitó tu padre. Es él el culpable y quién debería agachar la cabeza. Ni tú ni Sasuke.
—Lo sé —aceptó Itachi—. No se trata de eso. Se trata del asunto de que conozcas al heredero de ese hombre. Creo que ambos sabemos en qué condiciones debe de encontrarse…
Miró hacia lo alto de las escaleras, apretando la mandíbula.
—Sí —respondió—. Tú ahora mismo no puedes devolver todo lo que se le debe. Estoy seguro de ello.
—No —reconoció Itachi encogiéndose de hombros—. Pero sí tengo mis manos para ayudar de ser necesario. No me da miedo arrodillarme para sacar dinero.
Neji no podía estar más sorprendido. Itachi Uchiha hablaba en serio. Mucho.
—Se lo diré —prometió.
Itachi hizo un gesto de aceptación y se marchó una vez más con su padre. Neji aprovechó para subir escaleras arriba. Preguntándose en cómo debería de comenzar una conversación de ese modo. En controlar las preguntas. Ahora entendía mejor por qué Tenten cambió. Por qué se dejó arrastrar por Tayuya. Y por qué demostraba tanto orgullo y despreciaba la importancia del dinero.
Pero cuando abrió la puerta para enfrentarlo se quedó casi sin aliento.
Tenten estaba acurrucada en su cama, con su cabeza apoyada en su almohada y el llanto cayendo de sus ojos cerrados. Dormida por completo.
Confiada.
Él se sentó en la silla.
Quizás esa noche se sintió como un verdadero perro guardián.
.
.
—¿Qué hace él aquí?
Sakura se detuvo en seco antes de entrar en la casa. Miró hacia arriba y su cuerpo entero se estremeció. No quería estar tan cerca de él. No podía.
Que Sasuke fuera quien abriera la puerta era algo que no calculó. Aunque podía imaginarse que en ese momento Naruto y Kushina debían de estar juntos y sin fuerzas para abrir una condenada puerta.
—Me acompaña —respondió.
Sasori estaba a su espalda, cerca de ella. Sasuke los miró alternadamente, entrecerrando los ojos. Continuaba manteniendo una mano sobre la puerta y, la otra, sobre el marco sin permitirles entrar. Sakura bufó.
—Quita de en medio, Sasuke —ordenó—. No es tu casa. Y, además, no deberías de estar haciéndote el mejor amigo después de lo que hiciste pasar.
No quería. Su corazón sangraba mientras lo hacía. Mas no podía ser amable. No podía caer de nuevo en sus redes, dejarse llevar por su mirada sorprendida y dolida.
Sasori la tomó de la mano para llamar su atención y se inclinó sobre su oreja. Algo al parecer lo suficiente íntimo como para que Uchiha chirriara los dientes.
—Está bien, Sakura. Entra sola. Esperaré fuera.
Antes de que ella se negara, Sasori se marchó. Cruzó a la acera de enfrente y se apoyó contra la pared, cruzándose de brazos.
Cuando se volvió hacia Sasuke, éste había quitado la mano y la miraba con cierto grado de satisfacción que le dieron ganas de golpearle el estómago ahí mismo. Pero lo hizo a un lado y entró hasta la familia.
Naruto estaba sentado en el sofá, junto a Kushina. La mujer había llorado claramente y su voz sonaba rota mientras le contaba todo lo que sabía a su hijo. Naruto la miró una vez y extendió su mano hacia ella. Sakura se la aceptó, arrodillándose a su lado.
—¿Es de verdad su hermano? —preguntó.
—Lo es —confirmó el hombre que hasta ahora no había notado—. Tiene su partida de nacimiento y todo. Los Uzumaki se encargaron de cubrir todo lo que conlleva a su existencia para mi alumno y Kushina.
Sakura entonces recordó quién era el hombre. Jiraiya. Le conocía por las historias más que por su presencia.
—Pero… ¿Una madre no lo siente? —preguntó confusa—. Cuando son dos… no sé…
—Debí de hacerlo —interrumpió Kushina con la voz rota. Sakura se mordió el labio inferior, culpable. Naruto le dio una palmada para tranquilizarla y otra a su madre en la pierna—. Me desmayé cuando iba a nacer. No pude verle, ni sostenerle o… ser su madre. Qué es lo que debería de ser.
Naruto respiró con tanta fuerza que Sakura temió que se ahogase.
—Naruto —musitó Kushina—. No lo sabía. Te lo juro.
—No necesitas jurarlo, mamá —descartó él—. De pequeño recuerdo que te pedí un hermano… no me habrías mentido.
—Claro que no —aseguró Kushina—. Una madre que no reconoce a su hijo… no es una madre de verdad. O tiene causas mayores para no hacerlo. No es mi caso. Las ecografías y todo decían que sólo venía uno. Y aunque yo me sentía diferente, como si fueran más, me tacharon de exagerada. Así que confié y por eso, no supe nada.
Sakura asintió, recibiendo así la verdadera respuesta a su pregunta.
—Se encargaron de comprar todo con dinero —aclaró Jiraiya—. Esos Uzumakis forrados de dinero.
—¿Qué han hecho con mi hermano? —preguntó Naruto apretando su mano libre en un puño—. Él fue quien secuestró a Hinata y a Sakura. ¿Sabéis?
Cuando las miradas se posaron sobre ella, Sakura asintió.
—Cuando le vi pensé a primeras que era Naruto, porque se parecen mucho, pero… luego me percaté de que no. Y Hinata, no es que le conociera —añadió—. Creo que estaba coaccionada de alguna forma. Me da miedo que le hiciera algo que…
Se mordió el labio inferior cuando sintió una mano en su hombro. Al mirar, se percató de que era Sasuke. En otro momento, su corazón habría danzado de felicidad. En ese momento, ella se apartó bruscamente con la excusa de cambiar de postura.
—Ese maldito… —siseó Naruto furioso—. Las secuestró y dejó a manos de un grupo de hombres… A Hinata la dejó en bandeja de…
Sus dientes rechinaron. Sakura cerró los ojos ante la aterradora situación que podría haber sucedido si ella no hubiese intervenido o Naruto y Sasuke hubieran llegado a tiempo.
—Pero no pasó —le recordó. Naruto le devolvió el apretón de manos, mirándola—. Y estamos bien.
—De amenaza de violación nunca queda una bien —corrigió Kushina frunciendo el ceño—. Tú y Hinata cargáis con más dolor del que parece tras ese secuestro.
Sakura parpadeó, sorprendida. Desvió la mirada hacia Sasuke, algo más severa.
—Si, bueno, mi corazón ya ha sufrido con ese tema.
Sasuke le devolvió la mirada sólo un instante antes de mirar a cualquier lado. Y ella fingió mirar hacia la puerta.
—¿Ocurre algo? —preguntó Naruto imitándola.
—El pelirrojo del otro día está fuera —respondió Sasuke mordaz.
Naruto empezaba a ponerse de pie.
—Espera, Naruto —le ordenó asiéndolo del brazo—. Sasori está conmigo.
Naruto la miró con curiosidad. Luego a Sasuke. La puerta y, una vez más, a ella.
—¿Estás saliendo con él?
Sakura se armó de valor, poniéndose en pie.
—Sí.
Naruto frunció el ceño.
—Ese tipo…
—Lo sé —interrumpió antes de que siguiera—. No quería participar. Se marchó de la pelea justo porque nunca apoyó las opciones de Deidara. Sé que parece lo que no es, pero hay que darle una oportunidad.
—¿Para qué? —preguntó Sasuke entrecerrando los ojos—. ¿Para lo mismo?
Sakura levantó el mentón.
—No eres quién para juzgar eso, Sasuke.
Sasuke parecía a punto de lanzarse sobre ella. Naruto extendió una mano, mirándola directamente a ella.
—Está bien. Si es tu elección, adelante. Pero en el momento en que se pase o considere que está siendo un mierda contigo, aunque te pongas por delante, lo mataré.
Sakura le sonrió.
—Lo sé —dijo poniéndose de puntillas y besándole la mejilla—. Ahora tienes que enfocarte en esto. No puede ser que Menma os haga sufrir cuando no habéis hecho nada. Hay cosas que solucionar más importantes antes que discutir si salgo o no con Sasori.
—La pregunta es: ¿Qué quiere? —Indicó Jiraiya, quien junto a Kushina se había mantenido apartado de la conversación anterior, dándoles espacio—. Puedo imaginar que la corrupción de la familia Uzumaki lo lleve a venganza. Pero ha de existir un motor para ello.
Hubo un instante de silencio que fue roto por Naruto.
—Quizás crea que yo le he robado todo lo que debió de ser suyo —sopesó—. Es decir, su madre. Su cariño, su tiempo…
Kushina le tomó la mano con ternura.
—Sé que suena entrañable, pero no creo que sea eso —terció Jiraiya—. Los Uzumaki que le han criado no son cariñosos y no educarían a un niño con esa necesidad. Al fin y al cabo, sólo tenéis que ver a Karin.
—¿Karin? —preguntó Naruto mirando a ambos adultos.
Kushina se puso en pie, nerviosa.
—Jiraiya —aseveró. El hombre se llevó una mano a la boca, disculpándose con la mirada.
—No, no vayáis a hacer esto —advirtió Naruto—. No ocultéis las cosas como hacen los demás adultos.
—En eso tiene razón, Kushina —aceptó Jiraiya.
Kushina bufó y los miró, estudiándolos con la mirada.
—Karin, la misma chica que va con vosotros a clases, es una Uzumaki. Es tu prima, Naruto.
Naruto palideció y miró hacia ellos con la pregunta en los ojos. Sakura se negó. Sasuke hizo lo mismo, pero estaba pálido, incómodo, como si saberlo fuera algo aterrador. Sakura no pudo evitar preguntarse por qué. Aunque sospechaba algo.
—¿Por qué nunca me lo dijiste, mamá? —preguntó Naruto—. Entiendo lo de mi hermano, pero… ¿mi prima?
Kushina se frotó el brazo, angustiada.
—A cambio de dejarnos en paz, la familia me prohibió acercarme a cualquier familiar. Y que tú tampoco lo hicieras, por supuesto. Así que cuando me enteré que Karin iba contigo a clases… fue aterrador. Karin ha tenido que ocultar su identidad por nuestra causa. No es feliz tampoco en su hogar.
Sakura recordaba el cambio que había dado. Ahora era una chica más madura, con la que se podía hablar de alguna forma. Antes eran gritos, superioridad, nervios y como si alguien que se acercara a Sasuke fuera un enemigo en potencia.
—Cuanta más mierda escucho, más pienso que mi familia materna es una bazofia —protestó—. No puedo perdonar lo que han hecho…
—Lo entiendo, de verdad —comprendió Kushina abrazándolo—. Pero no quiero que hagas ninguna locura. Espera un poco más.
—¿A qué? —preguntó—. Menma claramente ha venido a hacer daño.
Kushina afirmó ante su pregunta. Miró a su hijo con preocupación.
—No obstante —dijo—, dejadme que hable primero con ellos. Por favor, sé que os cuesta aceptarlo, pero dejar que los adultos nos hagamos cargo de esto.
Naruto vaciló.
—Está bien —aceptó—. Pero de la clase me encargaré yo —advirtió—. Y pienso ir a hablar con Karin de esto.
—Naruto —advirtió sujetándolo del codo. Él la miró.
—No, ni Naruto ni nada, Sakura —reprendió—. Nos han quitado muchas mierdas solo para protegerse a sí mismos. Si quieren gobernarme, les va a costar mucho hacerlo.
—No conoces el poder de los Uzumaki —puntualizó Kushina—. Yo sí. Por eso te pido que no hagas nada todavía. Deja que hable con ellos.
Naruto hizo una mueca. Kushina se enderezó.
—No te lo estoy pidiendo, Naruto. Te lo estoy ordenando.
Esa vez, el adolescente sí cedió. Aunque Sakura sabía que era a regañadientes.
La puerta se abrió como una exhalación entonces. Los adultos y ellos dieron un respingo. Shikamaru, empapado de sudor, jadeaba, mirándoles a unos y otros.
—Llegas tarde —acusó medio en broma. Nara chasqueó la lengua.
—Lo siento, no dormí nada, así que me quedé frito en la biblioteca. No me enteré hasta que vi a Tenten en la cafetería —se disculpó.
—¿Cómo está Gaara? —preguntó Naruto.
—Se recuperará —respondió inclinando la cabeza—. Aunque no sé cómo se tomarán lo de Tayuya.
—¿Qué le ha ocurrido a Tayuya? —preguntó preocupada.
Shikamaru dudó. Jiraiya inclinó la cabeza.
—Ha muerto.
—¿¡Qué!? —exclamaron al unísono. Intercambiaron miradas de espanto.
—Espera. Explica todo esto —demandó Naruto caminando hasta Shikamaru—. ¡Joder, no hay más que problemas! ¿Fue Menma quien hizo eso?
—¿Menma? —cuestionó Shikamaru confuso—. Ah. ¿Es como se llama tu hermano?
—Sí —confirmó Naruto arrastrando las palabras—. ¿Ha sido él?
—No —negó Jiraiya a su espalda. Todos se volvieron hacia él—. Menma no está metido en ese jaleo. Quitando su acto hacia Hinata, no ha tenido contacto que sepamos con la organización para la que trabajaba Tayuya (1)
—¿Organización? —cuestionó ella mirando al hombre. Pareciera que realmente no la conocían como pensaban.
—Drogas —respondió Shikamaru—. Tayuya es la causante de lo que le ha ocurrido a Gaara. Estaba inmiscuida en ello. Y también era uno de esos niños que secuestran para ser camellos de droga. Y… —Apretó los puños, tensando la mandíbula—. Yo la vi cuando éramos niños.
—La viste… ¿Cuándo? —preguntó confundida.
Shikamaru les contó acerca de cuándo era niño y se encontró con Tayuya. No recordaba con claridad al hombre que se la llevara. Pero la culpabilidad era notable en él.
—Oh, Shikamaru —murmuró. Se acercó a él para abrazarlo y el chico lo agradeció con unas palmadas secas en su espalda—. Por cierto. ¿Qué hace Sasori ahí fuera?
Sakura se tensó. Recordaba el problema entre ellos dos.
—Sale con Sakura —espetó sarcástico Sasuke.
Shikamaru la miró como si acabaran de salirle tres cabezas.
—No.
—Sí —confirmó suspirando—. Es mejor chico de lo que parece, Shikamaru. Y ya que tú le has quitado a Temari…
—Yo no le he quitado nada —negó Shikamaru atónito—. Temari no es posesión de nadie. No es un objeto.
—No lo decía en ese sentido, Shikamaru —dijo sorprendida también—. Me refiera a…
—Sí, bueno, pues no —descartó—. No hay nada entre Temari y yo, así que puede estar tranquilo. Y si lo utiliza como excusa para salir contigo...
—No es excusa —objetó, abrazándose a sí misma—. Simplemente, ambos estamos cansados de esperar y sufrir.
Sentía cada vez más la presencia de Sasuke a su espalda. Su mirada clavada sobre ella. No podía saber qué estaría pasando por su mente. Seguramente, alegría de que finalmente se hubiese rendido con él.
No quería ver su cara mostrar esa alegría o alivio. No estaba preparada para eso. Así que pasó junto a Shikamaru.
—Me marcharé —informó.
—Espera —detuvo Kushina—. ¿Dónde vas a dormir esta noche?
Sakura se encogió de hombros.
—No lo sé… muchas gracias por la hospitalidad, pero vosotros ahora mismo no estáis para tener a nadie por casa.
—Sakura-chan —nombró Naruto con claras intenciones de detenerla.
Ella negó con la cabeza.
—Sasori seguro que puede acogerme. No te preocupes, no volveré con mis padres.
—No me refería eso —negó Naruto.
Tanto él como Shikamaru se miraban sin encontrar una solución a lo que ella estaba haciendo. Sasuke continuaba en silencio y ninguno de los adultos volvió a inmiscuirse. Lo comprendía. Kushina tenía ya muchas cosas en las que pensar y centrarse en sus hijos como para preocuparse por la hija de otra persona. Y Naruto necesitaba poner en orden también muchas situaciones. No solo con su familia. También con Hinata.
Se despidió con una inclinación. No había empezado a cruzar la calle cuando escuchó su voz.
—Sakura.
Se detuvo, suspirando.
—¿Qué quieres, Sasuke?
—Mi casa —indicó—. Está Itachi. Es mejor que…
—No voy a quedarme en la casa del mismo tipo que quiso violarme. Soy estúpida, pero no tanto —negó—. Adiós, Sasuke.
Se alejó antes de que dijera algo más. Que la hiciera retractarse, querer volver a aferrarse a él. Realmente, si lo pensaba, era estúpido pensar que realmente Sasuke fuera a violarla. Ella se habría entregado a él. Porque le amaba. Él no tendría que violarla para conseguir lo que quería. Y, por supuesto, Sasuke nunca la miró como mujer para querer hacerlo.
Pero eso le daba terror a su cuerpo. Y era la mejor forma de poner distancias.
Aceptó la mano de Sasori que le extendió y tembló.
—Por favor, dime que no sigue mirando…
Sasori miró por encima de su hombro.
—Lo hace. Y nunca pensé ver esa clase de mirada en un Uchiha.
Sakura cerró los ojos por un instante y levantó la cabeza, enderezando la espalda.
—Bien.
—¿Bien? —preguntó él—. Si odias hacer esto. Estás a punto de echarte a llorar.
—No me digas eso —suplicó—. Si lo haces, realmente terminaré haciéndolo.
Sasori no abrió la boca más. Continuaron caminando por las calles sin un rumbo realmente aparente cuando ella debería de estar pensando en dónde quedarse a dormir. Era una locura pensar en quedarse con Sasori. No era tan descarada como para hacerlo, pero no podía negar que disfrutó dejándolo caer como opción para… para nada. No. Eso no era cierto.
Sasuke le había ofrecido su casa. Era algo que antaño sería impensable dada la situación de su padre y que ahora lo ofreciera era un gran paso. Pero no podía aceptarlo, por supuesto. No estaba huyendo de él para luego volver a caer. Ir a su casa, por más que estuviera Itachi, era peligroso para su corazón.
Suspiró sintiéndose más cansada que nunca y miró a lo lejos. Podría pedirle ayuda a los padres de Ino, pero…
—¿Matsuri? —preguntó al ver de lejos a la muchacha.
Sasori siguió su señal y frunció el ceño.
—Ah, esa es la chica que trabaja en casa de Gaara y Temari.
—¿Sí? Es compañera nuestra de clases. Pero…
Algo no iba bien.
Matsuri caminaba tranquilamente mientras cargaba en su mano derecha una bolsa con comida y, en la otra, tomaba una bebida caliente. Se detenía de vez en cuando para mirar al cielo y al mismo tiempo, lo hacía otra persona. No lograba verlo bien, pero aquello no le gustó.
—Perdona, Sasori —se disculpó echando a correr.
Él la siguió sin dudar. Ambos se detuvieron junto a Matsuri, que se detuvo cuando ella gritó su nombre. La sombra se ocultó en uno de los callejones al ver que acudía compañía.
—Iré a ver —indicó Sasori. Sakura asintió en agradecimiento.
—¿Qué ocurre? —preguntó Matsuri siguiendo con la mirada a Sasori—. ¿Ese no es…?
—Sí, sí —respondió—. Sé lo que me hago, no te preocupes por mí. Más bien, la que me preocupa eres tú. ¿Te has dado cuenta de que alguien te iba siguiendo?
—¿Qué? —exclamó Matsuri mirando hacia su alrededor—. ¡Qué va! ¡Ni me había enterado!
Se puso pálida, apretando la bolsa contra sí misma como si pudiera protegerla de todo mal.
—¿Quién era?
—No hemos alcanzado a verle —respondió preocupada.
—Madre mía —exclamó Matsuri temblando—. ¿Y ahora qué hago?
—No quedarte sola, por encima de todo —recomendó mirando a su alrededor—. ¿No puedes llamar a tus padres, hermano o algo?
Matsuri tensó el gesto.
—Soy hija única y mis padres murieron hace tiempo… vivo sola. Y ahora me arrepiento mucho de no vivir en la escuela…
Sakura sintió que la asía de la mano, temerosa. Le dio ternura, miedo y comprensión. Si no lo hubiese visto: ¿qué podría haberle pasado? Mil cosas le pasaban por la cabeza. Ya era suficiente con que Tayuya estuviera muerta. No quería ver a nadie más.
—Iré contigo —se ofreció—. ¿Está bien? ¿O prefieres que llame a Temari? —propuso. Al fin y al cabo, ella era mucho más amiga de Matsuri que las demás.
—No, no. Ella ahora mismo está donde debe —negó—. No podría pedirle nada. Por favor, ven. Me sentiré algo más segura. Mi casa es pequeña, pero podremos dormir bien y he comprado mucha comida y…
Sakura sonrió lo más calmada que pudo.
—No necesitas intentar convencerme, Matsuri —interrumpió—. En estas situaciones, las mujeres debemos de ayudarnos. No me supone ningún tipo de problema ayudar y defenderte de ser necesario.
Matsuri asintió, tragando preocupada.
Sakura miró en la dirección por la que Sasori se había marchado. Tardaba mucho en regresar.
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—¿Por qué estabas siguiéndola?
Kabuto se apoyó contra la pared, en las sombras, subiendo sus gafas mientras una petulante sonrisa cruzaba su rostro. A veces, a Sasori le parecía más una serpiente cuanto más pasaba el tiempo.
—Esa chica me conoce —respondió—. A estas alturas ya debes de saber qué ha ocurrido. Solo manejaba mis asuntos.
—¿Te conoce? —preguntó Sasori—. Ah, la vez en casa de mi primo. Sí. Fíjate si se acuerda de ti que cuando miró hacia atrás y te vio no se inmutó y continuó caminando como si fuera por un campo de flores.
Kabuto pareció sorprendido.
—No te recuerda —recalcó—. Probablemente no te fijaste, pero sólo tenía ojos para mi primo.
El rostro de Kabuto demostró la forma en que meditaba sus palabras. Sasori le dio su tiempo, esperando a que comprendiese.
—No es un problema para lo que sea que haya pasado —puntualizó.
—¿No lo sabes? —preguntó Kabuto.
—No he tenido tiempo para preocuparme demasiado por tus asuntos, Kabuto. En sí, sabes que sólo me interesaba tu venta de droga para mi primo. Ni siquiera he consumido nunca.
—Lo sé —confirmó él—. Si no fuera porque te respeto hace tiempo habrías terminado como tu primo.
Apretó los dientes y la zona donde Temari le golpeara todavía la notó tirante.
—Te pasaste con eso.
—No, yo no di las órdenes. Vinieron de más arriba, como siempre. Mira, entre nosotros —continuó caminando más hacia las sombras—, si tu primo hubiese sido cualquier otro pelagatos, de cualquier otra clase, estaría ya recuperado y viviendo felizmente con esa chica que seguía. Pero la desgracia quiso que forme parte de 2-b.
—¿Por qué? —preguntó entrecerrando los ojos.
Kabuto levantó un dedo para señalar el cielo y los tejados.
—Porque el de arriba tiene un problema con ciertos participantes de esa clase. Y no se detendrá hasta destruirlos a todos.
—Ahora mismo tienen varios problemas que solucionar —reflexionó.
Kabuto volvió a sonreír de esa forma que le ponía los pelos de punta.
—Oh, sí. Lo sabemos. Nosotros le hemos ayudado. Un poco. Y esperamos que haga mucho caos. Mucho.
Miró por encima de su hombro y, subiéndose las gafas, desapareció como un espectro. La voz de Sakura llegó después.
—¡Sasori!
Suspiró, metiéndose las manos en los bolsillos y volviéndose en su dirección.
—Se ha escapado —informó al verlas juntas—. No he logrado verle.
Sakura chasqueó la lengua, frustrada.
—Vaya, me habría gustado mucho darle una paliza.
Sasori tuvo que retener una mueca para no delatarse. Dudaba que Sakura fuera capaz siquiera de debatir con Kabuto. Más bien, antes de abrir la boca estaría muerta.
—¿Qué harás? —preguntó al ver que Matsuri, que era como se llamaba la interesada en su primo, no se separaba de ella.
—Me iré con Matsuri a su casa. Pasaré la noche con ella y mañana iremos a clases.
Asintió y extendió su brazo para abrirles camino educadamente.
—Entonces, os llevaré a casa.
Sakura le sonrió en agradecimiento, pero fue la vocecilla de Matsuri quien lo dijo en palabras. Si la miraba bien, era una chica normal y su normalidad hacía que fuera atractiva de algún modo. No le extrañaba que Gaara, que era tan exótico a simple vista, disfrutara de jugar con ella.
Al menos, al dejar en claro que no le recordaba, logró salvarle ese trasero respingón que tenía. Dudaba que eso le diera puntos frente a su prima, quien seguía sin querer saber nada de él. Ni siquiera le cogía el teléfono.
Sakura le tomó de la mano y él parpadeó.
—Parecías necesitarlo —le dijo.
Sasori le devolvió el gesto.
—Sí, lo necesitaba.
Matsuri no vivía tan lejos. Eran unos simples pisos partidos por la mitad que alquilaban como mini hogares. Imaginaba que era lo que podía pagarse. Aunque dudaba que su tío le diera poco dinero.
—Hasta aquí está bien —les dijo mirándolas—. Esperaré a que subáis.
—Gracias —musitó Matsuri alejándose a saltitos hacia la puerta mientras buscaba las llaves.
Él se quedó mirando a Sakura, que la observó y luego se volvió hacia él. Todavía estaban tomados de la mano y le acarició con el pulgar.
—Gracias, de verdad —le dijo—. Siento que hayas tenido que esperar fuera antes, por cierto.
—No tiene importancia —descartó.
—Y viste a…
—Sí, le vi —confirmó—. No tiene importancia. Ahora mismo, la situación con mi prima es muy delicada. Esperaré a que se calme todo. En cuanto a ti…
—Estaré bien. Pero si tengo ganas de llorar…
—Llámame —interrumpió. Le acarició la mejilla y después se soltó.
Sakura y Matsuri subieron escaleras arriba y él cerró la puerta. Para su sorpresa, al volverse, en la otra acera, Sasuke Uchiha caminaba justo contra su dirección. Se miraron una vez.
Bastó para saber que los Uchiha maldecían muy bien.
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Itachi bostezó mientras intentaba coger todo el calor que podía de su chaqueta. Tener una reunión en casa de los Hyûga era un verdadero problema, pero hasta que no lograse sacarse los estudios, era todo cuanto podía hacer. Debía de hacerse con algún vehículo, aunque fuera de segunda mano. Quizás debiera de reclamar ciertos favores a Pain.
Lo primordial era poner en orden su vida. Y la de Sasuke de paso. Su hermano tenía que arreglar los problemas que a causa de su oscuridad creó y uno de ellos estaba seguro que iba a costarle mucho hacerlo. Los temas de mujeres podían ser muy delicados y teniendo en cuenta que su hermano parecía un completo patán con ello… no tenía muchas esperanzas. Aunque sería triste que una amistad de muchos años se fuera al traste por un error que era reparable.
Aunque Sakura parecía dispuesta a rehacer su vida, le sorprendía que, entre tantos hombres en el mundo y a su alrededor, fuera con Sasori. Tras lo ocurrido entre ellos esperaba que ni siquiera se mirasen, pero vaya giros daba la historia. Estaba seguro de que eso fue una patada a sus partes bajas para su hermano. Más que si hubiese empezado a salir con uno de sus compañeros de clase.
Le preocupaba cómo iba a terminar todo ese asunto.
—¡Oh, Dios! ¡Daisuke-chan!
Itachi levantó la cabeza al escuchar el grito de mujer. Se giró en redondo al ver un gorro amarillo brillante correr por la carretera. Un niño pequeño, desenfocado por los faros del coche que avanzaba hacia él. Una mujer corría en su dirección pero estaba seguro de que no llegaría a tiempo.
Maldiciendo entre dientes, echó a correr. Logró atrapar al niño y esquivar el coche justo por los pelos. Diablos, ser un héroe no era tarea fácil.
Antes de que pudiera decir nada, la mujer se echó sobre el niño, abrazándolo. Éste protestó por el abrazo, avergonzado.
—No vuelvas a asustarme así, Daisuke-chan —aseveró poco después—. Podría haber sucedido algo terrible. Dale las gracias a este chico, anda.
Itachi levantó la mirada hacia ella y su rostro pasó del agradecimiento a la sorpresa.
—No necesita agradecerme —descartó—. Sólo tener más cuidado la próxima vez.
El niño asintió, pero igualmente se disculpó y agradeció a media lengua. Después, echó a correr dentro de la casa con la única puerta abierta. La mujer continuaba mirándole. Algo incómodo, retrocedió. Ella dio un paso al frente y posó su mano sobre su mejilla, sorprendiéndolo por aquel acto tan descarado.
—Itachi —nombró—. Oh… creía que nunca volvería a verte.
Más confuso que nunca, intentó comprenderla. No la recordaba. Ni siquiera estaba seguro de conocerla.
Ella suspiró y retrocedió.
—Ya veo, no me recuerdas.
—¿Te conozco? —preguntó.
La mujer parpadeó, inclinando la cabeza para afirmar.
—Soy Izumi — se presentó—. Izumi Uchiha.
Negó. Aunque ella se había presentado con una urgencia que no comprendía continuaba sin recordarla. No era de extrañar. Su mente siempre había estado enfrascada en salvar a Sasuke, que olvidó interesarse por el resto de su clan. Ahora debería de hacerlo con aquellos que trabajaron para su padre.
—Tu padre trabajaba para el mío —dedujo entonces.
Ella negó.
—No. Mis padres murieron cuando yo era niña.
Vale. Eso era nuevo.
—¿Entonces?
—Pues…
—¡Izumi-chan! ¡Daisuke-chan vuelve a estar nervioso!
Otra mujer ataviada con el mismo uniforme que Izumi gesticuló impaciente desde la puerta. Izumi suspiró y le miró, sonriendo.
—Lo siento. Tengo que irme. Espero que volvamos a vernos. ¡Muchas gracias por salvar a Daisuke-chan!
Tal y como dijo, se marchó. Itachi se quedó un buen rato mirando la puerta. No reconocía a la mujer de ninguna parte. Ella podría conocerle por la televisión. Al fin y al cabo, las noticias se hincharon con su hermano, él y su familia.
De recordarlo, suspiró.
Cambió el rumbo para dirigirse hasta el hospital que pensaba tardar más en pisar. No había horario de visitas establecidos, así que el guardia de seguridad no le pidió mucho más que su carnet.
—Está mejor y evoluciona bien —le comentó mientras lo acompañaba a la habitación—. Si esto sigue así, podrá salir muy pronto.
—Gracias —agradeció empujando el pomo para abrir.
Su madre estaba ya acostada y leía un libro. Dio un respingo al escuchar la puerta y después, al verle, parpadeó.
—¿Itachi?
—Sí—saludó acercándose más a ella cuando extendió sus manos hacia él—. Siento venir tan tarde.
—No importa, cariño. Comprendo que con todo lo que ha pasado has tenido que tomar todo el peso de las consecuencias. ¿Cómo está Sasuke?
—Está bien —respondió girándose en busca de una silla que acercar a la cama—. Digamos que está pasando por los problemas típicos de la adolescencia.
Mikoto abrió mucho los ojos y Itachi no supo diferenciar si de sorpresa o terror con las sombras que la única lámpara otorgaba a su rostro.
—Me refiero a problemas amorosos —explicó sentándose al final.
—No, no —negó ella aferrándolo de la mano—. Ni tu hermano ni tu podéis estar con una mujer, Itachi —aseveró—. No, lleváis la sangre de ese hombre y… y mi sangre y eso… no, por favor. No dejes que se acerque a ninguna chica.
—Madre —exclamó sorprendido—. ¿Qué estás diciendo? Nosotros no somos papá y tú tampoco. Siempre has sido mejor que él. Lo que él hiciera nos da un ejemplo de lo que no debemos de hacer como hombres.
—No, no, no —negó Mikoto alterada—. No lo entiendes. Ese hombre es malvado. Su mala sangre corre por vosotros. Sé lo que haréis… ¡No os acerquéis a ninguna mujer! ¡Sois malvados! ¡Sois el engendro del mal!
Las alarmas se dispararon. Su madre empezó a golpearle con el libro, llorando. Los celadores aparecieron poco después y el enfermero lo sacó de la habitación.
—Y eso que estaba mejor —protestó mirando severamente al hombre.
—No, no lo está —negó el hombre—. ¿Quién se lo ha dicho?
—El guardia de seguridad.
—Su lista no estará actualizada. Lo lamentamos. Cada vez que ve a un hombre moreno tiene ataques de pánico. ¿Le ha dicho algo?
—Sí —respondió acomodándose la ropa de la que le había tirado—. Al parecer, sus hijos somos el engendro del mal.
El enfermero suspiró tan agotado como él se sentía en ese momento.
—Por favor, no la juzgue. Es una persona muy fuerte, pero ha rebasado el límite y necesita poner en orden su mente de nuevo. Nosotros la ayudaremos aquí. Restringiremos sus visitas únicamente al género femenino y cuando creamos que está preparada, le avisaremos.
Itachi no pudo hacer más que aceptar y marcharse. Si los médicos no conseguían solucionar los problemas mentales que habían quedado en su madre, menos él.
Se miró la mano derecha, cerrándola en un puño. Él nunca iba a ser como su padre. Y esperaba que Sasuke tampoco.
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Se sentía mucho más tranquila después de un rato. Cambiarse de ropa, ducharse, preparar la cena y una cama para Sakura había ayudado lo suficiente como para sacarse el terror de encima. Aún le quedaban secuelas, por supuesto. ¿Cómo podía una mujer olvidarse de la nada que estaban siguiéndola?
No quería ni pensar qué podrían haberle hecho de secuestrarla. Dudaba que sólo lo mismo que le habían hecho a Gaara. Alguien encontraría su cuerpo o… ni eso.
—¿Y esta fotografía?
Matsuri volvió en sí al escuchar la voz de Sakura.
Llevaba uno de sus pijamas y estaba ya acostada. Alargó la mano hasta la mesita de noche donde había colocado la fotografía que hiciera a la obra de arte de Sasori en referencia a los hermanos Arena. La imprimió con la idea de enseñársela a Gaara para hacerle volver en sí. Ahora ya no servía de mucho.
Al final, fue Naruto quien logró hacer recapacitar al muchacho y no ella.
—Son Temari, Gaara y su hermano fallecido —explicó—. Es una de las obras que expone Sasori en la galería. Le hice una fotografía con la idea de mostrársela Gaara. A ver si conseguía que volviera a clases. Pero… al final fue inútil.
—No tiene por qué serlo —objetó Sakura observando atentamente la fotografía y luego a ella, sonriéndole—. Naruto ha conseguido que Gaara vuelva en sí. Se dé cuenta de los errores que ha o está cometiendo. Es lo único. Naruto no le ha dicho que venga a clases ni nada así. Eso todavía puede ser cosa tuya. ¿No crees?
—Oh, visto de esa forma… —murmuró sorprendida—. No, pero… creo que las cosas están muy delicadas como para ir presionando para su regreso. Le queda tiempo de recuperación, así que no creo que quiera hacer nada en específico a eso.
—Eso es cierto —reconoció Sakura dejando la fotografía—. Eso no significa que durante ese tiempo no puedas convencerlo.
Matsuri dudó.
—En realidad, no sé qué va a hacer después, cuando se recupere. Quizás ya lo ha hablado con Temari y lo haya decidido con ella. Temari también tenía muchas ganas de que regresara a clases. Por eso inventó la mentira de que estaba enfermo.
Sakura buscó su móvil, ofreciéndoselo.
—¿Por qué no llamamos a Temari para ver cómo van las cosas?
Dudó.
—No podemos sólo suponer las cosas. He aprendido que cuanto más imaginamos, peor. Necesitamos conocer cómo está el terreno con Gaara antes de rendirnos o decidir continuar. ¿No crees?
La miró con sorpresa. Nunca habría pensado que Sakura podía llegar a ese tipo de reflexiones. Se preguntó cuánto habría cambiado realmente en ese tiempo y por qué cosas estaría pasando.
—Llamo —aceptó.
Presionó el botón de llamada y esperó.
Temari respondió al sexto tono.
—¿Quién es?
—Soy Sakura —respondió ésta.
La sorpresa de Temari no tardó en llegar.
—¿Sakura?
—Sí, estoy con Matsuri.
—¡Hola! —saludó nerviosa—. ¡Perdón por molestar a estas horas!
—No, no. Está todo bien. Lo que me resulta extraño es que estéis juntas. ¿Está todo bien? Porque desde que te pedí que me trajeras la mochila no he vuelto a verte. Es más. ¿Por qué la dejaste y te marchaste?
Matsuri no supo por dónde empezar a explicarse. Nerviosa, buscó la mirada de Sakura, quien se inclinó de nuevo hacia el teléfono.
—Temari —nombró—. Estamos juntas en su casa. Cuando regresaba de casa de Naruto, porque ha pasado una gorda que seguramente Shikamaru te contará después, alguien estaba siguiéndola. Un tipo. No hemos podido ver quién era ni nada así, pero la verdad, no me sentía segura dejándola a solas. Y yo necesitaba un lugar donde dormir, así que nos ayudamos mutuamente.
—Espera, espera —demandó Temari—. ¿Cómo que un tipo te seguía? ¿Por qué? ¿Estás bien? Espera… ¡Gaara, no! Ni hablar… No. Mierda. Luego os llamo.
El teléfono se colgó ante la atónita mirada de ambas.
—¿Estará bien? —preguntó mirando el aparato y a ella—. Quizás al llamar hemos causado un ataque en Gaara y…
—No —negó Sakura sujetándola de la mano que empezaba a mover, histérica—. No tiene nada que ver. Gaara está inestable, Matsuri. Que se recuperara por lo de Naruto no significa que pueda establecerse de la noche a la mañana. Eso lleva un tiempo. Vas a necesitar mucha paciencia —puntualizó.
Era cierto. Una persona no se recuperaba de la noche a la mañana de las drogas. Y por lo que le había entendido a Temari y lo que vio ella, lo había intentado por sí solo. Quizás lo habría conseguido de no ser por Tayuya y quien fuera que le vendiera la droga.
—Tayuya… —murmuró cerrando el puño—. Ella y Gaara… creo que hubo drogas entre ellos y…
—Tayuya está muerta.
Levantó la cabeza para mirarla. Sakura no mentía.
—No sé los detalles —informó antes de que preguntara—. Nos lo dijo Shikamaru antes. Pero la situación no estaba para que yo indagara más.
—¿Por qué? —preguntó antes de pensar. Se cubrió la boca con una mano—. Ah, perdón. No necesitas responder si no quieres.
Sakura negó y sus cabellos, sueltos y rosados, ondeaban sobre sus hombros. Parecían gotitas rosadas.
—Durante muchos años amé a Sasuke —comenzó—. Creo que eso no es algo nuevo. Muchos lo sabíais.
—Sí —reconoció. Aunque ella no estaba pasando una buena racha por aquel tiempo como para pensar en temas de amor. Aunque generalmente podría convertirse en una fangirl, hacia los demás solía ser algo despistada.
—He estado aguantando muchas cosas durante años. Decidí que ya era suficiente. ¿Sabes lo del secuestro? —Cabeceó afirmativamente para no interrumpirla—. Bueno, quien lo hizo eran compañeros de Sasori. Amigos. Deidara es hasta su compañero de exposición. El caso es que Sasori no participó en sí. Yo… no puedo estar junto a Sasuke, así que… decidí salir con otro chico para olvidarle.
—¿Con Sasori? —preguntó con la boca abierta—. Pero él…
—Lo sé. Todo lo que me digas, no creo que no me lo hayan dicho ya. Especialmente Sasuke.
Sakura se abrazó las piernas. Por la tensión en su rostro y el esfuerzo que hacía por no llorar, estaba enfocándose por completo en luchar contra la parte que no podía controlar y que continuaba amando a Sasuke.
—Lo siento… no sabía que era tan complicada tu situación —se disculpó.
—No tienes que disculparte por ello —descartó Sakura—. En realidad, creo que es la primera vez que nosotras nos detenemos a hablar.
—Sí —confirmó y esa vez, sí sonrió—. Me alegra mucho poder hacerlo, Sakura.
—A mí también.
Hubo un silencio por un momento, hasta que Sakura dio con el uniforme que colgaba tras su puerta.
—Ey. ¿Ese no es el uniforme de limpieza de las empresas Arenas? —preguntó.
—Sí, lo es —asintió—. Es como un mono azul y tira en partes que no debería. Además, cala más de lo que debería.
Sakura desvió su atención a ella.
—¿Por qué tienes uno?
—¿No lo sabes? —preguntó acomodándose mejor en la cama—. Trabajaba para ellos durante fiestas, bodas y demás. Ahora suplo a la mujer que limpia la casa de Temari gracias a la escuela.
Sakura parpadeó, inclinando su cuerpo más hacia delante.
—Espera, espera. ¿Trabajas para Temari?
—Concretamente: para su padre —aclaró—. Siempre lo he hecho. Desde que tengo capacidad para trabajar. Mis padres trabajaban para la empresa antes de morir. Yo me quedé en su lugar. Aunque he de decir que temí perder el puesto hace un tiempo…
—¿Por qué?
Matsuri recordó aquel tiempo. Era una niña desgarbada, de gafas y… torpe.
—Durante una fiesta invitaron al director de la anterior escuela a la que íbamos. Yo me encargaba de recuperar los cubiertos, platos o vasos sucios. En una de esas tropecé con él. Ya sabes que allí no nos dejaban trabajar ni por necesidad, así que… el director le preguntó al señor Arenas y éste se hizo el sueco.
—Te echó a los leones.
—Claro. Porque pagar a una menor por trabajar sin que el estado lo acepte, es ilegal —puntualizó—. Y como la escuela no lo permitía, menos. Así que dijo que yo había entrado ilegalmente, que trabajaba con otra persona. Me expulsaron y el señor Arenas me envió a otro sector parecido al paro, donde cobraba mucho menos y esperaba tener un puesto para mí. Limpiar la casa de Temari y Gaara ha sido un logro que no quiero desaprovechar.
Sakura asintió y se lamió los labios.
—Claro, porque te gusta quitar la suciedad que hay en ella. No tiene nada que ver que Gaara esté allí.
Matsuri se sonrojó al instante, cubriéndose con las manos las mejillas.
—Bueeeno, eso también —reconoció.
Ambas se echaron a reír. Más tranquilas.
Se dieron cuenta que necesitaban más risas que lágrimas en ese día.
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—¿Eres consciente de qué me estás pidiendo, idiota?
Jiraiya asintió mientras la veía caminar de un lado a otro del despacho. Con el cabello ondeando en sus coletas sobre sus hombros y sus senos danzando en bricos eróticos sobre sus brazos.
—Primero, estás adelantando acontecimientos escolares —comenzó, levantando sus dedos a medida que dictaba—. Segundo: dudo que los Uzumaki estén justo para estos temas. Me pides que saque a un chaval que casi muere por una sobredosis. Tengo otro recién operado, que sí, ya se levanta de la cama por fuerza de voluntad, lo sé de sobras. Están todos irritados porque he tenido que meter entre mis alumnos a un niño enloquecido. ¿Me estás hablando en serio?
—Sí —repitió—. Sé que para los dos enfermos encontrarás una solución. Los Uzumaki, no, Naruto Uzumaki necesita eso. Los Uchiha tienen sus problemas organizados gracias al mayor. En cuanto a su irritación… Si los llevas a punto caliente, donde sus hormonas se desbaraten, te aseguro que tendrán que pensar en otras cosas.
—¡Estamos en invierno en plenas temperaturas de lluvias!
—Lo sé, Tsunade. Lo sé de sobras —garantizó—. Pero para poder investigar bien esto, necesito que quites de en medio a esa clase. Así que organiza algún tipo de viaje escolar. Yo qué sé. Un premio por algo. Hay islas que pese a ser invierno ahora mismo tienen temperaturas veraniegas. Llévalos allí o algo.
—Te repito que tengo dos hospitalizados. Y el más grave sufre ataques.
—Distraerse le ayudará. ¿No crees? —propuso.
—Ni siquiera sé si va a querer volver a clases —protestó.
Jiraiya lo sopesó.
—Seguro que sí. Intenta quitarme a los chicos, Tsunade. La cosa se va a poner fea en la ciudad.
—¿Y qué hago con el que está decidido a destruirlos? Especialmente a Naruto.
Jiraiya lo sopesó.
—Deja que las cosas avancen y evolucionen solas.
Ella abrió la boca atónita.
—No estarás hablando en serio, Jiraiya.
Él tomó su sombrero y sonrió, ocultando su rostro.
—Tan en serio como el día en que me declaré.
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Temari se cubrió las piernas con la manta que una enfermera le había entregado amablemente. Se acomodó en el sofá de invitados y revisó que Gaara continuara durmiendo. El último ataque llegó de imprevisto y toda la comida que había logrado ingerir se fue directamente por el váter. Volvía a estar sedado para descansar toda la noche del tirón, pero nada les aseguraba que no volviera a repetirse.
Al menos, su hermano estaba más comunicativo y permitía que le tocase o abrazara. Que recurriera a ella le enterneció el corazón.
Continuaba sin recordar nada y por un lado, se alegraba de que así fuera. No quería ni pensar en qué clase de pesadilla le metieron. Los análisis iban dando buenos resultados, pero Tsunade, que le había visitado esa tarde, no estaba del todo confiada.
Por supuesto, era obvio que una persona no iba a recuperarse tan pronto.
Bostezó y miró hacia el móvil sobre la mesa cuando vibró. Esperaba de todo corazón que no fuera Sasori. No quería saber nada de él. Más bien, no estaba segura de cómo se comportaría de tenerlo frente a ella de nuevo.
No era él.
[Shikamaru N.] 20:37: ¿Cómo va todo? ¿Gaara está mejor? ¿Necesitas que vaya?
De solo pensar que volviera, su corazón dio un vuelco. Intentó calmarse y tomar aire antes de responder.
[Tú (2)] 20: 40: Hola. No, no es necesario. Va bien. Ahora mismo duerme. Ha tenido varios ataques más antes. No son seguidos y no es violento más que por los espasmos.
No sabía bien cómo chatear con él. Era extraño. Nunca había estado chateando tanto con alguien ni interesada tanto en una persona. ¿Sonaría borde? ¿Demasiado directa? ¿Aburrida?
Cuando Shikamaru tardó en contestar empezó a sentirse más y más preocupada. Después de todo lo que el chico había hecho por ella, lo que menos quería era sonar grosera. En realidad, le estaba muy agradecida.
El mensaje llegó al final, obligándola a dar un respingo del susto.
[Shikamaru N.] 22:22: Perdona. Fui a ducharme y cenar. Además, Naruto llamó y necesitaba una charla. Es bueno que duerma. Piensa que Tsunade está cuidando de él, así que está en buenas manos.
Sí, lo sabía. Tsunade era increíble trabajando. Cuando la había visto en acción pensó que era una inútil a su lado.
[Tú] 22: 24: ¿Ha ocurrido algo con Naruto? No necesitas disculparte. Es normal que quieras al fin relajarte en tu casa después de tanto trote. Es cierto, Tsunade es la mejor.
Dudó si debía de poner una carita o no. Shikamaru no había utilizado ninguna. Se preguntó qué pensaría de ella de hacerlo. ¿Sería más relajante para la conversación?
[Shikamaru N.] 22:28: Supongo que no lo sabes ya que estás en el hospital con Gaara (que es donde debes de estar). Hoy ha entrado un chico nuevo en clases que, al parecer, es hermano de Naruto. Por lo que he comprendido, engañaron a Kushina (la madre de Naruto), durante su embarazo. Le dijeron que sólo tenía un hijo y.… es mentira. Así que Naruto está completamente en shock. Necesita calmarse, claro.
Estaba con la boca abierta. Literalmente. Mientras leía el mensaje contándole lo sucedido con Naruto y Menma, como se llamaba el chico, no podía creérselo. Había preguntas que rondaban su mente pero pensó que hasta que no fuera madre no comprendería. Aunque podía empatizar un poco con la idea de que te robaran un hijo durante dieciocho años.
Shikamaru continuó contándole acerca de ellos en más mensajes que llegaban seguido. Esperaba a que terminara de escribir todo, empapándose de cada párrafo.
Al parecer, todo había quedado a la espera de que Kushina Uzumaki moviera ficha. Aunque dudaba que Naruto fuera paciente con eso. Más, si ese chico que buscaba problemas estaba en su clase.
[Shikamaru N.] 22:31: ¿Sigues ahí?
[Tú] 22: 31: ¡Si, perdón! Estaba pensando en lo que me has contado. En todo lo que está ocurriendo. Es como si no cesasen de llegar problemas uno tras otro.
[Shikamaru N.] 22:33: Sí… Por cierto, hay otra cosa que quizás debas de saber.
[Tú] 22: 34: Si es lo de Tayuya… tu padre nos lo ha contado. Vino antes para hacerle unas preguntas a Gaara. Pensó que tú nos lo habías dicho.
Pudo imaginarlo chasqueando la lengua y soltando su frase predilecta. Algo que la hizo sonreír pese a la seriedad del asunto.
[Shikamaru N.] 22:35: Pensaba que no era el momento adecuado. Con Gaara en esa situación…
[Tú] 22: 35: No, está bien. Lo comprendí. No te preocupes por eso. Ninguno de nosotros tenemos poder sobre otras personas.
No se alegraba de su muerte.
[Shikamaru N.] 22:37: De todas maneras. No era de Tayuya de quien quería hablarte.
Levantó una ceja.
[Tú] 22: 37: ¿De quién entonces? ¿Ha pasado algo más que no sé? Porque hoy no hago más que enterarme de cosas sorprendentes. Y algunas dan miedo, la verdad.
Recordarlo la enfureció y aterraba a la par. Había intentado hablar con Matsuri después pero no recibió ningún tipo de respuesta, así que se imaginó que, o estaba muy ocupada con Sakura, o se habían quedado dormidas.
[Shikamaru N.] 22:38: ¿Ha pasado algo?
Le contó a Shikamaru todo cuanto sabía.
[Shikamaru N.] 22:42: Entiendo. Avisaré a mi padre. Ya sé que es una lata decir eso, pero es lo único que podemos hacer ahora mismo, tsk.
[Tú] 22: 43: No. Te lo agradecería que se lo dijeras. Matsuri vive sola, así que me preocupa. Hoy Sakura está con ella, pero no podrá estar para siempre.
Shikamaru tardó en escribir. Podía ver la pantalla anunciar que estaba haciéndolo. Luego se quedaba en blanco, para repetir el mismo gesto. Se preguntó qué le estaría contando que le daba tantas vueltas.
Cuando finalmente le llegó el mensaje, el móvil estuvo a punto de caérsele de las manos.
[Shikamaru N.] 22:48: Justamente de Sakura quería hablarte. Al parecer está saliendo con Sasori. No sabemos exactamente cuándo ni cómo, pero antes lo he visto en casa de Naruto esperando. Cuando pregunté, Sasuke me contestó que era el novio de Sakura. Después se han ido juntos. Por la forma en que Sakura se expresó creía que iba a quedarse en casa de Sasori a dormir. Pero veo que lo de Matsuri la hizo recapacitar.
¿Sasori? ¿Ese mismo energúmeno por el que su hermano casi moría? ¿Era de verdad? ¡Oh, por dios! Tenía unas ganas tremendas de coger a Sakura del cabello y arrastrarla por el suelo hasta que le diera una explicación.
¿Acaso no era consciente de todas las cosas que había hecho? ¿Acaso Ino no era su mejor amiga? ¿Qué tenía de bueno su primo?
El que por cierto, aseguraba beber los vientos por ella y de la nada se agarraba a una chica cercana. ¡Claro que sí!
[Tú] 22: 53: ¿Por qué Sakura haría algo así? No lo entiendo. Conoce a mi primo de hace nada y debería de conocer lo malvado de él. No la comprendo.
[Shikamaru N.] 22:54: Sospecho algo. No estoy seguro del todo, pero creo que es por Sasuke. Ino me dijo algo antes, pero la verdad, no estaba muy despierto.
Cómo no. El guapo de Sasuke Uchiha rompiendo corazones y provocando que mujeres que le parecían lo suficiente capaces fueran a parar a los brazos equivocados.
Un ruido llamó su atención.
Levantó la mirada hacia la puerta. La cerradura nueva que habían puesto era electrónica. Necesitabas un pase especial para poder traspasarla y sólo ella, las enfermeras o Tsunade tenían una.
Miró a Gaara. No había cambiado de postura más que para estirar una de sus piernas. Roncaba levemente. El ruido se repitió cuando se inclinó más hacia delante, cobijada por la sombra. Llevó el móvil hasta su boca.
—Shikamaru… alguien está queriendo entrar en el dormitorio de mi hermano. Han cambiado la cerradura a una electrónica. Debería de haber dos guardias de seguridad en la puerta, pero creo que no están…
Envió la nota de voz.
Se pegó a la pared y tomó aire, preparándose para lo que fuera.
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A Shikamaru empezaban a pesarle los párpados. Era la primera vez que hablaba tan tarde con una chica que no fuera Ino y, generalmente, está lo conseguía porque se dedicaba a darle toques que lo despertaban.
Hasta ahora, Temari había utilizado el modo de escribir, así que un audio le preocupó. Especialmente, porque se suponía que estaba en la habitación con Gaara.
Le dio al play. Primero pensó que escuchar su voz de ese modo era bastante íntimo, hasta que notó la preocupación y escuchó el resto de palabras.
Saltó de la cama y abrió la puerta.
—¡Papá! —gritó.
Abrió la puerta del dormitorio de sus padres sin preguntar. Su padre maldijo entre dientes, tirando de las sábanas para cubrirse y a la par a su madre.
—¡Shikamaru! —aseveró.
—Lo siento por eso —aseguró asqueado—. Necesito que te vistas y nos vayamos. Ya —ordenó.
—¿Por qué? —cuestionó Shikaku empezando a hacerlo.
Le puso el mensaje a medida que se vestía. En un abrir y cerrar de ojos, su padre estaba en la puerta, apresurándolo para que se moviera. A la par, empezó a hacer llamadas.
—¿Cuánto hace que ha enviado ese mensaje? —preguntó ya en el coche de camino al hospital.
—Diez minutos.
¡Maldición! En diez minutos podrían suceder muchas cosas.
Miró por la ventana, angustiado. Si hubiera pasado algo…
—Cálmate, Shikamaru —ordenó Shikaku—. Impacientarse ahora mismo no sirve de nada.
—Es la sensación de impotencia y mi capacidad lo que hace que me sienta así. Lo sé de sobras.
El mayor de los Nara sonrió.
—Y tu poca fe en tu padre.
—¿Qué?
Shikaku suspiró.
—¿Realmente crees que iba a dejar a la presa sin vigilancia? —Cuando le miró, Shikaku sonrió—. Claro que no. Tienen vigilancia de sobras. Esa chica tuya estará bien.
Shikamaru sintió que el calor aumentaba.
—No es mi chica —corrigió—. Es una compañera de clases.
—Sí, sí —aceptó irónico su padre—. Di eso mismo cuando estés besándola en tu boda.
Shikamaru chasqueó la lengua.
—Mira, hijo, esa chica te gusta. Lo sé. Ni siquiera cuando estabas con Tayuya te comportabas igual. Temari dice "Ay" y tú saltas.
Gruñó entre dientes.
—Las chicas son complicadas.
—Sí, pero los hombres no podemos vivir sin ellas. Que nos guste creer que sí, es otra cosa.
Eso era cierto. Lo reconocía. No obstante, no quitaba que fueran complicadas como ellas mismas. Si hasta entre ellas se peleaban y dos eran capaces de discutir a grito pelado cuando estaban discutiendo por la misma cosa y ambas tenían razón.
Llegaron al hospital enseguida. Bajaron a la par. Su padre se adelantó para reunirse con otros hombres.
—Le tenemos —le informaron.
—Bien. Vamos a ver quién es.
—Espere, señor —demandó el hombre—. Va a ser complicado.
—¿Por qué? —preguntó Shikaku.
Shikamaru les seguía de cerca. La curiosidad también le podía.
—Es un hombre del grupo Arenas. El padre de los chicos quería entrar. El hospital le negó el permiso, así que actuó por su propia cuenta.
—¡Joder, venga ya! —exclamó su padre golpeando el coche más cercano—. ¿Dónde está ahora ese imbécil de ricachón?
—En la habitación —respondió el hombre dando un respingo—. Dijo que si le tocábamos nos demandaría por fuerza bruta y…
—Ya, no necesito más explicaciones.
Avanzó a paso ligero hacia el interior del hospital. Shikamaru le siguió de cerca. Nada más salir del ascensor, vieron a dos hombres sentados en el suelo y siendo tratados por dos enfermeros. Los guardias de seguridad. Un tercero estaba de cara a la pared, esposado y con la cabeza gacha. Tenía una mejilla enrojecida y sangraba por la nariz.
Temari.
Entraron en la habitación. Las luces estaban encendidas y un hombre se mantenía de pie, frente a la cama. Su gesto era serio. Tenía bastante parentesco hacia sus hijos. Temari estaba junto a su hermano, que se tallaba los ojos. Le habían dado calmantes, seguramente, así que a Gaara le costaba claramente estar despierto.
Ella desvió la mirada hacia ellos, casi suplicante.
—Tanto jaleo con la policía y sólo he venido a ver mi vástago, Nara.
Que el hombre conociera a su padre no le parecía nuevo. Al fin y al cabo, Shikaku se encargaba de diferentes casos.
—Claro que no, señor Arenas. Pero a las horas adecuadas y no asaltando una habitación privada.
El nombrado se volvió hacia su padre. Mantenía una postura firme, con las manos en la espalda. Era delgado y por un instante, le pareció más semejante a Gaara.
—Mi vida laboral es lo suficientemente agotadora y estable como para tener un hueco durante el día o a las horas que esta institución considera aceptable que un padre venga a ver a su hijo. Por otro lado, le recuerdo que ha impedido mi seguridad, enviando a mis hombres fuera del hospital, Nara.
—Así es —confirmó Shikaku—. Aquellos que no vayan a servir para nada, es mejor que no estén por el medio. Y sus hombres estorbaban más que ayudaban ya que sólo estaban aquí para espiar a sus hijos. Especialmente, con la idea de que su hijo pudiera morir. ¿Verdad?
—Es una grave acusación la que está haciendo, inspector.
—Puede decir lo que quiera. Mi deber es dudar de todo y eso haré.
Shikamaru tragó mientras estudiaba a ambos adultos. Sintió algo moverse a su derecha, percatándose de que era Temari. La muchacha le miraba ansiosa, gesticulando con la mano disimuladamente.
Inclinó la cabeza en afirmación y dio un paso más hacia ella. Gaara bostezó.
—¿Padre? —preguntó.
Rasa tensó el cuello y se movió muy lentamente hacia él. Temari lo rodeó por acto reflejo con sus brazos.
—Parece que hay cosas que han cambiado entre ustedes —dijo con la voz tensa—. Parece que, como siempre, habéis hecho que me preocupe inútilmente.
Shikaku se movió, colocando una mano sobre su hombro.
—¿Es usted consciente de las palabras que está diciendo, Señor Arenas? —preguntó—. Es la naturaleza de un padre preocuparse por sus hijos, aunque suene que sea inútil. Presionarlos con que sean perfectos para evitarle a usted problemas, eso, no ser padre.
Rasa se quitó la mano con un simple gesto de su mano. Caminó hasta quedar a la misma altura que su padre.
—Yo nunca quise ser padre de una monstruosidad como él.
Shikamaru notó que su padre apretaba los puños, con la mandíbula tensa. Rasa volvió a detenerse en la puerta.
—En cuanto a ti, Temari —añadió—. Parece que realmente has dejado de servirme también. No puedo ni usarte como una mujer casadera. El único que valía la pena, está ahora bajo tierra.
—¿Qué? —exclamó ella enderezando la espalda—. Nunca he querido servirte para eso.
—Ya. Y para eso tenías que abrirte de piernas con un Nara —espetó Rasa sarcástico. Soltó una carcajada.
Shikamaru apretó los puños. Empezaba a estar realmente cabreado. ¿Cómo podía un padre llegar a ese grado de mierda de persona?
Sin embargo, antes de que se moviera, su padre lo detuvo con una mano extendida. Rasa y él intercambiaron miradas.
—Eres inteligente, Shikaku Nara. Muy inteligente.
—Tendré que pedirle que se marche, caballero, o me veré obligado a detenerle.
Rasa levantó una mano como simple respuesta.
—¡Temari!
Shikamaru se volvió al escuchar un golpe seco tras él. Al volverse, Temari se había caído de culo en el suelo, llevándose consigo parte del instrumental médico. Gaara había intentado detenerla sin conseguirlo y la chica miraba a su alrededor perdida, boqueando.
Se arrodilló junto a ella.
—Ey —nombró para que se centrara en él—. Recuerda quién eres y no lo que él quiere que seas.
Entonces, tras un parpadeo, el color regresó a su rostro y empezó a levantarse. Shikamaru le ofreció sus hombros para facilitárselo, observándola mientras lo hacía. La fuerza volvía a ella y se notaba. Desde su altura, no pudo evitar sonreír. Cuando bajó la cabeza para mirarle, esa mueca suya apareció.
—¿Todo bien?
La voz de su padre provocó que diera un respingo. Se levantó, carraspeando y miró a ambos hermanos en espera.
—Sí, ahora sí —afirmó ella—. Aunque no sé si van a detenerme.
—¿Por qué? —Preguntó Shikaku.
—Le he pegado al tipo que entró en la habitación. Creo que le he roto la nariz.
Shikamaru se rio entre dientes. Su padre clavó la mirada en él para acallarlo y se mordisqueó los labios para intentarlo.
—No. Estaba entrando ilegalmente en horas inadecuadas. Ha sido defensa propia, así que no necesitas preocuparte por ello. Por otro lado —añadió—. Volveremos a aumentar la seguridad. Tu hermano claramente necesita descansar.
Gaara se había quedado dormido una vez más y en una postura extraña. Temari se afanó enseguida a colocarlo mejor.
—Shikamaru —nombró su padre para que se acercara—. Vamos a hablar.
Asintió y tras mirar por última vez a Temari, se acercó.
—¿Qué ocurre?
—Rasa Arenas ha fastidiado por completo el operativo. Pero ha servido para que se den cuenta de que están protegidos. No volverán a atacarlos. Sin embargo, Arenas no es un hombre que acepte perder como si nada.
—¿Perder?
Shikaku suspiró.
—Lo has escuchado igual que yo.
Comprendió a qué se refería. Chasqueó la lengua, frustrado.
—No ha pasado nada —aseguró.
—Cuando lo dice es porque ha visto más que lo que ha pasado aquí ahora —recalcó Shikaku.
—Ya sabes que me quedé a dormir en su casa —reflexionó—. Ese día debió de vernos.
—Seguramente. Para esta clase de padres ricos, que creen que su mejor moneda de cambio es tener una hija casadera y virgen, acabas de frustrar completamente sus planes. Aunque, obviamente, su padre no puede saber si realmente lo era o no, esperaba que sí. Hasta que te vio.
—Es un ideal estúpido.
—Lo sé —asintió Shikaku—. Me habría gustado más que fuera del tipo que no quiere que su hija esté con cualquier hombre que no valga la pena. Desgraciadamente, no es el caso.
Shikamaru asintió y suspiró, agotado.
—¡Shika…! Ah, perdón.
Ambos se volvieron hacia Temari. Había corrido hacia ellos, deteniéndose al verlos juntos. Su padre le puso una mano en el hombro y después, se encargó de llevarse a los hombres y el detenido. Cuando quedaron a solas, suspiró una vez más, hasta que sintió su mano atrapar la suya.
—Gracias —murmuró. Él enarcó una ceja—. Por venir tan rápido.
—No llegué a tiempo —opinó, molesto por eso. Suerte que su padre estaba en casa, aunque estuviera en medio de un asunto que prefería no recordar.
—Lo suficiente —aseguró Temari. Su boca se abrió en una mueca de sonrisa—. Además, me has levantado cuando me he caído, bebé llorón.
Hizo una mueca.
—¿Por qué algo me dice que vas a chantajearme con eso?
—No lo haré —negó ella sorprendida—. Nadie es irrompible en este mundo y mi padre es… Bueno, ya le has visto.
—Sí —reconoció mirando al ascensor.
—Siento lo que dijo de nosotros —se disculpó.
—No necesitas…
Se volvió. En el mismo instante, ella tiró del cuello de su camiseta hasta pegar sus labios con torpeza. Un beso torpe, corto, pero extrañamente tan intenso que su mente pareció volar. Como si su cerebro acabara de escaparse a alguna parte del mundo.
—Pero —continuó sonriendo—, no creo que hubiera nadie mejor que tú para esto.
Luego, le soltó y se metió en la habitación, cerrando con llave de nuevo. Shikamaru se quedó un momento ahí, confuso. Hasta que recordó que debía de volver a casa, meterse en la cama y, seguramente, mirar su techo por horas. Porque su corazón parecía incapaz de quedarse normal en su pecho.
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Sasuke maldijo entre dientes y por no sabía cuál vez golpeó la almohada. No podía conciliar el sueño. Su mente daba vueltas incesantes a toda la historia que estaba sucediendo a su alrededor.
No sabía cómo ayudar a Naruto. Kushina le pidió educadamente que se marchara poco después de que Sakura se marchase. Shikamaru y él dejaron atrás a Naruto, quien también asintió, probablemente, necesitando poner en orden su mente. No era fácil aceptar que de la noche a la mañana no eras hijo único y que tu hermano quería matarte.
No se atrevió a preguntar a su hermano acerca del tema. Especialmente, porque desde que regresara estuvo en su propio mundo. Ni siquiera intentó entablar conversación con él mientras cenaba o le preguntó por sus estudios.
No le preocupaba en sí. No era lo que le quitaba el sueño, más bien. Su hermano llevaba el tiempo suficiente lejos como para que ahora le resultara incómodo estar con él y abrirse tan fácilmente.
No. Su dolor de cabeza era otro.
Empezaba en su pecho con una molestia y luego, se formaba en su mente. Lo primero que veía era unos ojos verdes abrirse, mirarle con amor, para luego temor y, finalmente, desprecio.
Era algo que se había ganado él solo, lo entendía. Jamás pensó que sería tan duro.
Se pasó toda su adolescencia queriendo que Sakura mirase a otro lado. Ahora que lo hacía le molestaba.
Se frotó el ceño con los dedos. Quizás lo que le molestaba es que fuera Sasori en cuestión. Siempre pensó que estaría bien mientras fuera Naruto. Le conocía lo suficiente que pese a ser tan despistado como era la cuidaría. Sin embargo, no se dio. Y estaba bien. Muy bien.
Aunque jamás reconocería eso.
Y por otro lado, Naruto había despertado al fin su interés por Hinata Hyûga. No podía considerarla en sí su ex, pero era lamentable pensar que fuera su ex prometida. Por una mujer que no había sentido nada más que desprecio. Ahora su mejor amigo estaba colado por ella. Ironías del destino.
Una mierda, más bien.
Como que fueran las doce de la noche y su móvil comenzara a sonar. Gruñendo, descolgó.
—¡Teme! Tienes que ayudarme.
—¿A matarte? Lo hago gratis —soltó bruscamente—. Adiós.
—Que noooo —protestó Naruto—. Te llamo con una buena razón.
—Como sea la misma estupidez que hace dos horas, te mato.
Naruto le llamó justo cuando se estaba duchando antes de acostarse. Pensó que pasaría algo, así que a riesgo de desnucarse por resbalar, cogió el teléfono para que Naruto simplemente bromeara con que si le iba a llevar una pizza. Si lo hubiera tenido delante le habría estrangulado.
—No, no, eso no. En realidad, quiero pedirte algo.
Se talló un ojo, sentándose en la cama.
—¿Qué?
—Jo, siempre tan directo —protestó Naruto… ¿avergonzado? Demonios. Sí. Le conocía el tiempo suficiente para notar esa clase de cosas en su voz.
—Sé igual.
—Bueno… —dudó. Tomó aire—. Diablos, en mi cabeza sonaba mejor, ttebayo.
—Dobe —advirtió.
—¿PuedesdarmeelteléfonodeHinata?
—¿Qué? —preguntó intentando entender algo de lo que había dicho—. ¿Qué me tire a Hinata? ¿Tú estás bien?
—¡Eso no! ¡Ni de broma! —protestó Uzumaki con un gemido impaciente.
—Pues habla claro — recalcó.
—Su teléfono —soltó al fin—. Si puedes dármelo.
Sasuke gruñó.
—¿Qué te hace pensar que lo tengo?
—Que eras su ex.
—No soy su… —masculló. Se pasó una mano por los cabellos y bufó—. Ahora te lo paso por WhatsApp.
Colgó antes de ir a más. No quería debatir con Naruto algo que tenía totalmente claro. Si él quería crear un cúmulo de celos por nada, adelante.
Le envió el mensaje y se recostó.
Casi se echó a reír.
Era gracioso que pensara que su amigo estaba siendo un exagerado con los celos cuando él los estaba sintiendo cada vez más.
Irónica puta vida.
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Hinata entraba en su dormitorio con un vaso de agua justo cuando la pantalla de su móvil se apagaba. Pensó que se trataría de algún mensaje de publicidad o que Kiba se había vuelto a quedar desvelado y esperaba encontrarla a ella o Shino despiertos.
Se sentó tranquilamente para mirarlo y el móvil y el vaso casi se le cayeron de las manos. Se le apagó. Volvió a encenderlo. Lo tiró bajo la almohada. Puso el vaso a salvo y levantó la almohada como si debajo hubiera una rata.
Volvió a sacarlo. No estaba soñando.
Naruto Uzumaki acababa de enviarle un mensaje al móvil.
Ella sabía que era él porque tenía su número. Secretamente, Sakura se lo dio y ella lo había guardado como paño en oro, mirándolo durante horas. Nunca envió nada. No se atrevía.
Abrió el mensaje al final.
Aparte de algo escrito, Naruto había enviado una fotografía suya que alteró su corazón y sus emociones. Tuvo que cubrirse la boca para ahogar el grito que estuvo muy cerca de escapar a su control.
Bajó la pantalla de forma que la imagen quedara cubierta otorgándole a su corazón un momento de alivio.
[Naruto-kun] 12:29: ¡Hola, Hinata! Soy Naruto Uzumaki. Te mando una foto para que compruebes que soy yo.
Bien. Eso casi la mata.
[Naruto-kun] 12:29: ¿Estás despierta? He visto que estás en línea, pero si no puedes hablar, lo comprendo…
Sus dedos temblaron mientras respondía.
[Tú] 12:30: ¡Estoy, estoy! Perdona por tardar, es sólo que me sorprendió tu mensaje.
Y casi le causa un paro cardiaco.
[Naruto-kun] 12:31: ¡Oh, bien, bien! (carita sonriente). No puedo dormir y en la primera persona que pensé fue en ti. Necesitaba hablar con alguien y tú siempre sabes escuchar.
Se abanicó el rostro cuando sintió el calor subir de nuevo por sus mejillas.
[Tú] 12:32: ¿Y Shikamaru y Sasuke? O Sakura-chan…
[Naruto-kun] 12:35: Sasuke está de mal humor desde que se ha enterado que Sakura-chan está saliendo con Sasori. Y Shikamaru no me responde. A estas horas también debe de ser un muerto durmiente.
Tenía que organizar una quedada de nuevo con Sakura y Ino. ¡Tantas cosas que estaba perdiéndose!
[Naruto-kun] 12:36: De todas formas, era contigo con quien realmente quería hablar. Iría a verte, pero mi madre está despierta y me pillaría. Además, tu padre seguro que esta vez me capa, ttebayo.
Se mordisqueó los dedos. Quería verlo entrar en su dormitorio. Que trepara su ventana como un príncipe de ojos azules y cabellos dorados.
[Tú] 12:38: ¿Va todo bien? Es decir… después de lo de Menma. Entiendo que debes de estar nervioso con eso. Ojalá pudiera hacer algo para ayudarte.
Tragó, preocupada. Si Naruto pensaba que estaba siendo cotilla o que se metía donde no debía, sería por su culpa.
[Naruto-kun] 12:41: En cuanto a eso, Hinata… Lo siento (emoticono de persona arrodilla pidiendo perdón). No tenía idea de que era mi hermano. Sé que suena imposible, pero mi madre tampoco. Y fue él quien te hizo sufrir. Te juro que le daré una buena.
[Tú] 12:42: ¡No, no! Me preocupa mucho más que Naruto-kun no lo esté pasando bien. Por mi causa está pasando esto ahora. Si yo hubiese sido más valiente para enfrentarle...
Envió el mensaje y se quedó mirando la pantalla. No estaba segura si era correcto decirle esas palabras a Naruto. Echarse las culpas siempre había sido un problema. Naruto la regañó una vez, tiempo atrás, cuando se culpó a sí misma de haber tirado una caja de tizas al suelo, cuando era más que obvio que fue su profesor.
No era la misma situación, pero igualmente, no podía evitar sentirse culpable.
El móvil vibró en sus manos. Cuando bajó la mirada para ver el mensaje se percató de que era justo otra cosa: Naruto estaba llamándola.
Dio un respingo.
No podía dejar el móvil sonar por más tiempo pero tampoco estaba preparada del todo para responder.
Movió el dedo con intenciones de colgar, pero la llamada se contestó.
—¿Hinata?
Tragó. El corazón bombeaba con fuerza.
—¿Naruto-kun?
—¡Ah, genial! Pensaba que no ibas a cogerlo.
Y justo era así.
—Siento llamar. Pero es que… bueno, quería escucharte, Hinata.
Bien. No era un buen momento para desmayarse. No lo era.
—¿Hinata?
—¡Sí! —exclamó algo chirriante y poniéndose en pie. Naruto se echó a reír y fue escandalosamente íntimo escucharlo contra su oído. ¿Cómo podía la gente hacer llamadas tan libremente? ¡Cómo!
Tomó aire y miró hacia el balcón. Decidió que algo de aire frío la ayudaría, así que salió.
—Estoy aquí —dijo finalmente—. Para las veces que necesites. Cuando no puedas dormir o necesites un hombro para descansar. Naruto-kun, yo siempre estaré para ti.
Se escuchó un ruido extraño desde el teléfono, asustándola.
—¿Qué ocurre? —exclamó—. ¿Naruto-kun?
—Quiero ir. —Su voz llegó susurrante—. Maldita sea, Hinata, quiero ir a verte.
Miró al cielo oscuro, sonriendo.
—Nos veremos mañana en clases, Naruto-kun —reflexionó—. No quiero causarte problemas y creo que tu madre necesita sentir que estás a salvo.
Se mordió el labio para detenerse. Si le decía que también quería verle, era capaz de desobedecer a su madre y correr hasta allí. Y no quería que sufriera las consecuencias de ello. Además, dudaba que su corazón soportase más emoción.
—Hinata —nombró. La seriedad en su voz—. No, olvídalo. No es algo que se pueda hablar por teléfono. Mañana, sí o sí, quiero hablar contigo. ¿Vale?
Hinata asintió y recordó que no podía verla.
—¿Sí? —preguntó él de nuevo.
—Sí —confirmó—. Hablemos.
—Lo que quiero decir es que… —se interrumpió a sí mismo chasqueando la lengua—. No, no importa. Mañana hablamos.
—¡Sí! —aceptó.
Él colgó y ella se quedó escuchando el sonido del teléfono hasta que la llamada se cerró. Apretó el aparato contra su pecho y miró al cielo.
El mismo lugar donde parecía haber volado su corazón.
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—¿De verdad crees que meter a una adolescente casi adulta en este tipo de lugar es buena idea?
Se apoyó contra el quicio de la puerta mientras le veía rebuscar dentro de un armario. Sacaba ropa a destajo y, finalmente, encontró lo que buscaba. Un futón y un pijama que parecía nuevo de… ¿Mickey Mouse? Deseó mandarlo a volar de una patada.
Las carcajadas a su espalda de la gente parecían a la par de la situación. El problema es que realmente eran ajenas a lo que sucedía en esa habitación.
—Eh… ¿Sí? —respondió él dejando todo en el centro de la habitación—. Mira, creo que es peor que estés por la calle dando vueltas. Vas a quedarte aquí, cerrada con llave por dentro y yo no voy a entrar para nada. Te lo dije el otro día.
—Eres mi profesor.
—De una clase optativa, sí —reconoció él caminando hasta su altura—. No vendría mal que me llamases "Sensei" para variar.
—¡Ni de broma! —protestó alejándose de él. Se detuvo mirando el pijama—. ¿No vas a preguntar por qué no quiero volver a casa?
Al no responderle, sopesó que se habría marchado.
—Tiene que ser algo gordo para que estés caminando tan tarde por la calle, así que imagino que tampoco es una cosa que quieras hablar. Sin embargo, siempre puedo preguntarte sin cesar y ver qué logramos antes: Cabrearte o contármelo.
—Suigetsu —advirtió.
—Profesor Suigetsu para ti —corrigió señalándola con un dedo—. Duerme. Estás agotada, Karin.
Luego, cerró la puerta. Karin se acercó a ella y escuchó cómo advertía al resto que no se atrevieran a entrar por la puerta y, hasta golpeó a uno de ellos cuando se burló de él amenazando con entrar por la ventana.
Cerró con llave aún así.
Echaba de menos su dormitorio. No a su familia.
—Mamá. ¿Cuándo se va a marchar?
—Es tu primo, por dios, Karin. No seas exagerada.
Pero hasta su madre tenía miedo de Menma. No. Toda su familia le temía. Ellos habían creado ese monstruo y ahora se arrepentían.
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Naruto entró en la clase como si de un huracán se tratase. Choûji, quien estaba ocupando gran parte de la puerta estuvo a punto de dejar caer su preciada bolsa de patatillas y él solo alcanzó a disculparse mientras la buscaba con la mirada.
—¿Qué te ha pasado en la frente?
Se volvió hacia la voz.
Karin. Karin Uzumaki. Quien pocas veces le hablaba, estaba de pie junto a Kiba y le miraba como si tuviera tres cabezas. Se llevó una mano a la frente y notó el chicón que él mismo se hiciera cuando, durante la llamada con Hinata, se golpeó contra la pared.
—Nada, nada —respondió, luego extendió la mano hacia ella—. Tenemos que hablar.
Karin se encogió de hombros, hasta que se tornó pálida mirando por encima de su hombro. Al volverse, se percató de que Menma estaba tras ellos. Con las manos en los bolsillos y mirándolos como si fueran simples motas en sus zapatos.
—Quitaros —ordenó.
Choûji se puso a un lado, asustado.
—No me gusta tu hermano, Naruto —indicó.
Naruto pensó que a él tampoco.
Le vio sentarse en el único asiento libre aparte del que estaba al lado del asiento de Temari, también vacío por obvias razones. Y esperaba que pronto fuera ocupado por él. Menma se sentó en el de Tayuya. Un pellizco de culpabilidad le subió por el pecho. Era cierto que ella no iba a usarlo nunca más, pero de ahí tener ese comportamiento desvergonzado de su parte...
Menma simplemente se sentó y puso los pies sobre la mesa, indiferente.
—¿Llegamos a tiempo?
Sakura jadeó mientras les miraba intrigada. Matsuri, a su lado, también parecía haberse pegado la carrera del siglo.
—¿Por qué llegáis juntas? —preguntó.
Sakura le puso una mano en el hombro.
—Después te lo cuento —prometió.
Él lo aceptó y las dejó pasar.
La chica a la que estaba buscando, sin embargo, no aparecía.
Incluso Sasuke, al que parecía habérsele pegado las sábanas llegó antes que ella. Tampoco Neji y Tenten estaban por ningún lado.
Empezaba a desesperarse cuando la vio. Caminaba junto a Shikamaru y Kakashi, que parecía explicarles algo en especial. Cuando el profesor le vio, hizo un gesto significativo con su mano para que se sentase y mandó al cuerno cualquier posibilidad de llevársela consigo.
Shikamaru y Hinata se detuvieron frente a la pizarra y Kakashi ocupó su lugar, como siempre, apoyado contra la mesa, frente a ellos, con confianza.
—Bien. Imagino que todos ya sabréis la triste noticia en cuanto a vuestra compañera de clases, Tayuya —comenzó. Nadie se atrevió a mirar su asiento, muy conscientes de la presencia de Menma en el puesto de ella—. Y sé que pensaréis que no es un buen momento para lo que sabréis a continuación. Sin embargo, debido a problemas internos de la escuela, nos vemos obligados a adelantar ciertos eventos.
—Obligados —siseó Menma sarcástico.
Kakashi lo ignoró.
—Hinata y Shikamaru estarán a cargo de apuntar vuestros nombres para el evento. Hinata suplirá a Temari hasta que pueda regresar, como delegada —explicó.
—¿De qué se trata? —preguntó Sakura—. Porque no todos estamos lo suficiente bien de dinero como para ir a según qué eventos.
—Corre por parte de la escuela —respondió Kakashi—. Es un viaje de estudios.
Todos estaban atónitos. Mientras Shikamaru y Hinata repartían los folletos, mirándose entre ellos. Nunca les habían planteado algo así. Y era irónico, pensando en cómo se encontraban. Sai y Gaara continuaban ingresados.
—Es injusto —dijo levantando la voz y tomando el papel que le entregó Shikamaru—. ¿Qué pasa con Sai y Gaara?
Kakashi afirmó.
—Eso ya está calculado. No necesitáis preocuparos ni por el dinero ni lo demás. Simplemente, ocuparos de vuestras maletas, avisar a vuestros padres y rezar por ir bien en clases mientras llega el día.
—Naruto, no seas plasta y apunta tu nombre y listo —protestó Shikamaru chasqueando la lengua y bostezando a la par. Casi parecía haber subido de nivel en hacer tal gesto—. Todos hemos de ir. Es obligatorio. Así que no le des más vueltas.
Miró la lista con el ceño fruncido.
—Dices: ¿todos?
—Sí, todos.
Miró hacia Hinata, que estaba inclinada entre Sakura, Karin y Lee.
—Sí, ella también —protestó Shikamaru—. Venga, hay más gente por firmar.
Sacó un bolígrafo y firmó, sin pensarlo. Sin mirar. Aceptó el folleto y lo guardó casi sin verlo. Hasta que sintió el golpe tras su nuca.
—Oye, Dobe. No bajes la dichosa guardia —aseveró Sasuke—. ¿O se te olvidan los problemas que tienes por tal de pensar en ella?
Señaló con la cabeza a Menma, quien también firmaba la hoja que Shikamaru le extendió y se la devolvía de forma brusca, obligando a que se cayera y Nara tuviera que agacharse a recogerla.
—Así, a mis pies —ironizó una vez con esa boca viperina suya.
Naruto apretó los puños.
—No, no se me ha olvidado.
Sus dientes rechinaron, hasta que una figura cubrió su visión.
—Naruto-kun.
—¡Hinata! —exclamó poniéndose en pie.
Ella le sonrió cohibida.
—Perdona. ¿Podríamos hablar otro día? —preguntó—. Me gustaría ir con las chicas de compras y, dado que suplantare a Temari no tendré tiempo ni para comer. Lo siento, sé que prometimos que hablaríamos, pero...
El alma se le cayó a los pies.
—Ah, está bien Hinata —aceptó, sonriéndole—. No tienes que disculparte. Si podemos ayudar en algo, nos lo dices.
—¡Gracias! —exclamó ella. Luego se alejó para unirse a las chicas.
Otra oportunidad más a la basura.
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Bostezó mientras se estiraba para aliviar la tensión de su cuerpo. Sai, en la cama, continuaba durmiendo. Su avance estaba resultando muy gratificante y rápido. Tsunade lo visitó la noche anterior y se sorprendió de verlo caminar. Incluso fueron de visita a la habitación de Gaara. Este no pudo recibirlos, pero fue agradable ver una Temari muy distinta a la que ya conocía en clases.
También se enteraron de la muerte de Tayuya.
No es que no le importara. Lo sentía mucho por ella. No obstante, había hecho las cosas mal. Primero con su vida y después, con Shikamaru. Y debía de reconocerlo, para ella, Shikamaru era una joya que no quería que nadie corrompiera. Esperaba que encontrara una mujer buena, capaz de levantarle del suelo cuando tuviera esos ataques de pereza pero que tampoco lo destruyera.
Por su parte, Sai se había mostrado confuso con su muerte. No comprendía si debía o no de estar triste y Ino no supo qué decirle. Porque ella misma batalla con sus propios sentimientos. Así como igual no sentías nada por ciertas personas pero llorabas su muerte como si así fuera, otra veces no podías soltar ni una gota de tristeza porque no lo sentías. ¿Eso te hacía mala persona?
—Ino.
Se apartó de la ventana a la que se había acercado mientras pensaba y sonrió al verle. Con el cabello despeinado, bostezando y un ojo abierto y otro cerrado en el transcurso. Era tan estúpida que hasta ahora no se había percatado de que Sai era mucho más guapo de lo que parecía, cuando no estaba sonriendo como un tonto o mostrándose como un estirado.
—Buenos días —le saludó sonriente—. ¿Te encuentras bien?
—Sí, no tengo mucho dolor —respondió mirando a su alrededor.
—No tardarán en traer el desayuno y la medicina. Han traído ya las cosas para ducharte si quieres hacerlo.
Él miró las toallas, el paquete de jabón y el pijama limpio.
—Sí, me gustaría.
Ino asintió y llevó las cosas al cuarto de baño antes de ayudarle. Sai se duchaba solo al fin. El primer día, una enfermera tuvo que ayudarlo y fue un caos que terminó con la mujer muerta de vergüenza. Y aunque ella le regañó, Sai no se sentía culpable de nada. Pese a ello, Ino no preguntó qué había pasado.
Esperó a que terminara, atenta por si se resbalaba o la llamaba por ayuda. El desayuno llegó antes de que saliera. Mientras colocaba la mesa para él, sus ojos dieron con la carpeta roja.
Sai no la había abierto ni una sola vez. Antes se aferraba a ella como si fuese su salvavidas. Ahora era sólo un objeto inanimado más cerca de él.
Ino no podía creerse que decidiera dejar la pintura. Era inconcebible, algo que no parecía ir con él. Era extraño no pensar en algo artístico y enlazarlo a él.
Y tampoco podía aceptarlo. Así que no pensaba rendirse tan pronto.
—Otro día más de comida insípida.
—No te quejes —le regañó amablemente—. A ti al menos te ponen flan. He escuchado a otros quejándose de que ni les ponen fruta.
—Creo que es la enfermera vergonzosa —indicó él sentándose frente a la mesa—. ¿No desayunas?
—Sí, iré a por un café o algo en la máquina expendedora —respondió—. ¿Podrás comer solo mientras?
—Te esperaré.
—Sabes que no puedes —protestó—. La enfermera recogerá la bandeja pronto.
Sai hizo una mueca, pero no abrió la boca.
—Vaya, llego justo a tiempo.
Ambos miraron hacia la puerta con curiosidad. Ino se hizo a un lado para que Sai pudiera captar mejor a la visita.
—¿Eres…?
—Rin, la psicóloga del colegio —les recordó—. Nos vimos la última vez en la revisión médica.
—Ah, cierto —recordó—. ¿Quiere hablar con Sai?
—Oh, no, no estoy aquí en calidad de psicóloga —descartó acercándose a ellos. Dejó un café y dos folios frente a ellos.
—¿Qué es esto? —preguntó Sai.
—Un café para Ino y los folletos que Tsunade me ha pedido que os entregue. Ahora tengo que ir donde Temari y Gaara. Para hacerlo corto: un viaje escolar. Al que, por cierto, no podéis negaros y no necesitáis pagar nada.
Les guiñó un ojo y se marchó. Dejándolos con más dudas que respuestas.
Ino tomó el folio. En él aparecía su nombre y las cosas que debería de preparar para el viaje. Les informaban de cuándo saldría el vuelo y cuándo regresarían, así como las actividades a las que estaban obligados a participar.
—¿Cómo nos dan esto cuando todavía estás convaleciente? —preguntó preocupada.
Sai, sin embargo, sonreía.
—Y dos horas de vuelo —protestó.
—¿Qué importa?
—Que tendrás que estar en un avión dos horas —puntualizó.
Sai se miró y luego a ella.
—Tengo que estar sentado en una cama de todas formas. Sólo paseo por los pasillos y empiezo a pensar que ya he visto la misma mota de humedad tres veces.
Ino se mordió el labio inferior.
—¿De verdad quieres ir?
—Suena bien. Al fin y al cabo, no habrá nada de pintura por medio.
Ino abrió la boca para protestar. Sai se metió una gran cucharada de flan para zanjar la conversación.
.
.
Rin canturreó mientras esperaba a que Temari le abriera la puerta. La cara de la muchacha era justo la que esperaba. La que casi todo el mundo que conocía su profesión ponía al verla.
—Me envía Tsunade —informó—. ¿Puedo pasar?
—Claro —aceptó Temari echándose a un lado.
Rin caminó hasta los pies de la cama. Gaara estaba sentado y parecía tener un debate serio con su comida. Algo ligero, pero que parecía el mal en persona para él. Levantó la mirada hacia ella, estudiándola, tomándose su tiempo en analizar si era buena o no.
—Es Rin —presentó Temari acercándose a la cama—. La psicóloga del colegio.
—Entiendo —murmuró él bajando la mirada de nuevo a su comida.
Rin casi sonrió. Levantó la mano con los papeles y se los mostró.
—Me envía Tsunade para que os de esto a los dos. Y la siguiente cita de palabras: No está permitido negarse. Los gastos están pagados. No habrá problemas con su estado de salud.
Ambos hermanos tenían muecas muy semejantes en su rostro. Era divertido.
—Temari, hay una lista en la hoja que os indica qué podéis llevar o no. Se saldrá desde el colegio, pero vosotros dos saldréis desde aquí.
—Espera —interrumpió Gaara—. Yo no soy un estudiante.
Temari suspiró.
—Temari. ¿Te importa dejarme a solas con tu hermano?
La muchacha dudó.
—Ve —indicó Gaara.
Rin espero a que cerrase tras ella para hablar.
—No voy a darte una charla de por qué sí y por qué no. Bueno, quizás suene así lo que voy a decirte —reconoció—. Creo que a estas alturas estás dándote cuenta del pasado que arrastras contigo y lo que ha creado a tu alrededor. El daño que ha causado. Y creo que eres el tipo de hombre que tienes los suficientes manubrios para reparar ese error. Y a la primera que le debes mucho tiempo es a tu hermana.
Gaara apretó los labios.
—Temari mintió al profesorado por protegerte. Ella siempre veló por tu futuro como hermana mayor. Porque creyó en ti hasta el día de hoy, ahora mismo sigue haciéndolo. Creo que algo de esto ya te lo dijo Naruto Uzumaki, por lo que me han contado, pero, yo te haré una pregunta: ¿Por qué no lo pruebas? No ir a clases. Eso es cosa tuya. Ni de Temari ni mía o de Tsunade. Es tuya.
El muchacho escuchaba pacientemente. Parece que al final resultaría uno de esos hombres que aprender a tener paciencia, escuchar y sopesar las cosas. Desconocía cómo era antes, pero ese cambio posiblemente fuera bueno para él.
—¿Por qué he de probarlo?
Rin cabeceó.
—Porque en esa clase hay personas tan perdidas como tú que no dudarán en extenderte una mano. Estoy segura. Obsérvales patear en este mundo. Luchando por ser alguien, por ser aceptados no sólo por sus semejantes, sino también por los adultos. Quieren cambiar sus vidas. Aprende de ellos. Ve lo que te pueden enseñar.
Dio una palmada.
—Y hasta aquí mi reporte. Al final, quien decida qué hacer, siempre serás tú.
Dio una palmadita en la cama y caminó hasta la puerta. Gaara habló tan bajo que casi no le escuchó.
—Iré.
Ella sonrió.
—No es a mí a quien debes decírselo. Estoy segura de que sonreirá. ¿No es su sonrisa bonita?
Gaara desvió la mirada, pero le pareció ver cierto rubor que antes no estaba. Rin se dio por satisfecha y salió. Temari entró poco después y sí, se echó a reír.
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.
Kakashi y Asuma suspiraron a la par mientras miraban los folletos.
—Nos han liado, pero bien, Kakashi —protestó Asuma—. Directos metidos en el saco del problema.
Kakashi le dio la razón mientras Shizune pasaba por delante de ellos más intranquila de lo normal.
—No os quejéis que no iréis solos. Rin y yo también estamos metidas en esto.
—Sí, sí —concedió Asuma frustrado. Sin añadir una disculpa, algo raro en él, se alejó.
—¿Qué le ocurre? —preguntó Shizune.
Kakashi miró a su alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie más que ellos.
—Digamos que esta podría haber sido su oportunidad de última juventud —bromeó.
Shizune, por supuesto, no entendió que la broma era referente a Asuma y su interés en Kurenai. Perderse a la mujer en cierta ropa femenina parecía ser el fin del mundo.
—Los profesores no vamos de vacaciones. Y yo tengo que ir para suplir a Tsunade-sama con los chicos delicados, así que no penséis que es el fin del mundo. Es sólo clases, pero al aire libre.
—Ya, ya. Lo sabemos —concedió Kakashi—. No puedes olvidar que eres humana, Shizune. Hasta una mujer como tú necesita un poco de calor.
Shizune enrojeció ante sus palabras. Kakashi no se percató de que había sido grosero con ella hasta que notó que sus ojos se aguaban. Antes siquiera de poder disculparse con ella, una carpeta le golpeó la cabeza, sacándole un quejido de dolor.
—Desde luego, a veces tienes una lengua demasiado viperina, Kakashi —regañó Rin caminando hasta su asiento.
—¿Cuándo has vuelto? —preguntó frotándose el lugar—. Después me disculparé con ella.
—Claro, deja para después las cosas importantes —bufó ella—. Hace poco que he regresado. He estado informando a Tsunade. Gaara parece dispuesto a dar sus primeros pasos en retomar su vida, así que son buenas noticias. Quizás tengas otro alumno pronto en tu clase.
—No sería una mala noticia —reconoció—. Porque el último no tiene mucha demanda popular.
—Claro que no —afirmó ella encogiéndose de hombros—. Trae consigo mucho dolor y heridas sin cicatrizar que sangran fomentando su odio. ¿Qué esperas?
—Si no tienes un historial —pronunció sorprendido—. ¿Cómo puedes saber eso?
—Observo —respondió sonriendo. Una mueca de orgullo—. Kakashi, tú puedes arreglar la luz y el agua de una casa. Yo puedo arreglar, o intentarlo, personas.
Kakashi no pudo evitar sonreír.
—Eso es seguro. Conseguiste arreglar a Obito.
Rin enmudeció. Kakashi maldijo para sus adentros.
—Sí, hoy tienes una lengua viperina.
La vio recoger sus cosas, enfadada.
—Ah, no te preocupes. No importa que vengas ahora o después. No necesitas disculparte.
—Rin —nombró poniéndose en pie para detenerla. Ella levantó una mano, firme.
—No, Kakashi. Disculparte no va aliviar el resentimiento que tienes dentro de ti. Y yo no soy lo único que puede aliviarte. Eres tú mismo el que ha de encontrar la solución al problema que sientes dentro de ti. Cuando lo resuelvas, entonces, habla conmigo.
Enmudeció. Sólo pudo observar mientras se alejaba.
Si tan solo no hubiera hecho lo que hizo esa noche… si tan solo fuera sincero a sus sentimientos…
(..)
—Listo. Ya tienes luz. Y lo del agua, solucionado también.
Rin le sonrió mientras comprobaba la última habitación. La luz se encendió y apagó tal y como ella demandó desde el interruptor.
—¡Madre de dios! ¡Estás empapado! ¿Es que te has peleado con la tubería?
Kakashi se despegó la camisa de su vientre.
—Algo así. La buena noticia es que he ganado.
Rin sacudió la cabeza.
—Tengo ropa grande, así que cámbiate al menos. No vayas a resfriarte.
Antes de poder negarse, Rin desapareció tras una puerta para volver con una camiseta oscura. Se la extendió.
—¿Ocurre algo?
—Nada.
Al mismo tiempo que respondía se quitó la camisa mojada pasándola por encima de la cabeza. Rin se quedó sin aliento. Kakashi se concentró más en volver a vestirse, pero cuando puso una mano sobre su pecho, él se tensó. La calidez de su mano sobre su piel era algo lejano, un recuerdo incómodo de que aquello estaba mal.
Cuando le besó, su mente voló. Salió despedida de alguna forma, quedándose en blanco. Sólo sus labios correspondiendo, hasta que regresó en sí y dio un paso atrás.
—Rin —nombró lo más severo que pudo—. No podemos.
—¿Por qué? —preguntó ella confusa.
Kakashi no encontraba las palabras. Su mirada sí. Dio con la fotografía en la mesa y la copa de vino llena que nadie se tomaría. Rin observó también. Retiró su mano, dejando una señal de calor que se apagó cuando se puso la camiseta.
—Entiendo —dijo Rin.
—No, no lo entiendes, yo…
—Kakashi —interrumpió—. Si no vas a decir nada coherente, no lo digas. Entiendo la situación y lo que representa para ti. No. Lo que siempre ha representado.
—Rin.
—Gracias por ayudarme —continuó—. Pero ahora, por favor, márchate.
Y él lo hizo.
(...)
No tenía las palabras exactas para decir lo que ocurría. Solo terminó pagando su mal humor con los demás sin querer.
Puede que para Rin fuera más sencillo, cosa que dudaba, para él no.
—Obito… simplemente soy basura.
.
.
—Me sorprende la poca empatía que sientes por la muerte de Tayuya.
Kabuto levantó la mirada del microscopio para posarla sobre el muchacho. Desinteresado, retomó lo que estaba haciendo.
—Simplemente, no veo necesario exponerse a un funeral al que nadie asistirá. Tayuya no tenía a nadie, de todas formas.
—No creas, Kabuto. Alguien sí que ha ido.
—¿Quién? —se interesó.
—Ese Nara con el que estuvo saliendo.
Kabuto suspiró, aburrido.
—Es el hijo de un policía toca narices. ¿Qué esperabas?
—Naruto Uzumaki estaba ahí también. Que el funeral se hiciera después de las clases, ha ayudado.
—Ese sí que no me esperaba que fuera —reconoció algo más interesado—. ¿Qué ha hecho nuestro afiliado hermano? —preguntó.
—No ha ido, obviamente —respondió el joven—. De todas maneras. ¿Por qué el jefe ha hecho un pacto con él? ¿Tan importante es?
—Más de lo que crees, te aseguro. Y está lo suficiente corrompido como para que nos sirva de utilidad.
Menma Uzumaki. El condenado los tenía bien puestos. Una lástima que estuviera loco.
.
.
Gaara levantó la mirada de sus manos cuando escuchó que llamaban a la puerta. Temari se levantó, dejando el móvil al que llevaba aferrada varias horas, para ir a abrir. Dos voces de mujeres llegaron desde ella. Una la reconocía, la otra no.
Ambas entraron junto a su hermana.
Matsuri se detuvo a los pies de la cama, sonriéndole. La otra, la recordaba de alguna parte de su vida.
—Es Sakura —presentó Temari—. Estaba en clase con nosotros. Es la mejor amiga de Naruto y Sasuke.
La recordaba vagamente. Inclinó la cabeza en aceptación.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó ella.
—Bien —respondió encogiéndose de hombros.
—Está sufriendo menos ataques, tolera algo más la comida y duerme —explicó Temari—. Poco a poco. Nadie le pide que lo haga deprisa.
Gaara cerró las manos. No quería que continuaran temblando o sentir el frío que tenía que en el cuerpo pese a que la calefacción estaba muy alta. Hasta Temari iba en manga corta y tenía las mejillas enrojecidas por el calor.
—¡Eso es bueno! —exclamó Matsuri.
—No te emociones, topitos —regañó. Ella no tardó en poner mofletes inflados como respuesta.
—Y sigue llamándome así —protestó.
—¿Por qué te llama de ese modo? —se interesó Sakura.
—¡Por nada! —exclamaron a la par.
Temari esbozó una mueca divertida pese a que suspiró.
—A saber. Llevo queriendo saberlo desde que le puso ese apodo.
—No tiene importancia —negó Matsuri hacia ellas, aunque a él sí le dedicó una mirada de enfado que no hizo otra cosa que divertirle.
—Oh. ¿De dónde habéis sacado los folios del viaje? —preguntó Matsuri al dar con ellos.
—Rin los trajo esta mañana —respondió Temari—. Uno para cada uno.
Matsuri se volvió en seguida hacia él. Los ojos brillantes.
—¿¡Vendrás!?
Gaara desvió la mirada.
—No me queda otra.
—Es cierto —confirmó Temari—. La directora ha dado la orden de que vaya. Llevarán especialistas para su cuidado. Imagino que para Sai también.
—¿Sai también? —preguntó Sakura.
—Sí. Antes estuvieron aquí durante el paseo de Sai y nos dijeron que también tenían folios.
El muchacho parecía estar recuperándose bien, pero Gaara conocía la clase de mirada que poseía. Le iba a costar salir del lugar al que estaba cayendo.
—Eso significa que iremos todos —puntualizó Matsuri.
Claramente, el tono de su voz delataba la emoción. Cuando le miró, no necesitó saber que estaba imaginándose algo especial.
—No te emociones, topitos. No querré verte ni en pintura.
—¡Gaara! —regañó Temari.
Matsuri se echó a reír, no obstante.
—No, tranquila —negó Matsuri intentando sonar indiferente—. Veníamos en realidad para saber si vendrías y, de ser así, necesitas que te compre algo. Sakura y yo iremos de compras hoy.
—Pues sí que necesitaré cosas para esto del viaje —concedió Temari—. Pero… me sabe mal pedíroslo.
—No te preocupes —negó Sakura—. Después seremos las demás chicas también, así que tenemos manos de sobras.
—Entonces, os señalo en la lista lo que necesito —indicó rebuscando un bolígrafo.
—Temari —nombró. Ella le miró y negó con la cabeza—. Estaré bien.
—No —negó esa vez con la voz—. Además, Matsuri conoce la casa y podrá ver mejor que yo ahora mismo las cosas que necesitaremos.
—¡Claro! —aceptó Matsuri emocionada.
Gaara sabía que no debía. Que era suficiente y debía de dejarla marchar simplemente.
—Entonces, compra los condones.
Las tres mujeres se quedaron en silencio. Sus rostros fueron cambiando casi a la par. Temari se enfadó. Sakura enrojeció y desvió la mirada, atónita. Y Matsuri… Oh, realmente había esperado esa clase de reacción ella. Casi parecía un gato. Con el cabello de punta y las mejillas enrojecidas. Los ojos y la boca muy abiertos.
—¡No podría comprar eso! —negó—. ¡Ni siquiera sé la talla! Porque eso lleva talla. ¿Verdad?
—¡Matsuri, por dios! —aseveró Temari carraspeando—. No vas a comprar condones, porque no va a llevar condones. Sólo trae lo que te señale de la lista para los dos y listo. Y a ti, Gaara, ya te vale.
Gaara se encogió de hombros. No podía negar que era divertido. Matsuri siempre terminaba sorprendiéndole de alguna forma. Respondiendo lo que justo no debía de responder una persona normal en esos momentos. Ese momento le hizo recordar lo que amenazó con hacerle. El estómago se le revolvió.
—Quiero descansar —dijo, empezando a tirar de las mantas.
—Ah, claro —aceptaron las visitas empezando a marcharse. Temari las despidió y, después, se acercó a él.
—¿Por qué siempre tienes que meterte con Matsuri, Gaara? —preguntó mientras tomaba de nuevo el móvil—. Pareciera que te divierte ser malo con ella.
—Me divierte —confirmó.
—Pues no está el horno para bollos con ella —aseveró—. Ayer estuvieron siguiéndola de camino a su casa. Un tipo y no parecía tener buenas intenciones. Sakura logró llegar a tiempo, pero, me da miedo pensar qué podría haberle pasado…
Cerró los ojos. Él sabía qué podrían haberle hecho. Mejor que nadie. La diferencia es que se preocupaban menos porque era un hombre.
(...)
—Tanta seguridad para alguien como tú. Debes de sentirte especial. ¿verdad?
—Papá…
—Cállate, Temari. Estoy hablando con el despojo de tu hermano. ¿Qué mierda llevas dentro del cuerpo que no puedes ni estar concentrado en la conversación? Olvídalo. Prefiero no saberlo.
—Es suficiente.
—Deja de rogar, Temari. Sólo es un despojo. He leído su informe. ¿Te han violado, Gaara? ¿Qué importa? Deberías de sentirte orgulloso de que al menos una mujer quisiera que se la metieras. Sólo esperemos que no tengas una basura de heredero. Eres un hombre. Aunque puedes lloriquear como una niña e igual te hacen caso.
(..)
Recordaba las carcajadas de su padre. Se calló antes de que Shikaku Nara y su hijo entraran en la habitación.
Echó mano a la palangana sobre la mesa.
Vomitó.
Continuará…
(1): En realidad sí, en capítulos anteriores…
(2): En wsp cuando envías un mensaje te sale como "tú" así que, lo dejé así (?)
¿Y bien? ¡Cuénteme! No me digan que voy a reírme y llorar o montar en nube solaa.
Shikatema adorable con beso incluidooo. Un NejiTen que alivia los pesares de Pacto de Sangre. Ese Naruhina hermosoooo. Sasuke sufriendo a mares. Itachi retomando su vida. ¡Secretos desvelados de nuevo! Porque la vida de Tenten se va conociendo y luego, la parte de Kushina, la pobre. Y Gaara queriendo condones... ¡Niño, que estás convaleciente!
He de añadir que quiero dar gracias a las personitas adorables que me ayudaron con la información sobre los embarazos. Nadie mejor que una madre para comprender esto. ¡Gracias mil! (l)
