La Saga "Harry Potter", pertenece a J.K. Rowling

La Saga "Las Crónicas del Campamento Mestizo", pertenece Rick Riordan.

Tres Semidiosas Impares.

Harriet Potter y las Antorchas Perdidas.

13: Demasiado fácil.

Aquella cámara, enseñaba imágenes en relieve de la Titanomaquia, y tenía antorchas encendidas, iluminando el lugar.

Antes de poder preguntarse dónde rayos estaban metidas, un ataque (o más bien, emboscada) se hizo muy obvio.

Esqueletos armados con espadas y escudos, se comenzaron a levantar del suelo.

―Bienvenidas sean, pequeñas ―dijo una voz masculina. Ante ellas, había una mujer de unos treinta años. Tenía el cabello negro enrulado, sus ojos cambiaban constantemente de color, llevaba una camisa escarlata de botones y un pantalón negro, la mujer abrió su mano, en la cual apareció una diminuta esfera rosa, la cual sopló, como si fuera un beso, la esfera fue hacía las chicas, mandándolas a volar. ―Lo lamento. Pero no puedo permitirme que obtengan la antorcha. ―Rápidamente, la semidiosa desconocida escapó por un agujero rectangular, mientras agarraba una antorcha plateada con llamas escarlata.

― ¡Se lleva la antorcha! ―gruñó Hermione.

―Y nosotras estamos atrapadas ―dijo Harriet, empuñando sus dos espadas, bloqueando el intento de estocada de uno de los esqueletos, pateando a uno que la atacaría por la espalda, y comenzando a enfrentarse, al que tenía ante ella.

Leslie, agarró una de las antorchas, mientras desviaba los ataques de su esquelético rival, antes de acercarle la llama a una cuenca y hacer que se encendiera en llamas.

Veronica logró decapitar a uno de los esqueletos. Solo para chillar del miedo, cuando este pudo proseguir el combate, incluso decapitado.

― ¡Quemé a uno de ellos, y así logré que dejara de moverse! ―dijo Leslie― ¡podríamos intentar arrinconarlos y quemarlos, con las antorchas!

― ¡Tiene sentido, porque no parecen, querer dejarme en paz, incluso decapitados! ―gruñó Veronica, antes de pensar, y repetir el proceso: decapitando a otros dos esqueletos.

Hermione se acercó a los esqueletos contra los que luchaba la pelirroja y los distrajo, mientras corría a una antorcha en la pared, usándola para quemarlos.

Harriet se dedicó a desmembrarlos: enterraba sus espadas en los huesos de los hombros, haciendo que los brazos saltaran, y luego pateaba a los esqueletos, hacía el fuego improvisado que sus compañeras estaban creando, logrando librarse de ellos.

Hermione logró, en un momento de astucia y poder olímpico, manipular las llamas, contra los demás esqueletos, pero el fuego se descontroló aún más rápidamente, corrieron hacía el túnel con forma de puerta, subiendo unas escaleras, logrando escapar de allí.

―Si algo es fácil... ―murmuró Hermione, consumiendo un cubo de ambrosia.

―Siempre desconfía ―completó Veronica.

― ¿Hacia dónde vamos ahora? ―preguntó Harriet, mirando en varias direcciones, pero la desconocida había huido con la antorcha y lejos de ese lugar.

― ¿Quién era esa mujer? ―preguntó Hermione.

―Una hija de Afrodita, lo supe porque sus ojos cambiaban constantemente de color ―dijo Leslie. ―Si ella robó las antorchas, entonces tendríamos que lograr seguirla.

― ¿Qué necesitas? ―preguntaron las más jóvenes.

Leslie miró a Hermione, con una sonrisa. ―Apolo es tu padre, es el dios del fuego y el sol. En teoría, deberías de ser capaz de sentir una llama divina, como la que otorgan... bueno, ya sabes: las antorchas de Hécate.

―E... Entiendo, pero... ―dijo Hermione insegura. ― ¿Cómo se supone que haga algo así?

Leslie le sonrió, y le habló al oído. ― "Los dioses poseen elementos. Poseidón el agua, Zeus el rayo, el viento y.… el hielo, al parecer; Deméter y sus hijas controlan las plantas, unos cuantos hijos de Hefesto poseen fuego, igual que los hijos de Apolo"

―Confía, en que lograrás sentir la llama que emite la antorcha. Eres una hija de Apolo, después de todo. ―dijo Harriet sonriente, a pesar de la situación en la cual se encontraban. Hermione asintió y cerró sus ojos, comenzó a respirar lentamente, mientras sentía la magia y el poder olímpico, filtrándose por sus venas, sus ojos y venas se iluminaron con un fulgor anaranjado, que se vislumbró bajo sus ojos.

Hermione lanzó violentamente su cabeza hacía atrás, mientras sus ojos permanecían cerrados. Vio a través de los ojos del sujeto, como corría por una calle transitada, logrando reconocer un hospital. Abrió sus ojos y pudo guiar a sus compañeros, quienes corrieron detrás de ella, siguiéndole la pista a su enemigo, esperando poder dar con él.

Llegaron a un callejón, donde escucharon espadas chocando, y el fulgor de las llamas de la antorcha.

―No continuarás por este camino, tonta ―dijo una voz masculina.

― ¿Y realmente crees que puedes detenerme? ―preguntó la hija de Afrodita, que robó la antorcha.

―Es muy obvio, que has hecho algo, para obtener la Osteoquinesis de Hades. Sí puedo notarlo en tus ojos ―dijo el hombre, los choques de espadas se hicieron mucho más pronunciados y más repetitivos. Significaba no solo que el combate proseguía, sino que habían literalmente, aumentado la velocidad del combate, la luz de la antorcha titilaba.

Harriet agarró su arco, se arrojó hacía un lado, con tal de caer sobre su hombro, y disminuir el daño; pero al arrojarse así, también esperaba tomar por sorpresa a su enemigo, y a aquel al cual enfrentaba.

Vio a la chica y a un anciano de cabello plateado, quien se movía muy bien, a pesar de la edad que debía de tener.

Disparó una flecha.

Ninguno de los dos, parecía darse cuenta.

Un grito femenino.

Sangre.

Los dedos índice y corazón cayeron al suelo, junto con la antorcha, la cual se extinguió.

La desconocida arrojó cientos de pétalos, los cuales aumentaron su tamaño y giraron a su alrededor, permitiéndole escapar.

El anciano recogió la antorcha y se acercó a Harriet, quien tenía su arco tenso, listo para disparar aquella flecha.

No voy a enfrentarte. Hija del señor de los cielos, voy a entregártela ―dijo el anciano, dándole una sonrisa desdentada.

Las otras tres chicas, aparecieron detrás de Harriet, empuñando sus armas.

―Arrójala. Que ruede hasta mis pies ―gruñó Harriet. Así lo hizo el anciano, Harriet volvió a patearla, hasta los pies de Veronica quien recogió la antorcha.

El anciano se desvaneció, dejando sorprendidas y extrañadas a las chicas.

― "Tenemos una" ―susurró Leslie.

(N/A: El Capítulo estaba quedándose muy corto, con muy pocas páginas, y tuve que alargarlo al menos un poco, adelantando algunos hechos, o haciendo que adquirieran una de las antorchas, ahora –fui en contra de mi propio deseo, de hacer del hecho de adquirir una de las antorchas, algo épico–)