Coruscant era un planeta mucho más caótico cuando se recorría a pie. Se desplazaban lentamente por la abarrotada avenida mientras Finn no dejaba de ver los rascacielos sobre él. Un duro caminando en dirección opuesta lo insultó en un idioma desconocido cuando casi chocaron, y el joven antes de sentirse ofendido, se recordó que tenían asuntos más urgentes que atender.
- ¿Alguna idea de como vamos a contactar con la Resistencia ahora? –susurró a Nix, quien se había colgado de su brazo para no perderlo entre la multitud.
Habían dejado sus comunicadores en la Reina con el apuro, y sospechaba que incluso teniéndolos, la Primera Orden podría estar interfiriendo en las señales de radio además de en el ingreso al planeta.
- Eso es problema de Finn y Nix del futuro –replicó-. Ahora debemos acercarnos lo más posible por la superficie antes de bajar al nivel de la taberna. Es lo más seguro. Tomaremos el tren.
La estación era una gran edificación circular de techo abovedado, cuyas salidas se abrían en arcos en todas direcciones. Como todo en ese lugar, estaba repleta. Finn tuvo un escalofrío notando lo tenso que estaba el ambiente, las noticias proyectadas sobre sus cabezas mentían descaradamente acerca del bloqueo de la Primera Orden. Lo llamaban resguardo preventivo contra terroristas rebeldes. Nada sobre Hosnian Prime. Nada de la base Starkiller. Apretó los dientes. Nix siguió su mirada.
- Es una suerte que la Primera Orden aún no haga ocupación del planeta –observó.
- Aún –señaló él con amargura-. No tardarán en hacerlo. Vamos, debemos seguir moviéndonos.
No se veían stormtroopers alrededor, pero sí una gran cantidad de droides de seguridad. Finn se sentía inquieto. Tras consultar un holomapa junto a la boletería automatizada, tomaron la línea hacia el distrito Uscru, la zona cultural de Coruscant. El joven vio con aprehensión como el cielo adquiría tonos anaranjados mientras cruzaban hacia el otro lado del planeta. Tenían aún sus blasters, pero...
- Quizás deberíamos pasar la noche arriba –sugirió a Nix-. Y bajar por la mañana.
- No importa la hora allá abajo –replicó, sombría. Ante su mirada confusa agregó-. Ya lo verás.
Hux y Phasma estaban postrados en el suelo cuando Kylo Ren entró al salón del trono de Snoke. A través de la Fuerza, sintió el miedo y humillación de ambos, y la furia helada de su maestro.
No solo habían perdido la base Starkiller frente a un puñado de pilotos y ladrones, sino que también le habían perdido la pista a la Resistencia. La muerte era un castigo demasiado clemente para ellos, pero para su desconcierto, desde su trono el Líder Supremo parecía tener otros planes en mente.
- Salgan de mi vista –siseó-. Tráiganme algo que me haga reconsiderar su utilidad. Jon Sunrider, para empezar.
Él no reconoció el nombre. Los vio dejar la habitación sintiendo una ola de desprecio hacia ellos. Se arrodilló en actitud sumisa ignorando el dolor en su pecho, y aguardó las palabras de su maestro.
- Y tú, Kylo Ren. Mi decepción no puede describirse con palabras.
Con una sacudida de cólera, él guardó silencio. Estaba perfectamente al tanto de todos sus errores. Tras una pausa insoportable, el Líder Supremo volvió a hablar. Su voz calmada destilaba desdén.
- Cuando te encontré, vi lo que todo maestro vive para ver: poder, crudo e indómito. Y más allá de eso, algo realmente especial: el potencial de tu linaje. Un nuevo Vader –suspiró-. Me temo ahora, que estaba equivocado...
Detrás de su máscara, los ojos de Kylo Ren ardieron en su dirección. Él había seguido a Snoke durante todos esos años con un único objetivo: alcanzar su potencial como el heredero de Darth Vader. No para oír eso ahora. Su voz distorsionada tembló de ira al replicar.
- Lo he dado todo por el lado oscuro.
Todo. Y lo había dejado claro en la base Starkiller. Convertirse en un nuevo Vader era su destino.
- Quítate esa cosa en mi presencia –demandó Snoke con un gesto despectivo hacia su máscara.
Apretando los labios, él obedeció. No se dignó a mirarlo, pero pudo sentir los hambrientos ojos del Supremo Líder sobre él. Pudo sentirlo invadir sus pensamientos mientras se le acercaba con dificultad. El cuerpo de su maestro era débil, pero su poder en el lado oscuro era abrumador. Tensándose, Kylo Ren se forzó a permanecer quieto y compuesto cuando uno de sus fríos dedos rozó su mejilla.
- Aún siento conflicto en tu corazón, joven Solo...
Se estremeció con violencia al escuchar el nombre. Fulminó a su deforme maestro con la mirada.
- Ben Solo está muerto y su padre también. Yo maté a Han Solo. No dudé en...
Snoke apartó la mano de su rostro y se enderezó, mirándolo desde arriba con frío menosprecio.
- ...y mira como la acción te ha debilitado –rugió-. Fuiste arrogante y perdiste tu objetivo. Dejaste que un wookiee, una chica sin entrenamiento y un montón de rebeldes te vencieran. Fallaste.
La furia que se había ido acumulando en su interior estalló, pero Kylo Ren apenas se había movido para demostrar que no era débil cuando Snoke lo derribó enviando un rayo hacia él. El dolor lo paralizó, y él se esforzó en alimentar su ira para mantenerse fuerte frente a él. La guardia de Snoke se puso en alerta, apuntándolo con sus armas pero el Líder Supremo los apaciguó con un gesto.
- Y perdiste todo rastro de Skywalker –continuó él, como si nada-. Mientras la semilla de la Orden Jedi viva en la galaxia, también lo hará la esperanza. Yo creí que serías tú quien la extinguiría.
Y lo haré, quiso replicar, pero le estaba costando mantener su furia encendida. Apretó los dientes, concentrándose en el dolor agudo que atravesaba su pecho. No mostraría debilidad. El era el heredero de Vader. Caminando de vuelta al trono, su maestro le hizo un gesto despectivo para que se fuera.
- No eres ningún Vader –contestó Snoke-. No eres nada más que un niño usando una máscara.
Kylo Ren se marchó con los puños apretados y el ácido quemando sus entrañas. Pero cuando el turboascensor descendió lo suficiente, la ira fue pronto reemplazada por algo distinto. Se afirmó de una pared reprimiendo una arcada, el rastro de la húmeda piel de Snoke aún fresco en su mejilla. No era su dolor, se recordó impaciente, y la náusea cedió frente a la ira recuperada. No era su recuerdo.
La chica. Kylo Ren se enderezó mirando a su alrededor. Por un breve instante creyó sentirla cerca. Pero estaba solo. Conmocionado, resolvió que se debía al crudo recuerdo de la chica, aún causando estragos en su mente. Golpeó con fuerza la pared del turboascensor, furioso por su propia debilidad.
Pero esto le dio una idea para encontrar a Skywalker y probar su valía a su maestro. Tras lo que vio en la mente de la chica, y lo que la vio hacer en la base Starkiller, ella buscaría a quien le enseñase a dominar su poder. Las posibilidades eran escasas. Snoke. Skywalker. O él. Ella solo tenía la ubicación de uno. Volvió a ponerse la máscara, justo cuando las puertas del turboascensor se abrieron.
- Prepara mi nave –ordenó al primer stormtrooper que vio en el pasillo.
No volvería a desconfiar de su instinto otra vez. Si encontraba a la chica, encontraría a Skywalker. Y ya sabía por dónde empezar a buscar.
Rue hojeaba tranquilamente un libro Jedi cuando Chewbacca echó abajo la puerta de Skywalker. Recargada contra la entrada, fingió no prestar atención mientras el wookiee reñía a su viejo amigo, quien finalmente parecía vivo por la sorpresa. Hasta que preguntó por Han Solo. La joven levantó la vista al notar que Chewie guardaba silencio, demasiado afectado como para hablar. Decidió intervenir.
- Han Solo fue asesinado –dijo, cerrando el libro con suavidad-. Por Kylo Ren. La Nueva República ha caído. Y mientras hablamos, la Primera Orden está haciéndose con el poder.
Los detalles estaban de más dando noticias como esas. Chewbacca gruñó expresando su dolor. Skywalker se dejó caer en un taburete con la mirada perdida, y por un breve instante ella creyó percibir su devastación. Mordiéndose el labio, sintió que debía al menos darles un momento. Habían sido grandes amigos, habían luchado juntos contra el Imperio.
Pero no para terminar en el mismo lugar con la Primera Orden. Rue no había llegado a tiempo para ir en defensa de Han. Ahora no podía permitir que su muerte fuese en vano. Suspiró.
- Lamento su pérdida –dijo tras un largo y triste silencio-. Pero realmente necesitamos su ayuda.
Chewie gruñó dándole la razón, pero la mirada del Jedi se posó en ella con reproche. Cualfuese el discurso que estaba por darle, se desvaneció en cuanto sus ojos bajaron a fijarse en sus manos.
- ¿Qué tienes en ahí? –gruñó, poniéndose de pie.
Bien. Rue lo prefería indignado antes que indolente. Al menos aquello significaba algo bueno...
- Entonces sí le importa –giró el libro entre sus manos, evaluando su reacción, no en la Fuerza sino en su rostro-. ¿Por qué guardar una pila de textos Jedi si éstos se tienen que acabar?
Luke Skywalker se estremeció, y ella supo que estaba en terreno peligroso. Tragó saliva, mirando de reojo a Chewie. Éste parecía sorprendido por la revelación. Volvió a fijar la vista en el Jedi. Tal vez estaba por recibir una paliza legendaria por su descaro. Pero al menos, lo estaba haciendo reaccionar.
- Por favor, Maestro Skywalker –suavizó su tono lo más que pudo-. Háganos entender.
Afuera comenzaba a atardecer. Una corriente de aire helado entraba por el hueco en donde estuvo la puerta. Tras unos tensos instantes, el Jedi se llevó las manos al rostro. Cuando la miró nuevamente, Rue no necesitó sentir su desesperación en la Fuerza. Estaba pintada en cada uno de sus rasgos.
- Le he fallado a todos los que me importan. Han... Leia... -hizo una pausa-. Justo como la Orden Jedi ha fallado en proteger la galaxia, una y otra vez. ¿Crees que quería ser encontrado en esta isla olvidada? Vine aquí a morir, para que todo este legado de fracaso termine conmigo.
Chewie se removió inquieto, negando con la cabeza. Rue miró al Jedi con dureza. Le costaba sentir empatía por él con esa actitud apática, y no ayudaba que le costase tanto leerlo. Era confuso e irritante. Mientras Skywalker se lamentaba por sus errores y los errores de gente muerta, otros que aún vivían eran amenazados por la Primera Orden. La culpa no salvaría la vida de nadie, no le enseñaría a ella a controlarse, ni detendría a Snoke y a su perro Kylo Ren. Suspiró, intentando sonar conciliadora.
- Todos fallan. Incluso los Jedi. Por algo están muertos... -Chewie le dio un manotazo en la nuca, y ella sintió el peso de sus palabras, por lo que agregó-. Pero usted no, así que no es demasiado tarde. Hay esperanza. Puede empezar de nuevo. Aprender de los errores...
- ...váyanse –les gruñó con cansancio, volteándose a recoger su puerta. Solo se dirigió a Chewie cuando agregó más suavemente-. Lo siento, viejo amigo. No puedo ir con ustedes.
La obstinación del wookiee se desvaneció. Éste le dijo que pasarían la noche ahí por si cambiaba de opinión, y se llevó a una contrariada Rue con él, fuera de la cabaña. Pero ella aún no se rendía.
- No nos iremos sin él, Chewie –protestó mientras se alejaban-. Pero algo no se siente bien. ¿Lo habías visto así antes? No sé lo que es, pero no puedo confiar en él.
Se estremeció recordando su primera reacción al verlo. Chewie gruñó que era una buena persona, pero que nunca lo había visto tan miserable. Unas gotas de fina lluvia cayeron en su rostro, tomándola por sorpresa. En algún momento el sol había desaparecido bajo una gruesa capa de nubes. Notó que aún tenía el libro en sus manos, y maldijo corriendo hacia el árbol.
Maz la mataría de saber que había expuesto una reliquia tan valiosa a la sal y la humedad.
Tres días. Se iba por tres días y los sinvergüenzas ya rebuscaban en los escombros de su castillo. Resopló sacando su blaster. Desde los restos de su terraza, disparó al aire una sola vez, y los cinco ladrones diseminados en la planta baja se estremecieron, preparando sus armas.
- ¡Largo! –rugió desde las alturas- ¡Fuera de mi castillo!
O lo que quedaba de él. Un confianzudo sullustano la apuntó con un blaster, pero Emmie a su lado lo desarmó disparando a su mano. El bribón chilló aferrándose a la extremidad quemada.
- ¡Última advertencia! –siseó apuntando al más cercano, y los cinco ladrones huyeron.
Maz maldijo a la Primera Orden por existir. Amaba ese castillo. Pocos sabían que antes de ser su hogar, esa antigua fortaleza había sido un templo Jedi. Lo había encontrado abandonado en uno de sus viajes, y tras reconocerlo de un sueño, decidió instalarse a vivir ahí. Eso hacía más de mil años. Tendría que esperar al fin de la guerra para volver a levantarlo. O tal vez, la Fuerza tenía otros planes.
- Acabemos con esto –suspiró, mirando a Emmie. Ésta asintió, guardando su blaster.
Bajaron al sótano. En éste habían varias bodegas con baratijas y tesoros, pero sólo una bóveda sellada. Esperaba que no hubiesen entrado ahí en su ausencia. Respiró profundo para concentrarse y pasó la mano por sobre la cerradura. El mecanismo solo podía accionarse por un sensible a la Fuerza, y a Maz le había tomado años descifrarlo por su cuenta. La puerta se abrió con un suave click.
Todas las reliquias de la Fuerza que había coleccionado a lo largo de su vida, luminosas y oscuras, yacían ahí. Estaban intactas, para su alivio. La habitación estaba cargada de energía. Al entrar, Maz se estremeció escuchando los susurros dulces o terribles de cada antigüedad. Seleccionó las imbuídas con el lado luminoso y las dejó en el saco que Emmie sostenía afuera. Luego prendió fuego al resto.
Habia sido demasiado descuidada con esos objetos, lo veía ahora. Acumularlos en un solo lugar, era peligroso si no se contaba con la seguridad necesaria. Ella los había creído a salvo, olvidados, lejos de las garras del lado oscuro. Hasta que el lado oscuro tocó a su puerta y echó abajo su fortaleza.
- ¿Te preocupa que la cría tenga las reliquias imbuídas con el lado oscuro? –preguntó Emmie, ladeando la cabeza- ¿Es por eso que destruyes el trabajo de tu vida?
A la droide le costaba entender, y tenía sus motivos. Habían pasado siglos juntas reuniendo esos objetos. Pero viendo las llamas crecer desde fuera de la bóveda, Maz no se arrepentía de lo que hacía.
- Me preocupa que cualquiera lo haga –aclaró, y luego agregó a regañadientes-. Mis visiones aún cambian y se contradicen. Reconozco que me inquieta lo que Rue podría hacer con ellas.
- Esa es una apreciación hecha en base al miedo. Puedo confirmarlo leyendo tus signos vitales.
Maz se volteó a mirar a Emmie, ofendida. Estaba por replicar, pero se dio cuenta de que era cierto.
- ¡Bah! –soltó, ensimismada-. Tienes razón.
Ni siquiera ella, con sus más de mil años de vida, estaba exenta de sentir miedo. Pero era difícil no inquietarse cuando prendías fuego a una habitación de objetos oscuros y ésta seguía sintiéndose fría.
- La mocosa te ha cambiado –observó Emmie-. Nunca fuiste una persona aprehensiva.
Maz solía ser quien hacía las observaciones agudas. Pero Emmie la conocía mejor que nadie, así que tuvo que reconocer que eso también era cierto. Adoptar a Rue sí la había cambiado. Ella siempre había seguido el camino luminoso, pero entonces tuvo que aprender a moderar su excentricismo y desenfreno, porque la cría siempre terminaba imitándola. Ayudó a crear la Flota Libre para demostrar que ser pirata y hacer el bien no eran excluyentes. Que eran responsables de hacer una diferencia.
Su hija, por otra parte, había aprendido a confiar en alguien. Razón por la cual Maz siempre respetó su deseo de permanecer en Takodana con ella, en lugar de ir a la academia Jedi de Luke Skywalker. Pero las cosas eran distintas ahora. Rue finalmente había decidido seguir el llamado luminoso de la Fuerza, y el desapego que requería la senda Jedi era un desafío del que ambas tendrían que aprender.
- Espero nunca llegar a ser aprehensiva –replicó-. Pero como madre, puedo ser precavida.
Dejarla ir y confiar. Las visiones de Maz acerca de su hija siempre cambiaban, y esto por momentos la hacía vacilar. Pero lo cierto era que Rue había probado ser más fuerte que la tentación del lado oscuro en varias ocasiones. Quemar esas reliquias era solo una precaución adicional, y es que en su vasta experiencia de vida, también había aprendido que nadie estaba a salvo de caer. Ni siquiera ella.
Dejaron arder los objetos hasta que éstos se volvieron cenizas. La bóveda ya no parecía irradiar energía oscura, sin embargo Maz sintió que el eco de aquella acción quedaría allí para siempre. Tal y como la muerte de los espías que allí habían atacado a Rue. La anciana recordaba aquella reciente confesión con pesar en su corazón. Tres años sin saber de su hija se habían sentido como trescientos.
Pero el pasado no se podía cambiar. Ahora solo les quedaba mirar hacia un futuro más luminoso.
Ya en la cueva que usaban de hangar secreto, Maz y Emmie se subieron a la Fortuna del Extraño. Esbelta y discreta pero bien equipada para combate, tenía espacio para cuatro. Tal vez el príncipe encantador habría hecho amigos durante su exilio en Garqi. Mientras más rebeldes reunieran, mejor.
Estaban calculando la ruta de hipervuelo cuando Maz sintió una alteración en la Fuerza. Instantes después un caza TIE modificado salió del hiperespacio. Kylo Ren, podía apostarlo. Pero había llegado demasiado tarde y ellas no se quedarían a saludar. La computadora notificó que el cálculo estaba listo, y la anciana accionó el hiperpropulsor justo cuando éste comenzaba a dispararles.
Se había largado a llover durante el trayecto al árbol. Al llegar, Rue sacó el libro del refugio que improvisó bajo su ropa, y lo contempló una vez más. La calidez del tomo desgastado por los años se sentía como un dulce llamado, y sin embargo Skywalker no tenía intención de continuar la Orden Jedi.
Erizándose percibió que ya no estaba sola, y viendo de reojo notó una figura oscura a sus espaldas.
- Lo encontraste –había un dejo de triunfo en la distorsionada voz de Kylo Ren.
El corazón le dio un vuelco. El libro resbaló de sus manos cuando tomó el puñal en su bota y se lo lanzó, pero el arma simplemente pasó a través de su garganta a ensartarse en la corteza del árbol. Kylo Ren se sobresaltó, pero el puñal no pareció afectarle. Le tomó un instante a Rue juntar las piezas.
- ¡Sal de mi mente! –rugió, encendiendo el sable de luz oculto bajo su ropa.
Ignorando la hoja de plasma frente a él, dio un lento y deliberado paso hacia ella. El pulso de Rue se disparó, pero se obligó a quedarse ahí. Kylo Ren se llevó las manos a la máscara, cada uno de sus movimientos suave en medio del espacio teñido de azul. Ella sujetó la empuñadura con más fuerza.
- Tú eres la que está en mi mente –replicó, confuso-. Esto no es obra tuya. El esfuerzo te mataría.
Se quitó la máscara, y en lugar de ver una mirada fría o furiosa, Rue vio que sus ojos relucían con curiosidad. Él dejó vagar la vista a su alrededor, girando la cabeza. El sable de luz zumbaba mientras ella lo movía para adecuarlo a su posición. Pero era como si él estuviera, y no estuviera ahí a la vez...
- ¿Puedes ver en donde estoy...? –volvió a mirarla- Yo no puedo ver en donde estás...
- ...como si fuera a creerte, bastardo –gruñó entre dientes-. Sal... de... mi... mente. ¡Ahora!
Frustrada, notó que no podía rechazarlo como con las espinas en la Starkiller. Pero al parecer, él tampoco podía invadirla más de lo que ya hacía. Frunció el ceño. De ser capaz, ya lo habría hecho...
- No –murmuró ensimismado-. Lo reconocerías. Esto es algo más...
Está blufeando, pensó. Es una trampa. Él esperaba a que ella se delatase hablando. Rue no caería con algo tan simple. Ella no le diría nada. Lo rodeó con el sable de luz en guardia mientras él la seguía con la mirada. Pero había algo en su actitud intrigada que la inquietaba profundamente. La sensación de que quizá había algo más en juego... algo que se le escapaba. Él le había ofrecido ser su maestro...
- Deja de fingir –espetó, alzando la barbilla-. Un tipo grande como tú... ¿por qué no me mataste cuando te rechacé?
Porque sí, lo había rechazado y quería que lo recordase. Kylo Ren no tenía poder sobre ella. Jamás lo tendría. Pero por alguna razón, tras su pelea, ella seguía viva. Los ojos de Ren relampaguearon con ira, y ella se preparó para verlo estallar. ¿Podría atravesarlo con el sable láser si se le acercaba, o pasaría igual que con el puñal? Pero cuando le respondió, la voz del bastardo fue suave, contenida.
- ¿Cuándo me llamaste un monstruo...? –la fulminó con la mirada, y ella se la sostuvo en desafío- ¿Por qué tú no me mataste? Querías hacerlo. Podías hacerlo...
Burlonamente se llevó una mano a la quijada, ahí en donde ella le había dado un puñetazo cuando lo dejó inconsciente. La estaba provocando. ¿Por qué no lo había matado? Porque no deseaba perder el control de nuevo. Pero no iba a satisfacerlo con esa respuesta. Él entrecerró los ojos, esperando...
Su comunicador repiqueteó y ella soltó una maldición. En un parpadeo, Kylo Ren ya no estaba. Chewie le avisó que se iría de vuelta a la nave, sugiriendo que le diera tiempo a Luke. Pero con manos temblorosas, Rue no podía darse el lujo de esperar más. Había algo terriblemente mal con ella, si el bastardo aún podía entrar a su mente. Y había vuelto a sentir el frío en su interior...
Alterada, corrió de vuelta a la cabaña de Skywalker y aporreó la puerta, pero se arrepintió en el último momento. ¿Qué le diría? ¿Que no era lo suficientemente fuerte como para resistir al bastardo?
- Maté a dos hombres usando la Fuerza –confesó en su lugar-. Necesito ayuda.
Tras una larga pausa, la puerta se abrió. El Jedi la miraba con expresión sombría. Rue tragó saliva.
- Me atacaron. Perdí el control. Los aplasté –se estremeció al recordar-. Hace tres años. Solía contener mis habilidades en la Fuerza... pero ahora es demasiado intenso. Entrenar con usted es mi última esperanza. No quiero volverme como Kylo Ren.
El rostro de Skywalker pareció envejecer de golpe. Tras mirarla intensamente un largo rato, dio un profundo suspiro, y salió de la cabaña. El primer instinto de Rue fue alejarse, pero se forzó a quedarse.
- Ven –le dijo a regañadientes.
Caminó hacia la cima del risco con los hombros caídos, la cabeza gacha, y un sable de luz colgado a su cinturón. Ella palpó sus propias armas antes de seguirlo. Es un Jedi, un buen hombre, se recordó. Un héroe que solo pasaba por un mal momento, como todos. Las historias no podían ser todas falsas.
Pero en cuanto entraron al corazón de la montaña, habían dos caminos tallados en la piedra. Y el Jedi descendió al que se sentía frío.
