Era hora de que la Luna fuera perseguida, de la misma forma en que ella buscó al sol.

Luego de su encuentro con Sasuke, Hinata pasó una semana más quedándose en el clan; terminando algunos asuntos pendientes con respecto a lo que había sido el viaje y porque Hanabi lo había solicitado.

El clan era aburrido sin su hermana.

Y Sasuke, a pesar de no verla, ya estaba más tranquilo al saber que ella estaba ahí; en Konoha y cerca.

Porque las largas noches sin luna habían acabado.

Volvió a su pequeño departamento, cansada de tantas reuniones en el clan, pero feliz de estar otra vez en ese pequeño espacio que era solo de ella y Lili.

Aquella independencia que había logrado.

Luego de hacer limpieza general, salió de compras con su perrita, porque después de ese largo viaje ya no le quedaba comida.

Caminaron tranquilas, en dirección al supermercado y se detuvieron a comprar un café en un pequeño puestecito en la calle; y fue en ese lugar donde se encontró con su amigo: Shikamaru.

Se abrazaron alegremente, después de un año sin verse; sin compartir anécdotas ni conversaciones con comentarios sarcásticos.

Y ella había echado de menos los clásicos temas "problemáticos", las partidas de Shogi, y esas tardes tranquilas compartiendo rollos de canela y té.

La acompañó en su labor, ya que él tenía desocupado el día; y, mientras avanzaban y elegían los productos, le contó que estaba comprometido con Temari.

Ella se detuvo en seco al escucharlo y se giró hacia él con una sonrisa.

- Tienes que contarme como fue.

- Lo sé, lo sé.

Fue así, como se enteró que él le pidió matrimonio en una visita a Suna, hace un mes, y que ella estaba allá por el momento, pero cuando se casaran vivirían en Konoha.

Avanzaron rumbo a su casa mientras la conversación seguía, acarreando las pesadas bolsas del supermercado y con un día agradable que recién llegaba a su punto medio.

Konoha era preciosa en primavera y su clima exquisito.

Risas, murmullos alegres y una que otra queja por el peso, fue lo que escuchó Sasuke al divisar a Hinata a lo lejos mientras regresaba a su departamento. Ella venía en sentido contrario y acompañada del Nara.

El siempre molesto Nara, que no dejaba de rondar aún cuando estuviera comprometido.

Se detuvo, y se dirigió hacia ellos, porque ahora no tenía razones para mantenerse lejos y tenía todas las razones del mundo para intentar unirse a su mundo; encajar con ella.

Se presentó frente a ellos y notó que Hinata sonreía al verlo.

- Te ayudaré.

Acercó su mano, recordando la última vez que intentó hacer algo así y ella retrocedió, evadiéndolo, hace un año y medio atrás, o quizás más.

Pero esta vez, ella aceptó y dejó que él tomara algunas.

Shikamaru sonrió y no dijo nada al respecto, solo se limitó a continuar conversando con la Hyuga, cabreando un poco más al Uchiha.

- Sasuke – llamó – ¿te gustaría quedarte a almorzar con nosotros?

Él llevó su mirada desde ella a Shikamaru y asintió; no dejaría sola a Hinata con quien consideró su rival, aún cuando este ahora tuviera novia.

Menos, si podía comer algo preparado por ella.

Ingresaron al departamento y cuando ambos se disponían a ayudarla, ella negó y les pidió que esperaran en el estar mientras ella preparaba todo.

Ambos se sentaron, frente a frente en los sillones de Hinata y Lili se acurrucó en las piernas de Shikamaru que se mantenía haciéndole cariño mientras sentía la mirada intensa de Sasuke.

No se sintió intimidado, sino todo lo contrario, le pareció de lo más divertida la situación.

- Shika, Sasuke – llamó Hinata al terminar de guardar todo – Iré por Shino y regreso.

Y la incomodidad de Sasuke fue notoria ante la mención del Aburame, pero lo disimuló bastante bien; jamás había olvidado el rechazo de este hacia él.

- ¿Porqué estás aquí, Sasuke? – soltó.

Él sabía muy bien porqué estaba ahí, y ahora ya no lo preguntaba por un afán de molestar, sino porque era amigo de Hinata y la había visto sufrir suficiente. No quería más juegos.

Sasuke volvió su mirada hacia él, serio; analizándolo.

Comprendiendo que él sería el primer obstáculo, la primera persona, que debería ganarse para poder ingresar a ese círculo al que ella pertenecía. El primer paso para poder cortejarla de verdad.

Miró hacia otro lado, incómodo, porque ahora era cuando comenzaría a mostrarse y él no estaba acostumbrado a esto; a hablar de sus sentimientos.

- Estoy intentando hacerme un lugar.

Shikamaru se acomodó en su puesto y su mirada se tornó tan seria como la que usaba cuando se enfrentaba a un enemigo.

- Naruto, ¿lo sabe?

- Ya lo hablé con él.

La mirada del Nara aterrizó en el tablero de Shogi que usaban para jugar, distraído y algo apesumbrada. Porque la verdad, no le gustaba Sasuke, no le gustaba que fuera el mejor amigo de Naruto y sentía que aquello podría terminar mal si las cosas no eran lo suficientemente serias por parte del Uchiha.

- Solo – Habló – no juegues con ella.

La puerta del departamento se abrió, mostrando a una sonriente Hinata seguida de Shino; Lili, al verlo, saltó de las piernas de Shikamaru y fue directo al Aburame con quien había viajado tanto tiempo.

Shino se agachó y tomó al perrito en sus brazos mientras se perdía en el dormitorio de Hinata con total confianza y volvía a los minutos con Lili y un listón en su cabello formando una palmerita que le descubrieron los ojos al pequeño animalito.

Shikamaru y Sasuke se miraron con sorpresa y él solo dejó a la perrita en el suelo y se lavó sus manos para ir con Hinata mientras algunos Kikaichūs aparecían y jugaban con Lili.

Probablemente así era como habían vivido todo ese año viajando.

Hinata, al verlo intentar ayudar, le indicó amablemente que él hoy era una visita también y que ella prepararía todo.

- Supe que te casas.

Se sentó al lado de Shikamaru, ignorando olímpicamente a Sasuke que lo notó y miró hacia él intentando hacerse notar.

El Nara, entendiendo lo que ocurría, sonrió y decidió seguirle el juego; y el Uchiha supo que el Aburame sería una pared aún más difícil si se coludía con Shikamaru.

Pero esto había empezado y él no se rendía tan fácilmente.

- Sí – respondió – en seis meses más.

Shino asintió y Shikamaru esperó, porque sabía que habría un comentario mal intencionado; ya había compartido con el amigo de Hinata antes como para no suponerlo.

Oh, sería divertido.

- Lástima – indicó y su voz sonó lo suficientemente baja como para que Hinata no escuchara, pero para que Sasuke si lo hiciera – siempre creía que eras un buen candidato para Hinata.

Y cuando el Nara iba a responder con algún comentario similar, Sasuke saltó, molesto y exaltado.

- Hey, Aburame…

Pero no pudo decir nada, porque Hinata apareció e indicó que todo estaba listo.

Shino, miró a Shikamaru y sonrió, porque ese round lo había ganado él.

La comida transcurrió tranquila, con algunas risas y anécdotas, y, sobre todo, porque Shino no se mostraba hostil cuando ella se encontraba presente, permitiéndole a Sasuke bajar la guardia y compartir.

No quería ni pensar, lo que sería enfrentar a Kiba, si Shino era el más racional de los dos.

Pero mirarla compartir tan tranquila y alegre, sonriendo, tal y como la recordaba del pasado, le daba el impulso que necesitaba para continuar por ese camino. Porque al final, ella valía todo ese esfuerzo; aún si no era correspondido.

Porque, si la luna notaba que la noche siempre la acompañaría, eso era suficiente.

Salió del departamento de Hinata, y se acercó a Shino inmediatamente; ya no esperaría más.

- Necesitamos hablar.

Lo miró, detrás de sus oscuras gafas, como si supiera todo lo que le costaba al Uchiha plantarse frente a él buscando iniciar esa conversación incómoda que ambos sabían que ocurriría. Y obviamente, no sería suave con el vengador.

Lo guió a su propio departamento, porque su amiga no debía escuchar esa conversación.

Ingresaron y Sasuke supo que estaba entrando a un terreno sin vuelta atrás, todo aquello que no dijo expresamente con Shikamaru, debería decirlo claramente con Shino.

Porque él no aceptaría menos; porque él había sido quien recogió los pedazos de su amiga y la protegió.

Hablar con el Aburame era como enfrentarse al hermano mayor que Hinata no tenía.

- Creí haber dejado claro que no te quería cerca de ella, Uchiha.

Las palabras duras fueron lo primero que recibió, signo de que no sería fácil; que no era bienvenido. Pero él iba dispuesto a hablar con la verdad, y a mostrar todo lo que tenía, si con eso se ganaba a Shino.

Porque para ella, las palabras de ese hombre eran tan importantes como las de su padre.

- No puedo alejarme- respondió mirándolo de frente.

Se cruzó de brazos al escuchar al Uchiha, molesto y no lo ocultó.

- Ella no es un trofeo para los héroes del equipo siete; mucho menos un juego – indicó arrastrando las palabras – tienes a más de la mitad de las mujeres de Konoha a tu disposición y no…

- Y no puedo mirar a nadie más que no sea ella.

Sintió como el chakra del Shino se intensificaba y el leve zumbido de sus insectos subir de volumen, preparándose. Él estaba cabreado.

- Déjala en paz.

- La amo – respondió rápidamente, intentando sonar lo más sincero posible – Por favor, permíteme acercarme.

Y en un acto imprevisible, Sasuke se inclinó en una reverencia frente a Shino, en total sumisión.

Shino lo observó atónito. Sin creer que algún día vería al último Uchiha dejando el orgullo de lado con tal de ser aceptado.

Jamás pensó ver a Sasuke rendido, y mucho menos por una mujer.

Una que lo veía como amigo; y que jamás lo había mirado como algo más.

Parecía que, al fin, alguien más había visto a su amiga.

Relajó la postura, al saber ahora, que Sasuke no podía estar jugando con algo así. Al entender el verdadero alcance de los sentimientos que ese hombre poseía por quien el consideraba su hermana; se serenó al saber que había alguien dispuesto a perseguir a Hinata, tal como ella persiguió a Naruto.

Porque, ya era hora que ella supiera lo que era ser amada, querida, anhelada; que ella descubriera que había alguien que la buscaba y la miraba.

- No soy yo a quien debes revelarle tus intensiones. – respondió.

Sasuke se incorporó nuevamente y lo miró a los ojos.

- Lo sé, pero tu eres demasiado importante para ella.

Caminó a su departamento tranquilo, porque aquella corta conversación con el Aburame había salido bien. Porque había dado un paso más en ese largo camino al cual se enfrentaba.

Y porque por fin, podría comenzar a intentarlo.

Los días siguientes, Hinata desapareció de su radar entre las reuniones con su clan y sus entrenamientos; y él fue asignado a una nueva misión.

La vida seguía, avanzaba y se movía.

Despertó cansada y acurrucada junto a Lili en su cama, como todos los días.

Se levantó con ánimo, porque ese día iría a elegir un regalo para su amigo que estaba de cumpleaños la próxima semana; y siempre era bueno aprovechar cuando él se encontraba de misión.

Se vistió rápidamente, preparó su desayuno y el de su compañera, y una vez que estuvo lista, abrió la puerta para partir.

Y una sorpresa que nunca pensó recibir la encontró.

Un pequeño macetero de diez centímetros de alto con una hermosa flor violeta, llamada violeta africana, se encontraba ahí, a sus pies.

Lili se acercó rápidamente y la olió, recordando el entrenamiento que Kiba le había dado para detectar veneno, y cuando esta fue aprobada por su compañera, Hinata la recogió.

La tomó con cuidado, curiosa y algo sorprendida, y leyó la pequeña tarjeta que solo tenía su nombre; para que ella no tuviera dudas de la destinataria.

Sonrió tímida, y se sonrojó porque esta era la primera vez que la sorprendían de esa forma tan dulce.

Miró con cariño aquel presente, porque para ella, recibir flores de esta forma tan cuidadosa, significaba que venían de alguien que la conocía. Alguien que se había dado el tiempo de encontrar algo para ella.

"Nunca he recibido una carta de amor, ni palabras bonitas, ni miradas, ni mucho menos cumplidos… pero los escuchaba hacia todas mis compañeras."

Y tal vez, aún cuando no estuviera segura de las intenciones de quien le había regalado aquellas flores, sintió como si recibiera algo de eso que siempre escuchó para otras.

Ese gesto tan simple, le hizo feliz.

Dejó aquella plantita en su mesa para que tomara sol y partió, había mucho que hacer.

El día pasó entre la búsqueda del regalo de Shino y las eternas reuniones en el clan con los ancianos del concejo.

Aquello siempre la cansaría, pero ganarles con un buen argumento siempre sería una victoria para celebrar.

Volvió agotada, con hambre y pensando únicamente en que necesitaba dormir.

Subió las escaleras, seguida de Lili que, al parecer, venía igual de agotada que ella. Los niños del clan podían tener mucha más energía de la esperada y la pequeña perrita era toda una estrella en ese lugar.

Y ahí, sentado en el suelo, y a las puertas de su departamento, Sasuke esperaba paciente.

Lo miró con sorpresa y una extraña pero agradable sonrisa apareció en el rostro del Uchiha.

- Vamos a cenar – indicó levantándose – yo invito.

Dejó a Lili durmiendo profundamente en su cama y salió junto a Sasuke que se notaba algo inquieto; pero no dijo nada, él hablaría cuando lo sintiera oportuno.

A medida que avanzaban por las calles de la aldea, notó como su compañero se comenzaba a relajar y aquella incomodidad desaparecía para dar paso al Sasuke que ella conocía. El de palabras tranquilas y conversaciones ligeras.

Pero Sasuke estaba nervioso y lo supo ocultar muy bien.

Joder, en su vida había estado tan nervioso como en ese momento; porque esto, no era una salida simple: era una cita.

Estaba llevando a la Hyuga a una cita y la chica no tenía idea, y él esperaba con todas sus fuerzas que ella no saliera arrancando cuando lo notara. O cuando él no aguantara más y se lo dijera.

"Mírame, esta noche"

Llegaron al destino, y Hinata se sorprendió de lo bonito del lugar, y lo tranquilo del ambiente.

Porque Sasuke había estudiado muy bien el restaurant al que la llevaba, y este, era uno de los más románticos de Konoha. Porque esta noche, Hinata no podía no darse por aludida con esto, no podía dejar pasar ese pequeño detalle que él se había esforzado por buscar.

Ingresaron, y la mesera que los atendería los guió hacia la terraza donde otras parejas ya compartían a la luz de las velas.

Definitivamente, ella tenía que notarlo.

La mesa que les había tocado estaba decorada con algunos pétalos de rosa, copas y velas; todo cuidadosamente seleccionado para dar un ambiente íntimo y romántico.

Sasuke llevó sus oscuros ojos a ella, observándola mirar el lugar con admiración y algo de emoción, y sonrió. Al menos le gustaba.

Pero no dejaba de estar nervioso y ella hizo la primera pregunta que él esperaba.

- El lugar es precioso Sasuke – comenzó - ¿Celebramos algo?

Suspiró para darse ánimos frente a lo que estaba por declarar y botó el aire; negó.

- Solo quería traerte a este lugar.

La mirada de Sasuke se volvió intensa en un instante y Hinata lo notó, y por primera vez, comenzó a sentirse inquieta.

Porque para ella no habían pasado desapercibidos todos los pequeños y adorables detalles de ese lugar destinado a citas; pero había preferido pasarlos por alto.

- ¿A mi? – su voz sonó tímida e insegura.

- Nunca tuve la opción de traerte y ahora, después de todo, tengo la oportunidad.

Los ojos claros de ella buscaron los oscuros, porque al escuchar aquella afirmación que podía significar mucho y que a la vez no dejaba nada claro, se sintió algo asustada.

Porque Sasuke parecía estar hablando de antes, cuando estaba casada y de ahora, cuando estaba libre y soltera.

Y por primera vez, dudó de lo que Sasuke esperaba de aquella relación y se sintió incómoda; rara de que él la mirara de esa forma tan intensa.

Insegura de estar sentada en ese lugar tan romántico, ocupando el lugar que podría pertenecerle a otra.

Temerosa de mal interpretar la situación, porque ella no buscaba nada en ese momento, porque ella no quería caer otra vez. Tal vez, nunca más.

Desvió la mirada para no sonrojarse y desechó esas ideas.

Eran amigos, se llevaban bien y nada más.

No podía ser nada más.

Y Sasuke vio su mirada, sus expresiones y esas emociones que había aprendido a leer; supo inmediatamente que ella había entendido.

Esperó.

Y ella solo sonrió, pero no preguntó nada más, aún cuando Sasuke esperaba que ella lo hiciera.

- Podría traer a Shino a este lugar la próxima semana, para celebrar su cumpleaños.

Quiso corregirla, decirle que los amigos no iban a lugares como este, pero se contuvo; se detuvo y respiró nuevamente. Porque ella estaba a punto de salir corriendo.

Porque Hinata estaba nerviosa, incómoda y asustada de enfrentar la realidad; de mirarlo, a pesar de que se había dado cuenta.

Por hoy, por ahora, eso sería suficiente.

- ¿Lo celebrarán con Kiba? – preguntó.

Decidiendo liberarla de esa situación siguiendo ese hilo de conversación más liviano.

Hinata volvió su mirada hacia él, ahora más tranquila, y la conversación fluyó nuevamente.

Comieron tranquilos, rieron un poco y disfrutaron de un pequeño espectáculo que ofrecía el lugar. Hablaron de su viaje, de todo lo que Sasuke había estado haciendo en Konoha y de su vuelta al clan.

Porque a pesar de que él hubiese querido presionar un poco más, mostrarse un poco más, y ser totalmente sincero, no era el momento; Hinata recién estaba comenzando a verlo, a mirarlo, probablemente a considerarlo. Que ella notara sus intensiones era un paso que debería trabajar lento para no asustarla, porque entendía que ella no buscaba amor aún, que probablemente podría estar asustada de pensar en ello, e insegura de querer sentir nuevamente.

Y él no buscaba espantarla, quería una oportunidad.

Quería tomar su mano y sujetarla fuerte.

Y la agradable velada avanzó.

Caminó con ella de vuelta, cercano a la media noche, en las silenciosas y calmadas calles de la aldea; donde nadie más podría verlos.

Avanzó cerca, a su lado, dejando que sus hombros chocaran de vez en cuando; que sus brazos rozaran, torturándolo porque no podía alcanzar sus manos, aún.

Y su última instancia llegó.

El paso final para cerrar esa noche.

Se detuvieron frente al edificio de Hinata para despedirse y dar termino a esa noche de sorpresas y emociones.

- Hinata- llamó cuando ella se giraba para marcharse.

Ella se volvió a él nuevamente, indicando que escuchaba y él se tragó toda su ansiedad y sacó la voz.

- ¿Cómo terminarías una cita?

Lo miró sin entender esa pregunta fuera de contexto, mientras él adornaba su rostro con una suave sonrisa y esperaba.

Hinata, al verlo aguardar su respuesta, pensó. Nada tenía de malo responder una pregunta así.

- ¿Una cita?

Él asintió.

- Mmm… pues… - comenzó ella pensativa – si fuera con alguien que quisiera, sujetaría sus manos con cariño entre las mías – sonrió al imaginarlo – le diría algunas palabras bonitas pero significativas, porque querría que se fuera pensando en mi, y tal vez, si es posible, buscaría un beso.

Su mirada soñadora volvió a los ojos de Sasuke que la miraba con timidez y le sonrió traviesamente.

- Oh…Sasuke ¿vas a tener una cita?

Y él, dio un paso hacia ella.

Luego otro.

Y otro.

Su mirada se volvió seria, pero extrañamente insegura y temerosa, como si fuera un niño pequeño alcanzando algo que no podía tomar.

Ella elevó su mirada al verlo tan cerca, porque él era más alto, y en ese instante, sintió algo tibio rozar sus manos, recorrerla con lentitud y quedarse enredada entre sus dedos, sin llegar a tomarla.

Un sutil roce, un toque suave que se mantuvo en su lugar para no pasar desapercibido; que gritaba por ser completado.

Sasuke.

- Hinata – habló – gracias por tener una cita conmigo.

Su voz sonó como un susurro, íntimo, ronco, y cargado de emociones que ella temió identificar.

Un escalofrío la recorrió de pies a cabeza, y por un momento, contuvo la respiración.

No sabía que hacer y era la primera vez que se sentía tan desarmada.

Pero Sasuke no se detuvo.

Avanzó el último tramo que le quedaba y se inclinó buscando su rostro.

Quería besarla, en ese mismo instante y mandar todo el autocontrol al carajo.

Pero se controló, porque no era un juego, y porque él podía continuar esperando.

Presionó sus labios con cariño contra su frente y se alejó.

Porque esto no estaba en sus planes, y tal vez, había sido demasiado.

Hinata dio un paso atrás cuando recuperó el aire, y sus ojos se abrieron de par en par al entender que él había hecho lo que ella había indicado.

Dio otro paso más lejos, asustada, al comprender que había tenido una cita.

Se sonrojó y desvió su mirada nerviosa, incómoda y sin saber que decir.

Porque en este campo, ella aún no estaba lista para avanzar, seguir y moverse.

Porque cuando se trataba de sentimientos, ella solo quería huir.

Porque la luna estaba demasiado asustada de amar y mucho más de ser amada.

Y Sasuke, al ver su reacción, al entender que no era un rechazo sino miedo, comprendió que debía detener ese escape emocional. Que debía mantenerla ahí, con él, en un terreno seguro.

Que por hoy solo debía plantarle la duda, y dejarla mirando en su dirección; solo eso.

- Te llevé engañada – se apresuró a decir – porque nunca había tenido una cita, aproveché la oportunidad porque tu sabes… admitir algo como aquello… ¿me perdonas? ¿Puedo considerarlo como cita?

Hinata volvió su mirada hacia él al escucharlo, y aún cuando esa excusa parecía falsa y tonta, prefirió creerla y continuar engañándose. Porque era mejor.

Porque era más seguro y mucho menos doloroso.

Y Sasuke supo, que ella lo había mirado, que todo había resultado aún cuando ella prefiriera negarlo.

Relajó su postura, y volvió a sonreír.

- Entonces, soy una afortunada de robar la primera cita de Sasuke Uchiha.

- Serás la envidia de Konoha.

Él, sujetó un poco más los dedos de ella, que no había soltado en ningún momento, alargando aquel contacto que pronto debería dejar. Y Hinata, para su sorpresa, respondió sutilmente.

- Sasuke – habló – la próxima vez, debe ser con alguien que quieras de verdad.

El Uchiha la miró y asintió, porque cuando volvieran a tener una cita, ella sabría que era real; él tomaría su mano, le diría palabras bonitas que le impidieran olvidarlo, y la besaría hasta dejarla sin aire.

Porque esta era la primera, el comienzo.

Porque hoy, ella había vuelto su mirada hacia él.

Porque ahora la Luna sería perseguida, de la misma forma en que ella buscó al sol.

Solo espera.