Suerte
Sev despertó en la misma postura y miró el reloj. "Bien, las siete y media, he dormido ocho horas, maravilloso. E Hipólita sigue dormida, ya lleva más de nueve, pobre, ya te digo que necesitaba descansar, pobrecilla.
Voy al baño mientras todavía duerme, para no perder un minuto cuando despierte." Se levantó con sumo cuidado, fue al baño, desconectó el despertador y volvió a meterse en la cama con el mismo cuidado, pero la cama era muy blanda y la chica se revolvió mientras él se metía.
"Jo… ya la he despertado, no he debido ir." Volvió a abrazarla, ella estrechó su brazo contra sí.
-Prince…
-Sigue durmiendo, cariño, perdona por haberte despertado, todavía queda un ratito.
-No… que yo también quiero abrazarte y mirarte…
-No, cariño, duerme un poco más, anda, no te has despertado por ti misma. Venga, duerme un poquito más.
-¿Qué hora es?
-Las siete. Todavía hay mucho tiempo, duerme.
-Tú te vas a aburrir…
-Que no, Hipólita, que no me aburro. ¿Cuántas veces he de decírtelo? Duerme, anda.
-Qué calorcito de la piel más rico.
-Claro, cariño, también para mí.
-¿Viste cómo yo tenía razón?
-Claro que sí, soy muy bobo.
-Y no te ha pasado lo que dijo Sirius.
-No, no me ha pasado. Anda, menos charla, a dormir.
-Ya no voy a dormirme, ya me he despertado del todo.
-Jo, Hipólita… mira que te lo he dicho enseguida, que siguieras durmiendo.
-Ya no estoy cansada, Prince, estoy bien, y ya te lo dije anoche. También es importante preocuparse el uno por el otro, no sólo comer y descansar.
-De acuerdo, Hipólita, tienes razón.
-Además, así tenemos mucho rato de abrazo despiertos – ilusionada.
-No tanto, no son las siete, pasan de las siete y media.
-Me has mentido… - decepcionada.
Se volvió hacia él.
-Para que siguieras durmiendo.
-Eso no se hace.
-Sí, eso sí que se hace siempre que no sean cosas graves. Para cuidar de los demás, de vez en cuando se les puede mentir, como tú cuando no me contaste que habías llorado mucho en la fiesta.
-Claro…
-Vamos a abrazarnos, anda.
-Primero un pico de buenos días, el número siete, buena suerte.
Sev rio.
-Hipólita, ¿vas a contar todos los picos que nos demos?
-Claro, por lo menos hasta el veintisiete.
-Vale…
Se lo dieron y se abrazaron.
-Mmm… qué rico… - dijo él.
-¿Has visto que ahora te lo he dado distinto?
-Sí, lo he visto.
-Poniendo morritos, como tú. ¿Cómo te gusta más?
-Como más te guste a ti.
-Mi padre me los da poniendo morritos y mi madre sin ponerlos.
-¿Y cómo te gusta más a ti?
-De las dos maneras.
-Vale, entonces yo también te los daré de las dos maneras.
-El próximo sin morritos.
-Vale. Lo planificas todo, Hipólita, eso no es natural.
-Es para que los dos lo hagamos igual, si no, no tiene gracia.
-Tiene más gracia si es inesperado.
-No siempre, ya lo viste ayer con las canciones. Era mejor planificar el trozo que cantábamos cada uno.
-Tienes razón. ¿Lo pasaste bien?
-Lo pasé de muerte, Prince.
-Quería llevarte a cantar desde que fuimos el primer día al estanque.
-Claro, por eso quedaste conmigo en la entrada al pasadizo del tercer piso.
-En el clavo, Hipólita. Vaya memoria tienes.
-Ya te dije que no iba a olvidar nada de lo que me pasara contigo. Tú tampoco lo olvidas.
-Pero no es mérito mío, yo tengo un poder de una de esas magias antiguas que te contaba ayer.
-Ah, ¿sí? – interesada.
-Sí, hice un ritual en una cueva y ahora recuerdo al detalle todo, todo lo que me ocurre y lo que me ocurrió alguna vez en la vida.
-Prince… yo también quiero hacerlo… así me acordaré de todo, de todo.
-Te llevaré en septiembre, Hipólita. La cueva está lejos dentro de la Sala de Menesteres, hay que caminar mucho cuesta arriba y ahora hace calor. Iremos en septiembre con Ariel y Sirius, lo pasaremos muy bien.
-Cuántos planes, cuántos planes…
-Donde sí voy a llevarte es a un árbol sagrado, a adquirir otros poderes.
-Ah, ¿sí?
-Sí, la magia de los druidas. El dominio de la naturaleza y mis talentos innatos.
-¿Qué es innatos?
-Los que tenía por nacimiento.
-Wooow, Prince… entonces seré un as como tú.
-Ya lo eres Hipólita, no me necesitas para ser un as.
-¿Y a qué árbol vas a llevarme?
-A tu árbol sagrado de los druidas, el árbol de tu cumpleaños, el más sagrado para ellos, el roble.
-Vaya, Prince… En los bosques del Valle de Godric hay muchos robles.
-Y también en el Bosque Prohibido. Pero iremos esta noche al bosque de la Sala de Menesteres, mientras los demás hacen la cena.
-No deberíamos, deberíamos ayudar.
-Ayudamos a prepararla y cuando esté en marcha nos escapamos. ¿Tú ayudas a tu mamá a hacer las cosas de la casa?
-No mucho, porque las hace con magia, pero estoy con ella y me fijo en cómo las hace para aprender a hacerlas yo. Ya te digo que yo quiero ser independiente.
-Yo sé hacerlo todo a lo muggle.
-Entonces yo te enseñaré a hacerlas con magia y tú a mí a lo muggle, así sabremos de las dos maneras.
-Claro.
-Por si tenemos que disimular cuando vayamos a la universidad y tengamos amigos muggles.
-Muy bien pensado, Hipólita.
-Y tú aprendes a hacerlas con magia para cuando tengas que cuidar de nuestros niños.
-Vaya… ¿Ya has pensado que sí quieres tener niños?
-Sí, sí que quiero, Prince, lo pensé anoche en la cena. Quería decírtelo antes de dormir, pero no me dio tiempo.
Sev rio y la abrazó más fuerte, dándole muchos besos en la cabeza.
-Muchas gracias, cariño, pero no era necesario que lo pensaras tan rápido. Te quedan muchos años por delante todavía, ya tendrás mucho más tiempo de pensarlo bien. Eso es algo que hay que pensar mejor todavía que lo de tener novio o no. A un novio puedes dejar de quererlo y olvidarte, pero a un hijo no puedes hacerlo nunca, has de cuidar de él hasta que sea independiente e incluso después.
-Claro…
-Es algo para toda la vida.
-Pero creo que sí voy a querer, ¿eh Prince? Porque no pensé sólo en ti y en mí, también pensé en mis padres. Mis padres no tienen más hijos, sólo me tienen a mí, y si yo no tengo hijos, ellos no van a tener nietos, y a mí mis abuelos también me quieren mucho. Les daría una gran alegría a mis padres teniendo hijos.
-Muy bien pensado. Pero si tienes hijos, no debes hacerlo por nadie más que por ti misma. Si tus padres te tuvieron sólo a ti, fue también porque lo decidieron así, y tú debes ser como eres y no hacer algo tan trascendental por otras personas, ni por tus padres, ni por mí, así que sigue pensándolo muy bien y durante muchos años. Por el momento, hemos de esperar a terminar el colegio, que acabe la guerra y que estudiemos esa carrera muggle. Todavía te quedan treinta años de tiempo por delante.
-Tienes razón, Prince. Y además, si a mí me va bien con el Quidditch, si gano el Mundial y todo eso y puedo ayudar a mis padres, a ellos todavía les dará tiempo de tener otro niño. Mi madre es muy joven todavía, cumple este verano los treinta y tres, suerte.
-Vaya… tu madre te tuvo muy joven.
-Claro, ya te lo dije, que se quedó embarazada nada más salir de Hogwarts. Me tuvo a los dieciocho, y mi padre a los veintiuno, suerte.
-Vaya… ¿Me cuentas la historia de tu familia?
-Claro, Prince. Mi padre tiene un hermano mayor, que no está casado ni tiene niños. Tiene un buen trabajo, estudió el EXTASIS de Transformaciones, porque no quería hacerse cargo de la librería de mi abuelo.
-Vaya…
-Entonces la librería quedaba para mi padre, a él sí que le gustaba, le gustan mucho los libros, por eso no estudió más, él hizo el EXTASIS de Estudios Muggles y comenzó a trabajar en la librería en cuanto se graduó.
-Claro. Entonces seguro que tu padre conocía la historia de las amazonas, por eso te pusieron ese nombre.
-Seguramente, ya lo había pensado, pero ellos nunca me han contado esa historia.
-Porque ya ibas para guerrera, para no animarte más todavía con la guerra que se nos echa encima. Tus padres no quieren que seas guerrera.
-Claro, por eso tampoco participaré en batallas. A buscarlos a sus casas, pillarlos por sorpresa, mucho más seguro. Hay que mantenerse viva a toda costa, Prince.
-Así me gusta, cariño.
-Sigo contándote. Mi madre sí que tiene una hermana menor que ella con niños, más pequeños, mis primos, todavía no vienen a Hogwarts.
-Claro.
-Yo soy la única nieta de mis abuelos paternos y fui la primera de los maternos, por eso mis abuelos me quieren tanto.
-Claro.
-Mi madre estudió el EXTASIS de Encantamientos, por eso sabe hacer tan bien todo lo de la casa. Ella habría podido trabajar si hubiera seguido estudiando, como hizo mi tía, que estudió Medimagia y trabaja en San Mungo.
-Vaya… tu tía trabaja en San Mungo.
-Sí, es sanadora de niños.
-Qué bonito.
-También pensé en ella cuando Sirius me dijo que hay mujeres independientes con niños.
-Claro, Hipólita, ahí lo tienes.
-Te sigo contando. Mis abuelos paternos vivían en la casa que vivo ahora con mis padres. Cuando mi madre se graduó y se casaron se la dejaron a ellos y se fueron a vivir con mi tío, el que no está casado.
-Vaya tela…
-Claro, porque mis padres querían casarse enseguida y tenerme a mí, recuerda que pasaron tres años viéndose sólo en las salidas a Hogsmeade y en vacaciones.
-Claro…
-Y además, mi padre es el hijo favorito de mi abuelo, por lo de la librería y porque es el que le ha dado una nieta, y mi tío también me quiere mucho, mucho, soy su única sobrina.
-Claro.
-La familia de mi padre es una familia muy unida, nos vemos muy a menudo. Mi abuelo todavía trabajó unos años más en la librería, para que mi padre tuviera más tiempo de estar conmigo, pero el dinero era todo para nosotros, porque yo ya había nacido, mis abuelos paternos viven de lo que gana mi tío.
-Vaya tela…
-Yo pienso que es por eso también que él no se ha casado, me da mucha pena.
-La que nunca pensaba casarse ni tener niños.
-Pero desde que nos queremos he tenido mucho tiempo de pensar en esas cosas, Prince, no es bueno estar solo. Cuando mis abuelos mueran mi tío se quedará solo.
-No se quedará solo, tendrá a tus padres y te tendrá a ti.
-Claro, y a ti.
-Claro, y a mí. ¿Te das cuenta ahora de lo importante que eres para mucha gente, Hipólita? No sólo tus padres y yo, también tus abuelos y tus tíos.
-Sí, Prince, por eso te lo decía, mantenerme viva a toda costa. Y ahora que caigo en la cuenta, tú ya sabías todo esto, ayer no lo ocluí.
Sev rio.
-Vaya, Hipólita… me has pillado. Qué lista eres.
-Soy un poco boba, me ha costado, ¿eh?
-No, ha estado bien, porque debíamos hablar de ello.
-Pues mejor no perder el tiempo con cosas que ya sabemos, ¿no te parece? ¿Qué hora es?
-Las ocho menos diez.
Se separó de él.
-El rato que queda nos miramos. Segundo pico, el octavo, sin morritos.
Se lo dieron.
-Vaya… así es más rico…
-Claro, bobo, por eso yo siempre te los daba así.
-¿Y por qué me has dicho antes que te daba igual?
-Por si te daba apuro, porque a ti todo te da apuro. Seguro que te está dando apuro que ahora puedes verme porque me he separado de ti. Sólo me miras a la cara.
-Pues sí, Hipólita, aciertas.
-A ver si se te va pasando el apuro, ¿eh? Yo no tengo ninguno, yo sí que quiero verte a ti. Sepárate más.
"Vaya…"
-¿Quieres que salga de la cama?
-Si no tienes frío, sí. Así tú no me ves a mí y yo te veo a ti. Tú te lo pierdes.
"Buf… me pone contra las cuerdas." Salió de la cama y se quedó tumbado de costado vuelto hacia ella, Hipólita se arrebujó con la ropa de cama. Ella lo miró durante varios minutos, todo su cuerpo, sin decirle nada más. "Wow… cómo me mira. Sólo debe haber visto a un hombre casi desnudo en su vida, a su padre, y es muy delgado y desgarbado."
-Avísame a las ocho en punto – le dijo ella.
-Claro.
-¿Puedo ahora tocarte?
-Claro que sí.
Ella sacó el brazo derecho tapándose con el izquierdo y le palpó firmemente el pecho, el vientre, los brazos, durante unos minutos más. "Lo mismo, sigue alucinando, apenas tiene con qué comparar pero aun así sabe apreciarlo. Vaya, vaya…" Cuando escuchó el reloj de la Torre, él le dijo:
-Las ocho en punto, Hipólita.
Ella dejó de tocarlo.
-Prince – vehemente - Estás muy bueno. Tenías razón, ya me han entrado otra vez ganas de hacer cosas de novios contigo.
-Vaya…
-El pico número nueve, sin morritos.
Se lo dieron.
-Anda, sal del dosel para que me vista.
-Ya no me importa verte, cariño. Tienes razón, soy muy bobo.
Ella salió de la cama y comenzó a vestirse.
-Bueno, entonces cuando esté casi vestida sales a vigilar a Anthony y Jack.
-Tampoco es necesario. Hemos estado charlando sin Muffliato. Recuerda que ayer nos vio todo el mundo subir juntos al dormitorio, ya toda la casa sabe que hemos dormido juntos.
-Claro, tienes razón, qué boba soy.
-Recuerda también que te proclamé Jefa de Sly. Si yo soy el Jefe y tú la Jefa, ya está todo claro, ¿no?
-Desde luego, así te libras de las pelanduscas, muy bien hecho. ¿Te has pensado lo de Cecile?
-Sí, lo pensé anoche cuando te dormiste. No me importaría, me parece buena idea.
-Entonces esta noche hablaré con ella del tema, para que sea ella quien le pida permiso a Remus y a ti no te dé tanto apuro.
-Está bien, hazlo.
-Ya ves que te lo estoy consultando todo, ¿eh? Aunque ya soy oclumante, te digo todo lo importante. Ya no voy a hacer nada más a tus espaldas.
-Me parece estupendo. Quizá veamos a Cecile incluso antes, quizá esta tarde, para buscar un instrumento para ti.
-Claro… ¿Ves? De eso quería hablarte antes también, cuando me has preguntado si ayer lo pasé bien, pero te has liado con cosas que ya sabías de mi familia y no hemos hablado de lo importante. ¿Cómo vas a quedar con Cecile si no puedes verla?
-Tenemos otro poder de las magias antiguas. Podemos hablar con la mente, como hacía ayer Sirius con nosotros.
-Buaaah… qué pasada, Prince… ¿Y a eso me puedes enseñar? ¿Es muy difícil?
-Claro que puedo enseñarte. No es difícil en absoluto, el poder se adquiere al instante cuando te quieres, basta con cantar un conjuro.
-Wow, Prince… estupendo. Entonces lo hacemos en cuanto vuelva de la entrevista con Slughorn.
-Claro que lo vamos a hacer.
-Vaya ventaja lo de ser oclumante, porque imagino que todo lo que me has contado de las magias antiguas también he de ocluirlo, ¿no?
-Sí, cariño, así es.
-Vaya chollazo. Al final la guarra de Lestrange me ha dado suerte, quién sabe cuánto tiempo habrías tardado en enseñarme Oclumancia de no ser por ella.
-En el clavo, Hipólita. La guarra nos ha dado suerte.
