Dormir en casa de Ava se sintió como una brisa cálida que la envolvió y la hizo sentir protegida. Durmió tranquila, sin pesadillas y sin interrupciones.
Se despertaron para almorzar, y Sara disfrutó de observar las vibras que había entre las hermanas Sharpe. Era lindo ver la relación que tenían, a pesar de que le generaba cierta melancolía al recordar a Laurel.
Sara pensaba que el resto del día iba a ser tranquilo, pero Ava le informó que Nora quería hablar con ella. Sara no sabía ni se imaginaba qué era lo que esa chica quería hablar con ella, pero aceptó hacerlo.
Cuando Nora llegó a casa de Ava lucía ansiosa y nerviosa. Sara no entendía que podría ponerla en ese estado para que quiera hablar con ella. ¿Habría hecho algo que lastimó o molestó a aquella chica? Ava les prestó su habitación para que pudieran hablar tranquilas.
Sara se sentó en la cama de Ava, mientras esperaba que Nora le dijera lo que fuera que quería decirle.
— Entonces, ¿de qué querías hablarme? — Preguntó ella, comenzando a sentirse ansiosa por la situación.
Nora había hecho un par de intentos de comenzar a hablar, pero se había trabado e interrumpido a sí misma. Finalmente terminaba sin decir nada, luciendo insegura y nerviosa. Las energías tensas de la otra chica estaban empezando a tensarla a ella, así que decidió intervenir y preguntarle directamente.
— Lo que te voy a decir es difícil. — Le advirtió Nora.
— Está bien. — Asimiló ella.
— Es sobre vos, tu hermana y tu papá. — Informó Nora.
— ¿Qué de nosotros? — Pidió saber ella. Nora abrió la boca, pero no pudo emitir ningún sonido. Otra vez estaba sin palabras. — Si es sobre lo que nos pasó, sobre la tortura, está bien. Fue noticias en los diarios y en los noticieros de todo el país, está bien si sabes sobre ello. — Intentó incentivarla para continuar la conversación.
— Es más que eso. Tengo miedo que me odies, pero necesito contártelo. — Dijo Nora, llena de nervios. — Mi papá es Damien Darhk. — Finalmente confesó.
— ¿Qué? — Preguntó ella, totalmente confundida y sorprendida.
— Damien Darhk es mi papá. — Repitió Nora su verdad. — La mayoría no lo sabe, porque desde que tengo cinco años que con mi mamá estamos en el programa de testigos protegidos, porque ella denunció varios de sus crímenes. — Explicó lo mejor que pudo.
— Eso es… — Comenzó a decir ella, pero no pudo continuar porque se sentía shockeada por la noticia.
— Me odias, seguro me odias y eso está bien. — Dijo Nora, rompiendo el largo silencio que se había formado entre ellas.
— No, no te odio, a quien odio es a tu papá. — Aseguró ella. — Debe ser terrible ser hija de un asesino. — Opinó, observando a la otra como si quisiera leerle la mente.
— Y debe ser terrible ser torturada, y ser testigo de las muertes de las personas que más queres. — Agregó Nora, intentando hacer lo mismo que la otra pero al revés.
Otra vez se sumergieron en un silencio cargado de energías chispeantes. Sara no sabía qué hacer con todo eso que acababa de enterarse. Ella todavía no había asimilado todo lo relacionado a Darhk, todavía no había sanado los traumas que esa experiencia vivida había dejado en ella. Su cabeza se empezó a ver invadida de recuerdos y eso no le gustaba.
— ¿Estás bien? — Le preguntó Nora.
— Si, pero necesito espacio y tiempo para asimilar todo esto. — Respondió ella, y se levantó de la cama.
— De acuerdo. — Aceptó Nora.
— Necesito aprender a no relacionarte con él, para que cuando estemos juntas no me agarre un ataque de pánico. — Explicó ella su dilema.
Sara se fue de la casa de Ava lo más rápido que pudo. Necesitaba respirar sin sentir que iba a ahogarse en cualquier momento, y por ahora no podía hacer eso en presencia de Nora. Le dolía porque esa chica no tenía la culpa, pero su mente era complicada de entender. Y por más que se decía a sí misma que Nora no era Damien, no alcanzaba; porque los recuerdos de ese hombre la invadían igual.
Fue al gimnasio, donde se encontró con Nico y boxearon juntas para entrenar.
A la noche, fue a su casa y entró por la ventana de su habitación. Ese era el método que estaba usando para evitar encontrarse con su madre y/o Malcolm. Notó que había un par de sus cosas desordenadas, tal vez alguno de ellos había entrado por su ventana -como ella hacía- para intentar encontrarla. No le dió mucha consideración, después de todo no guardaba nada muy importante en su habitación.
Al otro día, se levantó y preparó sus cosas para ir al colegio. Preparando todo se dio cuenta que faltaba su trabajo práctico de historia. Lo buscó por todos lados, hasta que encontró un papel escrito por su madre:
Suerte volviendo a hacer tu trabajo de historia.
Hasta que no vuelvas a poner empeño en tus peleas, así seguiremos.
Mierda, no tenía tiempo suficiente para volver a realizar el trabajo ya que lo tenía que entregar ese día. Era realmente frustrante porque ella había puesto mucha dedicación y esfuerzo en ese trabajo, y sin embargo, tendría que bancarse reprobar por culpa de su madre.
Se sintió de mal humor toda la mañana.
— Sara, ¿tu trabajo? — Le preguntó Gideon antes de que saliera del aula, aparentemente había notado que su trabajo no estaba en el pilón de trabajos.
— No lo hice. — Respondió ella.
— ¿Por qué no? — Preguntó Gideon sorprendida.
— ¿Sinceramente? No tengo excusas o si las tengo, pero no me vas a creer. — Respondió ella frustrada.
— Pruebame. — Le pidió Gideon.
— Al parecer mi mamá encontró mi trabajo y el tema que elegí no le pareció apropiado, porque me lo sacó y me dijo que vuelva a hacerlo. Y no tuve tiempo de volver a hacerlo. — Explicó ella lo mejor que pudo.
— ¿Qué tema habías elegido? — Preguntó Gideon con curiosidad.
— El cambio del mapa a medida que se fueron masacrando las comunidades aborígenes originarias. — Contestó ella.
— Te daré tiempo hasta la semana que viene para que vuelvas a hacerlo, pero tendré que bajarte puntos por la demora. — Le dijo Gideon, a modo de propuesta.
— Gracias. — Agradeció ella.
Sara salió del aula sintiéndose un poco mejor de humor. Gideon le había dado tiempo, y ella iba a aprovecharlo. Ella podía volver a hacer el trabajo en una semana, podía porque ya lo había hecho y había varias cosas que recordaba.
Estaba tan sumergida pensando en todo lo que tendría que volver a hacer para el trabajo, que no se dio cuenta y de repente chocó con alguien. Con Nora. La otra chica se disculpó, pero Sara no tuvo mucho tiempo de asimilarlo.
El pánico se apoderó de ella y salió a toda velocidad de la escena. Entró al baño e intentó calmarse, odiaba los ataques de pánico.
Cada vez le costaba más respirar y su visión empezó a llenarse de puntos negros. ¿Iba a perder el conocimiento? Esa idea la hizo asustarse y agitarse aún más de lo que ya estaba.
Y de repente, una mano agarró la suya y la hizo volver al presente.
Zari. Ella se quedó a su lado reconfortándola, hasta que su ataque de pánico terminó.
— ¿Cómo estás? — Preguntó Zari y le ofreció una botella con agua.
— No lo sé. — Admitió ella, luego de tomar un sorbo de agua.
— Los ataques de pánico no son nada lindos. — Comentó Zari, pareciendo que hablaba por experiencia.
— No, no lo son. — Concordó ella.
— No hace falta que hablemos de lo que lo ocasionó si no quieres, pero cuando tengas uno no es necesario que lo enfrentes sola. Podes avisarme y yo estaré contigo. — Expresó Zari con empatía.
— Gracias. — Agradeció ella. — Solo me perdí en mi cabeza, en un mal recuerdo, y cuando pasa eso me es difícil regresar. — Intentó explicar.
— ¿Quieres que vayamos a clase o nos tomamos un recreo? — Le dio a elegir Zari.
Sara sonrió ante la idea de su amiga. Faltar a clase era totalmente tentador, más después de haber tenido un ataque de pánico, y más si lo hacía con una amiga. Pero si las descubrían las iban a mandar a detención, y Sara no quería perjudicar a Zari.
— Vamos a clase. — Respondió ella.
Dejó que Zari la ayude a levantarse del piso, fueron al aula y se sentaron juntas. Durante la clase Sara pensó en su ataque de pánico. Ella tenía que aprender a controlarlo, no podía dejar que eso ocurriera cada vez que fuera a clase y se cruzará con Nora. Además Nora era una buena persona, y le hacía sentir un poco culpable que su presencia le ocasione pánico. Pero lo hacía, porque ahora su cabeza la relacionaba con Damien Darhk… Era todo tan complicado… Tal vez Ava tenía razón, tal vez debería intentar hacer terapia.
El resto del día continuó tranquilo, sin accidentes.
A la noche, cuando estaba haciendo la tarea antes de acostarse, recibió una notificación en su celular que indicaba que la habían agregado a un nuevo grupo de whatsapp.
Cumpleaños de Ray
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Nate:
Hora de planear el cumpleaños de Ray
Es este viernes
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Z:
Ava agrega a tus amigos al grupo
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Ava agregó a Astra, Gary, Konane, Kuasa, Lily, Mona, Nora al grupo.
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Sara:
Alguien ya tiene una idea de qué hacer?
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Mick:
Una fiesta
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John:
Si, Ray ama las fiestas
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Nate:
Puedo poner mi casa
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Nora:
Si, eso es buena idea
Creo que le gustaría más en una casa antes que en un boliche
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Charlie:
Yo me encargo de la música
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Astra:
Yo puedo hacer las invitaciones
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Mick:
Que sea requisito que cada invitado traiga una botella de alcohol
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Gary:
O gaseosa, o comida chatarra
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Amaya:
Yo haré la torta de cumpleaños
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Mona:
Kuasa y yo podemos hacer la decoración
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Ava:
Yo puedo llevar luces
Entonces todos podemos y nos gusta la idea de la fiesta?
(todos respondieron que si, uno por uno)
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Z:
Sara vos vas a poder con tu trabajo?
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Sara:
Si, me tomaré la noche libre y listo
Eliza es una buena jefa
Va a entender ;)
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John:
Claro que va a entender
Es la tía de Ray
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Amaya:
Qué podemos regalarle?
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Z:
Justo eso estaba pensando
Tengo una idea
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Zari explicó que había una especie de ipod nuevo con una tecnología rara que estaba segura que Ray quería porque se lo había dicho. Si cada uno ponía 40 dólares podrían comprarlo entre todos. Todos aceptaron la idea y formaron parte del regalo.
La semana pasó tranquila y llegó el viernes.
Sara fue a trabajar durante el turno de la merienda y la cena, y luego se encontró con Charlie y Zari para ir al cumpleaños de Ray. La única fiesta a la que había ido desde que trabajaba había sido la de Halloween, así que se sentía bien esa noche poder relajarse y disfrutar de salir con sus amigos.
Ray se sorprendió cuando se encontró con la fiesta, evidentemente no se lo había esperado. Le cantaron el feliz cumpleaños, lo hicieron soplar las velitas y después comenzó la fiesta.
La noche fue divertida, llena de risas, baile y juegos. Sara se sentía nuevamente como una adolescente, sin preocupaciones más que vivir el momento presente.
En un momento de la noche, acompañó a Ava al baño. Ava estaba borracha y ella nunca la había visto borracha. Le pidió que la acompañe, y ella no pudo negarse. La guió hacia el baño, ayudándola a evitar caídas en el camino. Una vez en el baño la ayudó a lavarse la cara.
— Estás borracha. — Comentó ella, apreciando el estado de la otra.
— Si. — Afirmó Ava y se rió.
— ¿Necesitas vomitar o algo? — Preguntó ella y le dió una toalla a la otra para que pueda secarse la cara.
— No, solamente necesito sentarme unos minutos, estoy mareada. — Respondió Ava, arrastrando un poco las palabras que decía.
Ava se sentó en el piso y descansó su espalda contra la bañadera. Sara la imitó y se sentó a su lado. Se quedaron un rato en silencio, hasta que se les ocurrió empezar a hacer formas con las sombras de sus manos. Se rieron un largo rato jugando e intentando adivinar lo que la otra hacía. Sara se tomó algunos momentos para realmente apreciar a la otra chica, le encantaba verla reír y el estado de euforia que le había generado el alcohol le quedaba adorable.
— Me gustas. — Dijo Ava de repente.
— Vos también me gustas, eres una gran amiga. — Coincidió ella.
— No, me refiero a que me gustas de gustar, me gustas de verdad. — Explicó Ava lo mejor que pudo en su estado.
Sara no estaba segura de que la otra estuviera siendo coherente, tal vez el alcohol la había afectado más de lo que había pensado. Abrió la boca para contradecirla, pero antes de que pudiera decir nada los labios de Ava se posaron sobre los de ella. Ava la estaba besando.
