ARCO III: El Llamado de los Cinco Pecadores


Aniversario de Promesas Rotas

Cinco Meses desde la Última Muerte (Nueve Muertes)

El velo del alba comenzó a iluminar parsimoniosamente el mundo ceñido por las sombras. Con la aparición de los primeros rayos del Sol mañanero, se empezaron a escuchar los cantos de las aves y el bullicio de los mercados comenzando a operar. De un grupo de casas humildes ubicado cerca del mercado central de Lugunica, salió un grupo de hombres; mercaderes. Los mercaderes, soñolientos, se montaron en una carroza y partieron hacia las afueras de la capital.

Así como esos hombres madrugadores, había muchos individuos que estaban comenzando su día laboral. Sin embargo, ese grupo de mercadores tenía algo en particular. Dentro de la carroza que estaban montando, iban dos cofres grandes de madera; ambos se encontraban cerrados con candado. Y en medio de los cofres podía apreciarse un logo compuesto por dos letras; E.H. Las siglas de la Empresa Hoshin.

"¡Hey, maneja con cuidado!" Gritó de pronto uno de los mercaderes, dirigiéndose al conductor.

"No es mi culpa. La bendición de Taro se desactivó cuando paré para recogerlos; de no haber sido por eso, ni siquiera habríamos sentido ese bache." Con el entrecejo fruncido, el conductor se defendió mientras miraba hacia el interior de su carroza, donde se encontraban amontonados los mercaderes.

"Eso no es excusa. Si la bendición de tu dragón de tierra se desactivó entonces aprovecha la oportunidad para demostrar por qué eres un conductor tan recomendado en Lugunica." El mercader que le había gritado entonces contraatacó, desestimando la defesa del conductor.

El conductor hizo un ruido con la lengua, pero se abstuvo de seguir discutiendo. Lo cierto es que, en parte, el mercader tenía razón. Como todos los dragones de tierra, el suyo contaba con la Protección Divina de la Evasión de Viento, cuya función esencialmente consiste en impedir que su usuario se vea afectado por los efectos del viento. Pero su efecto va más allá, mucho más allá; todo lo que esté en contacto con el dragón de tierra, como una persona o incluso una carroza, también compartirá los efectos de la bendición.

Gracias a esta Protección Divina, los dragones de tierra se convirtieron en el animal de carga más importante de todo el continente. Ya que el viento es incapaz de afectar al dragón y lo que esté cargando, esto impide sentir cualquier clase de zarandeo o turbulencia; al punto en que incluso impide que una carroza se sacuda al cruzar por baches o caminos irregulares.

Pero dicha protección divina cuenta con la desventaja de que, si el animal se detiene después de haberla activado, se desactivará y será necesario que pase un tiempo de enfriamiento. Al detenerse para permitir el abordaje de los mercaderes y su carga, la bendición había quedado anulada. Un conductor experimentado habría estado atento a esto y habría prestado el doble de atención de lo normal al camino mientras manejaba.

El conductor de la carroza suspiró con pesadumbre. El último mes transcurrido había sido especialmente laborioso para él. Y aunque agradecía haber contado con el trabajo necesario para que ni su familia ni él sufrieran de hambre, lo cierto es que ya estaba llegando a su límite y se encontraba exhausto. De no ser por ello, jamás habría cometido un error de amateur como el que acababa de cometer.

Siendo consciente de que había cometido un fallo y con el deseo de aligerar la pesada atmosfera que se había tendido sobre ellos tras lo ocurrido, el conductor miró de soslayo a los mercaderes y se dispuso a comenzar conversación. "¿Y qué llevan allí? ¿Algo muy valioso?" Los hombres, de mala gana, se voltearon a mirarlo, pero se abstuvieron de responder. Percatándose de ello, el conductor bajó su cabeza en señal de disculpa antes de continuar con una disculpa verbal. "Me disculpo si mi torpeza puso en peligro la integridad de la carga."

Entonces, uno de los mercadores agitó su mano perezosamente, como indicando que no le diera importancia al asunto. "Ya revisamos, no sucedió nada." Afirmó, señalando los cofres. "Y lo cierto es que la carga en efecto es valiosa… y frágil. Son encendedores. No sé si ha escuchado de ellos."

"¡Lo he hecho! Hasta ahora no me había percatado del sello." Indicó el conductor, fijándose en las dos letras ubicadas en la parte superior de los cofres. No obstante, esto le ganó otra queja por parte del mismo mercader que antes le había gritado.

"¿Podría enfocarse en el camino?"

"¡Lo siento!" Nervioso, el conductor tomó con firmeza las riendas de su dragón y regresó la mirada al frente. "Cabe la casualidad que este último mes he tenido bastantes encargos relacionados con esos productos nuevos de la Empresa Hoshin. ¿Quién habría imaginado que una empresa extranjera adquiriría tanta importancia en la capital…?"

"Bueno, los creadores originales de los artefactos son de Lugunica." Indicó otro de los mercaderes.

"¿Pero la mente detrás no se supone que es extranjero?" Se cuestionó otro de ellos.

"Se supone… La identidad del que ideó todos los artefactos es en verdad un misterio. He escuchado que es la reencarnación del mercador legendario de Kararagi."

"¿La reencarnación de Hoshin del Desierto? Yo había escuchado que viene de otro mundo."

"Yo también escuché que es la reencarnación de Hoshin y que por eso se unió a esa empresa. Incluso escuché que está junto a Anastasia Hoshin y que desea tomar control de Lugunica."

"Esas son solo teorías de conspiración estúpidas. Y eso de que viene de otro mundo fue una mentira inventada por el mismo creador para cubrir sus pasos; lo cierto es que nadie sabe de donde es, y está claro que él quiere que eso permanezca así." Afirmó, el mercador de fuerte carácter, completamente seguro, poniéndose en pie mientras hablaba.

"¡Cierto! Roberto, tú ya habías hecho negociosos con los creadores originales antes de que se unieran a la Empresa Hoshin, ¿verdad?"

"Sí. Otto Suwen hizo negocios conmigo en esa época. Aunque no terminó muy bien."

"¿Tu carroza?" Le preguntó el mercader a su lado.

"Sí. El idiota de Suwen dejó caer uno de los encendedores cuando los estábamos subiendo en mi carroza; en ese entonces todavía estaban en etapa de prueba y no eran muy resistentes a los golpes… Como resultado, la roca de fuego explotó y yo me quedé sin carroza. Me tomó cinco meses poder comprar una nueva. Así que me niego a volver a subir esas cosas a una de mis carrozas. Si no dejaran buen dinero, es probable que ni siquiera estaría haciendo negocios con los productos de esa gente."

"No sabía que así fue como perdiste tu anterior carroza. ¿No me habías dicho que te la robaron porque querían llevarse los encendedores?"

"Suwen me pagó para que no hablara del asunto. No quería que les diera mala imagen a sus extraños artefactos. Y pues… negocios son negocios. Aunque supongo que ya no importa que lo haga, después de todo ya gozan de bastante éxito en todo Lugunica." El mercador de fuerte carácter se encogió de hombros y entonces dejó de hablar.

"Ehmm… ¿Crees que algo como eso podría pasarle a mi carroza? He estado transportando esos productos desde que la Empresa Hoshin abrió aquí en Lugunica, y no sabía que podían tener esa clase de desperfecto."

"Nah. No creo. En ese entonces solo eran tres personas trabajando en el proyecto. Ahora tienen a una enorme empresa detrás, así que no debería haber problema. Si no fuera así, jamás habría aceptado estar en la misma carroza que esas cosas." El conductor suspiró, finalmente relajando su cuerpo, que se había tensado al escuchar lo que le había ocurrido al mercante. "¡Pero para ello es necesario que no pierdas de vista el camino! ¡Deja de hablar y conduce!"

Y así como el alba comenzaba a dar paso al Sol en todo su esplendor, los habitantes de Lugunica comenzaron a arremolinarse cerca de los puestos de venta. El flujo de personas iba en aumento, así como el flujo de palabras y de negociaciones. La Operación Reinvención había iniciado su funcionamiento hacía poco más de un mes, y su popularidad se encontraba en un empinado ascenso.

Existían personas que se resistían a utilizar los artefactos ideados por Subaru Natsuki debido a que creían que eran peligrosos, pero la mayoría de las personas ya había cedido a la tentación de adquirir uno. La demanda era alta y las existencias eran pocas, por lo que no era extraño ver desconocidos discutiendo por el último de los artefactos en una tienda o puesto.

Al principio el morbo y la curiosidad habían sido la principal inspiración de la gente, para llevarlos acercarse a las tiendas o mercaderes ambulantes y comprar uno. Pero ahora cada vez más personas lo hacían por la comodidad que les otorgaban a sus rutinas diarias. La masas anhelaban la tecnología futurista que provenía de la mente de Subaru, de eso no había duda.


Ignorantes al revuelo madrugador que estaba levantándose en la zona comercial de la capital de Lugunica, dos jóvenes chocaron espada de madera contra espada de madera. El primero, un joven de aspecto elegante y pulcro, meneó su espada con finesa y agilidad, esquivando los embates bruscos del segundo. Este joven, a diferencia del primero, estaba cubierto de suciedad y sangre, sobre todo en sus brazos, y no parecía poseer el más mínimo talento a la hora de manejar la espada.

Aun así, el segundo joven parecía contar con un cierto grado de experiencia utilizándola, puesto que sus ataques, aunque poco agraciados, sí que estaban bien dirigidos. El primer joven dio un salto hacia atrás, esquivando fácilmente la estocada dirigida a su estómago. El segundo, frustrado por haber fallado su ataque, aumentó la velocidad con la que se estaba moviendo; en vano, puesto que su espada no se acercó ni ínfimamente a entrar en contacto con el primer joven.

"Ya me cansé de esto, ¡Shamak!" El grito del joven reverberó por todo el patio en el que ambos se encontraban, ante lo que una esfera de oscuridad total apareció a sus espaldas. Entonces, la esfera negra emitió una especie de aura oscura y todo a su alrededor fue engullido por las sombras. "Bien, ¡ahora es mi oportunidad!" El joven entonces se zambulló entre las sombras, empujando con fuerza su espada.

"No lo creo." Pero antes de que la punta de su arma de madera pudiera hacer contacto con algo, Subaru sintió movimiento dentro de las sombras; algo se le estaba acercando, y rápido.

"¡Demonios!" El joven intentó virar su estocada, pero ya era demasiado tarde. Antes de que pudiera siquiera moverse, algo lo golpeó con fuerza en el cuello, haciéndolo empujado hacia el suelo. "¡Arghhh!" Exclamó el joven, expulsando todo el aire que tenía almacenado en los pulmones. "De… masiado… exa… gerado…" Reclamó el joven, entre jadeos, luchando por recuperar el aire.

"Lo siento, supongo que me dejé llevar." Entonces el primer joven surgió de entre las sombras con su mano tendida. El segundo joven, abatido, tomó la mano ante él. De un jalón, el primero levantó al segundo, para posteriormente palmear su hombro. "Pero he de admitir que has mejorado, Subaru. La primera vez que practicaste conmigo no pudiste esquivar ni una sola de mis estocadas. Hoy esquivaste casi la mitad."

"Casi la mitad… ¿Por qué lo dices como si fuera algo bueno? Si se tratara de la vida real, ya estaría muerto." Con desdén, Subaru alejó la mano del joven elegante mientras respondía negativamente a su halago.

"Pero no se trata de la vida real, sino de una práctica. Y el objetivo de la práctica es que mejores; si no tuvieras nada que mejorar, entonces no serviría de nada todo esto." Argumentó el joven, mirando fijamente a Subaru.

"Eso solo aplica si hay espacio a la mejora. Y yo soy un completo incompetente en todo sentido. Hablas de que esquive casi la mitad de tus estocadas, pero olvidaste que no pude darte ni siquiera una vez. Hace más de dos meses que entrenamos juntos, y casi no he mejorado." Melancólico, Subaru, con la mirada baja, se sentó sobre el campo de hierba sobre el que había estado practicando esgrima; el patio de la mansión de Anastasia Hoshin.

"¿De qué hablas, Subaru? ¿Es que acaso no puedes dejar de mirar todo de manera tan negativa? Ya eres capaz de utilizar Shamak sin problemas, incluso diría que lo haces a la perfección. Existen pocas personas con afinidad al elemento mágico Yin, y son menos aún aquellas capaces de utilizar efectivamente sus hechizos. Ahora, tú eres una de esas personas. Deberías estar orgulloso de ello, no decepcionado de que no lograste golpear a un caballero de la Guardia Real."

Subaru, desganado, levantó la mirada para entonces cruzarla con la del caballero. "Julius… Esa magia no fue mía." Alegó Subaru, sacudiendo la cabeza de lado a lado. "Fue de Kuro."

Julius no respondió inmediatamente. Por un lapso, observó fijamente a Subaru en completo silencio. Cuando finalmente rompió su silencio, recitó seis nombres. "Ia, Kua, Aro, Ik, In, Nes." Ante el llamado de Julius, seis esferas de luz aparecieron a su alrededor. Con un temple firme como una viga de acero, Julius se acercó ligeramente a Subaru, con el objetivo de que su mensaje le fuera transmitido lo más claramente posible. "Puede que las artes espirituales, a diferencia de la magia, no hagan uso del Odo de su usuario; y que en su lugar su espíritu utilice el maná del ambiente. Pero eso no implica que el usuario no esté aportando nada. Solo con la asistencia de la persona con la que haya formado un pacto, un espíritu menor puede desplegar todo su potencial. Así que un buen usuario de las Artes Espirituales necesita trabajar arduamente con el objetivo de formar un fuerte lazo con su espíritu pactado; y tú lo sabes. Claramente te has esforzado por formar un lazo firme con Kuro; así que, si no es por ti, al menos respeta lo que implica ese lazo por él. Por favor no mancilles el esfuerzo y el honor de nosotros los usuarios de las artes espirituales."

"¿No crees que te lo tomaste de manera demasiado personal?" Preguntó Subaru, alejando su mirada del caballero y posándola sobre uno de sus brazos inflamados. Tendré que hablar con el médico pronto, o podría volver a sufrir de gangrena; pensó él, rascando la piel enrojecida por sobre la venda que la cubría.

"No, no lo creo. Y Subaru, deberías tomarte más en serio tu labor como usuario de las artes espirituales, o ese estancamiento del que tanto te quejas se volverá una cruda realidad antes de que te des cuenta." Julius entonces sacudió su mano, ante lo que las seis esferas de luz desaparecieron.

"Para ti es fácil decir todo eso, Julius. Tú cuentas con un enorme talento, a diferencia mía. Por ello es por lo que también eres conocido como el Caballero Espiritual."

"¿Insinúas que no he tenido que esforzarme para llegar a donde me encuentro?" Preguntó Julius, frunciendo ligeramente el entrecejo.

"¡Por supuesto que no!" Exclamó Subaru, levantándose bruscamente. "¡¿Es que acaso no me estás prestando atención?! ¡Hablo del potencial, Julius! ¡No importa cuánto me esfuerce, nunca estaré a un ápice de ser similar a ti! Nací inútil, sin valor, y así moriré… Con lo que he conseguido tras estos meses de entrenamiento, apenas podría escapar por un par de minutos de un posible atacante; eso es todo. ¡Jamás podré plantarle cara a la muerte y escupirle a la cara!"

"¿Se puede saber que obtendrías con ello? Porque estoy seguro de que la respuesta es nada." Ante el silencio de Subaru, Julius se llevó sus manos a la cara para así masajear sus sienes. "Mira, Subaru. No sé cuál es tu obsesión con la muerte, y lo cierto es que muchas cosas de las que dices simplemente no soy capaz de comprenderlas. Así que no perderé mi tiempo sermoneándote por algo en lo que soy incapaz de empatizar contigo. No obstante, te diré esto: con huir basta."

"¿Cómo dices?" Le cuestionó Subaru, por fin dignándose a mirarlo de nuevo.

"Sí, lo que escuchaste. No hace falta que sigas tratando de ser el héroe, Subaru. Voy a ser franco contigo; tienes razón, no posees talento para el combate." Subaru hizo una mueca de disgusto ante tal afirmación, pero no se atrevió a contradecirlo. "Pero así está bien." Entonces, la mueca en el rostro del pelinegro se transformó en un gesto de incomprensión. "¿En serio tengo que decírtelo…? Subaru, tu habilidad luchando es mediocre, pobre; pero no así lo es tu talento para diseñar artilugios innovadores y tu capacidad de salir de situaciones en las que te encuentras completamente superado."

"Solo por mi Protección Divina…" Argumentó Subaru, apretando ligeramente sus brazos.

"¿Y acaso no es tu Protección Divina parte de ti?" Le preguntó retóricamente el caballero. "Gracias a esa bendición con la que cuentas, salvaste muchas vidas." Ante tal afirmación, Subaru arrugó la cara en señal de disgusto. "Sé que crees que no es así, pero te equivocas. Gracias a tu bendición, Anastasia-sama sigue viva. Con tu talento, has influido en la vida de miles de personas; has comenzado a cambiar el mundo, Subaru."

"¿A qué demonios te refieres?"

"¿Es qué no has prestado atención últimamente durante las reuniones de la Empresa Hoshin?"

"He estado faltado últimamente…" Respondió Subaru, apenado. Y no es que lo estuviera haciendo por puro gusto. Anastasia solía llevar a cabo las reuniones a mitad de la mañana, y desde que comenzó su entrenamiento al lado de Julius, su rutina había vuelto a verse enormemente alterada…

Ese día, más de dos meses atrás, Subaru acompañó a Julius al patio de la mansión. Ambos, dando uso a las espadas de madera que Julius y miembros del Colmillo de Hierro utilizaban para entrenar, comenzaron un breve combate de práctica; uno en el que Subaru fue totalmente vapuleado. Julius, acorde a su palabra, no se contuvo, demostrando así que aún en su estado debilitado seguía encontrándose muy por encima de Subaru.

Sin embargo, esta humillante paliza no bastó para doblegar el espíritu de Subaru; todo lo contrario. Desde entonces, los dos entrenaron una hora, todos los días durante la madrugada, solo con excepción de aquellos en los que Julius no se encontraba en la mansión o disponible. En cuyo caso, Subaru repasaría por sí mismo cada enseñanza del caballero.

Fue tras un par de semanas de iniciada esta nueva rutina, durante su regreso a Kararagi, que la misma hechicera que lo salvó de morir devorado por mabestias junto a un curandero y un guerrero con figura de tigre, le confirmó su mayor temor. No solo carecía de aptitud mágica, sino que poseía afinidad con el elemento Yin; un tipo de magia enfocada solo en efectos de debilitamiento, también conocidos como debuff.

Fue así como, en vísperas del aniversario de su llegada a ese mundo, Subaru vio aplastada su última esperanza de compensar su debilidad física. No obstante, Julius le ofreció una alternativa. El caballero le habló del otro tipo de usuario de la magia, el usuario de las artes espirituales; aquel capaz de utilizar magia por medio de pactos o contratos con espíritus. Después de una rápida prueba usando sus propios espíritus como instrumento de medida, Julius determinó que poseía una alta compatibilidad con éstos.

Entonces, Julius se comprometió a encontrar un espíritu compatible con su afinidad mágica, y transcurrida una semana, cuando estaban en medio del proceso de mudanza de parte de la Empresa Hoshin a Lugunica, el caballero cumplió su palabra; algo que habría sido sorprendente, de no ser porque la Protección Divina del caballero básicamente lo convertía en un imán de espíritus. Subaru renombró a su espíritu menor como Kuro y comenzó a tomarse más en serio su entrenamiento.

Después de haber formado su pacto con Kuro, Subaru pasó por un pequeño periodo de bonanza emocional. Había pasado un año desde que rehuyó de la promesa que le había hecho a Emilia, pero finalmente sentía que podría dar ese paso hacia la superación de sus debilidades que tanto había anhelado. Aun así, los días pasaron, y luego las semanas, y seguía siendo incapaz de conjurar un solo hechizo. Julius supuso que se trataba del lazo que compartían Kuro y él, por lo que Subaru entonces se esforzó aún más en su entrenamiento, siempre teniendo en cuenta la efímera presencia de su espíritu menor.

Después de dos meses, finalmente pudo utilizar Shamak, el hechizo más básico de Yin. Y Subaru se sintió vacío… No era lo que esperaba. Subaru sabía lo que hacía Shamak, Julius le había explicado, aun así… Todo lo que podía hacer era crear un manto de oscuridad para ocultar sus escapes. Aunque a eso es a lo que había apuntado en un inicio, eso es cierto…

Mientras pueda alargar mi vida por unos segundos… Con ello en mente, le había pedido a Julius que le permitiera acompañarlo durante su entrenamiento. Pero ahora, ahora que había invertido dos meses entrenando cada día, sentía que quería más, que merecía más. Y fue entonces que su entusiasmo y disposición decayeron por completo.

El entrenamiento y sus largas sesiones dibujando bocetos de artefactos finalmente le cobraron factura. El agotamiento finalmente pudo con él, y aun cuando no deseaba sumirse en el aterrador mundo de sus sueños, le comenzó a resultar imposible el mantenerse despierto. Después de meses sin dormir, su cuerpo le obligó a tomar largas siestas, lo que le llevó a despertar normalmente hasta pasado medio día. Asistir a las reuniones concernientes a la Operación Reinvención dejó de ser una posibilidad para él…

"Bueno, puede que no sea diferente a lo que escuchaste la última vez que asististe a una reunión, pero la Operación Reinvención es un éxito. Y no solo eso… Sé que no sales mucho de la mansión, por lo que te sorprenderá saber que tus artefactos han estado cambiando la vida a la gente. Poco a poco, el estilo de vida en Lugunica está cambiando, y esto se debe principalmente a ti."

"¿Para mejor?" Subaru, inexpresivo, miró fijamente a Julius y realizó esa pregunta. El caballero lo miró un tanto desconcertado, provocando que Subaru reformulara su pregunta. "¿Está cambiando el estilo de vida de Lugunica para mejor?" Subaru no quería ser el responsable de arruinar miles de vidas, por lo mismo había sido renuente a crear su versión de un arma de fuego. Por esto, Subaru quería escuchar la confirmación de que no se había equivocado a lo largo del camino y contribuido a la creación de una "atrocidad".

"En muchos aspectos, sí." Respondió el caballero. Subaru parecía dispuesto a pedirle que explayara al respecto, pero antes de poder hacerlo fueron interrumpidos.

"¡Julius-sama! ¡Julius-sama! ¡La señorita lo manda a llamar!" Uno de los mayordomos de la mansión apareció en el patio con un mensaje de Anastasia. El hombre miró a Julius al transmitir lo que le habían indicado, y entonces se percató de la presencia de Subaru. "¡Oh! ¡Perfecto! También estaba aquí, Subaru-sama. Usted también debe asistir."


"¿Una reunión, dices?" Cuestionó Subaru, desconcertado. No es que hubiera fallado en comprender el significado de las palabras de Anastasia, simplemente quería asegurarse de que su resquebrajada mente no le estaba haciendo escuchar cosas.

"¡Exactamente, Natsuki-kun!" Respondió la chica de pelo color lila, juntado las palmas de sus manos. "Está a punto de cumplirse un año de iniciada la Selección Real. Casi un año ha transcurrido desde la última vez que las cuatro candidatas nos encontramos juntas en una misma habitación. Así que pensé: ¿Por qué no utilizar una excusa para que así todas podas reunirnos? Y fue así como decidí convocarlas a acá, la capital, con el pretexto de tratar el tema concerniente a la quinta candidata. Después de todo, así como está por cumplirse el aniversario de la inauguración de la Selección Real, también está por hacerlo el periodo de la gran búsqueda de la quinta candidata. Desde un principio fue una anomalía que cuatro candidatas hayan sido aceptadas, pero me resulta extremadamente curioso cuanto menos que el Consejo de Sabios no nos haya mencionado nada al respecto después de todo este tiempo…"

"Hmm… Tiene toda la razón, Anastasia-sama. A la Guardia Real tampoco se nos ha comunicado nada respecto a ello; o al menos el Capitán Markus no nos ha hablado sobre ello." El caballero de la chica asintió, argumentando a favor de las preocupaciones de ella.

"Es como dices, Julius. Lo cierto es que no me puedo quejar de mis conexiones tanto aquí, en el reino, como en todo Kararagi. Y, aun así, no he obtenido nada de información relacionada con la quinta candidata; es como si desde un principio se hubiera planeado llevar a cabo el evento con solo cuatro candidatas. Algo inaudito, considerando que en la Piedra de la Historia del Dragón decía explícitamente que cinco mujeres serían las candidatas al trono de Lugunica; no más, no menos. Así que me gustaría escuchar la opinión de mis rivales al respecto. Además, con suerte, nuestra inesperada reunión pone un poco de presión sobre el Consejo de Sabios y los obliga a revelarlos lo que sea que nos estén ocultando."

"Interesante manera de abordar el conflicto, Anastasia. No se podía esperar nada menos de ti." Con una pequeña sonrisa, Subaru observó a la mercante con un ligero brillo en la mirada.

"Eres muy dulce, Natsuki-kun." Respondió ella, sacudiendo ligeramente su mano cubierta por un fino guante de tela de color violeta. "Sin embargo, estoy segura de que, en mi prisa por encontrar una manera de reunirnos antes de que llegara la fecha del aniversario, dejé algo de lado. Por eso también quería que vinieras, Natsuki-kun. Aunque constantemente insistas en que careces de valor alguno, yo sé que en verdad eres alguien bastante ingenioso y extremadamente capaz, sobre todo cuando es necesario pensar fuera de la caja. Así que me gustaría que me dieras tu opinión al respecto. ¿Crees que estoy ignorando algo de importancia?"

Los halagos de la chica, como de costumbre, fueron inefectivos en Subaru, que insistía en negarse en aceptar que poseía valor alguno. Sin embargo, las palabras de Anastasia en efecto calaron fuerte en Subaru, sin embargo, el efecto era el contrario al deseado por ella. Lo dicho por Anastasia Hoshin había tocado fibras sensibles, dejando atrás enormes heridas en el corazón y alma del joven al que apreciaba.

Por un lado, estaba el susodicho aniversario del inicio de la Selección Real. Esta fecha traería consigo el inicio de su camino hacia el anhelado final feliz que tanto lo eludía. Un camino que, a pesar del tiempo transcurrido, apenas había comenzado a recorrer. De hecho, era factible afirmar que, en más de una ocasión, en vez de avanzar, retrocedió.

A pesar de todo lo que había logrado en relación con la Operación Reinvención, le resultaba imposible no sentir que se había estancado a lo largo de ese año. Se sentía más incompleto, miserable y vacío que nunca. Necesitaba una manera de estar completamente preparado para cuando el "Cliente" volviera a atacar, pero lo único que había conseguido era mejorar ínfimamente su mediocre capacidad de escapar del peligro.

Y eso no era todo lo que lo atormentaba. También estaba lo ocurrido con la caída de la facción de Crusch Karsten. Si no hubiera sido tan egoísta, podría haber ayudado a la mujer y sus subordinados, pero al final había desconocido su existencia, al igual que todos aquellos que la habían olvidado. Saber que pudo haber hecho algo, pero había decidido no hacerlo, pesaba enormemente en la consciencia de Subaru.

Que Anastasia decidiera investigar la ausencia de la quinta candidata solo servía para hacer más pesada la carga emocional de Subaru; después de todo, Crusch ya no volvería. Quien sí lo haría sería Emilia. Después de un par de meses tras el aniversario de su llegada a ese mundo, Subaru se reencontraría con ella; o al menos así sería si Anastasia finalmente llevaba a cabo la reunión en su mansión.

Lo mismo aplicaba con Felt. Se reencontraría con las primeras dos personas a las que le dio la espalda en ese mundo, y no creía estar en condiciones para soportarlo. Mentalmente, Subaru se encontraba exhausto, y todo eso solo empeoraba su estado de ánimo. Por lo mismo, Subaru no tuvo más opción que esquivar el tema. Sacudiendo su cabeza, Subaru negó haber pensado en algo que pudiera servir a Anastasia.

"L-Lo siento, honestamente no se me ocurre nada." Él lo sabía, sabía por qué solo había cuatro candidatas para Selección Real, lo sabía porque era el único que recordaba a la candidata desaparecida, pero era demasiado cobarde para revelarlo. Anastasia, aun así, satisfecha con su respuesta, entrelazó los dedos de sus manos.

"En ese caso, estoy segura de que no pasé por alto nada. ¡Gracias, Natsuki-kun!" Con una falsa sonrisa, Subaru se despidió de Anastasia para así volver a internarse en su habitación y caer rendido sobre su lecho de pesadillas. Las fechas no hacían más que apilarse, y Subaru seguía sin encontrar las respuestas y soluciones que tanto anhelaba, dejándolo solo con un aniversario de promesas rotas.