Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Elsa.
Uno de los paramédicos cerró la puerta de la ambulancia y ésta arrancó, llevándose dentro a la abuela Jo, totalmente inconsciente.
―Mierda― musitó Anna, Kristoff la rodeaba con los brazos.
―Sí― asintió Merida, dándole una calada al cigarrillo que Eugene le había ofrecido.
―¿Creen que la abuela vaya a estar bien? ―preguntó Punzie, colgada del brazo de su novio.
―Lo estará, preciosa― aseguró el pardo, dándole a Elsa una mirada llena de reproche.
La albina le hizo una seña grosera y el muchacho abrió la boca, ofendido.
Las tres mujeres mayores salieron apresuradamente, embutidas en largos abrigos y botas para la nieve.
―¿Dónde van? ―preguntó Roland, arqueando una ceja.
―¿Cómo que a dónde? ¡Al hospital! ―contestó Elinor.
―No podemos dejar sola a mi mamá― agregó Arianna, preocupada.
―Estaremos ahí hasta que la den de alta― anunció Iduna, decidida.
Roland asintió.
―Ustedes pueden seguir celebrando el cumpleaños de Elsa― añadió la matriarca de los Solberg al resto de los invitados. El resentimiento en su voz no pasó desapercibido por nadie.
Las luces de dos automóviles aparecieron, Iduna bajó los escalones de la entrada hasta donde estaba el que manejaba su esposo y Arianna la imitó al vislumbrar a Frederick en la camioneta en la que habían llegado. Elinor la siguió.
―Ahora pasaré toda la noche de la navidad en un hospital, que emoción― masculló Fergus, un vaso de whiskey reposaba en su manaza.
―Que te diviertas, papá― Merida le lanzó un beso.
―De todos los días en los que pudo ponerse mal, eligió el que estaba yo presente― las quejas del hombre pelirrojo siguieron―. Ya no voy a dejar que beba vino en mi presencia…
―¡Fergus, muévete!
―¡Sí, mi vida!
El hombretón subió a la camioneta y finalmente ambos vehículos salieron por la verja de entrada.
―Y ahora ¿Qué procede? ―la voz de Ryder rompió el silencio ―… no quiero ser insensible, por supuesto.
―Pues sonó de esa manera― recriminó Roland―. La vieja puede ser lo que quieras, pero…
―Claro que no estás siendo insensible― Punzie interrumpió al blondo―, la noches es joven, amiguis, aprovechémosla.
―Pero Punzie― Eugene la miró, sorprendido―, tu abuela…
―La vieja ya tiene un pie en la tumba desde hace años, nosotros no― contradijo la morena―. Es el jodido cumpleaños número dieciocho de Elsa, no podemos dejar que este evento lo opaque. Montemos una puta fiesta o algo.
―Yo estoy de acuerdo con la loca― todos miraron a Hans, Roland más incrédulo que los demás.
―¿Tú estás apoyando a Punzie? ¿Tú?
Hans se encogió de hombros, restándole importancia.
―El problema radica en dónde montaremos la fiesta― dijo Anya.
―¡Aquí no! ―Roland negó de inmediato―, mi padre prohibió las fiestas descontroladas en esta casa.
―Eso es cierto―aseguró Elsa―, desde lo de la alfombra.
El resto, a excepción de los novatos, corroboraron aquello con un asentimiento.
―No se preocupen por eso― dijo Merida, bajando su teléfono―, ya lo eh solucionado.
Elsa frunció el ceño.
―¿Cómo dices?
―Ya hice algunas llamadas… las eh hecho desde que estaban subiendo a Jo a la ambulancia― informó la escocesa―. La fiesta es en casa de Adam… de nuevo.
―¿Ese tío no tiene nada que hacer más que fiestas? ―preguntó Kristoff a nadie en específico.
―Solo debemos llevar algunas cosas, como botellas y algo para picar― añadió.
―¿Qué hay de los trillizos? ―Gen miró hacia dentro, los tres pelirrojos estaban parados devolviéndoles la mirada al final del pasillo―. No podemos dejarlos así y ya ¿Verdad?
Merida bufó e hizo una seña en dirección de sus hermanitos para que se acercaran.
―Miren, mocosos― empezó―; la abuela Jo tendrá que quedarse en el hospital toda la noche― explicó como quien habla del tiempo― y los demás se van a quedar con ella.
―¿Dónde vas? ―Elsa distinguió a Hamish como el que preguntaba.
―Nosotros vamos a una fiesta y ustedes se van a quedar aquí, verán la televisión y se podrán dormirse a la hora que quieran.
―¿Y te crees que te vas a ir y dejarnos aquí así nada más? ―Hubert chasqueó la lengua.
―Por Dios Mer, ya sabes cómo funciona― Harris extendió la palma.
Merida bufó y del sostén se sacó varios billetes de jugosa denominación, los contó y puso la mitad en la palma sonrosada de Harris; el niño frunció el ceño y jadeó de asco. Roland les lanzó una mirada al resto de los varones presentes para que apartaran la vista de inmediato.
―Esto apenas y alcanza para los tres.
―Mira que son unos muertos de hambre― su prima les lanzó una mirada―. ¿A qué esperan? ¡Páguenles!
―¿Estás loca o qué? ―saltó Eugene ―, tú eres quien los está sobornando…
―¡¿Y solo voy a ir yo a la fiesta?! ¡¿Eh?!
― ¡Cállense de una vez! ―Roland sacó su billetera y estampó todos los billetes que tenía en las manos de sus primos―. ¡Dinero, dinero! Como si todo en esta vida fuera el maldito dinero…
―¡Que pasen buena noche!
Sin decir más, los niños giraron sobre sus talones y corrieron dentro de la casa. Merida comenzó a despotricar contra ellos en escoces.
―Vámonos ya― instó Anna.
―Cómo te vea bebiendo, Anna…
―Solo vámonos― espetó Elsa.
Roland las apuntó con el dedo, pero Hans le dio un pequeño empujón para que se diera prisa.
Dimitri y Anya se hicieron un espacio en el jeep de Kristoff, quien esperó a que Anna subiera para cerrarle la puerta mientras que Hans, Genevieve y Roland se marcharon en el coche del bermejo.
Antes de irse, Hans miró a la rubia de manera amenazante cuando Elsa se metía en el coche con Ryder.
―Me quedaré hasta las dos de la mañana― le informó el castaño al arrancar―, mañana a eso de las ocho es la bendita audiencia y quiero estar al cien para ganar el juicio.
―Me ofrecería a acompañarte, pero si quiero ponerme hasta el culo― Elsa le apretó la mano―. Igual te agradezco por venir y lamento el mal momento que mi abuela te pudo haber hecho pasar con sus jodidos comentarios…
―Nah, está bien― Ryder se encogió de hombros―; siempre hay alguien como ella en cada familia.
―En la tuya no…
―Claro que sí― contradijo―, mi hermana. No es una racista, homofóbica y clasista; pero sin duda es una pesada.
La blonda se obligó a tragarse la carcajada que amenazó con salir de su garganta y la reemplazó por una pequeña sonrisa.
No se sentía capaz de reírse de Honeymaren frente a Ryder, no cuando él había sido demasiado bueno con ella.
Hans.
Sin bien no era ajeno a lo rápido que se podía organizar una fiesta, no pudo evitar sorprenderse cuando, al llegar a las residencia de Adam, luces y música le daban a la casa un realce que prometía pasar un buen momento.
Dentro estaban conocidos y personas a las que jamás había visto antes, muchas chicas le lanzaron miradas coquetas que ignoró y de vez en cuando tuvieron la acertada correspondencia bañada con fastidio.
―Ella… la que está recargada en la pared, te ha estado viendo desde que llegamos ―el bermejo miró sobre su hombro hacia donde Roland le indicaba, una atractiva morena sonreía y batía las pestañas de manera coqueta en su dirección.
Hans bufó y regresó su atención al vaso que tenía en la mano, se lo llevó a los labios y, mientras lo hacía, aprovechó para darle una ojeada a la blonda, la aludida parecía demasiado ocupada hablando con Ryder y un par de tipos más. La sonrisita que tenía en los labios lo estaba matando del enojo.
¿Cómo podía estar riendo cuando ni siquiera se dignaba a hablar con él…?
―Si no querías venir, nos lo hubieras dicho antes― Anya lo sacó de sus pensamientos y al entregarle otro vaso lleno de alcohol―. Anda, bebe; mientras más rápido estés borracho, más rápido dejarás de ser un aguafiestas.
―¡Esa es la actitud!― celebró su mejor amigo.
Hans le sonrió, bebió su trago y, en un rápido movimiento, le arrancó a Genevieve la botella con la que acababa de llegar.
―¡No, no! ―Gen trató de detenerlo, pero Hans le pegó un trago a la botella sin que nadie pudiera evitarlo.
El líquido transparente le quemó la garganta y el estómago al asentarse, sintió que amenazaba con escupirlo, pero se tomó un momento para retenerlo.
Hans Westergaard no era un mocoso que experimentaba sus primeros coqueteos con el alcohol, y aquella bebida cuyo nombre desconocía, no lo arruinaría.
―Diablos, Gen ¿Qué carajos es esto? ―preguntó a la pelinegra.
―Me dijeron que se llama mezcal.
―¿Mez… qué?
―Mezcal― repitió.
―¿De dónde lo sacaste? ―Dimitri le quitó la botella, olió el contenido y finalmente se decidió a pegarle un trago.
Dos chicas aparecieron, reconocieron a la primera.
―¿Elena? ―Roy arqueó una ceja al verla.
―Está aquí para las fiestas― explicó Genevieve, sonriéndole a la recién llegada―. Bien ¿no?
―Sí, sí, seguro― asintió el blondo. Hans pudo ver cierta diversión en los ojos de su amigo.
―¿Tú trajiste eso? ―Anya apuntó a la botella que Dimitri seguía sosteniendo.
―Desde las cálidas tierras mexicanas, mis pálidos amigos― asintió la aludida.
―¿Pálidos? ―la pelirroja arqueó su ceja rojiza.
―¿Qué te trae por aquí? ―preguntó Roland―. ¿No deberías estar en México o algo…?
―¿De qué hablas? Mi familia vive en la ciudad― Elena rodó los ojos―. A México solo vamos de visita.
―Sí, pero…
―Pero creo que Roy se refería a la fiesta― interfirió la pelinegra, apretándole el brazo a su esposo con disimulo.
―Adam nos invitó.
―¿Nos?
―Esta es Naomi Turner*― presentó a la otra chica, llevaba el cabello rubio corto sobre los hombros y sus ojos azules ligeramente enrojecidos expresaban que había empezado a celebrar desde temprano―. Es una amiga de Dublín, nos conocimos en la universidad.
―Un momento ¿Estás yendo a la universidad en Dublín? ―Roland ignoró la insistente mano de Gen y prosiguió―. ¿En cuál?
―Trinity College ¿Por qué?
Una sonrisa se formó en la cara del blondo y Hans supo que aquello no presagiaba nada bueno, al menos para quien Roland tenía en mente.
―Nunca fuimos tan cercanos― Hans tomó la palabra, no conocía a Elena íntimamente, pero sabía que mientras más siguiera hablando con Roland, más se hundiría―, ¿Por qué hasta ahora te dignas a hablarnos?
―Contigo era con quien no hablaba tanto― replicó―, pero sí con Gen― miró a la pelinegra―. Cuando te vi llevándote una de las pocas botellas con buen alcohol, solo quise cerciorarme que no era desperdiciada por blanquitos blandos.
―¿Blanquitos? ―su mejor amiga volvió a fruncir el entrecejo.
―Está muy bueno― dijo Dimitri, bebiéndole a la botella nuevamente.
―Los blancos no somos tan blandos― replicó Hans, admitía que de vez en cuando podían ser un poco exagerados, pero no los Westergaard.
―¡Es cierto! ―chilló la nueva, Naomi, con excesiva emoción.
―Veo que ustedes no― aceptó Elena y entonces lo apuntó con el dedo―. Sobre todo tú, siempre has sido un hijo de perra cabrón.
―Y tu una imbécil, vamos, ya vete.
Elena le mostró el dedo medio y, después de despedirse del resto, giró sobre sus tacones y se marchó con Naomi siguiéndola mientras reía.
―¿Dónde está Anna? ―preguntó Roland una vez que las dos chicas se marcharon.
―¿Anna? ―Hans rogó en silencio que su amigo no se empeñara en buscar a su hermana menor, no entendía para qué podría necesitar a esa mocosa escandalosa.
―Ni se te ocurra, Roland Bjorn Solberg― le advirtió Genevieve de manera brusca.
―¿Qué nos estamos perdiendo? ―cuestionó Dimitri, dándole sorbos pequeños a la botella de mezcal.
―Elena salía con Kristoff, el novio de Anna.
Anya hizo un gesto, invitándolo a que siguiera explicándose.
―Ella me dijo que el oxigenado estudiaba en Dublín, en Trinity College precisamente. Elena también.
―Eso no significa que se vean o algo por el estilo― replicó Gen.
―Nadie va a humillar a mis hermanas, mucho menos a engañarlas― declaró el rubio―. Puede que no sea nada, pero aun así no está de más que ese jotun tenga presente lo que le puede pasar si le hace daño a Anna.
Hans suspiró y le quitó la botella a Dimitri para beberle, Roland ya tenía entre ceja y ceja decirle a Anna lo que acababa de descubrir y ahora lo pondría a ayudarlo a buscarla…
―Gen y yo la buscaremos arriba― dijo el blondo―, Anya y Dimitri― los aludidos lo miraron― ¿Podrían ayudarme revisando las cocina, por favor?
―Seguro― respondió su mejor amiga, quien tampoco parecía emocionada por aquello.
―Y Hans…
―Yo reviso en los baños por si se les ocurre hacer sus porquerías…
―Diablos, no― negó Roy―, tú quédate aquí echándole un ojo a Elsa.
―Seguro que quiere echarle más que un ojo― masculló Anya en ruso, probando por fin el mezcal. Roland no pareció escucharla.
―Si ves que está yéndose con un imbécil, no dudes en ir hacia ella y buscarle pelea― instruyó―. Pelear contigo es su deporte favorito, después del ballet.
―Y de cogérselo― añadió Anya, nuevamente en su lengua madre. Hans le lanzó una mirada severa.
―¿Cómo?
―Que nos demos prisa, la noche es joven.
Los cuatro tomaron su camino y el bermejo siguió recargado en la pared, con los ojos puestos sobre la rubia. Los orbes de la muchacha chocaron con los suyos durante un sinfín de ocasiones.
Varios minutos después, un tipo al que no conocía se agachó para susurrarle en el oído a la blonda, ella sonrió coquetamente y se volvió hacia Ryder momentáneamente para dedicarle unas palabras; el castaño asintió y los otros dos se alejaron.
Hans dejó su vaso en la repisa más cercana y cuando trató de seguirla, Ryder se puso frente a él para cortarle el paso.
―Hazte a un lado― demandó, inmutable.
―¿Dónde vas con tanta prisa?
―No te importa, hazte a un lado; no lo repetiré de nuevo.
―Claro que me importa― replicó Ryder―, eres el supuesto novio de mi hermana y te veo aquí yendo tras de una chica que no es nada tuyo mientras que ella ha estado sola en el hotel desde que llegamos.
―Pues sácala a pasear― masculló y trató de rodearlo, el castaño lo interceptó.
―Yo no me meto en los asuntos de los demás porque siempre me ha resultado de lo más vulgar― expuso con calma―, pero si te crees que voy a permitir que te burles de mi hermana, ya vas.
Hans compuso una mirada de desdén.
―Lo acabas de decir, no es tu asunto, pero por el momento, Elsa sí es el mío. Conocen a ese tipo hace cinco segundos y ya se fue con él, si le pasa algo ya puedes ir a decirle a Roland que no dejaste que la siguiera tal y como me pidió.
―Jason parece buen tipo.
―Eres ruso, Ryder, nadie es buen tipo para un ruso… mucho menos un desconocido― espetó, el castaño resopló y lo dejó irse.
Imbécil.
Se hizo camino entre las personas en la estancia, paseando los orbes esmeraldas por todo el lugar para tratar de ubicarla, pero no encontró a la blonda. Entonces vislumbró a Punzie subida en una mesa bailando y cantando en el karaoke instalado, aun así no dudó en acercarse a ella para averiguar si desde su posición y en medio de su ya inminente borrachera, la había visto.
―¡Eh, loca! ―gritó para que lo escuchara― ¡Rapunzel!
La morena lo vio y le pasó el micrófono a Adam, quien siguió cantando.
―¡Hansy! ―gritó en respuesta― ¡¿Quieres cantar tú también?!
―¡¿Has visto a Elsa?!
―¡¿Qué?!
―¡¿Qué si has visto a Elsa?!
Rapunzel siguió sin escucharlo y se agachó, pero la muy torpe trastabilló y Hans tuvo que sostenerla para que no cayera al suelo.
―Serás tonta― dijo mientras la soltaba―, ¿Dónde está Elsa?
Punzie hipó y apuntó con su dedo abarrotado de anillos hacia el pasillo.
―Se f-fue por allá c-con un ti-po, que s-si me lo per-mites y no l-le dices a Flynn, es-tá guapi-simo.
―Bebe algo de agua, ebria idiota― masculló antes de dirigiré hacia donde la novia de su primo le indicó, pero habían demasiadas personas que le resultaba casi imposible encontrar la cabellera rubia de la blonda.
Debía localizarla antes que tuviera la brillante idea de meterse con aquel pelele.
Podría golpearlo y excusarse diciendo que trataba de propasarse con la rubia, y Roland le creería sin ningún problema.
Elsa.
Los labios de Jason lejos de ser suaves, eran bruscos. Sus besos casi podían recordarle a los que Hans alguna vez le prodigó en sus encuentros, notó los ojos verdes del bermejo sobre ella en todo momento y solo por eso accedió a apartarse de Ryder para seguirlo.
Conociendo la calentura del bermejo, estaba segura que lo pondría a rabiar el hecho que pudiera estar haciendo con aquel desconocido lo que ya no haría con él jamás.
Por un segundo ese jamás le pareció demasiado definitivo, pero se olvidó de eso cuando Jason se separó de ella.
―Dame un momento― el muchacho giró hacia todos lados y sacó un pequeño frasco de uno de los bolsillos de su pantalón. Elsa miró con aprehensión el polvo blanco que contenía.
―¿Qué es eso? ―preguntó aunque ya tenía una idea.
―Un poco de… tu sabes, nieve― respondió casualmente mientras depositaba un poco en el dorso de su mano y le pasó la nariz con ahínco. Dejó salir un jadeo de satisfacción, sorbió por la nariz y finalmente la miró, como si recordara que no se encontraba solo―. ¿Quieres un poco?
―Paso.
Jason soltó una carcajada y rodó los ojos.
―Vamos preciosa, aquí no hay nadie.
Elsa arqueó una ceja.
―¿Cómo dices?
―Eso, que aquí no hay nadie― repitió―. Yo no juzgo, delante de mí no tienes que fingir que nunca probaste nada…
―No es que esté fingiendo, es que jamás eh consumido nada.
El muchacho bufó con incredulidad.
―Estás diciéndome que vives en Rusia, bailas ballet en su mejor puta academia, estudias ¿Y jamás te metiste nada?
―Jamás― afirmó.
―Bueno― se encogió de hombros―, siempre hay una primera vez.
Trató de tomarla de la mano para depositar el polvo sobre ella, la blonda se soltó de un tirón.
―Creo que paso.
―Vamos, no pasa nada― volvió a intentar sostenerla y Elsa se zafó bruscamente.
―Que no.
―Solo un poco, no pensé que fueras tan estirada…
―¿Sabes qué? ― lo interrumpió―, creo que mi hermano ya debe estar buscándome y es una persona muy especial, no le va a gustar vernos aquí solos.
―¿Le temes a tu hermano? ―Elsa no pasó desapercibido el deje de burla que apareció en su tono.
―Claro que no, conmigo solo estaría molesto, pero a ti te iría mal― explicó mientras trató de rodearlo―; así que déjame hacerte un favor y volvamos…
Jason la detuvo, apresando su brazo.
―Ya, solo esperemos unos minutos más.
―No tengo unos minutos más…
―Seguro que puedes conseguirlos…
―Hey tú, hijo de perra, me parece que ella dijo que no ¿Acaso eres sordo? ―ambos dieron un bote y miraron hacia dónde provenía la voz. Elsa contuvo un suspiro de alivio al ver a Hans.
―Está bien, solo charlábamos― Jason ejerció presión en su brazo―, ¿No es así, Elisa?
Los orbes de jade del bermejo se instalaron en la mano del otro muchacho, la blonda lo vio tensar la mandíbula.
―Elsa― corrigió la aludida―, y no, la charla se acabó.
Jasón no liberó su brazo.
―Suéltame.
―Mira, solo necesito un segundo para disculparme contigo.
―No hace falta, déjalo así.
―Elsa.
―Suéltala― Hans comenzó a acercarse a ellos, la rabia inundaba sus ojos y tenía el cuerpo tenso; listo para pelear si era necesario.
―Amigo, esto no es contigo…
―Que la sueltes― repitió, apretando los dientes―. Eh dicho que la sueltes.
Jason la liberó por fin y Elsa se frotó el lugar afectado de inmediato, podía contar los dedos del joven sobre su brazo totalmente rojo. Hans trató de tocarla, pero se detuvo a medio camino y ella retrocedió, entonces el bermejo levantó la vista para enfocarla en el desconocido y bufó.
El pelirrojo empujó al otro chico y este cayó al suelo, Elsa se apresuró sujetarlo del brazo, luchando por no soltarlo al instante.
―Déjalo ¿Bien?― pidió, arrastrándolo hacia atrás.
―¿Qué lo deje? Este idiota estaba acosándote…
―Me ofreció coca y dije que no, vámonos.
―¿Qué te ofreció qué?
La alejó de un pequeño empujón y levantó al muchacho con fuerza por la camisa, como si no pesara nada.
―¿Te atreviste a ofrecerle esas porquerías a ella?
―Amigo…
―¡Deja de decirme así!―lo zarandeó y volvió a enviarlo al suelo de un golpe.
―¡Hans!
―Vete aquí, Elsa; voy detrás de ti.
―No tengo cinco años― espetó―, vámonos ya.
Volvió a tomarlo del brazo y el bermejo resopló.
―No te le acerques― escupió hacia Jason―, si te veo cerca de ella otra vez, no me voy a detener hasta que aprendas a golpes a no mirar en su dirección.
Le propinó una patada en el estómago y Jason soltó un quejido.
―¡Vámonos!
Hans dejó que lo arrastrara lejos de Jason y apenas estuveron solos, lo soltó al instante.
―Gracias― musitó―, no tenías que molestarte…
―¿En qué demonios estabas pensando? ―espetó. Elsa frunció el ceño.
―¿Disculpa?
―A ese imbécil se le nota la cara de drogata a kilómetros y tú vas y te largas con él ¿Qué carajos te pasa?
―Lo que me pase no es asunto tuyo― masculló―. Ya no lo es… maldición, nunca lo fue.
―Te equivocas.
―Solo nos acostamos Hans, no me pedías explicaciones y yo no te las pedía a ti. Nos equivocamos, tu más que yo…
―¿En serio? ¡Me culpaste que Tadashi te dejara cuando fuiste tan responsable como yo!
―¡Tú me insultaste!
―¡Y ya me cansé de disculparme por eso!
Elsa aspiró ruidosamente.
―Me hiciste daño, tus disculpas no bastan.
―¿Qué tengo que hacer para que perdones?
―Perdonado ya estás, te lo dije. Solo déjame en paz.
Hans se pasó las manos por la cabeza, exasperado.
―Ya me cansé de esto, de verdad.
―¿Qué se supone que significa eso?... no me lo digas, no me interesa.
―Pues lo que te interese me lo paso por donde no me da el sol― espetó―, ya estoy harto de perseguirte para que hablemos, estoy harto de que me restriegues en la cara que no vamos a dormir juntos de nuevo; me eh hartado de que no me toleres cerca…
―Yo ya me cansé de tu insistencia.
―Y ya estoy cansado de que solo me busques cuando te estás cayendo de ebria.
―¡Solo fue una vez y también estabas ebrio! ―gritó― ¡Fue una suerte que llegáramos vivos a ese hotel!
―No me refiero a esa noche.
―Entonces ¿A cuál? ―preguntó, alzando la cabeza para encararlo, y cuando el bermejo se acercó a ella, Elsa se obligó a no retroceder.
No le dejaría ver cuánto le afectaba su cercanía.
―Déjalo así, lagartija.
―¡No vuelvas a llamarme así!
―¿O qué? ―retó―, ¿También se lo vas a decir a Roland?
Elsa no contestó, pero se negaba a apartar la mirada. En un rápido movimiento Hans apresó su cintura con una mano y con la otra la tomó de la mandíbula, y la empujó al hueco que había entre la escalera y una repisa medio vacía.
―No me toques, bestia― Elsa intentó apartarlo sin mucho éxito.
―No.
―¡Apártate!
―¡Ya te dije que no!
Volvió a empujarlo, pero era demasiado fuerte y pesado como para moverlo.
―Golpeaste a Jason por acosarme y estás haciendo lo mismo…
―No vuelvas a compararme con esa basura― apretó los dientes―, yo jamás te tocaría de esa manera sin tu permiso… nunca te toqué sin que tu quisieras.
La blonda sintió remordimiento, era cierto que la tocó de todas las maneras posibles, pero siempre fue consentido. Incluso aquella primera noche.
―Solo suéltame.
―Claro que te voy a soltar― asintió―, pero no sin antes hacer una cosa.
―¿Qué cosa?
―Esto.
Inclinó la cabeza rápidamente para que no pudiera apartar la suya y la besó con esa brusquedad tan propia que le resultaba demasiado conocida y a la vez tan extraña. Trató de resistirse, moviendo la cabeza en un intento vano para despegarse de él, pero no lo consiguió y terminó rindiéndose a él.
Sus manos desistieron de empujarlo automáticamente y mientras una de ellas le rodeaba la espalda, la otra viajó hacia su cabello para aferrarse del cabello pelirrojo y halarlo con fuerza mientras sus labios se movían, correspondiendo al beso. El cobrizo gimió en su boca y dejó de apresar su cuello, ambas manos masculinas bajaron por su espalda hasta llegar a sus glúteos, aquellos que parecía demasiado ansioso por tocar y los amasó hasta que la blonda pegó un saltito y le rodeó la cintura con las piernas, lo más posible que el largo vestido se lo permitió.
― Snezhinka― susurró contra su boca cuando se separaron.
―Eso es mejor que lagartija― el muchacho volvió a atacar su boca apenas terminó de responder.
Era demasiado bueno volver a sentir los labios firmes y a la vez suaves de su némesis, se sentía demasiado bien tenerlo cerca para poder aspirar su costosa colonia y la loción de afeitar que usaba…
―Las habitaciones están arriba, asquerosos― Hans la bajó de inmediato y Elsa lo empujó lejos de ella, se limpió la boca y acomodó su cabello lo más rápido que pudo.
Ambos se sintieron aliviados al ver al ver que se trataba de GoGo, Tadashi estaba parado junto a ella con una larga caja pequeña envuelta en un saquito de seda y una mirada incomoda en la cara.
―¿Qué mierda, Ethel? ―Hans trataba de regular su respiración y, al igual que ella, tenía las mejillas arreboladas.
―Eso mismo, tarado― replicó la asiática―, una cosa es que hagan sus porquerías donde nadie los vea, pero otra muy diferente a que estén a punto de cogerse detrás de una escalera a varios metros de donde hay un centenar de personas.
―GoGo― Tadashi trató de callarla.
―Es que sí, Dash― siguió―. Se tomaron tantas molestias para ocultarse y vernos la cara de idiotas ¿Y ahora ya no?
―Mira Ethel...
―A menos claro que ya hayan gritado su amor a los cuatro vientos― se burló, enfocándose en Hans―, ¿Te dolió demasiado cuando Roland pateó tú estúpido y gélido trasero soviético o lo aceptó de la mejor manera? ―no permitió que Hans respondiera y se volvió a Tadashi―. Westergaard debe ser su cuñado favorito, a ti no te recibió de la mejor manera ¿A qué no?
―Eso es lo de menos, Ethel…
―¿Qué quieren? ―Hans lo interrumpió, cruzado de brazos. Lucía todo menos contento por la interrupción.
―Pudimos notar que estaban ocupados… muy ocupados― Elsa deseó darle un buen bofetón a GoGo para borrarle esa sonrisita de la cara―, pero Tadashi estaba buscando a la reina del hielo y de tu polla― Hans aspiró con fuerza― para darle un obsequio de cumpleaños.
El bermejo le lanzó una mirada desdeñosa al asiático.
―Punzie dijo que estaban aquí ― explicó el muchacho, ignorando a Hans―, no vimos a Roy por cierto.
―Sí, cómo sea― contestó Hans de mal talante―, dale lo que tengas que darle y lárguense.
―Así que ya se acabó eso de ser el ex buena onda ¿Verdad? ―GoGo arqueó una ceja.
―Tú lo terminaste al golpearme y gritarme en ese aparcamiento frente a mi ex novia…
―¿Ex novia? ―bufó la asiática, centrándose en Elsa―, tú sí que eres la típica zorra blanca, con esta ya van tres relaciones que llevas a la ruina por la polla de Westergaard…
―¿Te digo una cosa? ―Elsa quitó a Hans de su camino de un empujón para encararla―, para que no sigas preocupada, Westergaard y yo estamos lejos de tener una relación. Ya me aburriste con tus acusaciones y no voy a permitir que sigas ofendiéndome.
―Gánate mi respeto.
―Tu respeto me lo paso todos los lugares donde me tocó este inútil cuando aún eras su novia.
GoGo apretó los dientes y trató de avanzar hacia ella, Tadashi la tomó del brazo para pararla.
La muchacha se quedó en su lugar y finalmente el joven pelinegro pudo acercarse a ella.
―Hace un año te prometí que te daría un mejor obsequio para tu cumpleaños― comenzó y Elsa se esforzó por pasar por alto las miradas de Hans y GoGo―, quizá no lo recuerdes, pero…
―Me acuerdo, sí― lo interrumpió―; pensé que como ya no estábamos juntos, tú…
―Yo cumplo mis promesas, siempre― le extendió el obsequio y Elsa lo recibió, maldiciéndose por el pequeño temblor en sus manos.
―¿Qué es?
―Ya lo verás, solo cuídalos porque me costó demasiado encontrarlos y…
―Debe ser una reliquia― ironizó el bermejo.
― Gracias, Tadashi… no sé qué decir.
―No hace falta― sonrió el muchacho―. Fue bueno verte.
La albina le sonrió tenuemente y le susurró una despedida antes de alejarse en busca de un baño.
No se detuvo al escuchar a Hans llamarla a su espalda.
Hans.
La vio desaparecer arriba de las escaleras y apenas sacó a los dos asiáticos de su camino, consiguió seguirla, pero no había rastro de Elsa una vez estuvo en el segundo piso.
Maldijo a Tadashi, a GoGo, a su bocaza y su maldita interrupción.
―… que feo que Anna le gritara así de horrible a Kristoff― escuchó la voz de Anya apenas, la música sonaba un poco menos fuerte ahí.
―¿Hablas enserio? ―preguntó Dimitri, sosprendido― ¡Me golpeaste con el control remoto en la cabeza y me insultaste en todos los idiomas que sabes cuándo me encontraste con las coreanas!
―¿Y?
―¡¿Y?! ¡No éramos pareja!
Sus amigos chocaron con él, los ojos verdes de ambos se abrieron con asombro al verlo.
―¿Vienes de coger? ―preguntó la colorada―, porque si es así no quiero saberlo, solo retrocede un paso.
―Claro que no ¿Dónde está Elsa?
―Ya salió el peine― Dimitri negó la cabeza.
―¿La vieron o no?
―No.
Hans asintió y los rodeó, Anya lo detuvo un momento.
―Roland está de buen humor, aun así yo no tentaría a la suerte e iría a quitarme ese poco lápiz labial de la cara.
Una idea nació en su cabeza, si él tenía la cara embarrada de pintalabios, entonces Elsa debería estar de la misma manera.
―Los veo después.
No escuchó la respuesta de Anya, abrió todas las puertas que encontró, pero Elsa no estaba dentro de ninguna. Subió al tercer piso y repitió el mismo proceso hasta que solo le faltó una puerta, la habitación parecía vacía como si nunca la hubiesen habitado, estaba yéndose cuando notó que la puerta que debería dar acceso al baño estaba cerrada y una tenue luz salía por la pequeña rendija de la parte baja que no pegaba al suelo de mármol.
La habitación estaba a oscuras y el baño no.
Cerró la puerta antes de caminar en silencio hasta el baño, tomó el pomo y la abrió rápidamente. Elsa dio un bote mientras dejaba salir un grito.
―Así que aquí estás.
―No sé por qué me sorprende― repuso, guardando el tubo de pintalabios en un pequeño bolso que no vio antes―, nada impulsa más a un hombre a ir tras de una mujer que el deseo de sexo.
―Te busqué en todos lados…
―Pues perdiste tu tiempo― lo calló―, porque eso no se va a repetir.
―Elsa…
―Si esperabas que después de besarme yo iba a abrirme mis piernas para ti otra vez y olvidaría todo, ya vas.
―No esperaba eso.
―Qué bueno― tomó su bolsito y el regalo que Hamada le había dado, y se encaminó a la puerta―; no te atrevas a besarme de nuevo ni a tocarme. No te deseo cerca de mí de esa manera y eso no cambiará.
Las palabras de la muchacha le escocieron, enrabiándolo al instante.
La blonda finalmente salió, dejándolo solo.
Golpeó la puerta con fuerza, aboyándola ligeramente, y también salió, alcanzó a la blonda y la dejó atrás, pasándola de largo sin dirigirle ni una sola mirada. Ya podía irse al infierno esa bruja de hielo, a ver si cerca del calor sentía lo que era el dolor.
Roy, Genevieve, Dimitri y Anya estaban donde se habían asentado al llegar, su compatriota pelirrojo tenía otra botella de mezcal en la mano y parecía receloso de compartirla.
―Hey ¿Dónde estabas? ―le preguntó Roland al llegar.
―Por ahí― respondió escuetamente.
―Encontré a Anna y también conseguí que Belle la llevara de vuelta a casa, por cierto― le comunicó, sonriendo con suficiencia―, fue todo un carrusel de aventuras cuando le conté lo de Elena…
―No te ofendas Roland, pero lo último que me importa en este momento es si tu hermana cuya altura de elfo compite con el tamaño de su cerebro le montó una escena de celos al gigantón de su novio― espetó bruscamente.
Anya y Dimitri se envararon, Genevieve no parecía sorprendida y Roland, lejos de molestarse, soltó una carcajada.
―Así que te fue mal allá dónde fuiste ¿Eh? No pasa nada― el rubio se acercó a Dimitri y le quitó la botella―, compártele un poco a tu compatriota que está demasiado abatido.
―Relájate Vanya― lo instó su mejor amiga mientras Roy le pasaba la botella―. Ponte tan borracho como quieras, no te preocupes por guardar la línea, ya la recuperarás al volver a Moscú.
Elsa finalmente apareció, la muchacha no le dirigió ni una sola mirada y se encaminó hasta Ryder, quien dejó su semblante sonriente al verla, entonces el colorado no lo pensó más y se empinó la botella, disfrutando del ardor que le provocaba el licor. Se lo merecía por ser tan idiota.
―Eso es, bebe, puede que ya que estés más ebrio te animes y cantes la dichosa canción de Rasputín o algo así.
―No voy a cantar esa canción― contradijo mientras seguía bebiendo.
Debió ser más fuerte las horas siguientes y no beberse aquellas tres botellas solo, ni mucho menos los cinco cocteles con contenido secreto que le ofreció Merida al unirse a ellos.
―Ra ra Rasputin, lover of the Russian queen!― gritó al microfóno sin siquiera leer las letras de la pantalla del karaoke y deleitando a la audiencia con el tradicional baile ruso―. They didn't quit, they wanted his head!
― Ra ra Rasputin, Russia's greatest love machine!― coreó Anya en el mismo estado―. And so they shot him 'til he was deaaaaaaaad!
―Oh, those Russians―terminó Dimitri, no mucho mejor que ellos.
Quienes los escuchaban y filmaban rompieron en risas y en aplausos. El colorado, que también reía, paró de inmediato cuando Naomi, la amiga de Elena, se abalanzó sobre él para besarlo.
―E-espera, es-pera― la frenó, poniendo un dedo largo sobre su boca rosada.
―¿Qué su…cede?
―Primero… primero debo e-estar segu-ro que al…guien más no me ne-cesita cerca― explicó lo mejor que pudo. Naomi asintió, comprensiva, y se apartó de él―. N-no te ale-alejes.
―Cla-ro.
―Que linda eres―Hans plantó un beso pequeño en los labios de la muchacha y se alejó, tambaleante, mientras sus orbes esmeraldas examinaron la estancia lo mejor que pudo en busca de Elsa.
Tal vez y con un poco de suerte, la condenada estaría lo suficientemente ebria como para darle un poco de atención. Así como aquella noche en el TIMELESS.
Roland y Genevieve desaparecieron repentinamente, lo que significaba que debían encontrarse en cualquier lugar de la casa haciendo de las suyas. Vio a Anya y a Dimitri subir sospechosamente y con trabajo las escaleras.
―¡¿Dónde está Elsa?! ―se acercó a Merida y la jaló del brazo para obtener su atención y gritó por encima de la música para que la muchacha pudiera oírlo.
―¡¿Quién?! ―gritó en respuesta, sosteniéndose de un mueble para no caer.
―¡Elsa!
La chica asintió y se comenzó a reírse. Aquella idiota estaba mucho más borracha que él y probablemente no había entendido ni una sola palabra.
―¡Concéntrate, perra! ―la zarandeó sin mucha fuerza―, ¡¿Dónde está tu prima?!
―¡Ryder se fue hace dos horas, dijo que lo llamaría para no sé qué! ―respondió efusivamente―. ¡No quiso acostarse conmigo ¿Puedes creerlo?!
Hans frunció el ceño.
―¡Dijo que está enamorado de una rusa y que tiene una amante que es su amiga! ―explicó la de rizos indomables― ¡Dice que los rusos son muy fieles, pero tu demuestras lo contrario!
―¡Le soy fiel a tu prima! ―replicó.
―¡La vi subir al segundo piso, vea por ella con tu polla libertina!
Hans le dio un empujón y con pasos inestables se abrió camino hacia la escalera, se sostuvo del barandal y subió lo más rápido que pudo, pero no se detuvo ahí. Sabía perfectamente donde estaba.
Tropezó algunas veces con sus zapatos mientras se dirigía al último piso, más concretamente a la última habitación del último piso. No pudo abrir la puerta cuando trató de girar el picaporte.
―Abre la puerta, copito, soy yo― pidió en ruso por si había alguien cerca. Que estuviera borracho lo hacía estúpido, pero no tanto.
La puerta se abrió de inmediato.
Dentro, Elsa le regalaba una sonrisa borracha, el precioso vestido de cumpleaños estaba torcido y desarreglado por el baile mientras que su cabello no se encontraba en mejores circunstancias.
―P-pasa ya.
El bermejo se tambaleó dentro de la habitación y Elsa lo sostuvo para que cayera al suelo. Una vez estuvo totalmente estable, la jovencita trabó la puerta.
―¿Qué hací… hacías aquí so-sola? ―preguntó, quitándose los zapatos para dejarlos junto a los pequeños tacones plateados de la blonda.
―Te espe… esperaba― respondió, poniéndose de puntillas para atrapar su lóbulo con los dientes y mordisquearlo, enviándole una corriente por toda la columna―. Quiero que me lo hagas, por mi… por mi cumpleaños.
No necesitó escuchar más, la tomó de la cintura para acercarla a él y besarla, la muchacha no se resistió y le devolvió el beso con entusiasmo mientras sus hábiles manos desabotonaban su camisa tan torcida como su vestido. Hans se la sacó de inmediato, tirándola al piso mientras sus dedos largos exploraron la espalda de la rubia hasta encontrar el cierre del vestido y bajarlo. La blonda gimió cuando sus redondos y lechosos pechos quedaron libres de su sostén.
Hans sintió que le apretaba el pantalón con solo verlos, rosados y erguidos, listos para ser devorados por él. Sin medir la fuerza que empleó, le propinó un pequeño empujón a la albina para que cayera sobre la pulcra cama y se apresuró a subir; la besó nuevamente, comenzando una batalla de lenguas donde ambos buscaban dominar el beso sin conseguir la victoria, abandonó los labios hinchados para atacar su cuello y dejar un camino de saliva hasta los pechos.
Elsa arqueó la espalda al sentir su lengua caliente sobre uno de sus pezones mientras su mano grande atendía el otro, gemía mientras sus dientes mordisqueaban y chupaban, dejando marcas sobre ellos al cambiar de pecho. La blonda levantó la larga falda del vestido para que pudiera acariciar sus piernas y arrancarle las panties.
―Bésame― Hans atendió rápidamente su pedido, tan excitado como ella.
―Dime que volverás a estar a mi lado― pidió entre besos con palabras arrastradas―. Dime que estarás conmigo en Moscú.
Abandonó sus labios para volver a su cuello y así poder recibir una respuesta, Elsa solo pudo darle una estruendosa carcajada borracha.
―¿Qué es taaaan diver…divertido? ―preguntó, parando sus caricias.
Elsa se incorporó, apoyándose en sus brazos.
―Ya te dije que eso no… eso no será posi-ble.
―Entonces ¿Por qué estamos hacien-do es…esto?
―Por-porque quiero que se-as el primer hombre con el que… con el que esté como ma…mayor d-de edad.
Hans la besó y frunció el ceño.
―Di-dijiste que no querías que te tocara así― pudo recordar.
―Cam-biemos eso por el mo…momento.
Los labios de la muchacha sobre su cuello lo estremecieron, aun así se esforzó por apartarla.
―Di-dijiste que no querías que te tocara― repitió.
―Olvida… olvídalo.
Hans negó con la cabeza.
―No― musitó, incorporándose torpemente.
―¿Qué pasa? ―la confusión brilló en los ojos azules de la blonda―, no te va…yas, estábamos por hacer… estábamos por hacerlo.
―Así no, copito.
Se puso los zapatos y la camisa con torpeza, sin molestarse en abotonarla.
―No te vayas― pidió la blonda, pero se subió el vestido y bostezó antes de meterse bajo las sabanas, cansada.
―Será mejor que te duermas, Elsa.
La aludida cerró los ojos y se quedó dormida casi al instante, el bermejo le dedicó una mirada repleta de emociones y, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, salió de la habitación. Antes de alejarse de ahí movió una repisa para cubrir la puerta y que nadie la encontrara.
Una vez que estuvo seguro que Elsa estaba a salvo durmiendo, se marchó en busca de Naomi.
ACLARACIONES:
Naomi Turner: La mejor amiga de Elena en la serie y NO, no tendrá una relación con Hans o algo por el estilo ¿Qué acaso nunca han disfrutado de una noche sin compromiso con alguien? Yo ¿Tampoco? Haha no se crean, entre nuestro pelirrojo fav y la rubia favorita del reino de Avalor no pasará nada.
Jason: personaje de mi invención que solo aparecerá por aquí.
Los ruskies ya se echaron su mezcalaso, esa bebida está hecha solo para guerreros, mi gente. Les recomiendo que escuchen Rasputin – 7 version de Boney M. It is a masterpiece.
¡¿Qué onda fritos?! ¡¿Cómo están?! (No sé si conozcan al youtuber mexicano Rayito o si ya les pregunté eso anteriormente, pero aún así les digo que es de mis favoritos).
Ya casi termina otra semana del 2021 y solo queda esperar y rezarles a todos los dioses en los que crean para que este sea un buen año y no una especie de Remix del anterior. De igual manera aquí viene Harry con una actualización de esta bella historia mis lectores, no sean tímidos y comenten. Harry aprecia sus reviews, no importa que sean para maltratarme hehe.
Bueno amiguis, espero que les haya gustado. Nos leemos ¿verdad?... ¡¿verdad?!
Entonces qué ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
