Hijos de la discordia
Capítulo XII
"Sangre real"
Lo primero que vio Bra cuando se abrió la compuerta de su nave individual fue a Raditz. Se había encorvado sobre la nave apoyando uno de sus brazos en la orilla de la puerta, le sonreía, y cuando ella quiso salir, Raditz extendió una mano para sacarla de un tirón. Quedaron muy juntos y ella tuvo la intención de abrazarlo pero su bolsa llena de pertenencias se interpuso entre los dos. Raditz, sin dejar de sonreírle y mirarla, le quitó la bolsa para colocarla sobre un hombro. A los ojos de la princesa era lo más galante que había hecho hasta ese momento y sin las restricciones del secreto de su relación Bra estaba ansiosa por seguir descubriendo más de sus facetas ocultas.
El gigante la hizo girar pasándole un brazo detrás de sus hombros y ante ellos estuvo ese planeta, su primera parada antes de llegar al planeta de su padre.
—No es la gran cosa, princesa —le dijo Raditz. La cara de Bra se había cruzado por una evidente sorpresa. Jamás había visto tantos alienígenas ni tantas luces y desorden. Era realmente un planeta feo, las calles estaban llenas de barro y música estridente. El olor le llegaba a carne asada, a humo, a podredumbre, a sudor. La gente avanzaba a empujones y muchas veces se tiraban insultos a causa de aquello. Si Bra pudiera adivinar diría que ese planeta servía de pasaje para renegados y asesinos.
—Es… horrible —respondió ella para diversión de Raditz que rió a carcajadas.
—Realmente lo es —dijo caminando con ella estrechada contra su costado. Gracias a su inmensa altura no los empujaban tanto y cuando alguien se molestaba por su avance Raditz lo mandaba a callar con una mirada y la cola lo reafirmaba como parte de la raza más despiadada del universo para ellos conocido. Bra no pudo sentirse más segura y se abrazó del gigante feliz, dejándose dirigir por él sin pensárselo dos veces—. Encontremos un lugar para comer.
Bra se sonrió, haría cualquier cosa con tal que fuera con él.
—¿Acaso piensas todo el día en comer?
—Pienso en varias cosas —respondió él, galante, y Bra lo miró hacia las alturas cuando él se detuvo. Raditz se acarició el mentón y enseguida la besó cortamente, antes de continuar. Bra se sonrojó al verlo relamerse los labios.
El gigante la condujo a una taberna y le abrió la puerta para que ella pasara primero. La impresión que le dejó el interior no fue distinta al ver el paisaje exterior pero el olor era mucho más pesado y enseguida sintió calor. Muchos ojos se voltearon a verlos y es que era casi imposible no fijarse en alguien tan alto y musculoso como Raditz, y los ojos los siguieron al fondo de la sala, adonde había una mesa vacía. El alienígena sentado al lado se echó a la fuga. Aquello no pasó desapercibido por Bra pero el gigante simplemente se rió un poco ante esa muestra de miedo.
—Te temen —puntualizó ella al sentarse.
—Como debe ser —respondió al ubicarse junto a ella, con las piernas abiertas y los brazos extendidos sobre el respaldo de sus asientos. Una camarera les trajo dos jarras de cerveza y un cuenco pequeño de carne chamuscada, Raditz puso una mueca al beber dos sorbos de su jarra—. Trae más comida —le dijo y ella hizo una pequeña reverencia antes de irse. Raditz tomó el trozo de carne y se lo extendió a la pequeña princesa pero ella lo rechazó. Al ver la calidad de comida de esa taberna, Bra extrañó muchísimo a Milk.
Raditz desapareció el trozo en dos mordiscos y se chupó de los dedos la grasa que le había quedado. Bra lo miró y bebió un pequeño sorbo de cerveza amarga, haciendo una mueca de desagrado. Raditz se rió con la jarra en su mano.
—La comida no es por la que son conocidos aquí —le dijo, a lo que Bra negó la cabeza.
—¿Por qué son conocidos?
Raditz paladeó la cerveza en su boca antes de responder.
—Contrabando.
No estaba alejado de la realidad que había imaginado anteriormente.
Al menos tres tipos de carne quemada se ubicó en la mesa, un cuenco de una sustancia viscosa de color verde, un plato de masas redondas calientes y más cerveza. Raditz no se detuvo a pensar qué era lo que estaba comiendo y Bra quiso preguntarle a la camarera que qué eran la masas redondas a lo que la chica la quedó mirando y se fue sin decir ni una palabra.
—¿Acaso no entendió lo que le decía? —le preguntó a Raditz que tenía la boca llena y tuvo que tragar dolorosamente para hablar.
—Sí que te entendió, princesa, simplemente no quiso responder —dijo con una sonrisa. Bra se molestó y frunció el ceño hacia donde estaba la camarera. Raditz le quitó la masa desconocida y se la tragó de un bocado—. Cuando seas reina, nadie te va a ignorar, Bra —le dijo, consolandola, y la atrajo hacia su cuerpo—. No saben mal. —Se refería al plato por el que había preguntado antes y Bra se aventuró a meterse una masa redonda a la boca. Estuvo masticando largo rato antes de poder tragar esa masa chiclosa.
—Sabe horrible —lloriqueó ella, tomando un largo sorbo de cerveza para pasar el sabor.
—Debes comer —instó él troceando una tira de carne para dársela directamente en la boca—, ningún saiyan ha muerto de hambre y tú no serás la primera, princesa.
Bra sonrió al masticar y comprobar que no sabía tan mal como el otro plato, y comió pequeños trozos hasta que le hostigó el sabor. Rápidamente el gigante se acabó con el resto y se recostó adormilado a su lado con un brazo detrás de la espalda de la chica y la mano apoyada en su muslo. Con su otra mano tomaba su jarra de cerveza y se la acababa a sorbos cortos. Bra se sintió más desinhibida gracias a la cerveza y se subió a una de las piernas del gigante y se acostó sobre él. Ya no controlaba las ganas de acariciarlo y de besarlo.
Y así lo hizo, le cubrió las mejillas con sus manos y lo besó con ganas. Su boca sabía a cerveza, a carne y a quemado. Bajo ella, Raditz suspiró con una sonrisa.
El gigante buscó entre los escondites de su armadura y dejó unas láminas de metal oscuro sobre la mesa, la moneda de cambio del espacio exterior. Imaginó que ese dinero era el del cuadrante de su raza porque jamás había visto esa clase de láminas antes, sólo conocía las del cuadrante de la Patrulla Galáctica.
El lugar que encontró el gigante no estaba lejos de la taberna y la condujo por los pasillos estrechos del edificio con su bolsa colgada al hombro. Bra lo siguió tan rápido como sus piernas se lo permitieron. Algunas habitaciones no tenían puertas y otras simplemente estaban cubiertas con una tela, por lo que la princesa vio muchas escenas privadas que la hicieron sonrojar.
Raditz se detuvo súbitamente en el pasillo y Bra pudo ver que otro hombre había salido de su habitación cuando el gigante avanzaba. Habían chocado y el hombre comenzó a insultarlo, en el interior de Bra tuvo la necesidad de detener a cualquiera de los dos, pero antes de siquiera verbalizarlo vio que Raditz lanzaba al hombre de un manotazo en la cara. La princesa logró alcanzarlo y miró al hombre tirado en el suelo con sangre brotando por la nariz. Raditz lanzó un gruñido molesto y la instó a continuar.
—Lo golpeaste —se quejó ella cuando sintió que Raditz la empujó ligeramente por los hombros.
La habitación que Raditz eligió tenía puerta pero no ventanas, por lo que era muy oscura y sería húmeda de no ser por los braseros que tenía al centro. La cama era rústica y estaba llena de pieles de distintos tamaños y pelaje, y al lado tenía un gran barril lleno de agua para el aseo. Era horrible como lo era el planeta y su comida.
Raditz se adentró primero y lanzó la bolsa de la chica a cualquier parte antes de sacarse la armadura de un tirón y mojarse la cara en el barril, como para despertar. Bra caminó más lento y se dedicó a escudriñar cada centímetro de la habitación hasta que llegó a la cama y se sentó cohibida en una orilla, dándole la espalda a su pareja. Toda la excitación que había sentido en la taberna se había esfumado con la caminata y la ansiedad había reemplazado su ánimo.
—Mírame —escuchó decirle a sus espaldas y ella obedeció. Raditz estaba erguido delante de una hoguera, oscureciéndole los colores de su rostro. Se veía imponente desnudo de la cintura para arriba con pequeñas gotas que le caían por las mejillas y la punta de la nariz. Bra suspiró y gateó por las pieles cuando lo vio acercársele lentamente, y se encontraron en el otro costado de la cama. La princesa se incorporó sobre las pieles y quedó más alta que el gigante, apenas por unos centímetros. Raditz posó sus manos en las piernas de Bra y las comenzó a subir desde la altura de sus rodillas hasta el nacimiento de sus glúteos.
La princesa saltó sobre él, abrazándolo tanto de brazos como de piernas y se besaron casi con desesperación. Raditz la abrazaba también y le acariciaba el cabello y las costillas a la vez. Entre jadeos, el gigante le dijo lo que debía hacer para sentir placer y cuando estuvo lista, la arrojó a las pieles, se quitó el taparrabos y la tomó sin miramientos. Bra quedó con la boca abierta y su pareja se rió un tanto mientras calmaba su propia respiración.
Raditz se levantó de la cama con pesadez y se dirigió al barril de agua que estaba junto a la cama y comenzó a echarse agua sobre la cara, hombros y pectorales. Luego dio un largo suspiro y movió su cabeza hasta hacer sonar sus vértebras, para después regresar a ella en la cama. Bra se quedó mirándolo sin decir una palabra, un tanto aturdida por lo que acababa de pasar, oculta bajo las capas de piel que cubrían la cama. El gigante delineó uno de sus brazos delgados con la yema de sus dedos.
—Deberías dormir, princesa —le dijo Raditz con una sonrisa breve—. Mañana nos iremos.
—Podríamos quedarnos un día más… —le sugirió ella con un rubor que fue difícil de disimular—. Me gusta estar contigo —dijo y Raditz sonrió abiertamente.
—Un día más —repitió él—, pensé que el planeta y la comida eran horribles —bromeó—. Está bien, un día más, como la princesa desee.
Bra sonrió y se levantó de la cama para asearse. A diferencia de Raditz que sólo podía meter las piernas en el barril, Bra cabía entera y se sentó en el fondo para limpiarse profundamente. La princesa podía sentir su mirada sobre ella, su deseo que volvía a despertarlo. Ella estaba dispuesta y cuando volvió a la cama se sentó sobre su cintura y Raditz la tomó otra vez. Bra estaba adolorida y cansada y pronto se quedó dormida sobre el gigante. Fue un sueño profundo y reparador.
—Por favor, déjame ir con ustedes.
Trunks no la había tomado en cuenta desde que ella hubiera confesado que había visto a Raditz junto a Bra complotando su escape. Su enojo era tan grande que hasta pensó que la atacaría y su tío Goten se interpuso entre ellos porque él también había notado lo mismo. Al final Bardock volvió con la confirmación que habían escapado y Trunks concentró todo su odio hacia el forastero, de no haber sido Trunks el príncipe gentil y haber cedido a su herencia paterna, Bardock quizás ya no estaría vivo.
El heredero ilegítimo le estaba dando la espalda, toda la noche habían estado preparando la nave de Mai para su partida y él estaba acarreando las últimas cajas de alimentos que Milk y los demás cocineros habían apartado para ellos. Trunks se quedó parado en la entrada con la caja en los brazos pero no dijo nada, Pan seguía sintiendo su enfado a pesar de su silencio.
—Me traicionaste, Pan —le dijo tras unos instantes con la voz más seria de la que le había escuchado jamás. Mai apareció en la entrada de la nave y Pan la fulminó con la mirada, y tras intercambiar palabras silenciosas con Trunks, ella volvió a entrar para dejarlos solos—. Si me hubieses dicho lo que planeaba mi hermana, nada de esto estaría pasando.
—¡No me hubieses escuchado! —respondió Pan un tanto desesperada—. ¡Estabas ocupado con ella…!
Antes de que Pan pudiera continuar sus argumentos, Trunks soltó la caja inesperadamente y dio media vuelta sobre sus talones y caminó muy rápido hacia ella. La encaró cara a cara y como era mucho más alto, Pan se sintió cohibida. De haber estado en otra situación se habría sonrojado y estaría feliz…, pero Trunks se sentía muy molesto con ella.
—Habría escuchado, Pan…, Mai no tiene nada que ver en esto —dijo—, solo estabas celosa. —Pan abrió los ojos sorprendida y Trunks hizo una pausa para sopesar sus palabras con cautela—. No vendrás con nosotros, ya me traicionaste una vez, no volverás a hacerlo de nuevo.
—No podía traicionar a Bra…
—Elegiste traicionarme a mí beneficiando a Bra. ¡Mi hermana no es más que una adolescente! ¡Dejaste que un soldado la engatusara…!
Trunks se interrumpió a sí mismo cuando Goten apareció en escena, apretó los labios y anunció que volvería a sus tareas, todo esto tras una mirada de su tío, implorándole que se detuviera. Goten se veía tremendamente afectado con la enemistad de su mejor amigo con su sobrina.
Al verse los dos solos, Goten instó a Pan para que se alejaran de la nave juntos.
—Sé que lo que hiciste fue sin malas intenciones… —Su tío siempre la favorecía y evitaba ver sus errores, y Pan quiso llorar—. A Trunks se le pasará en enfado, lo conozco, no le durará toda la vida.
—Ella dijo que le gustaba…
Esa confesión hizo que Goten contuviera el aliento y apretara los labios. A ninguno le hacía gracia que Bra se hubiese ido voluntariamente, en cambio a Pan eso le parecía mejor que hubiese sido forzada a fugarse…
—La traeremos de vuelta —dijo su tío—, estará a salvo aquí, junto a su familia.
Ninguno entendía y Pan estaba cansada que ninguno comprendiera que Bra había decidido por sí misma su huída y volver no era una posibilidad para ella.
«—Aquí no tiene más familia que Trunks… —recordó las palabras de Bra cuando la había encontrado junto a Raditz en el lago—, Bra quiere otra familia, otro planeta...»
Goten la abrazó y le dio un beso en la frente.
—Volveré a despedirme, Pan. Todo estará bien.
Pero nada estaba bien. Pan caminó sin rumbo con partes iguales de enojo y tristeza. Su enfado no la dejaba llorar pero respiraba agitadamente, como si estuviera sollozando. Estaba incómoda y lo único que se le ocurría era caminar lejos de la nave de Mai, de Trunks, de su tío…, siempre se había sentido parte de ellos y su puesto rápidamente había sido ocupado por la forastera. Era normal, era el interés amoroso de Trunks y tenía más o menos su misma edad, no era una chica adolescente como lo era Pan. En cierta forma envidiaba a Bra, se había ido a tener aventuras con el hombre que quería, aunque cualquiera diría que Raditz no sentía lo mismo por Bra. Él simplemente se estaba aprovechando de su linaje…
Y luego, una extraña sensación se apoderó de ella.
«Hoy es el día del comercio», pensó para sí conteniendo la respiración. Pan se dio vuelta en redondo y cambió súbitamente de dirección, hacia donde los comerciantes iban una vez al mes a comerciar en el planeta. Venían tanto del cuadrante de la Patrulla como del cuadrante de los saiyan por igual. Traían comida exótica, ropajes alienígenas, armaduras, juegos de mesa y joyas. Esos días su madre acompañaba a su abuela a comerciar y Bra iba por su cuenta para comprarse ropa y artículos de belleza como espejos, cepillos o ungüentos. Cómo la despreciaba en ese entonces…
Sigilosa, entró al hangar que se convertía en un verdadero mercado y enseguida divisó a su abuela y madre, probándose unos vestidos de colores sobre el hombro. Al ver a su madre quiso llorar, correr hasta ella y pedirle perdón por lo que iba a hacer. Pero no podía mirar hacia atrás o perdería la cordura. Se alejó, evitándolas, pero tuvo que dar la vuelta cuando vio que más allá estaba su abuelo junto a Bardock en busca de una nave para el último. Y más y más conocidos fueron apareciendo en su camino. Al final se acercó a un comerciante que acababa de llegar, se notaba cansado por el viaje, y la saludó diciéndole que aún no estaba listo para comerciar. Pan le dijo que no importaba, que lo esperaría.
—Iré por algo para comer —avisó él y el muy tonto dejó su nave a solas. Pan respiró hondo un par de veces, dándose el impulso para entrar en la nave con rapidez y cerrarla apenas pudo accionando el botón al lado de la puerta. Enseguida escuchó los gritos de su dueño—. ¡Ey! ¡Qué estás haciendo!
—Lo lamento —le dijo aun sabiendo que no la escuchaba.
Pan se fue corriendo a la sala de navegación cuando el comerciante había llamado la atención de todo el mundo. Pronto mucha gente incluida su familia se estaría reuniendo a su lado mientras ella trataba inútilmente de hacer andar esa nave. Apretó todos los botones que encontró y sollozó cuando nada le funcionaba, al final la nave escuchó sus peticiones y se elevó. Pan conocía muy poco de naves y jamás había salido del planeta, por lo que tomó mucho esfuerzo mantenerla derecha.
—Por favor, por favor, por favor… —chilló Pan cuando dio con la punta de un edificio y la nave se elevó más y más. Su corazón golpeó su pecho con mucha fuerza y se activó la navegación para ayudarla a decidir el destino en tanto comenzaba a dejar la órbita. El vacío infinito le quitó el aliento y se quedó aturdida hasta que una lucecita roja titiló sobre ella. Pan apretó ese botón y decidió al azar el lugar a donde quería ir. Era la opción más lejana de las que le ofrecía. No tenía idea qué estaba haciendo pero la incomodidad que había sentido antes se fue, dejando ansiedad, miedo y emoción.
Pan quería enmendar lo que había hecho y si no la dejaban hacerlo junto a ellos, lo haría sola. «Ninguno entiende que ella no quiere volver… Protegeré a Bra, sea como sea.»
—Come —le dijo Raditz cuando la comida llegó a la mesa y Bra arrugó la nariz cuando se fijó que era lo mismo que el día anterior: carne quemada, baba verde y masa chiclosa. A duras penas se metió un trozo de carne y masticó un sinfín de veces antes de tragar. El gigante se rió a carcajadas—. Querías quedarte un día más, princesa. Debes comer o te desmayarás más tarde.
—Me hará vomitar —dijo y Raditz le acercó la baba verde, ese platillo que Bra no tuvo el valor de probar. Su aspecto ya era una alarma de su sabor.
—Es dulce.
—No te creo —lloriqueó pero aún así comió. No era el peor de los platillos pero tampoco sabía bien y comenzó a comer sin respirar para no captar el aroma amargo que tenía.
—Te acostumbras con el tiempo —le dijo con la boca llena de carne—, después de purgar un lugar debíamos buscar comida y no siempre había —hizo una pausa para tragar—, y cuando eso pasaba nos comíamos a los muertos.
Bra se espantó al punto de atragantarse y Raditz como muchas otras veces se rió a carcajadas.
—Tu padre también lo hacía —agregó y se echó otro trozo de carne a la boca. Bra a veces olvidaba que Raditz había sido brevemente compañero de escuadrón de Vegeta cuando eran niños. Escucharlo hablar de alguien que ella no conocía era extrañísimo.
—¿Era un pésimo rey? —la pregunta tan súbita de Bra hizo que Raditz pensara un poco su respuesta—. Todos me dicen algo distinto sobre él. —El gigante movió los hombros.
—No era el peor —respondió él—, tampoco el mejor.
Raditz creyó que aquello la ofendería pero Bra sonrió tras un silencio breve.
—Yo seré mejor, una buena reina —dijo y se llevó un trozo quemado de carne a la boca, obligándose a comer.
—Y la primera —añadió Raditz. Jamás había regido una reina antes.
El bullicio de la taberna al que ya se habían acostumbrado se detuvo súbitamente como si hubiesen quedado sordos, y la pareja miró hacia el frente para comprobar que eso no había pasado. Todos los comensales miraban a un trío que recién había llegado, era claro que no querían beber ni comer y sólo se dedicaron a escudriñar a Raditz y a Bra. Al captar su atención avanzaron hasta su mesa y la princesa sin pensárselo dos veces se refugió en la axila de Raditz que la estrechó mientras dejaba la jarra de cerveza sobre la mesa.
—Qué color de cabello tan peculiar —les dijo uno de ellos y Raditz frunció el ceño—. Y un saiyan, vaya, qué sorpresa… ¿Ustedes piensan lo mismo que yo? —les preguntó a sus acompañantes que simplemente asintieron.
—No sé de lo que hablas —ladró Raditz con una sonrisa fingida—, es sólo una chica —mintió.
—¿Sabes que la Patrulla Galáctica está esperando que estos mestizos salgan de su escondite? —le dijo y todos los comensales voltearon a verla como si hubiese aparecido de la nada. Los ojos de Bra se llenaron de lágrimas.
—¿Qué está diciendo? —le preguntó a Raditz con espanto pero él no le respondió.
—Es sólo una chica alienígena —insistió el gigante—, y si alguno la quiere tendrá que vérselas conmigo.
El trío sonrió y en lo que se demora en latir el corazón, Raditz lanzó la mesa con comida y cerveza de un golpe, sacándole gritos a media taberna que huyó del lugar. Antes de que los hombres sacaran sus armas de los cintos, Raditz ya estaba sobre uno de ellos, rompiéndole el codo de un golpe y doblándole la muñeca para que soltara su arma. Le disparó con la misma abriéndole un agujero en el pecho.
El segundo logró dispararle unas tres veces antes de que Raditz lo alcanzara y le atravesó el estómago con el brazo, tirando de sus intestinos hasta dejarlos expuestos. Para cuando cargaba contra el último hombre, los disparos fallaron por mucho y el gigante se detuvo para reírse de su pésima puntería.
—¿Quién dice un fallé? —le preguntó su rival cuando lo tomó por el cuello de su armadura. Raditz no entendió su indirecta hasta que sintió que Bra se caía y toda la sangre de su cuerpo se heló al verla en el suelo.
Acabar con el contrabandista no fue difícil y volvió hasta Bra con la cara cruzada por la sorpresa. La princesa se tendió en el suelo con dolor y tapó con sus manos el agujero que le habían abierto en un costado, aunque no fue capaz de detener la sangre que brotaba a borbotones. Una pequeña lágrima cruzó la mejilla de Bra cuando intentó hablar.
—Estarás bien, princesa —le dijo él sin evitar que el miedo se colara entre sus palabras—, esto no es nada.
Al alzarla la chica chilló y se escuchó líquido salpicar contra el suelo de la taberna con un sonido pegajoso. Raditz se la llevó en sus brazos hacia la habitación y la extendió sobre la cama de pieles con la mayor suavidad que pudo lograr, aun así, Bra sollozó de dolor.
El gigante se vio las manos para comprobar que estaban cubiertas de sangre real y que los dedos rojos se arrastraban hasta más allá de sus codos.
Nota: Hola, actualicé a la velocidad de la luz porque amo musho a Raditz y a Bra. Disfruté mucho escribirles el mini lemon que, ojo, casi nunca escribo esas cosas jaja Espero que el siguiente capítulo logre escribir del pasado y de Trunks, porque la última escena quise dejarla para el siguiente pero no pude, no pudeeee
Siempre soy muy breve para las notas, qué lástima. Este capítulo es casi el doble de los anteriores, lo notaron? jaja
A los que hayan leído mi historia del 2014 "El soldado olvidado" les comento que la seguiré pronto, es un milagro de la cuarentena, lo leí y me pareció oro o sería G(old) (?)
Eso, besos, adió.
