Fracaso
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Hinata jugueteó, abatida, con el tenedor en el plato de nabos guisados que quedaban en el plato, incapaz de pasar otro bocado por el amargo nudo que tenía en la garganta. A su derecha, Azumi se afanaba engullendo las últimas hebras de la segunda pata de pollo. A su izquierda, Menma atacaba el tercer trozo de pastel de limón.
Hinata no pudo menos que admitir que, antes de la llegada de la tía Koharu, dos días antes, nunca había visto a los muchachos comer con tanto entusiasmo, ni elogiar tan francamente la comida. Hasta Naruto había ido a la mesa con un brillo ansioso en la mirada.
Claro que nunca dijo, directamente, que preferían los platos de la tía Koharu a las patéticas preparaciones que Hinata ponía sobre la mesa, pero eran tan evidentes los indicios de su flamante satisfacción que incluso ella, cegata como era sin las gafas, podía verlos.
"Esta mañana, por ejemplo", pensó, pinchando con el tenedor otra rebanada de nabo perfectamente cocida. "Si hasta se refirió poéticamente las maravillosas galletas de mantequilla de la tía." Los hermanos estaban demasiado atareados asaltando una mermelada de fresas que les trajo la tía Koharu desde Kumogakure, como para hacer comentarios. La montaña de galletas había desaparecido hoy tres veces del cesto... a diferencia de las de ella, que por general duraban como tres días.
-Hay más pastel, chicos -canturreó la tía Koharu, que estaba sentada a la derecha de Naruto.
-Yo tomaré otro pedazo -dijo Yashamaru, ansioso, presentándole el plato.
-Yo también, tía Koharu -gritó Azumi-. Nunca he probado nada tan rico.
El rostro de la tía Koharu resplandeció, mientras deslizaba gruesas, porciones en cada uno de los platos.
-¿Naruto? Queda un último pedazo, y tiene tu nombre escrito.
-No gracias, tía Koharu. -Naruto dejó el tenedor y se recostó- Pero como dice Azumi, es el mejor pastel que he probado.
-Bueno, gracias, sobrino. Y ese es el mejor cumplido que un caballero puede hacerle a una dama.
Tras lo cual, Menma se inclinó hacia la oreja de Hinata y le murmuro:
-Recuérdame que use esa frase con Sāra Rōran, la próxima vez que vaya al Golden Fox.
Hinata le dio una buena patada, que sólo sirvió para que la sonrisa maliciosa se ensanchara.
-Cuidado hermana-le susurró, lanzándole un guiño-. Que ese es el pie que uso para apoyar en la barra, los sábados por la noche.
Ver que su hermano secreteaba con Hinata como un potro olfateando a una yegua por lo general ponía a Hinata de muy mal humor, pero con la panza llena de la deliciosa comida de la tía, estaba demasiado apaciguado para hacer otra cosa que mirar ceñudo al hermano, en señal de advertencia.
Por alguna razón que no lograba adivinar, Hinata estaba diferente desde la súbita llegada de la tía Koharu. Si bien no le agradaba mucho analizar las emociones, ni las propias ni las de ninguna otra persona, no podía menos que advertir que estaba muy callada, como la llama de una lámpara sin pantalla que de repente se extingue con una ráfaga de viento inesperada.
Frotándose el vientre con la mano, recordó la regañina que le había dado la tía Koharu la primera noche que estuvo ahí.
-Caramba, la pobre chica está completamente agotada -lo censuró- Tratar de atender una casa llena de varones rudos y enfrentarse con todas sus trampas es más de lo que debería tener que hacer una esposa flamante.
"Quizá la tía Koharu tenga razón", pensó Naruto contemplando la cabeza gacha de su esposa, al otro lado de la mesa. A diferencia de otras noches en que tuvo que atarearse sobre las ollas humeantes, tenía el brillante cabello pelinegro recogido pulcramente en la nuca con una cinta lila y su blusa blanca crujía de almidón. "Que me aspen si no parece una colegiala inocente", pensó, mirando disimuladamente la protuberancia de los pechos bajo el recatado atuendo.
Al recordar todo lo que él mismo y los hermanos le habían exigido esas últimas semanas, la culpa lo aseteó. Diablos, la había llevado a un lugar que parecía un chiquero, y no tuvo reparos en pedirle que lo convirtiese en una casa. Y sin mucha ayuda, a decir verdad.
Por lo menos, por parte de él eso cambiaría. Ahora que la tía Koharu llevaba adelante el manejo de la casa, Hinata tendría más tiempo para el ocio. En uno o dos días, estaría terminada la faena de marcar al ganado, y Naruto podría tomar unos días de descanso.
Si conseguía buen precio por los animales, podía llevar a Hinata unos días a Sunagakure. Le habían comentado que había algunos hoteles elegantes, con camas blandas como para la piel delicada de su esposa.
Ante la mera idea de que ellos dos pudieran irse a pasear, solos, se caldeó la sangre. Sin duda, la llegada de la tía Koharu había obstaculizado las noches de amor. Ese invierno, Naruto construiría otro dormitorio para que él y Hinata pudieran gozar de cierta intimidad, pero por ahora no podía menos que preocuparse por el ruido que podían hacer.
Los chicos se habían trasladado todos a dos de las zonas de dormir, y dejaron la tercera para la tía Koharu. Pero, para gusto de Naruto, no estaba lo bastante alejada. ¡Esas malditas briznas de paja! Crujían cada vez que movían un dedo del pie.
Por eso Naruto estaba tan ansioso de quedarse en Sunagakure unos días, como un sediento anhela beber. ¡Por Dios, qué espectáculo sería Hinata con el cabello esparcido sobre una de esas almohadas de hotel con fundas de encaje!
-La tía Koharu me ha prometido hacerme galletas después que esté limpia la vajilla
-exclamó Azumi, entre un bocado y otro, haciendo volver a Naruto de sus vagabundeos mentales al presente-. ¿No es cierto, tía?
-Creo recordar que lo he dicho -admitió Koharu con un gesto de afirmación de su cabeza canosa.
-Yo la ayudaré -se ofreció Hinata, levantándose para apartar el plato medio lleno.
-¡No! -exclamaron a coro Azumi y Daisuke, y luego intercambiare miradas compungidas.
-Eh... lo que pasa es que pareces algo cansada esta noche -¡apresuró a agregar Daisuke-. ¿No es cierto, Naruto?
Todavía con el plato en la mano, Hinata dirigió los ojos semientornados hacia el manchón que, sabía, era su marido.
-En realidad, yo estaba pensando que esta noche estaba muy arreglada -dijo Naruto, masticando las palabras.
¿Arreglada? Hinata se miró la sencilla falda negra, más apropiada para una matrona de edad avanzada que para una joven esposa. La usaba porque la pretina ancha reducía su cintura a un haz de juncos cosa que según sabía, a los hombres les resultaba irresistible. Y sin embargo, Naruto la encontraba arreglada. Por Dios, para eso podría ponerse de pie en la iglesia y declararla un miserable fracaso como esposa y como amante.
El nudo en la garganta adquirió bordes afilados. Cuando por fin comenzaba a sentirse como en su casa, la familia a la que había llegado amar le demostraba lo poco que la valoraba.
-Supongo que tendría que ocuparme de los remiendos...
-Te doy las gracias por el ofrecimiento, pero no es necesario -la interrumpió Koharu, con su fuerte acento del Oeste-. Como tuve unos minutos libres, pude terminarlo antes de cenar.
Hinata parpadeó, evocando la imagen del sobrecargado cesto de ropa. Siempre le parecía una montaña imposible de escalar.
-¿Todo? ¿Los calcetines también?
Aunque no podía ver la cara de tía Koharu, oyó su risueña respuesta:
-Bueno, niña, no es gran cosa cuando una sabe cómo hacerlo.
"Cosa que yo no sé", pensó Hinata, alejándose de la mesa.
Al día siguiente, minutos antes del mediodía. Naruto volvió del campo con la esperanza de llevarse a Hinata a una larga cabalgata y una comida campestre. Para el postre, pensaba hacerle el amor salvaje y ruidosamente. Al entrar en la cocina, sacudió el polvo del sombrero y lo arrojó sobre la mesa. La tía Koharu estaba afuera, hirviendo la ropa blanca, y en la casa había una extraña quietud. Demasiada quietud, pensándolo bien.
-¿Hinata? ¿Dónde estás, muchacha?
Como no obtuvo respuesta, se impacientó y entró en el dormitorio principal, golpeando estrepitosamente con los tacones de las botas sobre las tablas recién enceradas.
-¿Hinata?
La puerta estaba abierta. Dentro, la cama de pino nudoso resplandecía bajo una capa nueva de barniz, las alfombras rústicas parecían nuevas y las ventanas echaban chispas.
Una vez más, la tía Koharu había obrado su magia, y Naruto se permitió uno de sus raros momentos de satisfacción conmigo mismo. Pese a inconvenientes pasajeros por la mala distribución de los lugares de dormir, sin duda escribirle a la tía Koharu fue un arranque de genio. Por fin lograba que la casa funcionara bien, y así podría prosperar. Cuando pudiese construir un dormitorio principal añadido a la casa, todo sería perfecto.
Mientras se metía más adentro del dormitorio inmaculado, pensó que parecía demasiado vacío. Hasta el tocador donde Hinata tenía sus adminículos femeninos le resultó tan desnudo que se inquietó. Lo inundó una sensación de alarma que le retorció las tripas fuertemente. Con el corazón agitado, fue hasta el armario y abrió la puerta. El lado de Hinata estaba vacío. No se veía una sola blusa coqueta, ni una manga de piel de camero, ni una falda larga. Hasta el lío de zapatos pequeños que había en el fondo había desaparecido.
-¡Mierda!
Dejando la puerta del ropero abierta, se volvió hacia la cajonera y abrió los cajones a tirones, uno por uno. Todos vacíos, excepto el último donde estaban sus propios calzoncillos largos y sus calcetines. ¡Maldita mujer! ¡Tendría que darle muchas explicaciones por esto!
Segundos después, Naruto recorría a zancadas furiosas el patio hacia donde estaba su tía.
-¿Has visto a mi esposa? -preguntó, de pie con las piernas separadas y los puños en las caderas.
La tía terminó de colgar una de las camisas de Azami en la cuerda antes de mirar hacia su sobrino.
-La última vez que la vi cabalgaba saliendo de aquí, sobre un yegua baya, con todas sus pertenencias amarradas a la grupa -declaró la comisuras de la boca apuntando hacia abajo, por el peso del mal humor-. Cabalgando a horcajadas y mostrando buena parte de las enaguas, hasta las rodillas, y exhibiendo los calzones para cualquiera que quisiera observarlos, debería añadir.
Naruto lanzó un vistazo rápido a la huella trillada que iba hacia el pueblo. Si Hinata había levantado polvo, ya hacía mucho que se había ausentado, y lo único que se movía entre el sitio en que estaba Naruto y el horizonte lejano eran los pinos que se balanceaban.
-¿Por qué? -musitó, olvidando por un instante que no estaba solo.
-Yo no sé por qué. Aunque se lo pregunté. Pero lo único que logré fue una respuesta tonta.
-¿Cuál?
-Que ella había cumplido su parte del trato, pero ahora que ya estaba aquí, ya no era necesario que siguiera haciéndolo. - Koharu miró afligida, a su sobrino- Sobrino, no cometas un error. Prefiero irme ante que causar problemas entre tú y tu mujer. Creo que, en mi ansiedad para hacerme necesaria tal vez haya empezado con un impulso exagerado. Ta vez ella haya sentido que en cierto modo yo la echaba
-Eso es absurdo -protestó Naruto. Y realmente lo creía-. Has sido bondadosa y dulce con ella desde que estás aquí, tía Koharu. Si Hinata se ha sentido echada, es porque quería sentirse así.
La tía no se tranquilizó.
A veces, las mujeres vemos las cosas de un modo muy diferente de los hombres. - Suspiró y alisó las arrugas de una camisa- De paso me pidió que te dijera que recojas la yegua en el establo, y no en su casa.
Eso no hizo más que añadir combustible a la ira de Naruto, que crecía cada vez más. Así que Hinata no quería verlo, ¿eh? ¿Ni los pocos minutos que llevaría recoger al animal? Muy bien, le daba lo mismo.
Se mesó los cabellos, sintiendo que hervía por dentro y se le retorcían las entrañas. Maldición, ninguna mujer valía la pena de tanta cólera, sobre todo si él había sido todo lo paciente que puede ser un hombre.
-Espero que vayas a buscarla- dijo tía Koharu.
"Maldito si iré a buscarla", pensó Naruto, rechinando los dientes con tanta fuerza que algo crujió en su mandíbula. "Hinata es mi esposa, ¿no es cierto? Me pertenece. Su lugar está en mi cama..."
¡Mierda! Tal vez no le hiciera el amor tan maravillosamente como él creía. Quizá la primera vez no tuvo suficiente paciencia con ella. O suficiente habilidad.
Teniendo en cuenta su limitada experiencia con las mujeres, había hecho lo mejor posible para que todo fuese bien para ella. Pero quizá no había sido suficiente. Sobre todo después de esas últimas noches, cuando sabían que la tía Koharu escuchaba todo.
Naruto fijó la vista en la distancia, sintiendo un ardor tan intenso en la garganta de llanto contenido que se sintió de la misma edad de Azumi.
¿Sería esa la razón por la que Hinata huyó de él a la primera oportunidad? ¿Por qué la había decepcionado? La vergüenza lo quemó por dentro, cada vez más hondo, hasta que se dobló sobre sí mismo. Si un hombre no podía satisfacer a su mujer en la cama, no merecía conservarla.
-No, no iré a buscarla- respondió al fin.
-Pero, sobrino, si es evidente que...
-Nada de peros, tía Koharu. No iré tras ella. Tengo mejores cosas que hacer.
Irguiendo los hombros, se dio la vuelta y se encaminó hacia el cobertizo. Maldición: él era un Namikaze. Y los Namikaze tenían su orgullo. No le suplicaban a ninguna mujer que se quedara, si lo que ella en realidad quería era irse.
¡Pero, maldición, cómo dolía!
Naruto empujó las puertas batientes y entró en el Golden Fox. La reunión mensual de ganaderos había durado más de lo habitual, y al recordar cómo había conocido a Hinata después de la anterior, hacía poco más de dos meses, estuvo tan tenso toda la velada, que le ardía la garganta de sed. Guiñando los ojos por el humo y la neblina que proyectaba la lámpara de aceite, lanzó una mirada hacia la barra, esperando casi divisar a Menma o a uno de sus otros hermanos empinando el codo. Pero esta vez sólo vio a Sāra Rōran. Y a juzgar por el rostro ceñudo de la muchacha, no pensaba darle la bienvenida.
-Tienes coraje para venir aquí, esta noche, Naruto Namikaze.- le dijo cuando se acercó.
-¿Por qué lo dices?- preguntó, antes de indicar al tabernero que le trajese una botella-. Whisky de centeno -detalló-. Del que reservas para banqueros y políticos. - Echó una mirada fugaz a Sāra -. Y dos vasos.
-Uno -corrigió la muchacha, de inmediato-. Yo soy muy quisquillosa con respecto a quién acompaño a beber.
Naruto se echó atrás el sombrero.
-¿Eso significa que no tienes interés en beber conmigo?
Sāra se puso de espaldas a la barra y apoyó los codos sobre la brillante superficie. En otra ocasión, Naruto hubiese disfrutado de la extensión de nívea carne femenina expuesta sobre el encaje chillón del barato vestido verde.
Pero esa noche, tenía una y sólo una idea en mente: echarse a coleto suficiente whisky para tapar la sensación de vacío que tenía en las entrañas. Ahora comprendía cómo debió de sentirse su padre después de perder a su madre: hueco hasta la médula de los huesos.
Ya no le importaba si vivía o moría. Hacía un mes que se había marchado Hinata, y cada segundo había sido una agonía para él.
-Como gustes -le dijo a Sāra, mientras inclinaba la botella sobre el vaso.
En un segundo, trasegó el licor. Cinco vasos más tarde, parte de los grumos de su ánimo se habían diluido, pero no todos.
-Para tratarse de alguien que no disfruta de mi compañía, está pegada a los faldones de mi camisa -le dijo en tono agrio a la paloma mancillada.
-Sólo para poder decirte lo que pienso: que eres un imbécil. Le destrozaste el corazón a Hinata, miserable.
Naruto apretó los dientes.
-Maldito sea si lo hice -replicó.
Esta vez, cuando se sirvió, su mano ya no era tan firme como había debido ser. Y cuando bebió el trago triple, de pronto el whisky le supo amargo. ¿O lo que saboreaba era su propia soledad?
-Ha adelgazado desde que volvió a casa de su padre. Hiashi está desesperado. Naruto golpeteó la botella con un dedo.
-¿Seguro que no quieres un trago? -le ofreció, tratando de no hacer caso de lo que la chica decía-. Queda mucho.
A su juicio, media botella. Demasiado para desperdiciarlo.
-La última vez que la vi, en la tienda, tenía los ojos rojos de tanto llorar.
Naruto se sirvió más rápido, volcando el equivalente de una medida sobre el mostrador de la barra. Se encogió de hombros, limpió el líquido con el antebrazo y bebió el que sí había ido a parar al vaso.
En vano. Seguía viendo el rostro de Hinata sobre la almohada, su espeso cabello negro desparramado como la gorra de un ángel, sobre la funda un poco chamuscada.
-Nadie le dijo que se fuera -murmuró, con acento de borracho
-Tal vez no con palabras -exclamó Sāra, en un susurro seseante-. Pero una mujer sensible como Hinata puede leer entre líneas.
-¿De qué demonios estás hablando? -quiso saber Naruto, sintiendo que la cabeza empezaba a darle vueltas.
-¡Pedazo de estúpido! Estoy hablando de esa tía prepotente que llevaste a tu casa.
Naruto echó la cabeza atrás y miró con los ojos entornados a la pelirroja que lo acusaba.
Le llevó bastante tiempo enfocar la cara de la muchacha y vio que le gustaba más cuando no podía ver cómo sus ojos Violeta lanzaban rayos. ¿Así se sentiría Hinata sin las gafas? ¿Como si todo el mundo estuviese al otro lado de un cristal empañado?
-¿Prepotente, la tía... K- Koharu? -El maldito whisky le había entorpecido la lengua, en lugar de la cabeza-. ¿Eso fue lo que Hi-Hinata te dijo.
-No me lo dijo con todas las letras, pero te aseguro que estaba herida. -Le clavó un dedo en el pecho- Hinata entregó todo lo que tenía a esa ingrata familia tuya, ¿y qué recibió a cambio? Ni un "gracias" o "no dejes que la puerta se cierre de un golpe donde el Señor te deje".
-¿Donde el Señor qué? Espera un minuto... Ahora le apuntó con un dedo a la nariz.
-¿Así que no sabe cocinar tan bien como una mujer que ha estado haciéndolo durante más de treinta años? Lo hizo lo mejor que pudo, ¿no es así? Y puede ser que haya chamuscado un par de calzones, pero eso no significa que tú y los muchachos no tuvieseis ropa limpia cuando la necesitabais, además de una sonrisa y una palabra alegre cuando llegabais a casa cansados y hambrientos.
-Yo nunca dije...
-Ese es el problema, precisamente, vaquero tonto. Nunca dijiste nada de lo que ella necesitaba oír, por ejemplo, que valorabas sus esfuerzos. O lo agradable que era encontrarla en la casa cuando volvías, o lo bonita que estaba, o la dulzura de abrazarla por las noches.- Hizo una pausa para recuperar el aliento-. Más bien te lavaste las manos con respecto a ella desde el instante en que no la necesitaste más. Hasta en el dormitorio, tras la puerta cerrada, pedazo de sapo inservible.
Naruto recordó todas las noches, desde que había llegado la tía, en que se había sentido incómodo para hacerle el amor a su esposa como debía y se le caldearon las mejillas.
-Lo que ocurre entre un hombre y su esposa a puertas cerradas, no es asunto tuyo- farfulló mirando fijamente el líquido ambarino en el fondo del vaso.
-¿Por lo que oí, lastimosamente poco para guardar el secreto! El crujir de la paja de maíz, pedazo de mula.
Naruto la miró, boquiabierto.
-¿Es por eso por lo que se fue? ¿Porque me preocupaba hacer ruido y no fui muy... bueno, ya sabes?
-Entre otras cosas. Como que tú nunca le dijiste que la amabas. No lo niegues. Si se lo hubieses dicho, ella jamás se habría ido, ni en un millón de años.
Eso crispó a Naruto.
-¡Lo hice! ¡Bien claro! Se lo dije varias veces.
-Según Hinata, no. Dice que le dijiste que creías estar enamorado.
Naruto no pudo responder. Pensándolo de nuevo, recordó que había eludido el tema, que le había dicho que creía que la amaba, pero nunca lo dijo con seguridad.
-Aun cuando fuese así, no tenía por qué irse -dijo, por lo bajo.
Sāra, con la nariz pegada a la de él, le replicó, ceñuda:-¿Ah, no? ¿Y qué la hubiese convencido de quedarse, mula obstinada? Te casaste con ella por sus habilidades de ama de casa. A mi entender nunca anduviste con rodeos al respecto, desde el principio, y Hinata sintió que te falló completamente.
Cuando Naruto trató de protestar, le hizo ademán de que se callara.
-. Eso lo ha dicho ella, no yo. Desde que apareció la buena de la tía Koharu, Hinata sintió que no la necesitaban más. Más aún: que había hecho un trabajo tan desastroso que tú estabas esperando a que se marchara.
-Eso no es cierto.
En la sien de Sāra palpitó una vena.
-Cree que tú hubieses preferido no casarte jamás con ella
-Eso es una estupidez.
-¿Ah sí? Yo no lo creo. Y después de que hayas pensado, tú tan bien lo comprenderás. -Le clavó sus feroces ojos violetas durante un instantes- El lunes se marcha, ¿lo sabías? Se va a vivir al Este donde tiene parientes, y donde asistirá a alguna escuela. ¿Por qué no habría de hacerlo? Ahora que tú te has deshecho de ella, no tiene esperanzas de rehacer su vida aquí, en Konoha Corners.
