Capítulo 13
—¡Lord Uchiha! —exclamó la voz de un hombre, deteniéndose a pocos metros de donde estaban los jóvenes.
Sakura observó al padre de Konan con ojos dilatados. Se levantó con prisa de las piernas de Uchiha y, con los nervios, estuvo a punto de caer contra el suelo. No quería ni pensar en lo que su protector estaba pensando de ella en aquel momento.
Sasuke la cogió de un brazo y ella se enderezó, avergonzada. Sus mejillas ardían cuando se vio obligada a bajar la mirada ante el hombre mayor.
—Mi señor, estábamos...
—¿Os importaría dejarnos solos, querida? —El Conde de Mar rodeó los hombros de Sakura con un brazo, en actitud paternal, y la dirigió hasta el arco de piedra sin querer escuchar las diversas excusas que la joven se empeñaba en aclarar.
Una y otra vez Sakura miraba hacia Sasuke, intentado adivinar cómo actuaría una vez que se quedara a solas con su tutor, pero el hombre no parecía inquieto por el encuentro. Su rostro estaba sereno y tranquilo.
—...Me habían cogido y yo no quería bailar —siguió diciendo ella, aunque el hombre ya se había vuelto hacia Sasuke.
Con un nudo en el pecho, y llena de cobardía, Sakura se marchó en busca de Konan. No sabía si echarse a llorar o salir corriendo de Carrick y no regresar jamás. No quería casarse con Uchiha. No estaba preparada para dar los votos a nadie. Y sin embargo, sabía que se uniría a él.
Lo que habían hecho estaba muy mal. Los habían encontrado solos, y en una pose no muy decorosa. Y encima el mismo Conde de Mar... ¡Claro que tendrían que casarse!
Se detuvo en el corredor y respiró hondo, tratando de tranquilizarse. El corazón seguía bombeando salvajemente, y su aliento salía jadeante después de haber subido las estrechas escaleras con prisas.
Tarde o temprano debía casarse, y su señor había sido muy amable al permitir que ella pudiera escoger; otras no tenían tanta suerte. Ni siquiera sabía si su padre también le hubiera permitido esa libertad. Era difícil tratar de convencerse, pero era tenaz y acabaría haciéndolo.
Sasuke era guapo, fuerte, y físicamente la atraía. Desde luego, pensándolo bien, era un partido muy bueno, y encima se había ofrecido a ayudarla en sus pesquisas.
Enamorada no estaba. Que le gustara un poco, que le alterara los sentidos, que atrajera su atención con la fuerza de sus ojos negros, eso no podía negarlo. Era un hombre muy atractivo. Pero ¿amarlo?... Podría hacerlo. ¡Claro que sí! En eso, desde luego, no tenía ninguna duda. Pero, ¿podría hacer que Sasuke la amara a ella?
Viéndolo desde un punto de vista objetivo, podía afirmar que Uchiha la deseaba. No sólo se lo había demostrado, sino que lo había llegado a decir. Bueno, y ella —que no era tonta— había sentido la protuberancia masculina cuando estaba sentada sobre él.
Otra vez enrojeció. ¡Qué vergüenza haber sido pillada por el Conde! Y encima tenía que agradecer que fuera él... Otro hubiera comenzado a hacer correr el rumor, y al final se habría acabado diciendo que estaban fornicando sobre el suelo del patio.
Enderezó los hombros con resignación. Vale, lo hecho, hecho estaba. ¿Y qué iba a pasar ahora con Kin? Ah, no, no. Ese problema no era suyo. Sasuke era responsable y... Se mordió el labio inferior. Si quería que el hombre la amase debía enamorarlo, y para eso Kin no entraba en sus planes. Pensándolo bien, no creía que ninguna mujer entrara en aquellos planes. Aparte de Kin, ¿tendría Sasuke más amantes? ¿Y desde cuándo Sakura había descubierto que era celosa?
Yahico salió de una alcoba y se detuvo ante ella en el largo y oscuro pasillo. Parecía preocupado cuando la miró con ojos tristes. Desde luego, la tarde no se tornaba agradable para todos.
—Por favor, acompañadla —le dijo, señalando la puerta.
Escuchó los sollozos antes de entrar en la recámara. Konan se hallaba sobre el colchón, llorando a pleno pulmón.
—¿Qué os ha ocurrido? —preguntó Sakura, corriendo hacia ella. Se encaramó sobre la cama y Konan se arrojó a sus brazos entre lágrimas.
—Soy tan desdichada, tanto, tanto —se recostó, colocando la cabeza sobre las piernas de Sakura, que acarició con delicadeza los cabellos.
—¿Habéis discutido con vuestro señor?
—Peor que eso, Saku. —Sorbió ruidosamente por la nariz y levantó la cabeza para observarla—. Yahico tiene que marcharse por unos días, y quiere que nos alojemos con Uchiha.
Sakura tan sólo alzó ligeramente las cejas.
—¿Y...?
Konan se restregó las lágrimas con ambas manos, y se incorporó hasta quedar a la altura de ella.
—¿Os parece poco? ¡Me acabo de casar y mi esposo tiene que atender otras cosas!
—¿Y lloráis por eso? —Sakura frunció el ceño.
—Pero ¿habéis oído lo que he dicho? Nos vamos con Uchiha...
—Lo he oído —asintió Sakura, colocándole un mechón tras la oreja—. ¿Vos queréis llorar de verdad? —le preguntó con la mirada fija en ella.
Konan la observó, confundida.
—¡Qué!
—Esta noche van a prometerme con el señor Uchiha.
—¿Qué? —Repitió Konan, abriendo los ojos como platos—. ¿Quién? ¿Por qué?
Sakura sintió arder de nuevo las mejillas y soltó un largo suspiro, al tiempo que asentía.
—Vuestro padre nos encontró en un lugar solitario...
—¿Os estabais besando?
—Digamos que sí —respondió. No tenía por qué contarle la verdad completa.
—¡Bien! —exclamó Konan, más animada.
—No tan bien. —Saku arrugó la nariz con disgusto—. Unos minutos antes fui informada de que él está esperando un hijo —se encogió de hombros con desilusión.
—¿Uchiha está esperando un hijo? ¿Y quién es la madre?
—No creo que tenga importancia. Si Sasuke amara a la mujer, no la habría echado del campamento, ¿no?
—Supongo que no. ¿Qué os ha dicho él?
—Aún nada. Por supuesto, yo no he hablado con él de esto. ¡Por Dios! Si apenas nos conocemos.
Konan se tocó la frente, pensativa.
—Saku, ¿Uchiha os gusta?
—No lo sé —respondió con un susurro—; ni siquiera estoy segura de querer unirme a él. ¿Tendré opción?
Konan se mordió el dorso de la mano y la miró con los ojos anegados en lágrimas.
—Tenéis razón, Saku. Vuestro problema es mayor que el mío.
—Mucho mayor. Al menos, el conde y vos os amabais aun antes de contraer nupcias. Nosotros no nos conocemos prácticamente de nada... Y para colmo, está el tema del bastardo.
—¡No dejéis que reconozca al niño! —dijo Konan con firmeza.
—¿Por qué?
—Luego repartirá la herencia con los vuestros.
Sakura la observó, pasmada.
—¡Yo no puedo hacer eso! Si Sasuke desea reconocer a su hijo... No es que me agrade, pero sería lo más natural, ¿no? El niño no tiene culpa de lo que haga su padre. De todos modos, Kin debió haber tenido cuidado con eso. He oído decir que esas mujeres... tienen cosas... para prevenir los embarazos.
—Pero ¿de qué clase de mujer estáis hablando, Sakura? —dijo Konan, sentándose junto a ella, sumamente intrigada.
—Kin es... es... una de las que les hacen compañía a los hombres de...
—¡Ay, Dios! —Konan se llevó las manos a la cabeza en actitud exagerada—. Si esa mujer está preñada es porque ella lo ha querido. No creo que el señor Uchiha, ni ningún otro señor acepte nunca un hijo así —se encogió de hombros—. Sasuke nunca tendría modo de confirmarlo, y ella ha incumplido su parte del trato.
Sakura observó a su amiga con la cabeza ladeada. Sus palabras eran coherentes y llenas de confianza.
—Bueno, antes de casarme con Uchiha lo comentaré. Quizá incluso no sepa de la existencia del bebe —buscó los ojos de Konan—, ¿creéis que se enamorará de mí?
—Yo diría que ya está bastante interesado —sonrió con dulzura—, pero aprovecharemos los días que pasemos en su propiedad —suspiró y se sonó la nariz en un suave pañuelo de lino—. Yo os ayudaré. Al menos estaré entretenida hasta que regrese Yahico.
—Quizá yo le estoy dando vueltas al tema, y puede que él ni siquiera desee casarse.
—Pues si está hablando con mi padre, mucho me temo que le va a dar lo mismo lo que diga. ¡Se casará! ¿Por qué os dejasteis convencer para quedaros a solas con él?
—No pensé en ello. Habíamos tenido un pequeño altercado y tan sólo me dejé llevar.
—Pero no parece que os lo toméis muy mal.
Sakura se levantó y caminó por la recámara, con los ojos perdidos en algún punto de la pared.
—Sasuke me gusta y sé que, al final, acabaré amándolo —se encogió de hombros—, por lo menos eso espero. En cuanto a casarme, vos misma dijisteis que vuestro padre estaba preocupado por mi enlace, de modo que si no es Uchiha, será cualquier otro.
—Admiro vuestra fortaleza, Sakura. Me gustaría mucho poder controlar las emociones tal y como lo hacéis vos. Ni siquiera estáis preocupada por lo que os depara el destino.
—Que no lo parezca, no significa que no lo esté —respondió ella. Además, junto a Uchiha vengaré la muerte de mis seres queridos, pensó, y reclamaré las tierras para Deidara.
