Capítulo 34

Muy bien, entonces éste no es el último. Va a haber otro. Simplemente me di cuenta de que éste era más largo de lo que había pensado, queda sólo una semana de exámenes y entonces es el final del trimestre.

Éste es muy diferente del último, y con suerte tiene un toque de humor…

. . . . . . . . .

Durmieron hasta tarde al día siguiente, perdiéndose el desayuno. Hermione no estaba segura de si esto se había hecho deliberadamente o no. No estaba segura de cómo se sentía acerca de enfrentarse a sus amigos tras la revelación de su relación. Era tan perfectamente feliz con Severus y su amor que cualquier preocupación que tuviera estaba enterrada en lo más profundo de ella. Y cuando se despertó para encontrarlo todavía dormitando a su lado, con algunos mechones de cabello negro y liso cayendo sobre su rostro, se sintió absolutamente en paz.

Hermione extendió la mano y le apartó el cabello de los párpados. Él se agitó y rodó sobre la espalda. Ella temía haberlo molestado, y retiró la mano enseguida.

"No pares."

Los ojos de él permanecieron cerrados, pero los tonos graves la atrajeron hacia él. Sonrió y volvió a acercarse para quitarle los mechones restantes del rostro.

Yacieron quietos por un momento, contentos. Pero Hermione sintió que había una conciencia entre ellos de que tendrían que dar la cara ante sus compañeros y colegas. Sería más difícil que enfrentarse a McGonagall.

Severus la abrazó y le acarició el brazo. "¿Qué vas a hacer hoy?"

"Supongo que lo mejor es que vaya a estudiar. Iré a la biblioteca. Puedo encontrar un rincón tranquilo allí."

"Lo sé."

Ella rio. "Sí. Y no quiero ninguna visita sorpresa hoy, muchas gracias. Mis exámenes comienzan el martes. Sin interrupciones de ahora en adelante."

Levantó la mirada hacia él. Estaba haciendo pucheros. Ella volvió a reír. "Te lo compensaré esta noche."

"¿Prometido?"

"Prometido."

Se besaron.

Hermione sintió una sensación de urgencia presionándola. Necesitaba marcharse. No era sólo su necesidad de estudiar, sino que quería terminar con ello de una vez; 'ello' era dar la cara ante sus amigos y compañeros.

Extrañamente no sentía temor. De hecho, sólo quería seguir adelante.

Volvió a besarlo y se levantó.

"¿A dónde vas?" Él se refería de inmediato. Ella pudo sentir la preocupación en su voz. La conmovió.

"Primero tengo que regresar a la sala común."

Se puso unos vaqueros y una blusa que dejó en sus habitaciones para las mañanas, afortunadamente no tuvo que volver a ponerse el vestido de gala. No levantó la mirada.

"¿Irás a almorzar?" preguntó él.

"¿Y tú?" levantó la mirada hacia él.

Hermione detectó un leve parpadeo cruzar sus rasgos antes de que finalmente respondiera, "Sí."

Ella continuó vistiéndose. "Como yo."

Después de ir al baño, estaba lista. Se acercó a él, todavía en la cama, y volvió a besarlo, acariciando su rostro. "Adiós, adiós, mi amor. Te veo después."

Se giró para marcharse. Él la agarró del brazo y la atrajo de vuelta. "Estaré pensando en ti."

"Lo sé. Yo también."

Hermione sonrió con ternura, en ese momento más preocupada por él que por sí misma.

Ninguno de ellos había mencionado directamente los problemas a los que se enfrentaban. Después de un último beso, Hermione se levantó y se marchó.

Cerró la puerta de su salón de clases y mantuvo la cabeza alta. Luego comenzó a caminar por los pasillos de su colegio, el colegio que la había aceptado, dado un hogar y un propósito durante más de siete años.

Las primeras personas junto a las que pasó fueron dos niños de primer año. Ni siquiera parecieron reconocerla; estaban hablando de la nueva escoba Nimbus. Respiró hondo. Eso no estuvo tan mal.

Dobló una esquina. Había unas chicas de cuarto año que reconoció sentadas en una repisa. Estaban charlando animadamente. Una levantó la vista y la vio. La chica de inmediato se inclinó hacia sus amigas y todas se giraron para mirar a Hermione, el grupo callándose de inmediato. Hermione esbozó una leve sonrisa mientras pasaba que no le devolvieron, más por distracción que por grosería deliberada.

Hermione continuó más allá de ellas. Una vez que hubo doblado la siguiente esquina, escuchó claramente sus repentinas risitas resonando en el pasillo.

Frunció los labios y continuó. Había más grupos de estudiantes adelante. Una historia similar se presentó cada vez. Una vez la veían, parecían perder de inmediato el poder del habla, y una vez que los pasaba, se disolvían en risitas o susurros.

Para la cuarta vez que sucedió esto, Hermione estaba tan acostumbrada a ello que simplemente sonreía a cualquier estudiante en su camino.

Fue cuando estaba acercándose a la escalera hacia la Sala Común de Gryffindor que se enfrentó a su prueba más dura. Al pie de las escaleras estaban el Profesor Piercy y Madame Pomfrey.

Se desarrolló un patrón similar. Pasaron de la charla alegre al silencio al verla. Hermione respiró hondo y se enderezó. Entonces, fijando su ahora bien practicada sonrisa en el rostro, se aproximó a ellos.

"Buenos días, Profesor Piercy, Madame Pomfrey."

La miraron, sobresaltados porque les hubiera hablado.

"Uhh… Buenos días, Señorita Granger," logró chillar Madame Pomfrey.

"Hermione," corrigió la joven con sequedad.

Bajaron la mirada, avergonzados, y murmuraron su nombre como confirmación. "Sí… sí… por supuesto… Hermione."

Hubo silencio. Hermione pensó que más bien podría coger el toro por los cuernos. Sonrió ampliamente y preguntó con exagerada alegría, "¿Disfrutaron el baile?"

Los dos miembros del personal miraron como si un Hipogrifo acabara de aterrizar ante ellos y cantara Cumpleaños Feliz.

Hermione esperó una respuesta, con la sonrisa todavía en el rostro, las cejas alzadas expectantes, mirando de uno a otro.

Finalmente, el Profesor Piercy murmuró un poco incoherente, estudiando sus zapatos, "Sí… sí… muy agradable. ¿Y usted?" Obviamente había olvidado la importancia de la subsecuente pregunta. Madame Pomfrey lo golpeó bruscamente en las costillas y él emitió un extraño graznido gutural antes de volver a mirarse fijamente los pies.

Hermione casi rio a carcajadas, tan surreal era la situación en que se había metido deliberadamente.

Esperó antes de darles una respuesta. Las dos personas ante ella estaban mirando fijamente al suelo como si fueran capaces de conjurar un agujero en él que se los tragara.

"La mayor parte."

Levantaron la vista hacia ella, alucinados porque hubiera hablado en absoluto.

Entonces, de repente, ambos comenzaron a parlotear a la vez. "Cierto, debo marcharme a ordenar esas vendas." "Tengo tantos ensayos que corregir." "Entonces nos vamos, otro día y todo eso." "Sí, adiós entonces… sí… err… adiós."

Sin apenas mirar a Hermione, partieron en direcciones opuestas. De nuevo, la emoción abrumadora de Hermione fue la diversión. No detectó ninguna malicia como tal hacia ella, sólo embarazo. Aun así, ése era su problema, no el de ella y Severus.

Sus ojos se elevaron y miró el retrato de la Dama Gorda en lo alto de la escalera por encima de ella. Hermione la subió, consciente, a pesar de la fortaleza que todavía se apoderaba de su resolución, de que con cada paso que daba, sus pies parecían cada vez más pesados.

Por fin llegó a lo alto y miró a la Dama Gorda. El retrato le sonrió burlona un poco. "Sólo para que lo sepas…" echó la cabeza hacia atrás, "todos están hablando de ti."

Hermione ignoró su comentario, fijándola con los ojos y dando la contraseña.

La Dama Gorda se erizó un poco pero se abrió para ella.

El estómago de Hermione cayó de repente en su interior y su mano salió para estabilizarse en el muro. Entonces, convocando toda su resolución que parecía haberse desvanecido repentina e inexplicablemente, atravesó la abertura.

Pudo oír la alegre charla del domingo, y por un momento, Hermione podría haberse convencido de que no era diferente a cualquier otro fin de semana perezoso. Recordó que lo era en cuanto entró por completo en la sala.

El silencio que repentinamente se apoderó del aire lo abarcó todo y fue de inmediato sofocante. Hermione tragó saliva involuntariamente, pero mantuvo su espalda recta. Todos los ojos en la sala se habían girado para mirarla.

Localizó a Ginny y Harry en un rincón. Casi sollozó de alivio porque él todavía estuviera allí, pero se detuvo.

Sabía que no debía permanecer allí por mucho tiempo. Ya parecían minutos, pero en realidad sólo habían pasado unos segundos. Hermione caminó decididamente hacia Harry y Ginny.

Harry se puso en pie de inmediato y la besó en la mejilla, diciendo claramente, "Hermione. Me alegro de verte antes de marcharme."

Ginny continuó, lo más normalmente posible, "¿Quieres sentarte?"

Hermione se preguntó qué hacer. "No… no… yo… necesito coger algunos libros, y luego iré…"

"Bien." Le sonrieron incómodos, pero Harry mantuvo su mano sobre su brazo suavemente.

Quería sentarse y hablar con sus dos mejores amigos, pero no era capaz de quedarse en la sala.

Estaba a punto de pedirles que la siguieran hasta su dormitorio cuando llegó una ruidosa charla risueña desde la escalera de las chicas. Como todas las conversaciones que había interceptado hoy, se interrumpió abruptamente cuando sus interlocutores la vieron.

Hermione se giró. Una de las chicas era Rose. Sus ojos se encontraron. Rose tenía una pequeña sonrisa burlona en la cara. Se acercó a Hermione.

"Hola, 'Mione."

"Hola, Rose."

Hubo silencio por un momento. Pero Hermione no se encogió. Una extraña fuerza interna quería que su amiga abordara el tema, el tema del que todos querían hablar. La burbuja de tensión que envolvía todo el castillo tenía que ser reventada. Esperó lo que sabía que podía confiar en que Rose hiciera.

"Te lo callaste, ¿no?"

Hermione sólo sonrió.

Rose suspiró hondo. "Bueno… tienes agallas, te concederé eso."

Las dos amigas se miraron, Rose todavía sonriendo burlona. Luego sonrió más genuinamente y se inclinó hacia Hermione un poco. "Sabes que sólo estoy celosa, ¿no?"

Hermione sólo pudo reír.

"También sabes que quiero todos los detalles jugosos en algún momento, ¿no?"

Ginny también se echó a reír.

El resto de la sala común se volvió a mirar con asombro, y luego lentamente regresó a la conversación. La tensión estaba disipándose.

Hermione suspiró. "Quizá me sentaré un minuto."

Se dejó caer junto a Harry, un extraño alivio filtrándose a través de ella. Rose se apretó a su lado.

"¿McGonagall fue realmente dura con vosotros?" preguntó Ginny.

Hermione sacudió la cabeza. "No… no… en absoluto. Fue muy… comprensiva."

"Entonces… ¿no van a expulsarte?"

"Todavía no estoy segura. Tiene que ir a los gobernadores. Pero… no lo parece."

"¿Y qué hay de Snape… del Profesor Snape?" Estaba claro que Rose no estaba segura de cómo llamarlo ahora.

Hermione respiró hondo. "Va a renunciar. No es una decisión nueva. Había decidido hacerlo hace un tiempo. Va a mudarse a Londres conmigo."

Rose, Ginny y Harry se miraron entre ellos.

"Bien," dijo Harry incómodo.

Hubo silencio por un momento antes de que Rose volviera a romperlo. "Sabes, dicen que Lawrence Filmore va a ser expulsado."

"Ya veremos," replicó Hermione sin comprometerse.

"Estaba completamente hasta el culo, y oí algo de su lenguaje para Snape. Se pasó de la raya."

"Sí."

"Y me di cuenta de que estaba acosándote de mala manera."

"Sí."

"Realmente se merecía lo que obtuvo de Snape."

"Esperemos que los gobernadores lo consideren así."

"¿Van a permitirte hacer los exámenes?"

"Sí."

"Entonces… básicamente… te saliste con la tuya."

Hermione se sintió molesta por primera vez. "¿Salirme con la mía? ¿Qué sería 'la mía' exactamente?"

Rose fue más directa que nunca. "Bueno… estás follándote a un profesor."

"¿Es eso lo que piensas? ¿Es así como ves esto?"

"Lo siento, 'Mione. Pero… sí."

"Bueno, entonces realmente no me conoces… y ciertamente no conoces a Severus. Amo a este hombre más de lo que nunca pude imaginar posible, y lo creas o no, él me ama. Estamos comenzando una vida juntos. Después de la guerra, mi vida parecía no tener sentido, no sabía a dónde ir. No me sentía bien aquí, no me sentía bien en casa. Y él... había estado en el infierno y ha regresado, y lo digo en términos inequívocos. Y sentimos eso y nos unimos. A quién le importa que fuera técnicamente su 'alumna'… ése término no significa nada para mí. Simplemente estoy tan agradecida, si esa es la palabra, a cualquier fuerza que me trajo de regreso aquí. Porque si no hubiera regresado, puede que nunca nos hubiéramos encontrado el uno al otro. Y dios sabe lo que habría sido de nosotros."

Rose estaba atónita y humillada y no pudo decir nada. Después de un momento bajó la cabeza y murmuró una disculpa. Luego, despacio, volvió a elevar los ojos hacia Hermione y susurró, "Aun así… apuesto a que tuviste buen sexo."

Hermione la fulminó con la mirada por un momento antes de disolverse en risitas. Harry y Ginny finalmente se unieron. El resto de la sala común se volvió y miró con intrigada curiosidad al pequeño grupo en el rincón.

Hermione sonrió burlona. "Bueno, ahora que lo mencionas…"

Más risitas.

"¡Y aquí estaba yo pensando que pasabas todo tu tiempo en la biblioteca! No es de extrañar que no estuvieras interesada en Lawrence."

"No…" Hermione suspiró.

Sonrió a sus amigos. "Gracias." La miraron con curiosidad. "Por estar aquí para mí y… dejarme hablar de ello. Lo necesitaba. Ahora seré capaz de enfrentarme con otras personas. Y ahora… tengo que ir a estudiar." Se levantó con determinación. Harry se levantó y volvió a besarla en la mejilla.

"Me marcho en un momento. Ven a verme en cuanto llegues a Londres. Puedes quedarte en Grimmauld Place un tiempo."

"Sí… lo haré. Gracias, Harry."

"Y también puede…" sonrió incómodo.

Ella lo miró con gratitud. "Gracias."

"Y buena suerte con los exámenes… no es que la necesites."

Hermione le estrechó la mano y se alejó. Hubo algunos vistazos curiosos hacia ella cuando pasó, pero nada como el silencio atronador que la había recibido antes. Había cruzado el primer obstáculo.

Se retiró a una zona tranquila de la biblioteca hasta el almuerzo. Pasó la primera media hora escribiendo su relato de los acontecimientos del baile, luego fue a entregárselo a McGonagall discretamente. Regresó enseguida a la biblioteca. El ambiente académico tranquilo y familiar ayudó a tranquilizar aún más su mente, y se encontró capaz de concentrarse bien en su trabajo. Incluso reconoció ese hormigueo de excitación intelectual que sentía en el período previo a los exámenes.

Algún tiempo después, oyó que el reloj daba la una, y con una comprensión sobresaltada, salió corriendo de la biblioteca hacia el comedor. Llegaba tarde, el almuerzo había comenzado quince minutos antes. Olvidó por un momento las circunstancias en las que se encontraba.

Hermione se apresuró a entrar en el comedor, sin notar que todas las cabezas se volvieron a mirarla mientras pasaba velozmente. Encontró un sitio junto a Ginny y fue a sentarse en él. De repente la realidad de lo que le había sucedido la noche anterior inundó sus sentidos. Notó que había un silencio palpable en todo el salón. Era la primera vez que había estado en el lugar desde los acontecimientos del baile, y elevó la mirada al techo. Los recuerdos que la asediaban eran una curiosa mezcla de gran felicidad y resentimiento hacia Lawrence. Su cabeza volvió a bajar y todavía vio ojos mirándola fijamente.

Lentamente se le ocurrió que no había sólo estudiantes en la sala. Sus ojos se movieron a la mesa alta. Comenzando por el extremo izquierdo, observó al profesorado. Estaban mirándola con tanta curiosidad como los de quinto año. Sus ojos se desplazaron a lo largo. Llegaron a McGonagall. Ella logró una leve sonrisa hacia Hermione. Movió sus ojos más allá hasta que llegó al extremo derecho.

Allí estaba él, sentado en su habitual estilo impasible. Cuando sus ojos se encontraron, Hermione no se dio cuenta de que casi todas las cabezas de la sala se habían girado de ella hacia él. Le sonrió cálidamente.

Había una silla libre a su lado. Hermione no podía moverse.

Entonces, lentamente, con los ojos de todo Hogwarts mirándolo, Snape levantó un largo dedo y apuntó hacia ella, girando la palma enroscada para que quedara hacia arriba. Luego, con una mirada que le derritió las entrañas, la llamó hacia él, él único dedo doblándose y flexionándose suave y seductoramente para atraerla hacia él.

Su sonrisa se ensanchó. Miró brevemente a McGonagall, que le dirigió una mirada complaciente. Hermione murmuró, "Disculpadme," a sus amigos y caminó lo más orgullosamente que pudo hacia la mesa alta.

Mientras se acercaba a él, él se puso en pie y se acercó a la silla a su lado, sacándola para ella. Hermione nunca había conocido el Gran Comedor tan silencioso. Incluso la Directora había torcido la cabeza para mirarlos.

Ella estaba respirando rápido, pero su fuerza se intensificó por la de él, y con una tierna sonrisa hacia él, se sentó en la silla que le ofrecía.

Por un momento el silencio se mantuvo. Luego McGonagall hizo sonar sus cubiertos ruidosamente y entabló una discusión con Madame Hooch. De repente, el resto del salón salió de su maravillado asombro, y el bullicio habitual de charlas y risas volvió a sonar.

Hermione se volvió hacia él. Estaba mirándola con la más leve sonrisa de admiración. Sintió una mano firme y cálida colocada sobre su pierna. La apretó y la acarició. "Te amo," articuló ella en silencio. La mano frotó cada vez más suavemente.

Al otro lado estaba el Profesor Flitwick. Hermione se volvió hacia él y le sonrió. "Hola, Profesor. ¿Cómo está hoy?"

Al principio, el diminuto maestro se sobresaltó, pero luego logró tartamudear una respuesta. "Muy… err… muy bien, Señorita Gr… Hermione." Tomó un sorbo de su bebida antes de continuar con más confianza. "¿Entiendo que tiene trabajo en el Ministerio?"

"Sí. Tengo muchas ganas de comenzar. Ahora sólo tengo que encontrar un piso y cosas así."

Con eso, entabló una conversación fácil con él, y olvidó completamente la extraordinaria posición en la que ahora se encontraba. La mano de Severus permaneció sobre su pierna todo el tiempo.

Después de un rato, Flitwick se giró para hablar con el maestro a su derecha, dándole a Hermione una tranquila oportunidad de volverse hacia Severus.

"¿Estás bien?"

"Ciertamente." El arrastre fue tan seguro de sí mismo como siempre.

"Sabes a qué me refiero."

"Muy pocas personas están juzgando mis actos contra Filmore… y en cuanto a ti…"

"¿Sí?"

"Los miembros femeninos del profesorado parecen estar desmayándose con deleite romántico, y los masculinos están verdes de envidia. La gente parece comprender mejor las complejidades de la naturaleza humana de lo que a veces les doy crédito. Aparentemente… y de algún modo sorprendentemente, lo confieso… lo he hecho bien."

Ella soltó una carcajada. "¿¡De verdad!?"

Él le sonrió burlón.

"¿Y yo, Severus? ¿Lo he… hecho bien?"

Se volvió hacia ella. Su mano se arrastró más arriba por su pierna hasta que sus dedos descansaron firmemente justo entre ellas. Procedió a frotar despacio pero con fuerza. Incluso a través del grueso tejido de sus vaqueros, ella sabía que estaba respondiendo a él. Un leve jadeo fue tomado por ella.

"Oh…" arrastró él, "Debería decir que sí."

Ella sonrió burlona, tratando por una vez de ignorar las sensaciones que se acumulaban en su interior. "¿Cómo respondieron a tu renuncia?"

"No se sorprendieron."

"¿Arrepentido?"

Él guardó silencio por un momento.

"No puedo decirlo."

"Estoy segura de que puedes."

Él cambió de tema. "¿Entregaste tu declaración?"

"Sí. ¿Y tú?" Él asintió. "¿Has oído algo con respecto a Lawrence?"

Severus se tensó un poco al escucharla referirse a él por su nombre de pila. "Su comportamiento fue reprensible. En el mejor de los casos, para él, será suspendido. Creo que se tomará una decisión esta tarde. McGonagall tiene en sus poderes decidir al menos ese asunto."

Hermione asimiló sus palabras antes de volverse a mirar el mar de estudiantes ante ellos. Algunos todavía estaban mirando hacia arriba en su dirección y murmurando, pero la mayoría había regresado a su comida y sus amigos. Qué volubles eran los niños, y qué fácil pasaban a la siguiente pieza de intriga. Hermione sonrió con pesar.

Por fin fue capaz de mirar el salón desde la perspectiva de él. No se sintió superior como tal, pero sintió que tenía control, como si pudiera sentir todas las ondas de inquietud o tensión que podían atravesar las masas de alumnos sentados. Se preguntó brevemente si hubiera sido tan malo quedarse y convertirse en maestra. La idea pasó enseguida.

Echó un vistazo a la mesa Gryffindor, a su sitio vacante en ella. ¿Cuántas veces se había sentado allí, mirando hacia arriba con anhelo al hombre ahora sentado a su lado? Bajó la cabeza y sonrió.

Él la miró. "¿Qué?"

"Nada. Sólo – todo esto."

Las comisuras de los labios de él se elevaron.

"¿Qué vas a hacer esta tarde?"

"Estudiar."

"Podrías venir a mis habitaciones si quieres."

"¿Te gustaría?"

"Sabes que sí."

"Entonces lo haré. Pero – tendré que trabajar."

"Naturalmente." Severus la miró con una leve sonrisa divertida. "Qué chica tan concienzuda es, Señorita Granger."

"Naturalmente."

Terminaron su almuerzo contentos. Por una vez, Hermione pudo salir con él, no tuvo que apresurarse a seguirlo en secreto o preguntarse cuándo volverían a encontrarse.

Caminaron juntos por los corredores. Otro obstáculo.

De nuevo, atrajeron miradas y susurros predecibles, pero Hermione ya estaba acostumbrada y Severus no parecía perturbado en absoluto.

Cuando llegó a sus habitaciones, se preguntaba por qué había estado preocupada.

"Oh, dios, he dejado todos mis bártulos en la biblioteca. Tendré que ir a buscarlos."

Se volvió para irse. Él la retuvo y la llevó firmemente hasta su sala de estar, señalando su escritorio. Encima estaban sus libros y pergaminos.

Lo miró con asombro curioso. No había estado fuera de su vista desde que decidiera venir a sus habitaciones.

"¿Cómo hiciste eso?"

Él la miró con perversa arrogancia. "Oh… ¿no te lo dije...? Soy mago."

Ella lo golpeó juguetonamente y él enseguida la rodeó y la abrazó con fuerza, besándola apasionadamente. Ella respondió con la misma avidez, pero recordó sus responsabilidades y se apartó.

"Ahora no. Recuerda lo que dije. Tengo que trabajar. Tengo los exámenes más importantes de mi vida la próxima semana."

Él rodó los ojos un poco.

Ella jadeó exageradamente. "¡Profesor Snape! ¡No es propio de usted desalentar la búsqueda de la excelencia académica!"

"Sólo cuando se enfrenta a cierto impedimento." Él le tomó la mano y la puso en su ingle. Ella de inmediato sintió la palpitante tensión dentro.

Ella le sonrió burlona. "¿Un impedimento? ¿Es así como lo llamas?"

Él presionó la mano de ella contra sí, pero ella la quitó. Él gimió con frustración. Hermione se apartó de él y fue a sentarse al escritorio. Aclarándose la garganta sonoramente, desenrolló un pergamino y abrió un pesado libro de texto. Luego, con el ceño fruncido, se dispuso a ignorarlo deliberadamente y a concentrarse en las palabras que tenía delante.

Él se desplazó sedosamente a su lado, y se inclinó para susurrarle al oído. "Mientras cumplas tu promesa."

Ella levantó la vista por un momento, una sonrisa burlona capturando sus rasgos.

"De compensármelo esta noche."

Lo besó brevemente. "Siempre cumplo mis promesas. Lo sabes. Ahora," volvió a su trabajo, "vete a tomar por saco."

Él se fue a tomar por saco hasta la silla frente a ella, sacó un libro y comenzó a leer, sus ojos frecuentemente alzándose para mirar a la hermosa y brillante bruja sentada a su escritorio.

Los minutos pasaron en silencio tranquilo y concentrado. Hermione fue capaz de arreglar algunos problemas confusos en su mente sobre transfiguración y repasó algunas de las pociones más complejas con Severus. Él le aseguró que era poco probable que salieran. Su nivel de experiencia iba mucho más allá del nivel de EXTASIS.

Hermione le había expresado sus inseguridades sobre Defensa Contra las Artes Oscuras, habiendo logrado sólo un SE en su TIMO. Él le sonrió con irónica diversión. "Eso fue hace más de dos años. Creo que has tenido… suficiente experiencia en la materia desde entonces."

Ella sostuvo la cabeza en las manos. "Oh… no sé… hay una diferencia entre la experiencia práctica y la comprensión académica."

"Te sorprenderá lo que sabes, estoy seguro de ello."

Fueron interrumpidos por el sonido de una campana.

"¿Qué fue eso?" Hermione se sobresaltó.

"La campana de la puerta. Volveré en un momento." Severus se apresuró a salir a través de su aula, con una leve mirada de preocupación en el rostro.

Pocos minutos después regresó. Su rostro estaba sombrío. Un temor repentino se apoderó de Hermione. "¿Qué es?"

"Lawrence Filmore ha sido suspendido por el resto de este trimestre y todo el próximo, a partir de hoy."

"Ya veo." Hermione no estaba segura inicialmente de cómo tomarse las noticias.

"Debería haber sido expulsado," escupió Snape con veneno.

Hermione guardó silencio. "¿Hubo alguna explicación?"

"Dijeron que su comportamiento fue completamente inaceptable, pero al parecer el hecho de que estuviera bajo la influencia del alcohol atenuó la dureza de su juicio de algún modo. Tom Radford también ha sido suspendido. Al parecer estuvo vertiendo el material en la garganta de Filmore y alentando su comportamiento."

Hermione de repente se sintió agraviada. "Eso no excusa lo que me hizo."

"Exactamente."

"O a ti. Pero, para ser honesta, es un castigo bastante duro. Sólo tendrá un trimestre después de eso, y la temporada de Quidditch ya habrá terminado para entonces. Se perderá todo eso. Pienso que probablemente se ha hecho justicia."

Severus resopló despectivo. "Es el comportamiento hacia ti lo que más me preocupa. ¡¿Cómo se atreve ese chico a permanecer en el colegio?! Se refirieron a su anterior expediente… 'impecable'. Y está el pequeño asunto de que la Directora sea la exjefa de Gryffindor."

"Oh, Severus, McGonagall nunca dejaría que eso influyera en su decisión."

Él no replicó, simplemente frunció el ceño aún más.

Hermione se levantó y cruzó hacia él. "¡Severus! ¡No debes decir cosas así!"

Él volvió los ojos hacia ella. "¿Estoy ofendiendo tu sentido de la decencia?"

"Sí. Un poco. Olvido cuán leal eres a Slytherin."

Él arqueó una ceja. Ella sonrió burlona. "Está bien. Los opuestos claramente se atraen."

"¿No has hecho suficiente por un día?"

Ella suspiró y bajó la vista a su trabajo. Cogió un pergamino, y estaba a punto de examinarlo más. "En realidad quería mirar…" Las manos de él se habían abierto paso debajo su camisa y le desabrocharon el sostén. Dedos largos y ágiles estaban abarcando sus pechos y acariciando los pezones.

El pergamino cayó de sus manos y se desplomó hasta el suelo.

"Pensándolo mejor… creo que quizá sí."

. . . . . . . . .

Definitivamente, Señorita Granger…

Hasta la próxima… x