Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.


Por obligación, serán un dragón y una víbora

15. Segundo Año: ¿Iremos juntos, verdad?

Desayunaban tranquilamente en la mesa de los Gryffindor. Y luego se fueron a caminar, era un grupo de no más de cinco, incluyendo a Astoria, Iván y Ginny, otro joven mayor y una leona de la misma edad que Ginny, Greengrass no se había tomado la molestia de preguntarles sus nombres, pero igual ni hablaba mucho, andaba un poco perdida en sus pensamientos, pensamientos que involucraban a cierto rubio, arboles familiares y cosas que nadie podía imaginar que cruzaran por la joven y tierna mente de una niña de 12 años.

—¿Qué les parece si vamos al lago? —propuso la pelirroja, después de haber andado caminando un rato sin rumbo alguno.

—Vayan ustedes, creo que iré a sacar un libro de la biblioteca —comentó, atrayendo la mirada de sus acompañantes — No he dejado de pensar en ese libro —mintió y se justificó —Quiero sacarlo antes de que alguien más lo haga —finalizó.

—¿Voy contigo? —se ofreció Osbrone sonriendo.

—Dale, vamos —aceptó, y sonrió.

El joven castaño la tomo de la mano y ella lo dejó. Estaba ausente y era muy obvia, su mente andaba en otra parte, pero no diría en que. Mientras caminaba de la mano de Iván, comenzó a recordar al tal "Canuto". ¿Quién sería? ¿Por qué Bellatrix lo amó y lo odió? ¿Ella podría llegar a caer en esa situación?... ¿Qué personaje en la vida de Bella podría representar a Draco en su vida? ¿Y si Iván terminaba siendo como Canuto? Tenían tanto en común que le aterraba el hecho de que paso a paso los patrones se fueran repitiendo... ¿Y si ella terminaba en Askaban?

No. Tenía que dejar de ser paranoica. Ella no era Bella. Ella no podría ser una Mortifago, porque ni siquiera existía el Señor Tenebroso. Ella no tenía prejuicios con la sangre. Mírenla ahí, de la mano de un Mestizo. ¡Ah! Aunque sería mejor si no pensara en Iván como un Mestizo, si no solo como un lindo chico, muy maduro para su edad, nada que ver con...

—¡Cállate, Zabini! —la voz del rubio llegó a sus oídos, ahí iba Malfoy molesto. Su acompañante moreno intentaba calmarlo, pero el rubio era terco y solo maldecía. Pero en un instante las miradas de plata y esmeralda se cruzaron, provocando el silenció por parte del Príncipe de las serpientes y un rubor en el rostro de la "pulga" Greengrass.

—¿Qué habrá pasado? —preguntó curioso Iván refiriéndose a Draco, a la furia que traía, omitiendo o ignorando el hecho de que el rubio se había callado abruptamente.

—Está loco —contestó Astoria cuando escuchó la voz de su novio. La niña de ojos esmeraldas negó con la cabeza para apartar las ideas en su mente y después de un respiro continuaron caminando hacia la biblioteca. De verdad había algunos libros que quería, pero no eran algo realmente importante, solo lo había tomado de escusa, porque a pesar de todo el conforte que le proporcionaban los leones no se sentía cómoda en esta ocasión, se sentía raramente ajena a todo, además de andar perdida en sus pensamientos sobre Bellatrix y Draco. Los Black. ¿Qué habría pasado el año con Sirius Black? Al parecer aún estaba fugitivo ¿No? ¿Por qué ya no había tanta seguridad? ¿Qué no seguía siendo peligroso?

—¿Astoria? —Osborne le llamó al ver como la perdida chica a pesar de ir de su mano parecía que andaba borracha, caminando hacia un lado, lejos de él y luego hacia el otro, muy pegado a él, casi haciéndolo caer.

La chica siguió como si nada, demasiado perdida, demasiado ausente de sí misma. En algún momento se soltó de la mano del castaño y fue a estamparse contra una pared que la trajo, literalmente, de golpe a la realidad.

—¿Ahora si estas consciente? —sonrió de lado su novio. La Slytherin tomo su mano y se puso de pie. Quedaron muy cerca, frente a frente, lo suficiente como para que inclinándose un poco, aquello terminara en un beso. Otro dulce y sencillo beso, le gustaban esos besos, le gustaban y le parecían más sinceros que los que Draco le daba a Pansy. Su relación, ante los ojos de Astoria, era más linda que la de Los príncipes de Slytherin, porque Ivan y ella siempre siempre andaban tomados de la mano, siempre juntos y se daban besos... Eran novios, o al menos así lo veía la castaña... pero ¿En qué momento se habían vuelto novios? ¿Se podrían llamar novios a los 12 años?

—Acepto —dijo Astoria sin meditar mucho, una vez que rompieron el beso, lo quería dejar claro. Quería que fuera oficial.

—¿Aceptas, qué? —el león enarco sus cejas, pero la sonrisa contenida, le hacía saber a la serpiente que él solo quería confirmar lo que había escuchado para no caer en malos entendidos. Y claro que a ella no le molestaba dejar las cosas en claro.

—Acepto ser tu novia —contestó sonriendo de lados y frunciendo los labios, una mueca aniñada de falso enojo.

—¿No dijiste que esperáramos dos años? —se rió un poco, pero al mismo tiempo la abrazó.

—Soy contradictoria, ¿sí? —contestó entre risa y dejándose abrazar.

—Igual pensé que ya lo éramos —se defendió el castaño y beso otra vez a la niña de ojos verdes.

El león y la serpiente llegaron tomado de la mano a la biblioteca, ahora oficialmente como novios. No fue raro que las miradas de los pocos que ahí estaban se centraran en ellos. Ya se había hecho común verlos juntos, ya muchos deducían que entre ellos había algo más que simple amistad, pero igual los murmullos no se hicieron esperar, se escuchaban cosas como: "Que deshonra para los Slytherin" "Son muy jóvenes" "¿Quién lo diría?"

Sin embargo, los niños no prestaron mucha atención a los murmullos o a las miradas. Iván siguió a Astoria hasta donde estaban los libros que ella quería. Ahora con sus sugestiones, la menor Greengrass, quería saber sobre Karma, Adivinación y Reencarnación, luego buscaría a solas los árboles familiares. Regresando a los libros que tenía en sus manos no es que pensara que ella fue en si vida pasada Bellatrix o algo parecido, porque Bella estaba vivía ¿Cierto? Pero había surgido una nueva teoría en su cabeza, además de pensar que podría tener sangre Black, ahora se le había ocurrido ... ¿Y si en su vida pasada fue una Black? Dicen que muchos murieron durante el tiempo del Señor Tenebroso ¿Y si ella estuvo ahí en su vida pasada y murió? Está bien, quizás estaba llevando las cosas al extremo, pero no podía sacarse la idea de la cabeza, así que era: O alimentar su sugestión y curiosidad, o seguirse hundiendo en un vaso de agua y terminar loca. Sobre todo, no olvidaba aquel episodio en el baño, ella se había convertido por unos instantes en Bellatrix... necesitaba respuestas, ideas, teorías que la hicieran sentir cuerda, que le dieran señales de estar con los pies sobre la tierra.

—Interesantes libros, para una alumna de segundo año. Pensé que la Profesora Trelawney solo enseñaba de tercer año en adelante ¿O es que la señorita quiere avanzar? —dijo curiosa y amablemente Madam Pince, que registraba los curiosos libros que la chica tomaba de la biblioteca.

—Son solo por curiosidad —respondió de la mejor manera.

—¿Curiosidad? —volvió a inquirir la elegante mujer mientras hechizaba los libros, siempre había sido muy recelosa con ellos, y en Hogwarts no se permitía que un libro fuera robado, maltratado o mal usado, todo gracias a ella. La menor no respondió, pero igual era lectura nada peligrosa, así que firmo y se los entregó — Tiene un mes Señorita Greengrass y le agradecería mucho que regresara el de la historia de las criaturas mágicas —acotó sonriendo, pero levantando las cejas para dejar claro el mensaje.

—Si, claro, lo había olvidado, hoy en la tarde —murmuró y tomo los libros sin más. Ese libro le trajo a la mente a las Banshees, por eso lo había sacado de la biblioteca en primer lugar. Las Banshees eran por Bellatrix... ¡Oh! ¡Gracias, Bella! Al menos ahora empezaba a leer lo que no había leído en 12 años, solo para entender más el porqué de todo aquello.

—¿Te ayudo? —dijo suave y amablemente el león de Gryffindor. No entendía porque su novia tenía esos cambios radicales, de estar sonriente y elocuente, pasaba a ser sombría y reservada. Pero de aquello se encargaría con el tiempo.

—Gracias... —respondió, pero no le dio los libros, no le dirigió una mirada, no hizo nada. Simplemente continuó caminando y en uno de los pasillos lo dejó solo. El chico la quiso buscar, pero ante de si quiera pensar hacía donde se había ido, tuvo la mala fortuna de toparse con el profesor Moody, quien le pidió que le ayudara con unas cosas. Resignado, pero no menos preocupado, el joven accedió a ir con el profesor.

Astoria por su parte, seguía ausente, caminando lentamente hacía las mazmorras. Bajo lentamente por las escaleras, el olor a humedad le llenó los sentidos. Dejó caer los libros sin querer, pero es que simplemente sus brazos no aguantaron más. Su mente, que ya estaba perdida, se terminó de desconectar, haciendo que el frágil cuerpo cayera por las escaleras de la misma forma en la que dejan caer a una muñeca de trapo.

O-O-O

—¿Astoria? —Fleur estaba aún lado de ella. La chica francesa la había visto desvanecerse y caer por las escaleras que iban a las mazmorras.

—¿Que pasó? —preguntó al notar que estaban en la enfermería.

—Eso queremos saber aquí, Señorita Greengrass —habló el profesor Snape que la miraba severamente — ¿Le dio otra vez por dejar de comer? —la pregunta fue directa y sin rodeos. Sin embargo, la pequeña Slytherin si había estado comiendo bien, de hecho se sentía bien y no entendía muy bien que hacían allí.

—Cher—habló la francesa — Te desmayaste en las escaleras.

—¿Me qué? —preguntó confundida. ¿Cuándo se había desmayado? ¿En las escaleras?

—Se desmayó. Y la señorita Delacour la salvó de sufrir estragos más grandes —le informó el jefe de su casa.

Astoria por más que intentaba no lograba recordar nada de aquello. Apenas recordaba haber estado caminando con Iván después de salir de la biblioteca y luego se había puesto a pensar en Bella.

—Por cierto, le informo que no es muy adecuado para una estudiante andar portando esa clase de joyas. Creo que a todos nos queda muy claro el estatus económico de su familia —señaló con ironía Severus. La susodicha notó como ya no traía consigo su pashmina, así que la gargantilla de diamante había quedado a la vista.

—Aquí esta, Cher. —Fleur le paso su pashmina verde al notar como la chica castaña parecía algo confundida — Me tengo que ir —sonrió — Cuídate, Cher. Si necesitas algo, sabes que eres bien recibida con nosotras —acotó mientras tomaba su sombrero azul para irse a las clases que le correspondían. El no estar en la escuela no significara que no les tocara estudiar algo y aun cuando fuera domingo y una participante del torneo, no la salvaba de las tareas.

—Tenga cuidado con lo que hace, Señorita Greengrass —le advirtió seriamente el profesor de pociones.

Astoria se quedó sola en el lugar, pensando sobre lo que había pasado, pero sus pensamientos se desviaron nuevamente hacía Bella. Así se quedó dormida en la enfermería. Lo que no era tan malo, al menos no hasta que volvió a abrir los ojos y notó que ya era lunes en la madrugada. Se puso la pashmina para cubrir su cuello y se marchó a los dormitorios. Sin reparar sobre si debía de permanecer más tiempo en la enfermería, si debía avisar, si tenía que tomar alguna cosa como remedio. No reparó en nada y se fue a su habitación para en pocas horas aparecer en su primera clase del día: Pociones.

—Es un gusto tenerla con nosotros y a tiempo —comentó secamente el profesor — Pero le suplicaré que regrese a la enfermería. —aquellas palabras atrajeron las miradas hacía ella, sobre todo la de Iván que no estaba enterado de que su novia había estado en la enfermería. Pero nadie dijo nada, por lo que la castaña se fue maldiciendo por lo bajo. Era la primera vez que llegaba a tiempo y la echaban.

O-O-O

Después de unos chequeos en la enfermería y una pócima para asegurarse de estar bien se fue a los pasillos para atrapar a Iván antes de irse a la segunda clase del día. Y mientras esperaba escuchó murmullos y conversaciones de chicas que pasaban hablando de un baile de Navidad. Aquello sonaba maravilloso.

—¿Escuchaste lo de baile? —preguntó emocionada Astoria cuando observó a Iván salir del salón.

—Si, Snape nos dijo... —su respuesta no era muy animada.

—¿Qué sucede, Iván? —preguntó consternada la castaña.

—Lo siento Astoria, voy a pasar navidad con mi familia —sentenció tristemente Iván.

En otras palabras, le acaba de decir que no podía estar con ella en el baile, que ella tendría que ir sola o bien, irse a casa también. Si lo mejor fuese eso, ir también a casa y pasar navidad con sus padres...