Capítulo 13
Había recorrido unos metros antes de que Sasuke llegase a su lado.
—Bueno, yo creo que ha ido muy bien —observó, con cierta satisfacción—. ¿No te parece?
Sakura se dio la vuelta para mirarlo. ¿Habían estado en la misma habitación?
—¿Que ha ido bien? No, no creo que haya ido bien. Creo que ha sido una pesadilla.
—¿He dicho algo que te molestase? —preguntó Sasuke, con cara de inocente.
—¿Por qué piensas eso? Me encanta que la gente piense que me gusta... yo qué sé, los látigos y la ropa de cuero.
Sasuke se quedó un momento en silencio antes de soltar una carcajada.
—Admito que me resulta difícil verte como dominadora.
—Cállate.
—Relájate —le aconsejó él—. Seguramente están pensando que tenemos una vida sexual sana.
Que se relajase. ¿Lo decía en serio?
—¿Tú crees que eso me hace sentir mejor? Puede que a ti te guste discutir tus preferencias sexuales con toda tu familia, pero yo prefiero que mi vida sexual, aunque sea imaginaria, se mantenga en privado.
—Pero no puedes esconderla de tu amante. ¿Quién es tu amante, Sakura?
Sus mejillas se ruborizaron.
—No creo que eso sea asunto suyo.
—¿No?
—Además, yo no tengo ningún amante —le espetó ella, airada—. Nunca he tenido... —Sakura no terminó la frase y desarrolló un repentino interés por la pátina de mármol del suelo.
—¿Nunca has tenido un amante? —rió Sasuke.
—Ahora ya conoces mi pequeño secreto.
—Ya, claro. Pero me gustaría que contestases a mi pregunta.
No era lo único que quería. Nunca había deseado a una mujer como deseaba a Sakura Haruno. Tenía que meterse las manos en los bolsillos para esconder que estaba, literalmente, temblando de deseo.
—¿Qué pregunta?
Sasuke levantó una ceja.
—Ah, esa pregunta —Sakura consiguió reír, no sabía cómo—. No te preocupes, no me lo había tomado en serio.
—Sí lo has hecho. Y yo lo he dicho completamente en serio, además.
—Mira, Sasuke, no me pagas tanto...
—Dime tu precio. Te pagaré lo que me digas.
Sakura respondió por instinto. No hubo un pensamiento consciente entre levantar la mano y estamparla en su cara.
—Ay, Dios mío, lo siento... —sus ojos se llenaron de lágrimas cuando vio a Sasuke frotándose la mejilla—. No, no lo siento, te lo merecías. Has pasado de dar a entender que soy una fresca a tratarme como si de verdad lo fuera.
—Sí, me lo merecía. Lo que he dicho es imperdonable.
—¿Lo dices en serio?
—Sí, no tengo excusa. Pero es que estoy frustrado —Sasuke puso una mano en la pared, al lado de su cabeza, y se inclinó un poco.
Sakura no podía respirar mientras dos instintos diferentes luchaban dentro de ella. El lado cuerdo de su cerebro le decía que se apartase; el otro, que se inclinase hacia él.
Y no podía apartarse porque no había sitio donde ir, ya que tenía la espalda contra la pared. Lo único que evitaba que hiciera lo segundo era la poca sensatez que le quedaba. Tan poca que desapareció en un segundo.
—Sasuke... esto es... —murmuró, inclinando la cara hacia su mano.
Estaban a punto de besarse cuando oyeron voces en el pasillo. Y ese sonido pareció despertarla de un sueño.
¿Qué estaba haciendo? Con un gemido de horror, Sakura pasó por debajo de su brazo y se alejó a toda velocidad, rezando para que no se le doblasen las rodillas.
Respirando agitadamente, Sasuke la observó alejarse. En algunas mujeres, imaginaba, el movimiento de las caderas era algo ensayado, en Sakura no. No había coqueteos calculados ni pestañeos ingenuos con ella.
Aquella chica no sabía que representaba un ideal para el sexo masculino; la clase de mujer con la que muchos hombres soñaban despertarse por las mañanas.
Y era lógico que perdiera el sentido de la perspectiva con ella; era un cúmulo de contradicciones.
Se había metido desnuda en su cama y ahora se ruborizaba como una adolescente sin experiencia cuando se hablaba de algo relacionado con el sexo.
Decía no estar interesada en el sexo, incluso que no había tenido amantes, pero él sabía que era mentira. Sakura era consciente de la tensión sexual que había entre ellos. Había visto cómo se dilataban sus pupilas hasta que sus ojos parecían casi negros, la había sentido temblar entre sus brazos...
¿El idiota de su ex novio habría sido tan egoísta como para no enseñarle a disfrutar de su cuerpo, de su sexualidad? Humillada por él, Sakura había perdido la confianza en sí misma y había intentado recuperarla emborrachándose y acostándose con un extraño... él.
¿Habría servido su rechazo esa noche para que se encerrara aún más en sí misma?
—¡Sakura! —la llamó—. Lo siento, pero no has leído la letra pequeña del contrato. Nada de días libres, ni siquiera por buen comportamiento. Y, seamos sinceros, tu comportamiento durante la cena ha sido desastroso.
Ella se volvió, mordiéndose los labios.
—Nunca dije que mentiría por ti y no hay letra pequeña, no hay ninguna letra. Te estás inventando las reglas. ¿Sabes lo que creo?
—Estoy temblando de anticipación —sonrió Sasuke.
También ella estaba temblando. De rabia, se dijo. Estaba temblando de rabia.
—Creo que todo esto está yendo según tus planes. No quieres que tu padre apruebe a tu prometida.
—Ah, qué teoría tan interesante. ¿Y por qué no iba a querer que mi padre aprobase a mi prometida?
—Porque obtienes un sádico placer haciendo lo contrario de lo que él quiere que hagas —contestó Sakura.
—Mi padre...
—Ah, él es tan malo como tú. No me importa quién le hizo qué a quién.
Que convirtiera la complicada relación con su padre en una pelea de niños de colegio dejó a Sasuke mudo.
—Quiero marcharme —dijo Sakura entonces.
—¿Cómo?
—Me elegiste a mí porque sabías que tu padre no daría su aprobación.
¿Y por que le dolía tanto eso?
Sacudiendo la cabeza, Sasuke alargó una mano.
—No te elegí yo. Sakura, esto ha sido un acuerdo de conveniencia. Aunque debo admitir que, por el momento, no está siendo nada conveniente. La ironía es que tú eres la elección perfecta. Si hubiera venido con una de las sospechosas habituales... mi padre se lo habría olido inmediatamente.
—¿Sospechosas habituales?
—Chicas elegantes, finas, niñas ricas...
—Todo lo que yo no soy, vaya.
—Oh, tú no estás mal.
—Mira, lo de que no tengamos un contrato también me beneficia a mí. Puedo marcharme cuando quiera.
—Me subestimas, cariño. Soy un hombre de recursos...
—No te subestimo —lo interrumpió Sakura—. Sé que no tienes escrúpulos y sé que eres despiadado.
Sasuke frunció el ceño.
—Eso es lo que la gente opina de mi padre.
Irónicamente, parecía ofendido por el parecido, no por el insulto. Aunque a Sakura le daba igual.
—La mayoría de la gente no se ha visto forzada a estar en tu compañía durante mucho tiempo.
—Mi padre... te da miedo, ¿verdad?
—¿Miedo? ¿Por qué iba a darme miedo? Su hijo es otra cosa.
—Fugaku es rico y poderoso.
—No tiene nada que yo quiera... ¿por qué iba a tenerle miedo? Tú, por otro lado...
—¿Crees que le tengo miedo a mi padre?
Sakura lo miró, pensativa.
—Supongo que para ti tener miedo es una debilidad imperdonable.
—No, creo que el miedo es sano.
—Ah, por favor, ¿quieres dejar de hablar como si fueras una persona absolutamente sensata? Te has ganado la vida metido en un bólido que corría a trescientos kilómetros por hora y la gente pagaba dinero para ver si te estrellabas. Alguien que elige esa forma de vida —Sakura se tocó la frente— tiene un tornillo suelto.
Sasuke la miró, estupefacto.
¿Por qué iba a tener que justificar su vida delante de ella? ¿Por qué, cuando nunca había pedido la aprobación de nadie, la opinión de Sakura le importaba tanto?
—Se me daba bien.
—¿Quieres decir que hay cosas que no se te dan bien? Pensé que eras brillante en todo. Salvo en ser amable con tu padre, claro.
—¿Yo? ¿Crees que es culpa mía?
—Dos no discuten si uno no quiere, ¿no? El ambiente se puede cortar con un cuchillo cuando estáis juntos.
—Él cree que murió el hijo equivocado.
A Sakura le dieron ganas de gritar: «Tu padre te hizo daño, así es la vida, olvídate». Pero también le dieron ganas de abrazarlo, aunque sabía que Sasuke no apreciaría ese gesto.
No, porque eso significaría admitir que no era totalmente invulnerable.
—Seguro que no lo piensa —suspiró, preguntándose por qué a los hombres les costaba tanto hablar de sus sentimientos. La mitad de las peleas familiares se evitarían si los hombres hicieran algo más que gruñir y poner cara de ser muy nobles—. No creo que te haya dicho eso... —Sakura se quedó callada un momento al ver su expresión—. ¿Te lo ha dicho?
¿Cómo podía un padre ser tan cruel con un hijo? Le gustaría decirle cuatro cosas a ese egoísta...
—Itachi era todo lo contrario a mí —le explicó Sasuke.
—¿Y por qué el recuerdo de tu hermano tiene que separaros? Ésa es una cosa que tu padre y tú tenéis en común, el cariño por Itachi. Los dos lo queríais, ¿no? Eso debería uniros más.
Sasuke se pasó una mano por el pelo.
—Mira, no te he traído aquí para hablar de una reconciliación imposible. Y no te pago por ser mi psiquiatra.
Vio que ese comentario le dolía, pero endureció su corazón.
—No te preocupes, no volveré a olvidar cuál es mi sitio —dijo Sakura.
—Tu sitio no está en mi cabeza —Sasuke dejó escapar un suspiro—. ¡Oh, por favor, no me mires así!
—¿Cuál es mi sitio entonces? Para saberlo.
—¡En mi cama, maldita sea! —contestó él, antes de darse la vuelta.
