Aldebarán amaba la comida.

No había nadie que no supiera aquello o lo negase.

Y no, no se trataba de que fuese un glotón sin remedio (Bueno, sí un poco) pero más bien se trataba de que a él le encantaban toda clase de comidas de distintos lugares y con sabores diferentes.

Además de que tenía una mano excelente cuando de comida se trataba, es que incluso Shion y Athena habían admitido que el taurino era un cocinero excelente.

Pero algo de lo que siempre se quejaban era que Aldebarán no cocinaba para nadie más que para 2 personas.

Él mismo y Johari-chan.

Claro, él siempre estaba dispuesto a hacer algo si le pedían el favor, pero por sí mismo no lo hacía.

No culpaban a su compañero ni necesariamente le tenían resentimientos por eso, simplemente se les hacía un poco injusto el hecho de que no quisiese compartir aquél talento con nadie que no fuera su pareja, ya fuera al hacerle probar sus creaciones e incluso enseñarle.

Habían veces en las que tenían que rogarle para que les horneara galletas pero Johari lo convencía con tan sólo una sonrisa.

Y justo en ese momento estaban Aioria y Milo viendo como Aldebarán le ofrecía a su pareja un pedazo del pastel que acababa de hornear, la africana se mostró emocionada al probarlo y saltó sobre el brasileño para empezar a besarle todo el rostro.

No comprendían a esa pareja pero sí entendían algo al ver el brillo en los grises ojos de Aldebarán, brillo que también se presentaba en los ojos carbón de la africana.

Si había algo que Aldebarán amara más que a la comida, era a Johari, hacerla feliz.


¡El día 13! Corto pero está mucho mejor que el 12