UN BESO VERDADERO
"La verdad es una delicia que se saborea cada tanto, una rareza."
Sam se había vuelto una constante en sus días. El chico solía caminar a su lado cuando tenían las mismas clases y se emparejaba con ella en algunas actividades. Era amable, amistoso y claramente tenía otras intenciones que iban más allá de la amistad. Ella no se había dado cuenta al comienzo pero cuando Ginny le había lanzado una mirada burlona y había hecho un comentario nada inocente sobre él, fue como si todas las piesas cayeran en su lugar. Incluso recordó que Drac… Malfoy le había asegurado aquello tiempo atrás y ella lo había negado rotundamente.
De todos modos, no importaba.
Se sentía incapaz de devolver cualquier tipo de sentimientos en esos momentos por lo que siempre actuaba amistosa a su alrededor pero se tomaba muy seriamente el hecho de poner cierta distancia entre ellos cuando creía que él podría malinterpretar sus atenciones.
Desafortunadamente, eso no parecía desalentarlo.
Había ocasiones en las que le entregaba pequeñas notitas con mensajes y dibujos o dejaba golosinas deliciosas entre sus pertenencias para que ella las descubreira luego. Incluso una vez se atrevió a llevarle una rosa y antes de que ella pudiera reaccionar se había inclinado y dejado un beso en su mejilla para luego huír de ahí rápidamente.
No habían hablado de eso pero en esos momentos que lo tenía delante, con una sonrisa amplia, y un amplio ramo de flores en sus manos, pidiéndole que fuera su cita para la última salida de Hogsmeade del año, se arrepentía enormemente de no haber sacado el tema con anterioridad. Lo peor de todo era que le había hecho aquella propuesta en la biblioteca, donde, a pesar de que no se encontraban todos los alumnos del colegio, sí había unos cuantos presentes. Y dentro de ese pequeño grupo de expectadores se encontraba, nada más y nada menos, que Pansy Parkinson, quien la contemplaba con una expresión que iba entre la incredulidad y la burla. Pero ella no se quedó mucho tiempo, ya que después de reírse por lo bajo, tomó el brazo de Astoria y la arrastró fuera de la biblioteca, lanzándoles miradas a ella y a Sam, sin borrar esa burla en sus ojos.
Hermione gimió internamente. Ahora todos en el castillo sabrían.
Volvió a mirar a Sam, colocando una sonrisa muy forzada en sus labios que él notó de inmediato.
—Las flores fueron demasiado, ¿verdad? —le preguntó el chico.
—Las flores son encantadoras—le aseguró—. Pero no puedo aceptarlas. Como tampoco puedo ir contigo a Hogsmeade. Lo siento.
— ¡Oh! —su mano con las flores cayó a un lado de su cuerpo y la completó totalmente desanimado— ¿Es porque no soy de Gryffindor?
— ¿Qué? No, por supuesto que no. A mi realmente no me importan a qué casa pertenecen las personas. Eso es irrelevante—le aseguró—. Eres un chico encantador, amable, divertido…
— ¿Pero?
—Pero, no puedo porque… porque no sería justo para ti que acepte cuando tengo senimientos por alguien más.
Los ojos de Sam la miraban fijamente.
—Entiendo—dijo suavemente y ella agradeció enormemente que no preguntara nada más—. Lo siento. No quise ponerte en una sitación incómoda—retrocedió un par de pasos, como si necesitara alejarse de ella para no sufrir—. Yo… eg… espero que seas feliz con tu enamorado.
Antes de que Hermione pudiera controlarse una risita sarcástica se escapó de sus labios, llamando la atención del chico.
—No es así—le aseguró ella, debiendo aclarar después de aquello—. Él no me ve de esa forma.
—Entonces debe ser uno de las personas más estúpidas del mundo—le aseguró.
Hermione negó tristemente con la cabeza.
—De hecho, es bastante inteligente—admitió y tuvo que parpadear varias veces para alejar las lágrimas que llenaron repentinamente sus ojos—. Lo siento, Sam, realmente. Me encantaría poder corresponderte. No te imaginas cuánto.
—Tranquila. Al menos, podemos seguir siendo amigos, ¿verdad? —ella asintió con la cabeza de inmediato—. Toma—le entregó las flores—. Realmente las compré pensando en ti y sería un desperdicio tirarlas. Te las doy, sin segundas intenciones ni esperar nada a cambio.
Hermione las aceptó, admirándolas.
—Gracias.
Él simplemente asintió y luego hizo un gesto con la mano antes de alejarse de allí.
Hermione guardó sus pertenencias con prisa y salió de la biblioteca, sosteniendo el ramo contra su pecho. Caminó rápidamente por el pasillo, siendo consciente que muchos la observaban con curiosidad ya sea porque les resultaba extraño verlas con aquellas flores o porque ya se habían enterado de que el que se lo había obsequiado había sido Sam. Sea como fuere, apresuró aún más sus piernas porque realmente odiaba ser el centro de atención.
Por su prisa, no se dio cuenta de que alguien se encontraba espiándola detrás de una de las armaduras.
Draco había estado en su sala común, autocompadeciéndose, cuando Theo entró diciendo con diversión que a Hermione la habían invitado a salir, llevándole un enorme ramo de costosas flores, en plena biblioteca; que Pansy le había contado a Daphne y que ésta le había dicho a Blaise, quien, a su vez, se lo había dicho a él.
El rubio había saltado prácticamente del sofá y sin detenerse a preguntar a su amigo si lo que había escuchado había sido cierto o no. El profundo deseo de corroborar aquello era algo que sólo podía ser satisfecho por cuenta propia: tenía que verlo con sus propios ojos. Así que corrió, corrió como sólo lo había hecho en la guerra o cuando estaban luchando contra los piratas en aquella realidad alternativa donde tenía que encontrar el "Ojo de la Luna". Chocó contra unas cuantas personas, casi cayó un par de veces, pero finalmente llegó a ella y cuando la vio caminar con aquel ridículo ramo de flores se ocultó detrás de una armadura.
Se sintió un maldito acusador por hacer aquello pero no quería que se diera cuenta que él estaba allí, sitniéndo que el corazón se le rompía al verla tan comprometida con alguien más.
¿Cómo es que ella había logrado superarlo tan pronto? ¿Cómo es que ella no había salido de aquellas realidades sintiéndose del mismo modo que él? ¿Cómo es que había logrado olvidarlo todo? ¿A caso ya no recordaba que él le había dicho que la querría incluso cuando salieran de aquellas realidades alternativas? ¡Pero claro que lo recordaba! Su mente siempre había sido bastante prodigiosa. Eso quería decir que ella simplemente decidía ignorarlo. Al menos hubiera tenido la decencia de decirle a la cara que no sentía lo mismo que él. Pero no lo hizo. ¿A caso eso no era un acto de cobardía? A su modo de ver, lo era.
Y si de los dos ella era la cobarde, tendría que ser él quien se armara de valor para ir detrás de ella y enfrentarla.
Así que comenzó a seguirla. Lo suficientemente cerca como para no perderle el rastro pero también lo suficientemente lejos como para que no se diera cuenta su presencia. De ese modo, cuando notó que se metía en un pasillo vacío, Draco apresuró sus pasos y casi de inmediato se puso a la par de Hermione. Ella no lo notó al principio porque parecía profundamente perdida en sus pensamientos pero cuando finalmente lo hizo, lanzó un jadeo, sobresaltada por su presencia.
— ¿Qué quieres, Malfoy? —le preguntó, contemplándolo con el ceño fruncido.
—Una respuesta.
— ¿Disculpa? —ella se detuvo en medio del pasillo y Draco la imitó.
— ¿A caso las flores te atontaron, Granger? Quiero una respuesta. Te mandé una carta hace tiempo preguntándote algo y no te dignaste a responderme.
Hermione lo miraba con profunda sorpresa.
—Yo… creí que el no dar una respuesta era una respuesta en sí misma—indicó.
Draco la miró con sospecha. Aquel era un comentario demasiado rebuscado, incluso para ella.
—Ni siquiera te dignaste a leerla, ¿verdad? —le preguntó con molestia, acertando al deducir aquello— ¡Eres incríble, Granger! —exclamó enojado— ¡Realmente increíble! Pensé que al menos tú, de todas las personas que conozco, tendrías la decencia de leer unas simples palabras. Pero obviamente me equivoqué contigo…
Hermione jadeó, esta vez con indignación.
— ¡No te atrevas a venir a sermonearme! —le gritó ella a su vez—. Tú hiciste tu trabajo, cumpliste tu promesa ¡Ya está! No tienes que hacer nada más, no tienes que hacerme creer que estás enamorado de mi o que te gusto.
Draco no podía creer su mala suerte. Su maldita jodida mala suerte.
—Granger, lee la maldita carta, por favor—le pidió aunque no pudo evitar que el tono molesto se colara.
Hermione se quedó allí, en medio del pasillo, viendo como Draco se alejaba dando largas zancadas, con las manos dentro del bolsillo, como si no le importara realmente nada. Y verlo así, incluso después de lo que acababa de decirle, la molestó profundamente.
Maldiciéndolo en su mente, caminó hasta la torre de Gryffindor y sin mirar a ninguno de sus compañeros ni diriguirle la palabra, subió a su cuarto, dejó el ramo de flores en su cama y rebuscó entre sus pertenencias hasta dar con la condenada carta que tanto quería él que leyera.
Pero no lo haría. No lo complacería de ese modo.
Volvió a bajar corriendo las escaleras con la carta en la mano y la curiosa mirada de Ginny en ella, hasta que se detuvo delante de la chimenea donde arrojó el pergamino plegado con las palabras de Malfoy al fuego. Donde se merecían estar. Pero a medida que las llamas iban consumiendo el papel, una sensación de pánico comenzó a invadir su pecho, haciendo que le resultase cada vez más difícil respirar, hasta el punto de sentirse asfixiada.
— ¡No! —exclamó y rápidamente movió su varita para sacar la carta de las llamas— ¡No! ¿Qué hice?
Hermione miró desperadas los trozos de pergamino quemado donde a duras penas lograba distinguirse algunas letras ilegibles. Intentó con un reparo pero sólo consiguió que dejara de quemarse pero nada más. Tomó las pequeñas piezas e intentó rearmar el mensaje.
¿Allí decía su nombre? ¿A caso esa era una e? ¡Maldito Malfoy! ¿A caso no podía mejorar su caligrafía?
— ¿Hermione?
—Ahora no, Ginny.
—Hermione, mírate, estás ensuciándote de cenizas—la apartó de la chimenea y tuvo que luchar un poco para apartarla— ¡Hermione!
Miró a su amiga pelirroja con cierto desespero y nuevamente sintió que el cúmulo de emosiones que empujaba en su pecho salía de su pecho de manera dramática y sin ningún control. Sus ojos se llenaron de lágrimas y se lanzó a abrazarla, sorprendiédola.
Fue tan sólo una hora después, cuando finalmente consiguió apartarla de la chimenea por completo y subirla nuevamente a su habitación, cuando finalmente Ginny pudo comprenderlo todo. Hermione le contó lo que había sucedido con Draco en las realidades altenrativas y la tragedia con la dichosa carta quemada.
—Bueno, la solución es muy simple, Hermione—le dijo luego de escucharla, ganánose una mirada confundida por parte de su amiga—. Tienes que ir a preguntarle qué decía la carta.
— ¡¿Qué?! No haré tal cosa.
—Entonces prefieres quedarte con la duda.
—No. Quiero saber.
— ¿Y cómo planeas averiguar qué decía una nota que tú misma quemaste?
—Yo… ¡No lo sé! Pero no puedo ir a preguntarle. Ya se dio cuenta que no la leí. No le puedo dar el placer de saber que me afectó tanto que terminé quemándola y luego me arrepentí.
—Dile que la perdiste—sugirió.
—Se dará cuenta que le miento—musitó—. Y si por esas casualidades me cree, puede que lo que haya escrito no sea lo que yo quiera oír y verá mi reacción.
—Al menos será una reacción sincera. Piénsalo, Hermione, lo mejor es terminar de esto de una vez, de otro modo seguiras atormentándote a ti misma, pensando en lo que pudo o no haber sido.
Hermione sabía que su amiga tenía razón pero eso no la consolaba.
Pasó toda la noche dando vueltas en la cama, lamentándose por no estar al menos un poco enamorada de Sam, imaginando que quizás, si lo estuviera, las cosas le serían más fáciles en ese momento. Sin embargo, sabía que se engaña a sí misma: le hubiera resultado simplemente imposible sentirse atraída por alguien más cuando aún tenía los setidos y los sentimientos llenos de Draco Malfoy.
Por eso, conociéndose como lo hacía, tomó la decisión de hacer caso al consejo de Ginny. Iba a superar eso, fuera como fuere.
A la mañana siguiente, luego del desayuno, lo esperó a la salida del Gran Comedor e, intentando actuar como si no le importaba que todos la miraran con curiosidad por acecarse a Draco, lo llamó para detenerlo.
—Draco, ¿podemos hablar?
El rubio no respodió de inmediato y ella ya se imaginó el peor escenario posible.
—Claro, Granger—hizo un gesto para que fuera por delante.
Hermione caminó, tensa y silenciosa, hasta el patio de la torre del reloj y se sentó en uno de los muros de piedra. Esperó a que él hiciera lo mismo y, cuando no fue así ya que se quedó de pie frente a ella, supo que no iba a dejárselas fácil. De hecho, parecía estar haciéndolo a propósito y eso la enfadó.
Afortunadamente, Hermione no tenía problemas en hablar cuando estaba enojada con alguien.
—No leí tu carta ni lo haré porque no la tengo—le dijo y sintió un ligero placer al verlo sorprendido por aquellas palabras—, así que necesitaré que me digas qué escribiste para que pueda darte una respuesta.
— ¿Qué le pasó a la carta?
— ¿A caso importa?
— ¡Por supusto que importa! ¡Te hice una pregunta sumamente importante allí! ¿Crees que quiero que cualquier otra persona la lea? —le preguntó.
—Nadie la leerá, Malfoy—le aseguró, sintiéndose culpable—. Ni siquiera yo pude hacerlo.
— ¿Qué quieres decir? ¿Intentaste leer la carta y no pudiste? ¡¿La destruiste?!
— ¡Estaba furiosa contigo! —exclamó, poniéndose de pie para quedar a su altura y mirarlo a los ojos— ¡Nunca me dijiste de la estúpida promesa que le hiciste a Harry! —le recriminó— ¡Todo el tiempo, en cada una de las realidades, sólo estuviste a mi lado porque se lo prometiste!
— ¡¿Por qué eres tan terca, Granger?! —le preguntó él, elevando la voz a medida que las emosiones comenzaban a salir— ¿Te cuesta tanto entender palabras simples? ¿O simplemente tienes miedo?
— ¿De qué demonios me hablas?
— ¡No, no, Granger! Tienes que cuidar tu lenguaje. Eso es algo que siempre me recordabas y ahora tú misma estas faltando a tus palabras—le recordó, ganándose una mirada molesta.
— ¡Deja de dar vueltas y dime de una vez qué quieres decir! ¡Y no soy una cobarde, no tengo miedo! Aquí estoy, ¿no? Confesándote que me haces sentir furiosa, que no puedo controlarme cuando se trata de ti, que me haces sentir… sentir…
Draco se acercó lentamente a ella.
— ¿Qué te hago sentir?
—Estúpida.
Lo vio fruncir el ceño. Eso definitivamente no se lo esperaba.
— ¿Qué?
—Me haces sentir estúpida y lo odio y te odio por ello—le confesó, casi en voz baja porque se dio cuenta que muchos alumnos comenzaban a acercarse alrededor de ellos, curiosos por los gritos—. Yo realmente comencé a sentir… cosas… por ti en las realidades alternativas y las sigo sintiendo aún. Pero para ti sólo fue parte de una promesa y aunque lo sé y me duele no puedo dejar de pensar en lo que pasó y en desear que vuelva a ocurrir. ¡Y soy tan estúpida por quererlo! —exclamó, sintiendo que un nudo comenzaba a formarse en su garganta—. Realmente quiero saber qué decía la carta para poder acabar con todo esto. La tiré al fuego, si quieres saber, y casi de inmediato me arrepentí e intenté rescatarla pero fue demasiado tarde.
No se dio cuenta de lo cerca que él estaba hasta que lo vio alzar una de sus manos y acariciar uno de sus rizos. Su corazón se aceleró y su pecho se llenó de esperanza.
—Mañana—le susurró Draco, acercándose a su rostro—, en el desayuno, te enterarás de lo que decía la carta que tan tontamente destruiste.
— ¿Qué? ¿Por qué simplemente no me lo dices?
Él se apartó y le dedicó una de esas sonrisas que ella tanto disfrutaba secretamente.
— ¿Dónde estaría la diversión de eso? ¡Recuerda responderme, Granger!
Hermione lo miró con incredulidad, viendo como incluso el muy atrevido le giñaba un ojo antes de marcharse a clases, sin borar su sonrisa de su rostro.
Decir que fue difícil concentrarse el resto del día después de aquello era mencionar lo obvio. El dia fue largo y, por primera vez en su vida, leer y realizar los deberes no la distrajo lo suficiente de sus propios pensamientos. Sentía cada segundo, cada minuto, cada hora, pasar con demasiada lentitud; lo que la llevó a una segunda noche de mal sueño a causa de la ansiedad que la invadía.
Pero finalmente, cuando estaba sentada en la mesa, en la hora del desayuno, y vio una elegante lechuza revolotear por encima de su cabeza, se preguntó si aquello era tan bueno como realmente esperaba que lo fuera. Antes de poder debatirlo interiormente por más tiempo, el ave dejó caer el pergamino entre sus manos y a ella no le quedó más opción que abrirlo. Lo hizo con prisa, apartándose ligeramente cuando Ginny intentó leerlo también.
La promesa que le hice a Potter solo me dio una razón par acercarme a ti, luego en sentido de protección nació por cuenta propia dentro de mí. Simplemente recuerda que te dije que te querría aún cuando saliéramos de allí y mi palabra se mantiene. ¿También la tuya?
Hermione sintió que los sentimientos, los más hermosos que podía tener, llenaron su pecho y se fucionaron en una cálida sensación que invadió todo su cuerpo. No podía creer que Draco Malfoy le hubiera escrito aquello. No era una declaración de amor y no necesitaba serlo, especialmente porque sabía que ni él ni ella eran el tipo de personas románticas y empalagosas.
Aquellas palabras eran, sencillamente, las correctas. Le recordaban el pasado, anunciaban el presente y daban una posibilidad para el futuro.
Alzó los ojos y miró en dirección a la mesa de Slytherin, tomándose de inmediato con su mirada. Sonrió, sin poder evitarlo y, tras dudar unos segundos, se puso de pie, aún con la carta en sus manos.
— ¿Hermione? —Ginny la miró con curiosidad.
—Ya vuelvo—le respondió con prisa, sin pensar realmente en regresar a la mesa.
Caminó hasta una de las puertas laterales y lanzó una mirada de soslayo en dirección a donde se encontraba Draco pero se sorprendió al no verlo más allí. Lo buscó por el gran comedor, estirándose para poder observar mejor por encima de la marea de alumnos que desayunaban pero aquella cabellera rubia tan peculiar no aparecía. Algo decepcionada, siguió su camino y salió al pasillo y fue allí donde una mano la tomó de la muñeca, empujándola contra la pared, casi detrás de la puerta, por lo que quedaba semioculta.
— ¿Este te parece un modo de tratar a una dama, Malfoy? —le preguntó con un falso tono altivo.
—Si me preguntas, ser una dama suena como algo demasiado aburrido—le respondió, acercándose lentamente, sin sonltar su muñeca—. Además, realmente no creo que una dama se presente en el cuarto de un hombre y se desnude para meterse en la tina con él.
Hermione sintió que un ardor subía por su cuello e invadía su cara. Sin embargo, a pesar de su vergüenza, no bajó la mirada.
—Las damas puedes hacer eso y mucho más, Malfoy—replicó.
— ¿Ah, sí? Pareces saber mucho, Granger—sentía su rostro casi pegado al suyo y ella sabía muy bien que quería besarla— ¿Me contarás tú lo que hace una verdadera dama?
—No. Mejor te lo demuestro.
Alzó sus brazos para rodear su cuerllo y eso le bastó para unir sus labios en un beso.
Un beso que había estado esperando por demasiado tiempo. Un beso verdadero, no creado por su mente y un hechizo mal realizado.
¡Hola!
Muchas gracias a todos ustedes por sus hermosos comentarios, por leer esta historia y agregarla a sus favoritos.
Finalmente estamos llegando al fin. Me tomó muuucho tiempo llegar a este punto pero finalmente lo conseguí. Sólo queda un capítulo más que sería una especie de epílogo y daría por finalizado este fanfic. Fue divertido escribirlo, investigar para las diferentes realidades y leer las palabras que ustedes me escribían, alentándome a seguir adelante.
Un beso para todos.
Natalys
