Este Fic es una adaptación del libro "AMA" de Keyla Leiz la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes a Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Advertencia: En este fic algunos capítulos contienen material BDSM, si no te gustan estos temas, sigue de
largo y disfruta de algunas de mis otras historias.
Capítulo 13
Yo te ordeno y tú obedeces. Las cosas son así, porque mi dominio
penetra en ti y hace que tu cuerpo me obedezca sin tú quererlo.
Ichigo miró el móvil y sonrió. Reconocía que estaba intrigado por esa
llamada, y el hecho de que los hubiera citado. Pero en esos momentos no
podía hablar con su compañero de ello. Así que simplemente se guardó el
teléfono en el bolsillo y entró de nuevo en el salón donde Kaien seguía
interrogando a Aizen.
— Señores, creo que he dicho todo lo que sabía. Y no hay ningún motivo
por el cual seguir con esto —dijo Aizen levantándose del sofá.
— ¡Un momento! —detuvo Kaien—. Queremos hablar con los hombres
que la acompañaron. —Al ver que Kaien no decía nada, siguió—. Como ha
dicho, dos hombres la acompañaron fuera de su casa, y ahí se pierde el
rastro. Pues bien, queremos interrogar a los dos que la vieron.
— Eso no es problema, mañana mismo les diré que se personen...
— No. Ahora mismo. Nos los llevamos a comisaría para tomarles
declaración —intervino Ichigo colocándose al lado de su compañero.
— ¿Y con qué orden? —cuestionó Aizen.
— No hace falta. No están detenidos, señor Aizen. Pero, como
comprenderá, esos hombres, si es cierto lo que nos ha comentado, son los
últimos que la vieron con vida.
— Como ya he dicho, el último que la vería con vida sería su asesino.
— ¿Y quién dice que no esté rodeado de ellos? —lanzó Ichigo, una
pregunta de doble sentido y muy afilada ya que podía hacer referencia, no
solo al hecho de ser asesinos, sino también a que fueran los verdaderos
asesinos de esa mujer.
El cuerpo de Aizen se tensó, aunque recuperó la compostura rápidamente.
— Llamad a los dos —ordenó a los que estaban con él. Esperó a que sus
hombres cumplieran las órdenes y entonces los miró desafiante—. Por
supuesto, mi abogado los representará y estará presente en los interrogatorios.
— Está en su derecho —comentó Ichigo—. Pero, como le ha dicho el
inspector Shiba, no están detenidos y solo queremos hablar con ellos. Una
charla amistosa —añadió con sorna.
Aizen no le respondió, pero se notaba nervioso. Ichigo y Kaien se
miraron entre sí. Algo había inquietado a ese hombre y tenía que ver con los
hombres.
Un ruido hizo que se volvieran para ver aparecer a los dos hombres que
habían presenciado la conversación y otros dos más. Uno de ellos lo conocían
porque era de los habituales de Aizen pero el otro parecía bastante joven y...
¿era nuevo en la banda?
— Tenéis que acompañar a estos inspectores a la comisaría para hablar de
esa mujer... ¿cómo han dicho que se llamaba?
— Tessa —contestó Kaien.
— Una chica que vino a tomar café conmigo y que acompañasteis porque
se sentía indispuesta. Confío en que os acordéis... —La forma en que les
hablaba bien parecía ser una conversación encubierta.
— Sí, señor —contestó el más joven.
Kaien e Ichigo escoltaron a los dos hombres y los metieron en su coche.
No sabían si resultaría, pero al menos habían logrado poner nervioso a Daniel
y eso quería decir que tenían que aprovechar la oportunidad. Si ese joven era
una adquisición en su banda, podía no ser tan leal ni estar tan bien entrenado
como los otros.
— Oye, ¿quién me llamaba? —preguntó Kaien mientras conducía hacia la
comisaría.
Ichigo negó con la cabeza.
— Después te lo digo —respondió haciendo que el otro lo mirara. Ichigo
señaló sin levantar el brazo hacia los asientos traseros y Kaien asintió.
Kaien salió de la sala de interrogatorios. Estaba cansado, frustrado.
Habían pasado varias horas con los dos hombres de Aizen pero a ninguno de
ellos le habían sacado algún dato que pudiera ayudarles.
Desde el mismo momento en que habían llegado a la comisaría, el
abogado de Aizen se había personado y exigido estar presente en sendos
interrogatorios. Así que cada vez que hacían alguna pregunta que no debían
contestar, el abogado se metía de por medio y los envalentonaba a no
responder, o a pasar al ataque y crecerse.
Iba a ser una noche dura y larga ya que no querían soltarlos, sin embargo,
al estar el abogado allí... Habían pasado a separarlos en un intento porque
uno de los dos diera algún dato contradictorio, pero tampoco así obtenían
resultados.
— ¿Qué tal? —preguntó Ichigo al ver a Kaien bebiendo de la fuente que
tenían en el pasillo.
— Mal. ¿Y tú?
— Igual. Parece que se han aprendido muy bien lo que deben decir. Y eso
que el joven es todavía un principiante. Varias veces le ha salvado el culo
el abogado.
Ichigo echó mano al bolsillo trasero y sacó el móvil de Kaien a quien selo pasó.
— La llamada de antes era Ruki... la señorita Kuchiki —rectificó—.
Quiere vernos mañana a las ocho. De la tarde —agregó para evitar
confusiones.
— ¿Te ha dicho para qué?
— Me dijo algo de que nos puede interesar, pero tampoco quise hablar
mucho con ella en esa casa. No quería que su nombre se mencionara por allí.
Kaien asintió. Había sido una buena idea, para el bien de ellos, y el de la
propia Kuchiki.
— ¿Le dijiste que vamos?
— Más bien diría que ella lo da por supuesto. No me dio tiempo a
responderle.
Kaien rió. Conocía algo a Rukia Kuchiki y sabía que era de las que decía
una cosa y esperaba que se cumplieran.
— Está bien. Quizá ha recordado algo sobre Aizen que podemos utilizar.
— Es posible.
El teléfono de Ichigo empezó a sonar y lo miró. Levantó una mano para
excusarse con Kaien y cogió la llamada.
Mientras esperaba, Kaien revisó su teléfono. Tenía algunos mensajes así
que los leyó y respondió. Al cerrar las aplicaciones, la imagen de fondo de
una mujer sonriente y embarazada le hizo sonreír. Tenía ganas de volver ese
día con su mujer y abrazarla, como si eso fuera suficiente para protegerla del
mal que había en el mundo.
Había sentido la desesperación del padre de Tessa al enterarse del
fallecimiento de su hija. Aún le retumbaban en la cabeza esas palabras: ¡Un
padre no debería sobrevivir a una hija! Era una gran verdad. Y lo peor es que
sabían quién era el causante de todo.
Vio que Casey volvía y lo esperó.— ¿Algo importante? —preguntó al ver la cara
que traía.
— No. Mi sobrina, ha pillado un resfriado y se ha puesto sentimental.
Kaien se carcajeó.
— Vaya, vaya. No serás padrazo pero parece que como tío no se te da nada
mal.
Casey sonrió. Adoraba a sus sobrinos.
— Ya, bueno, es un alivio entre tanto... delincuente —dijo señalando con
las manos y la cabeza que estaban rodeados de hombres de cuestionable
reputación.
— En eso tienes razón. ¿Listo para otro round?
— Sí —respondió Ichigo.
— Me temo que no —interrumpió una voz.
Los dos se volvieron para ver acercarse al capitán Urahara.
— ¿Jefe?
— Lo siento, chicos. Tengo que soltarlos.
— ¿¡Por qué!? —preguntó Kaien alzando la voz.
— El abogado ha presentado un escrito donde alega que los retenéis sin
ninguna prueba. Y tiene razón. Si no los soltamos, nos arriesgamos a que os
expedienten y a sufrir una sanción.
La puerta de interrogatorios se abrió y por ella salió el más joven
acompañado por el abogado. Este les sonrió sintiéndose vencedor. Pasó por
delante de ellos hasta la otra sala donde abrió para comunicarle al otro que
podían irse. Finalmente, los tres, se acercaron a los inspectores.
— Supongo que no habrá más preguntas.
— Puede que se nos ocurran un par más —comentó Ichigo haciéndole frente al
abogado.
— No se pierdan del mapa, quizá tengamos que volver a traerles —añadió Kaien.
Tanto el abogado como los otros dos esbozaron sonrisas. Se burlaban de
ellos y no podían hacer nada para evitarlo.
— Hay que detener a ese malnacido... —gruñó el capitán Urahara al ver
cómo se iban de su comisaría sin poder hacer nada.
Sus hombres estaban de acuerdo.
Ichigo detuvo el motor del coche frente a la casa de Rukia. Era la segunda
vez que iba a entrar en ese lugar y se sentía extraño. Las luces estaban
encendidas y la pequeña casa parecía acogedora. Sin embargo, el hecho de
pensar en ella y en una práctica tan peligrosa, hacía que todo su cuerpo
reaccionara y lo único que quisiera fuera abrirle los ojos.
— ¿Estás listo? —preguntó Kaien, sentado a su lado—. ¿Seguro que
podrás contenerte? —añadió al ver el rostro de Ichigo.
— Estoy bien —contestó él pasándose la mano por la cara.
— Dijiste que hablaste con ella y le pediste perdón. —Ichigo asintió—.
Entonces, no tiene por qué pasar nada. Céntrate en Aizen y ya está.
Aizen. Ese era otro problema. Ya no era solo por el hecho de que fuera
el tipo de calaña que era, sino el que estuviera relacionado con Rukia.
— Vamos, llegamos tarde. —Cambió de tema señalándole el reloj que
marcaba casi las ocho y diez minutos.
Los dos se bajaron del coche y cruzaron la carretera para acceder a las
escaleras que llevaban a la puerta de entrada de la casa. Tocaron el timbre y
esperaron. Y esperaron. Kaien e Ichigo se miraron.
— Oye, Ichigo, era a las ocho, ¿verdad? —preguntó Kaien.
— Sí, a las ocho. Ella misma nos citó aquí. Además, tiene que estar dentro.
Hay luz —contestó él intentando mirar por la ventana.
Kaien volvió a dar al timbre pero obtuvieron el mismo resultado.
— ¿Habrá salido un momento? —conjeturó Ichigo.
— No lo sé, voy a llamarla —respondió Kaien cogiendo su teléfono y
marcando el número con el que lo había llamado ella el día anterior.
En el momento en que daba el tercer tono, la puerta se abrió apareciendo
ante ellos Rukia.
— No me gusta que lleguen tarde. Si dije a las ocho, era a las ocho. —Les
recibió con cara de pocos amigos.
— Lo siento, señorita Kuchiki, nos fue imposible llegar antes.
— Y a mí me debería ser imposible recibirles ahora... —replicó ella.
Sacó todo el aire de sus pulmones y se apartó de la entrada—. Entrad —les
dijo.
Los dos se miraron y alzaron las cejas. Sin duda era una mujer a la que
había que obedecer.
Una vez dentro, intentaron evitar fijarse en lo que veían. Todavía
recordaban la situación que habían vivido días atrás en esa casa, sobre todo
Ichigo.
— Pasad al salón, creo que recordaréis dónde está.
— Sí, por supuesto —afirmó Kaien—. ¿De qué quería hablarnos, señorita
Kuchiki? —preguntó cuando se acomodaron en el sillón que tenía.
— Tendrán que esperar, aún falta alguien —comentó ella. Estaba de pie,
con los brazos cruzados y un ligero taconeo, fruto de su enojo porque no
hubieran estado allí a la hora que los había citado.
— ¿Quién falta? —saltó Ichigo intrigado. El timbre sonó y Rukia suspiró. Los
dos policías la observaron mientras caminaba hacia la puerta y notaron el cambio
que su cuerpo experimentaba, intentando mantenerse calmada.
— Buenas tardes —saludó a la otra persona saliendo fuera de la puerta, y
por ende del campo de visión de Kaien e Ichigo.
— Hola, Rukia. Siento llegar tarde.
— Ya... —Con eso esperaba que cambiara de tema o iba a decirle algunas
cosillas más—. Pasa, tus hombres ya están aquí.
Kaien e Ichigo se miraron frunciendo el ceño. Se levantaron del sofá y
casi cayeron en él de nuevo al ver cómo entraba alguien a quien no esperaban.
— ¿Capitán? —dijeron los dos al unísono.
— Hola —saludó él—. Rukia, ¿qué está pasando? —le preguntó a ella
cuando los cuatro se reunieron en el salón.
— Siéntate —pidió mientras ella se dejaba caer en uno de los sillones.
Miró a los otros dos, aún de pie y, simplemente con un gesto de su rostro, se
sentaron de nuevo—. ¿Alguno quiere tomar algo?
— No, Rukia. ¿A qué viene esto? Me dijiste que viniera a tu casa porque
necesitabas hablar de una cosa. Pero, ¿y ellos? —Los señaló—. ¿Has tenido
algún problema de nuevo? —preguntó Urahara poniéndose tenso—. Como hayáis
vuelto a... —Se ensañó con ellos.
— Capitán, no hemos hecho nada —cortó Ichigo—. Incluso le pedí disculpas por mi
comportamiento.
Rukia sonrió divertida. Ellos mismos habían sacado conclusiones sin
esperar a que abriera la boca. Habían pensado por sí mismos sin saber toda la
información.
— Fue ella quien nos citó, capitán —comentó Kaien—. Nos dijo que tenía
información que podía interesarnos.
Tres miradas se dirigieron entonces hasta Rukia.
— ¿Puedo hablar ya? —pidió permiso con un tono burlón—. Yo los cité atodos.
— ¿Para qué? —preguntó Urahara.
— Sosuke Aizen. —El nombre hizo que los hombres contuvieran el aliento—.
Supongo que tus hombres te han puesto al corriente de que mantengo
una relación con él, por así decirlo.
Urahara asintió. Abrió la boca para hablar pero Rukia levantó el mentón
acallándolo con el gesto.
— Como les dije a tus inspectores, no lo he visto nunca en persona ni
tampoco he hablado con él como para que me desvelara su trabajo, o de dónde
saca el dinero que tiene. Pero he indagado un poco y creo que necesitáis
ayuda. —Esa misma mañana había vuelto a quedar con Ikakku y Hisagi,
junto con una carpeta lo bastante grande como para ocuparle varias horas a
los tres sobre la vida y milagros, o mejor dicho muerte y desgracias de ese
hombre.
— ¿A qué te refieres? —inquirió Urahara.
— Yo tengo acceso "personal" a Aizen. No voy a decir que me vaya a
contar su vida delictiva, pero sí que puedo conseguir que sea imprescindible
para él.
Urahara la miró sin comprender nada. ¿A dónde quería llegar?
— ¿Qué caso tiene que te conviertas en alguien especial para él? —
intervino Ichigo—. Eso no soluciona nada.
— ¿Qué harías si te quitaran lo más importante para ti? —preguntó Rukia a
su vez—. Una novia, una pareja, un hijo, ¿qué harías?
La pregunta los pilló desprevenidos.
— Lo que fuera... —contestó Kaien.
— ¿Y si Aizen me tuviera y, de repente, desapareciera de su vida? ¿Y si
alguien llamara y preguntara por alguna de las mujeres desaparecidas y
quisiera hacer un intercambio? —propuso Rukia lanzando así el plan que se
le había ocurrido.
— ¿Estás diciendo que quieres infiltrarte en la banda de Aizen? —
preguntó directamente Urahara.
Rukia negó con la cabeza.
— Estoy diciendo que puedo hacer que sea imprescindible para él. Que
todo gire sobre mí. Pero que, cuando de repente desaparezca, él cometa
errores. —Esperó un momento para que el silencio hiciera mella en los otros y
pudieran asimilar lo que les proponía—. Siempre que podáis utilizarlos para
detenerle.
— ¡Estás loca! —gritó furioso Ichigo levantándose del sofá—. Te pondrías en
peligro, ¿para qué?
— Para acabar con tipos como él —contestó con suavidad Rukia—.
Reconozco que no tengo ningún motivo para participar en esto. Pero no me
gusta que estén sueltos tipos como él que hacen daño a las mujeres. Si puedo
ayudar a detenerlo...
— ¿Arriesgando tu vida? —La cortó Ichigo.
Llevaba cuenta de las veces que lo había hecho y estaba llegando a su
límite.
— ¿Quién dice que voy a arriesgarla? Aizen y yo jugamos a través del
club online. A lo más, que haya un par de encuentros. Pero ya está. Después,
desapareceré para él. ¿Qué riesgo hay ahí?
Ichigo comenzó a negar y se apartó del sofá. Estaba furioso porque ella
misma lo hubiera propuesto.
— Inspector Kurasaki —llamó Rukia—, ¿acaso no vino a mi casa hace
unos días y me propuso hacer algo parecido?
Ichigo se quedó paralizado. Tenía razón. Pero, de alguna manera, lo que
planteaba no le gustaba nada en ese momento.
— Es parecido a lo que queríamos hacer nosotros... —confesó Kaien.
— Sí, ya me contaron de "Piruleta"... —comentó Rukia.
Tanto Kaien como Urahara la miraron contrariados. Sin embargo, el ruborque subió
a las mejillas de Ichigo hizo que Rukia se echara a reír.
— ¿A quién se le ocurre meterse en un club privado sin conocer antes el
protocolo y las normas? —lanzó ella sin dar más explicaciones a los otros.
Ichigo tosió para evitar tener que hablar.
— Rukia... agradezco tu ayuda pero, eres una civil. No podemos ponerte en
riesgo. Es demasiado peligroso —anunció Urahara.
— Quiero detenerlo. No me gusta que una persona así siga libre. Y sabéis
que soy la oportunidad que buscabais —contraatacó ella.
Los cuatro se quedaron callados.
