El Ruiseñor


Capitulo 12: Golpes


Ichigo había estado toda la mañana sentado en aquella piedra debajo de los árboles que formaban la entrada a una de las tantas arboledas que había en Bosque Oscuro, era el mismo lugar donde Rukia se sentó y donde Renji le había contado esa parte de su pasado que desconocía y que la había hecho ir furtivamente a Avanta en busca de respuestas. Había fallado en eso y había vuelto a su hogar con una promesa de matrimonio que incluía una promesa de respuestas solo para encontrarse que su hogar ya no era suyo y que ella estaba muerta. ¿Cómo le podría creer a su amigo después de lo que encontró al volver? ¿Cómo podría estar segura de que le dijo la verdad aquella tarde? Ichigo se negaba a decirle lo que había pasado en el bosque hasta que estuvieran casados y eso solo la ponía en una situación que nunca pensó estar.

Recordaba que Renji la había seguido hasta las Tierras del Ocaso cuando sintió que ya no tenía lugar ahí, cuando no se sentía digna ni propia ni fuerte como para ser la señora de Bosque Oscuro como se esperaba de ella. Aquellos años en las Tierras del Ocaso habían sido buenos, no perfectos pero si buenos.

Renji se había vuelto mercenario y había vendido su espada a las compañías que peleaban las guerras de los otros; no sabía usar una espada con propiedad pero ahí aprendió y lo hizo bien. Lo había hecho tan bien como para tener donde dormir en aquellos años que habían pasado allá. Él la había cuidado durante el viaje y durante su estancia ahí hasta que decidió entrar al Templo de la Luz; por la mirada que Renji le había dedicado el día que ella cruzó aquella puerta supo que podría ser una despedida, él partiría a alguna campaña y no se sabía si volvería.

Nunca dejó de pensar que ella era la causante de que su amigo se volviera mercenario y se llenara de tatuajes, que en palabras de él lo hacían verse más fiero, y que posiblemente muriera peleando en tierras extrañas por oro extranjero sirviendo a desconocidos. Las Tierras del Ocaso tenían sus propios dioses y ahí no había espacio para las Deidades, ambos renunciaron a sus dioses, a su vida y a todo. Rukia lo había hecho porque sentía que era demasiado dolor y Renji porque estaba con ella.

Salió del templo de la luz completamente vestida de blanco, una túnica larga y el medallón en su pecho con aquel ruiseñor cuyos ojos eran dos gemas violetas; ya no tenía pesadillas pero tenía temor de que al volver a Avanta las pesadillas regresaran. Vivía en el templo y servía en este ayudando a los que iban por comida o paz; salía de vez en vez recorriendo los caminos que había caminado alguna vez con Renji hasta que lo encontró bebiendo en una taberna con un par de hombres que parecían ser sus compañeros de batalla. Renji no la había ido a visitar en los años que estuvo en el Templo de la Luz pero se alegró de verlo vivo.

Cuando le dijo a Renji que iba a regresar él volvió con ella, dejó a sus amigos y a la compañía de mercenarios y se embarcó con ella hacia Avanta. De nuevo la cuidó en el camino y al volver tomó posesión de Bosque Oscuro como la señora de las tierras, ella no quería pero el padre de Renji le dijo que era su deber hacerlo y fue así como ella se volvió la señora de Bosque Oscuro.

En el fondo sabía que el padre de Renji tenía razón, era su derecho y deber y legado y todo lo que dijeran que era solo por ser la última hija de su padre. Fue en ese tiempo que las pesadillas volvieron pero esta vez sin recuerdos y se hizo consiente que faltaba una parte de su vida que no podía recordar.

Sentía que ella había trastornado la vida de Renji durante muchos años pero cuando dijo aquello, sobre su posible hijo y todo lo demás, Renji le regresó el golpe de una forma tan abrupta que ocupó toda su mente desde aquél momento y no dejó de pensar en esa posibilidad. Debía de aceptar que fue impulsivo de su parte irse de Bosque Oscuro sin avisar pero nunca se esperó que el padre de Renji hiciera aquello y que Renji se prestara para tal situación; incluso Yuki se había prestado para aquél teatro como la "nueva prometida" del viudo señor de Bosque Oscuro para evitar que se volviera a quedar sin señor las tierras.

Nadie había cuestionado la palabra del padre de Renji, no era de suponer que eso pasara ya que el hombre había cuidado de Bosque Oscuro desde antes de que pasara la desgracia que cayó sobre su familia y su casi extinción, si el hombre decía que su hijo se casó con la señora de Bosque Oscuro en el extranjero y que solo "reafirmaron" los votos en un templo de las Deidades era porque eso había pasado. Sobornar a un representante de las deidades no debía de ser difícil, todo mundo amaba el oro y ellos más.

Rukia dejó de ver a Ichigo que seguía sentado en aquella piedra y a quien se le había unido su hijo y Orihime, pensó que ellos hacían una buena pareja. Orihime había criado a ese niño desde que nació o eso le había dicho y pues… conocía a Ichigo de una manera que suponía que ella no lo conocería, incluso dudaba de sus recuerdos con Ichigo pero no podía evitar sentir un escalofrío en la espalda cuando él la miraba de aquella manera tan intensa y que parecía que trataba de encontrar algo en ella.

— Mi lady, la comida ya está lista. — Kiyone fue la que entró con aquella sonrisita en sus labios. Rukia se seguía preguntando si a la muchacha se le acaba la felicidad o algo así. A veces la asustaba.

— Si, avísale al príncipe Ichigo. — Dijo levantándose y dejando de lado el bordado que había intentado continuar pero que se había detenido mientras miraba a Ichigo y a su hijo.

Kiyone asintió y se retiró de ahí. Rukia se quedó en su lugar y vio por la ventana como Kiyone llegaba con Ichigo para avisarle lo mismo que a ella. Los vio seguirla y ella se vio en el espejo, se acomodó el cabello y puso un prendedor recogiendo su cabello que caía suelto en su espalda; se sintió ridícula por hacer eso pero no se quitó el prendedor. Al llegar a la mesa se encontró con Ichigo sentado en la cabecera, como lo había hecho desde que llegaron, y su lugar a su derecha servido y esperando por ella.

Solo estaban ellos, Ichigo, Rukia, Orihime y el pequeño Juha, sentados en la mesa. Kiyone servía los platos que las nuevas cocineras habían preparado y que habían sido elegidas especialmente por Orihime siguiendo unos estandaras medio extraños pero que cumplían con lo que se les pedían después de que le contara que se había enfermado varias veces cuando regresaron de Avanta. Rukia volvía a recordar que esa mesa era usada por su familia y que ella estaba sentada en el lugar de su madre.

Con la mirada había buscado entre las doncellas que servían la comida si estaba Yuki pero no la vio; la niña había desaparecido después de que se destaparan los planes del padre de Renji. Le había dolido aquello, esa niña había vivido ahí desde que nació, era la hija de su nana y su pequeña protegida. La traicionó y no se quedó para explicarle lo que había pasado.

— Rukia, al terminar quiero que me acompañes. — Ichigo habló dejando de lado la copa de vino con el que habían acompañado el pescado de ese día. El venado que había llevado Renji se había acabado y solo quedaban los embutidos y las piernas traseras que se estaban macerando y ahumando.

— Si. — Fue lo único que dijo, había estado pensando en Yuki cuando él habló. Sabía de qué iba esa plática y había esperado que no llegara en al menos otro par de días, en el fondo sabía que no importaba cuantos días dejara pasar, la decisión debía ser tomada y si se enfriaba mucho la razón entonces ganaba el sentimiento.

Caminaron por el bosque que estaba detrás de la casa de Rukia esquivando árboles muy juntos y grandes piedras del castillo ancestral que quedaban casi ocultas por los años de hojas secas y musgo. Si seguían ese camino llegarían a un pequeño arrollo y más allá a las Montañas Azules de las cuales presumía su padre en su título porque los señores del desierto presumían de un desierto indómito y él también tenía que hacer lo mismo. Las Montañas Azules pertenecían al reino que alguna vez perteneció a los ancestros de Rukia y que se adhirieron a Avanta cuando un ancestro suyo conquistó ese reino hace más de cien años.

— ¿De qué querías que hablemos? ¿De Renji y su familia? — La pregunta de Rukia le llegó de pronto demasiado fuerte en el silencio del bosque. Habían llegado al arrollo que corría cristalino y que traía consigo agua de la nieve que se deshacía en las montañas.

— Si, de eso. — Respondió aunque no era de eso de lo que quería hablar. Aun no escuchaba rumores de que su padre había vuelto ni le había llegado mensaje alguno en las cartas que su madre le había enviado un par de días atrás. — ¿Qué has decidido?

— ¿Yo? — Los ojos de Rukia se abrieron tan grande como la sorpresa lo permitía y él recordó la primera vez que había visto esa expresión en su rostro. La añoranza lo golpeó con tanta fuerza que le sacó el aire.

— Yo no tengo por qué decidir nada porque la respuesta es sencilla, les cortaría la cabeza por usurpación de tierras y títulos, sin olvidar mentirle descaradamente a la corona e intento de homicidio a la señora de estas tierras y del príncipe de Avanta; son muchos crímenes juntos, he cortado cabezas por menos. — Dijo como si fuera algo trivial pero sabía que para Rukia no lo sería, sobre todo porque no le había dicho aquello último.

— Espera… ¿Intento de homicidio? ¿Cuándo? — Rukia estaba confusa y lo miraba como si hubiese dicho una locura. Ichigo se sentó en una piedra que había junto al arrollo y que parecía ser de un puente que se había caído hacía muchísimo tiempo.

— Orihime lo descubrió mientras buscaba en la cocina, un polvo blanco parecido a la sal, se lo dio a una de las gallinas y la gallina se murió. La madre de Renji estaba tan nerviosa que cuando Orihime se lo acercó para que lo probara entonces lo confesó, te estaba envenenado, las fiebres te iban a matar tarde o temprano.

Rukia se quedó callada en ese momento e Ichigo se preguntaba en qué pensaba, la vio llevarse una mano a la boca y sus ojos miraron hacia abajo como si estuviera pensado pero fuera lo que fuese, no lo dijo y se le quedó viendo esperando alguna revelación más a sus preguntas. Ichigo suspiro y se acomodó el cabello.

— La noche antes de que llegáramos un par de hombres llegaron al campamento, hirieron a uno de mis guardias, uno de ellos huyó y el que se quedó confesó, después de un rato de métodos de convencimiento poco ortodoxos, que venía a matar al príncipe, ya te puedes imaginar lo que pasó con él. Pensé que era a mí pero nunca se puede estar seguro de nada. El que huyó se fue con una herida en un costado, una de las flechas le atinó.

— Renji tiene una herida…

— En el mismo lugar donde la flecha de mi guardia acertó.

— Te equivocas. — Los ojos de Rukia se llenaron de lágrimas cuando dijo eso. Ichigo sentía algo extraño en el estómago.

— Podría ser, por eso te lo estoy diciendo a ti ya que conoces a tu amigo y puede que nos hayamos equivocado, tal vez fue como dijo él, se hirió en la caza pero después de lo que nos dijo su padre yo no confío en él y tú tampoco deberías.

— Yo sí confío en él. Renji no es como su padre, él me cuido cuando estuvimos en las Tierras del Ocaso y él me ha cuidado desde siempre, él me dijo lo que pasó cuando regresé del bosque y como regresé de Avanta después de la muerte de mi padre.

Ichigo abrió los ojos con sorpresa al momento en que Rukia dijo aquello y supo que ella lo notó porque guardó silencio por un momento que se le hizo eterno sin saber si decir algo o esperar a que ella lo hiciera.

— Entonces… ¿Cuál es tu decisión? — Preguntó antes de dejarle más tiempo para pensar y se desviara del tema. Si no preguntó en ese momento entonces había perdido su oportunidad. Rukia se tomó su tiempo para pensar.

— Nómbralo caballero. — Dijo sin más e Ichigo se atragantó con su propia saliva al escucharla decir eso. Era ridículo.

— ¿Qué? Todo lo que te he dicho es motivo suficiente para perder la cabeza, cada una de las acciones que tomaron es motivo para terminar muertos y tú quieres que le den una orden de caballería a tu amigo. ¿Es en serio? — Rukia asintió con seriedad sin dejar de mirarlo.

— Es lo que ellos quieren, tierras propias, casa propia, un título y la posibilidad de ser mejores.

— Te estaban matando. — Repitió molesto.

— Yo pedí la mano de Renji en matrimonio.

— Te iban a matar… espera ¿Qué? ¡Eso ni siquiera es legal! — Lo que había dicho Rukia fue un golpe bajo, rechazaba su propuesta de matrimonio y se la ofrecía a otro.

— Técnicamente sí. Soy la señora de esta tierra y si me caso con alguien que no es dueño de tierras ni de títulos entonces se pasan a mi esposo e hijos.

— Rukia… — Siseó Ichigo muerto de celos. Parecía que la vida se empeñaba en restregarle en la cara que siempre sería el segundo. Segundo en nacer, segundo en todo.

— Además si los matas me van a matar a mí, ellos cuidaron de esta tierra y yo soy prácticamente una extraña, se me van a revelar. ¿Entiendes que yo no sé nada de cómo dirigir un señorío? Ellos hacen todo, yo solo tengo que verme bonita. — Ichigo reviró los ojos con molestia por aquello último pero no dijo nada por un momento en lo que pensaba en lo que había dicho Rukia.

— Bien, no los voy a matar ni los entregaré a la justicia del rey, será como tú quieras pero no le voy a dar una orden de caballería. Soy el Comandante del reino y el Príncipe de Avanta así que te puedo ayudar con eso, escribiré una carta de referencia dirigida a uno de los generales y que lo acepte entre sus hombres, si tiene suerte y no muere entonces podrá llegar a ser un caballero por méritos propios. — Hizo una pausa y pudo ver los ojos emocionados de Rukia, los celos le carcomieron el alma. — Pero por sus padres no puedo hacer nada más que perdonarles la vida, si se quieren ir con él no me voy a oponer.

— ¿Y si se quieren quedar? — Rukia parecía nerviosa pero él simplemente negó con la cabeza. Debía de entender que él no iba a tolerar que los que la intentaron matar siquiera respiraran el mismo aire que ella. — Está bien, se lo diré.

— Me parece correcto. Haré la carta para tu amigo y espero todos los libros de cuentas listos para mañana. Te voy a enseñar a guiar un señorío y debes de aprender tan pronto como sea posible.

— ¡¿Ya no nos vamos a casar?! — Rukia preguntó con tanta emoción en la voz que Ichigo no supo que le dolió más, si el hecho de saberse segundo en la vida de Rukia o que ella no lo quisiera en su vida.

— Ya no nos vamos a casar. — Suspiró y se levantó de la piedra en donde estaba sentado, tomó la mano de Rukia y, dándole un último beso en su pálida piel, le quitó aquel el anillo de compromiso del dedo. — Rukia Kuchiki, te dejo libre del compromiso.

Ichigo guardó el anillo en la bolsa de su pantalón y se encaminó hacía la casa de Rukia en silencio, solo se escuchaban los pasos de ambos cuando Rukia le dio alcance. Ninguno de los dos habló en el camino de regreso y cuando estuvieron de nuevo en el patio principal Ichigo se separó de ella y se fue a jugar con su hijo que intentaba armar un pequeño arco que le habían hecho los soldados que siempre estaban con él.

Rukia tuvo una sensación extraña cuando Ichigo le quitó el anillo del dedo, se sentía desnuda y liviana, como si a su mano le faltara aquel anillo. No pudo deshacerse de esa sensación en todo el camino de regreso a la casa y algo dentro de ella le decía que lo detuviera y le quitara el anillo, era su anillo. Negó con la cabeza por aquel sentimiento de propiedad ante algo que ya no era suyo y se concentró en la mejor manera de decirle a Renji al día siguiente que se tenía que ir.

Estuvo pensando toda la noche la forma de decirle a Renji que tenía que irse y que sus padres debían de irse con él o los iban a decapitar. Aun recordaba la forma tan inhumana en que la justicia del rey se impartía y no quería volver a ver a alguien que quería pasar por lo mismo, sentía que no lo resistiría de nuevo.

— Renji — Dijo su nombre en la entrada de la casa en la que había vivido desde siempre. La casa del castellano estaba dentro de las tierras de la familia de Rukia solo separados por unos árboles que les conferían un poco de privacidad y que algún miembro de las familias había plantado hacía bastantes años.

— Pasa, estoy terminando. — Respondió una voz desde adentro de la casa. Rukia sabía que ahí estaba Renji, su hermana y sus padres. Rukia había abogado por ellos para que Ichigo nos los metiera en los calabozos que había en el sótano de aquella casa y fue por eso que dos guardias vigilaban la casa con la orden expresa de no dejarlos abandonar la propiedad ni aceptar comida de ellos.

— ¿Qué haces? — Le preguntó cuándo llegó a donde estaba él, apoyado en una mesa vieja y curtida, escribiendo algo en un pergamino.

— Mi testamento, pero descubrí que no tengo nada. Ni esposa, ni hijos ni tierras ni nada. — Renji la miró enojado tirando el papel que tenían en la mano hecho una pelota a las brasas de la estufa donde ardieron rápidamente. — ¿Y sabes por qué? Porque te seguí como buen amigo, me fui contigo en vez de dejarte a tu suerte. Si me hubiese quedado me habría unido al ejército, sería un soldado, con suerte un caballero, tendría una esposa e hijos y con suerte tierra que le habría podido comprar a alguien con lo que ganara en las campañas pero no, ¡no tengo nada gracias a ti!

— Claramente estás muy enojado pero no tienes que echarme la culpa de todas tus decisiones, yo no recuerdo haberte dicho que me acompañaras. — Se defendió molesta y dolida por la actitud de su amigo.

— Claro, tienes razón. El tonto de Renji siguiendo a la señorita Kuchiki para que no muriera en el intento de huida. ¡No habrías llegado viva a las Tierras del Ocaso de no ser por mí! — Le volvió a decir subiendo cada vez más el tono de sus palabras. — ¿Sabes por qué me presté para la farsa de mi padre? Porque así al menos mi familia tendría tierras, tú te fuiste a quien sabe dónde y de nuevo todo quedaba en manos de mi padre porque tú no pareces tener sentido de la responsabilidad pero sabes qué, tienes razón en no tenerlo, te habrían casado con un lord de otra tierra y te habrías ido y seguirías viviendo inherente a todo y a como se consiguen las cosas.

— ¡Basta! — Le habló subiendo la voz para tratar de llegarle al tono que estaba empleando Renji en su contra.

— ¡No, no basta! Pero me alegro de no haber aceptado casarme contigo porque… ¿Quién querría algo que ya fue usado? — Renji había dicho aquello y tan rápido como lo había dicho sintió como la mano de Rukia se estampaba en su cara con la fuerza suficiente como para que su mano quedara marcada en su rostro tan roja como su cabello.

— ¡Suficiente! — Rukia tenía los ojos llenos de lágrimas de dolor, enojo y coraje y todos aquellos sentimientos que los reclamos de Renji le habían hecho sentir. Trataba de que su voz no se quebrara y estaba empleando toda su fuerza para ello.

— ¡Mi lady! — Rugieron los guardias que habían escuchado lo que había pasado dentro de la casa y entraron para poner distancia entre ella y Renji que se había quedado con la mano en la mejilla como si el golpe lo hubiese vuelto a la realidad. Rukia se intentó serenar en ese momento que los guardias formaban un muro entre ellos y los apartó un poco para que Renji pudiera verla mejor.

— Yo, Rukia Kuchiki, señora de Bosque Oscuro, te perdono por los crímenes de usurpación de títulos, perdono a tus padres por los intentos de asesinato y te ordeno que dejes Bosque Oscuro a más tardar mañana antes del medio día sin nada más que la ropa que llevan puesta y lo que puedan cargar en sus manos. Si deciden quedarse entonces no responderé por sus vidas ante la justicia del rey.

— Rukia… yo… — Renji trataba de acercarse a ella pero los guardias se lo impidieron cerrándole el paso. — Rukia, espera… disculpa… no era mi intención… ¡Rukia!

Lo escuchó gritar y escuchó las armaduras de los soldados moverse deteniéndolo. Salió casi corriendo de esa casa y se encontró a Ichigo recargado en la pared junto a la puerta, como si la estuviera esperando. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, se sentía estúpida por ponerse en ese estado por culpa de Renji.

— Pregunté por ti y me dijeron que estabas aquí, vine a buscarte para darte esto. — Le mostró un pergamino cuidadosamente doblado y con el sello del comandante del reino estampado en laca roja. — Supongo que ya no lo vas a necesitar.

— No lo necesito ya. — Dijo mirando aquel papel por un breve momento antes de seguir su camino hacia su casa. Ichigo caminaba junto a ella con pasos largos y relajados. De no ser por lo enojada que estaba habría podido notar la sonrisa disimulada en el rostro de Ichigo.

— Está bien. — Dijo y dejó de seguirla cuando estaban a punto de entrar en la casa. Rukia se detuvo y volteó a verlo, por un segundo pensó que él entraría con ella. — ¿Necesitas algo más? — Le preguntó con una forma cortés y hasta elegante haciéndola negar con la cabeza antes de dirigirse de nuevo sobre su camino aunque no sabía bien por donde iba.

Dejó de caminar y se sentó en las escaleras de piedra que llevaban al segundo piso de la casa, fue en ese momento que se soltó, ni siquiera le importó que la vieran llorar, solo se hizo bolita en un escalón con la espalda apoyada contra la pared y se cubrió el rostro con la mano. Empezó a llorar, estaba dolida por lo que Renji le había dicho porque tenía razón en sus palabras y era algo que ella se repetía cada tanto tiempo, por eso le había pedido que se casaran, se arrepentía de eso y se alegraba que no hubiese pasado. Le dolió pensar que su amigo lo veía como una especie de pago.

— Mi lady. — La voz infantil del hijo de Ichigo la hizo descubrirse el rostro para encontrar al pequeño niño mirándola con una expresión preocupada. — ¿Le duele algo, mi lady? — Le preguntó con inocencia y ella solo negó con la cabeza limpiándose las lágrimas mientras miraba al niño que no dejaba de devolverle la mirada un poco preocupada.

— Es que… comí algo que me hizo daño y me duele la panza. — Mintió y el niño asintió antes de irse corriendo. Rukia lo miró extrañada pero no lo siguió, había dejado de llorar y se sentía más relajada.

— Hime… dice que le duele la panza. Dale de mi medicina. — El niño había regresado tan rápido como había podido y había arrastrado a Orihime con él hasta llegar a donde estaba Rukia sentada.

— Yo… no… no es nada… — Dijo nerviosa al ver que el niño había ido por Orihime que se cubría de manera discreta los labios notando su sonrojo y ahogando una pequeña risa. Se limpió rápidamente las lágrimas de la cara tratando de disimular un poco.

— Está bien, le daré de su medicina, pequeño príncipe. Sígame mi lady. — Orihime le guiñó un ojo de manera discreta a Rukia que la siguió en silencio agradeciendo que Orihime no la hubiese echado de cabeza o dicho algún comentario extraño.

— Es una medicina que sabe feo pero te sentirás mejor. — Prometió el niño muy seguro de sí mismo al tiempo en que caminaba con ella tomando su mano, como si la llevara para que no se perdiera.

Rukia se aferró a la mano del pequeño niño mientras caminaban siguiendo a Orihime los llevó a la cocina y le pidió que se sentara en una de las sillas, el tacto del niño le causaba una especie de paz. Orihime le dio una galleta al pequeño príncipe y le preparó un té de hierbas a Rukia que olía muy bien.

— Medicina para el dolor de estómago, cortesía del príncipe, mi lady. — Dijo Orihime y el pequeño niño asintió orgulloso de lo que su nana había dicho, le dio un mordisco a su galleta y se quedó comiendo en la mesa por un momento antes de levantarse e irse a jugar con los soldados.

— Gracias. — Murmuró Rukia después de beber unos sorbos del té y sentirse misteriosamente mejor. Sonrió un poco agradecida con Orihime que se sentó en la silla donde había estado sentado antes el niño y también tomar del mismo té que le había servido a ella.

— De nada. — Dijo sin más y no volvieron a hablar. Estuvieron en silencio durante un rato bastante largo que solo era roto por el ofrecimiento de Orihime por más té que Rukia aceptaba.

Ichigo entró en la cocina con la mano en la nariz, por entre sus dedos escurrían hilos de sangre espesa y roja y detrás de él entró su hijo corriendo asustado y yendo a los brazos de Orihime buscando refugio. Rukia temió que Renji hubiese ido en contra de Ichigo en alguna forma de reclamo y el niño lo hubiese visto.

— Su alteza. — Orihime trató de acercarse a él pero el niño se lo impedía así que Rukia se paró yendo a él con un trapo seco que encontró en la cocina.

— ¿Qué pasó, Ichigo? — Preguntó nerviosa apartando la mano que cubría su nariz y viendo la sangre que seguía saliendo.

— Nada… auch… — La voz de Ichigo sonaba extraña y el pequeño seguía en los brazos de Orihime como si ella lo pudiera proteger.

— No parece "nada", ¿fue Renji? — Preguntó nerviosa yendo por agua para lavarle la nariz y el mentón por donde la sangre ya había escurrido.

— No… — Pero Rukia no le creyó. Le limpió la nariz con fuerza haciéndolo quejarse. — Está bien, si fue él. Solo fue un golpe, no pasa nada.

— Te va a quedar la nariz chueca como que te haya roto algo.

— Me dará más atractivo visual.

— Te verás feo.

— ¿Entonces soy guapo? — Preguntó rápidamente haciéndola sonrojar y darle la espalda para buscar más agua aunque ya no la necesitaba. Ichigo se apretaba la nariz con el trapo mojado para que le dejara de sangrar.

— No. — Dijo haciendo como que buscaba algo pero solo trataba de hacer que el sonrojo pasara.

— Entonces con la nariz chueca me veré interesante, me la voy a romper.

— ¡No! — Gritaron Rukia y Orihime a la vez, ambas extendieron la mano a él para evitar que se hiciera daño solo. El hijo de Ichigo seguia abrazado a Orihime en búsqueda de protección.

— Está bien. — Dijo y revisó que ya no le sangrara la nariz. Le dolía y seguramente se le hincharía un par de días pero la había tenido peor. — ¿No irás a ver cómo quedó tu amigo? — Preguntó con un tono ligeramente mordaz.

— No, seguramente tus guardias ya lo agarraron como un saco de boxeo y ahora es una masa de carne y sangre. No quiero ver eso.

— Tal vez se muera. — Aventuró sabiendo que los guardias no le habían hecho nada, él mismo lo había dejado bastante dañado.

— Lo tiene merecido. — Respondió cruzándose de brazos y haciendo que se levantara de la silla para llevarlo arriba. — Ahora ven, necesitas un baño y descansar.

— ¿En serio?

— Si. — Respondió y cuando estuvieron lejos de Orihime y del niño volvió a hablar. — ¿Fue Renji? ¿En serio?

— Si, pega duro, tengo varios golpes en las costillas pero él no sabía con quien se mete, no por algo soy el Comandante en Jefe del reino. Quedó peor que yo, descuida, no va morir pero si estará adolorido más días que yo.

— Bueno, se lo merece… — Remató y lo hizo ir a su habitación para que se recostara y pudiera ver si era cierto lo de los golpes en las costillas.


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