Naruto Y Hinata en:
Vudú
PASO DOCE
«ALFILERES EN EL CORAZÓN. ESTOS SON LOS MÁS IMPORTANTES. TAL VEZ NUNCA SOÑASTE CON CLAVARLOS, PERO ES PROBABLE QUE ELLOS SE CLAVEN EN TI. Y ENTONCES NADA, NI SIQUIERA ESTE CONJURO, SERVIRÁ PARA SACÁRTELOS DE AHÍ.»
{...}
Toc, toc, toc.
Maldición. Y ahora, ¿qué?
Hinata dejó una de sus camisas a medio doblar encima de la maleta abierta y se encaminó hacia la entrada. Había tardado más de lo normal en preparar el equipaje, porque también había tardado más de lo normal en guardar el vestido que había comprado para su primera cita con Gaara. Para ser precisos, había tardado lo mismo que en ir al cuarto de baño, agarrar el rollo de papel higiénico y secarse el rímel frente al espejo.
—¿Qué quiere? —bufó mientras descorría el pestillo, imaginando que del otro lado estarían la casera o el jardinero con alguna de sus agotadoras monsergas.
Pero no era ninguno de los dos.
El brazo de Naruto Uzumaki la agarró por las solapas del uniforme del trabajo, la aprisionó contra su torso pétreo y cerró la puerta de una patada tras ellos.
Hinata intentó gritar, más por el susto que por el miedo, pero los labios de él apresaron los suyos en una orden tácita de silencio. Una vez más, lo único que pudo hacer fue temblar entre sus brazos. Y vaya si tembló.
—Haz el favor —masculló él con voz ahogada tras romper el beso—, de acabar de una buena vez con ese muñeco o ese hechizo o lo que sea. Me estás volviendo loco —agregó con ronquedad.
Ella meneó la cabeza atónita.
—Pero si ya lo he hecho —balbuceó. Su voz no mostraba la misma firmeza que sus manos, que se aferraban como garras a los bíceps de Naruto con intención de no dejarlo escapar.
Él se burló.
—¿Me tomas por imbécil? No había estado tan duro en mi vida, y te juro por lo más sagrado que voy a reventar estos pantalones si no te tumbo sobre la cama ahora mismo.
Iba a ir al infierno de cabeza. Su abuela la iba a desheredar. Sería una descastada más de las muchas que eran excluidas del pueblo por su moral relajada y su vida disoluta. Se le ocurrían millones de consecuencias nefastas si se dejaba llevar, pero allí, entre los brazos del hombre más sexy del mundo y ante la oportunidad de enmendar sus errores, Hinata estaba más que dispuesta a hacerlo.
—Pues hazlo —espetó con un brillo de voluptuosidad en los ojos y una pizca de humedad en los labios.
Naruto la miró a ella, luego a la puerta del dormitorio, luego a ella de nuevo y, por último, a las estiradas costuras de sus pantalones.
—¿No te importa que todo sea una farsa?
Hinata sonrió. Había cometido muchas equivocaciones, y Dios sabía bien que lo de utilizar magia negra no había sido buena idea. Sin embargo, la vida le ofrecía de nuevo el lugar que tanto había estado esperando. Y ese, se mirara por donde mirara, no era ninguna farsa.
Las cenizas crepitantes de Mini Gaara no tenían nada que ver con la chispa de expectación en los ojos de Naruto, ni con el bulto que palpitaba entre sus caderas, ni con los jadeos irregulares que salían de su boca, y ella lo sabía mejor que nadie.
Con un guiño, hizo un gesto liviano hacia los hornillos. Naruto miró en su dirección.
—¿Qué demonios es eso?
Con los ojos como platos, tiró de ella hasta la cocina. Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada, mientras él comprendía la situación y ella aguardaba sonriente su reacción.
—¿Esto quiere decir que...?
Hinata asintió despacio mientras se pegaba a su cuerpo bronceado y, repentinamente, cubierto de sudor.
—Solo dime cuándo y dónde quieres que te lo demuestre.
—¿Demostrarme el qué? —tartamudeó él.
Ella arqueó una ceja con malicia.
—La magia que mi cuerpo puede obrar sobre ti. Y sin ayuda del vudú.
Los ojos de Naruto relampaguearon, y una sonrisa traviesa curvó sus labios mientras se inclinaba para agarrar a Hinata por la cintura.
—Ahora. Y aquí.
De mutuo acuerdo, apostaron quién entraría antes en el dormitorio y, entre risas, echaron a correr.
No llegaron ni al salón.
Naruto en su afán de llegar primero la agarro por la cintura y la estrecho contra la pared y empezó a besarla por todas partes, sus manos también la recorrían por todos lados, le parecía un pulpo, su boca le besaba el cuello, luego el lóbulo de la oreja que la hizo estremecer de deseo.
Hinata sentía que ya no podía esperar mas, ademas que Naruto empezaba a explorar sus partes intimas, la frotaba una y otra vez estimulando el clítoris, hasta que introdujo el dedo del corazón por su apertura fue el momento culminante.
Naruto se dio cuenta que Hinata estaba lista ya para recibirlo. Sus sentidos se agudizaron cuando Hinata con una pierna le rodeo la cintura y empezó a frotarse a él.
— El sofá... — Murmuro Hinata.
Pero Naruto estaba tan excitado que no pudo esperar. A él le resultaba difícil controlar el deseo. Era demasiado urgente. Le levanto la falda hasta la cintura y le quito las braguitas. Hinata abrió las piernas para recibirlo. El movimiento de Naruto al desprenderse de su ropa interior fue igualmente suave.
Hinata dejo escapar un gritito cuando la penetró. Sus caderas se arquearon, aceptándolo, atrayéndolo hacia su interior. Un sonido gutural vibro en el pecho de Naruto. La cogió de la parte trasera de los muslos, levantándole las piernas para que le rodeara la cintura, y empezó a moverse de forma rítmica.
Hinata era vagamente consciente de la fría pared a donde estaba apoyada, se sentía llena. Gimió cuando aquella pulsación le recorrió todo el cuerpo casi de inmediato, algo que nunca había sentido antes se le acumulo en su vientre. Naruto estaba cegado por la furia de su deseo, moviendo todo su cuerpo con sus fuertes manos.
Hinata se sentía completamente dominada por la sensualidad desbordante cuando Naruto acelero las acometidas más convulsivas y violentas ahora. De forma instintiva, se abrazó a él, rodeándolo con los brazos y apretando las piernas. Los gemidos se hicieron más bajos, más rítmicos, y finalmente él se relajó tumbándose sobre ella, presionándola con su peso contra la pared.
Sólo su respiración rompía el silencio. Noto como el ritmo de los latidos de Naruto descendía más y más contra sus senos. Sus cuerpos estaban fundidos. El peso de Naruto la presionaba contra la pared, y sus cuerpos se derretían en todos los lugares en que la carne desnuda rozaba.
Después de que sus respiraciones estuvieron mas calmadas, Naruto tomo a Hinata aun rodeandole la cintura se giro y se dirigió a buscar la habitación.
Hinata se agarro mas a los hombros de Naruto, y soltó una risita, Naruto también le sonrió.
— Esta es solo la primera escala preciosa, vamos a tomar vuelo de nuevo y vemos hasta donde nos lleva.
¿SERA EL FIN?
