12 Perdón
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Cabalgar por sus tierras era una tarea que a Naruto le gustaba mucho. Ahora, sin embargo, se sentía inquieto, impaciente con la demora, deseando volver al castillo.
Así que cuando atravesaba los portones, todo cambiaba. Eso le venía pasando con frecuencia últimamente. Naruto apenas podía esperar el momento de reunirse con su esposa, pero cuando estaba con ella, se sentía perdido y comenzaba a enumerar motivos para apartarse de ella nuevamente.
En vez de reunirse con sus hombres en el salón fue directamente al cuarto. Respiró profundo, antes de entrar, diciéndose a si mismo que sería bueno si Hinata ya estuviese durmiendo.
No sabía que mas decirle ella. Sus certezas se venían desmoronando y las dudas le corroían el alma. Abrió la puerta y se detuvo, boquiabierto, ante lo que vio. Hinata estaba parada en medio del cuarto como una estatua. Tenía o cuerpo envuelto por una toalla, que dejaba a la vista sus hombros y parte de sus piernas.
A su lado, el vapor se elevaba desde la tina.
Al mismo tiempo en que decía a si mismo que debería cerrar la puerta, Naruto simplemente no conseguía moverse. Al verlo, su esposa se mostró sorprendida.
—Naruto, no te oí entrar — ella dijo. — Planeaba tomar un baño, ahora. No imaginé que volverías tan pronto. ¿Quieres comer algo? Si estás con hambre iré hasta la cocina y te traeré un plato. Puedo tomar el baño mas tarde.
—No — él respondió deprisa. —No quiero nada. Puedes... Toma el su baño.
Pensó que debería salir de allí, sino por la privacidad de Hinata, por su propia sanidad. Sin embargo, se limitó a cerrar la puerta con un movimiento de uno de sus pies.
Ella dejó la toalla resbalar hacia el suelo y entró en la bañera. La visión de los senos redondeados, dos glúteos generosos y la cintura delgada no satisfizo el deseo de Naruto. ¡Quería ver más! El efecto que Hinata provocaba en él era casi aterrador. La voz de la razón continuaba advirtiéndole que saliese del cuarto, mientras estaba a tiempo.
—¿Cómo fue la cabalgata? - ella preguntó, enjabonándose lentamente.
—Buena — Naruto resumió.
Hinata esparció la espuma por los brazos y hombros, recostando la cabeza en el borde de la tina y cerró los ojos, para refregar el cuello con sensualidad.
—¿Encontraste algún problema?
—Nada importante.
—¿A Ryūzetsu le gustó la cabalgata?
— Ryūzetsu no estaba con conmigo.
—Ah, pensé que ella había ido también.
Naruto contuvo la respiración, cuando. Hinata enderezó la espalda, de manera que sus pechos quedaron enteramente fuera del agua. Y no consiguió desviar la mirada, mientras ella los enjabonaba, siempre con movimientos lentos y suaves. Gimió bajito al percibir que el aire frío de ponía sus pezones erectos.
—Imagino que ya sabes que Menma viajó - ella dijo.
—Sí, él me avisó — Naruto confirmó en un murmullo ahogado.
¡Ah, aquello era una tortura! Naruto suspiró, aliviado, cuando Hinata finalmente se volvió a recostar, sumergiendo la tentación que sus senos representaban en el agua, escondiéndolos en la espuma espesa. Desgraciadamente, la tregua de Naruto duró poco, pues ella irguió una de sus piernas y se puso a refregarla, comenzando en el tobillo y subiendo en dirección al muslo en círculos indolentes.
— Obito se lamentó de tener que dormir con sus hermanas y de no poder alojarse junto con los otros niños. Yo le dije que no sería posible, porque somos apenas huéspedes. Es una pena que él no pueda ser criado aquí, pues estoy segura de que superaría a los otros pajes.
Naruto apenas oía las palabras que ella pronunciaba. Cuando Hinata terminó de lavar una pierna, pasó a la otra, involucrándolo en el mismo ritual torturante.
Con esfuerzo, él se puso de espaldas, en un intento de buscar una distracción. Se sacó la túnica, la camisa y las botas, decidió permanecer con los pantalones puestos, pues no se atrevía a sacárselos y exhibir su rotunda erección, efecto del poder que Hinata ejercía sobre su cuerpo.
Su error fue levantar los ojos al oírla levantarse. Hinata estaba de pie, todavía en el agua, el cuerpo completamente a la vista. Con el rostro vuelto hacia el otro lado. Como si ni se diese cuenta de la presencia de su marido. Comenzó a secarse con gestos sensuales.
Fue la gota que colmó la copa. Perdiendo de una vez el control, Naruto atravesó el cuarto en tres pasos largos, alcanzando a Hinata antes de que saliese de la tina.
—Ah, gracias — ella dijo con simplicidad, posando una de las manos en el hombro de él, en busca de equilibrio.
Una vez fuera da tina, ella sonrió y envolvió su cuerpo en la toalla.
—Ah, no - Naruto rezongó, asegurándola por el brazo. — ¿Qué juego estás haciendo, Hinata?
—¿Juego? - ella repitió, inocente.
—Ya conozco tu poder de seducción y, por eso quiero saber porque estás intentando arrastrarme a la cama. ¿Crees que con eso te garantizaras la estadía permanente en mi casa?
—Vos estás siempre buscando segundas intenciones en todo lo que yo hago — Hinata protestó. — ¿No te acuerdas de que fuiste vos quien entró en el cuarto, justamente cuando yo iba comenzar el baño?
—Ah, sí, me acuerdo, pero esto—él apuntó a la tina—fue una verdadera exhibición.
Al oír eso, el semblante de Hinata se tornó sombrío y ella pareció lista a estallar en lágrimas.
—Siento mucho si te desagradé — murmuró bajito.
—¿Acaso, yo dije que me desagradas? ¡Muy por el contrario! ¡Y no te muestres sorprendida, pues debería saber cuánto me tientas!
—¿En verdad? Pues quedo feliz de saber que no agotaste todas tus energías con Ryūzetsu y todavía consigo que me halles deseable.
—¿Ryūzetsu? ¿De qué estás hablando?
—Los veo juntos todos los días, cabalgando, caminando en el bosque...
—¡Nunca caminé por el bosque con Ryūzetsu!
—¡Yo los vi! El día que me encontraste con las criaturas, al borde del arroyo. ¡Estabas con ella!
—¡Ah, entonces es eso! — él concluyó riéndose — ¿Piensas que estoy acostándome con ella?
—¡Ella es bonita y está interesada en vos! Y vos nunca más me tocaste...
Hinata paró de hablar y le dio la espalda.
Aunque supiese que estaba haciendo una locura, Naruto no pudo reprimir el impulso que lo invadió, oscureciéndole la razón, así como el orgullo. La atrajo hacia si con violencia.
—Se duermo con Ryūzetsu, o con una centena de mujeres, no es asunto tuyo. Vos...
Las palabras habían muerto en los labios de él en el momento en que Hinata levantó los ojos oscurecidos por el deseo. Naruto sabía exactamente lo que ella sentía, pues era lo mismo que él sentía, siempre que se aproximaba a ella.
La toalla se soltó y resbaló al suelo. Ninguno de los dos intentó tomarla. Permanecieron allí, inmóviles, mirándose a los ojos, hasta que Hinata murmuró:
—Naruto...
En seguida, se tiró en los brazos de él.
Con un gemido ahogado, Naruto la besó con ardor. Sus manos se deslizaron por el cuerpo desnudo, recorriendo cada curva, descubriendo sus secretos. El deseo era tan intenso que casi lo sofocaba. Aferrados uno al otro, fueron tropezando hasta la cama, donde se tiraron, sin despegar sus cuerpos en ningún momento.
Los besos ardientes y las caricias atrevidas no eran suficientes. De repente, nada era suficiente. Librándose de los pantalones con rapidez, Naruto la penetró, intentando con desesperación saciar aquella necesidad de más y más, que él no era capaz de explicar, ni siquiera a si mismo
Cuando entró en ella, descubrió, atónito, que ni eso era suficiente. Y fue entonces que comprendió. Nunca, nada sería suficiente, pues lo que él realmente precisaba no era apenas el placer que el cuerpo de Hinata le proporcionaba.
Sus recelos de ser destruido continuaban presentes, más ya no importaban. Naruto precisaba de Hinata, de su cuerpo, de su mente, de su corazón y de su alma. Ni aún todo el placer del mundo saciaría aquella sed.
Exhausto, Naruto rodó hacia un lado y permaneció echado de costado, los ojos fijos en el techo, a la espera de que su corazón volviese al ritmo normal.
Un verdadero pavor lo invadió. Mi Dios, ¿qué hice? Intentó sentarse, pero le fue impedido por Hinata, que se recostó sobre él. Habría sido fácil librarse de ella, pero las palabras que oyó lo dejaron inmóvil.
—¡No me dejes!
Hinata estaba llorando y aquello lo tomó de sorpresa, desconcertándolo.
—No te vayas - ella repitió. — aunque continúes no creyendo en mi, te imploro que oigas lo que te voy a decir ahora. —Respirando profundo, fue hacia adelante: — Hice algo horrible. Me puse contra vos, te condené sin oírte, pero nunca participé de ninguna conspiración. Es la más pura verdad, créelo o no. Pero... dejé que te hiriesen. Y, por eso, yo pido... yo imploro tu perdón.
Desviando los ojos de los de él, Hinata esperó un instante, antes de murmurar en tono casi inaudible:
— Todavía te amo. Nunca dejé de amarte.
Naruto cerró los ojos, sintiendo apenas el peso suave del cuerpo de ella sobre el suyo.
Su mente exhibió los recuerdos de Hinata riendo con las criaturas, reprendiendo a Obito con voz suave y afectuosa. Naruto pensó en las veces en que ella lo había enfrentado, con firmeza y determinación, y en como ella se derretía en sus brazos, entregándose con abandono a la pasión.
Era eso lo que él había temido por tanto tiempo. Que la amargura se fuera y, ahora, como si ella fuese la propia Medusa, que él no pudiera de apartarse de ella.
Así como no sería capaz de pronunciar las palabras que le quemaban en la garganta, pues parte de él parecía congelada, aún ante el calor de tanta ternura. Permaneció inmóvil por un largo momento, preguntándose que hacer. Ya no era capaz de odiarla, pero no sabía si conseguiría perdonarla. Y, lo más difícil, ¿podría olvidar?
Amor. Hinata hablaba de amor. Naruto no tenía repuestas.
Acomodó a Hinata sobre su pecho, apreciando el calor del cuerpo de ella junto al suyo. Poco después, la respiración profunda y regular, le indicó que ella dormía.
Buena parte de la noche, sin embargo, ya había pasado, cuando él finalmente consiguió dormir.
Gaara St. Namikaze, el cuarto duque de Rasengan, llegó con toda la pompa y esplendor el día anunciado.
Al lado de Naruto, Hinata observaba fascinada el desfile de caballeros, soldados y criados, todos luciendo los colores del ducado: rojo, por el coraje, verde, de la paz, y púrpura, de la nobleza.
El último vehículo de la procesión era un carruaje lujoso, que traía a una mujer menuda, acomodada entre almohadones. Ella espiaba por la ventana, pareciendo aprehensiva, a pesar de la presencia del hombre imponente, que cabalgaba a su lado.
Aquel sólo podría ser el duque. Gaara parecía un gigante. Su cabello era rojo, la arrogancia en su semblante era peculiar.
—No se olvidó de nadie, ¿cierto? - Naruto inquirió, en tono burlón. —¿Quedó algún criado, o soldado, para cuidar el castillo?
—Los mandaré a buscar, si tu servidumbre no es satisfactoria — Gaara respondió. — ¿Dónde está Menma?
—Él partió en una misión misteriosa, que se rehusó a revelar.
El duque frunció el seño y desmontó con agilidad sorprendente para un hombre de su tamaño. Entonces, se aproximó a Naruto y los dos se abrazaron con entusiasmo.
—Pareces estar muy bien — Gaara comentó, examinando a Naruto con mirada crítica. — Veo que recuperaste las fuerzas. No veo la hora de enfrentarte en el campo de ejercicios.
— ¿Por qué insistes en humillarte? — el más joven indagó. Gaara rió y se dio vuelta hacia el carruaje.
—Matsuri... Ven, mi amor.
La bella mujer extendió la mano, que su marido apresó, mostrándose extremadamente solicito al ayudarla a salir del carruaje. El motivo de tamaña dedicación quedó evidente, cuando el vientre protuberante de Matsuri fue visible.
—Mi esposa está cansada. Tuvimos dificultad para atravesar el río.
Los labios de Naruto se curvaron en una sonrisa traviesa.
—Estoy sorprendido de saber que las aguas no se abrieron para vos.
Gaara también sonrió.
—Ah, las aguas no poseen sabiduría. De lo contrario, se habrían abierto.
—Hola, Naruto - Matsuri saludó a su cuñado con voz suave y musical.
Observándola, Hinata percibió la incertidumbre, como si ella no tuviese certeza de cómo sería recibida. De hecho, la familia ciertamente había quedado desesperada cuando su primogénito había decidido casarse con la hija de un mercader y, para peor, extranjera. Por el leve acento, era evidente que Matsuri había nacido en Italia.
—Es una honra verte de nuevo, hermana — Naruto la recibió con simpatía. — Esta es mi esposa, Hinata.
Gaara la examinó de la cabeza a los pies, con una intensidad que dejó a Hinata desconcertada.
—Alteza — ella murmuró, haciendo una reverencia.
—Tengo muchas cosas que decir — él declaró.
Hinata sintió las piernas temblorosas, pero Naruto pasó un brazo en torno a su cintura, en un gesto protector.
Pero fue Matsuri quien puso fin a la tensión.
—El sol está caliente, Gaara. ¿Por qué no entramos? — Inmediatamente distraído por la incomodidad de su esposa, Gaara pareció olvidar a su cuñada.
—Claro, querida. Vamos a entrar.
Naruto mantuvo a Hinata muy cerca de si, mientras se encaminaban al salón. Ella sintió como si una revigorizarte oleada de placer la envolviese, protegiéndola contra la amenaza del duque.
Se sentaron en torno a la mesa principal y, mientras la familia conversaba alegremente, Hinata permaneció quieta, apenas observando.
Miró fascinada como el duque y su esposa, que no escondían los sentimientos que tenían el uno por el otro. Las miradas afectuosas que aquel hombre, le lanzaba a Matsuri llegaban a ser conmovedoras. Y ni aún toda aquella devoción hizo que Gaara percibiese la fatiga en el rostro de su esposa, pues estaba distraído con el placer de estar junto a su hermano.
—Tal vez la duquesa prefiera descansar —Hinata los interrumpió. — Debe estar muy cansada, alteza
Matsuri sonrió y respondió.
—En este estado siempre estoy cansada, últimamente.
Naruto se dirigió a su hermano.
—Fue una estupidez traerla en un viaje tan largo, cuando ella ya está tan adelantada en su gravidez.
—Ah, pero fui yo quien le impidió dejarme —Matsuri dijo a Naruto, defendiendo a su marido. —Como él insistió en venir yo lo obligué a traerme. ¡Sólo que no sabía que él me obligaría a viajar en ese carruaje ridículo!
—¡Ella quería cabalgar! — Gaara exclamó. Hinata se puso del lado de Matsuri.
—Ven, voy a acompañarla a sus aposentos. Pediré a las criadas que le lleven una bandeja a su cuarto.
Matsuri rió.
—¡Buena idea! Esa es una condición que me aflige en este momento: ¡hambre!
—Voy preguntarte una vez más hermano. ¿Qué tienes en mente?
Gaara inquirió, entre tragos de cerveza.
Naruto suspiró, cansado de la discusión.
—Ya te hablé sobre mis planes - repitió.
—¿Qué planes? No estamos en Myōboku y ella no está sufriendo. Al contrario, Hinata parece muy feliz.
—Las apariencias engañan.
—Vos sos quien está infeliz.
—Ahora, estás hablando como Menma — Naruto protestó. — Él me atormenta, alegando que mi venganza es exagerada. Ahora, vienes vos, insistiendo que no es bastante.
—¡Por Dios, hombre! ¿Ya se te olvidaron las cicatrices en tu espalda? No me siento dispuesto a perdonar lo que vi: vos estuviste al borde de la muerte, con heridas que revolvieron hasta mi propio estomago. ¿Cómo podes perdonarla?
—No perdoné a nadie— Naruto declaró entre dientes.
—Entonces, ¿dónde está tu venganza? En los bellos vestidos..
—¡Son ropas usadas, Gaara!
—¡Pues ella debería vestir trapos! - el duque explotó.
Los dos se miraron a los ojos por un largo momento. Gaara siempre había sido el más fuerte, pero Naruto era más ágil en la lucha. Desde muy jóvenes, la rivalidad entre ellos era legendaria.
Gaara era de dominar y controlar todo y a todos. Naruto, por su lado, aunque no hiciese alarde, se rehusaba a someterse al mayor. Sin embargo, había un profundo amor fraternal entre los hermanos y, sabiendo porque Gaara lo desafiaba, Naruto trató de controlar sus ímpetus.
—Está defendiendo a esa mujer —Gaara lo acusó.
—No. Me estoy defendiendo a mí mismo..
—No entiendo por qué, simplemente no la abandonas.
—No precisas entenderme, hermano. Basta
—¿Basta? - el mayor repitió, pero entonces, suspiró y habló en tono conciliatorio: — Muy bien, vamos a conversar con calma.
—Me gustaría poner fin a esta conversación, pues me parece que estamos diciendo las mismas cosas, diversas veces, sin llegar a una conclusión— Naruto pidió.
—Eso es porque te rehúsas a oírme. Siempre fuiste temerario.
—No. Es porque vos no soportas que alguien no te obedezca, sin siquiera cuestionarlo. Y, si soy temerario, lo que admito ser, vos sos igualmente autoritario.
Gaara rió.
—Sí. Ya me dijiste eso un millón de veces en el pasado. Ahora, oigo lo mismo de mi esposa, con la diferencia que ella es mas gentil
—Podemos estar aquí sentados hasta el amanecer; pero nunca llegaremos a un acuerdo, si vos no me oís. — Naruto declaró.
—Está arriesgando todo hasta tu propia vida por esa mujer. ¿Ya se te ocurrió que ella puede conspirar contra vos de nuevo?
Naruto largó una carcajada.
—¡Ah, hermano! ¿Cómo puedes condenarme con tanta facilidad, si hace poco tiempo vos mismo arriesgaste todo por amor? En tu caso, los riesgos no eran menores ya que colocaste la honra de la familia en juego, además de tu propio título de duque. Y si Hiashi no fuese tan generoso, la prisión habría sido tu recompensa.
Aunque Naruto, esperase una reacción airada de su hermano, ante tal provocación, Gaara se limitó a levantar una ceja.
—Entonces, estás enamorado por ella.
El impacto de tal afirmación tomó a Naruto de sorpresa.
—¡Claro que no! — retrucó. — ¡No me vengas con absurdos! Estoy apenas diciendo que vos y yo no... — Aparentemente, no encontró palabras para explicarse y , con un gesto exasperado, maldijo: — ¡Diablos!
Con eso, se levantó y salió.
Hinata oía las voces de los hermanos, pero no conseguía: distinguir las palabras que decían. Incapaz de controlar la curiosidad, pues tenía certeza de que era sobre ella que hablaban, abrió la puerta del cuarto y agudizó los oídos. Desgraciadamente, la presencia de un criado la obligó a volver dentro del cuarto.
Cuando Naruto finalmente llegó, ella fingió que dormía. Lo oyó desvestirse. En seguida, sintió el colchón inclinarse ante el peso del cuerpo de él, echándose a su lado.
— ¿Hinata? — él susurró en la oscuridad. — ¿Hinata?
Calculando cuanto tiempo una persona realmente adormecida demoraría para despertar, en aquellas circunstancias, ella permaneció inmóvil, a pesar de los latidos descompasados de su corazón. Sintió las manos calientes de Naruto, en su piel y, después de un breve momento, no pudo resistir más. Se dio vuelta para él, con los brazos abiertos.
Taruho bajó los ojos. Shion levantó la antorcha, dirigiéndole su mirada helada.
—Esa noticia es terrible — ella dijo.
La oscuridad que invadía el aposento situado en la torre del castillo se rehusaba a ceder con la luz débil de la antorcha. El mismo ruido de gotas de agua cayendo, hacía eco contra las paredes de piedra.
Shion estaba sola con aquel hombre, pero no tenía miedo. Había apenas un hombre que la amedrentaba... el hombre de quien hablaban en ese momento.
— Ellos duermen juntos y el primo de ella está siendo criado junto con los otros niños del castillo.
—¿Primo?¡ No tenemos primos!
—Me refiero a las tres criaturas que viven con ella y que fueran llevadas a Konoha. Están recibiendo lecciones y Lord Naruto está entrenando al niño, personalmente.
Decidiendo que aquel absurdo no tenía importancia, Shion inquirió:
—¿Lady Hinata parece feliz?
—No, pero la distancia entre ellos disminuye cada día.
—¿Y el idiota de Menma?
—Partió, pero nadie sabe a dónde. Corren rumores de que él y lord Naruto se pelearon y que él fue echado.
—Lo que sería maravilloso, pero es imposible. Aquellos dos no permanecen separados por mucho tiempo. ¿Mi hermana va a volver a Myōboku?
—Algunos dicen que si, otros dicen que no. Es difícil saberlo en medio de tantas especulaciones.
—Sin duda, mi hermana los está conquistando, uno a uno.
Shion se puso a caminar de un lado al otro, pensando en cómo dar fin a los amantes de una vez por todas. No habría paz en su vida, mientras ellos dos viviesen.
Ella ya no soportaba más las imágenes torturantes de Hinata, compartiendo momentos de éxtasis, con el hombre que debería haber sido de ella. Ni aún las manos hábiles de Deidara conseguían borrar su obsesión por Naruto. ¡Y, ahora, llegaba la noticia de que los dos se aproximaban más y más! Imposible, sin embargo verdadero. ¿Qué hacer?
Había sólo una salida.
Girando hacia el mensajero, ella declaró:
—Sé que resistes esta idea Taruho, pero Naruto tiene que ser destruido.
Taruho empalideció.
—Nuestra amiga, en Konoha, fue muy clara. Nada malo debe pasarle a lord Naruto. Y no quiero involucrarme en una cosa de esas.
—No tienes elección — Shion afirmó caminando en torno a él.
—¡No! Voy a avisarles. ¡No soy un asesino!
Los dedos de Shion se cerraron en torno al cabo de la daga que ella cargaba en el bolso.
—Bien, es claro que no haremos nada a Naruto, si vos no quieres. —mintió. — Debemos pensar en otra cosa.
Desgraciadamente, Taruho no era lo suficiente hábil para esconder el hecho de que no creía en ella.
Fingiendo pensar, mientras caminaba de un lado al otro, Shion se preparó. Cuando pasó cerca de Taruho, lo atacó con la velocidad de una serpiente, usando la antorcha como arma. Él gritó y llevó las manos al rostro, para protegerse.
En el instante siguiente, la daga relució en el aire. El primer golpe lo acertó en el hombro. El segundo, en el pecho. Con un rugido de dolor, Taruho reunió fuerzas para golpearla con el puño, poniéndola contra la pared.
La daga cayó al suelo y la antorcha se apagó.
Las quemaduras y la pérdida de sangre ya habían dejado a Taruho muy débil, pero ahora, Shion no poseía arma alguna.
Desesperada, ella gritó a todo pulmón. Él se tiró sobre ella, circundándole el cuello con las dos manos para silenciarla. Impidiéndole respirar, Shion luchó, intentado acertar en los ojos de él, pero Taruho continuó apretando las manos fuerte, hasta sentir que la tráquea de Shion ceder.
Sintiendo la sangre rugir en sus oídos, ella percibió la presión en su cuello disminuir. Entonces, como si fuese a la distancia, vio a Taruho levantar los ojos sobresaltado. Oyó sonidos. Alguien se aproximaba. Taruho la soltó, dejándola caer al suelo. Shion lo oyó apartarse al mismo tiempo en que hombres se aproximaban.
Intentó levantar la cabeza pero no lo consiguió. Su garganta estaba repleta de sangre.
Se agarró con desesperación a la consciencia, luchando contra la oscuridad que amenazaba arrastrarla.
—Deidara — gimió, cuando los soldados de su marido la levantaban del suelo.
Déjame vivir, rezó en silencio. Déjame vivir para hablar con Deidara.
—¡Llamen al conde! — alguien gritó. ¡No! ¡Es a Deidara a quien yo quiero!
El llamado del sueño eterno era casi irresistible, pero ella continuó aferrándose a la vida. Los hombres estaban confusos, hablando deprisa, discutiendo entre sí. Shion oyó la voz de su marido, exigiendo explicaciones. Lo vio inclinarse sobre ella y exclamar:
—¡Ah, mi Dios!
Cuando la muerte ya la tomaba en sus brazos, Deidara llegó.
¡Finalmente! Sintió el perfume de sándalo que él usaba. ¡Tenía que hablar! Reuniendo lo que restaba de sus fuerzas, expiró por la última vez:
— Mata a Naruto.
