—¿Por qué no te haz levantado para ir a trabajar?
Hice una mueca mientras rellenaba mi taza de agua. Evité mirar la mirada inquisidora de mi madre.
—Solo me dolía el estomago —dije buscando un saquito de té.
Cuando me di la vuelta con la taza sobre mis labios. Mi madre tenia una ceja alzada. Me miró de arriba a abajo.
—Yo te veo bastante bien —dijo. Suspiré. Había pasado toda la noche en vela, pensando en algún plan que implicara salir del país. No quería encontrarme con nadie. Además debía llamar a Teuchi para presentar mi renuncia.
—¿No me digas que te han despedido? —continuó mi madre buscando su bolso—. Me parece bien. Ese lugar no me agradaba. Cada vez que venías debía poner desinfectante para que la casa no oliera a Ramen.
Reposé mi cabeza contra la pared mientras cerraba los ojos. Aunque quisiera, no podía olvidar la mirada que me había dado Naruto.
¿Decepción? ¿Enojo? No podía deducirlo.
—¿Y bien? —miré a mi madre. Se encontraba con las llaves en las manos. Revolví el té.
—¿Y bien qué? —pregunté con lentitud.
—¿Volverás a buscar empleo de profesora de ballet? Ya sabes. En este pueblo no. Podrías ir al pueblo más cercano. Podrías preguntarle a Tsunade. Además...
—Mamá —la interrumpí con un nudo en la garganta y observando el suelo—. Hoy no. Por favor. Hablaremos otro día.
Volví a mirarla con suplica. No quería hablar con nadie, solo quería hacerme un ovillo en la cama y no salir nunca.
Mi madre me observó con seriedad. Apretó el juego de llaves.
—Bien —dijo yendo a la salida y colocándose los zapatos con brusquedad—. Haz lo que quieras.
—Mamá...
—¡Vete a fiestas a emborracharte solo para olvidar lo que quieras! —gritó—. ¡Vuelve a ser lo que eras!
Dicho esto, cerró de un portazo.
...
Veía difuminados los subtítulos de la televisión cuando sonó el telé desgana atendí.
-¿Diga? -pregunté poniendo en pausa el dorama.
-¿Sakura-san? -abrí los ojos.
-¿Teuchi?
-Si. Escucha. Lamento que te pida esto. Obviaré tu falta en el trabajo. Pero necesito un favor.
Mordí mi labio inferior. Esta era mi oportunidad para decirle sobre mi renuncia.
Sin embargo, pensé en las oportunidades que me había dado.
Solo por esta vez.
...
—¡¿Por qué alguien querría tanto Ramen?! —pregunté. El chico pelirrojo se encogió de hombros. Colocó bien las riendas de la caja a la motocicleta.
Según Teuchi, el repartidor se enfermó y necesitaban ese envío.
Al parecer, colocar en mi curriculum que sabía andar en motocicleta no había sido buena idea.
La casa quedaba en una zona de grandes casas, con niños jugando en las veredas.
Era una casa de dos pisos con un patio abierto. Al verificar la dirección.
Estacioné la motocicleta en el filo de la escalera de la entrada y toqué el timbre.
Por un momento no sucedió nada. Luego se oyeron gritos.
—¡Cierra la boca! —dijo un chico de cabello negro cuando abrió la puerta. Me quedé sin aire. Era igual a Naruto. Solo que aquel chico me observaba como si quisiera asesinarme.
—¿Qué? —preguntó con brusquedad. Hice una mueca y señalé a la caja.
—Trajé el pedido —dije. El chico se rascó la oreja.
—¡Ya lo trajeron! —gritó dentro de la casa. Me miró de vuelta—. Ahora te pagan.
Pasó de mí y se dirigió hacia la orden. Me quedé en la entrada dándole miradas de reojo.
—Pasa —dijo dejando la puerta abierta y con las caja en ambos brazos me dejó sola en la sala de estar.
Se oían gritos de mujeres a lo lejos y me pregunté que demonios hacían ahí.
—¡Kushina! —un hombre salió de la sala de estar con unos papeles. A lo lejos se oyó un "¿Qué?"— ¿Haz visto el formulario?
Mantuvo la cabeza ladeada, suponía que esperando la respuesta, cuando reparó en mi presencia.
Parpadee. Algo malo debía estar pasado conmigo hoy.
Aunque sostenía rasgos adultos, tenia los mismos ojos y cabello que Naruto.
—¡Oh! —dijo. Sonrió y me tendió la mano. Se la di confundida—. Tú debes ser la novia de Menma.
Antes de negar. De las escaleras bajó una chica de cabello rojo.
—Tío —dijo acomodando la montura de sus lentes—. ¿Haz visto al desgraciado de Menma?
—Karin —dijo el hombre suspirando—. Lenguaje. ¿Qué te hizo esta vez?
—¡Nada! —se oyó un grito de algún lado.
—¡No lo niegues, maldito infeliz! —la faceta tranquila de la chica se transformó en otra. Se acomodó la montura de sus lentes con fuerza—. Tú sabes muy bien que...
Se detuvo cuando se dio cuenta de mi presencia. Frunció el ceño mientras me observaba de arriba a abajo. Luego se detuvo en mi cabello.
—Creo que recuerdo la flor que necesito —dijo cruzándose de brazos. El hombre colocó una mano en su cadera.
—¿Narciso? ¿Rosas? —dijo el hombre.
—No, no —continuó la chica colocando su dedo en su barbilla.
—Disculpen —dije carraspeando. Aquella casa no me daba buena espina. Demasiado espejismo sobre Naruto.
—¿Sakura? —me puse rígida al escuchar aquella voz. Giré. Naruto me observaba con la boca abierta en una "o".
—¡Sakuras! —dijo la chica chasqueando los dedos—. Aquella era la flor.
