DIA 15
BATTLE OF WITS
(o Lucha de Ingenio)
LIME- ¿lemon?. (May de 18)
Gracias por leer.
Nota: Este capítulo está ubicado después del día 11 de este felinette. Tom Dupain ya sabe de Félix y ya lo ha encontrado descolgándose de la habitación de Marinette.
El imbécil de su primo lo había pillado un día en las calles de París, mientras hacía la compra. Fue en el Franprix muy cerca de su piso en el distrito XVIII de París, el que estaba colindando con la panadería de su novia. Por suerte, Adrien Agreste había entrado él solo a comprar leche, y había dejado a Tsurugi esperándole en el coche.
- ¿Félix?- le preguntó Adrien, con la boca abierta, los ojos desorbitados. Producto de la sorpresa, el cartón de leche se le había escurrido de los brazos y cayó al suelo.
- Hola Adrien- saludó Félix, y a continuación empujó el carrito de la compra hacia el siguiente pasillo. Sin detenerse a conversar ni por un segundo.
Rápidamente, al verse fuera del campo visual de su primo, Félix intentó huir apresurándose mientras su mente trataba de inventarse alguna historia, alguna excusa, algo que le salvara el pellejo.
- Pero...pero …Félix, ¡¿qué haces aquí?!- Adrien había aparecido por detrás suyo, visiblemente aturdido y con la leche otra vez en sus brazos.
Félix no se inmutó, sino que tratando de no mostrar ningún sentimiento, procedió a coger harina, levadura, azúcar en polvo y esencia de vainilla, continuó con su compra y pilló también cajitas de fondant blanco. Pestañeó buscando algo pequeño en los estantes y al fin, encontró las botellitas de tinte vegetal que le servirían a Marinette para decorar la tarta. Adrien lo observaba, ya no sorprendido, sino indignado.
- Te estoy hablando, Félix. Te he preguntado que qué haces aquí.- dijo secamente.
Félix resopló, cansado. Normalmente hacía la compra en otro supermercado, pero últimamente las prácticas en el Banco y sus andaduras con Marinette lo tenían somnoliento y sin ánimos de desperdiciar tiempo, por eso es que había entrado ahí, un supermercado pequeño pero bien abastecido. No pensó encontrarse con su primo, después de todo, estaba en París, una de las capitales más superpobladas del mundo.
- Adrien, no tengo mucho tiempo que perder. Como ves, estoy haciendo la compra, llevo prisa. Gracias, adiós.-
-¡Félix! ¡ayer estuvimos conversando por teléfono! Y me dijiste que estabas en Londres, que todo estaba muy bien, ¿Por qué no me contaste que vendrías a París? Te hubiera esperado en el aeropuerto o...o en la estación de trenes.
Félix decidió no contestar y continuó su viaje hasta la sección de frutas, a Marinette le gustaban los cítricos, así que pilló naranjas. A él le gustaban las uvas, a ambos les gustaban las manzanas. Adrien lo perseguía por detrás, un poco furioso.
- Ey, no huyas. ¿Acaso no estás en la universidad? ¿o lo has dejado? oh, por dios, ¡lo has dejado, lo has dejado!- Adrien volvió a abrir los ojos inmensamente y le señaló con un dedo. - Seguro que estás huyendo de tu madre, ¿no?. Félix, ¿Qué has hecho? ¿Qué has hecho?.¿Qué...?-
Adrien Agreste en ese momento decidió mirar el carrito de compra de su primo. Lácteos, café, té, pan, repostería, frutas y productos de droguería como: líquido para hidratación facial, crema de manos con aceite de argán, líquido desmaquillante y … tampones femeninos.
Félix lo supo entonces.
Adrien también.
El modelo parisino lo miró, entrecerrando los ojos y simulando una sonrisa.
- ¿Quién Félix?- se le acercó bastante y se puso a su lado. - Es tu novia, ¿no?. No puedo creerlo, ¡tienes novia!.
Definitivamente, Adrien era más listo de lo que parecía. Quizá tanto fijador de pelo no le ha dañado el cerebro, pensó Félix.
- ¡Has venido a ver a tu novia! - e inesperadamente, Adrien Agreste rompió a reír. - Oh, espera a que se lo cuente a Kagami. Siempre nos burlamos de ti, de la pobre mujer a la que se le ocurra ser tu nov...-
Félix lo cogió de un oreja y tiró de ella hacia arriba, fuertemente.
- Tú te quedas calladito.- le susurró amenazante al oído. - Nada de ir a contarle cosas a tu novia sin corazón, ¿me entendiste?.-
Adrien había vuelto a soltar el cartón de leche debido al intenso dolor. Mientras tanto, trataba de liberarse de su cruel primo, el tirón había sido bastante intenso y Félix estaba demasiado vehemente para dejarlo. Empezó a retorcerse y a quejarse, un poco.
- Suéltame Fe.- logró decir. - Voy a perder la oreja... sino me sueltas.-
Luego de prometer sobre la tumba de su madre y por los huesos del padre de Félix que no diría nada, él lo liberó de su suplicio. Nuevamente, intentó reírse pero Félix se subió las mangas preparándose para liarse a golpes, así que al verlo, Adrien decidió ponerse serio y reforzar su promesa. Ni una palabra, ni un susurro, ni una indirecta, a nadie menos a Tsurugi, menos a sus amigos. Pero Adrien no se alejó, sino que continuó a su lado y lo acompañó a pagar. Mientras pagaba, Adrien se percató de varias cosas: Félix usaba una tarjeta de débito de un Banco parisino, tenía la aplicación de la tienda en el móvil y estaba registrado como cliente; además al abrir su cartera, vio que su primo tenía el carnet de extranjería que se le dan a los ingleses cuando viven largas temporadas en otro país.
No dijo nada, pero lo pensó todo.
La cajera los miraba extasiada. Dos rubios guapos de ojos verdes, muy parecidos físicamente, uno con una cara de pocos amigos, y el otro, con una sonrisa resplandeciente.
- ¿Eres Adrien Agreste, verdad?- le preguntó a Félix, muy ruborizada.
- Es el imbécil de al lado- meneó la cabeza en dirección a su primo.
La cajera entornó sus ojos y sus mejillas empezaron a adquirir un color rojo frambuesa. Adrien le guiñó un ojo y pagó con monedas su cartón de leche.
Félix reunió su compra, cogió las bolsas y se dirigió afuera, sin esperar a Adrien, hasta donde tenía aparcado su coche.
- Hasta luego, Adrien.- le dijo antes de abrir el maletero.
Adrien se despidió alzando la mano y se dio media vuelta. De soslayo, se fijó que Félix agachaba la cabeza arreglando las bolsas de la compra, e inmediatamente, Adrien aprovechó que no lo veía para abrir la puerta del copiloto metiéndose dentro. El coche era un Audi con matrícula francesa, y no era de alquiler. Unos segundos después, sintió el remezón del chasis al cerrarse el maletero y a continuación, Félix abrió la otra puerta y se sentó al volante. Un instante después, el inglés abrió los ojos sorprendido al descubrir que Adrien seguía ahí, mirándolo divertido.
- Fé, por favor, tienes que decírmelo, no diré nada. Pero tienes que decírmelo...no has llegado hoy a París, ¡estas viviendo en París! ¡Viviendo!... Y no me habías dicho nada...eres de lo peor...el peor de los primos...- Adrien cogió aire, pensó rápidamente.- … y... ¿Dónde vives?, en serio, tienes que decírmelo... ¿vives con ella? ¿es humana? ¿tiene corazón? ¿sabe cómo eres? ¿existe?.-
Félix estiró su brazo y le robó a Adrien su cartón de leche, lanzándolo a la acera desde la ventana del conductor.
- Ve por tu leche, gatito callejero.- Y empujó la cabeza de su primo contra la ventanilla del copiloto, aplastándole la mejilla con la palma de la mano y apretándole los párpados con los dedos.
- ¡Suéltame! ¡Mi leche!- Adrien vio que peligraba su vida y atinó a abrir la puerta del coche para salir corriendo.
Su primo encendió el motor y se largó de ahí.
Pero Adrien Agreste no se daría por vencido.
Si Adrien Agreste no podía averiguar por las buenas, las andanzas de su primo, lo haría su alter ego heroico, el gato negro. Y esa noche, luego de la patrulla con su amor platónico, decidió buscar por los tejados del distrito XVIII rogando que Félix hubiera aparcado su coche en la calle y no en los garajes. Pero fue infructuoso, buscó y buscó y no vio el Audi de su primo. Recordó el supermercado donde lo había visto y decidió volver sobre sus pasos. Le alegró saber que estaba muy cerca de la panadería de Marinette, y entonces, quiso comprobar que ella estaba bien, porque hace mucho que no la veía, siempre alegaba trabajo y estudios para no reunirse con los amigos, ni con él.
Y así fue cómo llegó hasta su balcón, arriba en la terraza, en un noche con muchas estrellas pero ninguna luna en el cielo.
- ¿Tu padre está abajo?- escuchó que alguien hablaba desde la habitación de Marinette.
- No, no, ha salido a hacer algunas compras, al otro lado de la ciudad. Yo le he dicho que tenía cosas que hacer.- Ésa voz, era la voz de Marinette, la reconocería siempre, dulce, amable, recordando con cariño sus eternos tartamudeos. Sin embargo, hace mucho tiempo que no la escuchaba así, dubitativa. Ya no se atascaba con las palabras ni las pronunciaba mal. Pero, ¿Quién era la otra persona?
Tal vez no debió haberse asomado por la escotilla, Plagg ya le había dicho que usar los prodigios para cosas personales estaba muy mal. Pero no pudo con su genio. Tal vez no debió haberlo hecho, porque cuando se asomó, lo vio. A él, a su primo. En el ático de Marinette. Con Marinette.
De la impresión cayó de culo sobre el suelo, mientras abría los ojos desorbitados. Félix era toda una caja de sorpresas, y...Marinette también.
Recuperó la cordura y se arrastró con cuidado hasta llegar nuevamente a la escotilla, para observarlos mejor. Estaban los dos tumbados sobre su cama, en el altillo del ático, escuchando música en bajo volumen. Marinette le estaba dando uvas en la boca, mientras le besaba la mejilla. Y él reía. ¡Por favor, su primo reía!. El cruel Félix, el gruñón. Reía divertido con cada uva que Marinette le introducía en la boca, y cuando masticaba la fruta, Mari le daba un besito corto en el mentón, en la nariz, en el cuello, en todas partes. Él mordía una uva, pero también se introducía el dedo de Marinette en la boca, saboreándolo aparentemente, para luego soltarla. Y entonces, ella se volvía a acercar lentamente, y prolongaba un beso tierno sobre su piel. Siguieron así un par de veces, o tres, o infinitas veces antes de que él hablara.
- Te esperé un buen rato, cielo. ¿Dónde estabas?- preguntó Félix, pasándole un brazo por debajo de su cuello.
Ella se encogió de hombros, y se mordió los labios.
- Tenía que hacer algunos trabajos de la Escuela de Modas.- respondió ella.
- Yo he ido de compras, he comprado todo para que me hagas la tarta que me prometiste. Y estas uvas, y también compré en la farmacia otras cosas...- El gato negro observó como su primo acercaba sus labios a la oreja de Marinette, para susurrarle algo al oído. Ella se ruborizó intensamente y le lanzó una palmada en la pierna de Félix.
- ¡No!, hoy no, eres terrible Graham, déjame descansar por una noche.- le murmuró risueña.
Pero Félix siguió sonriendo y lentamente, vio como él se acercaba a la boca de ella y le lamió sus labios.
- Sabes a uva, Fé.- habló muy bajito Marinette.
A continuación, Adrien pudo observar cómo ellos se acercaban aún más, colisionando con premura sus labios, pero ese beso, en el fondo era delicado y suave, candente y anhelante. Si el beso hubiese estado hecho de palabras, Félix decía claramente "te amo", y pareciera que Marinette le dijera "yo también te amo". Duró unos larguísimos minutos, en los cuales, el beso fue mutando para volverse intenso y sabroso, comiéndose la boca intensamente, abriendo sus labios e inmiscuyendo la lengua en la cavidad del otro. Félix se ayudaba con una mano para sujetar el rostro de Marinette, impidiendo que escapara. A Adrien le pareció que era el beso más hermoso que había presenciado, él no se besaba así con Kagami, jamás nadie lo había besado así, de hecho, pensaba que esos besos no existían, que eran irreales.
¿Era así como su mejor amiga, Marinette, besaba?.
Un dolor algo intenso le nació en el pecho y le oprimió el corazón. Pudiera ser envidia, o pudiera ser celos. Celos de su primo, celos de Marinette. Y eso que no era un hombre celoso.
¿Era entonces ella la novia de su primo?
Y ese beso hermoso fue interrumpido porque Félix se incorporó y retiró con cuidado el plato con las uvas del regazo de Marinette, depositándolo en el suelo. Ya libre de trabas, él se quitó su camisa y volvió a besarla. Ella le alborotó el pelo, sujetándose fieramente de él, impidiendo que se alejara. Otra vez, el beso se interrumpió y Chat Noir vio como su primo le subía la falda a Marinette. También vio como ella, alzaba sus caderas para ayudar quitándose la ropa interior, luego sus dedos ligeros y finos desabotonaron con agilidad el pantalón de él.
Inmediatamente, al intuir lo que iba a pasar, Adrien se incorporó y retrocedió un paso, alejándose de la escotilla. Tembló y sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. Era su amiga, su amiga más querida, y estaba enamorada de su primo. ¡Y qué relación tenían! Eran novios, evidentemente, y amantes. Toda esa habitación estaba repleta de amor, y de erotismo, y de más amor, y de más...
Sintió un remezón en el suelo, haciendo vibrar levemente la terraza y en segundos, escuchó algunos golpes secos del metal golpeando la madera. Uno, dos, tres, incontables, algunos más rápidos, otros más lentos. Y también gemidos ligeros, como susurros, algunos intensos, pero ninguno en voz alta. Al final, una voz, la voz de Marinette.
- Fé, me vas a romper entera, cariño.-
- Oh, lo siento, cielo.-
Y después de la pausa, nuevamente se reinició el ciclo de golpes secos de la cama rebotando contra la pared.
A Adrien le dieron ganas de vomitar, hace minutos debió haberse largado de ahí, pero la sorpresa y la curiosidad lo habían hecho sólo alejarse para no ver lo inevitable, pero sí oír. Sólo que ahora era imposible no sentir...ansiedad. Era su primo el que estaba abajo, haciéndole quién sabe qué cosas a Marinette, a su Marinette. No, no, a su amiga, a su eterna amiga. Y ella disfrutaba de él, efectivamente.
Con su oído felino, Chat Noir podía escuchar todo, casi todo, sus gemidos, su voz, sus peticiones. Y su primo accedía, la complacía, la veneraba. Un pequeño gruñido proveniente de Félix le volvió a electrizar el cuerpo, mientras Marinette le susurraba:
- No tan alto, no tan fuerte, ¡Fé!...nos pueden esc...- pero ella también se perdió en su cielo, y otro gemido algo poderoso le terminó de romper el corazón.
Aunque Adrien no sabía bien porqué.
El fuerte ruido de una puerta cerrándose, hizo que el gato negro espabilara, girando el cuerpo hacia un lado. Sin darse cuenta se había clavado las uñas todo ese rato. Alguien había entrado a la casa, probablemente el padre de Marinette. Reaccionó mucho más cuando escuchó que Marinette le decía a Félix que saliera por la escotilla hacia la terraza y que saltara la pared hacia el tejado del vecino. No supo que respuesta le dió su primo, porque a continuación escuchó:
- Esta vez no me iré, Marinette. Me quedaré aquí a afrontar a tu padre.-
- No, no, ¡debes irte!, no tendrá piedad, Fé.- suplicó Marinette.
- No voy a huir, cielo.-
- Pero Félix, él te hará daño, él pierde los papeles, una vez lo akumatizaron cuando...-
Chat Noir se aventuró a observar un poco otra vez, y miró a su primo vistiéndose a la carrera, a la vez que bajaba del altillo para enfrentar a Tom Dupain, y se plantó frente a la puertita del suelo por donde subiría su suegro en cualquier momento.
- Félix Graham de Vanily no huye, Marinette.- dijo con voz segura y confiada, poniendo los brazos en jarras.
Marinette lo abrazó por la espalda mientras hundía su rostro en su espalda.
- Hoy no estará mamá, no tendrá filtro, ni contención.- suplicó ella, nuevamente.
Félix giró un poco la cabeza, tratando de ver a su novia.
- ¿No estará tu madre?- susurró preocupado.
- ¡Marinetteee! - escuchó que Tom gritaba en la distancia. - ¡Voy a subir y espero que ese rubio no esté allí como la otra vez!-
Marinette soltó a Félix, dándole la vuelta para mirarlo fijamente.
- ¡Huye! ¡Por favor!-
Y Félix la sujetó fuertemente del rostro, clavándole un beso intenso pero corto.
- Volveré, lo prometo.- Y otra vez, subió a toda prisa las escaleras que lo llevaban a la cama de Marinette y desde ahí, a la terraza, al balcón, a por su vida.
- ¡Marinetteee!- volvió a tronar Tom, esta vez ya intentando abrir la puertita. Pero Mari pisó con fuerza y la dejó cerrada con su peso. Le hizo una seña para que se apresurara y Félix le guiñó el ojo por última vez, antes de desaparecer.
Chat Noir al ver que escapaba, estiró su bastón y se ocultó en la azotea del edificio de enfrente. Ahí, se agazapó en la oscuridad para no ser descubierto, quería seguir viendo, su curiosidad era muy fuerte. Por un segundo, pensó que Félix no lo conseguiría, pero de un salto espectacular, su primo evadió la barandilla del balcón, cayendo desde el cielo. De un movimiento ágil, estiró una mano y se sujetó a la tubería de drenaje trasversal del tejado, descendiendo con seguridad hasta el alfeizar de una ventana de la segunda planta. Con otro impulso hacia delante, Félix cayó al pavimiento sobre sus dos pies, flexionando las rodillas. Hizo una mueca leve de dolor, pero al instante, se recompuso, se incorporó y empezó a correr a toda velocidad, atravesando el parque.
Tom Dupain enarbolaba un brazo en alto, amenazante, en el balcón.
Entonces, Adrien entendió todo, Félix y Tom Dupain no se llevaban nada bien. Hubiera querido reírse de Félix, pero en el fondo, sintió tristeza y compasión.
Y Félix recogiendo su amor, y su orgullo, se detuvo. Giró y observó a su suegro en la distancia, alzó una mano y se despidió de él, triunfante.
- Vuelve aquí, muchacho. Te advertí que no debías volver.- gritaba Tom, meneando un puño en alto.
- ¡Papá, es mi novio.!- gritaba también Marinette, sujetando a su padre del otro brazo.
El panadero se calmó rápidamente, miró a su hija y sin decir una palabra, se volvió a meter al ático. Chat Noir pudo escuchar lo último que dijo el panadero: "Algún día entenderás Marinette, que a los futuros yernos se les trata de esta manera, a punta de terror y respeto".
- ¡Papá!-
Pero Tom reía con una carcajada sincera y sonora, y seguía riendo aún cuando estaba ya dentro de la panadería. Marinette se cruzó de brazos, se apoyó en la barandilla del balcón y luego alzó su mano agitándola al viento, diciéndole adiós. Félix la observó a lo lejos. Su Marinette preciosa minutos antes se había derretido en sus brazos, y ahora batía su mano, despidiéndose de él. Las estrellas brillaban muy poco, y no había luna que la hiciera brillar, sólo su amor. Marinette brillaba de puro amor. Sonrió, y continuó moviendo la mano. Después, miró hacia el frente y reanudó su carrera. Antes de volverse, Adrien pudo ver cómo la felicidad inundaba el rostro de su primo.
Intuyó porqué.
Después de todo, Marinette Dupain-Cheng estaba enamorada de él y, tarde o temprano, ellos se casarían y Félix seguro que se la llevaría a Londres, lejos de su suegro terrorista. Y tendrían niños, y vivirían en su mansión, y verían películas en un sofá rodeados de los hijos, o del perro, o del gato, o de lo que ella quisiera tener de mascota.
Y mientras Chat Noir pensaba en todo eso, contemplaba a Marinette en el balcón, con una mirada brillosa y el dolor atenazándole el corazón. No comprendía el origen de esa molestia, ni la tristeza que lo estaba embargando. Frunció el ceño, llegando a la conclusión que esa noche en especial, Marinette estaba bellísima, resplandeciente, hecha toda de caricias, bien amada.
Entonces es así cómo ama Marinette, entonces es así como ama él. Dulzura, cariño, amor- pensó Adrien.- Es así cómo es el amor. Pero... hubiese querido tener algo de eso para mí también. ¿Marinette me hubiera amado alguna vez? ¿Así? ¿Cómo a él?
Un nuevo escalofrío nació en su corazón, no debía anhelar lo que otros tenían, y sin embargo, hubiese querido ser amado como él, como su primo. Recibir un beso todo candente, y todo caricia. Probar un cuerpo enarbolando amor. Ser valiente y ser cobarde, por una mujer, por ella, por Marinette.
Meneó la cabeza, antes de saltar otra vez por los tejados, alejándose de ellos dos.
No, imposible, ella no me hubiera amado como él.
Pero en el fondo de su corazón, e inexplicablemente, él hubiese querido que sí.
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¡16 días de felinette!
Nota:
- He prometido terminar de alguna manera esto, y lo haré, aunque me pille el siguiente felinettemonth que será en marzo, creo.
- Bueno, como os digo, este felinette está todo relacionado entre sí, con relatos salteados en el tiempo.
Un fuerte abrazo
Lordthunder1000.
