Capítulo 12

Se fuerte...».

Alice se repitió esas palabras muchas veces, cuando trataba de minimizar el salvajismo de su padre durante las siguientes semanas, protegiendo a su madre todo lo que estaba en su mano. Esperaba que su padre se hubiese enterado de su visita a casa de Jasper, pero no sucedió nada al respecto. O bien, no estaban vigilando a Jasper o no habían informado sobre el incidente porque no lo consideraron significativo.

Curiosamente, después de la promesa de Jasper se sentía más tranquila. Le resultaba más fácil concentrarse en sus proyectos de paisajismo que cuando lo veía todas las semanas. Saber qué estaba haciendo él y por qué, era de gran ayuda. Además, tenía la esperanza de poder compartir un futuro con él. Era algo que había guardado para sí, y que no había compartido con su madre ni con Edward.

Pasaba mucho tiempo con su madre, todo lo que le permitían los estudios y su trabajo a media jornada. Nick Jeffries pasaba por la casa dos o tres veces a la semana. Al parecer, tenía muchas cosas que hacer y su madre aprovechaba la excusa para salir al jardín y supervisar su trabajo. Era un hombre animado y su compañía era muy agradable, justo lo contrario a su padre, que en los últimos tiempos estaba insoportable.

Una tarde, Alice estaba en la cocina con su madre ayudando a preparar la cena cuando él gritó desde el pasillo:

-¡Alice!

Ella sintió que le daba un vuelco el corazón. ¿Qué había hecho mal?

-¡Estoy en la cocina, papá! -contestó.

«Se fuerte...», pensó.

Continuó cortando las zanahorias y levantó la vista al oír que él decía:

-¡Tienes un buen cuchillo! A lo mejor quieres clavárselo a alguien, Alice.

¿A él, por ejemplo? Tenía una amplia sonrisa en el rostro y la miraba con satisfacción.

-He estado vigilando a Jasper Hale -le anunció.

¡La visita a casa de Jasper! Pero había pasado mucho tiempo. No tenía sentido que su padre sacara el tema tanto tiempo después.

Carlisle le mostró un sobre.

-Aquí tienes las pruebas de lo canalla que es -dio un paso adelante y sacó unas fotos del sobre, colocándolas frente a Alice-, Pensé que te gustaría ver a la amante habitual de Jasper, Alice -dijo con tono de mofa y señalando a una mujer rubia, vestida con unas mallas apretadas, que estaba abrazando a Jaspercomo si fuera a besarlo.

Alice sintió un nudo en el estómago al verlo con otra mujer.

-La ve en el gimnasio tres veces a la semana.

Sus palabras le corroían el corazón.

Su padre le mostró la siguiente fotografía.

-Después va a su casa para hacer un poco más de ejercicio.

La rubia aparecía con el cabello suelto. Era muy guapa. Estaba abriendo la puerta de una casa, sonriendo. Jasper estaba parado al pie de las escaleras que subían al porche.

-La mujer trabaja en un club los sábados por la noche -continuó el padre-. Muy conveniente. Así él podía quedar contigo. Esto muestra que es un bastardo en todos los aspectos.

Ella no dijo nada. No podía articular palabra. Se sintió aliviada al ver que su padre no esperaba que hiciera comentario alguno.

-Necesito una copa -murmuró él, y se marchó para servirse un whisky. Dejó las fotos en la cocina y provocó que Alice perdiera toda la confianza que tenía en Jasper y en el amor que sentía por ella.

Alice las miró de nuevo. Sólo había pasado un mes desde su encuentro en el parque. Un encuentro que él no quería mantener, pero con el que se aseguró que ella no volvería a molestarlo. Ella había aceptado sus motivos y había creído su promesa, sin embargo, él se veía con otra mujer, disfrutaba de su compañía y se acostaba con ella.

Era un hombre de doble cara.

Por supuesto, tenía que serlo para haber podido engañar a su padre.

Un hombre oscuro y peligroso... Debería haberse fiado de su instinto, debería haberle dicho que no, haber evitado que jugara con ella con sus propias reglas.

Las lágrimas se agolparon en sus ojos. Su madre se acercó a ella para abrazarla y ella apoyó la cabeza en su hombro. No tenía fuerza. Se abandonó al llanto y permaneció abrazada a su madre, disfrutando de su verdadero amor.

-Siento que te haya hecho tanto daño -murmuró su madre-. Siento que te hayan metido en los asuntos de tu padre cuando no tenías nada que ver con ellos.

-Lo amaba, mamá. Y pensaba que él me quería. Me prometió que volveríamos a vernos cuando terminara todo esto.

-Quizá era una manera más suave de dejarte que decirte la verdad. Eres una persona maravillosa, Alice. Incluso él se habrá dado cuenta, y seguro que le importabas un poco.

-¡Oh, mamá! ¡Todo es un desastre! -levantó la cabeza y forzó una sonrisa-. Soy un desastre. Gracias por estar a mi lado.

Su madre sonrió también y le secó las lágrimas de la mejilla.

-Igual que tú, también estás a mi lado. Pero, por favor, no pienses que tendrás que estar siempre a mi lado. Quiero que tengas tu propia vida, fuera de aquí. Igual que Eddie.

-Bueno, hablaremos de ello cuando termine la universidad. Ahora terminemos la cena. No quiero que papá se entere de que estoy triste.

El orgullo hizo que recuperara la fuerza. Recogió las fotografías y dijo:

-Las llevaré a mi cuarto como recuerdo de mi estupidez, me asearé un poco y bajaré a ayudarte. Y no te preocupes por mí, mamá. Estaré bien.

Alice dejó las fotografías sobre la cama, pensando en lo sencillo que había sido para Jasper y en lo vulnerable que había sido ella a su atractivo. Era probable que él hubiese salido con aquella mujer desde el principio. Pero aunque aquella rubia fuese una adquisición reciente para su vida sexual, era evidente que él no sentía una fuerte implicación emocional con la hija de Carlisle Cullen.

Lavándose la cara, Alice deseó poder borrar a Jasper Hale de su mente.

«Sé fuerte...».

Lo sería. Tenía que serlo. Nadie iba a destrozarle la vida. Ni su padre, ni Jasper, ni cualquier otro hombre. Aquella rotunda decisión sirvió para que durante la cena pudiera esquivar los comentarios de su padre con buen humor. Y la ayudó a enfrentarse de nuevo a las fotografías cuando regresó a su habitación.

Las guardó de nuevo en el sobre en el que su padre se las había dado. Escribió la dirección de Jasper, contenta de que la búsqueda de su casa le hubiese servido para algo. Quería que él se enterara de que ella sabía lo de la otra mujer y que ya no consumiría ni un minuto más de su tiempo.

Para resaltar ese hecho, le escribió una nota.

Si algún día quieres que volvamos a vernos, Jasper, tendrás que silbar para llamar mi atención. Voy a continuar con mi vida.

No había angustia en sus palabras. Metió la nota en el sobre, lo cerró y lo guardó en su bolso para enviarlo al día siguiente. Todo había terminado. Su vida le pertenecía otra vez.

Jasper revisó su correo y frunció el ceño al ver un sobre con la dirección escrita a mano. Curioso por su contenido, abrió el sobre y sacó las fotografías y la nota de Alice.

Un enorme peso se instaló en su corazón.

Había sido engatusado por la bailarina del gimnasio. Y sin duda trabajaba para Cullen. Él no había sospechado nada cuando ella se agarró a él a la salida del gimnasio y le contó que tenía mucho miedo de que la asaltaran de regreso a casa y que, por favor, la acompañara durante algunas manzanas hasta un lugar donde se sintiera segura. No era mucho pedir y a él no le suponía demasiado esfuerzo acompañarla.

Una semana más tarde, ella se acercó a él y lo abrazó para darle las gracias. Él se retiró ya que no le gustó el gesto y no deseaba implicación alguna con aquella mujer. Pero eso no se mostraba en la fotografía. Cullen no estaba interesado en mostrarle a Alice cuál había sido su reacción.

Jasper llevó el correo a casa y lo dejó sobre el banco de la cocina, antes de dirigirse al jardín trasero donde daba el sol. Se sentó en una silla y releyó la nota de Alice.

-«Voy a continuar con mi vida».

Era lo que él le había pedido que hiciera y, probablemente, lo mejor que podía hacer para terminar la relación entre ambos. Cullen no iba a permitir ningún contacto futuro entre ambos. Y aunque le explicara la verdad sobre esas fotografías y ella lo creyera, Cullen buscaría la manera de separarlos.

Sin duda, era mejor que lo que había tenido con Alice terminara para siempre.

No tenían futuro juntos.

Jasper dobló la nota y la guardó en el bolsillo de su camisa.

A pesar de que en todo momento sabía que así era como debía ser, le resultaba muy difícil de aceptar.

A pesar de que había conseguido lo que se había propuesto hacerle a Carlisle Cullen, se sentía vacío. Igual que después de la muerte de su madre y de su padrastro. Pero había conseguido seguir hacia delante. Y lo conseguiría de nuevo.

Debía notar el calor del sol. Sin embargo, no notaba nada.

El vacío que inundaba su interior era muy frío.