Habían transcurrido alrededor de 3 meses desde que habían partido de Titán. Summa iba con ellos, con 3 clones operativos y otros dos de reserva. Aunque en un principio les incomodaba a todos su presencia, terminaron por acostumbrarse. La nave estaba ahora en su máxima capacidad, por lo que tuvieron que detenerse en otros planetas a recargar combustible, mientras rastreaban la Atalaya espacial de la Federación.
Por fin habían conseguido su ubicación, por lo que los ánimos estaban mucho mejor gracias a la nueva noticia. Entrapta era la más entusiasmada de todos, ya que jamás se imaginó que tendrían que ir a la famosa Atalaya, una nave de proporciones gigantescas, con la mejor tecnología del universo.
En cambio, otros sólo querían tocar tierra, como Mermista y Sea Hawk, que no eran muy asiduos a los viajes espaciales. Adora vigilaba todo el tiempo a Summa, ya que no quería confiarse demasiado, sin embargo, se distraía con facilidad con Catra, que continuamente la llevaba a armarios o cualquier rincón de la nave para besarla y juguetear con ella.
Scorpia había logrado entablar amistad con Perfuma, y pasaban gran parte del tiempo riéndose quién sabe de qué. Glimmer y Bow discutían sobre cómo sería la fiesta de su boda cuando volvieran a Etheria, para mantenerse animados. A pesar de sus esfuerzos por mantener la moral, todos se sentían algo cansados.
Al capitán Kyle no le agradó mucho la alianza con Summa, pero Perfuma logró convencerlo de que era la única alternativa por el momento, ya que Entrapta había confirmado que no estaba mintiendo. Después de ese episodio, a todos les parecía cada vez más lejana la idea de volver a Etheria.
Estaban a unas horas de llegar a la famosa Atalaya, y Adora nuevamente estaba atrapada en el cuarto donde dormían siempre con Catra. Por más que intentaba ser responsable e ir a ayudar al resto, siempre terminaba en los brazos de la felina, incapaz de resistirse.
—Catra, deberíamos vestirnos, ya vamos a llegar a nuestro destino ¿recuerdas?
—Faltan unas horas. Quedémonos un rato más así.
La abrazó, escondiendo su cara en su pecho, ronroneando ligeramente. Adora suspiró, la verdad era que estar así le hacía muy feliz como para negarse.
—¿Todavía quieres ser parte de la Federación?
—No lo sé, parecía una buena idea pero… no sirvo para el papel de heroína.
—¿Estás segura? Me salvaste el pellejo en muchas misiones, Catra.
—Sí, pero eso es porque eres tú…
—También lo has hecho por otros compañeros, te he visto.
—Ok. No es porque me guste hacer el papel del héroe y todo eso, pero… me gusta la idea de tener aventuras contigo en todo el universo. Me emociona la idea de conocer otros mundos, otras criaturas, y patear traseros en el proceso también.
—La verdad es que no suena como un mal plan. Podríamos empezar por vestirnos.
Esta vez Catra fue la que suspiró, y se levantó de la cama para vestirse, lo que le permitió a Adora levantarse también, ya que estaba arrinconada hacia la pared.
—Yo quiero creer que existe una forma de desactivar el arma que hicieron Los Primeros en Etheria. Me gustaría resolver esto, ayudar a Summa, y sentirme libre por fin. Quiero viajar por el universo contigo, no quiero seguir en guerra.
—No es tu responsabilidad, Adora. No eres tú la que convirtió a Etheria en un arma. Fueron Los Primeros. Y respecto a Summa, espero que no nos haya mentido, según Entrapta no, pero aun así… No lo sé, no puedo confiar en esa cosa.
—Es como si no tuviera alma, o sentimientos, es muy extraño la verdad.
Ambas intercambiaron miradas de preocupación, antes de salir del cubículo y encaminarse a la sala de controles. Summa necesitaba hablar con uno de los fundadores de la Federación Estelar, alguien que al parecer era de confianza. La cuestión era si para el resto de los etherianos lo era, las dudas en Adora y el resto no hacían más que aumentar.
—No sabemos si nos recibirán en la Atalaya, pero si eso no sucede, el plan es infiltrarme con Summa para que encuentre a su aliado. Scorpia y Perfuma irán conmigo, si no te molesta Adora —dijo Entrapta apenas la vio entrar a la sala.
—¿Por qué siempre le preguntas a Adora, acaso está a cargo? —soltó Mermista con hastío.
—Pensé que era obvio, después de todo, es la más fuerte y estamos en su nave —respondió Entrapta.
—¿Tienes algún problema con eso, sirenita? —le increpó Catra.
—¡Catra! —le reprendió Adora— Mermista, el capitán Kyle nos dejó a cargo de la misión a mí y a Catra.
—Pues no se nota, todo este tiempo lo único que han hecho es ir retozando por ahí en los rincones de la nave.
Glimmer soltó una risilla, a lo que Bow le hizo un gesto para que guardara silencio. Adora no fue capaz de replicar, estaba sonrojada por el comentario vergonzoso de Mermista. Catra simplemente la miró con gesto enfadado.
—No importa quién está a cargo de la misión, camaradas. Debemos salvar el universo, debemos detenerlo —dijo Summa, para la sorpresa de todos.
—¿A quién debemos detener? —consultó Scorpia, intrigada.
—Tal vez ya tiene seguidores, eso me temo. No se preocupen, lo sabrán cuando llegue el momento. Primero debo hablar con el primer guardián del universo.
—Tal vez quieras acompañarlos, sirenita —le dijo Catra a Mermista, señalando con un gesto a Summa.
—Un grupo demasiado grande atraería atención indeseada, ya somos más que suficientes —aclaró Summa.
—Una vez que lleguemos a la Atalaya y tengamos contacto, solicitaremos asilo, entonces ustedes distraerán a los anfitriones que nos asignen para hacer el recorrido correspondiente, y tal vez les ofrezcan otras atenciones que les brindan a los invitados. La Federación Estelar tiene la obligación de dar asilo a cualquier ser del universo que se lo pida, así que no hay nada que temer —explicó Entrapta.
Adora paseó su mirada por el resto del equipo. Lucían bastante agotados, por lo que entendía el malhumor de Mermista, quien era abrazada en ese momento por Sea Hawk. Catra se acercó más al enorme ventanal de la sala de control, ya se visualizaba a lo lejos la Atalaya, era una estructura gigante, con forma de aguijón.
A medida que se acercaban, más gigante se veía, no era mentira que podía albergar casi un millón de humanos, aunque muy pocos Estelares eran humanos. Tal como anunció Entrapta, cuando estuvieron lo suficientemente cerca, una conexión en el intercomunicador solicitó contactarse con ellos.
Adora solicitó asilo como le indicó Entrapta.
—¿Origen?
—Etheria.
—Origen confirmado. Por favor desactive los controles de su nave, será alojada en un hangar que ha sido asignado automáticamente. Bienvenida a la Atalaya de la Federación Estelar, base de los guardianes del universo.
Adora desactivó los controles, y la nave se movió atraída por una fuerza magnética hacia el hangar de la Atalaya. Descendieron todos, para ser recibidas por dos anfitrionas que estaban ahí para darles la bienvenida. Adora lideraba el grupo junto con Catra, fueron las primeras en visualizar a las dos mujeres.
—Bienvenidos a la Atalaya, etherianos, mi nombre es Netossa —dijo la morena de cabello plateado.
—Yo soy Spinnerella, nosotras somos de Etheria, por lo que seremos sus anfitrionas —dijo sonriendo la segunda mujer de cabello rosado.
Un silencio incómodo reinó en el grupo, nadie esperaba encontrarse con compatriotas.
