Disclaimer: los personajes usados para este fic son propiedad de J.K. Rowling.

Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.

La categoría que me tocó para esta historia fue los SAGRADOS VEINTIOCHO, mis condiciones:

· Debe aparecer una rana de chocolate

· Alguien debe hacer un hechizo

Y mi personaje: Gideon Prewet


En esta historia se incluyen:

· FAMILIA: Gaunt

· PROMPT: Tragedia

· CONDICIÓN: Alguien debe hacer un hechizo


VIDA

— ¡Avada Kedavra!

Ese fue el hechizo que Merope escuchó nada más despertarse. Suponía que su padre o Morfin estaban "jugando" con algunos niños muggles como de costumbre.

Todavía no sabía cómo eran capaces de librarse de los aurores, pero suponía que no tardarían mucho en encontrar las pruebas necesarias para poder incriminarlos por las desapariciones o por los cadáveres o simplemente, por el uso de algunas maldiciones prohibidas.

Siendo sincera, no sería ninguna tragedia para ella que se fuesen a Azkaban durante una temporada, así, la casa Gaunt, o lo que queda de ella al menos, quedaría solamente en sus manos. Sonrió ante ese pensamiento y, siendo una Slytherin como era, empezó a pensar en un plan para que eso pasara antes de lo previsto.


— ¡Avada Kedavra!

Lo mismo que la semana anterior, la exclamación de la maldición asesina hizo las veces de despertador para Merope, pero esta vez en vez de molestarle o irritarle solamente sonrió con alegría.

En previsión de que esto fuese a pasar, Merope había convencido a Morfin una noche en la que estaba borracho de quitar las protecciones que rodeaban la casa y con ellas, el poder realizar magia negra en el perímetro.

Por ello, esta vez, se quedó acostada escuchando todo lo que pasaba fuera.

— ¡Aurores! ¡Detenganse! Han realizado magia prohibida y oscura, están detenidos.

Esas palabras fueron música para los oídos de Merope, ¡por fin se había librado de su familia!

Se libraba de las palizas, de los insultos, de los menosprecios hacia ella.

Era hora de que viviese como se suponía que debía vivir, después de todo, aunque todavía tuviera 15 años, el tener una vida digna era lo que merecía.