¡Feliz año!
No saben lo contenta que estoy de estar de vuelta por primera vez en este 2021, les deseo que este sea el mejor año de todos; ya es hora de dejar la mierda del 2020 atrás. Me gustaría saber cuáles son sus propósitos escritoriles y lectores de este año, si gustan compartirlo conmigo. Los míos, por supuesto, son terminar en Luz de Luna y Mar de pasiones; también me he inscrito en un reto mensual de relatos originales que me encantaría compartir con ustedes más adelante.
Quiero aprovechar el espacio por agradecerles el apoyo infinito que he recibido de ustedes durante todo el 2020, realmente este lado de mi vida fue mi favorito, ustedes sin saberlo mejoraron mi año más de lo que pueden imaginar. Las quiero y aprecio mucho. Mil gracias por estar conmigo por tanto tiempo.
También especiales agradecimientos a Tanit, mi beta, que me ha ayudado a darle forma a este monstruo y he crecido muchísimo gracias a ella. Sé que no lo leerá pero no puedo dejarlo por fuera, que ha sido una de las mejores experiencias que he tuve en el año.
Esta vez no les dejaré cuestionario, simplemente me encantaría saber lo que piensan al respecto. Este viernes en mi cumpleaños y sería un genial regalo escribirme unas palabras.
Un beso, S.
¡A leer!
Capítulo XI.
—¡Bajen el puente! ¡Suban el rastrillo! —gritó con energía a los guardias que rápidamente siguieron sus indicaciones.
James observó al gran grupo acercarse: se veían personas de todas las edades, jóvenes, niños y ancianos, algunos montaban asnos o jalaban carretillas con sus pertenencias. Los rostros de la muchedumbre se veían agotados, ojerosos, sucios y asustados; visiblemente algunos de ellos tenían heridas, la sangre seca se adhería a sus ropas y pieles.
¿Qué demonios había pasado?
Cuando el puente levadizo bajó los aldeanos entraron al fuerte con paso lento reuniéndose alrededor de la plaza, dejaron a los heridos en el suelo mientras se consolaban mutuamente.
James se acercó para hablar con el líder, descubriendo que habían marchado por dos días desde Manod buscando refugio:
—El ataque fue durante la madrugada —dijo el hombre con los ojos inyectados en sangre mientras sostenía su brazo manchado de sangre—, en el puerto se celebraba el aniversario de la aldea y había una gran fiesta en la que estábamos durante el ataque. Llegó un barco con una bandera de una calavera escupiendo una serpiente —musitó con terror y la mirada cristalina—, se colocó de costado y comenzó a lanzar cañones. Corrimos… la aldea es pequeña, algunos de nosotros pudimos encontrar refugio entre los árboles y desde ahí observamos cómo las personas que abandonaban el barco parecían volar, llegaron al puerto como si flotaran en el viento. Saquearon lo que pudieron, los más lentos perecieron y aquellos que se encontraban en sus viviendas no recibieron ninguna alerta; mataron a nuestros ancianos y violaron a nuestras mujeres.
»Una vez que se fueron volvimos a recoger lo que pudimos y emprendimos la marcha a Godric. Sabemos que el Duque de Uthor es un hombre razonable, pensamos que podría darnos protección.
Entendió que ellos todavía no sabían que hablaban justamente con el Duque, probablemente debido a que portaba la armadura de entrenamiento; no se esforzó por corregirlo.
—No se preocupe, Godric brindará ayuda a todo el que lo solicite.
El hombro suspiró con alivio y comenzó a llorar, descargando todo el terror y angustia acumulada durante días.
La experiencia vivida por el pueblo de Manod fue algo que se tatuó en la piel de James. ¿Cómo era posible que antes de ese día no percibiera lo que estaba pasando frente a sus ojos? En ese momento recordó a Lily quien le había dicho las mismas palabras aquel día que discutieron por su posición sobre la guerra. Ella tenía razón, al igual que su padre, el pueblo necesitaba la protección de su señor.
Su padre, el Conde de Godric, nunca hubiera permitido que eso pasara, él habría enfrentado al Rey hasta hacerlo ceder para otorgar protección a los pueblos y aldeas del norte.
El sentimiento de culpa lo consumió.
—Sir Leon, encarguese de que todos reciban asistencia médica, alimento y cobijo —indicó con pesadez al caballero que ayudaba a una anciana que apenas podía caminar.
—Sí, su gracia.
—Sir Sirius, reúne a los sirvientes, escuderos y pajes, debemos comenzar la construcción de viviendas, todos ayudaremos.
—Muy bien, su gracia —exclamó antes de salir corriendo hasta la parte trasera del castillo.
El hombre que todavía se enjugaba las lágrimas lo miró con admiración.
—¿Su gracia, Lord Potter? —preguntó.
James sujetó su mano con fuerza tratando de transmitirle seguridad y asintió con la cabeza.
—Tenga por seguro que todos están protegidos dentro de estas murallas —aseguró con toda la convicción que pudo imprimir en sus palabras.
Todas las actividades fueron suspendidas el resto del día, concentrándose en atender a los necesitados. Un grupo de mujeres lideradas por el curandero auxiliaban a los heridos, alimentaban a los niños y ancianos mientras que aquellos hombres que pudieran estar de pie ayudaban en la construcción de viviendas.
James se sorprendió gratamente de la colaboración del pueblo, ya que los escuderos, pajes y caballeros que no estaban en guardia ayudaban, así como los habitantes de Godric se sumaron a la actividad. Los carpinteros, herreros y comerciantes brindaban herramientas para concluir con la actividad lo más pronto posible, enseñando a los que no tenían experiencia.
Las viviendas eran modestas, pequeñas y acogedoras, lo suficiente para brindar cobijo a una pequeña familia. James ayudaba levitando las piezas grandes haciendo la actividad más rápida, y aunque en teoría no movía ni un dedo se sentía agotado mental y físicamente.
—¿Te sientes bien? —preguntó Lily preocupada sentándose a su lado durante la construcción de las últimas chozas—. No tienes buen aspecto.
—Estoy cansado —admitió con voz débil recibiendo el tarro de cerveza que le ofrecía uno de los sirvientes.
La primavera había llegado y muy pronto su cumpleaños tendría lugar, el pueblo estaba organizando una nueva celebración aunque James no sentía que fuera el momento adecuado, quería concentrar todas sus energías en cumplir con sus responsabilidades.
—Se han construido una veintena de casas en muy poco tiempo. Llegaste de Nodria hace apenas seis días, ¿no crees que deberías descansar? —preguntó la pelirroja con tranquilidad observándolo de hito en hito.
James había notado que con el tiempo la mirada de Lily había cambiado, ya no era ese témpano de hielo que lo observaba como si lo odiara, ahora podía percibir un dejo de admiración. Era desconcertante. El hema cálido de Lily le hizo cosquillas debajo de la ropa provocando esas sensaciones que cada vez se hacían más frecuentes, su reacción fue rascarse la nuca con nerviosismo.
—Si no hubiera tantas cosas de las que ocuparme seguramente te tomaría la palabra, por ahora no queda más que seguir trabajando. Por cierto —agregó con más seguridad— nunca terminaste de decirme cómo mejoraste tanto durante mi ausencia.
Las mejillas de Lily se ruborizaron y apartó la mirada.
—Leí un libro —musitó.
Ahora era ella la que tallaba su nuca con nerviosismo.
—¿Cuál? —preguntó curioso.
—La cumbre del hema.
James alzó una ceja extrañado.
—¿Mejoraste debido a una novela?
—Es curioso, me diste lecturas de teoría, pero nunca alguna que me hiciera sentir las sensaciones de los personajes.
—Porque es inútil, ¿cuál es el punto de darte a leer una novela en lugar de hechos comprobados?
—La cubre de hema me describió con pelos y señas la sensación del hema por medio del hechicero protagonista, me hizo entenderlo mejor, incluso replicarlo; después fue cosa de continuar con mis prácticas. Ahora puedo encender treinta velas sin más —dijo lo último con orgullo.
De repente, se sintió incómodo removiendose en el lugar donde estaba sentado.
—Lo siento. No he tenido tiempo de continuar tu entrenamiento, realmente he estado muy liado en…
—James —interrumpió Lily con calma—, lo entiendo, no tienes que explicarme. Manod es una aldea vecina, sé que te sientes con la responsabilidad de proteger al pueblo de Uthor.
James se llevó una mano a la frente tratando de calmar el dolor de cabeza, la presión lo agobiaba.
—No solo es el reino de Uthor, es Godric —suspiró cansado—. Es mi pueblo, aquí crecí, la gente confía en mí y siento que no estoy haciendo suficiente para mantenerlos a salvo.
Lily rápidamente negó con la cabeza.
—Lo haces bien —dijo girándose y tomando sorpresivamente sus manos. James no fue capaz de moverse pese a la calidez de su tacto—. Godric te quiere, saben que estás haciendo lo que está en tus manos para mantenerlos seguros. Estás recibiendo una aldea foránea. ¡Merlín, James! El pueblo lo ve, ellos te admiran —agregó con los ojos brillantes y una sonrisa.
Pese a la firmeza y convicción en las declaraciones de Lily, James no se sentió mejor.
—En los cuarenta años que mi padre dirigió este lugar nunca hubo ataques cercanos, todos temían a Lord Fleamont Potter, mientras que a mí me consideran débil; lo demostraron al acercarse a Godric.
—James…
—No. Entiende —exclamó con dolor, soltándose del agarre y llevándose las manos a la frente, cerrando con fuerza los ojos. Escuchó algunas cosas a su alrededor colapsar, pero no le importó—. No estoy haciendo suficiente. Soy débil y el reino lo ve, nunca seré apto para convertirme en rey.
Pese a la agresividad de un segundo antes, le sorprendió de nuevo el tacto cálido sobre su piel. Lily retiró su mano haciéndolo abrir los ojos, estaban muy cerca uno del otro y, por primera vez, permitió que su hema se deslizara fuera de su cuerpo envolviéndose con el de la pelirroja. Ella pareció percibirlo, las mejillas se sonrojaron pero no se apartó un milímetro de la cercanía.
—Nadie cree que eres débil. Nadie —repitió presionando la mano masculina entre las suyas, con los ojos verdes brillando en grandes llamas doradas—. Eres valiente, justo y generoso, y creo que esas son las mejores cualidades que debe poseer un rey.
Con duda envolvió el agarre con su mano libre antes de que ella acortara la distancia y rodeada sus hombros con los brazos, sin pensarlo mucho, correspondió al abrazo. La sintió sacudirse bajo su tacto pero no le importó, no recordaba la última vez que alguien lo había abrazado de esa forma; tal vez fue su madre, la mañana en que James partió al frente antes de la muerte de sus progenitores.
—Gracias pero no es suficiente —murmuró contra el cabello pelirrojo.
—El yugo que cargas te lo colocaste tú mismo. Te castigas por algo que solo está en tu cabeza.
Pese a las palabras de Lily, la preocupación no se fue al instante.
El resto del día James pensó mucho en las palabras de Lily, entendía que ella quería hacerlo sentir mejor, consolarlo, aliviarlo del dolor pero no había tenido el efecto deseado. Le hizo dar vueltas en su cabeza los adjetivos con los que lo había descrito «valiente, justo y generoso» ¿realmente era él aquellas cosas? Sabía que el pueblo lo quería, aunque no por aquello sino porque les brindaba protección. Dentro de esas murallas estaban seguros y era lo único que podía ofrecerles.
Con el peso de un reino sobre los hombres volvió a la rutina diaria una vez que terminaron la construcción de viviendas, el pueblo se veía considerablemente más lleno y los alimentos alcanzaban de manera justa. Los recién llegados se dedicaban a la pesca y ganadería, al trasladarse de lugar había perdido su fuente de trabajo por lo que James se vio en la necesidad de hacer una donación para enseñarles otros oficios. Algunos de ellos se negaron, partiendo en busca de un nuevo inicio en otros pueblos, mientras que en su mayoría los que se quedaron pudieron adaptarse rápidamente al ritmo de Godric.
La servidumbre del castillo creció y junto a esto los caballeros estaban mejor atendidos, muchos de ellos decían haber encontrado mujeres para contraer matrimonio y muy pronto James se encontraba oficiando bodas. A él, como Duque del reino, le correspondía otorgar el permiso para los matrimonios de los caballeros así como dictar las ceremonias de la nobleza baja. Era un fastidio pero siempre cumplía con sus obligaciones.
Cuando su cumpleaños llegó, arregló tres bodas en ese día evadiendo por completo los preparativos para su festejo. El pueblo parecía tan concentrado en otros asuntos que no insistieron demasiado, y así en la tranquilidad de la noche, James pudo recibir a su buen amigo Remus Lupin en el castillo.
—Recibiste mi Tormenta —dijo con alegría dando unas palmadas en su espalda.
Remus sonrió entregándole un pequeño cofre.
—Feliz cumpleaños.
—Gracias, Lunático —respondió tomando el regalo. No le sorprendió encontrar un elegante puñal en su interior, era uno de los obsequios más comunes que solía recibir; aunque nunca se lo confesaría a su amigo.
—Me preocupó tu carta, el ataque a Manod y Asmus solo deja a Godric en el centro —manifestó Remus cambiando su semblante.
—Lo sé —Cedió James también, dejando el puñal a un lado y permitiéndose regresar a la angustia de los días pasados—. He aumentado la vigilancia, los guardias suelen estar en compañía de caballeros y el puente siempre está cerrado. No quiero extraños en mi fuerte.
—Pero, Cornamenta, acabas de recibir cerca de cincuenta extraños en Godric.
Negó con la cabeza quitándole importancia.
—Solo son aldeanos. ¿Cómo lograste que su majestad te permitiera venir? —preguntó curioso cambiando de tema mientras se dirigían al salón.
Si bien había evitado el festival durante el día no se había librado de la celebración por la noche. Los caballeros habían organizado un festín en el salón principal, aunque James sospechaba que solo era una excusa para llevar damas de compañía.
—Le hablé del ataque a Manod, se alarmó un poco, supongo que por eso no tuvo inconveniente en que viniera personalmente.
—¿Cuánto te quedarás?
—Apenas un par de semanas. Debo ir a Casterrol a atender unos asuntos del negocio de la familia antes de regresar a la capital.
Asintió comprensivo y abrió la puerta del salón. Dentro ya estaban los caballeros y escuderos mayores, conversando, comiendo, cantando y más de uno siendo seducido por las damas de compañía.
Ese día en particular estaba tan agotado que ni siquiera se fijó si Rosmerta estaba por el lugar, Sirius se encargaba de que en cada celebración ella estuviera presente debido a que era la única doncella a la que no le ponía pega. Era hermosa, siempre sabía qué decir y su lengua hacía maravillas.
Tomaron asiento en la mesa principal donde Sirius ya había ocupado su lugar, quien saludó a Remus con un afectuoso abrazo. Debía recordar que el par tenían más de un año sin reunirse, aunque eso no evitó que a las pocas horas conversaran y rieran como si el tiempo no hubiera pasado.
—Entonces el imbécil se apareció con una quemadura en el rostro del tamaño de un puño —contaba Sirius al ausente los eventos de ese día.
Remus rió con las mejillas rojas por la cerveza consumida.
—¿Y dónde está ella? No la he visto —preguntó divertido.
—Lily dijo que prefería quedarse en sus cámaras antes de ver a todos los hombres babear por las damas presentes.
—¿Todos los hombres? —preguntó Remus con sospecha.
—Tal vez solo uno —corrigió Sirius sonriente.
James que apenas escuchaba la conversación estalló en carcajadas por la interpretación del bufón. Tenía mucho tiempo que no se relajaba tanto como ese día, todos parecían divertirse y el hecho de tener a sus mejores amigos junto a él definitivamente le ponía de buen humor.
—¿Por qué no vas a buscarla? —preguntó Sirius de la nada dándole palmadas fuertes en la espalda con una sonrisa.
—¿A quién? —cuestionó confundido.
—A la señorita Lilianne —bufó Remus.
Alzó una ceja.
—¿Por qué haría eso?
—Si no mal recuerdo en altamar se llevaban muy bien, mi señor —sugirió Remus con burla.
—Y debiste verlos el otro día —siguió Sirius divertido— abrazados en medio de la plaza. Creí que derramaría una lágrima.
James sonrió sin poderlo evitar, demasiado relajado para cuidar su lengua.
—Cállense, par de idiotas, eso no significó nada. Creo que ahora somos amigos —agregó fingiendo indiferencia.
—¿Y por qué su majestad me pidió describirle a la médium cuando se enteró que la conocía? —cuestionó con sospecha Remus.
El Duque cambió su expresión a una desconcertada.
—Porque tiene la idea que debo contraer matrimonio con ella, sin embargo…
—¡No habías dicho nada de eso, James! ¡Traidor!
—Sin embargo —continuó lanzando una mirada amenazante a su amigo por la interrupción—, ella me odia por haberla abandonado en Tilliam y yo no la encuentro atractiva.
Con eso dio por zanjado el tema y siguieron conversando de las torpezas que les habían sucedido durante ese año de separación. Las anécdotas de Sirius estaban llenas de diversión mientras Remus no podía controlar las lágrimas de la risa. Ese momento James lo recordaría por siempre, era el primero de muchos cumpleaños que lograba relajarse por completo, donde los conflictos de estado y las amenazas inminentes no tenían ninguna relevancia.
Cuando la noche terminó, James podía admitir que había bebido más cerveza de la que debería, se dirigía mareado y tambaleante hacia sus aposentos cuando la sensación cálida conocida lo llenó de los pies a la cabeza.
—¿Qué haces aquí? —preguntó una voz femenina.
—Voy a mis cámaras… —respondió James balbuceante con los ojos cerrados.
—Estás en el lado opuesto del castillo, mi señor —dijo con sarcasmo.
Logró abrir los ojos dándose cuenta que se encontraba en el pasillo de los banderines que dirigía a las cámaras de Lily, quien frente a él lucía despeinada y con el camisón de dormir.
—Lo siento… no sé qué hago aquí —dijo desconcertado.
Contrario a lo esperado, Lily se acercó a él y pasó uno de los brazos masculinos por sus hombros estrechos. El calor se coló por la piel de James en esa sensación extrañamente placentera.
—Te ayudaré, es obvio que estás borracho —aseguró sin perder el toque de burla.
—No estoy borracho.
—Sí lo estás, su gracia, admítelo.
—¡Claro que no!
La pelirroja rió y el calor pudo haberle llenado de los pies a la cabeza solo con el maravilloso sonido.
Los pasos se escuchaban por el pasillo vacío mientras andaban, la noche todavía era fría y pese a que Lily iba descalza, el calor de su cuerpo le indicaba que ya sabía sacar ventaja de su hema.
—Lily, nosotros… ¿somos amigos, cierto? —preguntó desconcertado, recordando la conversación de más temprano con Remus y Sirius.
La muchacha se sacudió entre sus brazos.
—Sí, claro, ¿por qué lo preguntas?
—Hace no mucho tiempo todavía decías que me odiabas…
Lily bufó incómoda.
—Bueno, sí, ya te lo había explicado pero puedo hacerlo de nuevo. Yo… no entendía muy bien tu posición en el reino, solo sabía tu alias y tu nombre de pila debido al boca suelta de Sirius, sin embargo no era consciente que eres heredero a la corona y que tu supervivencia es más importante que mi vida…
—No es más importante que tu vida —interrumpió molesto—. Yo no lo soy. No soy más importante que nadie, y quiero que entiendas que en ese momento tampoco pensaba así. Creí que la misión que tenía era más relevante que todo, por eso no me tenté el corazón en ese momento. Después cuando no la pude concluir simplemente me arrepentí… —suspiró ahora derrotado— Si te hubiera salvado habría tenido el mismo resultado y te hubiera ahorrado el sufrimiento de todos esos años.
—Tranquilo, ya pasó —dijo Lily conciliadora—. Si no lo hubieras hecho no habría conocido a Killian, ni a Albus… y no me hubiera traído hasta ti.
—Habrías estado directamente conmigo, sin ningún puente en el medio —afirmó con ímpetu girándose para verla a los ojos, estos ya resplandecían en amplias llamas doradas.
Lily, nerviosa, se aclaró la garganta.
—Tal vez… pero recuerda que en La flecha plateada tampoco nos llevábamos especialmente bien… Tú eras… ¿cómo decirlo?
—¿Un imbécil? —sugirió.
La risa femenina pudo haberle desbaratado el hema por completo.
—Algo así —aceptó divertida—, pero más bien eras cruel y egoísta, no parecías sentir empatía por nadie. No tenías ninguna obligación de tratarme diferente a como lo hiciste, pero podrías haber hecho mi estancia un poco más placentera. Yo era una mujer en una posición… diferente. Sirius y Lunático parecieron entenderlo mucho mejor que tú.
Asintió con la cabeza, aceptando sus palabras.
—Estaba en mis propios asuntos y me molestaba la sensación que causabas en mí —se excusó arrepentido—, así como el hecho de no poder hacer nada para controlarlo. Yo todavía estaba en entrenamiento, me faltaban dos años para recibirme como hechicero y lo admito, me porté como un crío.
—¿La sensación que causaba en ti? —preguntó con una sonrisa.
Sin poderlo evitar, la acción fue correspondida.
—Me sentía como tú te sientes ahora —explicó—. Pese a que había crecido con algunos Gryffindor y mi padre era un gran hechicero, no había conocido a nadie con tus poderes. La sensación era abrumadora.
—¿Mis poderes? —cuestionó con los ojos y mejillas brillantes.
James se extrañó.
—¿Nadie te lo ha dicho? Eres increíblemente poderosa. Por eso el señor Dumbledore quería que entrenaras en Godric, creo incluso, que podrías vencer a algunos hechiceros bastante poderosos. Podrías hacerlo conmigo eventualmente…
—¿Tú crees?
—Por supuesto, lo único que tengo a mi favor es la experiencia y es algo que tú adquirirás con el tiempo —dijo con convicción en sus palabras.
En ese punto de la conversación, ya habían llegado al otro lado del castillo. James ya no se sentía tan mareado como antes, así que pudo erguirse sin ayuda. Observó la vela que se encendió a su lado, apreciando mejor el rostro de la mujer frente a él.
Había mentido a sus amigos más temprano, encontraba muy hermosa a Lily, la piel ligeramente bronceada por el trabajo bajo el sol hacía un contraste perfecto con su cabello rojo, los ojos verdes que continuamente mostraban llamas doradas lo miraban atentamente de esa forma que era nueva para él.
El calor lo envolvió poco a poco, haciéndolo perder la razón como si nuevamente se encontrara intoxicado, pero sabía que no era así.
—Gracias por acompañarme, creo que debería dormir —dijo inclinándose para plantar un beso en la mejilla.
Hasta que sus labios hicieron contacto con la piel cálida se dio cuenta de lo que había hecho. Ella lo miró con los ojos muy abiertos, sorprendida; a decir verdad, él también lo estaba.
—Lo siento. Buenas noches —dijo suavemente con la voz ligeramente ronca debido al alcohol. Sin planearlo repitió sus acciones, aunque esta vez en un lugar mucho más bajo de su mejilla.
Dándose cuenta que estaba más ebrio de lo que pensaba, se echó para atrás interponiendo distancia entre ello. Estaba por disculparse otra vez, cuando unos brazos se anclaron en su cuello haciéndolo bajar. La sensación cálida y húmeda sobre su boca le hizo gemir, se expandió por el resto de su cuerpo, subiendo hasta su cabeza y deslizándose hasta sus pies. El calor era abrumador, podía sentir su hema rodeado por completo por el de Lily, regalandole esa tibieza y bienestar.
Escuchó algo caerse pero no le importó, apoyó las manos en la cintura de la pelirroja presionándola contra él. Su cabeza estaba muy lejos de ese lugar, lo único que podía sentir era su cuerpo respondiendo a la energía natural que corría entre ellos dos. Se olvidó de todo, del reino, el castillo, sus amigos, incluso que ella era su alumna y era inapropiado encontrarse en esa posición.
Lily pareció pensar lo mismo, se acercó más a él si es que era posible, dejando besos como mariposas por la barbilla y las mejillas. La sensación era placentera y embriagante. Merlín, nadie lo había besado de esa forma antes, con devoción, cariño y delicadeza.
—Lily —susurró tratando de encontrar las palabras, ella se detuvo abruptamente mirándolo a los ojos— esto es…
—No digas nada. Yo… no sé por qué lo hice.
La expresión cálida de antes se tiñó de culpa y arrepentimiento.
—Perdóname, mi señor, fue un impulso tonto…
Conmocionado por lo que acababa de pasar, observó a Lily huir del pasillo, tuvo el deseo de seguirla pero nuevamente se encontraba mareado. Sin otra opción, ingresó a sus cámaras dejándose caer pesadamente en el colchón sin desvestirse.
El día siguiente despertó muerto de frío, estaba nublado y húmedo, parecía que la primavera no había llegado y todavía estaban en los últimos meses de invierno. Se había quedado dormido sin arroparse, todavía llevaba la ropa del día anterior y sentía un ligero resfriado. Cuando se pudo incorporar un dolor de cabeza lo golpeó fuerte, sabedor de que se había excedido en la celebración se vistió de manera más abrigada y salió a cumplir con sus responsabilidades.
Era tan tarde que los caballeros y escuderos ya se encontraban entrenando, mientras él se dirigió al comedor a comer un poco. Le sorprendió encontrar a sus amigos conversando.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó tomando asiento.
Los dos hombres intercambiaron miradas preocupadas.
—Acaba de llegar una Tormenta —anunció Sirius.
—¿Y bien?
—Es de Albus Dumbledore.
Apresuradamente el caballero le pasó el pergamino envuelto, James lo abrió con un jadeo descubriendo una nota más corta de lo que esperaba.
—¿Qué dice? —cuestionó Remus con impaciencia.
—Quiere que nos reunamos personalmente… No es información que pueda compartirse por correspondencia —decía mientras leía—… Tocará puerto en Driaq el Día del Descendiente.
—Eso es en dos semanas.
—Podría acompañarlos, queda camino a Casterrol.
—¿Podrías esperar para entonces? —preguntó Sirius impresionado.
—Por supuesto.
Sin embargo, James no participó en la conversación. Aunque el mensaje había sido claro, el tono de la misiva no lo relajaba. Le había solicitado al señor Dumbledore información sobre Lord Voldemort y si él quería verlo personalmente quería decir que sí que tenía algo de su interés. Debía sentirse más seguro y relajado, pero no era así, temía que lo que sea que tuviera que decirle fuera tan malo.
También había solicitado la presencia de Lily a quien tenía un año sin ver, aquello lo puso más nervioso aún. Hasta entonces no había pensado en la noche anterior, pero con la simple mención de la médium le hizo revivir el recuerdo de sus labios sobre los suyos en una explosión húmeda. Pese a que estaba borracho podía recordar todo con claridad, desde la manera en que llegó a su ala del castillo y como ella lo acompañó hasta sus cámaras, la conversación por el camino y la despedida.
No podía ser su imaginación, Lily lo había besado a él, claro que él inició todo pero ¿no tendría por qué estar avergonzado, cierto? Las cosas que sucedían bajo los efectos del alcohol eran difíciles de frenar… aunque ella no estaba ebria.
—Cornamenta, ¿escuchaste? —Lo sacó de sus pensamientos Sirius golpeando la mesa con rudeza.
—¿Qué? ¿Perdón?
El susodicho puso los ojos en blanco.
—Organizaré la comitiva que nos acompañará a Driaq…
—Espera, ¿tú irás?
—Por supuesto —respondió ofendido—, también Lunático. No estamos en tiempo para permitirnos que alguien te ataque en el camino. Además supongo que llevarás a Lily, querrá ver a su mentor después de tanto tiempo.
Asintió distraído.
—Así es, el señor Dumbledore solicitó su presencia.
—Muy bien, me encargaré —anunció poniéndose de pie—. Termina tu desayuno que prometiste una demostración el día de hoy.
—¿Hoy? ¡Tengo resaca!
Sirius se encogió de hombros.
—Tú lo acordaste. ¿Te unes, Lunático? —preguntó al otro hombre que había permanecido en silencio.
—Me encantaría. Tengo tiempo sin una lucha de verdad, los guardias de la corte son muy lentos.
Entre risas y anécdotas los amigos abandonaron el comedor dejándolo con sus pensamientos. No sabía que le preocupaba más si el mensaje del señor Dumbledore o enfrentarse a Lily más tarde.
Postergó la ida al campo lo más que pudo, revisando correspondencia atrasada y organizando las comitivas de caballeros en búsqueda de médiums en las aldeas aledañas, algunos de ellos habían cruzado más allá de Nodria y ni rastro de su objetivo. No quería estresarse más de lo que ya estaba, pero pudo olvidarse por un buen rato de la otra preocupación sin sentido que le estaba consumiendo la cabeza.
Cuando llegó al lugar ya había pasado la hora del almuerzo, los caballeros y escuderos se encontraban practicando lucha cuerpo a cuerpo. Se sentía agotado, con resaca y sin ánimos pero había hecho un compromiso, y por Uthor, él era un hombre de palabra.
Los ladridos de su mascota lo pusieron de buen humor. Goliat parecía haberse encariñado con Sirius en las últimas semanas después de su ausencia, asombrosamente su amigo malo con los niños era espectacular con los perros y había logrado entrenarlo en poco tiempo. El animal seguía cada comando que Sirius le ordenaba, era espectacular.
—Buenas tardes, caballeros —saludó con cansancio al grupo.
Algunos de ellos tenían signos de haber tenido una batalla previamente, mientras otros esperaban con sus armaduras puestas. Remus llevaba la armadura superior mientras blandía su espada contra un oponente digno.
—Phil, prepara a su gracia —indicó Sirius al escudero que siempre lo asistía.
El muchacho salió a trote hasta su bodega personal trayendo toda la indumentaria necesaria, esta vez rechazó la parte inferior debido a su agotamiento. Cuando la lucha de Remus terminó, él ya estaba listo para ser el siguiente.
—¡Su turno, señorita Lily! —anunció Remus con alegría quitándose el yelmo.
James, que había estado evitando verla todo el rato, clavó los ojos en la pelirroja que nuevamente usaba su pequeña armadura. Pudo detectar el leve sonrojo en sus mejillas y como su hema se desestabilizó cuando hicieron contacto visual.
Ambos caminaron al centro del campo dando inicio a la lucha. La demostración tenía la intención de mostrar cómo era pelear con un hechicero, algo que sería de mucha utilidad una vez que estuvieran en el frente. Se suponía que solo era una demostración, pero estaba tan cansado que se limitó a vencerla en apenas dos minutos.
Lily no parecía molesta sino aliviada, se incorporó y salió del campo sin apenas decir una palabra.
—¿Le hiciste algo? —preguntó Sirius con curiosidad durante la cena.
James se hizo el desentendido.
—No sé de qué estás hablando.
—Lily ha estado muy callada todo el día y cuando luchó contigo parecía aliviada de ser vencida, lo cual encuentro bastante extraño en ella.
Prestó atención al punto del salón donde Lily conversaba con Remus que sonreía sin parar, se veía terriblemente afectado por la joven. Si él la hubiera visto después de siete años también estaría sin aliento, Lily se había vuelto increíblemente bella. Antes también lo era, pero de una forma más infantil, ahora se veía convertida en una mujer, no solamente por las líneas de su cuerpo, sino el rostro había adquirido cierta dureza que solo podría brindar la madurez. Había ganado peso como loca, en apenas el año en Godric era irreconocible la masa muscular de su cuerpo rellenando en los lugares adecuados. Recordó la sensación de presionarse contra ella la noche anterior, de cómo se sentía sus manos alrededor de la cintura o de su pecho contra el suyo.
Sacudió la cabeza.
—Debe ser tu imaginación —dijo a Sirius concentrándose en sus alimentos.
Muy pronto Remus regresó a su lugar, mientras que Lily se reunió con el resto de los caballeros.
La cena transcurrió con normalidad a excepción del parloteo de sus mejores amigos sentados a cada lado suyo, hasta que de repente un malestar lo recorrió sin saber por qué. Era la misma sensación que había tenido la noche en que la pelirroja había irrumpido en el castillo.
Se puso de pie sin entender lo que pasaba justo cuando las puertas fueron abiertas de golpe.
—¡Godric está bajo ataque! —gritó el guardia en el portal.
De inmediato los caballeros salieron corriendo del recinto con James y sus amigos detrás de ellos. El guardia que había ido a avisarles los esperaba al lado de la puerta.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó haciendo rechinar sus dientes, furioso y asustado en partes iguales.
—No sabemos. De repente unos encapuchados aparecieron y encendieron fuego a las casas.
El trote hasta llegar a la plaza fue rápido, no les tomó más de unos minutos apreciar la gran nube de humo que rodeaba el sector sur de la ciudadela. Con el corazón desbocado se dirigieron al lugar solo para descubrir que el ataque se había terminado, pero las casas en llamas era suficiente para perder la convicción; la mayoría de las viviendas en Godric eran de madera, en unas horas podía consumirse por completo.
—Traigan toda el agua que puedan del pozo —le dijo al guardia tomándolo del hombro. Este asintió y salió corriendo—. ¡Todos por los cubos! —bramó a los caballeros que estaban paralizados.
Estos siguieron las indicaciones de su señor, saliendo a toda prisa a buscar lo que se les pedía.
—¡James! —lo llamó Lily a unos metros de distancia.
La encontró frente a una de las casas completamente en llamas, la paja del techo ya no existía y la estructura de madera poco a poco se iba consumiendo.
—¿Qué estás haciendo? ¡Aléjate de ahí! —exclamó preocupado.
—El fuego no me daña.
—¡No lo sabes! Estás haciendo una estúpida suposición con base en nada.
—No dejaré que nadie salga herido si puedo evitarlo —dijo con convicción y acto seguido cruzó la puerta.
James gruñó con fuerza furioso, la situación ya era lo suficiente delicada para que además tuviera que preocuparse por la vida de ella. Enojado consigo mismo por no poder dejarla lidiar con las consecuencia de su ignorancia, corrió detrás de ella utilizando su hema como una capa protectora.
La pequeña vivienda era solamente de una habitación y pudo distinguir como en una esquina, un par de niños pequeños trataban de cubrirse debajo de una mesa, tosían sin parar y sus pequeños ojitos se esforzaban por mirarlos.
El corazón le palpitaba tan fuerte que ni siquiera escuchaba el tumulto de voces que se arremolinaban alrededor del incendio, sus ojos se fueron directo a los niños antes de sujetarlos con fuerza uno en cada brazo.
—¡Vámonos de aquí! —trató de decir, pero una repentina tos le impidió decir palabra.
Los niños en sus brazos no dejaban de toser, comenzaba a marearse por la falta de oxígeno así que antes de perder el conocimiento se aseguró de salir.
—¡Por las bragas de Merlín! —exclamó Remus tomándolo de los hombros antes de que se cayera.
—Los niños… —susurró apenas antes de otro ataque de tos, era doloroso pero no se comparaba con lo que sentía en ese momento en el pecho y nada tenía que ver con el humo.
El Marqués tomó a los pequeños antes de que James cayera de rodillas sobre la piedra sujetando su pecho producto de la tos. El curandero que se había acercado al lugar, trató de incorporarlo para atenderlo pero él no se lo permitió. Apenas pudo tomar algo de aire y fue consciente de que los niños estaban apenas a unos metros siendo revisados por su amigo, se giró tratando de enfocar la vista en la choza envuelta en llamas.
—¿Dónde está Lily? —preguntó preocupado.
Los guardias y caballeros se acercaban al lugar con cubos llenos de agua, el fuego se extendía tan rápidamente que no parecía servir de nada.
—¿Dónde está Lily? —volvió a preguntar esta vez con desesperación buscandola entre las llamas.
Su voz se escuchaba tan baja que creía imposible que alguien le entendiera, pero el curandero, que todavía trataba de atenderlo, señaló un punto en una casa en llamas donde la pelirroja salía con una manta en brazos.
Sin planearlo apartó el curandero con su hema y se puso de pie con dificultad, eso no impidió que en unas cuantas zancadas se encontrara con ella en el camino.
—¿Qué infiernos estabas pensando? —exclamó furioso, tomandola de los hombros y zangoloteandola.
Lily a su vez casi se desplomó, James que tampoco tenía energías se permitió arrodillarse todavía sujetandola de los hombros.
—¿Estás bien? —preguntó abandonando la furia por preocupación.
En ese momento la manta que la pelirroja sostenía comenzó a moverse y una pequeña cabecita se asomó para luego estallar en llanto.
—Estaba dentro de un baúl —apenas pudo decir la pelirroja antes de que el curandero tomara al niño para revisarlo a profundidad.
Cualquier otro sentimiento que James pudo sentir en ese momento fue reemplazado por la admiración. Estudió el rostro de Lily cubierto de hollín, sorprendido por la acción heróica que había protagonizado. Ni siquiera los caballeros que portaban la honorabilidad como emblema habrían ingresado a una casa en llamas para salvar a unos inocentes.
—¿Cómo lo encontraste? —preguntó todavía sorprendido por la hazaña.
—Lo sentí.
Parpadeó varias veces, descolocado por el magnífico avance de sus habilidades. Ni siquiera él mismo que estaba adiestrado se había puesto a analizar las posibilidades, no se le ocurrió buscar inocentes localizando su hema.
—Necesito que te recuperes y me ayudes a apagar el incendio —agregó con convicción seguro de que no había nada más importante en ese momento.
Una lágrima se deslizó por la mejilla de Lily.
—Ya lo intenté —murmuró triste—. No funcionó.
—Tranquila, tu entrenamiento con las velas no es suficiente aquí, pero hay otras maneras.
Los guardias, caballeros y habitantes de Godric hicieron su mayor esfuerzo para apagar el fuego, sin embargo este no se extinguió por completo hasta que James y Lily trabajando por primera vez en conjunto pudieron levitar grandes cantidades de agua procedente del lago que rodeaba el fuerte. Fue un trabajo de varias horas, pero al llegar el amanecer por fin pudieron acabar con el fuego por completo.
Todos estaban agotados, el entrenamiento del día anterior no se comparaba con el esfuerzo de levantar cubos de agua durante horas. James había sangrado por la nariz debido al esfuerzo, mientras que Lily se había desmayado cerca del amanecer. El cansancio era abrumador, solo podía compararlo con uno de los peores días en el frente, y pese a todo todavía tenía cuentas que aclarar.
—El condado se encargará de otorgar el suministro para volver a construir sus casas —dijo en voz alta apartando el sudor de su frente cuando era bañado por el sol de la mañana—, mientras tanto tomarán asilo dentro del castillo por tiempo indefinido. Siento infinitamente que las consecuencias de la guerra hayan llegado hasta nuestro pueblo. Tomen mi palabra de que esta situación no volverá a ocurrir, duplicaré los esfuerzos y estaremos preparados en caso de que otro ataque suceda.
El pueblo escuchó cada una de sus palabras con admiración y respeto, pero James podía detectar el escepticismo. Sabía que les había fallado, aunque había aumentado la seguridad en el fuerte no pudo evitar el ataque. Deseaba saber cómo había fallado tan pronto al pueblo de Manod y Godric.
Después de supervisar que todos los damnificados fueron ubicados en un lugar donde dormir y se les hubieran otorgado alimentos y cobijo, James por fin se pudo reunir con los guardias, escuderos y caballeros del pueblo. Todos esperaban en el salón principal en silencio con el claro reflejo del cansancio de la noche transcurrida.
—La pérdida que sufrimos hoy es invaluable —dijo solemne—. El pueblo ha perdido sus viviendas y lamentablemente la vida de dos personas pereció, uno de ellos nuestro querido Sir Morgan. Antes de iniciar a señalar con el dedo, me gustaría saber de primera mano cómo sucedieron los hechos. Sir Sirius me informó que el que estaba de guardia en efecto se trataba de Sir Morgan, ¿alguien estuvo como testigo?
Uno de los guardias que tenía el rostro lleno de hollín dio un paso al frente y tomó posición sobre una de sus rodillas.
—Estuve con Sir Morgan en el momento en que inició el ataque, su gracia. Eran dos individuos vestidos con sobretodos negros y el rostro cubierto, ellos no entraron a la ciudadela, ya estaba ahí.
—¿Cómo? —preguntó Remus alarmado.
—¿Estás sugiriendo traición? —cuestionó Sirius molesto.
James que seguía en su silla usual los mandó callar con un movimiento de mano.
—Continúe, por favor.
El guardia suspiró y siguió relatando:
—Tratamos de luchar contra ellos pero tenían una forma muy peculiar de mover la espada, nos lanzaban por los aires sin habernos tocado y nuestras espadas y escudos parecían más pesadas de lo normal.
—Magia —sugirió Remus.
—O artes hemásticas —corrigió James con desgano—. ¿Escaparon?
Asintió.
—Treparon con asombrosa facilidad la barbacana y después saltaron al lago.
—Una caída de quince metros. No sobrevivieron —dijo Sirius en voz baja, aunque James no estaba tan seguro de ello.
—Sir Becker, encárguese de buscar los cuerpos en el foso, lleve cuantos hombres necesite. —El caballero rubio asintió con la cabeza antes de salir con un grupo por la puerta del salón. —¿Y el incendio? ¿Cómo se originó?
Otro guardia se adelantó un paso imitando la posición de su compañero.
—No sabemos con certeza, tratamos de luchar contra los intrusos pero cuando escuchamos gritos nos dimos cuenta que una vivienda ya estaba en llamas. Los propietarios dicen que salieron corriendo cuando el techo se consumió rápidamente.
James se llevó una mano a la barbilla, pensativo, pasando su vista por el grupo de caballeros y escuderos hasta que se detuvo en una cabellera roja, con el rostro lleno de hollín y mirada cansada.
—Muchas gracias, caballeros, pueden irse —exclamó.
Los hombres se movilizaron con rapidez, algunos dirigiéndose a sus puestos de guardia y otros a descansar. Serían unos días pesados para todos, siendo el Conde no se podía permitir bajar la guardia en un momento como ese, pese a que escuchó a sus amigos bostezar abiertamente.
—Lily, ¿puedes venir? —llamó a la pelirroja que ya estaba a punto de salir. Esta obedeció y se dirigió a la mesa principal.
Esperó hasta que solo quedaron los cuatro en el recinto para por fin hablar:
—El guardia dijo que los intrusos tenían habilidades parecidas a las artes hemásticas, ¿pudiste sentir algo?
Rápidamente la pelirroja negó con la cabeza.
—Nada. Solo hemas comunes y corrientes.
—Tampoco yo —suspiró derrotado—. Sería imposible que hechiceros o médiums pasaran por este lugar sin ser capaz de sentirlos, tendrían que ser distancias amplias pero nosotros estábamos solamente en el salón mientras todo ocurrió.
—Tal vez no son artes hemásticas, James —dijo Remus mirándolos alternamente—. Recientemente he recibido noticias de que los mortífagos dominan una especie de magia…
—Es verdad —concordó Lily—, en las batallas navales es difícil vencerlos, Albus siempre evitó que nos acercáramos lo suficiente pero escuchamos rumores en las Islas Colindantes de cómo los pueblos parecer ser sometidos tomando acciones que no son comunes en ellos.
—¿Hipnotismo? —sugirió Sirius.
James negó con la cabeza.
—Podría ser ¿antigua religión?
—¿Cómo los gladorianos?
—Es posible —suspiró cansado—. Definitivamente no son hechiceros hemásticos, la única otra opción sería obtener sus poderes por medio de la brujería.
—No sé, mi señor —negó con la cabeza Remus— parece muy rebuscado. Glador y Lord Voldemort haciendo uso de la antigua religión… ¿podrían ser aliados?
—Nos están atacando por flancos diferentes, es probable —concordó Sirius.
Lily que hasta entonces había permanecido en silencio elevó la voz:
—Es probable que también busquen hacerse con los dragones legendarios.
—¿En serio nadie tiene idea de lo que Voldemort busca? —cuestionó el caballero molesto— ¿El señor Dumbledore nos lo podrá comunicar en esa reunión?
Ante esto la pelirroja centró su atención en Sirius, que a su vez observaba la reacción del Duque.
—¿El señor Dumbledore? ¿Reunión? ¿Se encontrarán con Albus y no me lo dijeron?
James negó con la cabeza.
—Lo siento. Apenas ayer llegó el mensaje, te lo iba decir pero después… pasó todo. Él solicita tu presencia y por lo que hiciste anoche no se me ocurriría partir sin tu compañía. Fuiste de mucha utilidad —dijo tratando de sonar más cálido en la última frase.
La reacción de Lily fue suspirar con pesadez.
—Hice lo que pude… Me desgarra el corazón ver a la gente sufrir. Godric se ha convertido en mi hogar.
James se descubrió esbozando una tenue sonrisa, apenas perceptible pero suficiente para que sus dos amigos intercambiaran miradas.
—Es todo, caballeros —concluyó después de aclararse la garganta—, descansen un poco antes de retomar sus actividades. Tenemos mucho que hacer antes de partir a Driaq. Sirius, duplica las guardias, nadie pasará el puente sin identificarse y expresar los motivos por los que viene al pueblo, organiza la construcción de las nuevas viviendas sin interferir con los entrenamientos, no podemos permitirnos bajar la guardia de nuevo. Remus, confirma al señor Dumbledore nuestro encuentro en dos semanas y encárgate hacer los preparativos para nuestra partida. Lily… sigue entrenando, la guerra llegó a ti antes de lo planeado y debemos estar preparados para el porvenir.
Los tres asintieron con la cabeza antes de abandonar el salón.
Por fin en la soledad James se permitió soltar la tensión que estuvo aguantando las últimas horas, su cuerpo se liberó y las sillas y mesas del lugar comenzaron a levitar sin control.
Se sentía como un completo idiota, le había abierto las puertas a otro pueblo y había sido traicionado. Definitivamente debió colarse en la entrada de Manod a Godric, no había otra manera, los guardias y caballeros estaban debidamente entrenados, no había errores en sus protocolos. Estuvieron varias semanas vagando por el pueblo, estudiando su defensa y conociéndolo. Quién sabe cuánta información ahora poseían.
Qué imbécil confiado, todo había ocurrido por sus ansias de proteger a los desamparados y les había fallado. Les prometió seguridad, era lo único que podía ofrecerle a su pueblo y falló como un idiota.
—Esto nunca le hubiera pasado a mi padre, nunca —se dijo limpiando furiosamente las lágrimas que se escaparon de sus ojos.
