De regreso en la aldea, con Moroha caminando de la mano de su madre, un Shippo magullado, un Inuyasha satisfecho, un monje abofeteado, y una Sango ya tranquilizada, todo parecía calmo, Sango ofreció a Kagome unos kimonos para la pequeña Moroha, los que había hecho para las gemelas, pero crecieron tan rápido que para cuando acabo ya no les quedaba.

Así transcurrió el resto de la mañana, después del almuerzo que Sango tuvo la gentileza de preparar, los pequeños tomaron su siesta, mientras las mujeres revisaron y cambiaron lo vendajes de Kagome, y los hombres, Miroku, Shippo y el viejo Myoga estaban entretenidos afuera conversando, Inuyasha los observaba desde lo alto del árbol envuelto en sus propios pensamientos, ignorando parcialmente la conversación de los de abajo

—parece ser que aún no se entera sobre ya saben quien

—tienes razón Shippo, nuestro amigo es muy tonto

—el parecido es sorpréndete, además que tiene muchas de sus muecas, es una copia del perro inútil

-aunque por suerte, saco lo bonita de su madre -admiro Miroku

—es cierto se supone que Inuyasha tiene un buen olfato, como es que no reconoce el aroma de Moro...

—Y cómo quieres que reconozca su aroma si no la vi antes, solo percibo el aroma de Kagome en ella ¡idiota! además —dio un golpe en la cabeza del zorrito- a quien llamas inútil

—tu eres el idiota —se defendió

—pero Inuyasha no puedes reconocer otra cosa, es decir, así podemos averiguar quién es el padre

—ya lo dije solo percibo el aroma de Kagome en ella aunque también... —se cruzó de brazos— un olor familiar pero no...

—olvídalo Miroku dicen que "perro viejo, no aprende trucos nuevos"

—que dijiste

—metete con uno de tu tamaño

—amo Inuyasha

—que sucede Myoga

—sobre Kagome-sama

—¿Qué pasa con ella?

—anciano usted sabe algo —pregunto el monje

—Habla Myoga

—ayer cuando usted y ella atacaron a ese demonio en forma de monje —hizo una pausa— Kagome-sama no tenía flecha alguna

—es cierto —intervino Miroku

—sin embargo, una flecha fue lanzada —añadió Shippo

—así es y sabemos que el materializar objetos requiere de una gran energía y poder

—lo sé Myoga

—entonces Kagome incremento su fuerza —resolvió Miroku

—parecer ser, pero... —dudo Myoga

—pero, aun hay algo más en todo esto, ¿estoy en lo correcto?

—algo más como que Miroku

—no lo sabemos Shippo —dijo Inuyasha— solo debemos tener cuidado

—podría ser que el clan que menciono... —Shippo hilaba las ideas— es real —se sorprendió ante su propia inferencia

—shhh —callo Inuyasha— baja la voz

—es posible —dijo Myoga

—cuando fui a buscarla hoy estaba asustada, por eso —advirtió Inuyasha— debemos mantenerlo en silencio

—amo le dijo algo más

—no quise preguntar más al respecto

—amo Inuyasha no debemos bajar la guardia

—lo sé Myoga

—entonces eso significa que debo entrenar ¿verdad?

—Ka-kagome...

—no te preocupes nosotros te protegeremos —adelanto Shippo

—es cierto, se los agradezco muchachos, pero...

—que fue lo que paso en la mañana Kagome-chan —intervino Sango, quien vino con la anterior a ver que los mantenía tan ocupados

—yo... —pauso buscando las palabras correctas— alguien llamaba mi nombre

—entonces esto no tiene que ver con Kik... —la frase no fue terminada, porque el zorrito fue mandado a volar por Inuyasha

—algo más Kagome-sama —pregunto la pulga

—también... —dudo en decir más, estaba claro que sólo los angustiaria aún peor- dijo: "es hora que regreses" -un mismo presentimiento ataco a los demás presentes

—que dijiste —la preocupada voz de Inuyasha denoto lo peligroso de la información

—tal vez lo estoy confundiendo —desestimo la miko— no recuerdo muy bien, todo se va distorsionando ahora

—amo Inuyasha, debemos investigar más sobre este asunto

—alguien te puede dar información

—hare mi mejor esfuerzo, mientras tanto no bajen la guardia —dijo la pulga alistando sus cosas en su espalda como era costumbre

—estas huyendo verdad cobarde —detuvo al escapista

—por supuesto que no amo —sudaba— jamás haría algo así, solo iré a preguntar a algunos viejos conocidos

—más te vale Myoga

—tenga cuidado anciano

—no te preocupes Kagome, ese viejo tiene más vidas que un gato de siete colas —tranquilizo Inuyasha

—bueno regresemos está atardeciendo y los niños ya deben de haberse despertado —aviso Sango

—bien vayamos adentro —alentó el monje

Sango tenía razón, en cuanto regresaron los niños ya estaban jugando Moroha era la más pequeña, las gemelas jugaban con su cabello y la trataban como su muñeca, ella disfrutaba ser el centro de atención, y en cuanto vio a su madre entrar, corrió hacia ella.

—vaya ese kimono te queda perfecto —alabo a su pequeña

—mami porque él tiene orejas de perro y yo no —señalo a Inuyasha

—¿eh? pues... es que ... veras —Kagome no encontraba las palabras correctas

—si te vuelves muy fuerte podrás tenerlas —intercedió el aludido

—ehhh no mientes —los ojos de la pequeña se abrieron de par en par con un brillo de anhelo

—claro que no —bufo ante la mirada atónita de los demás

—jajaja —se burló Shippo— ya me gustaría ver eso

—Kagome yo solo... —trataba de disculparse, pero alguien tirando de su manga llamo su atención obligándolo a bajar la vista

—enséñame —Moroha estaba tirando desde su altura, la manga larga de su ropa— quiero ser fuerte

—e-está bien, pero...

—si, si —asintió Kagome— te enseñara cuando seas un poco más grande, aun estás pequeña

—oye —Moroha se dirigió a Inuyasha— lo prometes

—¿eh? —parpadeo dos veces

—que me enseñaras cuando crezca

—si claro —se sonrojo

—bien —sonrío ampliamente la pequeña corriendo hacia las gemelas nuevamente

—me pregunto cómo lo castigara cuando no le crezcan las orejas —se cuestionó Shippo

—bueno amigo será mejor que busques la forma de cómo hacerlo —palmeo Miroku— los niños nunca olvidan

—papá me trajiste los dulces que me prometiste —grito el pequeño Hisui

—ves, nunca olvidan —agrego— si, si aquí están, pero primero debes comer toda tu comida

—lo siento Inuyasha —se disculpó Kagome— por meterte en estos problemas

—tonta!, no tienes que disculparte

—pero más vale que pienses en algo, para no defraudar a Moroha —sonrió

—es-espera kagome yo... —trago saliva «de donde voy a saber cómo va a tener orejas de perro» pensó Inuyasha

La noche llego y junto con ella la hora de dormir, había sido un día largo, Kagome y Moroha dormían mientras Inuyasha se mantenía vigilante, o más bien pensativo, trataba de hilar ideas pero no era simple, que nuevo peligro se avecinaba, como podría derrotarlo si no sabía que era, y es más, ahora, Kagome había insistido en entrenar para incrementar su poder espiritual, estaba empecinada en hacerlo, y es que ahora ella tenía que proteger a alguien más, así entonces de acuerdo a indicaciones del monje amigo suyo y la anciana sacerdotisa, el primer paso era purificarse en el rio, sería difícil por supuesto, pero estaba convencida decidiendo empezar tan pronto como pudiese.

Al día siguiente, Inuyasha abrió los ojos de sobresalto, no sabía a qué hora se quedó dormido, fijo su mirada en la mitad de la habitación donde deberían estar las dos, pero estaba vacío, se paró rápidamente y se dirigió a la parte trasera, su corazón se calmó cuando diviso a la mayor peinando a la pequeña ambas sentadas en el umbral de la puerta trasera, en la misma posición donde ella solía sentarse cuando escogía sus hierbas medicinales antes, un flashback de aquellos momentos lo tranquilizaron, y aunque esta vez no era igual, había algo más importante, esa pequeña, que no sabía por que adoraba tanto, a pesar de lo que para él, aun significaba.

—buenos días —la dulce voz de la mujer que miraba lo sacó de su mundo— no quisimos despertarte, parecías cansado

—no me di cuenta a qué hora se despertaron, me asusté

—lo siento —se disculpó— Sango paso hace un rato y tal parece que por segunda vez debemos agradecerle el que podamos comer algo

—mira —grito emocionada una vocecita desde atrás— tengo orejas como tu —enseñándole el gran listón que su madre le había puesto en su pequeña coleta, simulando unas pequeñas orejas

—iguales a las mías eh —sonrió y se sonrojo— tu madre hizo un buen trabajo

—gracias, mi mamá es la mejor

—tienes toda la razón, muy bien —cargo a la pequeña en hombros— vámonos

Los tres llegaron nuevamente a la casa de Sango, la pequeña Moroha presumió sus nuevos accesorios a todos en el lugar y después de desayunar jugo con Hisui, en tanto Kagome se preparaba para comenzar su entrenamiento.

—bien estoy lista —dijo tan determinada como al principio

—Kagome ¿estás segura?

—por supuesto anciana Kaede —sonrió— al fin y al cabo, debo ser más fuerte

—es hora, vámonos —llamo el monje

—si!

El monje Miroku, Kagome y la anciana salieron en dirección del rio, explícitamente la segunda le pidió a Inuyasha cuidar de Moroha y a Sango echarle un ojo a ese par, recordando cuan nerviosa le ponía el ser vista por el hanyo anticipo este efecto y dejo a ambos en casa, de esta forma el fin de eliminar todo pensamiento, de conectarse consigo misma y encontrar el equilibrio a través de la liberación sería más alcanzable. El monje y la anciana instruyeron a la joven miko en la perfecta ejecución del ritual, Kagome se situó debajo de una de las caídas de agua al inicio del rio, llevaba tan solo las ropas blancas típicas para el ritual de purificación, poco a poco llego a un estado de completa paz, el agua caía con cierta presión, tolerable para su cuerpo, el frio dejo de ser un problema cuando su temperatura se ajustó a este, y la preocupación dejo su mente, solo estaba ella...

—ey Miroku

—Inuyasha ¿Qué haces aquí?

—se están tardando demasiado

—solo falta un poco más —intervino la anciana— Inuyasha, deberías ser más paciente

—no te preocupes no molestaremos —dijo bajando a Moroha de su espalda

—Moroha-chan también está aquí —revelo Miroku— ¿Qué podemos hacer?

—yo también quiero ir con mamá —se asombro al verla

—aun eres muy pequeña —dijo Inuyasha — por supuesto que no puedes

—vamos Inuyasha, relájate —tranquilizo el monje

— Kagome debe estar por terminar —agrego la anciana

—está bien —murmullo

—amigo mío —palmeo a Inuyasha— para serte honesto me sorprende la fortaleza de Kagome, lo hizo sin pestañear, mira su cuerpo está soportando la presión y no se mueve ni un centímetro de su posición

—que estas...—siguió en dirección del campo visual del monje y no pudo despegar la vista de lo que apreciaba «luce como Kikyo, pero...» su pensamiento lo hizo sonrojar estaba mirando como, por la fuerza del agua la ropa de la chica dejo expuesta una pequeña parte de su piel, y claro el conocía muy bien lo que ocultaba el resto y por supuesto estaba completamente mojada y esas telas no eran tan gruesas, a la par sonrío en un gesto de completo entendimiento «cuando fue que esta mujer me enamoró, hasta el punto de volverme loco por ella» pensó

—Inuyasha me escuchas —el monje trataba de llamar la atención con sus manos

—cuiden a Moroha —dijo saliendo de un salto, todo pasaba tan rápido que apenas pudieron asimilar el mensaje, cuando escucharon los gritos de la joven miko

—espera, Inuyasha —grito Kagome, desde los hombros del hanyo—espera ¿que estás haciendo?...


La parte de las orejas, es parte de un arte de la fabulosa Len Barbosa, aunque las situaciones son distintas