CAPÍTULO XIII
A media tarde ya estaban en tierras de los Uchiha. Esa mañana habían desayunado con Kakashi y después de una breve despedida salieron de tierras Hatake escoltados por cuatro hombres del clan. Kakashi le había mirado preocupado antes de que partieran. No se le habían escapado las oscuras ojeras bajo los ojos de Sasuke, su sudor frío y su rostro tenso por un dolor cada vez más agudo. Le había pedido que se quedara más tiempo allí, por lo menos hasta que se encontrase mejor, pero Sasuke había sido inflexible en ello. Con su eterna sonrisa le dijo que estaba bien y que debía volver cuanto antes a casa. Kakashi tuvo que aceptar su palabra, aunque no estaba nada convencido.
Apenas quedaban un par de horas de luz solar pero después de despedirse de los hombres Hatake, ya en tierras Uchiha, Sasuke sabía que llegarían antes del anochecer, eso si no se avergonzaba a sí mismo desmayándose antes de llegar. Sabía que estaba al borde de sus fuerzas pero no podía detenerse ahora. Sakura tenía el gesto también cansado y las leves arruguitas que cruzaban su entrecejo le decían a Sasuke que algo la preocupaba.
Justo antes de que el sol desapareciera por el horizonte llegaron al castillo. Dejaron las monturas que Araya y el resto de los hombres no tardaron en llevar a los establos y se dirigieron al interior.
Cuando entraron al salón, un chillido cruzó la estancia. Al escucharlo, supo que Hotaru había visto a su hermana; era imposible no darse cuenta, sobre todo porque después de eso salió corriendo y se lanzó a los brazos de Sakura.
—¡Dios mío! ¿Qué haces aquí? No puedo creérmelo —dijo Hotaru contemplando a su hermana como si estuviese viendo algún tipo de espejismo.
Hotaru era la hermana menor de los Haruno. No se parecía en mucho físicamente a su hermana, a excepción de los ojos color verde oscuro. El cabello rubio y rizado, era la rebelde de los tres. Con su genio y viveza parecía que podía con todo. Sus pecas diseminadas a lo largo de sus mejillas le daban un aspecto encantador y travieso.
Utakata Uchiha sonrió al ver la alegría de su esposa en sus ojos, en su rostro. Sabía que había acertado al pedir a su hermano que fuese a por Sakura. El hecho de que Hotaru estuviese en ese momento más alegre y dinámica que en las últimas semanas merecía la pena. Haría lo que fuese por Hotaru.
—Pedí a Sasuke que diera un pequeño rodeo y le preguntara a Sakura si quería venir a pasar un tiempo con nosotros. Pensé que te gustaría la sorpresa.
Hotaru miró a Sasuke y en sus ojos se podía ver todo el amor que profesaba a su esposo y que en ese momento rebosaba a raudales.
Sakura no pudo contener una sonrisa. Ver a su hermana tan feliz la hacía feliz a ella como nada podía hacerlo. Hotaru y Naruto, aparte de su padre, eran lo más importante en su vida. Sus hermanos lo eran todo.
Hotaru volvió a mirar a Sakura y la abrazó de nuevo como si no creyese que de verdad estaba allí.
—Estas preciosa —le dijo Sakura quitando con una mano los rizos rebeldes que se habían escapado del peinado de su hermana—. ¿Cómo te encuentras? ¿Mi sobrino o sobrina te está dando ya mucha guerra? —preguntó guiñando un ojo a su hermana y mirando su tripa todavía plana.
—He tenido algunas molestias. Nada importante. Pero ahora que estas aquí... te he echado de menos —dijo Hotaru un poco emocionada.
—Yo también —respondió Sakura sintiendo un nudo en la garganta.
Hotaru tenía una excusa para estar tan emotiva, pero ella... si seguía así todo el mundo empezaría a hacer preguntas, la primera Hotaru, y ella había ido allí para ayudarla, no para crearle ningún tipo de inquietud.
—Utakata, muchas gracias por invitarme —dijo Sakura dirigiéndose esta vez al jefe del clan Uchiha.
Utakata la miró a ella y alzó una ceja con el mensaje implícito de que las gracias se las daba él por estar allí y hacer esto por Hotaru.
—Os esperábamos hace un par de días. Empezaba a inquietarme —añadió el jefe dirigiendo su mirada hacia el extremo del salón, donde Sasuke terminaba de hablar con su primo Sai. Este último se despidió de todos con un gesto de cabeza y salió del salón.
Utakata cambió su expresión alegre y distendida cuando vio el rostro de su hermano, que se dirigía hacia ellos. La inquietud y la preocupación se instalaron en sus facciones.
—Nos quedamos una noche con Shizune y Amai y otra noche con Kakashi. Ese testarudo prácticamente nos obligó a quedarnos, si no hubiera sido así hubiésemos llegado ayer —dijo Sasuke acercándose a Utakata. Evitó mirarle directamente. Sabía que su aspecto no debía de ser el mejor, y a su hermano difícilmente se le escapaba algo—. Voy a subir a refrescarme un poco. Luego os veo —se excusó intentando aguantar un poco más para no caerse redondo allí mismo. Solo esperaba llegar a su habitación y tirarse en la cama. Con un poco de suerte y descanso, por la mañana sería capaz de pensar con claridad. En ese momento con la fiebre capando a sus anchas por su cuerpo, difícilmente podía ser muy coherente. Antes de salir, guiñó un ojo a Hotaru y le dijo con complicidad—: Me debes una muy grande.
Su cuñada le miró con cariño y agradecimiento. Sentimientos que se tornaron en preocupación cuando se percató del aspecto de Sasuke. Fue a darle un beso pero Sasuke se dio media vuelta para salir a toda prisa del salón. Si Hotaru le tocaba se desataría el caos y solo quería llegar a su habitación y que le dejaran morir en paz.
Antes de darse media vuelta había visto la mirada de Sakura. Angustiada. ¿Por él? Maldita sea, él no quería que ella se preocupase o sufriese por él. Ya puestos, no quería que nadie sufriera por él. Por eso quería llegar con dignidad a algún sitio donde pudiese descansar y recuperarse sin que los demás tuviesen que estar pendientes de su estado.
No lo consiguió.
No había dado ni tres pasos cuando Utakata lo cogió por el brazo y detuvo su marcha. Había estado tan cerca de conseguirlo, pensó cuando levantó la vista y vio a su hermano borroso. Y supo, antes de que la oscuridad se cerniera sobre él, que no iba a poder evitar derrumbarse allí mismo.
Utakata sujetó a su hermano antes de que este se desmayara y cayera al suelo. Su preocupación por este hecho se volvió alarma cuando al cogerlo sintió que Sasuke estaba ardiendo.
Óbito, uno de sus hombres de confianza que entró en ese momento en el salón y se percató de la situación, le ayudó enseguida a sostenerlo mientras Utakata miraba a Sakura, que era la única de los que estaban presentes que había estado con él los últimos días.
Antes de que pudiese preguntar, Sakura y Hotaru estaban junto a él.
—Es el hombro, Utakata. Le hirieron hace dos días. Shizune le curó pero es una herida considerable. Shizune dijo que no sabía cómo podía sostenerse en pie. Pero Sasuke no se quejó y ha estado comportándose como si solo tuviese un rasguño. No ha parado en estos dos días, apenas si ha descansado.
Utakata endureció sus facciones. Cogió a Sasuke al hombro con ayuda de Óbito y luego se dirigió a él con voz extremadamente seria.
—Trae a Naori enseguida —dijo a Óbito con urgencia.
Naori era la curandera del clan y amiga de Utakata y Hotaru. De hecho, Hotaru la había ayudado en muchas ocasiones desde que llegara al clan.
Utakata cargó a su hermano hasta la habitación de este y, con cuidado, lo tumbó en la cama. Sakura y Hotaru lo siguieron, pidiendo a Uruchi que llevase paños limpios y agua a la habitación.
Uruchi, la mujer que más tiempo llevaba en aquel castillo cuidando de los hermanos Uchiha, no perdió el tiempo.
Utakata le quitó a su hermano la camisa y el vendaje que llevaba al hombro y un fiero gruñido procedente de su garganta rasgó el silencio.
—¿Cómo demonios se ha hecho algo así? —dijo Utakata mirando a Sakura. La herida se veía hinchada y roja. Un corte horizontal, de gran tamaño, con la piel en carne viva debido a la quemadura que le habían infligido en la zona para cortar la hemorragia.
Sakura miró a Utakata y a Hotaru, compungida, antes de contestar.
—Unos mercenarios nos atacaron hace un par de días, justo después de dejar las tierras de mi padre. Uno de ellos me sorprendió cuando estaba alejada del resto de los hombres. Habíamos parado para que yo pudiese tener algo de intimidad, ya sabes. Llevábamos muchas horas cabalgando. Solo recuerdo que alguien me cogió por detrás y me tapó la boca. Sasuke me había seguido y se había quedado lo suficientemente cerca por si lo necesitaba. Debió de percatarse que algo ocurría porque fue él quien me salvó. No recuerdo eso porque el hombre que me tenía retenida me dio un golpe y perdí el conocimiento. Solo recuerdo despertar y encontrarme con Sasuke mirándome. Ya no estaban los mercenarios. Por lo que me contaron después, eran cuatro; Sasuke luchó contra ellos hasta que Araya y Shisui llegaron a donde nos encontrábamos. Uno de ellos fue el que hirió a Sasuke. Sé que Sasuke mató a uno, pero los demás consiguieron huir.
Sakura vio la cara de angustia de su hermana.
—Estoy bien, Hotaru. No me hicieron nada —le dijo intentando tranquilizarla.
Utakata observaba a Sakura con suspicacia. Algo no le cuadraba en la explicación que le había dado. ¿Unos mercenarios? ¿Por qué iban a atacarles?
Sasuke era uno de sus mejores guerreros, letal con la espada. Cuatro contra uno. Su hermano había salvado esa desventaja en muchas ocasiones sin ningún rasguño. ¿Qué había pasado?
Uruchi llegó con los paños y el agua.
Sakura los cogió y ella misma se acercó a Sasuke para limpiar la zona. Nadie discutió que lo hiciese ella. Era raro que Hotaru no le hubiese dicho nada pero una mirada a su hermana, que tragaba saliva con dificultad, le dijo todo lo que necesitaba saber. Estaba teniendo molestias nuevamente y ver la herida de Sasuke no ayudaba a mitigarlas.
El joven guerrero estaba ardiendo, y seguía inconsciente. Sakura intentó ser todo lo delicada que pudo al limpiar la herida, pero eso no impidió que al rozar la misma con el paño húmedo, un gruñido saliera de sus labios.
Ya había prácticamente acabado cuando unas voces en el pasillo anunciaron la llegada de alguien. Era Naori, que entró en la habitación llevando su bolsa con las hierbas y otros remedios que ella misma preparaba.
Sakura la había conocido la única vez que había estado en aquellas tierras, cuando su hermana Hotaru resultó herida y Naori la cuidó. Le caía bien aquella mujer. Tenía un carácter vivo y era tremendamente vital. Su hijo pequeño era un cielo y Sakura la admiraba. Quedarse viuda con un bebe y seguir adelante no tenía que haber sido fácil.
Sakura se retiró cuando Naori se acercó. La vio observar la herida y luego la miró. Sakura entendió sin palabras.
—Una herida de espada. Sangraba muchísimo y la hemorragia no terminaba de cortarse. Cuando llegamos a casa de Shizune, su prima limpió la herida y tuvo que quemarla para que dejara de sangrar. Después le puso un emplasto con hierbas y lo vendó. Le dijo que tenía que descansar, pero no ha parado desde que le hirieron, apenas ha descansado. Decía que se encontraba bien. El vendaje creo que se lo cambió una vez, y la fiebre apareció a las pocas horas; sin embargo, desde ayer la ha tenido más alta.
Naori asintió sin decir ni una palabra. Tocó a Sasuke y después observó la herida. Concentrada en su trabajo, cogió la bolsa y sacó varias bolsitas con hierbas dentro.
—Déjame ayudarte —dijo Hotaru, que aparentemente parecía haberse recuperado de sus molestias.
Naori asintió, le pasó a Hotaru las bolsitas y le dio instrucciones que Hotaru llevó a cabo con premura. Después de que prepararan un brebaje y un emplasto de hierbas, vendaron la herida de Sasuke con la segunda e intentaron que se bebiera el primero. Eso fue más difícil dada la inconsciencia del mismo.
Cuando Naori acabó, miró a Utakata de forma elocuente y, recogiendo sus cosas, salió de la habitación.
Sakura deseaba saber qué era lo que Naori le iba decir a Utakata pero dado que su hermana parecía haber pedido de nuevo el color, y teniendo en cuenta sus deseos de estar un rato a solas con Sasuke, se dirigió a Hotaru con paso firme.
—Hermana, ¿por qué no sales un rato? Sé que estás sintiendo arcadas en este momento. El color mortecino de tu cara es muy revelador —le dijo intentando esbozar una sonrisa—. No pasa nada, yo me quedo con él. Es lo menos que puedo hacer. Me salvó la vida y ha cuidado de mí todo el tiempo.
Hotaru miró a su hermana y después a Sasuke. Asintió y tras darle un beso en la mejilla, salió de la habitación.
Sakura se acercó a la cama en la que estaba tumbado Sasuke y se sentó en la silla que había a la cabecera de la misma, no sin antes llevarse consigo una palangana con agua fresca. Cogió uno de los paños limpios que quedaban de entre los que había subido Uruchi y lo mojó en el agua para después refrescar la frente de Sasuke que, ante su contacto, pareció soltar un pequeño quejido.
Miró hacia la puerta que estaba cerrada tras la marcha de Hotaru. Sabía que en cualquier momento Utakata entraría de nuevo, sin embargo aquello no le impidió hacer lo que deseaba desde que entró en aquella habitación. Tocó los mechones húmedos de cabello de Sasuke y los apartó de su cara con ternura y algo más, algo que hizo que su estómago se contrajera por la preocupación. Era el hombre más generoso, noble, increíblemente atractivo, delicado, enigmático, inteligente, fuerte y seductor que había conocido jamás. Y era su marido. Rozó su mejilla con la mano y sintió el calor de su piel enfebrecida temblar bajo su contacto. No se dio cuenta de la humedad que impregnaba su mejilla hasta que algo cayó en su pecho. Una gota de agua, una lágrima. Tocó su propio rostro con confusión.
—No te atrevas a dejarme viuda, Sasuke Uchiha, o te perseguiré por toda la eternidad —le dijo Sakura a Sasuke mientras cogía una de sus manos entre las suyas—. Hiciste una promesa, ¿recuerdas? Y sé que eres un hombre que cumple sus promesas así que, una vez más, confío en ti. No me defraudes y vuelve conmigo —dijo Sakura con voz entrecortada mientras depositada un suave beso en la mano de Sasuke.
