CAPITULO XIII
Sasuke sacó a Naka del agua y lo dejó junto a Kagen, que seguía temblando. Cuando giró la cabeza hacia el lago y no vio a Saku sintió que el miedo le atenazaba las entrañas.
Se tiró al agua, rogando llegar a tiempo. Nadó hacia el lugar donde la había visto la última vez. Los segundos parecían hacerse eternos. Se hundió en el agua y giró sobre sí mismo, intentando ver algo que delatara dónde estaba Saku. Los pulmones parecían a punto de estallarle, así que, en contra de su voluntad, salió a la superficie, inspiró aire y volvió a sumergirse, negándose a creer que no pudiese salvarla.
Finalmente logró distinguir un destello rosáceo a su izquierda y nadó con todas sus fuerzas hasta allí. Profundizó un poco más, escrutando las aguas como si le fuera su propia vida en ello. Algo le rozó la mano. Se aferró a ello con los dedos y comprendió que era un mechón de pelo. Tiró de él mientras se hundía más en el lago hasta que tocó el cuerpo inerte de Saku. La cogió entre sus brazos y ascendió con ella hasta la superficie. Cuando salió y comprobó que no respiraba, un grito de rabia salió de su garganta mientras abrazaba su cuerpo como si así pudiese devolverle la vida. Un pequeño temblor proveniente de su cuerpo hizo que Sasuke se separara de ella lo suficiente como para verle la cara. Un leve aleteo en las pestañas hizo que el corazón le diera un vuelco. Cuando Saku empezó a toser de forma continua, expulsando el agua que parecía haber tragado, Sasuke la sujetó con más fuerza.
—Tranquila, pequeña... sigue respirando, ya casi hemos llegado —le susurró, intentando que Saku siguiera luchando. Estaban muy cerca de la orilla.
Allí distinguió a Obito. No había rastro de los niños.
Cuando pudo hacer pie, Sasuke cogió en brazos a Sakura y salió del agua. Obito, que le esperaba en la orilla, la tapó con una manta, tomándola de los brazos de Sasuke.
—Debemos llevarla cuanto antes al castillo y darle calor —dijo Sasuke entre dientes mientras cogía su montura y conminaba a Obito a que le diera a Saku para acomodarla entre sus brazos.
La mirada de Obito delataba su preocupación..
—Ian nos avisó. Utakata y Setsuna se han llevado a los niños. Están bien después de todo.
Sasuke asistió mientras espoleaba su montura. Solo pensaba en una cosa y era en ver a Saku bien de nuevo.
Cuando llegó al castillo, bajó de la montura con Saku en brazos, con sumo cuidado. Escuchó llegar a Obito segundos después.
A pesar de expulsar el agua de su cuerpo, Saku no estaba consciente del todo. Entró con ella en el salón cuando Utakata y Uruchi salieron a su encuentro.
No dijeron una palabra. Sasuke pudo observar la mirada preocupada de Uruchi y la seriedad en el rostro de su hermano.
En vez de llevarla al cuarto de Saku, subió las escaleras hasta la primera planta. Entró en su habitación y la depositó en la cama.
—Utakata, ve a ver a los niños y dime después cómo están —le dijo a su hermano mientras él también empezaba a sentir los estragos que la ropa húmeda sobre su cuerpo provocaba.
Utakata asintió con seriedad mientras salía de la habitación. Ya solo estaba Uruchi con él.
—Uruchi, dame una de mis camisas. Rápido. Y trae más mantas —le dijo mientras empezaba a desnudar a Saku. No había mucho que quitar, ya que al tirarse al agua Saku solo se había dejado la camisola puesta. Había sido inteligente. Si en su intento por salvar a los niños se hubiese tirado con la ropa puesta, esta al mojarse, hubiese pesado tanto que la habría arrastrado hacia el fondo.
Uruchi no dijo nada cuando Sasuke le quitó a Saku la ropa mojada. La prenda mojada, pegada al cuerpo de Saku, no dejaba nada a la imaginación; poca diferencia había con su total desnudez. Cerró la puerta antes de volver junto a ellos. Aquel no era momento para remilgos.
Sasuke actuó con diligencia, como si el cuerpo desnudo de Saku no le afectara hasta la médula. Lo importante en aquel momento era quitarle aquella ropa, ponerle algo seco y darle calor. Uruchi le ayudó a ponerle una de sus camisas y a taparla con dos mantas.
Sasuke se retiró un poco, lo justo para quitarse su camisa mojada y secarse. Uruchi se volvió de espaldas mientras se cambiaba del todo.
En menos de dos minutos estaba nuevamente al lado de la cama.
—Le he traído también una de sus camisas —le dijo Uruchi extrañada de que no se hubiese cubierto el torso, mientras miraba la que Laird Uchiha había dejado a los pies de la cama.
Sasuke se acostó junto a Saku y la atrajo hacia sus brazos, acunándola entre ellos y posando la mejilla de Saku sobre su pecho.
—Así le daré calor —dijo Sasuke, más tranquilo cuando vio que Saku recobraba algo de color en las mejillas.
Uruchi conocía a Sasuke de toda la vida. No en vano lo había visto nacer a él y a sus dos hermanos. Desde pequeño había sido un niño disciplinado, con carácter, pero justo y noble. No había un Laird en toda Escocia del que su clan pudiese estar más orgulloso. Como en ese instante, cuando vio la preocupación en sus ojos y sus intentos casi desesperados de que Saku estuviese lo mejor atendida posible.
Saku sentía frío, tanto que pensó que se le helarían los huesos. Incluso más que aquella vez en la que su hermano Naruto la convenció de salir a cazar y les cogió una nevada. Llegaron a casa medio congelados.
En ese momento le costaba abrir los ojos. Era como si sus párpados estuvieran cosidos.
Así que cuando empezó a sentir calor quiso llorar por el alivio tan inmenso que aquello le proporcionó.
Poco a poco, ese calor fue extendiéndose por su cuerpo hasta que sintió que podía mover sus extremidades. Parpadeó con cuidado y finalmente logró abrir los ojos.
Enfocó su mirada al frente y vio a Uruchi, sentada en una silla frente a ella, en un cuarto que no era el suyo y en una cama que...
Entonces se dio cuenta. No estaba sola. Estaba apoyada en alguien. Su cara reposaba en un pecho duro y definido que le proporcionaba el calor suficiente como para entibiar su cuerpo. Unos brazos la estaban estrechando, reconfortándola, dándole una seguridad y una calma que no sentía en mucho tiempo.
—Bienvenida. Ya era hora. Pensábamos que nunca ibas a salir de tu letargo.
Esa voz...
Sasuke notó cuando Saku tuvo conciencia de la situación en la que se encontraba y que él la estaba abrazando. Se tensó en sus brazos antes de levantar la cara y mirarle a los ojos.
¡Qué hermosa estaba! A pesar de casi haberse ahogado, no podía estar más preciosa.
Sus enormes ojos adquirieron su habitual vitalidad al ruborizarse sus mejillas.
Su pelo, esa cabellera abundante, sedosa y ondulada que le caía por la espalda, enmarcaba su cara, atrayendo la mirada de cualquier ser humano capaz de sentir.
Sus curvas habían encajado con su cuerpo como si estuviese hecha para él. A pesar de estar allí con Uruchi como testigo, había tenido que recurrir a todo su autocontrol para mantener su deseo a raya. Había sido lo más difícil que había hecho en su vida.
—Ahora que está despierta, bajaré a hacer un caldo. Algo que te caliente las tripas —dijo Uruchi haciendo que Saku desviara la mirada de él y la centrara en la anciana. Intentó desentenderse de sus brazos, pero él no se lo permitió. Tuvo que reprimir una sonrisa cuando ella volvió a mirarlo con un brillo de enojo en los ojos. Estaba seguro que si hubiese podido lo habría matado en ese momento, y eso lo complació más que nada. El hecho de que Saku fuese tan trasparente, que le hiciese frente, que le desafiase, que expresara lo que pensaba a pesar de no ser lo que él quisiese escuchar... eso lo volvía loco.
—Creo que es muy buena idea, Uruchi —dijo Sasuke , mientras la soltaba por fin, se levantaba de la cama y se ponía la camisa que un rato antes había dejado a los pies del lecho.
—Me alegro mucho que estés bien, muchacha. Menudo susto nos has dado, pero estamos todos muy agradecidos por lo que has hecho. Has sido muy valiente. Gracias a ti, Kagen y Naka siguen con nosotros.
Uruchi le dio una palmadita en el brazo antes de volverse y encaminarse hasta la puerta.
—Yo me quedaré con ella hasta que regreses —dijo Sasuke sentándose en la silla que momentos antes había ocupado Uruchi. Tenía que hablar con Saku sobre lo que había pasado aquella tarde y estaba seguro que lo que iba a decirle no iba a gustarle.
En absoluto.
