Capítulo 13
—Sakura, ¿qué pasa? —le preguntó Temari—. ¿Te encuentras bien? Estás pálida. He estado buscándote. ¿Dónde...?
—Temari, por favor, estoy bien, no me hagas más preguntas. Creo que es mejor que me vaya a casa.
La mirada de Temari se endureció cuando vio a Sasuke Uchiha aparecer por el mismo sitio que Sakura lo había hecho momentos antes, y acercarse a esa desvergonzada de Ino con una sonrisa en los labios. Sus sospechas se reforzaron cuando vio que Sakura, después de haber observado la descarada actitud de Sasuke, trataba de contener las lágrimas que sus hermosos ojos pugnaban por derramar.
—¿Qué te ha dicho ese bastardo?
—¡Temari!
—No me digas "Temari" como si fueras mi madre, porque si te ha hecho algo, voy a buscar las pistolas de duelo de mi padre y le voy a hacer un par de agujeros más de los que actualmente tiene en su cuerpo.
Sin poder resistirlo, Sakura tuvo que sonreír ante la idea de su amiga, en mitad de aquel baile, con una pistola en la mano defendiendo su honor y señalándole a lord Uchiha dónde iban a estar sus nuevos orificios corporales. La idea tenía su mérito.
—No me ha hecho nada.
Temari levantó una ceja.
—De verdad, Temari, ya está. Sólo necesito descansar un poco.
—De acuerdo, pero entonces espera un momento, porque me voy contigo.
—¿Que vas a hacer qué? No puedes, es la presentación de tu hermana Hotaru en sociedad, y yo no soy una niña de dos años. Puedo llegar a casa perfectamente.
Temari frunció el ceño en un gesto de determinación.
—Me da lo mismo, mi hermana Hotaru está bien arropada. Tiene a mis padres y a mi primo Naruto que la vigila como un águila. La fiesta está a la mitad y, aunque lo niegues, me necesitas; así que me voy contigo y me quedo a dormir en tu casa. No creas que me has engañado; aunque tenga que insistirte toda la noche, voy a saber qué te ha pasado con ese...
Sakura le puso una mano en la boca para que no dijera lo que, a ciencia cierta, iba a ser una palabra poco digna de una señorita, aunque sí de un tabernero.
—Temari, escúchame —le dijo mientras le tomaba las manos calurosamente—. Estoy bien de verdad, sólo necesito descansar un poco; eso es todo. Mañana, si quieres, puedes venir a primera hora, y juro que te lo contaré todo.
Reticente, Temari asintió, y cuando Sakura pensó que la había convencido, tomó a lord Nara que pasaba por allí.
—Lord Nara, ya que usted también se va, ¿le importaría llevar a Sakura a casa? No se encuentra demasiado bien.
Sakura nunca había comprendido el significado de ʺtierra trágameʺ hasta ese momento.
Lord Nara miraba a Temari con una ceja levantada, mientras ella ponía una mano en la cadera y daba toquecitos con el pie al suelo, como si quisiera mostrase impaciente. Shikamaru no tenía opción de contradecirla. Repuesto de su sorpresa, sonrió pícaro. Después, miró a Sakura con preocupación y se ofreció a acompañarla.
—Lord Nara, de verdad, no hace falta...
—Insisto —dijo el hombre con un tono que no dejaba resquicio alguno para una discusión.
—De acuerdo, es usted muy amable.
Temari los acompañó hasta la puerta, le dio un beso a Sakura en la mejilla y después un gran abrazo, no sin antes recordarle que, al día siguiente, estaría a primera hora de la mañana en su casa. Después, se despidió de lord Nara que la miraba con una renovada calidez en los ojos.
Pero ¿qué pasaba con esos dos?, se preguntó Sakura. Decididamente era demasiado complicado para pensarlo esa noche.
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Sasuke se sentó en la silla junto a la ventana del cuarto de la que, hasta esa noche, sería su amante.
—Querido, ¿quieres una copa de brandy? —le preguntó Ino mientras se acercaba y se colocaba delante de Sasuke para que le desabrochara el vestido. Un instante después, cuando sintió que se desprendía su último botón, giró la cabeza para mirarlo y le prodigó una de sus más sensuales sonrisas, que prometía una noche de placer.
Sasuke no sabía por qué, pero nada de lo que su amante le ofrecía le era suficientemente tentador. Sus encuentros, cada vez más mecánicos, le dejaban un vacío difícil de describir. La naturalidad que había fluido en las primeras noches se había desvanecido, al igual que la atracción.
Ino se había vuelto más exigente, más posesiva y, aunque desde un principio supo qué clase de mujer escondía esa fachada angelical, creyó que ella sería lo suficientemente inteligente como para entender las condiciones de su relación. Sin embargo, al parecer, sus expectativas habían sido demasiado optimistas, porque después de todo, ella quería algo más de él, una relación más seria, un compromiso, una vida en común. Algo que él no estaba dispuesto a dar.
El movimiento que hizo Ino al ponerse el camisón lo devolvió al presente.
—Sasuke, amor mío, estás muy callado. Bueno, no importa —le dijo mientras le tendía una mano—. Ven conmigo a la cama.
Sasuke sabía que había llegado el momento de poner las cosas en su sitio y dejarlo todo claro.
—Lo siento, pero debo rehusar tu invitación.
Ino hizo un mohín con los labios que, si bien en otro tiempo le hubiese parecido tentador y sensual, en ese momento le resultaba infantil y simplón.
—¿Tienes algo mejor que hacer que compartir conmigo esta noche? —le preguntó.
Sasuke se levantó del sillón y se le acercó con lentitud.
—No, no tengo nada mejor que hacer, pero deberé encontrar algo de ahora en adelante.
—¿Qué quieres decir?
—Que debemos poner punto final a nuestro acuerdo.
La cara de asombro de Ino no tenía parangón. Sus ojos abiertos de par en par parecían querer salírsele de sus órbitas.
—Pero ¿de qué estás hablando? No pretenderás decirme que deseas acabar nuestra relación, ¿verdad?
—Es exactamente lo que he dicho. Te he comprado esto como despedida. —Sasuke sacó de su chaqueta una pulsera de brillantes.
Los ojos de Ino brillaron de codicia al ver la estupenda joya que le tendía.
—Y ¿crees que con esto me conformo?
—No, sé que ambicionabas más, pero lo que tú deseas no podré dártelo nunca.
—Pero ¿por qué? —le preguntó ya más calmada—. ¿Es por esa mujer del baile?
La mandíbula de Sasuke se endureció como el granito al escuchar esa pregunta.
—No sé de quién hablas.
—Sí que lo sabes. De esa mujer con la que estabas en la terraza.
—¿Me espiabas, Ino?
—No... Yo...
—Creo que sería muy estúpido de tu parte pensar que tengo que darte explicaciones. Sabías, desde un principio, cómo iba a ser nuestro acuerdo. En eso fui totalmente claro. No tengo culpa de las ilusiones que después te hayas creado; además, sé que has ido regalando los oídos con conclusiones erróneas sobre nuestro futuro. Créeme cuando te digo que soy más que civilizado al terminar así, milady. Las habladurías me disgustan sobremanera —dijo Sasuke con un tono sombrío que la hizo estremecer.
Ino sabía que había jugado con fuego al utilizar su última carta; él había sido su mejor amante, además de un generoso protector. Por eso se había arriesgado, aun a sabiendas de que él sólo quería de ella una relación sin compromiso. ¡Qué tonta había sido! Se había autoconvencido de que, con sus encantos, lo haría cambiar de opinión. Consideraba que, si todo el mundo daba por hecha su consolidación como pareja, Sasuke cedería. Sin embargo, se había engañado a sí misma, porque, en su interior, sabía que nada podría influir sobre ese hombre.
Ni siquiera cuando se acostaban juntos había podido ejercer algún tipo de poder sobre él. Siempre la llevaba al clímax sin que él pareciera perder, en ningún momento, el control sobre su cuerpo. Era algo que la había perturbado sobremanera. Una experta como ella, vencida por las dotes amatorias de un hombre.
Con ese pensamiento, vio cómo Sasuke recogía su abrigo de la silla y se dirigía después, con paso firme, hacia la puerta de su habitación. Sólo una frase salió de sus labios, un triste consuelo para lo que ella había pensado que sería su futuro.
—Buenas noches, Ino —le dijo mientras se alejaba de su lado y de su vida.
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A las nueve de la mañana, Temari se presentó en su casa, tal y como había prometido a Sakura la noche anterior.
—Hola, Shizune, ¿está levantada Sakura?
—Sí, milady; la está esperando en la sala del desayuno.
—¿Cuántas veces tendré que decirte que me llames Temari? Por favor, Shizune, prácticamente me has visto en pañales; sé que a Sakura la tuteas, y me encantaría que también lo hicieras conmigo.
Shizune sonrió y esto hizo que pareciera mucho más joven.
—De acuerdo, pequeña.
—Gracias —le dijo Temari y le dio un beso en la mejilla que hizo que el ama de llaves se sonrojara como una debutante.
Sin esperar más, se encaminó a la salita y entró como un remolino en la habitación.
—Buenos días, Saku —dijo Temari mientras se sentaba a su lado, se servía una taza de té y colocaba, en su plato, una tostada; y todo antes de que Sakura pudiera parpadear dos veces.
A Sakura siempre le había asombrado cómo su amiga parecía impregnarlo todo y a todos con esa energía que desprendía.
—Buenos días, Temari.
—¡Dios mío, esta mañana estoy hambrienta! Anoche apenas comí con todos los preparativos de la presentación de Hotaru; pero ahora, que tengo mi taza de té, estoy preparada para que me cuentes qué pasó con lord Uchiha —le dijo mientras le daba un mordisco a la tostada con mermelada de ciruelas y se volvía para mirarla de frente—. Muy bien, Sakura, soy toda oídos.
Sakura sonrió ante el entusiasmo de su amiga.
—Me he levantado sin apenas haber dormido para venir a ver cómo estabas, y para que me cuentes qué te dijo ese pusilánime que te afectó de esa manera y... Ni te atrevas a intentar salirte por la tangente, porque no me voy a mover ni un centímetro de aquí.
—De acuerdo —le dijo Sakura con una sonrisa.
A continuación, le contó todo lo que había pasado la noche anterior. Fue interrumpida repetidas veces por las exclamaciones de enojo que Temari iba soltando, cada vez más fuertes. Cuando al fin terminó, la cara de su amiga era digna de verse.
—Ese mequetrefe, impertinente, presuntuoso, insolente, y...
—¡Temari!
—¿Qué?
—Si sigues así, a lord Uchiha le van a estar zumbando los oídos mientras viva —le dijo sonriente ante el magnífico despliegue de improperios de su amiga.
—¡Pues que le zumben! Eso es demasiado poco en comparación a lo que yo le haría.
—De todas formas, no estás siendo justa; él no tiene ni idea de por qué le dije esas cosas antes de irme a París.
—Y de eso ¿quién tiene la culpa? Te dije que se lo contaras.
—No puedo y, la verdad, si lo hiciera, tampoco sé si cambiarían las cosas. Traicioné su confianza, y no creo que me lo perdone nunca.
—Pues no lo sabrás hasta que lo compruebes. Yo prometí no decir nada, pero tú debes prometerme a mí que, por lo menos, pensarás en lo que te he dicho.
Sakura sabía que Temari estaba preocupada por ella; se lo decía de corazón, pero no podía seguir ese consejo.
—Puedo decirte que lo pensaré, pero la respuesta seguirá siendo la misma.
—Pero ¿por qué? Eres la persona más cabeza dura que conozco —continuó Temari, que deseaba comprender la decisión de su amiga.
—Porque no te conté todo lo que me ocurrió allí; hay heridas que deseo que nadie vea jamás. Sé que Sasuke no me perdonará, pero, aun en el caso de que lo hiciera, no podría ser la mujer que él desea. Ya no. Y peor que su odio sería su lástima. Creo que eso sí que no podría soportarlo.
Temari quería saber cuáles eran, exactamente, esas heridas que tanto habían marcado a Sakura. Había visto el dolor en sus ojos al nombrarlas y no deseaba que esos recuerdos volvieran a empañar la alegría de su amiga. A pesar de que pensaba que se equivocaba, respetaría su decisión y la ayudaría en todo lo que pudiera. En un intento por cambiar de tema, preguntó:
—¿Qué tal lord Nara anoche?
Saku levantó la mirada, ya totalmente recuperada, y frunció el ceño.
—Tendrías que estar avergonzada.
—¿Y eso por qué? —le preguntó, toda inocencia.
—No disimules conmigo. Lo obligaste a acompañarme.
—Tonterías.
—¿Sí? Entonces también fue una tontería lo que hablamos de ti después, cuando me acompañó a casa.
Temari se puso seria de golpe.
—¿Qué te dijo? ¿Era malo o bueno? No me importa, pero ¿cómo se atreve a decirte algo sobre mí? Un caballero no habla de una dama a sus espaldas.
Sakura se estaba divirtiendo de lo lindo. Había intuido, desde la primera vez que los había visto juntos, que tras esas peleas verbales ardía algo más que el desdén, aunque su amiga y el propio lord Nara no lo reconocieran.
—Sólo me dijo que eras una caja de sorpresas y que tenías un carácter muy apasionado.
—¡Me llamó ʺmandonaʺ! —exclamó Temari con los ojos a punto de salírsele de las órbitas.
Sakura soltó una carcajada.
—De verdad, Temari, te encanta tergiversarlo todo. ¿Por qué te afecta tanto lo que diga lord Nara?
—¿Afectarme? Para nada, ¡mira! Estoy de lo más tranquila —le dijo, mientras el párpado izquierdo comenzaba a temblarle.
—Sí, bueno, de todas formas es un hombre encantador.
—¡Bah! —exclamó Temari—. Quiero decir que sí —se corrigió al instante, mientras untaba, por tercera vez, la misma tostada con mermelada.
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Sasuke miró a su hombre de confianza con el ceño fruncido.
—¿Cómo es que falta parte de la mercancía?
—Pues el último cargamento procedente de Oriente no estaba completo; en la misma ruta, milord, ya había notado pequeñas faltas, insignificantes al principio, pero que, paulatinamente, se fueron tornando más osadas. De todas formas, son mínimas, lo suficiente para pasar inadvertidas sin un control férreo.
—¿Quién hace esa ruta?
—El capitán Yamato, señor.
—De acuerdo, no digas nada por ahora. Yo me encargaré. Conozco a Yamato y sé que es un hombre honrado, pero quizás haya alguien en su tripulación que quiera ganar dinero demasiado rápido.
—Sí, señor. ¿Va a necesitarme para algún otro asunto?
—Sí, quiero que investigues a un tal Shikamaru Nara.
—¿Algo en particular?
—Lo quiero saber todo.
—Comprendo. Me ocuparé de eso ahora mismo. Buenas tardes, milord —dijo Aburame mientras se levantaba del sillón con aire taciturno y se dirigía a la puerta.
Sasuke se maldijo interiormente. Desde que había visto a Sakura marcharse con Nara del baile de los condes de Norfolk, no podía dejar de pensar en ello. En realidad, le daba igual lo que hiciera esa mujer, y, si Nara era lo bastante incauto como para caer en sus redes, allá él. Entonces ¿por qué le había encomendado a Aburame la tarea de investigar a aquel hombre?
—¡Booton!
—Sí, señor —dijo el mayordomo y asomó su canosa cabeza por la puerta.
—¿Se ha ido ya el señor Aburame?
—No, señor. Está en la puerta.
—Dígale que venga.
—Sí, señor.
Sasuke oyó los pasos de su hombre de confianza que se acercaba de nuevo a la biblioteca.
—¿Desea algo más, milord? —le preguntó cuando ya hubo entrado en la estancia.
—Sí: olvide lo de Nara.
—¿Está seguro?
—Completamente.
—De acuerdo, milord.
Si a Aburame le pareció raro el cambio de opinión de lord Uchiha, no lo expresó. Asintió con la cabeza y se marchó de nuevo para seguir con sus obligaciones.
