La tensión en la camioneta se podía cortar con un cuchillo. Edward respiraba con rabia y apretaba sus puños cada cierto tiempo.

La lluvia que azotaba las ventanas de la camioneta tampoco era de gran ayuda a mitigar el ambiente cargado.

Bella no podía hablar. Estaba muy molesta por las palabras de Jacob; la habían golpeado. Su amigo fue cruel con sus palabras y dolieron porque eran duras verdades. El miedo a que Edward cambiara de idea sobre su embarazo la tenía paralizada emocionalmente, no lograba ilusionarse con formar una familia por ese motivo.

Suspiró tratando de ignorar esos pensamientos pero el sonido llamó la atención del cobrizo que estaba alterado junto a ella.

-¿Sabes que ese chucho mintió, no? Dijo mucha mierda y...

- No quiero discutir ahora.

- Ni yo pero...

- Edward, basta.

- No. - suspiró mirándola. - No dejaré pasar esta oportunidad.

- Dios... - Bella se quejó con un suspiro.

- No voy a dejarte, Bella. Ni a mi bebé. Ustedes son lo único que tengo en el mundo. No existe manera de...

- Edward... - quiso detenerlo.

- ¡Escúchame! - gritó molesto. - ¡Deja de ignorarme!

Bella saltó en su asiento y frenó la camioneta.

- No vuelvas a gritarme. - Lo miró llena de rabia.

Edward lanzó un golpe contra la guantera.

- ¡Mierda! - gruñó molesto y tiró de sus cabellos.

Bella volvió a saltar por su arranque agresivo pero no le dijo nada. Una lágrima escapó por su mejilla pero la limpió rápido y se sintió muy molesta consigo misma por su reacción.

El silencio ocupó la camioneta los segundos en que Bella se detuvo por completo para tranquilizarse. Edward hacía lo mismo en su asiento, dejando ir todos los pensamientos rabiosos que lo azotaban.

Cuando Bella intentó prender la camioneta de nuevo esta no reaccionó al primer intento, ni al segundo... ni al tercero.

- ¡Oh no! Ahora no. - gruñó alterada volviendo a intentarlo.

Edward se tensó.

- Déjame intentarlo. - le pidió nervioso.

- ¿Y qué harás? ¿Sabes algo de mecánica? - Lo cuestionó irritada.

- He arreglado mi motocicleta un par de veces. - suspiró mirándola. - Pero podemos llamar a tu mecánico favorito. Estoy seguro que lo prefieres.

- Ignoraré tu estupido comentario. - le anunció poniendo los ojos en blanco. - Llamaré a mamá, ella vendrá por nosotros.

Edward levantó una ceja pero no opinó. Ambos sabían que lo mejor era que llamara a Jacob pero Bella en realidad no quería verlo.

Su madre le indico preocupada que no tardaría en ir por ellos. También les pidió que no salieran de la camioneta con ese frío y esa lluvia que parecía el inicio de una gran tormenta. Fue Edward quien le aseguró que no saldrían por ningún motivo.

- Bien, ahora sólo nos queda esperar. - resopló Edward sacando su teléfono para distraerse pero se dió con la sorpresa de no tener bateria. - Mierda... ¿tienes tu cargador aquí?

Bella quiso negarse pero la madurez ganó la pelea en esta oportunidad.

- En la guantera. - pero no pudo evitar agregar... - ábrela, si es que no la estropeaste con tus golpes...

Edward respiró hondo y no contestó. La muchacha sacó su propio teléfono y fingió estar interesada en los mensajes que acababa de recibir, todos de Jacob. Con un resoplido leyó las frases llenas de remordimiento y culpa de su ex novio.

Estaba meditando si contestarle o no cuando vio a Edward sacar una bolsa de regalo que había dejado sin abrir en la guantera.

- ¿Nunca ibas a abrirlo? - susurró el cobrizo. Su tono dolido la puso nerviosa.

- Bueno... - carraspeó incómoda. - Era un regalo para el bebé. Yo no...

Recordaba la noche llena de llantos y gritos en la que Edward le entregó ese regalo a su madre para que se lo diera. No quiso ni verlo.

- Lo comprendo. - la detuvo Edward. - No es necesario que sigas. Yo y mis intentos son tonterías para ti.

- No es así. Es un regalo para el bebé, lo iba a abrir...

- ¿Cuándo naciera? - preguntó Edward aún con ese tono roto y desanimado.

- Si.

- Tenía la esperanza de que te diera curiosidad y lo abrieras. - admitió el muchacho. - Debí suponer que no te interesaría.

- Edward, no veo el drama aquí. - respondió nerviosa. - Si quieres que vea el contenido puedo hacerlo ahora.

- No. - suspiró. - Cuando el bebé nazca, es mejor momento. Ahora no.

- No. Déjame abrirlo. - quiso tomarlo.

- Bella no. - Lo alejó. - Ahora no.

- ¡Ahora si! - insistió ella quitándose el cinturón para acercarse a él y tratar de quitarle el regalo.

Edward lo elevó alejándolo aún más pero como consecuencia Bella terminó apoyando todo su cuerpo contra él.

- Dámelo Edward. - reclamó y al no obtener respuesta bajo la mirada para verlo.

El cobrizo tenía la vista fija en sus pechos y su mano libre estaba ubicada estratégicamente en su cadera. La tensión violenta que existía previamente en la camioneta mutó a una violencia con tintes sexuales que a ambos los dejaron sin respiración. Pronto el pequeño lugar ardía y ninguno se movía. Sus respiraciones se alteraban cada vez más.

Sorprendida por la pose cercana que compartían titubeó. Debía alejarse, debía soltar su brazo y echar su cuerpo para atrás olvidando ese regalo que le causaba tanta curiosidad. Sin embargo, no se movió. Sus hormonas le exigían que se acerque aún más y su mente había entrado en cortocircuito.

Edward por su parte estaba en completo estado alerta sin despegar su mirada de sus pechos que después de muchos meses estaban tan cerca a él.

- Ed... - Bella susurró para alejar su mirada ardiente de sus pechos ya que estaban alterando su resolución. Sin embargo, el susurro sonó a gemido y todo se incendió aún más cuando sus miradas se encontraron.

Antes de poder meditarlo, ella empezó a besarlo.

El cobrizo cedió de inmediato al beso, devorándola. El fuego empezó a acabar con sus pensamientos como había pasado muchas veces antes. Bella sólo sabía de besos y caricias deliciosas cuando estaba en momentos así. Edward por su parte, luego de meses sin tenerla, estaba volviéndose loco por enterrarse en ella.

La muchacha olvidó su embarazo por unos minutos y se dejó llevar por los besos calientes de su novio que iban dirigiéndola hacia la cura para ese ardor que tenía entre las piernas.

No era la primera vez que tendrían sexo en la reducida cabina de esa camioneta así que Edward la ubicó en el asiento y posteriormente debajo de él sin problemas. Sus besos se trasladaron a sus pechos cubiertos con esa blusa azul que parecía a punto de explotar por lo llenos que estaban.

Desesperado como estaba por llegar a sus pezones terminó rompiendo los dos primeros botones de su blusa.

- Bella... - gimió el cobrizo al sentir el sabor dulce de sus pechos en su paladar.

La muchacha se arrimó y gimió buscando más contacto.

Jugueteó con su lengua y succionó con fuerza ambos pezones logrando que endurecieran y se irguieran buscando más atenciones. El muchacho siguió trabajando en ellos mientras maniobraba para abrirse los pantalones.

Bella al notar que él no podía con ambas tareas se desesperó y busco su cinturón.

- Odio este cinturón... - gruñó frustrada ya que no lograba desatarlo con facilidad.

Edward rió en su pecho y se irguió sobre ella para abrirse el pantalón. Su ropa interior era un boxer verde que ella misma había sacado de la secadora días antes, fue un pensamiento intimidante que la azoto recordándole que no estaba por acostarse con el Edward de hace meses, sino con su novio, quien vivía con ella.

Ansioso se bajó el bóxer.

Su verga ya estaba lista y verla después de esos meses la tensó.

- Tranquila, te la meteré despacio. - le aseguró el cobrizo de inmediato empezando a bajarle los pantalones de maternidad.

Fue ahí que Bella fue consciente de lo lejos que estaban llegando y ella no estaba haciendo absolutamente nada para detenerlo. Sabía que tenía todo el derecho de detenerlo en cualquier momento pero... no quería. Esa era la verdad, no quería parar. Llevaba meses sin tener sexo y el embarazo la hacían añorar con una regularidad vergonzosa la activa vida sexual que solía tener antes. Además no ayudaba en nada amanecer todos los días junto a Edward que entre sueños a veces movía sus caderas rítmicamente contra la pared de almohada que religiosamente Bella colocaba todas las noches para separarlos. Era un martirio ver luego la erección mañanera con la que se levantaba rumbo al baño donde le esperaba la ducha fría.

El recuerdo de verlo con una ereccion mañanera desde el primer día de convivencia la hizo gemir.

El cobrizo se impacientó aún más al escucharla. Como pudo terminó de bajar sus pantalones de maternidad y la dejó con una pierna libre antes de ubicarse entre sus piernas para empezar a trabajar en humedecerla con sus dedos.

- Oh Dios mío... - gimió ella disfrutando de sus experimentados dedos.

- No puedo esperar más. - admitió el cobrizo sacándose la chaqueta acelerado.

Bella vio su miembro con una gota de liquido preseminal coronando y tuvo un momento de lucidez.

- Condón. Ponte condón. - le ordenó cubriendo su entrada con su mano cuando él quiso acercarse.

- ¿Ah? ¿Qué? - preguntó confundido. - Pero si...

- Has estado con otras y puedes contagiarme algo.

- Pero...

Edward se detuvo, pero luego con un suspiro asintió buscando en su pantalón. Gomas de mascar y algunos billetes cayeron al piso del vehículo. Edward gruñó frustrado.

- Tu billetera. - Bella le sugirió. Ya que antes solía guardarlos ahí.

El cobrizo asintió y buscó su billetera en el suelo.

Cuando encontró la tira de condones que guardaba, sacó uno y se lo colocó para luego mirarla. Se detuvo al cruzar sus miradas. Bella no quería tener tiempo de pensar así que tiró de él para alcanzar su rostro y sus labios.

- ¿Bella? - dudo. - ¿Estas segura?

- No hablemos. - Lo calló besándolo.

- ¿Bella? - volvió a insistir en sus labios. - ¿Quieres que sea aquí? ¿Estas segura?

- Ven. - insistió ella ahora buscando tomar su miembro pero su abultado vientre no dejaba que diera con él y Edward escapaba de su agarre.

- Necesito saber si estás segura. - la detuvo tomando sus manos y alejándolas de su cuerpo.

Bella respiró hondo y cerró los ojos para tranquilizarse.

- ¿Bella? - insistió Edward.

- Quiero acostarme contigo. - admitió ella.

Edward no contestó nada. Así que ella abrió los ojos intrigada.

El muchacho miraba su vientre y el entorno buscando algo. Parecía dudoso e incómodo.

- ¿Ed... ? - le preguntó su novia confundida. ¿Ya no quería acostarse con ella?

- No podemos hacerlo aquí. - susurró ronco. - No... aquí no.

- ¿Qué? - preguntó con voz ahogada. Y su impresión aumentó cuando él la soltó para vestirla.

Edward nunca antes la había vestido.

- No es el lugar adecuado ni el momento, hace poco estábamos discutiendo.

Se subió los pantalones escondiendo su miembro aún erecto.

Era el mayor rechazo que había recibido de parte de él. Nunca antes Edward había sido capaz de detener su libido, él era como un tren cuando se trataba de sexo. Un tren que atropellaba hasta llegar a su destino final.

El autoestima de Bella toco fondo. Posiblemente su cuerpo hinchado ya no era apetecible y había logrado lo imposible, apagar el deseo sexual de Edward Masen.

- ¿Estas bien? - le preguntó cuando ella no contestó.

No le contestó por temor de que le temblara la voz.

- ¿Amor? - insistió acercándose pero ella lo empujó. - Bella... ¿Qué hice ahora?

No contestó y cerró los ojos dolida.

Edward suspiró mirándola.

- Desearía poder leerte la mente, me ahorraría muchas migrañas.

- Lamento causarte dolores de cabeza. - Replico molesta y dolida.

- No hay problema. - admitió él con una sonrisa triste. - Pero me ayudarías si me dices que hice mal.

- No importa.

- Si importa. No quiero que nos alejemos por algún malentendido. - admitió en su tono suave. - ¿Te dejé adolorida? ¿Fui brusco al tocar tu... ?

- No. Ni siquiera me tocaste realmente.

- ¿Son tus pechos? - insistió. - ¿Los aprete muy fuerte?

- No. - gruñó juntando su blusa para protegerse del frío.

- ¿Entonces... ?

- Nada. - insistió ella.

Edward suspiro impaciente alejandose de ella.

- Es agotador, ¿sabes? Cumplir tus expectativas sin tener claro cuáles son.

- No te pedí que cumplas nada.

- Tácitamente si. Tengo claro que vivo en una cuerda floja donde pierdo todo si me equivoco.

- ¿Estas bromeando? - gruñó dolida ella. - No estas amenazado y yo no te estoy obligando a cumplir nada.

- Mírate ahora. Me lanzas dardos con la mirada y me pides que no pregunte que hice. Tú tienes todo el control de nuestra relación y sé que me vas a dejar al primer error que cometa. Y ese error puede ser algo tan tonto como preguntarte que pasa.

- Bueno te entiendo. A mi me dejaban sola en las madrugadas luego de ser cogida brutalmente sólo por preguntar qué sucedió antes para obtener una reacción así.

Edward respiro hondo alterado.

- ¡Dios! No puedo hacerte olvidar o superarlo. Es algo que debes hacer tu sola.

- ¡¿Me estas diciendo que lo supere?!

- No lo exijo pero si te pido que trabajes en eso porque sino nuestra relación va terminar mal.

Hubo un largo silencio luego de esa declaración.

- Estas planteandote dejarme. - afirmó Bella sin aire.

- No... - empezó un Edward agotado.

- Si. Es lo que acabas de decir.

- Solo intento que veas cual es el problema que existe en nuestra relación. Tú eres la que debe... perdonarme. Fui un idiota pero no volvere a serlo, no soy capaz de lastimar a mi hijo y a ti. - suspiró alejando la mirada. - Creo que no eres consciente de lo importante que eres para mí. Yo... - trago saliva y la miró de manera vulnerable. - Creo que siento algo más profundo por ti de lo que soy capaz de admitir en voz alta.

Bella no tuvo tiempo de contestar ya que un vocinazo los hizo saltar. Su madre había llegado por ellos.

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