Personajes: Peter Pettigrew ft. Emma Vanity.
Prompt: Conflicto.
14. Conflicto interno
Rabastan Lestrange había ido a buscarlo.
«Eres el eslabón débil de la cadena. Cuando todo reviente, serás el más perjudicado», sus palabras sonaban dentro de su cabeza. Una y otra vez, martirizándolo.
Los mortífagos de alguna forma lo habían encontrado y sabían que él era el guardián de los Potter —a pesar que le había insistido a James para que nombrara a Sirius, a Remus, a cualquiera menos él—, y la próxima vez no sería una visita de cortesía.
Peter Pettigrew no se consideraba a sí mismo valiente —de hecho, no sabía cómo había terminado en Gryffindor—, pero traicionar la confianza de los únicos amigos que tenía era demasiado para él. «No lo pienses demasiado. Tengo maneras muy creativas de arrancar los secretos», era su advertencia, y Peter no lo dudaba ni por un segundo. Ya había visto la crueldad de los mortífagos con la familia McKinnon y los Bones. Ni siquiera le habían perdonado la vida a los niños.
Él suponía que todo sería más fácil si pudiera hablar con Emma sobre su conflicto interno. Pero, a pesar de que llevaban saliendo desde hacía dos años —y follando desde antes—, su vínculo se reducía solamente a eso: desnudarse mutuamente y terminar en el colchón, en el suelo, contra la pared o donde Emma tuviera ganas de hacerlo.
Ella era guapa, por supuesto. Cabello negro azabache, ojos verdes y decenas de tatuajes pintándole la piel. Tenía la costumbre de hacerse uno nuevo cada vez que ganaba un partido de Quidditch. En Hogwarts, tenía a todos los chicos detrás de ella, pero —por alguna razón que seguía sin comprender— se había fijado en Peter. «Tú tienes algo que los demás no», le decía cuando acababan sudorosos. Por eso se habían vuelto exclusivos.
Pero Emma era tan poco perceptiva que se dio cuenta que algo pasaba cuando no quiso tener sexo. No le extrañó que apenas estuviera comiendo o sintiera pavor de cruzar el umbral de la puerta. Fue cuando se alejó de ella.
—¿Qué sucede? Es extraño que no quieras.
«No, lo extraño es que tú quieras todo el tiempo. Yo solo me adapto a ti», pensó.
—Hay algo que me tiene entre la espada y la pared, y no hay forma de que salga ileso del asunto —dijo de forma sincera.
—Encontrarás la forma de resolverlo, Pete. Tú siempre resuelves todo —respondió. Otra prueba más de lo poco que lo conocía—. Y si no, todo se solucionará solo.
Como respuesta, Peter la besó y se permitió olvidar en su piel los pensamientos que se arremolinaban en su mente. Era más fácil fingir que no eran dos completos desconocidos con orgasmos en común que resolver el otro conflicto.
Tenía que elegir entre sus amigos o en su propia supervivencia.
No era fácil.
No era nada fácil.
Pero a Sirius se le había ocurrido pelear en la guerra, James lo había seguido y Remus no había sido capaz de oponerse. Y ahora Peter estaba en medio de todo aquello.
