13. Secuestro
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Hinata se quedó paralizada de horror, el mismo pavor que un momento antes atenazaba a Naruto ahora la dominaba a ella. Se puso la larga trenza en la espalda de un golpe y sacudió la cabeza.
—¿Cómo pueden estar seguros?
Los sollozos volvieron a sacudir a Ayame.
—Bebé ir de su cuna mientras y dormir. Alguien robar niña. Escondió la cara entre las manos.
Iruka, pálido, tomó el relevo.
—Subí a la guardería milady, en efecto la niña no está. No está por ninguna parte.
—Pero tiene que haber una explicación —contestó Hinata con voz temblorosa— Alguna de la criadas se la habrá llevado a dar un paseo. Llámelas ahora mismo.
Naruto posó su mano temblorosa en el hombro de la joven.
—Hinata, había una nota en la cuna.
—¿De quien? Quiero leerla.
Él hubiera querido ahorrarle esa dura prueba pero era imposible. De mala gana le entregó el papel que apretaba en su mano. Ella lo cogió, lo alisó y fue hacia la ventana para leerlo a la luz. Durante un momento solo se oyeron los gemidos de la nodriza italiana. A Hinata se le cayó el papel mientras ella rompía a llorar.
Naruto corrió a su lado, la atrapó en el momento que ella se tambaleaba, los dos experimentaban el mismo dolor, un sufrimiento intolerable como si una espada le hubiera atravesado el corazón. Ella aplastó su cara contra el pecho de su marido.
—Vaya a buscar té para milady, y llame a su doncella —gritó Naruto a la nodriza.
Ayame se puso en pie de un salto y dejó la habitación llorando. Iruka se fue discretamente por el vestidor.
—Shion...—dijo Hinata en un doloroso susurro— Shion ha secuestrado a Ino.
—Debió entrar en la casa por la noche.
—¿Pero cómo? Creía que estaba en el campo.
—Simplemente volvió.
—¿Cómo ha podido hacer algo así? ¿Cómo pudo llevarse a mi hija? Le miró con desesperación.
—Tu misma lo has leído. Pide un rescate, cincuenta mil libras para esta noche.
—¿Puedes reunir esa cantidad en un solo día? ¿No estaba tu fortuna invertida en inmuebles?
—Debería tener suficiente en efectivo.
Al menos eso esperaba. Se apretó las doloridas sienes con los dedos.
—Iré a varios bancos. En último caso empeñaré algo.
—¡Hazlo deprisa! —suplicó Hinata— Si Shion se niega a devolvernos a Ino hasta que hayamos pagado el rescate ¿quién se ocupará de ella? ¿Quién le dará de comer?
—No te preocupes, esta noche tendré el dinero.
La culpa le roía el corazón, estaba lleno de ira. No conocería el descanso mientras Shion tuviera a Ino entre sus garras. Ellos dos se odiaban tanto que ella era capaz de cualquier cosa.
No pudiendo estarse quieto se fue al vestidor y se vistió con rapidez, Hinata corrió detrás de él.
—¡Vamos a vaciar la caja fuerte! ¡Vamos a reunir todas las joyas! —gritó.
—Iruka se encargará de hacerlo.
—Si milord —dijo el lacayo— Haré todo lo que este en mi mano para ayudarles.
—De ordenes al personal para que no digan nada de lo que ha pasado.
—Si milord.
Naruto estaba terminando de vestirse cuando se abrió la puerta de la habitación dejando pasar a lady Kushina. Estaba lívida.
— ¿Es verdad que han secuestrado a Ino?
—Si madre.
Naruto le hizo una seña a Iruka para que saliera y luego informó a su madre de la petición de rescate. Lady Kushina se estremeció y ayudada por Hinata se sentó en un sillón.
—Shion —murmuró— ¡Señor! Ino esta en manos de esa zorra.
—No le hará ningún daño —intentó tranquilizarla Hinata— Necesita dinero, es posible que se le ocurra encontrar una nodriza para ella.
Buscó con la mirada el asentimiento de Naruto quien estuvo de acuerdo con ella aunque en realidad tenía menos confianza en eso que Hinata. Shion carecía de escrúpulos, era un ser malvado, su pasión por el juego la había llevado a mentir, a engañar y a robar ¿Llegaría tan lejos como para matar? Solo de pensarlo un sudor frío le cubrió la frente.
— ¿Cómo entró? —preguntó lady Kushina— ¿Alguna puerta no estaba cerrada con llave?
—A lo mejor conservó una llave —sugirió Naruto— A menos que contratara a un profesional. Lady Kushina saltó del sillón.
—No puedes dejar que haga esto, hay que encontrarla. Tienes que denunciarla a la policía.
—La nota que ha dejado no puede ser más clara. No debemos avisar a nadie, de lo contrario quizá no volvamos a ver a Ino.
— ¡Dios mío! —exclamó lady Kushina uniendo las manos— ¿Qué vamos a hacer?
Naruto se puso la capa. Compartía el disgusto de su madre, y era la primera vez que eso sucedía. En otro tiempo pensó que era una egoísta pero con la edad, lady Kushina se había vuelto más sensible.
Hinata cogió a su suegra por los hombros.
—Por favor cálmate, ve a buscar tus joyas, quizá las necesitemos para el rescate.
—Voy corriendo —aprobó lady Kushina— También recurriré al duque, nos ayudara a reunir la cantidad.
—Magnífica idea —dijo Hinata que poco a poco estaba recuperando la sangre fría— Sobretodo nada de pánico. Permanezcamos unidos frente a la adversidad, estoy segura de que esta noche Ino estará de nuevo en su cuna sana y salva.
—Si, esperemos que así sea.
La condesa besó a Hinata y luego a su hijo antes de salir de la habitación. Hinata miró a Naruto atentamente mientras él se anudaba la corbata.
—Es muy pronto para ir al banco —le dijo— ¿Dónde vas?
—A buscar información.
— ¿Dónde?
—A la casa de la vecina de Shion, quizá alguien la haya visto. Espérame aquí.
—Ni hablar. Voy contigo.
—Tienes que quedarte en casa Hinata, por si Shion manda otro mensaje.
—No mandará nada, todavía es demasiado pronto.
—Puede ser peligroso sobretodo si tiene algún cómplice. ¡Sabe Dios a que tipo de criminal habrá contrataria.
—Razón de más para que vaya contigo. Naruto te lo ruego. ¿Cómo puedo quedarme aquí esperando sin hacer nada mientras nuestra hija está en peligro?
Él la atrajo contra si y le besó el pelo. Le inundó una oleada de ternura. Hinata amaba a Ino tanto como él. En ese momento su pelea le pareció insignificante.
—De acuerdo —dijo al fin— Acompáñame.
De pie delante de la ventana de la biblioteca, Hinata miraba el movimiento de la calle, los últimos rayos de sol iluminaban el camino, la gente se paseaba bajo los árboles, un anciano descansaba en un banco de hierro forjado, una niñera paseaba a un niño en un cochecito...La apacible escena aumentó el sufrimiento de Hinata.
¡Si solamente pudiera tener a Ino en sus brazos, acunarla, y consolarla! ¡Si pudiera volver a ver su inocente sonrisa! Pero solo era una cuestión de tiempo, Hinata estaba convencida de eso.
Shion quería el dinero, nada más. Naruto estaba tardando mucho en volver de los bancos, sin embargo la inquietud de Hinata aumentaba con cada hora que pasaba. Esperaba que Ino no tuviera hambre y rogaba para que no estuviera sola.
La visita a la vecina de Shion había sido infructuosa, nadie sabía nada. Visitaron la casa pero las habitaciones estaban vacías.
Naruto había ofrecido una recompensa pero ninguno de los vecinos había vuelto a ver a Shion desde que se fue a Cornualles.
Hinata oyó el rítmico ruido de las agujas de hacer punto de Natsu y el murmullo del duque de Sharingan que se esforzaba en consolar a lady Kushina. Tenían que posponer su boda...Con un sobresalto Hinata se dio cuenta de pronto que la ceremonia tenía que tener lugar al día siguiente.
En ese momento vio la calesa en la calle.
—Naruto ha vuelto —gritó.
Levantándose la falda corrió a su encuentro. Un criado abrió la puerta, Hinata salió al porche, Naruto bajó del coche con expresión tensa y los ojos con profundas ojeras. En el brazo llevaba una saca de cuero.
— ¿Alguna noticia? —preguntó al ver a Hinata. Ella negó con la cabeza.
Al entrar en la casa se encontraron con el ama de llaves y Hinata le pidió que llevara té y emparedados a la biblioteca. La gobernanta obedeció preocupada.
—En seguida milady. Permítame añadir que todos estamos rezando por ustedes.
—Gracias—murmuró Hinata luchando contra las lágrimas.
Intentar no llorar era un gran esfuerzo. Cuando entraron en la biblioteca lady Kushina se levantó.
—¿Has reunido el dinero?
Naruto dejó la saca en una mesa de caoba.
—Si. Aquí está todo, las cincuenta mil libras.
—¡Esto me está matando! —gimió Natsu sin dejar de hacer punto— Solo una asesina puede raptar a un niño para conseguir dinero.
—Espero que mi administrador le haya sido de utilidad—dijo el duque de Sharingan.
—Mucho. Le debo un montón de dinero, sin usted hubiera necesitado tres o cuatro días para reunir esta suma.
Los dos hombre se dieron la mano, el secuestro de Ino había significado el final de su hostilidad.
—Agradézcaselo a su madre, quiere mucho a su nieta. Le sonrió a su prometida que no le devolvió la sonrisa.
—No puedo seguir esperando —dijo ella cerrando los puños— ¿Por qué no te envía ningún mensaje?
—Esperará a que se haga de noche —supuso Naruto— No quiere que la vea nadie.
—¿Crees que vendrá ella misma? —preguntó Hinata.
—Lo dudo. Pero tenemos que estar preparados para cualquier cosa.
—Ahora me arrepiento de haber confiado en Shion —murmuró Hinata— No debería haberme creído sus mentiras.
—No te lo reproches querida. Si yo hubiera pagado sus deudas esto no habría sucedido. Ella le cogió de la mano.
—Naruto hiciste lo mejor. No podías adivinar lo que iba a suceder. Además Shion hubiera vuelto a perder ese dinero jugando y hubiera necesitado más.
Naruto la besó en la frente, su expresión era dura, amenazadora.
—Voy a recuperar a Ino, te lo prometo.
—Lo sé.
La verdad es que no estaba tan segura de eso, a medida que pasaban las horas las dudas se iban haciendo mayores y cada vez tenía más miedo. Pero tenían que esperar. Esperar y rezar. Se quedó al lado de Naruto con la cabeza apoyada en el pecho de él.
Se abrió la puerta y Hinata se dio la vuelta, pero al ver a una doncella que había ido a encender las velas, seguida de un lacayo que llevaba la bandeja del té comprendió que tenía que seguir armándose de paciencia.
—¿Alguna carta Tucker? —preguntó lady Kushina.
—No —contestó el lacayo— Aparte de las que milady abrió esta tarde.
El pánico se apoderó de Hinata. Se había olvidado de las cartas... Mientras los criados servían el té, el duque se acercó a Naruto.
—Bueno Rasengan ¡menuda popularidad! Todas esa cartas de felicitación...
—¿Felicitaciones? —preguntó Naruto sin entender.
—Por tu poema —añadió lady Kushina— Hemos tenido un montón de visitas hoy. Pero por supuesto Iruka les ha dicho que estábamos ausentes.
—Entiendo.
La mirada de Naruto fue hacia Hinata pero ella no pudo ver ninguna señal de enfado en su rostro, solo algo de añoranza. El día anterior por la noche espero que regresara hasta muy tarde antes de sucumbir al cansancio.
Los remordimientos la asaltaron pero el secuestro de Ino les había vuelto a acercar el uno al otro. Ayudó a la doncella a servir el té y le ofreció una taza a Natsu quien le añadió una gota de su medicina.
Volvió a hacerse el silencio, Naruto seguia de pie delante de la ventana, las agujas de hacer punto de tía Natsu eran como el eco del tic tac del reloj. Mientras tanto, en el exterior, cada vez se hacía más de noche. Se oyó el ruido de unos pasos. La puerta de la biblioteca se abrió de golpe. Entraron dos lacayos arrastrando a un niño de la calle por los brazos.
—Le hemos pillado con las manos en la masa —anunció uno de ellos— Se ha metido en el jardín para dejar esto en el porche.
En su mano enguantada tenía un sobre cerrado con cera. Naruto cogió la misiva.
—Gracias. Pueden irse.
Los criados se fueron, el chaval hizo intención de seguirles pero Naruto le cogió del cogote.
—Deje que me vaya milord —gritó— No he hecho nada malo, me dijeron que trajera una carta y eso es todo.
—No te va a pasar nada —respondió Naruto con calma— Siéntate, te ganarás una guinea si cooperas. Los ojos del chico brillaron de codicia.
—De acuerdo.
—Léenos deprisa la carta —dijo lady Kushina— ¿Dónde quiere Shion que dejemos el dinero?
—Un momento madre.
Naruto se inclinó hacia el chico.
—¿Quién te dio esta nota?
—Un señor. Me dijo que dejara la carta y saliera corriendo.
—¿Un caballero? ¿Un hombre de la calle?
—Un tipo vestido como un milord, como usted vaya.
—¿Alto? ¿Bajo? ¿Moreno? ¿Rubio?
El niño se rascó con furia su sucio pelo.
—Alto, pero estaba muy oscuro para que verle bien.
—¿Te fijaste en el color de sus ojos? ¿Alguna cicatriz? ¿Tenía un tono de voz especial?
—Hablaba como un príncipe, no sé nada más.
Naruto dejó en la pequeña mano del chico una moneda, después le llevó hasta la puerta.
—Iruka lleve a este niño a la cocina, que le den una buena cena. Cerró la puerta.
—¿Y bien? —dijo Hinata— ¿Sabes quien es ese hombre?
—Ayer por la noche vi una sombra en la calle, un individuo muy alto, creí que lo estaba soñando. Es una pena que no desconfiara antes.
—No podías saberlo—dijo Hinata—Ahora léenos la carta, así sabremos por fin donde se encuentra Ino.
Él rompió el sello de cera mientras los demás se sentaban a su alrededor, en silencio recorrió la letra apresurada de Shion. Después de leer lo que decía levantó los ojos, su boca solo era una pálida raya.
—Shion quiere que el dinero le sea entregado esta medianoche en una casa de Devil´s Acre.
—¿Se ha llevado a Ino a ese agujero inmundo?—gimió lady Kushina.
—¿Dónde está? —quiso saber Hinata alarmada.
—Devil´s Acre es un barrio sórdido cerca de Westminster —explicó el duque— El lugar tiene fama de albergar a toda clase de criminales y sinvergüenzas.
—¡Piedad! —exclamó Natsu— Vayan entonces corriendo a buscar a la pobre pequeña.
—Eso no es todo —dijo Naruto. Miró a Hinata apesadumbrado.
—Shion —añadió— desea que seas tu quien le lleves el dinero. Sola.
Dentro del faetón descubierto, Hinata temblaba a pesar de la capa de terciopelo marrón forrado de piel. El ruido acompasado de los cascos de los caballos resonaba en la callejuela.
A ambos lados de la calle las casuchas se recortaban tristemente bajo el cielo lleno de estrellas, en el aire flotaba la pestilencia de las basuras y de vez en cuando se podía ver la luz de una vela en una ventana.
Unas oscuras siluetas se deslizaban a lo largo de las aceras fundiéndose entre las sombras. Estafadores, falsos vendedores, ladrones y prostitutas constituían la población del barrio.
La carta ordenaba que Hinata tenía que llegar sola en un coche abierto sin ninguna escolta aparte del cochero. Naruto estuvo a punto de negarse pero su madre y su esposa consiguieron convencerle y entre todos elaboraron un plan.
El cochero no era otro que el duque de Sharingan. Lady Kushina, Naruto y tres lacayos se quedarían esperando en una calesa con la que habían seguido discretamente al faetón.
Cuando este último disminuyó la velocidad buscando el número de la calle, el segundo coche se detuvo en la oscuridad...Por fin habían llegado. El lugar, un albergue provisto de un escaparate con rejas y con un cartel ajado en el cual todavía se podía descifrar Peeble Gin Shop, parecía inmerso en las tinieblas.
El duque aparcó, bajó al suelo y ayudó a Hinata a descender hasta la acera llena de desechos.
—La sigo milady.
—Gracias.
Según la carta, Hinata tenía que entrar sin llamar y luego encaminarse a la sala de atrás. Shion no ponía ningún impedimento a que el cochero la acompañara con la condición de que se mantuviera apartado y que llevara la saca con el dinero.
Hinata se dirigió valientemente hacia la puerta. Si todo salía bien saldrían en pocos minutos con la niña. El contenido de una papelera tirada por el suelo estaba pudriéndose en la acera y tuvo que abrirse camino entre restos de botellas rotas.
—Valor —murmuró el duque.
Su voz paternal y cálida la tranquilizó, giró el picaporte con la mano y la puerta se abrió. Entraron en una habitación tan oscura como un pozo, el duque levantó la linterna para iluminar una pequeña estancia llena de telarañas.
El único mobiliario era una vieja silla rota y un barril de ginebra. Una ágil y pequeña sombra pasó junto a la ruinosa pared y despareció en la oscuridad. Hinata reprimió un escalofrío. Su niñita adorada estaba en algún lugar de ese lugar inmundo.
Armándose de valor empujó una segunda puerta y entró en otra habitación donde la llama de una lámpara de aceite puesta encima de una mesa proporcionaba una débil claridad. Hinata miró alrededor pero no vio a nadie. ¿Dónde estaba Ino? Pensó aterrada.
De repente la lámpara se elevó en el aire y pudo ver a Shion.
—No sigas —gritó— Te dije que vinieras sola.
—Solo es el cochero como ordenaste —contestó Hinata mientras el duque se detenía en el quicio de la puerta—El dinero pesa mucho.
Shion levantó más la lámpara mirando a Sharingan con sospecha. ¡Ojalá que no le reconociera! rogó Hinata. Nunca habían sido presentados pero algunas veces habían coincidido en alguna fiesta. Vestido con la librea azul de los sirvientes de Rasengan y con un sombrero, el duque adoptó la impasibilidad del perfecto criado.
—No es uno de los cocheros que había —observó Shion.
—Bueno, pero estaba allí antes de que yo llegara —replicó Hinata fingiendo sorpresa— Los criados cambian.
—Naruto no habría enviado a un criado que llevara poco tiempo a su servicio. Shion se adelantó estudiando el rostro del duque con la luz de la lámpara.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó con una curiosidad llena de malicia. Antes de que Sharingan pudiera responder, una voz se oyó en la oscuridad.
—Da igual como se llame el viejo.
Un hombre alto y apuesto salió de las sombras. Era castaño y estaba vestido con un traje negro y en la corbata llevaba un alfiler con un diamante. En su mano se veía el brillo amenazante de una pistola.
—¡Eh tu! —gritó apuntando con su arma al duque— Deja la saca encima de la mesa y no hagas tonterías o disparo.
El duque de Sharingan obedeció al pie de la letra vigilado por el desconocido. Shion corrió a abrir la saca y una sonrisa de triunfo iluminó su cara al coger un puñado de billetes.
—Mira Taruho, somos ricos, ahora podremos apostar fuerte.
¿Taruho? La mirada de Hinata se posó en el hombre castaño. ¿Taruho Mōryō? Solo podía tratarse de él. El antiguo lacayo de Naruto que se convirtió en el amante de lady Shion.
Anonadada le vio coger la lámpara para ver el contenido de la saca. De modo que Mōryō no había huido a Francia llevándose el dinero de su amante, una vez más Shion había mentido.
—Cincuenta mil como ordenaste —dijo Hinata esforzándose por controlar el temblor de su voz— Ahora me gustaría recuperar a mi hija.
—Cada cosa a su debido tiempo —replicó Mōryō.
No dejaba de mirarla, se acercó a Hinata y estudió su rostro. La maldad brillaba en sus pálidos ojos.
—De modo que usted es la nueva lady Rasengan. Shion la describió como fea pero puedo asegurarle que es muy bonita.
—Déjala—intervino Shion cerrando la saca—Cojamos el dinero y vámonos. Una maligna carcajada sacudió a Mōryō.
—Aquí quien manda soy yo, esa zorra arrogante todavía se cree una gran dama.
—Y tú te crees un caballero —le contestó Shion. Hinata con la boca seca preguntó:
—¿Dónde está Ino? Por favor, hemos cumplido todas las condiciones. Mōryō se acercó a Shion ignorando a Hinata.
—Puede que no sea un caballero pero fueron mis bajos orígenes los que te conquistaron.
—Y a ti te sedujo mi sangre azul. Nunca hubieras tenido tanto dinero de no ser por mis contactos.
—Me los dicho y repetido mil veces.
Mientras se peleaban, Hinata escrutaba en la oscuridad. Pudo distinguir una puerta cerrada al fondo y el corazón le dio un vuelco, sin duda Ino estaba detrás de esa puerta.
Shion había cogido la saca.
—No quiero discutir aquí de tus malos modales.
—Lo malo de nosotros los vagabundos es que valemos más que algunos aristócratas.
—¡Cierra la boca! Ven a ayudarme a llevar el dinero, esta saca es demasiado pesada.
—Entonces déjame que te ayude como te ayudé con tu aborto.
¿Había provocado él el aborto de Shion?
Antes de que la mente de Hinata pudiera asimilar la terrible noticia él saltó como un felino. El metal describió una trayectoria brillante y la pistola cayó en el rostro de Shion. Esta gritó y soltó la saca, se golpeó la cabeza contra los barrotes de la ventana y cayó al suelo con los ojos cerrados.
En ese mismo instante se oyó el llanto de un bebé desde la habitación contigua. Ino.
Con la pistola en la mano, Naruto andaba por la oscura calle en medio de un montón de papeles y desechos a los que no prestó ninguna atención, el miedo le oprimía el corazón. Si algo les llegaba a ocurrir a Hinata o a Ino...
Apresuró el paso, su bota chocó contra un montón de basura y estuvo a punto de perder el equilibrio.
Sin pensar en ello continuó su camino hasta la parte de atrás del pequeño edificio. Creyó que iba a morir de angustia cuando dejó que Hinata se fuera sola en el faetón, confiaba en el duque de Sharingan que sabía ser muy diplomático.
Todo saldría bien, se repetía intentando convencerse a si mismo. Shion no perdería la oportunidad de coger el dinero, pero Naruto tenía la intención de estar cerca cuando el intercambio tuviera lugar. Había tomado una decisión que no le dijo a Hinata.
No iba a permitir que Shion y sus cómplices se fueran de rositas, aunque solo fuera porque les creía plenamente capaces de raptar a otro niño.
Atravesó un grasiento patio y se detuvo delante de una puerta con la pintura cuarteada, unos barrotes impedían el paso por las ventanas pero una tenue luz indicaba que había alguien dentro. Acercó un ojo a una de las fisuras de la puerta pero solo vio una pared desnuda.
Le llegaba el sonido ahogado de unas voces, reconoció la voz de contralto de Shion y la voz más clara de Hinata, luego la voz más profunda de un hombre, el tono no le era desconocido... Parecía que sus sospechas se confirmaban, recordó lo que dijo el niño de la calle "alto y vestido como un milord".
Los dedos de Naruto se crisparon sobre su arma. Adivinó perfectamente la identidad del individuo.
Rodeó la casa viendo que las rejas eran sólidas. Mientras andaba a lo largo del húmedo muro, el grito de una mujer resonó en la noche. Instintivamente giró el pomo de la puerta de atrás pero estaba cerrada, la forzó de una patada y entró en una habitación oscura blandiendo la pistola.
Con una sola ojeada evaluó la situación. La saca estaba en el suelo, a su lado estaba Shion con el rostro ensangrentado, el duque de Sharingan estaba inmóvil con las manos levantadas y en el otro extremo de la habitación Taruho Mōryō tenía a Hinata cogida por la cintura y apoyaba el cañón de una pistola en su sien.
Los aterrados ojos de Hinata se posaron en Naruto que había aparecido de repente con un arma en la mano como un justiciero.
—Cuidado —susurró ella— Ino está aquí cerca.
La presión de Mōryō en su muñeca aumentó y le retorció el brazo en la espalda.
—El buen lord Rasengan —rió— Decididamente cada vez que nos vemos tengo a una de sus esposas en mis brazos.
—Deje que se vaya —le dijo Naruto con voz helada.
—Aquí quien manda soy yo milord. Suelte su arma.
Naruto obedeció y soltó la pistola que rodó por el suelo haciendo ruido.
—Por una vez soy yo quien da la órdenes —repitió su enemigo.
—Libere a Hinata y tomame a mí si quiere.
—Pero si las negociaciones acaban de empezar, su antigua esposa a cambio de la nueva ¿Qué me dice?
—Sea razonable —intervino el duque con voz tranquila— Si la secuestra pronto tendrá a todos los policías de la ciudad detrás.
—Cierra la boca viejo, tienes la lengua demasiado larga para ser un lacayo.
—Usted quiere el dinero ¿no es así? —dijo Naruto— Pues cójalo. Quiso recoger la saca pero Mōryō amartilló el arma.
—Un paso más y le hago saltar los sesos. Naruto se quedó inmóvil.
—Ha roto usted nuestro acuerdo señor conde, sé que el lugar esta infestado de policías preparados para enviarme a Newgate. Va a pagar caro el engaño.
Metió el cañón de la pistola en el cuello de Hinata.
—Adelante milady, y no se olvide de la saca.
La joven se adelantó, sentía las piernas como si fueran de algodón, pero tenía que tranquilizarse, Naruto seguía quieto, si había una oportunidad de hacerlo, la salvaría. Ella tenía que inventar algo.
Dio un paso y luego otro sintiendo la helada presión del metal en su piel. Por el rabillo del ojo podía ver a Shion desmayada con la mejilla llena de sangre. Por fin alcanzó la saca y se inclinó para cogerla.
Se abrió la puerta y lady Kushina irrumpió en la estancia.
—¡Taruho Mōryō¿Cómo se atreve a coger a la madre de Ino como rehén? Suéltela inmediatamente.
—¡Lady Kushina no se acerque! —gritó el duque de Sharingan.
Mōryō se distrajo por un momento y Hinata lo aprovechó; cogiendo la pesada saca giró sobre si misma y el borde de la saca chocó contra la mandíbula de Mōryō haciéndole caer.
Naruto saltó como una fiera sobre el hombre que intentaba levantarse, le cogió de las muñecas para sujetarle y se oyó un disparo. Después Naruto consiguió tumbar a su adversario boca abajo manteniendo sus brazos en la espalda.
Mientras Mōryō soltaba un rosario de juramentos llegaron los tres lacayos de Naruto.
—Lady Kushina se escapó...
—Estoy sana y salva —dijo esta.
—Ocúpense de la dama de ahí —dijo Naruto señalando a Shion— Tucker páseme la cuerda. Uno de los lacayos se inclinó sobre la mujer herida.
—Respira señor.
—¿Dónde está Ino? —preguntó lady Kushina.
—En la habitación de al lado —dijo Hinata— Vengan.
Sharingan cogió la lámpara para iluminar la puerta del fondo, las dos mujeres fueron hacia allí corriendo, la puerta se abrió sobre sus oxidadas bisagras. Con la débil iluminación pudieron ver a una mujer vestida con harapos, amordazada y con las manos atadas a la espalda.
Una nodriza a juzgar por su ropa mojada de leche. Ino estaba colocada sobre su amplio pecho.
Mientras el duque desataba a la nodriza, lady Kushina se arrodilló en el suelo y cogió a Ino en sus brazos. Se levantó y se la entregó a Hinata con una pequeña sonrisa de tristeza.
—Las abuelas van en segundo lugar —murmuró.
Hinata apretó suavemente a la niña contra su corazón. Gracias a Dios estaba bien. Ino abrió los ojos bostezando y luego miró a Hinata, su boquita esbozó una sonrisa.
—Ino —susurró Hinata con lágrimas en los ojos— ¡Oh querida! Ahora estas segura con mamá.
—¿Esta bien? —se inquietó lady Kushina.
—Eso parece —dijo Hinata con una alegre carcajada— Excepto que su pequeño trasero está empapado.
—De todas formas Mami te quiere —añadió lady Kushina cogiendo a la niña.
Desde la puerta Naruto observó a su madre. En toda su vida nunca la había visto tan emocionada. Se acercó para acariciar la mejilla de Ino.
—¡Alabado sea Dios! —murmuró
—¿Cómo está Shion? —preguntó Hinata.
—Se pondrá bien en prisión donde no podrá secuestrar a ningún otro niño. El duque de Sharingan se aclaró la garganta.
—Seguramente quiera estar a solas con su familia Rasengan. Tres lacayos y un anciano cochero son suficientes para escoltar a dos prisioneros hasta el puesto de policía de Queen Square.
—¿Quién te ha dicho que eras viejo? —exclamó lady Kushina apartando los ojos de la niña.
—Mōryō, pero no me preocupa. A cambio quiero que descanses querida. Mañana es el día de nuestra boda.
Ella le sonrió con ternura.
—Por supuesto mi amor.
De regreso en la casa Hinata no quiso separarse de Ino, la niña se durmió en la cama de la joven después de que Ayame la alimentara, la bañara y le pusiera una camisa de dormir rosa. Mientras dormía succionaba su pulgar mientras los adultos la miraban.
—Bueno —murmuró lady Kushina— ahora que todo está arreglado me voy a mi dormitorio.
—Un minuto —dijo Naruto en voz baja— Me gustaría hablar contigo madre. Delante de Hinata.
—¿No puede esperar? Tenemos que estar en la iglesia mañana por la mañana a las once.
—Entonces vayamos al grano —respondió él invitando a su madre y a Hinata a sentarse delante de la chimenea. — Hoy he notado tu preocupación por Ino... Y tu pena... ¿Hay algo que quieras contarme sobre eso?
—¿Qué puede ser más normal que preocuparme por mi nieta?
—Tu nieta... —repitió él con una voz extrañamente suave— Quieres más a esa pequeña que a mí cuando tenía su edad. Por supuesto eras muy joven cuando me tuviste a mí. Dieciocho años creo.
—Exacto. Joven y despreocupada. Te pido que me perdones Naruto...
—No te disculpes, no se trata de eso. Pero recuerdo que el día que Hinata la encontró en su puerta tu apareciste en mi casa.
—Si. Acababa de volver de mi viaje a Italia...
—Donde muy oportunamente descubriste a Ayame, magnífica peluquera y además nodriza ocasional.
—La pobre mujer estaba alimentando a su hija. Pesé que era una suerte. Naruto ignoró la observación.
—Después te las arreglaste para que Hinata viniera a Londres y manipulaste mi matrimonio con ella para que Ino tuviera una familia.
Lady Kushina hizo un gesto de desacuerdo.
—¡Manipular! Eso es demasiado fuerte. Hinata dile que no intenté influir...
Hinata no dijo nada, recordaba perfectamente con que habilidad lady Kushina la había persuadido de ir a la habitación de la torre pero no entendía las razones de Naruto para seguir con ese interrogatorio.
—Naruto —dijo— ¿A dónde quieres llegar exactamente?
Él miraba a su madre con su mirada de águila. Dando vueltas a su anillo de compromiso, lady Kushina apartó la vista. Sus ojos estaban ensombrecidos por la inquietud.
—Ino es mi hermanastra —respondió Naruto— Tendría que haberlo adivinado hace mucho tiempo.
