Capitulo 32:

Demasiado tarde

Díselo, pensó.

No era tan difícil, solo tenía que ser sincero y pronunciar el discurso que había estado en su cabeza la última hora: He rastreado una escena, y hemos descubierto que Ivan es uno de los sospechosos. Por cierto, me encontré con él hace unas semanas y estuvo acosándome durante días. No he vuelto a saber nada de él, pero hay veces que cuando llego al Atrio tengo miedo de que esté allí. No te lo conté antes porque no quería preocuparte.

Resopló mentalmente. Era un desastre y el problema era que las palabras se negaban a salir de su boca ante el temor de que Harry se molestase. Hasta Draco se enfadaría si estuviera en su misma situación y se enterase de que su novio había estado ocultándole un tema de ese calibre.

La había jodido pero bien.

—¿Qué te pasa?

Draco parpadeó. Se planteó negar con la cabeza y sonreír, pero su garganta era un nudo y tenía la sensación de que iba a vomitar en cualquier momento. Lo peor era que Harry le observaba con preocupación y eso le hizo sentirse culpable y miserable.

—Tengo algo que decirte —murmuró en voz baja.

Estaban sentados en la cocina, desayunando. Había intentado hablar con Harry el día anterior en cuanto llegó del Ministerio, pero no había encontrado el valor para hacerlo. También sabía que no podía dilatarlo mucho más, porque estaba seguro que en cuanto Harry llegase a la oficina le informarían de lo que había descubierto, y era mejor que se enterase antes por Draco que por otra persona.

—¿Es malo?

No habría sido malo, si hubiera sido sincero desde el principio. Draco se había dado cuenta de eso tarde. Ahora todo era una bola que se le estaba atragantando en la garganta y amenazaba con asfixiarle. Eso era lo que provocaban las mentiras y él estaba aprendiendo la lección por las malas. Pero ahora tenía la oportunidad de solucionarlo antes de que fuera peor y no iba a cometer el mismo error dos veces.

Solo esperaba que Harry pudiera perdonarle.

—Ayer... fui a rastrear la casa de Emmanuelle Curmolys y encontré una brecha de aparición.

—Eso es genial —dijo su novio, aunque había una clara confusión en su voz. Era normal, porque lo que acababa de decirle sería motivo de celebración si no fuera porque el nombre de Ivan había aparecido como sospechoso.

—Sí, lo fue. Cho hizo un hechizo para encontrar la firma mágica —Draco se detuvo, con la mirada fija en sus manos. Respiró hondo, y luego soltó de golpe—: Una de las firmas mágicas compatibles es la de Ivan.

Hubo un segundo de silencio. Miró a Harry, quien a su vez le contemplaba a él con el rostro conscientemente en blanco. Los nervios se estrujaron en su estómago y su pecho se apretó de manera dolorosa.

—Tendremos que investigarle —contestó Harry con cuidado—. ¿Hay algo más?

Asintió, mordiendo su labio inferior. No quería decírselo. Una parte de él simplemente quería dejar el tema e irse a trabajar como si nada hubiera pasado, pero sabía que no podía hacer eso. Ya se lo había ocultado a Harry una vez, cosa que no debería haber hecho, y ahora debía ser sincero y asumir las consecuencias.

—Fui a una fiesta que dio mi padre —explicó, dispuesto a decírselo todo aunque sentía que ya era demasiado tarde—. Me encontré con Ivan allí. No sabía que iba a asistir, sino nunca hubiera ido.

—Espera, ¿cuándo fue eso?

—Cuando fuiste a Estados Unidos —su novio parpadeó, guardando silencio. Parecía estar pensando y Draco nunca había sentida una necesidad tan grande de meterse en la cabeza de alguien—. Quería hablar conmigo. Al principio le dije que no, que me dejase en paz, pero empezó a enviarme cartas todos lo días y luego apareció en el Ministerio...

—Te acosó —afirmó Harry.

Su voz era recortada y su mandíbula estaba apretándose. Tragó saliva, desviando su atención hacia la mesa que los separaba.

—Un poco —contestó, porque decir directamente que sí le daba apuro.

Levantó la vista cuando escuchó a su novio levantarse de su asiento. El rostro de Harry era asombrado, incrédulo, incluso. Caminó por la cocina, cabeceando como si le costase comprender lo que Draco le estaba diciendo. Estuvo varios segundos así, hasta que se detuvo sobre sus pies y miró a Draco con desconcierto.

—Así que te reencuentras con tu ex-novio, el cual te acosa y tú decides no contármelo —espetó—. ¿Es eso?

—Sí —susurró.

Harry bufó. Estaba enfadado. Podía verlo en la tensión de sus hombros, sus labios apretados y su ceño fruncido. Se había detenido un momento para hablar y luego volvió a dar vueltas por la cocina.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—No quería que te preocupases —contestó con voz angustiada—. Es verdad que al principio Ivan fue muy insistente, pero luego cuando fui a hablar con él se detuvo, así que no pensé que fuese necesario preocuparte por algo que había solucionado.

—¿Fuiste a hablar con él?

Harry hizo la pregunta en un tono demasiado tranquilo para su gusto. No notaba que su magia estuviese alterada, así que concluyó que el moreno debía estar reteniéndola de forma consciente y ese pensamiento le angustió un poco más.

—Me dijo que si hablaba con él me dejaría en paz —su justificación no parecía hacer mucho, porque el enfado aún se reflejaba en el rostro de Harry—. Quería volver conmigo, pero le dije que no.

No recibió una respuesta inmediata, y eso hizo que su corazón se acelerase y su garganta se apretase todavía más. Sus nervios se agarraron en su estómago mientras esperaba dentro de ese silencio aflictivo.

—Si Ivan no fuese sospechoso en este caso, ¿me lo hubieras contado?

La mirada de Harry estaba fija en el suelo, sus hombros se habían hundido y su voz era un murmullo callado. El enfado parecía haberse esfumado de él, y Draco no quería pensar que la emoción que veía en su novio en ese momento era decepción.

—Lo siento —susurró, incapaz de decir nada más.

—Se supone que debemos confiar el uno en el otro, Draco.

—Confío en ti —afirmó. Quería levantarse y abrazar a Harry, pero la posibilidad de que le rechazase hacía que algo se quebrase en su interior, así que solo se encogió en su silla—. No te lo dije porque no quería molestarte, no porque no confiase en ti.

—¿Todavía sientes algo por él?

La voz de Harry se agrietó. Pasó las manos por su rostro, como si le costase sacar las palabras por su boca. Draco parpadeó con rapidez, intentando no derramar las lágrimas que empezaban a acumularse en sus párpados.

Estaba tan sorprendido por la pregunta que se olvido de respirar durante un segundo. Debería habérselo dicho antes. Sabiendo que la confianza era todo para Harry, debería haber sido sincero con él desde el primer momento, en vez de ocultárselo y hacer que ahora dudase de sus sentimientos hacia él.

—No —afirmó rotundo. Su novio siguió sin levantar la mirada, así que Draco se puso en pie y se acercó a él para abrazarle sin importarle la posibilidad de que le rechazase. Eso no ocurrió, porque para su completo alivio, Harry envolvió sus brazos a su alrededor en cuanto se acercó—. Te amo, Harry. Te lo juro. Nunca he amado a nadie en mi vida hasta ahora.

Le escuchó suspirar y luego le apretó un poco más estrechamente dentro de su abrazo.

—Lo sé. Es solo que no entiendo porqué no me lo dijiste antes.

—Porque soy un imbécil.

—Quiero decir, sí, me hubiera preocupado y me hubiera molestado por la situación pero... me hubiera gustado que confiases en mi.

Draco cerró los ojos y apretó los labios, enterrando su rostro en el hombro de Harry.

—Lo siento.

La respuesta de su novio se perdió cuando un patronus de un lince atravesó su cocina. Ambos se separaron para observar al animal con atención.

Código 193. Ministerio de Magia.

Draco no sabía qué era un "Código 193", pero Harry parecía que sí porque resopló disgustado y puso los ojos en blanco con hastío. Nunca antes había odiado tanto al Ministerio.

—Tengo que irme —dijo. Se detuvo un momento, observando a Draco con ojos intensos. Esperó con la respiración atascada en su pecho y luego gimió de alivio cuando Harry juntó sus labios en un beso pausado—. Yo también te amo. Terminaremos de hablar luego.

Asintió, viendo cómo Harry salía de la cocina para dirigirse a la chimenea de su despacho.

Tenía una sensación de desazón en su interior, aunque se sentía mucho más relajado ahora que había sido sincero. Aún así, sentía que Harry no le había perdonado del todo. Sabía que todavía estaba molesto y esperaba que el paso de las horas le relajasen lo suficiente como para terminar de aceptar el perdón de Draco.

Soltó un suspiro, cerrando los ojos y enterrando el rostro en sus manos. Se enderezó después de un par de respiraciones profundas y se dirigió a su habitación para cambiarse de ropa e irse al Ministerio él también.

Una vez que llegó a su oficina, le llevó unos veinte minutos saber que un código 193 equivalía a que un Auror había encontrado a un sospechoso. No era Ivan, pero por lo visto a Harry solo le faltaron un par de horas para encontrar al búlgaro y detenerle. Draco se enteró de ello cuando Hermione se plantó frente a su escritorio y le dijo que había un detenido que se negaba a declarar a menos que fuese en su presencia.

—¿Es por la desaparición de Curmolys? —le preguntó a Granger, aunque ya sabía la respuesta.

—Sí.

Sus hombros se hundieron bajo un peso mental y caminó al lado de Hermione hacia la sala de interrogatorios en la Oficina de Aurores mientras repasaba en su cabeza todo el procedimiento estándar para las declaraciones oficiales. Ahora entendía porqué la gente decía que habían días en los que era mejor no levantarse. Estaba empezando a desear haberse quedado durmiendo hasta el próximo año como mínimo.

La imagen que les recibió cuando entraron en la pequeña habitación no era la que había esperado.

Harry estaba de pie, apoyado en la pared izquierda. Tenía los brazos cruzados sobre su pecho y una expresión aburrida en el rostro, pero toda su próstila gritaba tensión.

Ivan, en cambio, estaba sentado frente a una mesa de metal. Se encontraba atado a su silla con unas cuerdas gruesas, resistentes y mágicas, que se apretaban más cada vez que se movía. Pero lo que más le llamo la atención fue que su nariz, su boca y parte de su pecho estaba completamente ensangrentado.

—¿Por qué está sangrando? —cuestionó Hermione.

Por un momento pensó que Harry mentiría, pero lo único que hizo fue encogerse de hombros.

—Porque le he roto la nariz —contestó sin mucho reparo.

—Que sepas que voy a denunciarte por agresión —espetó Ivan.

Potter resopló sonriendo, como si esa afirmación le hiciese gracia.

—No puedes denunciarme si estás encerrado en Azkaban.

—¿Me estás amenazando?

—Solo te estoy informando de cómo están las leyes en Inglaterra.

—Señor Stoev —interrumpió Hermione—, el Inefable Malfoy será el encargado de interrogarle, tal y como había solicitado. Esperamos su mejor colaboración.

Ella le dio a Draco una serie de pergaminos y un vuela-pluma y luego disparó una mirada al moreno para que saliese de la sala, quien a regañadientes se despegó de la pared y se dirigió hacia la puerta.

—Ten cuidado con lo que le vas a decir —advirtió Harry hacia Ivan antes de salir—, no vaya a ser que tenga que reventarte la boca también.

Draco tragó saliva mientras se sentaba en la silla frente al búlgaro, intentado obviar la atmósfera asfixiante que había.

—A tu novio le gusta tener siempre la última palabra, ¿no?

Le ignoró, dando un par de golpe con su varita a los pergaminos y a la vuela-pluma. Se quedaron suspendidas en el aire encima de la mesa. Entrelazó sus dedos, hizo acopio de toda su paciencia y miró a Ivan.

—Señor Stoev, voy a proceder a registrar su declaración sobre los incidentes que nos acontecen. Supongo que el Auror que le detuvo le ha suministrado la información de porqué estás aquí.

—¿Te refieres a Potter? —se burló, arqueando una ceja— No, él simplemente apareció en la puerta de mi casa en Róterdam, me partió la nariz como puedes ver y me apareció aquí directamente.

—Ya veo —no sabía si enfadarse, reírse o frustrarse por lo hilarante que era la situación. Se imaginó a Harry propinándole un puñetazo a Ivan, y a pesar de que sabía que no estaba bien, una parte de él se regodeó ante ese hecho. A pesar de todo ello, hizo gala de su mejor rostro neutral y continuó como si nada—. Hace un par de semanas se denunció la desaparición de Emmanuelle Curmolys, un miembro del Wizengamot. Creemos que está relacionado con varias otras desapariciones en Europa y Estados Unidos. Su firma mágica es compatible con la de alguien de estuvo en el domicilio del señor Curmolys antes de desaparecer.

—Ah, ya entiendo —Ivan echó la cabeza hacia atrás y, al moverse, las cuerdas se apretaron aún más alrededor de su pecho, sacándole un quejido. Draco pensó que Harry había sido un poco demasiado vicioso con ese hechizo—. Estoy seguro de que tienes algo que ver en eso, ¿verdad? ¿Fuiste tú quien encontró mi firma mágica? ¿Es tu manera de vengarte?

Draco le miró de soslayo, dividido entre echarse a reír o propinarle otro puñetazo. Optó por no darle el placer de verse afectado.

—¿Estuvo en Inglaterra hace dos semanas?

—¿Eso está escribiendo todo lo que decimos? —cuestionó el búlgaro, apuntando con su barbilla hacia el vuela-pluma.

—Sí. El proceso de declaración oficial conlleva un registro de toda la conversación.

—¿Y esto lo va a leer Potter después?

Respiró hondo. Mucho y muy profundo. Odiaba la pequeña sonrisa suficiente en el rostro de Ivan, y que le mirase de esa manera soberbia, como si estuviese por encima de Draco.

—¿Estuvo en Inglaterra hace dos semanas? —repitió.

—¿Vas a seguir tratándome de usted, después de todo lo que hemos pasado?

—¿Vas a declarar o no? —espetó.

Apretó los dientes, mientras Ivan ensanchaba su sonrisa satisfecha.

—¿Por qué no me desatas? Tu sucio y asqueroso novio mestizo me ha atados las cuerdas demasiado fuerte.

La mano de Draco picó por su varita. En ese momento, podría haberle lanzado un crucio y no se habría arrepentido de ello.

—Es una pena que no te atase una alrededor del cuello —farfulló.

Ivan negó con la cabeza y se encogió de hombros a pesar de sus restricciones.

—Eso es algo que te va más a ti que a mi, ¿verdad?

Agarró el pergamino antes de que el vuela-pluma pudiese terminar de escribir esa frase. Su corazón latía veloz y sus ojos estaban inyectados en odio mientras miraba al hombre frente a él.

—Vas a quedarte en disposición judicial hasta que consigamos una orden para registrar tu casa y los últimos hechizos de tu varita.

La silla chirrió contra el suelo cuando se levantó de golpe. Enrolló el pergamino de mala gana, mientras Ivan lo contemplaba con una entereza que le sacaba de quicio. Se dio la vuelta, y su mano estaba a punto de aferrarse al pomo de la puerta para salir, cuando Ivan murmuró algo detrás de él.

Somnus.

Su cuerpo se sacudió y su visión se volvió borrosa por un instante. De repente, sus extremidades pesaban y sus párpados eran incapaces de permanecer abiertos. Se sentía mareado y cansado.

Volvió a girarse, apoyando su espalda en la puerta. Ivan sonreía satisfecho desde su asiento, y sólo entonces cayó en la realización de que acababa de lanzarle un hechizo para adormecerle. Buscó su varita entre su túnica con movimientos torpes, intentando hacer que su mente se aclarase para poder pensar. Luego se dio cuenta de que, en vez de estar buscando su varita, debería salir de allí cuanto antes.

Imperio —murmuró Ivan, antes de que Draco pudiese abrir la puerta.

Una sensación de calma le invadió. Sus músculos se relajaron y todas sus preocupaciones se extinguieron por un segundo. Se sentía flotar, con la mente aletargada y el cuerpo laxo.

—Acércate —sus pies avanzaron antes de poder pensar en lo que estaba haciendo. Había una parte al fondo de su mente que estaba en medio de un ataque de pánico, aunque no pudiese mostrarlo externamente—. Desátame.

Vio cómo sus manos se dirigieron hacia las cuerdas que retenían a Ivan y las desataba. Se sentía como alguien externo en su propio yo, como si estuviese viendo la escena en tercera persona. No era consciente de lo que su cuerpo estaba haciendo y una vaga desesperación se apoderó de él al ver que era incapaz de hacer nada para detenerlo.

Draco había estado bajo la maldición Imperius antes. Su padre le había explicado cómo hacerla y cómo resistirla. No era muy distinto a la occlumancia o al veritaserum, solo debía encontrar algo a lo que aferrarse para poder salir de los efectos de la maldición.

—Por un momento pensé que no iba a funcionar —el búlgaro se levantó de la silla, limpiándose la nariz con la manga de su túnica. Miró a Draco con una extrema fascinación—. Potter sabe hacer magia a pesar de ser un asqueroso mestizo. Llevo una hora intentando deshacerme de sus cuerdas. Es una pena que no hubiera pensado antes en que podía hacer magia sin varitas.

Quería gritar, terminar de partirle la nariz a Ivan y luego fundirle a base de crucio. No hizo nada de eso. En cambio, se quedó allí de pie, inmóvil y entumecido.

—Ahora, quiero que nos aparezcas en cualquier callejón muggle que conozcas. Lo más lejos que puedas porque no queremos que tu novio nos encuentre, ¿no? —Ivan sonrió divertido, como si lo que acabase de decir le hiciese gracia. Alzó una mano y acarició el cabello de Draco—. Luego me haré cargo de ti.

Intentó aferrarse con desesperación a su voluntad para no obedecer. Su mano temblaba mientras agarraba su varita en un esfuerzo por rechazar la orden que le había dado. Su respiración se aceleró y por un instante pensó que lo conseguiría, pero la maldición se agudizó, doblegando su voluntad.

Los desapareció un segundo después.


*Redoble de tambores*

¡Hoooooooooooola gente!

¿Quién dijo drama? Sí, yo lo dije. Y sí, he vuelto a dejar el capítulo en lo más interesante. Lo siento peeeeero, la vida es así de dura.

¿Sabéis qué es lo mejor? Que ni si quiera yo sé cómo va a terminar esto porque no tenía pensado que esta parte fuese así, con él secuestro de Draco, con lo que voy a tener que reestructurar los últimos capítulos que me quedan y no sé cómo voy a terminar la historia, la verdad.

He vuelto a tener una semana complicada y espero poder actualizar el viernes que viene porque casi tengo el próximo capítulo terminado pero nunca se sabe.

De todas formas, ¡nos leeremos pronto!