Tom disfrutaba que su fantasía estaba por cumplirse, su más grande anhelo siempre fue poseer a Candy, se acercó para besarla, cierto, era un hombre atractivo pero el corazón de ella pertenecía a Albert, Candy por instinto volteó la cara ofendiendo así el ego de su captor, quien le recriminó diciéndole mentirosa, le puso la pistola en el mentón y le ordenó que se desvistiera, ella no resistió la presión y se puso a llorar, quería persuadirlo—: Tom tu y yo nos conocemos de toda la vida, ¿por qué me haces esto? Tu sabes que te quiero como un hermano. Por favor déjame ir.
—¿Dejarte ir? Para que vayas corriendo a su lado. Yo siempre te he deseado como mujer, antes de que te me mate y me suicide te haré mía. Sé que él vendrá por ti, no puedo resistir que te lleve consigo, esta vez no te apartará de mi lado.
No fue necesario que viera su desnudez para excitarse, desde que entraron en aquel lugar ya estaba listo para poseerla, la sola idea lo tenía loco, en el momento que la contempló mientras ella reaccionaba sus ganas de penetrarla crecían a cada segundo.
Como vio que Candy seguía sin hacerle caso forcejeó con ella, aunque se resistió la dominaba, ella no podría liberarse, Tom tenía demasiada fuerza.
Albert, su suegro y George llegaron a esa propiedad, escucharon un disparo, se sobresaltaron, bajaron de sus caballos con premura y mientras corrían sacaban sus armas, encontraron a Tom arriba de Candy, había logrado bajarle el pantalón, volteó hacia ellos cuando escuchó que abrieron la puerta violentamente, Tom tomó su arma y tuvo la intención de rematar a Candy, quien recibió un disparo en su costado, Albert reaccionó a tiempo y pudo atinarle a la cabeza propiciándole así la muerte a su enemigo. Fueron hacia Candy, vieron que tenía una hemorragia. George presionó la herida y Albert la alzó en sus brazos, le decía al oído que no lo dejara, que resistiera, ella antes de cerrar sus ojos vio a su padre y le regaló una sonrisa.
Dos años después de los terribles eventos, Candy se había casado con Albert, fueron a un orfanato para adoptar a un niño, por casualidad la noche anterior abandonaron a una hermosa bebé. Desde el primer momento en que la conocieron decidieron adoptarla.
Paul, la señora Elroy junto con George vivían con ellos, eran dichosos, pero en aquel hogar hacía falta las risas de niños. Elroy los convenció para que dieran ese gran paso.
Albert se dedicaba a cuidar todo lo referente a las fincas Andrew-White, Candy solía ayudarlo pero sin excederse. George era el encargado del banco, la señora Elroy todavía luchaba con los modales de Candy.
Organizaron un gran banquete para el bautismo de la pequeña y para inaugurar su mansión en la ciudad, llamaron a su hija Raquel Andrew. Albert buscaba con la mirada a su esposa, la señora Elroy sostenía a la niña mientras Candy le daba consejos al ministro sobre como debía castrar a uno de sus caballos que era agresivo. La forma de expresarse de Candy hizo que Albert cerrara los ojos cuando se puso a su lado.
—Amor, como abriremos una sucursal del banco en Springfield, quiero presentarte al gobernador de Illinois, acompáñame a saludarlo.
—¿Debo inclinarme? o le paso la mano para que me la bese.
—Amor ¿Qué te ha aconsejado mi tía? Pero te advierto que si te equivocas, tendré que castigarte.
Candy se mordió el labio, le encantaba cuando su esposo se portaba "severo" en la cama. El Gobernador se acercó a ellos.
—William, me desesperé y vine para que me presentes de una vez con tu esposa. Buenas noches, soy John Peter Altgeld.
Candy le estrechó la mano sin delicadeza alguna, el gobernador la tenía muy suave en cambio ella un poquitín áspera.
—Señoría, tiene manos de dama floja —le dijo Candy al gobernador.
Albert la miró estupefacto, ya debía estar acostumbrado a los modos de Candy, sonrió levemente porque se acordó de lo que le haría.
—Perdone no escuché ¿Qué me dijo? —preguntó el gobernador.
Albert trató de desviar su atención — quiero mostrarle a mi hija, mi tía la tiene en sus brazos.
Mientras se retiraban, el ministro se reía de la audacia de Candy.
—Tu esposo quería presumirte y tú le sales con esos comentarios fuera de lugar. La señora Elroy no estaba tan canosa cuando llegó a Chicago, pero desde que te da clases de etiqueta y buenos modales se le puso el cabello completamente blanco.
—Si ya saben como soy para que organizan estas reuniones tan fastuosas. Aquí como me ve me falta el aire con este vestido tan apretado.
—Siento decirte que William está acostumbrado a codearse con la gente de la alta sociedad, es muy difícil que cambie, aunque ahora se dedica por completo a las fincas. ¿Dices que te falta el aire? perdona que te lo diga pero te veo mas llenita, antes no tenías infladas las mejillas —comentó el ministro dándole un pellizco a Candy en su mejilla izquierda.
—Ahora que trabaja de sol a sol agarró un poco de color, antes estaba pálido. Me acuerdo del poema que me inspiró cuando lo conocí.
—Candy Austen, a ver quiero escuchar ese soneto.
—Prepárese para escucharlo ahora mismo. Así como los pelos del maíz son tus cabellos, así como como los árboles eres de alto, así como las ramas son tus largos brazos, así como la leche es tu piel blanca…
—Ya por favor, agarra seriedad Candice. Me alegra que ya superaste todo lo que te hizo Tom.
Candy borró su sonrisa— Trato de mantener mi mente ocupada, para no pensar en ello. Yo lo quería mucho, a mi amigo de toda la vida. Es increíble como los celos consumen la cabalidad de los hombres.
George los invitó a pasar al comedor, eran pocos invitados, pero muy selectos. Después que ocuparon sus lugares Albert por debajo de la mesa le alzó el vestido a Candy y le acarició la rodilla, a ella le corrió como una corriente eléctrica por todo su cuerpo, no creyó que se atrevería. La señora Elroy negó con la cabeza, ya se imaginaba que esos dos habían comenzado con sus juegos cuando vio el sobresalto de Candy.
Después de la cena se desaparecieron los rubios, George, Elroy y el padre de Candy hicieron malabares para que los invitados no notaran su ausencia.
Después de 15 minutos Albert regresó a la reunión, la señora Elroy le llamó la atención con disimulo porque llevaba el corbatín desarreglado y la camisa de fuera, él se dio la vuelta para ajustarse la ropa. Candy se quedó en la habitación, porque la había dejado sin aliento.
Fue todo un éxito aquella cena, en unos años había sucursales del banco Andrew en Michigan.
Tenían decidido que cuando comenzara el año nuevo irían otra vez al orfanato para adoptar a otro niño para tener la parejita, pero Candy se enfermó pensaron que todo lo que había comido en la cena de fin de año le había hecho mal. Llamaron al médico al día siguiente porque no dejaba de quejarse, se asustaron cuando vieron que salió sangre de entre sus piernas, Albert se sintió mal, porque no le pusieron cuidado a ese abultamiento en su vientre creían que era porque comía en exceso, se imaginaron que algo se le había reventado por dentro. Cuando llegó el médico, supo en seguida que Candy estaba por dar a luz.
—Pero no es posible, ¿no que ella no puede tener hijos? —dijo Albert incrédulo.
—Pues ya ven que para Dios no hay nada imposible, se está asomando la coronilla del bebé.
Albert se sintió emocionado, aunque le preocupaba que Candy se quejara por el dolor, sacaron a los hombres, para que no pusieran nervioso al doctor.
Después de unos minutos escucharon el llanto de un bebé. Don Paul y Albert se abrazaron por la felicidad que sentían. George le daba palmadas en la espalda. Estaban ansiosos de que abrieran la puerta y le presentaran al niño. Escucharon de nuevo los gritos de Candy.
Después de media hora en que el silencio reinó en el lugar, Albert temió que algo le hubiera pasado a Candy. Golpeó la puerta para que le abrieran y se enterara si estaba bien su amada esposa. Cuando abrieron, Pamela tenía en brazos a su bebé, le dijo sonriéndole—: Es un varoncito.
—¿Cómo está Candy?
—¿Cómo quieres que esté después del esfuerzo que hizo para darte dos hijos al mismo tiempo? —dijo en son de reclamo Elroy.
—¿Dos? —Albert no podía contener las lágrimas. Miró hacia el techo y decía—: Gracias Dios mío. Gracias.
Eran dos hermosos rubiecitos, le pasaron uno al abuelo, y el mayor a Albert. Fueron los primeros de 6 hijos que Candy a lo largo de los años le dio al gran Caballero escocés.
Hola chicas, Feliz año nuevo 2021. Espero que Dios prospere todo lo que se propongan, deseo que sea mejor que el año 2020 que está por finalizar. Ante todo, confiemos en Dios porque siempre hace lo mejor para nosotros, nuestras vidas están sus manos. Ya ven, lo prometido es deuda, dije que antes que terminara el año le daría fin a esta historia. Quiero agradecer a todas la que siguieron las actualizaciones por su paciencia, recuerden que tarde o temprano terminaré todas las que están en proceso. Agradezco a las que me alentaron con sus review, entre ellas a Kecs, Edith Andrade, Maryan, Lili, Sandra Marretta, Erika segura, María Luisa Sánchez, Martha A. Ochoa, Gina Riquelme, Key, DOP, Marysolcha, Maravilla121, lovlyArdley, elbroche, Carol, Sandra carreo, Gabriela, Gaby lezu, Maribel, a mi gran amiga Coquí Andrew, chidamami, Kathyan, Dady, Venezolana López, Ysle Escobar, Maribel, nemarie legol, Elena, Elo Andrew, Ana Martinez, Elizabeth, sayuri1707, Miriam72, Aminaabud, Luz Nelly Rojas, Cleo, carol aragon, MadelRos, IsabellaAndrew, Star125, Gaby W. Andrew, Julia, Jimenez esperanza, lovelycan, rubí jimenez.
