© Todos los derechos reservados por la autora.

© Los personajes de One Piece pertenecen a su respectivo autor, Eichiro Oda.

© La OC que utilizará la autora se llama Hirawashi Len.


Llegó el día en que ambos enamorados hablen con Big Mom para comentarle sobre la buena noticia. Estaban tranquilos. No deberían estar nerviosos, ¿o sí? Hoy era la Fiesta del Té y Katakuri sabe que es el momento indicado para comentárselo a su madre. Que Len y él se casarían. Van a ser marido y mujer. La joven llevaba puesto el anillo de compromiso con orgullo sin importar si otros se fijan en aquel detalle.

Katakuri es detallista cuando se trata de estas cosas. Quería que todo saliese a pedir de boca. Qué sus otros hermanos aceptasen la boda al igual que Linlin. Aunque ésta última aceptará ya que su hijo más fuerte y uno de los comandantes se casará con la chica más fuerte de Grand Line. Y hablando de ellos, los dos se encontraban en la sala de entrenamiento. Len se empeñó en acompañar a Katakuri a ese sitio porque quería entrenar con él.

Y claramente, él no lo ha negado. Le encantaba estar con ella y estaría así por toda la eternidad. Pero en el fondo, le interesaba saber lo que puede hacer capaz la joven contra él. Sabe que tiene una fuerza sobrenatural debido a lo que le comentó y le gustaría probarlo. Y aprovechó la ocasión de que hoy no había nadie en la sala. Al ser grande puede ser difícil para Len; sin embargo, tenía ventaja en cuanto a estatura. Es posible que Katakuri le cueste en seguirle el ritmo.

Ambos se posicionan para pelear y comienzan su rutina de entrenamiento. Cuando Katakuri recibe uno de los puños de Len no se esperó que eso hizo que retrocediera bastante. Le ha impresionado. Lo ha notado en sus propias carnes. Pero sabe que eso no fue suficiente como para mandarlo a volar como lo ha hecho con Ghechis o cuando la conoció por primera vez. Se estaba conteniendo.

—Saca todo tu potencial.

—No quiero hacerte daño.

—No soy como los otros —rectifica el grandullón poniéndose en posición.— Puedo aguantar tus golpes.

—Menos la cachetada de aquella vez —ríe al recordarlo.

—Porque me cogiste desprevenido.

—Oh, sí, claro.

Len corre hacia él dando zancadas grandes y lo va a golpear; sin embargo, no esperó que Katakuri utilizara su Haki de Armadura dejándola desprevenida. Como odiaba que el grandullón utilizara eso para defenderse. Hasta infla los mofletes molesta. Esto le hizo gracia Katakuri que hasta esboza una sonrisa que no es notable bajo la bufanda. Len lo va golpeando una y otra vez queriendo que el chico cayera.

Y no se esperó que Katakuri utiliza su habilidad para inmovilizar las piernas de Len. Estaba atrapada. Hacía todo el esfuerzo para moverse. ¿Como puede ser que el mochi sea tan duro? Nota que el comandante se acerca a ella y con una sola mano, comienza a alzarla lentamente para que estuviese a su altura. Ambos se miran a los ojos.

—Eres un tramposo —dice la chica enfadada.

—Oh, ¿tú crees? —estaban a solas en esa sala podría hacer lo que quisiese con ella.

—Claro que sí.

—No me gusta hacer trampas, pero contigo haré todo lo necesario —ronronea ya muy cerca del rostro de la chica y esquiva un puño de ella con facilidad.

—Lucha como un hombre —dice alzando el otro puño, pero es detenido por las manos de Katakuri que sujetaban con fuerza.

—Y estoy luchando, pero de una forma muy diferente —baja un poco la bufanda aprovechando la ocasión que estaban ellos dos solos.

—No se vale beso. —La chica aleja un poco el rostro ya que le veía venir. En cambio, el mochi atrae aún más el cuerpo de la chica.

—En esta batalla si vale.

Estaba a punto de besarla, pero escucha como alguien abre la puerta de aquella sala. Se congela por un instante, y gracias a Len que se suelta del agarra y tapa la boca de éste con la su bufanda. Se asoma un poco para ver quién era y era Cracker junto con Oven y Daifuku. Los tres hermanos miran la escena y sonríen divertidos.

—¿Interrumpimos algo? —pregunta Oven con los brazos cruzados.

—No, me habéis salvado el culo —se sincera la chica abrazando por el cuello a Katakuri.— Iba ser violada por vuestro hermano.

—No es cierto. —Por la voz se le notaba algo fastidiado.

—Oye, que los besos en la luna de miel. —Daifuku golpea la espalda de Katakuri.

—O más bien, las cosas de mayores.

—Que fino eres, Cracker.

—Aquí hay niños.

—¿Qué niños? —pregunta Oven confuso.

—¡¿Me estás llamando mocosa?! —grita Len casi dejando sordo a Katakuri.

—Oye, que dejas que Katakuri te llame Hobbit.

—¡Porque le dejo!

—Bueno, ya está, que luego saldré sordo de aquí —dice Katakuri con los ojos cerrados casi soportando los gritos de su futura esposa.

—Lo siento, mi amor —dice Len de forma cariñosa acariciando el rostro de su futuro esposo.

—¡¿Mi amor?! —Ahora los que han gritado son los otros tres y Katakuri estaba muy rojo.

—¡¿Qué pasa?! ¡¿No puedo llamarlo así, desgraciados?!

Para los oídos de Katakuri sonaba un tanto cursi, pero era tierno que lo llamara así. Esconde el rostro en el hueco situada entre el cuello y el hombro, donde comienza a ronronear levemente. Len, por su parte, acaricia la cabeza de éste riendo bajito al ver que se comportaba como un niño. Era su niño grandote no cabía duda. Siente como el mochi va desapareciendo, librando sus piernas, pero siendo sujetada por los brazos de Katakuri.

El comandante se gira con ella para mirar a sus hermanos para saber qué es lo que querían. Cracker se fija en un detalle que tiene Len y era el anillo que hay en el dedo. ¿Ya le pidió casarse con ella? Sonríe ampliamente al ver que su hermano ya dio el paso definitivo. Y ahora, ¿qué pasará? «Se lo dirá a mamá, seguramente», pensaba Cracker.

—¿Habéis venido a entrenar o a molestar? —pregunta Katakuri dejándose acariciar por la chica.

—Bueno si quieres nos marchamos y os dejamos a solas —propone Oven con las manos alzadas en plan inocencia.

—No molestáis —dice Len mirando a los tres hermanos.

—¿Segura? —Daifuku se acerca hacia las pesas para comenzar su entrenamiento.

—Los dos estábamos entrenando hasta que Katakuri le dio por jugar.

Un gruñido escucha en la garganta de Katakuri como que no le gustó demasiado lo que ha dicho la chica. Sin embargo, no podía hacer nada. Las ganas de jugar con ella eran demasiado tentador. ¿Quién no se puede resistir? Mira el reloj que hay en la pared de la sala viendo la hora que era. Quedaba tiempo para que sea la hora de la Fiesta del Té y darle la noticia a Linlin.

Deben aprovechar este tiempo en entrenar con ella junto con sus hermanos. Es hora de emplearse a fondo.


Toda la familia Charlotte estaba reunida en la Fiesta del Té donde Linlin disfrutaba de la comida como nunca al igual que sus hijos. Cada uno estaba con lo suyo. Eso significaba que hablaban entre sí o preferían seguir comiendo su comida favorita. Len estaba al lado de Katakuri viendo que el hombre no ha probado bocado ninguno. Y lo entendía perfectamente. Hay algunos hermanos que no saben del secreto del grandullón y era mejor ocultarlo.

En cambio, ella disfrutaba del delicioso chocolate que trajeron los chefs para degustarla. No sé había quejado en ningún momento. Katakuri de vez en cuando la miraba de reojo y ríe bajito al ver a su futura esposa comer de esa manera. Se le antojaba acariciar la cabeza de ella para mimarla, pero se contiene en presencia de su familia. Sin embargo, se va levantando, llamando la atención de todo incluso la de Linlin.

—¿Ocurre algo, Katakuri? —pregunta Big Mom con extrañeza.

—Quiero comunicar algo —alza la mano hacia donde estaba Len y ésta se la coge sin problema.— Len ya ha elegido quien se casará con ella.

—¡¿Con quién?! —La mujer alza la voz al escuchar la palabra mágica.

—Con su hijo Charlotte Katakuri —anuncia Len dejando a todos boquiabiertos.

—¡Mamamama! ¡Eso significa que hay que preparar la boda! ¡Y la tarta! ¡No hay tiempo que perder!

Los hermanos se levantan para festejar esta gran noticia. Las hermanas, como Smoothie, se han levantado para acercarse hacia Len y pidiéndole que alguna de ellas sea la madrina o para ir a comprar ya el vestido. La joven Hirawashi se estaba agobiando con tantas mujeres encima. Necesitaba aire urgentemente. Katakuri solo reía por lo que estaba sucediendo. Sin embargo, él estaba incluido. Brûlée, por ejemplo, se acercó para decirle a su hermano por el tema del traje que ya encontró uno en una tienda. Ahora el que está agobiado es él.

Realmente ambos se sienten agobiados con tanta gente a su alrededor. ¿Era buena idea comunicarlo? Ya era demasiado tarde como para atrasar el tiempo y que esto no haya sucedido. Los dos se miran y solo pueden hacer una cosa: intentar escabullirse para que les dejase en paz. Aunque no es tarea fácil la verdad.

Len, al ser pequeña, no ha tenido ningún problema en salir de aquel barullo de hermanas que no paraban de preguntarle cómo quería el vestido. Y bueno, Katakuri aún peleaba con todas sus fuerzas en largarse de ahí. Hasta se disculpaba por no escuchar a sus queridos hermanos. Le sabía fatal, pero era demasiado agobio. Len ya estaba fuera del comedor junto con Katakuri y ambos cierran la puerta con rapidez.

—Nunca pensé que estuviera huyendo de mis propios hermanos —confiesa Katakuri agachando todo su cuerpo para estar a la altura de Len.

—Ya me estaba agobiando con tanto de comprar el vestido y demás —retira el sudor de su frente con la mano.

—Pero es lo que hay. —La coge en brazos como si fuera una simple muñeca.— Vas a ser mi esposa.

—Y tú mi esposo —posa la mano en su rostro casi acariciando la zona de la cicatriz.

—¿Quién diría que tú y yo acabásemos así?

—La gente estará diciendo: «¿Se han vuelto locos o qué?» —ríe la chica apoyando la frente contra la de él.

—Me da igual lo que digan. —Katakuri lo tenía decidido mientras posa la mano en el vientre de la chica.— ¿Crees que tendremos alguna que otra sorpresa?

—Yo solo espero no tener mellizos o trillizos porque muero.

—Exagerada.

Retira un poco la bufanda del mayor para darle un pequeño beso en sus labios aprovechando que no había nadie a su alrededor. Katakuri ronronea con gusto acariciando la zona estomacal de la chica. Desea llevársela a su casa y tener sexo con ella todo el día. La deseaba demasiado. Y si se queda embarazada no habría diversión para ambos. Solo puede mimarla y darle todo el amor del mundo.

Sin dudarlo, va caminando hacia uno de los espejos que había en aquella gran sala y Len se da cuenta de las intenciones de Katakuri. Golpea con fuerza su pecho para llamar su atención, pero parece que le ignora completamente.

—¡Katakuri ni se te ocurra!

—Quiero jugar contigo. —Su voz se vuelve un tanto varonil para los oídos de Len.

—¡Bájame! —Esta vez utilizaba la fuerza bruta para detener al grandullón. ¿Como es posible que no se inmutaba?

—No. —Ya entrando en el Mundo Espejo y para la joven Len no había vuelta atrás. Ya está en el territorio de Katakuri.


—¿De verdad tengo que ponerme este vestido?

—Pero si te queda de maravilla.

Pudding junto con Smoothie, Galette y Brûlée estaban con Len con el tema del traje de la novia. Las cuatro hermanas estaban ilusionadas de poder ver cómo le quedaba a la chica aquellos trajes. Para Len era una tortura. ¿Como es posible que a todas las mujeres les ilusione ponerse un traje de boda? A ella por lo menos no. Se veía demasiado cursi. Y encima de color blanco. Y mira que ella es de piel pálida como la nieve misma. El negro le quedaría bien, pero parecería una viuda luego.

No sabe cuántos trajes lleva, pero la estaba cansando demasiado. Quiere acabar ya y dormir de una vez por todas. Katakuri seguramente no lo tendrá difícil porque es solo un traje que sea ajustable para él y ya está. ¿Llevará la bufanda a la boda? Conociéndolo, sí.

Ya lleva con el último traje. Las hermanas del comandante no estaban muy convencidas de los trajes anteriores. No obstante, sus ojos se iluminan a ver a Len como una verdadera princesa con aquella prenda. Si la ve Katakuri en ese mismo instante, estaría embobado como unos cinco minutos.

—Con un peinado y buen maquillaje estarás preciosa —dice Galette ya teniendo una idea.

—Decidme que al final os gusta este.

—¿Estás cansada? —pregunta no pudiendo evitar reírse.

—Es que esto cansa, joder.

—¡Pero es tu boda! ¡Deberías estar feliz! —alega Brûlée.

—Lo estoy, pero esto de elegir trajes no es lo mío. —Ya deseaba con todas sus fuerzas quitársela.

—Para eso estamos en ayudarte. —Smoothie va bebiendo de su copa sin mirar a la chica.— Se ve que eres indecisa.

«Y vosotras también, no me jodas», le daban ganas de matar a alguien en ese mismo instante. ¿Como le irá a Katakuri?

—Colores demasiados cálidos. Muy apagado. No me gusta.

—¡Katakuri!

Bueno, creo que también tiene el mismo problema que Len, un tanto indeciso a la hora de elegir un traje. La verdad se ha probado unos cuantos y ninguno le hacía sentir cómodo.

—Y luego decimos que las mujeres son las más complicadas —comenta Daifuku con una gota en la sien.

—Pero si este traje te queda de lujo. —Su hermano mayor Perospero sujetaba aquella prenda.

—Y a mí no me gusta.

—¿Quieres ir de negro totalmente? —Cracker sostenía otro de ese color.

—Sabes que es mi color favorito.

—Tu novia va a ir de blanco y tú de negro. No es una buena combinación. —Oven no estaba muy convencido.

—¿Como que no? Pensándolo bien serían como el Ying y el Yang, representándolos como mujer y hombre.

—¿Desde cuándo te has convertido en un sabio, Cracker?

—¡Leo, gilipollas! —grita a Oven.

Katakuri solo suspira cogiendo la percha que sostenía Cracker y se mete en el probador para ponérselo. Ya estaba muy cansado de tanto quitarse y ponerse ropa. Se mira al espejo girándose un poco para ver cómo le quedaba aquella prenda. La verdad es que los colores oscuros le quedaban bien al comandante. Ya se estaba imaginando a Len con el suyo de color blanco dejando que su piel aterciopelada brillase un poco más.

Ya se le estaba yendo la cabeza a otro sitio que no se dio cuenta que sus hermanos apartaron un poco la cortina para verlo. Y con rapidez se cubre el rostro con la bufanda.

—Una cosa: ¿llevarás eso a la boda? —pregunta Daifuku señalando la bufanda.

—Sabes perfectamente que no puedo mostrar mi rostro a nadie.

—Pero eso sería feo por tu parte.

—Es su decisión, Daifuku. —Le reprocha Oven entendiendo a su hermano.— ¿Te llevarás ese?

—Me queda bastante bien, ¿no?

—Ya lo creo que sí —ríe Perospero.

—Bien, me lo llevaré.


Len se pasaba la vida en la casa de Katakuri y no es porque que quiere, es que el comandante la secuestra para traerla ahí y hacer con ella lo que quisiese. Ambos estaban un poco nerviosos porque la boda se estaba acercando y la chica ya estaba rendida. No deseaba moverse de la cama, estaba cómoda. Y más cuando Katakuri estaba con ella acariciando con sus dedos la zona de la columna vertebral.

Le encantaba aquella forma de mimarla mientras ella descansaba todo el cuerpo intentando no pensar en nada. Katakuri aprovechaba de vez en cuando en besar su espalda desnuda y apoyando la mejilla en ella. Estar con ella le hacía sentir mil maravillas. Ronronea como si fuera un gato gustándole esta grata sensación de paz y tranquilidad. Ambos no deseaban salir de la cama, estaban muy a gusto en ella.

Len gira un poco su cuerpo para mirar aquellos ojos granates que tanto le gustaba. Era un color único y atrayente. Los brazos de Katakuri rodean el cuerpo pequeño de la chica mientras apoya de nuevo la cabeza, esta vez, entre los pechos de Len, pero sin apartar la mirada entre ambos. Su conexión es tan única que no les hacía falta hablar. Todo era lenguaje visual.

—Kata —lo llama mientras que sus dedos acarician los pómulos de éste, —no estoy segura si la boda saldrá perfecta.

—¿Por qué lo dices?

—Puede que la cague en cualquier momento.

—Mientras estés conmigo no pasará nada —dice muy tranquilo con los ojos cerrados aspirando el aroma que desprendía la chica.

—Tan perfeccionista. —Sin querer, bosteza, restregando uno de sus ojos.

—Es la verdad.

—Sé que lo dices con la verdad.

Y tiene toda la razón, con Katakuri todo iba a estar de maravilla. No tenía de que preocuparse. Los dedos de la joven Len comienzan a enredarse en el pelo alborotado del comandante. Él simplemente ronronea como un felino al recibir tales caricias. Se pasaría toda la vida así con ella. Y eso se va a cumplir dentro de poco. Estaba ansioso de que llegara el momento y que todo el mundo se enterase que el pirata más temido de la familia Charlotte e hijo de la Yonkou estaba casado con la chica más fuerte de Gran Line.

Las manos de Len descienden lentamente donde sus dedos hacen pequeños círculos en el tatuaje de Katakuri. Era enorme, sí, le bastaba con solo recorrerlo con dos de sus dedos. Él suspira lentamente abrazando un poco más el cuerpo de Len para estar más cómodo. Aunque puede aplastarla con su cuerpo. Y ahora se dedicaba a acariciar aquella cicatriz que recorre por una de sus mejillas. Tocando cada punto e incluso uno de sus colmillos.

¿Quién diría que el pirata con una recompensa alta sería tan adorable? Muchos no lo ven de esa manera. Ella puede admirar la belleza interna y externa de Katakuri, le gustaba lo que sus ojos estaban viendo. Por eso lo eligió. Y no porque su rostro sea único, sino porque en el fondo puede ver a un Katakuri que deseaba proteger a toda costa lo que más le importa. Y lo ha demostrado en todo este mes que se llevan conociendo.

—Len —escucha llamarlo deteniendo sus caricias.— Si te quedas embarazada, ¿me prometes que no te interpondrás en la batalla?

—¿Quieres que prometa algo que será imposible?

—No quiero que te hagan daño. —La mano de él se posa en el vientre de ella.

—Sé cuidarme sola. —Le reprocha.

—Lo sé, pero estarás en peligro incluyendo a la criatura.

Sujeta el rostro de Katakuri para que la mirase. Ella muestra una pequeña sonrisa.— Que lindo eres cuando te pones en plan protector.

—Sabes perfectamente cómo soy.

—Lo sé —implanta un pequeño beso en sus labios,— y me gusta.

Katakuri esboza una sonrisa al saber esa noticia que vuelve a la posición de antes sin dejar de acariciar el vientre de la chica. Ya estaba deseando en formar una familia con ella, pero, primero la boda

Y eso será dentro de una semana.


Reviews:

Torao405: Es normal, no te preocupes jajaja.