* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.
Capítulo 12
Hasta que mi voz te alcance
Intenté abrir mis ojos, acción que me fue muy difícil de lograr pues sentía los parpados terriblemente pesados, sumado a eso, un espantoso dolor de cabeza me atacaba.
Sentía como alguien tocaba suavemente mi cabeza. Acariciaba con sus largos dedos mi frente, pasándolos entre los mechones de mi largo fleco. Solo pude dejar mis ojos entreabiertos pues en verdad estaba agotado.
Al hacerlo, me pareció distinguir la alta figura de Saburota sentado al lado de mi cama ¿Qué pasaba? ¿De nuevo mi mente me torturaba con esos sueños donde él correspondía a mis sentimientos?
Me volví ligeramente hacia un lado aun en mi cama, al tiempo que soltaba un bajo gemido de dolor mientras me sujetaba la cabeza. Apenas hice este movimiento, la mano se separó de mí.
Cuando por fin pude volver a ver con claridad, me di cuenta que en verdad Saburota estaba sentado a mi lado. Este me observaba con un semblante entre preocupado y aliviado.
—¿Qué mierda pasó?
Pregunté con una voz ronca y débil, incorporándome lentamente.
—Te excediste un poco con el alcohol.
Me explicó mi mejor amigo con calma mientras me pasaba un vaso con agua mineral. Tomé el agua con urgencia en un intento por disminuir los efectos de la resaca. Una vez lo terminé, le pregunté enarcando una ceja, extrañado:
—Y si así fue ¿qué haces tú aquí?
—Supongo que ya no recuerdas como me hablaste, berreando por mi ayuda. —Me dijo en un tono que intentó ser burlón, sin embargo, sonaba más preocupado que otra cosa.
—Lo siento mucho. —Me disculpé, bajando el rostro—. Espero no haberte interrumpido en algo importante.
Saburota mantuvo una mirada vacía a la nada. Tardó unos segundos en responderme con una voz cansada:
—No, descuida... No interrumpiste. Dijiste que Final Line había decidido separarse, que te habían dejado atrás.
—Si...
Confirmé sintiendo como un nudo comenzaba a formarse en mi garganta al recordar el abandono de esos idiotas. Saburota regresó la vista a mí, cambiando su reflexivo semblante a una mirada cálida.
—Dada la situación, era inevitable que quisieras ahogar tus penas en alcohol. Pero sabes muy bien que, si me hubieras hablado antes de refugiarte en el bar, yo habría hecho lo posible por llegar lo más pronto posible hacia ti.
—Sabu...
—Así se habría podido evitar esto.
Bajó el tono de su voz hasta un murmullo triste para después tomar mi mano la cual estaba vendada. Ya había sentido ardor en ella, pero no recordaba el porqué. Mi preciado amigo pareció intuirlo pues explicó quedamente:
—Estabas tan furioso, sumergido en tu dolor, que apretaste con demasiada fuerza un vaso de cristal y lo rompiste en tu mano. Te cortaste de esta forma.
—Y-ya veo, así que eso pasó.
Dije entre balbuceos nerviosos mientras alejaba mi mano y la dejaba reposando en mi regazo. Tal vez le había dicho más cosas a Saburota, cosas que por más intentaba no recordaba. A pesar de esto, él simplemente desvío la vista aun con una mirada afligida.
—Me pregunto cuando podré dejar de ser tan autodestructivo. —Bromee en un intento por aligerar la tensión que nos rodeaba—. Siendo tan extraño, no me sorprende que hayan querido disolver Final Line y alejarse de mí.
—Te lo dije cuando llegué contigo al bar. —Continuó Saburota, observándome de una manera tan profunda que me hizo contener el aliento—. Como tal vez no lo recuerdes, te lo repetiré: Shira, eres un genio musical, es solo que no has encontrado a los compañeros de banda adecuados.
Nos observamos en silencio por algunos segundos. Su mirada no se separaba de mis inseguros ojos, ocasionando que los latidos de mi corazón aumentaran a un ritmo desbocado. Para mi alivio, él desvió la vista hacia un lado al proseguir:
—Pero todo esto me parece que ocurrió en el momento justo.
—¿Qué quieres decir?
—Ayer en la mañana fui a reunirme con Kagemitsu y su hermano... Resulta que Mio-chan deja la banda, no será más nuestra vocalista.
—¿¡La muñeca cantante va a dejarlos!?
—Así es.
Confirmó con una voz realmente derrotada. Una voz que me hizo doler el pecho y maldecir a Akiyama por lastimar a mi amigo. Sintiendo al enojo pasearse por mi estómago apretándolo, le respondí con enfado:
—¿¡Cómo se le ocurre hacerlo en tal momento!? Me habías dicho que la disquera Epsilon ya los había contactado... ¿¡Cómo se atreve a dejarlos en un momento tan importante para su banda!? Si no fuera mujer, juro que yo...
—Porque para ella, la música nunca fue tan importante. —Saburota esbozó una triste sonrisa—. Ella ganó una beca para estudiar diseño de modas en París. Está a un paso de cumplir su sueño, y por muy difícil que sea de asimilar, creo que todos tenemos el derecho a poder lograr esto.
—Y mientras tanto, va a arruinar el suyo. Si claro, muy bonito.
Me quejé con sarcasmo dejando apoyada mi mano en la barbilla y soltando un bufido de descontento. Saburota río sin ganas debido a mi respuesta para después continuar con un tono sospechoso:
—No todo está perdido, aun no podemos darnos por vencidos con nuestro sueño. Un sueño en el cual también puedes participar tú.
—¿Yo? ¿Qué se supone que significa eso?
—Todo lo que pasó no creo que haya sido coincidencia, creo que más bien es una señal del destino. Shiranui ¿qué opinas de convertirte en el vocalista de Rainbow Tears?
Abrí mis ojos de par en par, debido a la sorpresa no fui capaz de responder. Todo pasaba tan rápido que era imposible procesarlo en mi cerebro. Los ojos de Saburota brillaron con determinación al decirme:
—Estoy seguro que lo sabes, con Kagemitsu podemos lograrlo. Si los tres estamos juntos en una banda, estoy más que convencido de que podremos cumplir nuestro sueño.
Saburota no se equivocó en la declaración que hizo en ese entonces. El último objeto que guardé en mi caja de recuerdos, fue la pequeña pero elegante medalla que el Sr. Fujioka nos entregó a los cuatro por haber logrado ganar el concurso de Riot.
Por supuesto para nosotros el contrato con esa disquera era mucho más valioso que cualquier otro objeto que pudieran darnos, pero aun así se agradecía ese gesto simbólico por nuestra victoria.
Viendo esa medalla plateada no pude evitar recordar los últimos sucesos acontecidos que me llevó hasta ese momento. El estar preparando mis maletas tras haber aceptado el viaje a Londres, tampoco fue nada fácil de lograr. Para Saburota no fue nada sencillo dejar todo atrás para atreverse a seguir su sueño.
Sujetando fuertemente la perilla de la puerta de mi departamento con mis manos, escuché a Saburota entrar al suyo, mientras sus adoloridas palabras seguían resonando en mi cabeza: "¡Mi madre se niega a entender! ¡Por más que le decimos, se niega a irse a tratar su alcoholismo! De ninguna manera puedo dejar a mis hermanas solas."
"Claro que haré lo que tengo que hacer. Iré a hablar con tu madre y le haré entender las cosas de una vez por todas".
Con este firme pensamiento me di la media vuelta para alejarme del complejo de departamentos, e ir a hablar seriamente con la Sra. Haruhi.
Me dirigí al antiguo departamento donde viví por un tiempo con la familia Hisashi. Como un gesto hacia esa mujer y sus hijas que apreciaba como si fueran mi madre y hermanas les llevé un delicioso pastel de mango.
Había pasado casi un mes desde mi última visita junto con Saburota. En verdad intenté verlas mucho antes, por desgracia, estuvimos tan ocupados con todo el asunto de la banda y el concurso de Riot que esto fue imposible.
Por este motivo conversé con las tres durante un buen rato sobre todo lo que había pasado. Una vez terminamos nuestro pedazo de pastel y el vaso de jugo que la Sra. Haruhi preparó, les dije a las gemelas con un tono amable:
—Yumi, Yuki, hay algo importante de lo que me gustaría hablar con su madre ¿podrían dejarnos solos un momento, por favor?
Hicieron unos cuantos berrinches negándose pue no querían separarse de mí, afortunadamente logré convencerlas al prometerles que jugaría con ellas una vez terminara de hablar con su madre. Apenas entraron en su habitación, la Sra. Haruhi me dijo:
—Sabía que querías hablar de algo importante. Lo noté apenas vi tu mirada cuando entraste al departamento.
La observé en silencio con atención, pensando en lo increíble que era lo bien que me conocía la madre de Saburota. Se veía más pequeña, frágil e indefensa que la última vez que la vi. No pude evitar maldecir mil veces su adicción al alcohol mientras notaba de reojo todas las latas de cerveza que estaban en el bote de basura.
Después del fatídico episodio de mi intento de suicidio, una vez comencé a vivir con ellos, la Sra. Haruhi fue capaz de dejar de beber. Pasé una temporada con ellos hasta que decidí mudarme y vivir solo una vez me sentí listo para hacerlo, esto fue debido a que no quería darles más molestias. Unos cuantos meses después Saburota me siguió, mudándose al departamento de al lado.
La bondadosa mujer volvió al alcoholismo cuando se encontró a su ex esposo, el cual ya había tenido un hijo con la mujer por la cual la abandonó. Fue demasiado dolor para ella verlo tan satisfecho con su nueva vida, no pudo hacer otra cosa más que recurrir al alcohol de nuevo.
Saburota se cansó de sus incesantes intentos por llevarla a alcohólicos anónimos y que su madre fuera incapaz de dejar su vicio atrás. Completamente hastiado, fue cuando decidió mudarse al mismo complejo de departamentos donde yo estaba para escapar de todo esto.
Ahora me tocaba a mí hacerlo, me tocaba hacer un último esfuerzo para que ella pudiera encaminar su vida hacia la dirección correcta, y que así mi preciado amigo se decidiera a viajar a Londres.
—¿Saburota no ha venido a verla últimamente? —Pregunté con calma, acomodándome mejor en el pequeño sofá individual a un lado de ella.
—Él estuvo aquí hace dos días. Como siempre, mi responsable hijo vino a darnos algo de dinero y asegurarse de que estuviéramos bien.
Cerró los ojos con dolor y sus labios temblaron. Imaginaba lo difícil que debía ser para ella saber que los problemas económicos que tenían era debido a sus constantes despidos a causa de su alcoholismo.
—Conociendo a su hijo, estoy seguro que no le contó nada acerca del contrato con Riot ¿verdad? —Continué tratando de modular lo mejor posible mi voz.
—¿Contrato con Riot? —Por fin la mujer de ojos color miel se atrevía a mirarme a la cara.
—Riot es una de las discográficas más importantes del país. Nuestra banda ganó uno de sus concursos, el premio es un contrato con ellos. —Una sonrisa de orgullo asomó en mis labios—. Esto quiere decir que por fin lo hemos logrado. Es el primer paso para convertirnos en músicos profesionales y dar a conocer nuestra música en todo el país.
—¡Shira-chan! ¡Eso es asombroso! ¡Muchas felicidades!
Los ojos de la Sra. Haruhi aun podían brillar de alegría. Lo único que podía hacerla sentir la dicha en su vida de nuevo era cualquier cosa relacionada a su amado hijo, o conmigo también, eso debo admitirlo.
Se movió en el largo sofá de la sala hasta quedar a mi lado, me rodeó con sus brazos para darme un cálido abrazo, gesto que por supuesto correspondí al instante. Pasaron unos segundos hasta que me preguntó intrigada:
—Esta es sin duda una noticia maravillosa, pero... ¿Por qué es que Sabu-chan no me dijo nada al respecto?
Contuve el aliento por un momento, juntando la fuerza necesaria para darle esa noticia que estaba seguro la iba a devastar. Me alejé de ella con cuidado, y sin dejar de observarla de una manera compasiva le respondí:
—Porque una de las condiciones para poder firmar el contrato con Riot es hacer una certificación de música en Londres. Deberemos vivir en Londres por un tiempo para hacer estos estudios y posteriormente grabar nuestro primer single.
Abrió su boca levemente tratando de buscar las palabras adecuadas, las cuales era incapaz de pronunciar. Mientras su rostro palidecía, solo pudo murmurar:
—¿Londres?
—Si. —Afirmé experimentado un desagradable nudo formarse en mi estómago, esta vez a mí me fue imposible mantenerle la mirada—. Usted bien sabe que este es un sueño que ambos tenemos desde hace tiempo. Yo estoy más que decidido a dejar todo atrás para cumplirlo, pero...
—Apuesto a que Saburota piensa igual que tú ¿verdad? —Me interrumpió con un hilo de voz.
—No del todo. —Confesé entre un bajo suspiro, palabras ante las que la mujer parecía más que confundida—. Saburota quiere hacerlo, él quiere ir a Londres. Sin embargo, tampoco quiere dejarla a usted ni a sus hermanas. Él se siente con la responsabilidad de seguir cuidando de ustedes, además las ama y para él será muy difícil dejarlas. Los problemas que usted tiene es una de las razones por las que también está dudando tanto.
Apenas escuchó la palabra "problemas" la Sra. Haruhi se abrazó a sí misma, bajó el rostro y comenzó a llorar en silencio. Después dijo entre sollozos lastimeros:
—Soy tan inútil, lo único que hago es arruinar la vida de los demás. Primero hice a mi marido infeliz, y ahora lo hago con mi querido Saburota.
—¡Su esposo es un idiota poco hombre, el cual ni siquiera merece que usted lo recuerde! —Ante el tono alzado de mi voz, la mujer me observó abriendo sus ojos con asombro—Ese hombre no supo apreciar la hermosa familia que tenía. Usted vale demasiado como para que siga sufriendo para él.
—N-no...—Prosiguió con voz temblorosa—Soy una mujer miserable que no vale nada.
Negando fuertemente con la cabeza, moví mis manos y tomé las suyas cariñosamente contra las mías. Ante el tacto ella volvió a verme, de sus ojos seguían brotando unas enormes lágrimas. Le sonreí lo más dulcemente que pude al decirle:
—Sra. Haruhi, usted lo sabe mejor que nadie. Hubo un tiempo en que yo creía lo mismo que usted. Que era una persona inmunda que no valía nada en este mundo, yo en verdad creía que me merecía todo el dolor y sufrimiento que recibía. Pero gracias a ustedes me di cuenta que no es así.
«Usted con su bondadoso y dulce corazón, ese mismo noble corazón que heredó a su hijo me demostraron lo contrario. Me hicieron sentir amado aun cuando ni siquiera compartimos la misma sangre. Aun así... ¿usted se sigue considerando a sí misma como una persona que no vale la pena?»
Callé por un momento en los cuales ella me siguió apreciando con un profundo dolor, sin ser capaz de parar su desesperado llanto. Sin perder la compostura, aferré aún más nuestro apretón cuando retomé la conversación:
—Tal vez, ese malnacido se lo dijo tantas veces que para usted es imposible creer otra cosa. Puedo entenderlo, pues Emiko hizo lo mismo conmigo. Ella me lo dijo tantas veces que yo en verdad creía también ser una persona miserable y un estorbo. Pero por favor, Sra. Haruhi, mire atrás y dese cuenta de todo lo que logró.
«Es una mujer dulce y comprensiva que siempre vio por el bien de sus hijos antes que el suyo. Es una mujer bondadosa que fue capaz de ayudarme a mí, un niño completamente desconocido a sentirse amado y con deseos de seguir viviendo. Por favor compréndalo, desde cuenta de cómo a pesar de sus fallas, sus hijos la siguen amando y desean lo mejor para usted.»
—Shiranui...
Me llamó con una voz quebrada temblando a causa de su llanto, el cual pasaba a ser inundando de dolor a uno conmovido. Dándome cuenta de esto, dejé sus manos para volver a envolverla fuertemente entre mis brazos.
—Si yo fui capaz de superar ese terrible episodio en mi vida, estoy seguro que usted también podrá lograrlo. Saburota en verdad lo desea, él quiere irse a Londres y cumplir su sueño. Pero ¿sabe que no es solo por él? Él desea convertirse en un baterista famoso para ser capaz de darle una mejor calidad de vida a usted y a sus hermanas, él mismo me lo ha dicho un montón de veces.
«Por eso por favor, esfuércese. Saburota y yo queremos cumplir este sueño, y queremos que usted nos vea cumplirlo, sería para nosotros un gran orgullo que lo hiciera. Haga un último esfuerzo, yo estoy seguro de que usted... estoy seguro de que tú puedes lograrlo, mamá.»
Dije estas últimas palabras con una voz avergonzada y realmente baja, percibiendo el intenso latir de mi corazón al haberla llamado de esa manera. El cuerpo de la mujer en mis brazos tembló en cuanto escuchó como la llamé.
Experimenté un agradable calor instalarse en mi pecho cuando me percaté de que me abrazó con más fuerza, y que no le había desagradado como la había llamado. Por el contrario, me dijo con una voz baja y cálida, dejando apoyada su mejilla en mi hombro:
—Fui una tonta, una mujer realmente estúpida. No fui capaz de darme cuenta de todo el dolor que les ocasionaba hasta que tú me lo dijiste, pues Saburota y las gemelas me aman tanto que fueron incapaces de hacerlo. Solo tú, que atravesaste por tan espantosos tormentos eras capaz de hacerme reaccionar.
«Todos ustedes deben perdonarme, debo pedirles disculpas por ocasionarles tan profundo dolor. Hablaré con Saburota, no está bien que él siga sacrificando más cosas por mí. Si desaprovecha esta gran oportunidad por mi culpa nunca me lo perdonaría.
Háganlo por favor, vayan a Londres y cumplan su sueño. Yo por mi parte me quedaré aquí y asumiré mis responsabilidades. Me esforzaré al máximo por superar mis errores. Esperaré pacientemente, ansiosa por verlos cumplir su sueño, mi apreciado Shira-chan... hijo mío.»
Cuando menos me di cuenta, las lágrimas comenzaron a brotar por si solas de mis ojos. Aferrándome más al abrazo que me daba esa tan extraordinaria mujer, me di cuenta que esa fue la primera vez en mi vida que dije la palabra "mamá" con un profundo amor y cariño.
No había duda que no importaba que no nos unieran los lazos de sangre. A lo largo de todos esos años desde que tan afortunadamente mi camino se cruzó con el de ellos, la Sra. Haruhi lo había sido, ella sin duda era mi verdadera madre.
Al día siguiente me encontraba en una escena completamente diferente. Estaba sentado en la sala de visitas de la prisión donde estaba encarcelada Emiko.
—"Debo estar loco".
Pensé con una sonrisa irónica mientras encendía un cigarrillo y me lo llevaba a los labios. Mientras escuchaba las voces de las otras prisioneras y sus visitas, las palabras de Saburota que me llevaron a esa situación se colaron a mi mente: "ella nunca hizo bien sus obligaciones de madre, pero si tú tienes la posibilidad deberías intentar hacer tus obligaciones de hijo".
—"Estúpido Saburota, siempre termino haciendo tonterías por tu culpa".
Reflexioné, preparándome mentalmente para lo que me esperaba al percatarme de que Emiko entraba a la sala de visitas. Su rostro se puso más pálido que una hoja de papel al verme esperándola.
Tras unos segundos ya nos encontrábamos frente a frente. Luché en silencio por ignorar el enorme dolor que oprimía mi pecho al recordar todo el suplicio que me había hecho pasar.
Ella simplemente tenía su rostro ladeado, con su vista fija a una de las ventanas del exterior. Su rostro era inexpresivo, aun así, percibí un leve temblor en su labio inferior.
—¿Quieres un cigarrillo? —Pregunté con una voz plana.
—¿Acaso tiene veneno, o algo así? —Respondió la pregunta a la defensiva.
—No me confundas contigo.
Tras esas palabras fijó su mirada en mí, recibiendo de lleno el humo de cigarro en su rostro que expulsé de mi boca. Entornó los ojos con semblante pensativo para después afirmar lentamente con la cabeza. Se llevó el cigarro a su boca con urgencia dándole una profunda calada, su semblante se relajó apenas la nicotina se instaló en su boca.
—Parece que solo te heredé malos hábitos. —Opinó con una voz inexpresiva.
—No lo dudes. —Le dije encogiéndome de hombros.
—Creí que nunca vendrías. —Continuó en el mismo estado—. Esperaba a cualquier persona, menos a ti. Te tomó tres años, pero finalmente lo hiciste... Viniste a burlarte de mí.
—No te des tanta importancia. —Mi voz se percibía más herida, no pude evitarlo—. Eres tan insignificante en mi vida que ni siquiera hacer eso era importante para mí.
Esta vez le vino un tic en el ojo, aunque su rostro continuaba imperturbable. Tal parecía que también heredé su increíble capacidad para aparentar que nada le ocurría. Yo también me las podía arreglar para dar la impresión de que no me sentía lastimado o herido, cuando en realidad el dolor me mataba por dentro.
Ambos le dimos otra calada al cigarro sin despegar una vista recelosa y herida del rostro del otro. Me concentré en sus rasgos faciales, dándome cuenta que ver a Emiko era casi como verme en un espejo, no había forma de negar que éramos madre e hijo.
Sintiendo como mi estómago se revolvía a causa de la rabia y tristeza que contenía, opté por escuchar su respuesta con atención para distraerme de esas malas sensaciones:
—Si no viniste a eso... ¿a qué viniste?
—Vine a restregarte mi felicidad a la cara. Me voy a Londres.
Sonreí cruelmente al apreciar como por fin su rostro cambiaba. Abrió enormemente sus ojos, la mano que sostenía el cigarro se tensó. Sus labios se separaron levemente, para casi instantáneamente volver a cerrarlos. Tal vez intentó preguntarme el porqué, pero se arrepintió.
Me recargué mejor en mi asiento para explicarle con altanería.
—Recuerdo que cuando comencé a interesarme por la música y a tocar el bajo, dijiste que, ya que era un fracasado, más me valía olvidar mi sueño de convertirme en un músico profesional. Bueno, pues también te equivocaste con eso. Mi sueño está a punto de cumplirse.
«La banda en la que estoy va a firmar un contrato con una de las disqueras más importantes del país. Iré a Londres para estudiar dos años más de música, y luego vamos a grabar nuestro single debut.»
Emiko no era capaz de decir nada, pero ahora sí que no pudo evitar reaccionar. Tensó sus labios formando una perfecta línea horizontal, entrecerró sus ojos humedecidos. Me dio la impresión que estaba haciendo un esfuerzo enorme por no dejar que las lágrimas escaparan de sus rasgados ojos.
Deleitándome con su dolor, proseguí con prepotencia, mientras apagaba el cigarrillo en la mesa, justo en medio de sus manos ahora rasposas:
—Supongo que eso es lo único que puedo agradecerte, Emiko. Que todo el tormento por el que me hiciste pasar, me haya dado la fuerza y entereza necesarias para llegar hasta este momento, yo seguí luchando arduamente sin volver la vista atrás.
«Esto era todo lo que quería decirte. Me voy a Londres y no sé cuándo volveré, pero no te preocupes. Pienso dejar que envejezcas en este lugar sin que debas volver a verme. Te ahorraré el no ver mi cara para evitar que tu carga de conciencia te siga atormentando. Hasta nunca, Emiko.»
Me di la vuelta dispuesto a salir de ese infierno, sin embargo, apenas di un paso cuando sentí como me detenía sujetándome fuertemente de mi camisa. Un escalofrío me recorrió al escuchar su voz detrás de mí:
—Espera...
—¿Qué mierda quieres?
Le pregunté con frialdad, apreciando por el rabillo del ojo como esta tenía su cabeza completamente agachada, y su mano se aferraba todo lo que sus fuerzas le permitían a mi ropa.
Sus lágrimas por fin escaparon de sus ojos, perdiéndose en la mesa y entre sus piernas. Me dijo con una voz débil y entrecortada:
—Intenté amarte muchas veces, créeme que en verdad lo intenté. Intenté ser la madre que merecías, pero tras un tiempo pude entenderlo... Ya que nunca he logrado amarme a mí misma, nunca seré capaz de amar a alguien más.
«Yo solo... yo solo puedo pedirte perdón por nunca ser capaz de amarte. No merecía un hijo como tú. Creí que al traerte al mundo te hacía un favor, pero más bien creo que fue al revés, y nunca fui capaz de apreciarlo hasta ahora. C-cuando salga de aquí, tal vez podamos...»
—Ni siquiera te atrevas. —La interrumpí con mi voz temblando de rabia—. Tú nunca fuiste mi madre y eso nunca cambiará, no importa que tanto lo intentes, eso nunca sucederá. Púdrete en tu soledad, Emiko.
Me alejé de su agarre mientras daba largos pasos hacia la puerta de salida, el último sonido hecho por ella que pude percibir fueron sus bajos y desesperados lamentos.
Apenas llegué al departamento di un profundo y largo suspiro en un intento por liberar esos malos sentimientos en mi interior. Toda la tensión debido a la carga emocional que acababa de recibir se reflejaba por medio de una incesante sensación de vacío naciendo en mi pecho.
Comencé a abrir la puerta cuando de inmediato sentí como alguien me tomaba de los hombros y con gran fuerza comenzaba a jalarme hacia atrás.
—¿¡Qué demonios!?
Alcé la voz sin poder ocultar mi asombro. Solo bastó un parpadeo para ya encontrarme dentro del departamento de Saburota.
—¡Shiranui, te estaba esperando! —Me habló mi amigo con una inmensa felicidad.
—No tenías por qué asustarme así, Sabuidiota.
Le reclamé tratando de recobrar la compostura, cuando mi nariz pudo percibir un delicioso aroma. Dirigí mi vista hacia detrás de él y vi que había diversos platos en la mesa del pequeño comedor servidos y listos para ser degustados.
—Llegaste justo a tiempo para la comida. —Continuó en el mismo estado de absoluta jovialidad.
—No entiendo nada. —Exclamé con un tono hosco comenzando a desesperarme.
—En serio siempre eres tan difícil. —Se quejó llevándose una mano a la frente— ¡Preparé toda esta comida para ti! ¿Qué tan difícil es que te des cuenta de eso?
—¿Comida para mí? —Cuestioné esta vez en un tono más bajo—¿Y eso por qué?
Saburota suavizó su rostro hasta esbozarme una sonrisa en verdad cálida y dulce. Antes de poder decir o hacer alguna otra cosa, me vi atrapado por sus fuertes brazos en un abrazo. Me respondió tiernamente:
—Porque gracias a ti, podré cumplir mi sueño. —Fui incapaz de responder nada debido a su gesto de cariño. Mi pulso se aceleró, mientras que un estremecimiento recorría cada rincón de mi cuerpo. Ignorando por completo los efectos que ocasionaba en mí, él prosiguió—: Esta mañana fui a visitar a mi madre, y ella me contó acerca de la plática que tuvieron.
«Todo fue tan diferente, ahora ella suena tan segura y llena de esperanza... ¡Incluso me enseñó que ha vuelto a entrar en alcohólicos anónimos! Me prometió que esta vez sí terminaría el programa, que estaría muy en contacto conmigo para que viera sus avances. Mi madre me lo pidió, que fuera a Londres sin preocuparme de nada ¡y todo fue gracias a ti! ¡Sin tu intervención no hubiera sido posible!»
—Entonces... ¿te has decidido finalmente? —Le pregunté con cierta inseguridad—¿Has decidido ir a Londres?
—Sí, no hay marcha atrás. —Afirmó convencido—. Quiero ir a Londres contigo y Hyakkimaru. Haremos esa certificación para después grabar nuestro single y asombrar a todos con nuestra música... Shira Shira, muchas gracias por todo, gracias por ayudarme a cumplir mi sueño.
Esto último lo dijo con una voz tan suave y dulce que me fue imposible no envolverlo con mis brazos en su cintura para regresarle el abrazo, cerrar mis ojos, hundir mi rostro en su cuello y sonreír de oreja a oreja.
Sus cariñosas palabras embargaron mi corazón con una dicha inmensa. Saber que había hecho feliz a mi persona más amada ocasionó que no fuera capaz de dejar de sonreír, y por fin volver a respirar con tranquilidad.
El dolor por la visita de mi madre desapareció apenas me vi envuelto en sus brazos, solo él era capaz de hacer que mi aflicción se desvaneciera con tan solo verlo.
—"Saburota, te amo tanto".
Pensé aferrándome con más fuerza a nuestro abrazo, dándome cuenta con emoción que él no hacía ningún intento por separarse. Por el contrario, murmuró con una voz tenue:
—Un poco más... solo estemos un poco más así. Por una sola vez, no te atrevas a reclamar ni a decir nada.
Lo percibí dar un bajo y profundo suspiro de tranquilidad, una acción que hizo que un enorme calor se extendiera por todo mi pecho. En ese momento fue cuando me di cuenta que nunca podría hacerlo, no importaba que tanto lo intentara, yo jamás podría dejar de amar a Saburota.
Cada recuerdo compartido con Saburota es una sonrisa, una dulce sensación de paz invadiendo mi corazón, una tormenta de un sinfín de emociones apareciendo por todo mi cuerpo. Todos esos momentos tanto alegres como tristes en la vida de ambos se encontraban contenidos en ese valioso objeto.
Cerré mi caja de recuerdos con un inmenso cuidado, dedicándole una última sonrisa nostálgica mientras la observaba.
—Y yo que decía que en esta habitación ya no había nada de valor.
Dije para mí mismo con ironía. Envolví muy bien esa caja de madera con un largo pedazo de tela a modo de protección. Abrí una de las maletas y la guardé en una de las esquinas, asegurándome que no fuera a pasarle nada en el camino a mi nuevo destino.
—Todo lo que hay dentro de ti, es la más grande prueba del largo camino que Sabu y yo recorrimos para poder llegar hasta aquí. —Le hablé a la caja, observándola con aprecio—. Ya que eres tan importante para mí, no puedo dejarte en este lugar. Te llevaré conmigo a Londres.
Volví a cerrar la maleta, a la cual dejé fijada una mirada reflexiva. Rememorando todos esos momentos, fue cuando me di cuenta de todo lo que vivimos juntos mi amado amigo de la infancia y yo. Momentos que solo nosotros conocíamos y compartíamos.
—"Yo tengo la fortuna de viajar al lado de la persona a quien más amo. Después de todo, tendré la suerte de cumplir mi sueño junto con él. Tal vez Londres sea una nueva oportunidad para ambos. Una oportunidad para comenzar e intentarlo de nuevo".
Mi corazón se agitó de emoción ante estos repentinos pensamientos. Una esperanzada sonrisa se formó en mis labios mientras tomaba las maletas y puse camino hacia la puerta de salida.
—¿Estás listo ya, Shiranui? —Me preguntó mi mejor amigo apenas me vio al salir del departamento. Como de costumbre, una radiante sonrisa adornaba su rostro.
—¿Con quién crees que hablas, Sabuidiota? —Dije con aire presumido—Yo nací listo.
—Discúlpeme usted, su alteza. —Bromeó con un falso tono educado—. Olvidaba que hablaba con el prodigioso vocalista de la futura afamada banda Rainbow Tears.
—Bésame los pies cuando eso pase. —Le seguí la broma, dándole una pequeña patada en el trasero.
—Solo si tú me besas el culo primero. —Inevitablemente comenzamos a reír con carcajadas fuertes ante nuestras acostumbradas bromas. Una vez pudimos tranquilizarnos, comenzó a avanzar hacia la planta baja, observándome de reojo con alegría—. Vamos, mejor dejemos de perder el tiempo aquí. Es hora de ir al aeropuerto.
—¡Si!
Sujetando fuertemente mis dos maletas en cada mano, observando con dulzura esa cabeza rodeada por cabellos de ramen que ya me había acompañado por tantos años, un último pensamiento apareció en mi mente antes de abandonar nuestro hogar:
"Sabu, seguiré cantando con todas mis fuerzas hasta lograr cumplir nuestro sueño. Lo seguiré haciendo sin que nada sea capaz de detenerme, y así tal vez algún día mis sentimientos sean capaces de llegar a ti. Yo continuaré cantando para ti... Lo haré hasta que mi voz te alcance".
FIN
Muchas gracias por leer este spin off de la Saga Notas, espero que les haya gustado. La historia de Shiranui y Saburota concluirá en "Las notas de mi destino".
