Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 34
Me sentí tensa durante toda la comida. Por mucho que me gustara la idea de estar en casa, al estar con mi familia otra vez no podía dejar de mirar o pensar en el hombre sentado frente a mí. Era tan raro, pero lo extrañaba… lo anhelaba más en ese mismo momento que durante todas esas semanas y meses que pasamos separados.
Mi papá intentó aplicar las tácticas intimidantes de interrogación que debieron enseñarle hace años, sin embargo, ser el jefe de policía de un pueblo como Forks le dio muy poca oportunidad de practicar y Edward hábilmente respondió sus preguntas a base de encanto y para cuando terminaron, ciertamente ya contaba con la aprobación de mi papá. Al mirarlo y escucharlo, me encontré fascinada por sus ojos, su voz, y su sonrisa torcida; me estaba enamorando de él otra vez.
La comida se extendió más y más, era obvio que mi familia estaba ansiosa por escuchar todo sobre mis viajes, me preguntaban sobre los detalles e incluso si intentaba darles respuestas cortas, ellos me inundaban con más preguntas. Para cuando llegué a la parte donde Emily y yo estábamos en Noruega, estaba lista para explotar, y creo que Edward también.
—¿Y simplemente decidieron volver a casa? —preguntó Phil dudoso y cuando asentí, bufó.
—En ese momento no creí que hubiera algo que pudiera mejor eso, Emily también aceptó que era el lugar perfecto para terminar, así que volvimos a casa. —Me encogí de hombros.
—¿En ese momento? —cuestionó papá—. ¿Y ahora estás diciendo que algo podría superarlo?
—Algo ya lo superó —dije en voz baja, sonriéndole a Edward, que me correspondió con esa sonrisa que tanto había extrañado.
—¿Eh? Oh —murmuró papá y mi madre se rio.
—Pues creo que ya llevamos tiempo suficiente en esta mesa. Puedo preparar tu habitación si necesitas un lugar donde quedarte —se detuvo, luego añadió con un guiño disimulado—: A menos de que tengas otros planes, claro.
—Te llamaré más tarde, mamá —le dije y asintió.
—¿Asumo que te tomarás libre el resto de la tarde, Edward? —le preguntó Phil.
—Le pedí a mi asistente que vaciara mi agenda, puedo ponerme al corriente mañana.
—¿Quieres ir por un café o algo? —le pregunté a Edward y asintió una vez, claramente su mente estaba en el "o algo".
Salí por la entrada del restaurante con mi familia y los vi irse, luego me lancé a Edward, besándolo y abrazándolo con fuerza.
—Creí que nunca terminaría —suspiré y por primera vez un sentido de incomodidad descendió sobre nosotros—. Entonces… ¿un café?
—¿Puedo mostrarte algo primero? —preguntó, ofreciéndome la mano para guiarme a su carro.
—Claro —acepté feliz.
En pocos minutos, supe a dónde se dirigía y mi sonrisa creció todavía más cuando el carro giró hacia el largo camino de entrada de su casa. Se veía tan hermosa como antes, incluso más ahora que no había ninguna duda en el aire sobre nuestra relación.
—¿Te mudaste? —le pregunté y negó con la cabeza, bajándose del carro antes de acercarse a mi puerta—. ¿Por qué?
—No sin ti —dijo y lo miré rápidamente—. La primera vez que vine después de que te fuiste, te veía en cada habitación. En cada escenario que intentaba imaginar, tú estabas ahí y no era lo mismo sin ti. Odiaba lo mucho que me recordaba lo que había perdido y me di cuenta que era otra parte de mi vida que no quería si no estabas aquí para compartirlo.
—Pero cuando regresaste de Italia sabiendo que íbamos a estar bien, ¿por qué no entonces?
Sonrió y volvió a negar con la cabeza.
—Esta no es mi casa, Bella. Es nuestra casa, siempre lo ha sido. Pedí que quitaran las viejas decoraciones y sacaran los muebles, quería que fuera un lienzo blanco, un nuevo comienzo para los dos y —infló las mejillas— pues esperaba que pudiéramos empezar justo ahora. ¿Te mudarías conmigo, Bella?
—¿Ahora mismo? —repetí y asintió, no había ni un solo rastro de vacilación o duda en su rostro.
—Te amo y quiero pasar cada segundo del día contigo. —Agarró mi mano y la besó—. Me iré del hotel para siempre y podemos cruzar esa puerta y convertir nuestro lienzo blanco en algo jodidamente maravilloso.
Avancé unos pasos hacia la casa y me detuve, volteándome para ver a Edward. Estaba recargado en su carro, con la asombrosa vista de Puget Sound de fondo. El cielo estaba azul, el sol estaba brillando y sus rayos se reflejaban en el agua, haciendo que todo el paisaje pareciera casi irreal. Tuve razón en la comida, no había nada que pudiera ver que fuera más hermoso que él, más hermoso que lo que él estaba preparado para darme – todo de sí.
—Te amo, Edward Cullen, y me encantaría mudarme contigo justo ahora —susurré y se enderezó, sonriendo su sonrisa torcida personal mientras me acercaba a él—. Quiero convertir ese lienzo blanco en algo increíble y quiero despertar contigo justo aquí todas las mañanas. Quiero que me lleves el desayuno a la cama y ni siquiera me importa si me sirves Cheerios porque quemaste los huevos. Quiero sentarme en ese jacuzzi en medio del invierno hasta las primeras horas de la mañana porque está demasiado helado para salir y correr a la casa. Quiero baja la calefacción para poder acurrucarnos debajo de una manta mientras miramos documentales raros sobre gente con fetiches bizarros.
—Todo eso y más —murmuró, apoyando su cabeza en la mía—. ¿Me dejas llevarte a la fiesta de Navidad el sábado en la noche?
—Me encantaría —dije y alcé la cabeza para besarlo.
Sin padres alrededor, sin un aeropuerto lleno de viajantes, sin nadie que nos mantuviera en control, así que lo besé como había querido hacerlo desde la primera vez que lo vi esperándome. Sus manos se metieron bajo mi blusa, sus dedos trazaron gentilmente la piel sobre la cintura de mis jeans antes de que él terminara el beso, para mi desagrado.
—Entremos —dijo, riéndose de mi expresión al jalarme detrás de él—. No voy a apresurar esto.
Al seguirlo a través de la puerta y hacia la entrada, noté las diferencias de la casa sin los muebles, los cuadros en las paredes y me encontré ansiando en hacer un nuevo inicio. Imaginé en lo que podríamos convertirlo y eso me hizo sonreír.
No fuimos a la habitación, tampoco importaba ya que de todas formas no había cama ahí, en lugar de eso subimos el siguiente tramo de escaleras hacia la hermosa habitación con las vistas panorámicas. Esta habitación había sido asombrosa la primera vez, y me sentí exactamente igual la segunda vez que entré.
Ya no estaban las sillas, pero la suave alfombra seguía en su lugar en el piso.
—Creo que la compañía que limpió la casa olvidó esto —dijo Edward, pateando nerviosamente la alfombra.
—Tuvimos suerte —dije nerviosa y me reí de lo ridícula que estaba siendo.
—Sí, supongo que viéndolo así su incompetencia no fue tan mala. —Edward miró hacia la puerta y añadió—. Podemos sólo-
—Ven aquí —dije, tirando de su camisa—. Esto es perfecto.
Lo besé suavemente para asegurarme de que él supiera exactamente qué tan perfecto era y lo sentí relajarse. Los nervios, la tensión, o lo que fuera eso que estábamos sintiendo se evaporaron casi al instante y fue como si nunca hubiéramos pasado ni un momento separados.
Le desabroché la camisa, quitándosela de los hombros, luego me acerqué para dejar un beso en su pecho, sintiendo su corazón martillear contra mis labios. Sonreí y retrocedí un paso, alzando los brazos para que pudiera sacarme la blusa por la cabeza. Sonreí cuando sus ojos bajaron llenos de hambre hacia mi sostén y luego me reí cuando lo desabrochó y lo lanzó al piso antes de siquiera darme cuenta.
Mis jeans los siguieron rápidamente, y durante unos segundos él se quedo ahí viéndome en nada más que mis bragas. Comencé a sentirme intimidada, así que estiré la mano y le solté el cinturón, sonriendo cuando golpeó el piso con un ruido sordo. La imagen de nuestra primera noche juntos ahora parecía haber pasado hace toda una vida juntos, sin embargo, podía verla con tanta claridad que mi estómago se tensaba con anticipación.
Edward se puso de rodillas frente a mí, arrastrando sus labios sobre mi estómago y luego metiendo lentamente dos dedos a mis bragas. Jadeé, el gimió y no hubo duda alguna de lo mucho que esto nos afectaba a ambos porque parecía que me encontraba viendo estrellas tan sólo unos segundos después. Apoyando la cabeza en mi estómago, respirando con pesadez, Edward esperó, dejando que me calmara antes de moverse. Enredé mis dedos en su cabello y cuando recuperé un poco de compostura, jalé su cabeza hacia atrás para que me viera.
Sonrió y asintió, luego me bajó las bragas por las piernas.
—Acuéstate —susurró e hice lo que me pidió. Posándose sobre mí, me besó la frente diciendo casi a modo de disculpa—: Puede que esto no dure mucho.
—Tenemos toda la noche —le recordé y sacudió la cabeza.
—Tenemos mucho más que eso, Bella.
xxx
Se había oscurecido antes de que saliéramos de la pequeña habitación en la cima de nuestra casa. No teníamos ropa extra, ni comida, muebles ni nada más, pero ninguno tenía intención de dormir en ninguna otra parte esa noche. Pedimos comida a domicilio y dormimos, aunque un poco incomodos, en la alfombra de arriba. Decir que estábamos tensos, fríos y llenos de dolores e incomodidades la mañana siguiente era decir poco, pero no nos la pensamos dos veces.
El desayuno fue lo que sobró de la pizza ya fría y luego con reticencia me subí al carro con Edward mientras él manejaba hacia la ciudad para trabajar.
—¿Comemos juntos? —preguntó cuando se detuvo afuera del edificio que solía compartir con Amber y Carmen.
—Definitivamente. —Asentí con empatía—. Después de platicar un poco con las chicas, iré a conseguirnos algunas cosas que necesitamos si quieres que nos quedemos en la casa. Como una o dos cobijas, o incluso tal vez un colchón inflable o algo así.
—Suena bien. —Se inclinó sobre la consola y me besó—. No llegues tarde.
xxx
No llegué tarde, pero nuestro tiempo juntos fue muchísimo menos del que habíamos planeado. Apenas logramos salir de la oficina de Edward antes de encontrarnos rodeados de gente. Alice, Jessica, Seth, Jake y Emmett llegaron para saludarme y hacerme pregunta tras pregunta sobre el viaje, el vídeo de Edward y qué planes tenía ahora.
—Sus planes en este preciso momento —dijo Edward de mal humor, el antiguo Sr. Cara de Pito comenzaba a salir— es ir a comer con su novio. Pueden verla el sábado en la noche.
—¿Vendrás a la fiesta? —preguntó Alice y asentí—. Genial, puedes pasar toda la noche contándome sobre el viaje.
—Necesitamos saber cada detalle —añadió Jessica.
—Oh genial —murmuró Edward—. También tendré que compartirte entonces.
—Aw, el pobrecito está celoso —dije, palmeándole juguetonamente la mejilla, él me apartó la mano.
—Oigan, tengan cuidado al bajar —dijo Emmett con seriedad y fruncimos el ceño—. Hay una violación de seguridad de la que necesito advertirles.
—¿Cuál violación? —preguntó Edward.
—Es tu labio, Eddie, estás haciendo un puchero tan grande que alguien terminará tropezándose con esa cosa, lo juro por Dios. —La retumbante risa de Emmett hizo eco en todo el piso, seguida de un coro de risas de todos los demás e incluso Edward no pude esconder la sonrisa en su cara.
—Cabrón —murmuró y agarró mi mano—. Puede que tenga que llegar diez minutos tarde a nuestra reunión ahora que usurparon mi tiempo con Bella.
—Estarás ahí a la una en punto, odias la impuntualidad. —Guiñó.
Cuando se cerraron las puertas del elevador, dije:
—Tiene razón. Nunca has llegado tarde en tu vida.
—Al carajo, siempre hay una primera vez para todo —dijo con una sonrisita y luego comenzamos a reírnos.
Al cruzar el área de recepción, agarró mi mano con fuerza y noté lo relajado que estaba con las otras personas que pasaban a nuestro lado. Saludó cálidamente a varias personas y bromeó con uno de los hombres de seguridad.
—Me gusta este Sr. Cullen nuevo y mejorado —le dije después de que fue particularmente amable con el joven mesero que claramente estaba teniendo un mal día.
—¿Te gusta lo suficiente para volver a trabajar en D.D.H.? —preguntó al parecer en serio.
—¿Qué? —me reí y me metí el tenedor lleno de comida a la boca—. Qué gracioso.
—Es en serio, Bella, quiero que regreses. Sé de buena fuente que, debido a un reciente éxito, están un poco cargados de trabajo en el equipo de edición y se crearán dos posiciones nuevas para lidiar con el trabajo extra. Esta vez no habrá un cabeza de pito arrogante intentando joder tu solicitud. —Me miró expectante.
—Aprecio el gesto, pero no necesito que me consigas trabajo para compensar lo que pasó, Edward —le dije y meneó la cabeza—. Además, no creo que a Phil le guste mucho que trabajemos en el mismo departamento ahora que sabe sobre lo nuestro.
—Primero que nada, también sé de buena fuente que habrá un nuevo Director en la editorial para el departamento de ficción. —Me codeó juguetonamente.
—¿Conseguiste tu ascenso? —dije y asintió—. Oh Dios mío, Edward, ¡eso es increíble!
—Justo ahora están entrevistando para mi reemplazo —me dijo, intentando robarse un tomate de mi plato y haciendo una mueca cuando le aparté la mano—. Y cuando hayan encontrado a la persona correcta, dejarán que él o ella haga las entrevistas para la nueva posición en el equipo de edición. Yo no seré parte del proceso para nada, si consigues el trabajo es porque te lo mereces, Bella. Si es que decides aplicar en primer lugar, claro.
—Puede que decida hacerlo —dije en voz baja, mientras mi mente vagaba a la posibilidad de volver a trabajar por D.D.H. Edward aprovechó mi distracción para tomar un tomate de mi plato—. ¿Por qué me estás robando la comida?
—Intento terminar tu plato para poder irnos ya de aquí —dijo—. Estaba pensando en lo que dijiste esta mañana y decidí que necesitamos una cama de verdad. No existe colchón inflable en este planeta que pueda aguantar lo que tengo planeado para ti en las siguientes noches, Bella. Así que apúrate y termina para poder ir a elegir una cama antes de que termine la comida.
xxx
La semana siguiente se pasó volando. Pasaba los días pintando la casa, y Edward llegaba todas las tardes para ayudarme – claro que usualmente eso significaba hacer más desastre que luego teníamos que limpiar, pero de todas formas apreciaba la distracción.
Casi no llegamos a la fiesta de Navidad gracias a otra de sus distracciones, pero de alguna forma nos las arreglamos para llegar elegantemente tarde. Edward no se echó para atrás como pensé que podría suceder debido a que estábamos frente a todos sus compañeros de trabajo. No estaba perturbado para nada, e incluso me sacó a bailar al final de la velada.
Tanto mi madre y Phil como mi padre y su novia, Sue, nos habían invitado a comer el día de Navidad con ellos, pero los rechazamos amablemente, eligiendo mejor cenar con mi madre y Phil en Nochebuena para poder quedarnos juntos en casa durante la mañana y cocinar nosotros. Luego iríamos a Forks para pasar la tarde de Navidad con mi padre y Sue.
Me desperté la mañana de Navidad para encontrar a Edward sonriéndome.
—Nuestra primera Navidad juntos y vamos a comer sándwiches de pavo frío y cerveza —se rio—. Si lo pensamos, podríamos estar comiendo un mega festín en casa de tu madre.
—Cierto, pero no tenemos que vestirnos para comer sándwiches de pavo frio y cerveza en nuestra casa si no queremos —le recordé—. Podemos comer en cama y sé que no habríamos podido hacer eso en casa de mi madre.
—Mmm, es un buen punto —aceptó y prácticamente se paró de un salto—. Vamos, abramos nuestros regalos.
—Bien, pero primero déjame agarrar el tuyo, lo escondí debajo de la cama —intenté pasar a su lado para sacarlo, pero él me tomó de la mano y me llevó a lo que se convertiría en nuestra sala principal.
Todavía no habíamos empezado a decorar ese cuarto, así que sólo había una televisión, un par de pufs hasta que compráramos un sofá y un solitario árbol de Navidad junto a la ventana. debajo del árbol había una caja impecablemente envuelta y un sobre aparte que definitivamente no había estado ahí anoche.
Edward caminó hacia allí, su mano seguía sosteniendo fuertemente la mía.
—Primero este —dijo, entregándome el sobre y soltando su agarre en mi mano—. Luego la caja.
—Bien. —Abrí el sobre y vi una tarjeta con un enlace de YouTube escrito pulcramente en el centro—. ¿Qué es esto?
—Abre la caja. —Señaló el segundo regalo, así que lo abrí todavía confundida sobre lo que estaba sucediendo.
—Oh —dije, frunciendo el ceño al ver el iPad usado de Edward frente a mí—. Um… ¿gracias?
—Ese no es tu regalo, dame algo de crédito, Bella, por favor —se rio—. Sólo ve al buscador e ingresa el enlace.
—¿Por qué? —pregunté.
—Hazlo por mí… ¿por favor? —pidió en voz baja, así que con un poco de reticencia hice lo que me pidió.
—¿Qué hiciste esta vez? —pregunté mientras esperaba que el vídeo empezara y sólo sonrió—. El último vídeo que hiciste nos hizo llorar a mí y a una cafetería llena de chicas.
—Esto es un poco diferente y eres la primera en verlo, así que no te preocupes —dijo y luego se mordió el labio.
Miré la pantalla y vi a Edward sentado en la orilla de nuestra cama usando sólo su bóxer. Yo estaba dormida detrás de él y la fecha en la pantalla me indicó que lo había grabado anoche… o más bien esta mañana muy temprano.
—¿Qué es esto? —susurré, pero él no dijo nada, luego el Edward del vídeo empezó a hablar.
—Pensé en hacer esto en Italia, luego en el aeropuerto cuando llegaste a casa, y en otras miles de ocasiones desde entonces, pero sin importar cómo lo planeara en mi cabeza… simplemente no parecía ser lo suficientemente especial. Incluso consideré hacerlo en la fiesta de Navidad, pero ¿qué tan cliché habría sido eso? Quería algo más que eso para ti.
Miré a Edward, que no había movido ni un músculo, pero podía notar lo nervioso que estaba y eso me aterraba.
—Así que empecé a pensar en el primer vídeo que hice y hacerlo de esta forma significa que simplemente puedo decir lo que quiero decir sin tartamudear ni trabarme porque me siento aterrado que puedas decir que no. Puedo decirte lo mucho que te amo y que quiero casarme contigo sin tener que preocuparme por decirlo mal o arruinarlo. Puedo decir que cambiaste mi vida… me cambiaste hasta el punto que ya casi no me reconozco, pero me gusta el hombre que veo ahora. Puedo decirte que me has hecho comprender que necesitar que alguien te consuele cuando las cosas no salen de acuerdo al plan no es una debilidad, sino algo que al final te hace más fuerte. Puedo decir sin una pizca de dudas o reticencia que no hay nada que me gustaría más que pedirte que seas mi esposa y que me digas que sí. Lo mejor de todo es que puedo hacerlo mientras estás dormida con la esperanza vana de que puedas estar en realidad despierta y me escuches, pero si no es así, de todas formas lo tendré grabado para mostrártelo en la mañana. Isabella Swan, sé que esto podría ser mucho y muy pronto, pero nunca me he sentido más seguro de otra cosa en mi vida.
El vídeo se detuvo y vi a Edward bajar una rodilla al piso frente a mí, tenía un brillante anillo de diamantes entre su dedo índice y pulgar, y una sonrisa ansiosa en el rostro. Abrió la boca para hacer la pregunta, pero antes de que él pudiera decir una sola palabra, asentí con una ráfaga de lágrimas cayéndome por la cara.
—Ni siquiera tienes que preguntar —dije con voz rota—. Habría sido un sí si me lo hubieras pedido en Italia, el aeropuerto, o en la fiesta. Si me hubiera despertado anoche y te hubiera escuchado, habría sido un sí también entonces. Te amo y nunca me he sentido más segura de nada… ni de nadie en mi vida.
Edward…
¿Cómo demonios sobreviví sin ella? No importa, ahora nunca más tendré que estar sin ella otra vez.
