Draco podía ver el pequeño avance que había tenido tras su escapada a París, Harry se había quitado en parte las barreras que le hacían tener que separar sus dos realidades.
Un poco, pero lo suficiente para que Draco pudiera colarse dentro. Pudiera mirar, y pudiera disfrutarlo.
Había contactado con un viejo cacique de Senegal, un mago realmente oscuro y que se movía en la completa ilegalidad.
—Solo disfrútalo, Malfoy. Ese puto será tuyo hasta que se muera, o tú lo hagas.
Odiaba tratar con él, pero era uno de los enlaces necesarios para obtener importantes ingredientes que todos necesitaban. Si Moussa no dejaba salir eso de su dominio, jamás llegaría a Londres. Los atentados a su persona, completamente anónimos, nunca habían acabado con su vida.
El mago no quería hacerse con todo el poder, era sencillamente un tirano en su mundo, el único que realmente quería gobernar con mano de acero.
Cuando Draco había llegado al cargo, le habían cedido aquel extraño acuerdo internacional.
Mentiría si dijera que en política las cosas no tenían mil caminos. Moussa estaba bordeándolos todos.
No era como si la esclavitud no existiera, Moussa tenía a demasiados bajo su mando. Pero no con un contrato, no mágicos, y no por ello menos horrendo. Pero Draco no era un hipócrita, a él, esos no le importaban. Le importaba Harry.
Draco quería liberar a Harry, eso y hacer que su apellido fuera sinónimo de éxito eran las cosas que más había deseado en su vida. La segunda la había cumplido con creces, la primera lo conseguiría, necesitaba hacerlo. Sabía que la solución aparecería, solo que aún no había mirado en los lugares correctos.
Miró su reloj, Harry nunca llegaba tarde. Y le sorprendió que en esta ocasión lo hiciera, media hora era un retraso demasiado grande.
Sabía que debía castigarlo, eran las normas que ambos habían acordado. Y si por algún motivo algún de los dos no podía asistir, se lo comunicaría al otro.
Las llamas crepitaron 40 minutos después de la hora, anotó mentalmente que serían 40 golpes de fusta en sus duras nalgas.
Pero la imagen que obtuvo de Harry saliendo de la chimenea le hizo olvidar todo.
Vestía su uniforme, pero estaba cubierto de sangre. Harry se tambaleaba, hasta que cayó de bruces en el suelo del salón sin que Draco pudiera reaccionar y con su varita haber amortiguado su caída.
Saltó del sillón donde le esperaba para arrodillarse en el suelo a su lado. No estaba consciente, pero tenía pulso. La brecha en su cabeza no paraba de sangran y Draco temió que tuviera una conmoción cerebral.
Trató de levantarlo, pero a peso muerto Harry pesaba demasiado. Sopesó las posibilidades, y decidió que aparecerlo sería mucho más rápido siempre que Harry no se despertara.
Lo abrazó por los hombros estando aún de rodillas y se apareció con él en el hall de San Mungo, una enfermera al verlo salió corriendo desde detrás de un impoluto mostrador.
—¿Qué ha pasado?—comenzó a decir la enfermera, pero no dijo más cuando vio de quién se trataba e hizo un gesto de pesar.
—Apareció por red flu—relató Draco—, aún estaba consciente.
—Un día nos lo traerán muerto.
Aquellas palabras molestaron a Draco, porque por lo que había leído la enfermera tenía razón.
Aparecieron otros dos enfermeros más que levitaron a Harry y lo colocaron en una camilla.
Draco se quedó con las manos vacías y una sensación de inquietud en el cuerpo.
—Señorita, me quedaré aquí, por favor, manténgame informado.
—¿Es usted familiar o su persona de contacto?
Draco no contestó, pero la mujer le echó una mirada significativa a la sala de espera.
—Le avisaremos.
Draco se fue a la dichosa sala de espera, sin nada más que hacer que matar los minutos imaginando qué diantres le había pasado al dichoso auror suicida.
Los minutos pasaron, y Draco comenzaba a impacientarse, eran malditos magos, no debería tomarles tanto tiempo.
Fue entonces cuando apareció Granger con un vientre de embarazo avanzado.
La enfermera parecía estar tan familiarizada con Harry como con Hermione.
—Está aún con los medimagos, en cuanto sepamos algo se lo comunicaremos a ambos.
Fue en ese momento cuando Hermione reparó en Draco, y su gesto de sorpresa no fue apenas disimulado.
—¿Malfoy?—preguntó ella sosteniéndose el vientre.
—Sí, soy yo.
Draco la acompañó a la sala de espera donde al menos había asientos. Ella le miraba aún incrédula.
—Yo le encontré, y hace más de cuarenta minutos que está allá adentro.
La morena pareció tomarlo como inocente si era él el que le había llevado a San Mungo, y Draco comprendió que con el largo historial de Harry, tampoco le sorprendía estar allí esperando.
—Un día nos avisaran para decirnos que está muerto—se compadeció Hermione realmente angustiada.
—Eso no va a pasar.
Ella le miró de nuevo sorprendida porque las palabras de consuelo vinieran de alguien como él.
—¿Y por qué lo encontraste tú?
Draco miró a la enfermera, obviamente no quería contestar a esa pregunta. No solo dependía de él, sino sobre todo de Harry, ya que Hermione era su amiga.
—Cuando Harry salga de aquí que te lo cuente él si le apetece.
—No sabía que erais amigos.
—Algo así, pero reconozco que llegar a Harry es complicado, muy complicado.
Hermione sonrió, al parecer le comprendía perfectamente.
Treinta minutos más tarde, una medimaga salió a contarles la situación de Harry.
—El auror Potter se encuentra estable—dijo con voz desapasionada—. Hemos controlado la contusión y la hemorragia interna. Pero sería bueno si reposa al menos una semana.
La mujer los miró a ambos como encargándoles la dura misión.
Hermione suspiró aliviada. Draco aún seguía preocupado.
Aún tardaron en dejarle verlo otra hora, y su rostro no era ninguna maravilla. Les esquivó la mirada a ambos.
Draco se quedó en un segundo plano, pero Hermione se lanzó, tripa enorme incluida, sobre él para abrazarlo.
Fue en ese momento, mientras la abrazaba que Harry miró a Draco.
No era la mirada de alguien agradecido por haberle conseguido ayuda.
Y Draco se preocupó de verdad por primera vez de Harry. No estaba contento de seguir con vida.
Desde su segundo plano, Draco atendió toda la conversación sobre los cuidados y sobre irse con ella y con Ron a su casa a descansar.
Y de nuevo sus ojos sobre Draco.
—Granger, no te preocupes, yo me ocuparé de él.
La mujer ya no parecía sorprendida, pues habría llegado a una conclusión que le resultó válida y razonable. Ellos estaban juntos de algún modo.
—¿Harry?—confirmó ella.
—Sí.
Peticiones, besos y de nuevo varios abrazos y una mirada entre súplica y amenaza lanzada a Draco por su parte para terminar por dejarlos a solas.
Draco se sentó en la silla que había estado cediendo todo el tiempo a la embarazada.
—Cuéntame qué pasó.
No era una pregunta y ambos lo sabían.
A Draco ya no le importaba esperar, no teniendo a Harry magullado pero vivo.
—Fue una emboscada—reconoció finalmente.
El relato de una persecución y posterior trampa a un grupo de aurores para Draco no era suficiente, pero le dejó hablar hasta que finalmente terminó.
—Creo entender que en tu relato has obviado algunos puntos.—La mirada de Draco era dura—Harry, no buscaste ayuda, no viniste aquí.
—¿Me estás llamando mentiroso?—le amenazó Harry.
—No, lo que me gustaría saber es si estás buscando matarte.
El moreno le sostuvo la mirada, largo, duro y al final suspiró.
—No.
—¿Solo no te esfuerzas mucho en permanecer vivo, no?
Harry sonrió, reposando al cabeza en la almohada.
Draco se levantó, y se inclinó sobre él.
Acarició su rostro magullado y Harry se dejó caer sobre su mano ahuecada suavemente aceptando sus caricias.
—Viniste a mí.
Harry abrió los ojos, no dijo nada, y no hizo falta. Había ido con Draco y eso de algún modo complació mucho a Draco, solo esperaba poder hacerle entender que su seguridad era lo primero para él.
Le acarició hasta que Harry se quedó dormido.
Draco no aceptó ninguna de las invitaciones de las enfermeras a que se fuera.
Pasó la noche en una silla trasformada para que no se destrozara la espalda. Y en algún momento de la noche, la mano de Harry había tomado la suya.
En la mañana realmente temprano, una enfermera los despertó con la medicación del auror y su volante de alta.
Draco avisó a su secretario de que no le esperaran en esa mañana para trabajar.
Con los papeles y un auror magullado, ambos estaban en las chimeneas de San Mungo.
—¿A tu casa o a la mía?—le preguntó Draco.
Harry parecía desconcertado.
—Los medimagos han sido claros, una semana de reposo, ¿dónde prefieres pasarla en tu casa o en la mía?
Harry iba a negarse pero Draco no le dejó.
—No es negociable.
Después de un buen rato donde Harry parecía estar masticando cristales contestó.
—Mi casa.
Fue en ese momento cuando Draco se enteró de que Harry vivía en Grimmauld Place, y cuando puso un pie en ella que aquel era un lugar más horrible aún que en sus recuerdos de niño.
Continuará
Semanita de cuidados, ya veremos qué pasa.
Hasta el miércoles.
Besos
Shimi
