La historia que dejamos pasar
Capítulo 33
Naoki cerró la puerta del automóvil y le dio la vuelta al vehículo para subirse él.
—Esta parece una estrategia de oba-sama para juntarnos —aseveró Kotoko mientras él se ajustaba el cinturón de seguridad.
Rió entre dientes.
—Me hace sentir un poco mal por mantener nuestra relación oculta —continuó ella—, pero también temo que nos anuncie que ha reservado el salón de un hotel.
Él exhaló y puso a andar el coche.
—Puedo hacer como Yuuki y obtener un juramiento, si quieres decirle.
De soslayo la vio morderse el labio.
—Si no te molestará escuchar referencias a nosotros todo el tiempo que estés en casa. Es… ocultárselo a quienes quiero resulta difícil. Sé que antes preferí esperar, pero no sabía que se sentiría así, como si estar juntos fuera incorrecto y por eso debiéramos guardarlo en secreto. O que son pésimas personas que no entenderían nuestra felicidad y eso nos obligue a callarla. También, se sentirán afligidos de enterarse mucho tiempo después, porque creerán que nosotros pensamos mal de ellos… o aun peor si lo saben accidentalmente, o no de parte nuestra.
Naoki meditó al respecto; sus reflexiones eran lógicas, aunque él no las había pensado porque se limitaba a disfrutar la relación que tenía con ella. Empero, Kotoko siempre era quien tomaba en cuenta los sentimientos de los demás, u otras implicaciones además de estar disfrutando. Si le inquietaba el secreto, su felicidad no sería plena.
Él había estado de acuerdo en no decirle a su progenitora para evitar que actuara precipitadamente como la primera vez, pero su aprensión había disminuido ahora que llevaba tres meses saliendo con Kotoko.
—Puedo soportar a mi madre.
Estaba prácticamente acostumbrado a sus ocurrencias románticas.
—En otra ocasión podemos hacerles saber —manifestó ella—, no creo que mi cena de cumpleaños sea el mejor momento.
No respondió, dedicándose a conducir por las concurridas calles de la ciudad. Era el mismo molesto tráfico que lo animaba a usar el metro todos los días; si su madre no le hubiese encargado darle un transporte más cómodo a Kotoko por su cumpleaños, estarían bajo tierra dirigiéndose a su casa.
—¿Te sientes conforme celebrando así? —Quiso saber tras un rato, porque la había escuchado conversar con Kikyou sobre su cumpleaños soñado, que incluía una cena privada e íntima con su enamorado bajo la luz de las estrellas —básicamente fuera de la ciudad—, donde un pastel tuviera el número de velas exacto de su edad y luego pasearan abrazados con la luna de testigo.
Necesitaba saber que no le molestaba, si bien se sentía agradecido de la convivencia planeada por su madre, pues no se visualizaba con todo eso ahora; en un futuro lejano encontraría el valor suficiente para cumplir su ilusión (quizá).
—Sí, hace mucho que no festejo mis cumpleaños con papá y ustedes. Será divertido. Y oba-sama estaba muy emocionada.
Así había estado toda la semana desde que supo que él no tenía guardia. Sabía que no haría nada atrevido por su intención de "no hacerle el trabajo", pero habría cosas sutiles como trasladar a Kotoko.
¿Qué esperaba que ocurriera en un viaje en auto, con él al volante?
—Habría hecho una celebración mayor si mi trabajo se lo permitiera. Creo que tiene planes grandes para el cumpleaños de Konomi-chan en octubre, porque visitó a Sagawa-san… bueno, eh… espero que sea eso y no la boda de los dos, aunque no teme que Yuuki-kun y ella terminen. ¿Sabes? A ella le ha gustado desde la primaria, cuando era un mocoso presumido e irritante.
Ahí el motivo de las miradas embelesadas que daba a su hermano.
Omitió su punto de vista al respecto, ya que era consciente de su actitud pasada, tanto como lo afortunado que eran los dos de que a ambas les atrajera su apariencia y luego se fijaran más allá de la superficie.
…Y porque todavía no encontraba explicación de que ella se enamorara de él al conocerle mejor. Yuuki era distinto, al convivir con él descubriría una persona sobresaliente; en cambio, Kotoko se halló con un ser humano indiferente y centrado en sí mismo que no se medía en burlarse de ella por creerle "estúpida".
Tal vez lo que fue surgiendo gracias a su influencia, de lo que él no se daba cuenta, como cosas que tenía de las que él mismo no sabía, le hicieron algún favor para ganarse realmente el corazón de Kotoko. Un lugar demasiado grande y paciente para lidiar con él.
Afortunadamente ahora, en esa nueva oportunidad que tenía, diario se esforzaba en comportarse de forma respetable y podía creer que su actitud le ganaba un aprecio mayor de ella… al igual que permitía una relación más sólida que la del pasado.
(Ese difícil y bochornoso momento meses atrás fue una clave para que les estuviese yendo bien, además del aprendizaje de sus errores de la primera vez.)
Asimismo, ese modo de actuar no le estaba costando mucho junto a ella. Tenía sus momentos fríos y silenciosos, se guardaba bastante para sí mismo, pero le demostraba a Kotoko que era sumamente importante para él, sin que ella creyera lo hacía obligado.
La miró de reojo al oír que ponía música.
Valía la pena porque la amaba.
{…}
Naoki se movió un poco más hacia la derecha para escuchar los sonidos del exterior y no los del interior de su hogar, a fin de disminuir los estremecimientos que le provocaban las voces femeninas cantando.
El grupo frente a la televisión, integrado por Kotoko, Konomi, Komori, Ishikawa y su madre, no era precisamente bueno. La mezcla de todas era desagradable para los oídos, que ni siquiera se creaba armonía por las dos que podían cantar. Estaban muy animadas y se divertían de sobremanera, pero era una tortura para los hombres presentes.
Al menos agradecía que prohibieran cantar a Ikezawa.
Su mirada se cruzó con la de Yuuki, quien sonriente demostró percatarse de sus intenciones al pararse junto a las ventanas abiertas que daban al jardín. No entendía cómo él e Ikezawa estaban sentados en el sofá tranquilamente; su padre y Shigeo-san estaban en la mesa, cerca de la puerta de entrada a la sala de estar, lo más alejados que podían de las mujeres sin ser groseros.
Veinte minutos más tarde estaba por irse a su dormitorio cuando la música fue apagada.
—Es hora de las fotos individuales, Kotoko-chan trabaja mañana temprano. —Su madre cogió la cámara en la mesa. —Le tomaré una con cada persona aquí.
—¿Y ella para qué quiere una con el genio-idiota? —farfulló Ikezawa y Naoki lo miró ceñudo por el insulto.
—Mi hijo es un poco insensible, pero no le digas ese apelativo, Kin-chan —habló su madre sin sumarle cualidades—. En cuanto a tu pregunta, él también está celebrando el cumpleaños de Kotoko-chan y por eso debe quedar en la fotografía.
Yuuki rió y le señaló con los ojos el pequeño cuadro en la pared donde aparecían él y Konomi con yukatas, tomada en un festival de ese verano.
—Vamos, primero con Ai-san.
Kotoko asintió enérgicamente.
Uno a uno, su madre les hizo posar para las fotografías, dejándolo a él como penúltimo, pues le pidió a Komori tomar la de ella con su amada niña, dada su experiencia laboral.
Llegado su turno, él aparentó indiferencia y fastidio al suspirar cuando se apartó de donde estaba. La expresión exasperada de su madre no tuvo comparación.
—Colócate a un lado y rodéala con un brazo —indicó ella con apuro al ver que se paraba a un costado de Kotoko. —He tenido buenas fotografías y tú no vas a arruinar mi álbum.
Kotoko se cubrió la boca riendo.
Presintiendo que ella podría revelar su relación de manera accidental, él pasó su brazo detrás de su espalda y depositó su mano en su cintura. Ella lo imitó.
—¿Así? —preguntó con fingido cansancio.
—Sí, quédense en esa pose.
Su madre se colocó detrás de la cámara e hizo una captura; alzó su mano extendida para revisarla.
—¡Onii-chan! ¡Tienes que sonreír!
—Oba-sama… Naoki-san…
Odiaba que allí utilizara ese honorífico impersonal con su nombre.
—No, no, él solo lo hace para molestarme. Sabe muy bien cómo sonreír.
Ikezawa se carcajeó.
—Mamá —dijo su padre.
—Tomaré la foto ahora, más vale que sonrías o seguiré repitiendo mi toma.
Y él seguiría pegado a Kotoko. Le encontraría fallo a todas.
Pese a que no le irritaría estar en esa posición, esbozó su sonrisa social.
—De acuerdo, un momento, déjame ver. Ah, ¡muy bien! ¡Me toca a mí!
Al apartarse de Kotoko deslizó su mano por su espalda, provocando un ligero escalofrío en ella.
Cruzándose con Komori, que cogió la cámara, vio cómo le dedicó unos ojos en blanco.
Él se sentó en la mesa con los dos hombres mayores y se dedicó a observar en silencio como ellos. Captó la mirada curiosa de Shigeo-san; sin embargo, este no comentó algo en los siguientes minutos.
Después de que su madre estuvo satisfecha, comenzaron las despedidas. Su novia, suegro y cuñada se irían con Ishikawa, mientras que Komori llevaría a su amigo a su destino.
Kotoko fue la última en permanecer en la casa tras guardar sus regalos en el automóvil de su mejor amiga.
—Gracias por hoy —les dijo a todos inclinándose. —La pasé muy bien.
—¡Kotoko-chan! —Su madre la abrazó. —¡Nos encanta celebrar tu cumpleaños! Tú no eres aguafiestas como mis dos hijos.
Su novia soltó una risita.
—Deben estar esperándome.
—Sí, voy contigo.
A la salida de su madre, Yuuki le aseguró a su padre que ambos se encargarían de recoger las cosas, invitándolo a descansar. Solos, los dos comenzaron a acomodar el espacio; él empezó quitando la manta de tela donde su madre cosió el feliz cumpleaños de Kotoko con imágenes de ella —que pretendía darle en otro momento—, y Yuuki juntó los vasos que había en la sala.
Su madre regresó durante la ausencia de su hermano, mientras él doblaba las sillas ya limpias y las acomodaba para llevárselas luego. Ella se dedicó a mover los muebles y concluyó pronto.
—Yuuki debe estar atareado con los trastes —expresó ella en voz alta antes de salir.
Él trasladó las sillas y mesas de fiesta a su bodega trasera, puso toda la tela en la pila de ropa para lavarlas al día siguiente y volvió a la sala con la aspiradora, la fregona y el líquido limpia pisos.
No tardó mucho, viéndose sin interrupciones de ninguna clase.
En su salida del cuarto de lavado escuchó el "buenas noches" de Yuuki, de manera que se dirigió al comedor, pensando encontrar allí a su progenitora.
Así fue.
Ella revisaba su cámara y él se sentó en la silla enfrente. Tras observarla esa tarde quería conversar y aprovecharía el tiempo que tomaría Yuuki en prepararse para dormir.
—Mamá.
Raras veces usaba ese término con ella, por lo cual consiguió que le mirara desconcertada.
—¿Te sientes bien, hijo?
Asintió.
Ella inspiró aliviada y compuso una expresión cariñosa. —¿Qué ocurre? Puedes decirme lo que quieras.
El problema era que trastabillaba en temas profundos, como el que pretendía en ese momento.
Humedeció sus labios.
—Sé que perdiste mucho cuando Kotoko y yo dejamos de estar juntos hace años —comenzó mirándola a los ojos. Hacía mucho que no la veía contenta como esas horas.
Su madre suavizó más su rostro.
—No debí privarte de ella por mi —inmadurez— …intención de negar su existencia. Tuviste que quitar los retratos y no poder invitarla aquí. —Desvió la mirada, incómodo. Era muy sencillo pedir perdón en situaciones banales, pero una tarea titánica hacerlo al tratarse de un suceso importante. —Discúlpame.
Sintió la mano cálida de su madre posarse sobre la suya, en la mesa. Aumentó su incomodidad, mas trató de relajarse con su gesto afectuoso.
—Está bien, Nao. Yo lamento la presión que puse en ti al mencionarla continuamente, tardé un poco en comprender cómo te estabas sintiendo con su ruptura. No te preocupes por los cambios que tuve, tú eres mi hijo y no iba a hacerte daño con mi deseo de ver a Kotoko-chan; había alternativas que no te causaran dolor. —Ella suspiró. —Las veces que he insistido es porque pienso que contentarse te haría feliz. A los dos.
Su madre acarició su mano con su pulgar antes de apartarla, teniendo la prudencia de no alargar un contacto que lo inquietaba un poco.
—También perdóname por ser demasiado impetuosa en emparejarlos. Estoy aprendiendo a no tomar medidas extremas.
Él negó incrédulo.
—Te dejaré recuperarla a tu ritmo.
Acudió a su mente la conversación anterior con Kotoko. —Entonces… Mamá… prométeme que, si tengo una relación con Kotoko, no presionarás con el futuro o cualquiera de las cosas que hagamos.
Ella se cubrió el rostro y murmuró algo parecido a "¿Por qué mis hijos me hacen esto?".
—De… acuerdo… Si, como sospecho, apresurar la boda tuvo que ver con su rompimiento, se los debo. Ay, no soportaría que rompieran otra vez por mi culpa.
Él se convenció de no dudar de su palabra.
—Nao, ¿tú ya sabes por qué se fue? ¿Sí es como creo?
—No necesitas esa información —respondió suave.
Su madre arrugó el ceño y él se puso en pie, introduciendo sus manos en sus bolsillos.
—¡Naoki!
—Habría pasado tarde o temprano —claudicó un ápice. —No pienses más en eso.
—Naoki…
Movió la cabeza en negación y se dirigió a la salida.
—Buenas noches.
Abandonó el comedor tranquilamente. Caminó por el pasillo con el pecho más liviano que antes; la escuchó quejarse, mas no lo siguió.
A punto de subir las escaleras sintió la vibración de su móvil. Lo sacó y sonrió al leer el agradecimiento de Kotoko por el diario que le había regalado, dado que al actual le quedaban un par de hojas.
Todos habían creído que era un aburrido libro.
Respondió su mensaje final repitiendo su "Buenas noches".
{…}
Habiendo perdido en el estúpido lanzamiento de moneda de Nishigaki, Naoki tenía la responsabilidad de escribir en el ordenador la propuesta para nuevos ejes temáticos que anexar al curso universitario. Los directivos habían pedido aportaciones de todos los médicos que no fuesen profesores, con la finalidad de contar con opiniones diversas en beneficio de los futuros profesionistas de su área.
Y les pareció lo mejor emparejarlo con ese tipo.
Era un inteligente, responsable y respetable médico, pero seguía sin tolerarlo del todo, porque en ocasiones sus comentarios hacían dudar de su seriedad. Tendía a ser frívolo y burlón.
Suspiró, transcribiendo las notas hechas por Nishigaki, usando el recuerdo de las palabras para comprender la ilegible caligrafía del pelinegro.
—No refunfuñes, Irie-sensei, estoy seguro que lo haces perfecto. Ya hicimos el ochenta por ciento del trabajo en el papel, que es bueno. ¿Sabes? En lugar de ser temas para discutir en clase, considerarán una actualización completa del plan de estudios.
Permaneció callado y no miró a su asesor, aunque escuchó cómo se ponía en pie. Prefería concentrarse en acabar de ingresar la información en la computadora.
—¿Qué le has hecho a Kotoko-san?
Sus manos se detuvieron y alzó la cabeza, sin importar que pudiese tratarse de una mala broma. Por el rostro ceñudo de Nishigaki, atento a algo que veía a través de la ventana, se dijo que hablaba en serio.
No respondió a la preguntar, limitándose a ponerse en pie. Preocupado, vio que ella estaba sola en una banca del patio, con aire entristecido.
—Ah, mi mala suerte. Seguiré escribiendo.
Nishigaki se apartó de la ventana y fue a sentarse a donde él había estado antes.
—¡Vaya! Si ya casi acabas, eres una máquina, Irie-sensei.
Naoki asintió en su camino a la puerta; como volvería, dejó su bata y solo se llevó su localizador.
Cuando llegó al patio, ella seguía ahí, en la misma posición que le observaron de lejos. No obstante, su rostro era sereno y pensativo.
Se ubicó a su lado sin que Kotoko diera señales de reparar en ello, como al estar perdida en su propio mundo. Trató de analizar si se había comportado de forma desagradable, pero no encontró alguna cosa significativa, desde su punto de vista. Decidió aclararlo mientras descubría si estaba bien.
—Kotoko —murmuró.
Ella parpadeó y ladeó su rostro hacia él.
—Lo siento, no me fijé de tu llegada. ¿Tienes mucho tiempo aquí?
—No.
—¿Qué pasa? —preguntó ella inclinando la cabeza, mirándole atenta. La postura y su cara transmitían ternura y adoración, expandiendo calidez a su todos sus miembros.
—Te vi desde la ventana.
—¿Viniste a buscarme? ¿Por qué?
—Tu rostro.
—¿Estás preocupado? —Ella rió en voz baja. —Supongo que la clase de pensamientos que tenía pusieron una expresión extraña en mi cara.
Él se sintió aliviado de que no fuera un asunto grave.
—Yo solo… Hoy se cumple un año desde que regresé a Tokio y pensaba en todo lo que ha ocurrido este tiempo. Cosas que creía al llegar y las que creo ahora, situaciones que pasaron por que yo intervine, mis nuevas amistades, verte de nuevo, trabajar juntos, conocer la verdad, estar contigo. La vida siempre es una caja de sorpresas y un resultado de las decisiones que tomamos, por muy pequeñas que sean.
Movió la cabeza en asentimiento. El regreso de ella a la ciudad había sido el catalizador para que sucedieran muchas cosas. Y en su vida, igual que al recibirla en su casa más de una década atrás, Kotoko había supuesto una serie de eventos y cambios que nunca habría experimentado sin su influencia.
Aunque lo desdeñó una vez, ahora agradecía al destino por haberla puesto en su camino.
Ella se apoyó sobre su hombro y a él no le importó que estuvieran a la vista de cualquier persona.
—Vamos a cenar esta noche —invitó impulsivamente, luego de unos minutos en silencio.
—Sí, ¡ramen! —Celebró ella enderezándose.
Él rió entre dientes y se puso en pie. Colocó su mano sobre la cabeza de ella, procurando no despeinarla.
—Regresemos al trabajo —dijo dejando caer su brazo.
Kotoko se levantó de un salto y se colocó a su lado.
NA: ¡Hola!
Ah, Kotoko, estás viendo que el niño tiene dinero y te invita a cenar y quieres ramen ;P ja,ja.
Besos, Karo
