14. Te quiero.
Steve miró el reloj por quinta vez, eran casi las ocho de la noche y no había rastros de Tony.
¿Le habría pasado algo malo?
No quería preocuparse tanto pero le era inevitable, no lo había visto desde aquella escena en el cafetín y conforme pasaban las horas la angustia crecía más en él.
—Llamaré a Natasha, tal vez está con ella y yo aquí, preocupándome por nada.
Pero cuando iba a levantar la bocina el teléfono empezó a sonar.
—¿Steve? Soy Nat. —La chica parecía agitada —. Tienes que venir ahora, necesito ayuda con Tony.
—¿Qué pasó?, ¿él está bien? Dime dónde están, iré enseguida.
—Él está bien, sólo muy ebrio. Ven al bar de la 22, apresúrate, no puedo sola.
La noche era fría y corría un viento gélido que lo estremecía, se acomodó la bufanda y siguió caminando hacia la dirección que le había dado Nat.
Ahí estaban, la pelirroja luchaba por mantener a Tony de pie mientras este balbuceaba quién sabe qué. Apresuró su andar.
—Gracias al cielo. —Nat suspiró aliviada y dejó que Tony se apoyara en Steve.
—Heeeey, ¿que pasó? ¿No estábamos en mi habitación? —Tony se dejó caer sobre el cuerpo de Steve, mientras éste luchaba por mantenerlo de pie.
—¿De qué hablas?, desapareciste toda la tarde. —Steve tuvo que sujetarlo con ambos brazos.
—Estoy seguro de que estábamos en mi habitación.
—Nat, busca un taxi. —Le dijo Steve, y la pelirroja asintió.
—¿Un taxi para qué?, ¿a dónde me llevarás Rogers? Mejor no respondas, yo iría contigo hasta el infierno si quieres.
—No sabes lo que dices, estas demasiado ebrio.
En ese momento Nat apareció con el taxi y a duras penas pudieron subir a Tony en el.
—Lo dejo en tus manos, mañana me encargaré de hablar con él. Oh, y gracias por venir. —Le dijo Nat cerrando la puerta del auto.
—Lo cuidaré, no te preocupes.
—Lo sé. —Le guiñó un ojo antes de que el auto se pusiera en marcha.
—No necesito niñera, puedo cuidarme solo. —Tony se acurrucó sobre el pecho de Steve y se cubrió la cabeza con su bufanda —. Ahora si me disculpas, dormiré un poco.
El rubio, a pesar de que estaba enojado con él, no pudo evitar sonrojarse por aquel contacto, sentíase nervioso y el corazón golpeaba con fuerza en su pecho.
—Hablaremos en la casa. —dijo, con notable esfuerzo por sonar frío. Pero Tony ya no respondió, estaba dormitando sobre su pecho, con su brazo rodeando toda su cintura —. Dios… —Cerró los ojos y trató de concentrarse en cualquier otra cosa que no sea el muchacho castaño que tenía a su merced.
No iba a flaquear ahora, le reclamaría a Tony por lo que había hecho, estaba enojado, muy enojado con él, ¿verdad?
El taxi se detuvo frente al edificio y Steve tuvo que subirlo cargando ya que Tony no tenía intención de levantarse.
—Hueles muy bien, Rogers. —Le había dicho Tony en las escaleras, aferrándose más al cuello del rubio y aspirando su aroma.
Steve se estremeció completo y apresuró el paso, si seguía provocándole de ese modo lo soltaría.
Entró al apartamento y dejó a Tony sobre el sofá.
—Eres un irresponsable, pudo pasarte algo malo. —Empezó a reprocharle Steve. Ceño fruncido y brazos cruzados, claramente estaba enfadado.
—Oh vamos, solo fui por un par de tragos.
—¿Un par?
—Bueno… tal vez unos cuantos pares. Pero ¿y qué? No actúes como si te importara.
—Claro que me importa, ¿estuviste con Stephen?
—Sí.
—¿Y te dejó solo en ese estado?
—No, no, no. Me estuvo insistiendo para que nos fuéramos, pero siempre he sido obstinado. Desapareció y al poco rato vino Nat, creo que él la llamó. —Se encogió de hombros.
—Debió llamarme a mí.
—Ja, ¿por qué a ti? No eres nada mío.
—Tony… Me preocupé mucho por ti.
—Pues no deberías, preocúpate mas bien por tu noviecita.
—¿Mi qué?
—¿Como se llamaba? Oh sí, Sharon, la rubia despampanante de cabello sedoso y ojos verdes.
—Tony, tú… ¿estuviste bebiendo por eso?
—¡Por supuesto que no! ¿Crees que me importas? Me da igual si tienes novia o si te acuestas con media universidad. Es tu vida. No me meteré en ella. Y por eso espero que tú tampoco te metas en la mía. —Tony se puso de pie dispuesto a dejarlo solo, estaba alterado y aún ebrio era consciente de eso.
—Espera… —Lo cogió del brazo —. Sharon no es mi novia, es solo una amiga. —Tony se quedó quieto, un abrumador silencio los rodeó, siendo el sonido de sus respiraciones lo único que se escuchaba.
—No te creo, mentiroso. —musitó, sin molestarse en girar a verlo.
—Lo juro, no tengo nada con ella, ni siquiera me gusta.
—Demasiado tarde para esa aclaración. —Seguía de espaldas, no quería que Steve viese que estaba a punto de quebrarse —. Ahora suéltame.
—No lo haré hasta que me creas.
—¿¡Por qué te importa tanto si te creo o no!? —gritó, encarándolo —. Solo déjame en paz… —. La voz se le quebró, Steve se vio reflejado en aquellos ojos cafés ahora empañados, estaba sufriendo, y él era el causante.
Lo sujetó de los hombros y lo empujó para apoyarlo contra la pared.
—¿Aún no lo entiendes? —Se inclinó hasta quedar a la altura de su rostro —. Yo… Te quiero.
—Basta, no quiero seguir escuchándote. —Se giró, evitando el contacto visual.
—Mírame, —Acarició su barbilla con el pulgar, he hizo que girara con delicadeza —, ¿Crees que eso también es una mentira?
Tony se perdió por un instante en el azul de sus ojos.
—Yo… No lo sé.
—Tony… Te quiero.
—Rogers… Yo… —De pronto el castaño comenzó a sentirse mal, y se llevó ambas manos a la boca —. Creo que voy a... —Apartó de un empujón al rubio y se dobló sobre si mismo dando arcadas, pero sin expulsar nada, ante un asustado Steve que no sabía qué hacer. Después de un par más de arcadas fallidas Tony se irguió y comenzó a reír —. Falsa alarma. —dijo como si nada.
—Santo cielo… —Steve estaba pálido —. Me asustaste, tonto. —Le lanzó un cojín mientras comenzaba a reír también.
—Perdón, creo que arruiné el momento.
—¿Te parece? —inquirió divertido y Tony hizo un puchero —. Ven, ya deberías dormir.
Steve ayudó a Tony a llegar hasta su habitación y meterse en su cama. Ambos estaban demasiado cansados emocionalmente. El rubio cerró las cortinas y se acercó para acomodarle la almohada, la respiración de Tony se volvió acompasada y parecía haber caído en un sueño profundo.
—Rogers… —Steve creyó que hablaba entre sueños, pero aún así respondió sin alejarse de él.
—¿Si?
—Tuve un sueño húmedo contigo.
Contuvo una risa nerviosa, sus mejillas se encendieron y agradeció que Tony mantenía los ojos cerrados para no verlo tan ruborizado.
—Sé que mañana te arrepentirás de haberme dicho eso. —Ahora sí se alejó de la cama, era demasiado peligroso.
—Tal vez… —Tony se removió entre las sábanas —. Rogers…
—Dime, Tony.
—Yo también te quiero.
N/A: Sí, lo que estaba en cursiva en el capítulo anterior fue un sueño de Tony xD no me odien :c
