OS 15. Como la tierra dividida por el mar

Shot basado en el capítulo en el que Hipo descubre la alianza de Astrid y Heather

POV NARRADOR

-Hipo, quieres decir algo por favor-

-Se supone que somos un equipo Astrid-

-Lo sé y debí habértelo dicho, de verdad quería decírtelo, enserio-

-Pero callaste-

Sus palabras seguían resonando en la cabeza de la rubia, dos noches habían pasado desde que Astrid le confesó el secreto que compartía con Heather, la isla nunca se había sentido así, el mismo cielo parecía estar deprimido. Esa noche Hipo salió y se fue a acostar, Astrid por su parte prefirió no seguirlo, esperaba que en la mañana siguiente estuviera más tranquilo, pero eso cambio cuando al reunirse para almorzar este apenas la miro o hablo con ella.

Astrid no sabía cómo reaccionar, nunca había lidiado con algo así sin Hipo, él siempre fue su soporte emocional, ahora ella estaba a la deriva.

Hipo estaba dolido, confiaba en Astrid más que en el mismo, esa mañana cuando llegó a almorzar no estaba listo para hablar con ella, pero nunca espero que su actitud ella la interpretara como una petición a que se alejara de él, quería solucionar las cosas ¿pero cómo hacerlo?, ella era la que solía poner las cosas en orden en su cabeza, ella era su voz interna, ahora él estaba a la deriva.

El resto de los jinetes estaban para sorpresa preocupados, con Astrid e Hipo distanciados, el equipo por completo estaba roto, y eso era un lujo que no se podían dar cuando los cazadores ya conocían su ubicación.

Los involucrados trataban en medida de lo posible estar lejos del otro, ninguno de los dos soportaba estar con el otro y tener esa actitud.

A Hipo dejó de preocuparle todo, dedicó sus días a volar con Chimuelo, mientras Astrid se concentró de más y pasaba el día aferrada montando líneas de defensa y torres de vigilancia.

En el anochecer del tercer día Astrid fue a dejar a Tormenta a los establos, se aseguró de darle una buena cena, cambio su agua y la del resto de los dragones y cerró el establo.

Hipo aterrizó cuando vio con sorpresa e incomodidad a Astrid.

-Buenas noches- fue todo lo que pudo decir, Astrid lo saludo con la cabeza sin que ambos tuvieran la intención de cruzar sus miradas.

-Ya cambie el agua de los establos- le informó la chica

-A eso venia, gracias- le dijo con el mismo tono seco que ella usó, Astrid asintió y comenzó a dirigirse a su cabaña. Hipo la dejo ir.

-Por la noche- saludó Hipo a los jinetes que cenaban aburridos en la casa club

-Creo que Gallina tiene depresión- dijo Brutacio notando que incluso su mascota estaba triste.

-¿Astrid cenó algo?- preguntó Hipo a Patapez quien negó con la cabeza

-No... De nuevo- dijo preocupado Patapez, desde el pleito, el apetito de la rubia se esfumó

-Llévale algo por favor, solo trata de convencerla- le suplicó con el mismo tono serio y cabizbajo que no había cambiado desde hacía días. Patapez asintió nervioso recordando que en sus últimos intentos había fracasado notablemente.

-Hipo no pueden seguir así- dijo Patán –los cazadores nos tienen en la mira... y no estamos siendo muy productivos-

-Soy consciente de eso Patán- le respondió de mala gana Hipo –necesito descansar, hasta mañana-se despidió y salió rumbo a su cabaña, siendo la más cercana a la de Astrid se encontró con Patapez quien regresaba derrotado con todo el plato de comida, el negó con la cabeza y siguió con su camino, no pudo evitar mirar a la cabaña de la ojiazul, su cuerpo le pedía ir con ella, pero al final su orgullo ganó y se fue a tratar de dormir.

Por la mañana, Astrid se levantó, tomó su hacha y salió a desquitar un poco de su malestar con los árboles, lanzaba sin piedad su hacha, pero su puntería parecía haberse esfumado con el aire. Estaba tan molesta con ella, con la situación, con Hipo, no le dio oportunidad de explicarse, ni siquiera tuvo un poco de empatía ni trato de entender sus razones, simplemente la juzgo y la condenó.

En un último lanzamiento dio tanta fuerza y el hacha apenas se clavó en el árbol.

-Mierda- dijo ella cuando la saco y reviso su filo, en una sola mañana desgasto lo que le quedaba.

Astrid suspiro molesta, sabía lo que eso implicaba, su hacha era tan perfectamente balanceada y construida con Hierro de Gronckle, y solo Hipo sabía afilarla decentemente.

Pero era demasiado orgullosa para pedírselo, regresó al centro de la base, guardó su amada arma y tomó un hacha cualquiera.

Verla entrenar con un hacha diferente fue un golpe duro para Hipo ¿tan poco había significado esa arma para ella?

-¿Todo bien?- preguntó Patapez a Astrid mientras esta estaba concentrada en acomodar los troncos para las nuevas escaleras

-Mejor que nunca- le dijo sin quitar atención a su trabajo

-Astrid, enserio- trataba de razonar con ella

-Estoy bien Patapez- le dijo ya con un tono molesto

-Hoy me toca cocinar a mi ¿Qué te parece caldo de verduras?... tu favorito-

-Si claro, como quieras- le respondió con total desinterés

-Bien- dijo Patapez seco y sin muchas esperanzas de lograr algo

Cuando la noche llegó, como ya se estaba haciendo costumbre Astrid brillaba por ausente, Hipo llegaba cuando todos ya habían cenado y los otros cuatro se preguntaban cuando más podría seguir esa situación.

-¿Astrid...-

-Hoy tampoco- dijo cabizbajo Patapez, ni siquiera su platillo favorito pudo seducir al apetito de la chica

Hipo se paró después de dar un golpe molesto a la mesa, tomó un tazón y un vaso de agua y salió sin decirle nada a nadie

-¿Vamos?- dijo Brutacio viendo el presagio de algo dramático por venir

-Vamos- dijo encantada su hermana

-Ustedes dos se quedan- ordenó Patapez mientras lo obligaba a volver a sus asientos –eso es entre Hipo y Astrid-

-¿Creen que se arreglen?- preguntó Patán

-Por supuesto... espero- respondió Patapez

-Astrid- dijo Hipo entrando de golpe y sin permiso a la cabaña para cerrar la puerta atrás de el

-¿Hipo?- respondió ella bajando a la planta baja

-Una cosa es una Astrid, pero no voy a permitir que te mates de hambre- le decía aún exaltado

-¿Disculpa?- le dijo en el mismo tono

-Me escuchaste, ahora ten el buen gusto de comer algo que prepararon para ti- le ordenaba mientras acercaba su plato a una mesita de madera y lo dejaba ahí

-¿Quién te crees que eres para llegar de esta manera y hablarme así?-

-Come- repitió el chico –entonces me salgo de aquí y te dejo continuar con tu vida-

-NO TENGO HAMBRE-

-Me importa una mierda, igual comes- dijo Hipo si era posible más exaltado –llevas casi una semana sin probar alimento-

-Es mi problema no el tuyo- le recriminó

-¿En serio?... muy madura Astrid- le decía sarcástico –me tienes preocupado maldita sea-

-¿Ahora te preocupo?-

-No digas estupideces Astrid, sabes que sí- le decía algo más tranquilo

-Sabes que es irónico, que no me has dirigido la palabra en una semana y de repente llegas de la nada actuando como un idiota con un maldito plato de comida que no quiero- dijo lanzando por el aire el platón –y jugando a que te preocupo, si te preocupara al menos me hubieras dado derecho de réplica, y todo lo que obtuve fue la condena-

-Astrid-

-Ya vete Hipo- le dijo cambiando drásticamente su tono enojado a uno más bajo y triste –cometí un error ¿está bien?, debí decírtelo, pero para ser honesta, por un momento pensé que nuestra amistad iba a resistir esto... pero henos aquí-

-¿Entonces definitivamente no lo resistió?- pregunto con el mismo tono de voz

-Está claro que no- Hipo trago saliva y salió de ahí. Estaba claro para él, Astrid ya no estaba dispuesta a luchar por ellos, y era una guerra que no podría librar solo, al final, la había perdido.

Cuando los gemelos que sobrevolaban las cabañas esperando respuestas vieron a Hipo salir tan molesto, tanto que ni siquiera hizo caso a Chimuelo que lo esperaba afuera, supieron que no se habían reconciliado

-Esto es triste hermano- dijo Brutilda

-Lo sé- respondió Brutacio con la voz quebrada

-¿Estas llorando?- le dijo al ver que moqueaba y se limpiaba algunas lágrimas

-Oye yo no te juzgo, tu no me juzgues- dijo llorando sin pena

El dragón tan triste como los gemelos despegó de regreso a su cabaña. La Orilla del Dragón estaba quebrada.

Astrid se levantó más pronto de lo normal, apenas pudo dormir después del encuentro con Hipo, ella se había portado como una idiota, pero sabía que las cosas ya eran irreparables. Se agachó y sacó su preciada arma, comenzó a permitirse llorar un poco ¿así es como seria siempre a partir de hoy?

-Supongo que tendré que aprender a afilarte por mí misma- dijo nostálgica, sus momentos favoritos solían ser ver a Hipo trabajar en ella mientras platicaban de cualquier cosa, amaba verlo concentrado, tan seguro de sí, sabiendo a la perfección lo que hacía.

Salió de su cabaña cuando el sol apenas estaba brindando los primeros rayos, aprovecharía que Hipo estaba dormido para intentar afiliarlo por ella misma.

Astrid sabia afilar cualquier arma casi con los ojos cerrados, pero su hacha era diferente, necesitaba piedras especiales, un limado diferente y un toque de calor que la hacía asegurarse que estuviera completamente endurecido el filo.

-Bien Hofferson, has visto a Hipo hacerlo cientos de veces - dijo tomando unos leños para comenzar a encender el fuego.

Después suspiro profundo y se acercó a la afiladora, funcionaba con aceite, así que al prenderle un poco de fuego comenzó a girar rápidamente, cuando puso el primer lado de su hacha comenzó a sacar muchas chispas que brincaban de un lado a otro –mala idea mala idea mala idea- decía mientras se alejaba tratando de no ser alcanzada por alguna chispa –a mano- dijo cuando vio las piedras que Hipo solía usar.

Se sentó y comenzó a afilar ¿Por qué era tan doloroso? Parecía no hacerle nada al hacha por más fuerza que ella le metiera.

-¿Astrid?- dijo una voz ronca, la chica levanto la mirada y vio a Hipo recargado en el marco de la puerta

-Vete Hipo, lo tengo- dijo regresando su vista al hacha y continuando con los movimientos

-Así solamente te vas a lastimar- le explicaba sin moverse de su sitio

-¿No tienes algo mejor que hacer?-

-No, me lo estoy pasando bomba aquí- le respondía sarcástico –la piedra que tienes solamente sirve para pulir, no llegarás a nada con ella-

Astrid giro los ojos y bajo la piedra, Hipo se acercó a ella y estiro la mano solicitando el hacha, Astrid no tuvo más que entregársela.

Hipo con calma y en silencio humedeció el hacha y encendió la afiladora, el agua impedía que el hacha sacara tantas chispas. Terminado su proceso puso el hacha en el horno, y en silencio ambos esperaron unos minutos a que se calentara y la metió al aceite para asegurarse que quedara bien forjada. Tomó una piedra diferente y comenzó a acabar con el filo de manera manual. Puso un pie sobre el banquillo y comenzó con sus movimientos, ni Astrid ni el dejaban de mirarse en silencio. Hipo terminó y estiro la mano para que Astrid le entregara la piedra que antes estaba usando. Pulió ambos lados y dejó el hacha en el suelo junto a la piedra. De frente, ninguno decía una sola palabra.

-¿Puedo saber exactamente que planeabas?- rompió el silencio Hipo

-Supuse que ahora tendría que aprender a hacerlo yo- confesó Astrid. Se acercó a Astrid y se arrodillo frente a ella

-As, ya no podemos seguir así- le decía mientras acomodaba su fleco

-Te extraño- confesó sin más la rubia mientras sus ojos comenzaban a cristalizarse

-Y yo a ti- le dijo tranquilo

-Tuve que hacerlo Hipo, tenía que protegerla, yo se lo prometí- Hipo solo movía la cabeza en tono de aprobación

-Tranquila, lo entiendo- le dijo mientras se levantaba un poco y sin su permiso la abrazaba-Somos un par de idiotas ¿eh?-

-Yo más que tú, nunca pensé en mojar esa maldita hacha- le dijo ella mientras escondía su cabeza en el cuello de Hipo y este reía, la primera vez que reía en una semana.

-Me has visto tantas veces hacerlo- se burló de ella, Astrid soltó una risa discreta al pensar que era lo que realmente veía cuando Hipo trabajaba, a él –¿Te puedo pedir un favor?- le dijo separándose un poco del abrazo

-¿Nunca te acerques de nuevo a la forja?- bromeó ella

-Si esto también- le decía sarcástico –nunca dejes de luchar por nosotros- Astrid lo miró, ¿a qué se refería con eso?... sus ojos se encajaron con los suyos, extrañó tanto su cercanía, su tacto, el simple roce de su piel con la de ella, su voz. Ya ni su mente ni su cuerpo estaban peleando, y ella lo decidió, cometería una última traición, a ella misma.

Sin pensarlo más tomo el cuello del chico y dirigió sus labios a los de ella, los había extrañado tato. Hipo respondió enseguida, anhelaba tanto ese beso como ella, no fue lento ni tímido, los dos se necesitaban con la misma desesperación. Sin soltar su mejilla ni su cuello comenzó a levantarse haciéndola levantarse a ella también, sus labios estaban hechos para encajar con los de ella, mordió su labio inferior en forma de permiso que fue concedido de inmediato.

Ahí estaba Astrid, besándolo de nuevo, nuevamente tomando ella la iniciativa como prometió jamás haría, sin embargo, ahí estaba, pero ese beso era diferente a cualquier otro, no se detenía, no importaba cuando aire necesitaban sus labios se empeñaban a estar juntos de nuevo. Ella jugaba con su cabello con una mano y otra estaba amarrada al cuello del chico como acto desesperado por intentar que nunca se alejara.

Hipo estaba en la misma situación con una mano en su nuca y otra en su espalda que poco a poco iba bajando. Ahí estaba el, deleitándose como tanto había añorado con su boca, con sus manos, con todo el cuerpo de la chica, ya no estaba pensando, su mente se pasó al bando contrario, y el cuerpo y la mente por fin estaban de acuerdo.

Ya no era un beso de adolescentes, estaban conociendo cada centímetro de la boca del contrario, las manos de Hipo exploraban terreno nuevo, Astrid estaba encantada de la libertad que el chico se estaba dando, y disfrutaba la sensación que su suave cabello le daba a sus dedos.

Un beso se convirtió en varios, estaban negados a que acabara, porque ¿qué pasaría después de eso? , Hipo regresaba a su boca porque sabía que acabando le diría "te amo" y quizá arruinaría las cosas, Astrid tampoco estaba dispuesta a terminarlo, porque sería como las otras veces, un beso que después no significaría nada para Hipo.

-HIPO, CORREO DE BERK- escucharon a Patapez gritar, enseguida interrumpieron el beso y se alejaron tratando de recuperarse sin saber que hacer exactamente, segundos después el vikingo abrió de golpe la puerta –Estoico nos necesita-