Este Fic es una adaptación del libro "Conspiración en la noche" de Jezz Burning la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Troll mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Ahora si, aquí esta el capítulo final. Gracias a todos por leer.
¡Que viva el Ichiruki!
Epílogo
Una semana más tarde Rukia se encontraba en las escalinatas exteriores de la entrada a
Skokloster para recibir a una visita. El viento se arremolinó en sus cabellos, haciéndolos volar.
Siguió con los ojos la imagen de un pequeño coche negro hasta que aparcó a unos metros de
ella. La puerta se abrió y Yumichika, ataviado con una de aquellas horribles camisas floreadas,
emergió de su interior.
—¡Trece! —exclamó Rukia al ver que el pequeño chihuahua se lanzaba en picado de los
brazos de Yumichika al suelo para correr hacia ella.
Movía la cola a velocidad vertiginosa, tanto que la hembra pensó que llegaría a despegar las
delgadas patitas del suelo y Rukia se agachó para cogerlo, mientras el animalito se deshacía
en lametazos.
—Yumichika... —Sonrió al abrazarlo, plantándole en la mejilla un generoso beso de bienvenida.
—Mi señora... —dijo Yumichika una vez liberado del abrazo de la Pura y ejecutando una hermosa
reverencia.
—¡Ah, no! De eso nada —se quejo Rukia tomándolo del hombro para alzarlo.
Aún no se había acostumbrado a aquellas exageradas muestras de respeto y sabía que pasarían
años hasta que lo hiciera, si es que alguna vez ocurría. Pasó un brazo alrededor de los hombros
del eslavo y lo condujo hacia el interior del castillo.
—Ichigo está a punto de llegar. Le alegrará verte. No tuvimos oportunidad de hablar contigo
durante el acto del Consejo —se excusó.
—No tiene importancia, querida. Sólo puedo agradeceros que me hayáis invitado —respondió—.
¡Pero mira esto! ¡Es increíble!
Caminaban por las salas en dirección a la estancia de Isshin cuando el alma frívola y
divertida del eslavo se puso en funcionamiento posando los ojos como platos sobre las
maravillosas obras de arte, acompañando las exclamaciones con aspavientos. Rukia rio
divertida.
—¡Si me dices que este lugar tiene un sistema acústico lo suficientemente bueno para honrar a
Abba, me mudo a vivir con vosotros!
—¡Cuando quieras! Aquí hay habitaciones como para albergar a un regimiento.
La risa de ambos resonó por toda la estancia.
—Oh, no, querida. No. Sólo bromeaba. Alguien como yo jamás podría vivir aquí. Estoy
acostumbrado a mi cuchitril y mis chicas de moral distraída. Además, no podría dormir
pensando en que te estás beneficiando a mi hombre —dijo adelantando el labio inferior. Rukia
rio a carcajadas—. Espero que estos lujos y la vida acomodada no hayan cambiado a mi sueco
favorito. Dime que aún es un salvaje en la cama.
—No te quepa duda —siguió riendo la Pura.
Yumichika respiró fingiendo alivio:
—Me quitas un peso de encima.
Rukia golpeó la puerta con los nudillos antes de abrir. Isshin, ya muy recuperado, los
recibió con una amistosa sonrisa.
—Adelante, adelante —animó—. Pasad.
—Ya sé de quién ha heredado Ichigo esa imponente presencia —murmuró Yumichika—. Por todos
los dioses...
Rukia procedió a hacer las presentaciones y, en seguida, ambos se enfrascaron en una
animada conversación. Isshin deseaba conocer todos los aspectos de la vida de su hijo y no
había nadie mejor que Yumichika para ofrecerle aquella información. Y el eslavo, que
había quedado prendado inmediatamente por el magnetismo del Puro, no pudo menos
que complacerlo en todo cuanto pidió.
La Pura cerró la puerta despacio, con Trece aún en los brazos, para dejarlos a solas. Caminaba
por el patio interior del castillo cuando vio aparecer a Ichigo en el otro extremo del corredor. El
licántropo aceleró el paso y rodeó el cuerpo de la Pura besándola con intensidad. Rukia notó
la dura protuberancia de su sexo en el bajo vientre.
—Mira a quien tenemos aquí —dijo Rukia dejando al chihuahua en el suelo con una pícara
sonrisa en la mirada, conociendo la poca paciencia que Ichigo otorgaba a las muestras de
rechazo del pequeño can.
Pero sorprendentemente la expresión de Ichigo no fue la de fastidio tal como esperaba, sino que
sus labios se curvaron en aquella sonrisa que anunciaba algo inesperado.
—Eso me recuerda que aún no conoces a alguien... —dijo antes de llenar de aire sus pulmones
y silbar con fuerza.
En segundos, la figura de un enorme animal se dibujó al fondo del pasillo, corriendo hacia ellos
hasta que se paró junto a las piernas del sueco. Ichigo palmeó la cabeza del lobo que lo había
ayudado en su solitario asalto a las instalaciones de Ichimaru y que encontró atado y malherido
días más tarde. Rukia contempló cómo el chihuahua se encogía sobre sí mismo.
—Trece... —anunció Ichigo hinchando el pecho y sonriendo con placer perverso— te presento a
Treinta y uno.
Hisagi observó cómo el sol se ocultaba y la oscuridad se adueñaba del paisaje sueco,
engullendo colores y formas. Metió la mano en uno de los bolsillos y apretó la pequeña mosca
de oro en un puño, sin dejar de ver similitudes en cuanto contemplaba con lo que le ocurriera a
él en el pasado.
Cuando estaba al borde de dar rienda suelta a la necesidad de desprenderse de aquella angustia
del único modo que le resultaba efectivo, una mano amiga se posó sobre su hombro izquierdo.
—Gracias por tu ayuda, hermano.
—Mi presencia aquí no ha servido de mucho. No me siento merecedor de esa gratitud.
—No estoy de acuerdo con eso.
—Aizen escapó y no pude impedírselo.
—Yo soy el único que puede hacerlo, no te martirices con ello.
—Sea como sea, sigue vivo y encontrará la manera de volver a intentarlo.
—No me cabe la menor duda y espero contar contigo cuando eso suceda.
—Por supuesto, mientras tanto, me encargaré de preparar a Kon para ese momento, lo mejor
que pueda.
—Eres el más indicado. —Hisagi frunció el ceño, dubitativo, frente a aquella afirmación dicha con
tanta rotundidad—. Sólo contigo podrá conocer todos los aspectos de un nagual. Su inclinación
hacia esa vertiente de nuestra raza será inevitable para él. Y cuando deba pasar por el ritual que
muestre su sello, es primordial que recuerde y tenga presente cada una de tus enseñanzas.
—Ése es mi objetivo. Un licántropo como él, abrazando los conocimientos y la ciencia de los
naguales, no puede caer en los atractivos brazos de la oscuridad. A su lado, mi error apenas
sería un puñado de polvo en el desierto.
—Confío en ti para evitar eso.
—Haré cuanto esté en mi mano, mi señor.
