Disclaimer: ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. Yo tan solo realizo este FanFic por diversión, sin ánimos de lucro.
Advertencia: Omegaverse| Uso descarado delOoC| ErenxLevi | Ereri| Omega Levi | Eren alfa |De desconocidos a enemigos a amantes| Basado en Orgullo&Prejuicio de Jane Austen| Drama
Actualización de Fin de Año, con amor a muy queridas bebés de: valeskithalejandra, GatitadeLuna, ChibiGoreItaly, Kai Ackerman, DGenesisX, roussygm y FrozenMarsdess; muchísimas gracias por seguir mi historia, leerla y comentarla. Ustedes son las constructoras de este historia.
A Roco Ackerman Pillco y Nejiko Ka que sé les gusta cómo va.
Espero este capítulo les guste. Nos leemos abajito.
Agregue la etiqueta de Drama, pues siento que ya ahora sí es necesaria. A partir de aquí la historia tomará un curso casi propio, aunque mantendrá la línea de la obra de Jane.
Por favor lean las notas finales.
De orgullo, prejuicio y amor
—
.XIV.
Levi encontró a su madre en el comedor, disponiendo todo para el almuerzo, jaloneando de un lado a otro a las criadas para que todo quedará según sus intenciones, pues declaraba a viva voz que debían seguir luciéndose con Kirschtein. Solo verla tan feliz y atolondrada igual que siempre, causó que el rasguño que atenazaba su estómago se volviera una cosa fea. Como escarabajos que nacían de allí y se escurrían por su piel. Le palpitaban las sienes y tenía los tímpanos llenos del palpitar errático de su corazón. No pudo contralar su voz cuando habló, y prácticamente gritó.
—¡Fuera! ¡Todas ustedes fueras! —exclamó, el gritó más un horrible graznido que otra cosa —. ¡Ahora!
Su madre le vio con espanto, ojos saltones y el rostro arrugado.
—¿Qué significa esto? —le reclamó en cuanto las sirvientas salieron a tropel, tan asustadas como la señora por el despliegue de feromonas de enojo que Levi liberaba.
—¿Que le dijiste? —preguntó Levi en vez de responderle —. ¡¿Qué fue lo que le dijiste?!
—¿A quién?
—Al señor Jeager —siseó Levi —. ¿Qué fue lo que le dijiste ayer?
Vio que en los ojos de su madre hubo en reconocimiento, pero con los labios apretados ella negó suavemente.
—Estaba tratando de ayudarte, ya que vi que estabas siendo tan tímido después de lo escandaloso que fue su asunto —la señora Ackerman hizo un gesto vago con la mano —. Le dije una mentirilla. Que habías estado tan triste por su falta que llorabas todas las noches por él, y que por eso, él debería de dejar de ser tan caballeroso —hizo unas comillas mientras rodaba los ojos —, y dejará de pensar en mi corazón, que ya era momento de que te llevará, que hagan su matrimonio como Dios manda. No le veo por qué estés haciendo este escándalo, Levi. ¿O qué? No me digas que vino solo a quejarse contigo de que me estoy metiendo en sus asuntos, porque te recuerdo soy tu madre, y ahora la s...
—¡Estás metiendo! —le recrimino Levi, y sus ojos estaban aguados por lágrimas de rabia contenida—. ¡Mentirosa! ¿Dime qué fue lo que dijiste? ¡Dímelo! ¡Quiero saber que fue dijiste para que ahora quiera divorciarse de mí!
El rostro de la señora Ackerman se volvió ceniciento.
—¿Qué? ¿Divorcio? ¿Cómo se atreve ese horrendo hombre a faltarnos el respeto de esa manera?
—Tú se lo faltaste primero, porque sus palabras me dan a entender eso. Así qué dime ¿qué fue lo dijiste?
La señora se veía conmocionada pero también empezó a ponerse roja de ira.
—Estaba en mi derecho. Nuestra familia ya ha estado en demasiadas especulaciones y chismorreos. Tenía que pararlo.
—Te recuerdo madre que, no he sido yo la que ha traído el escandalo a la casa, sino Marie, ella y tus comentarios. Primero con el señor Kirschtein, luego todo el alboroto con Smith, de lo que no has hecho más que hacer alarde cuando has debido guardarlo en la prudencia, y por último mi matrimonio con Jeager, al que has creado suspicacias al según tú enorgullecerte pero del que te sigue sorprendiendo.
—¿Y no es esa la verdad? Porque también debes recordarte, que jamás ni tú ni tu padre me han dado una explicación del asunto. Te fuiste unas semanas, y luego vuelves y que te vas a casar con él, y que las únicas personas que vieron el desarrollo de esa supuesta relación escribieron para poner en entredicho tu honor ¡el de la familia!
—Y si hubieran sido ciertas sus palabras ¿no crees que tus nervios ya te hubieran matado entre tejer gorritos y el estar de casamentera?
—Aun así. Los culpables han sido ustedes. Su comportamiento no ha hecho más que desencadenar esto, y ahora tu hermana se verá empañada por ello ¡y el señor Kirschtein! ¿Qué va a decir al respecto? Ese maldito Jeager, seguro está haciendo esto para separarlos de nuevo, porque no me cabe duda que él le metió ideas el invierno pasado. Ese desgraciado alfa no hace ...
—¿Es en serio, madre? —Interrumpió Levi la diatriba ofensiva de la señora Ackerman —. Me culpas y minimizas mi situación. ¿Por qué eres así?
La frialdad con la que lo vio su madre no era algo que Levi esperó.
—Te lo dije una vez, Levi. No sirves más que para decepcionarme. Y cuando creí que habías logrado algo, también lo arruinaste.
—Fuiste tú quien lo arruinó al entrometerte, sin siquiera saber un ápice.
—Esa fue tu decisión.
—Sé cómo eres madre, y de haberte dicho que nos casábamos tan apresuradamente porque él estaba sorteando un compromiso previo, y que se había ido para arreglar el cisma con su familia por elegirme a mí por sobre el que ellos deseaban; no habrías entendido, en cambio habrías fomentando más la maledicencia en su contra. Aunque al final lo has terminado haciendo.
—Bueno, la leche ya ha sido derramada, y al final, sigues siendo la vergüenza que siempre has sido —la señora soltó un resoplido frustrado —. Al menos espero que convenzas a Jeager de que el tal divorcio sea después de la boda de tu hermana. Nos debe eso.
—¿En serio eso es lo único que te importa? ¿Mi dolor no te afecta? ¿Es que nunca has sentido por mi siquiera una pizca de cariño? ¿Porque siempre debo mendigarlo?
La señora Ackerman se rio de manera burlesca, y sus ojos estaban tan llenos de desdén.
—Porque uno puede sentir cariño por la piedra en su zapato.
—Mamá, soy tu hijo ¿cómo puedes decirme una cosa así? —a Levi le dolía el pecho, y el rasguño que no se había ido en toda la discusión no hacía más que crecer y crecer.
—No, tú no eres mi hijo. Y ya estoy harta de estar fingiendo serlo.
Levi se quedó helado, sus piernas se volvieron de gelatina y tropezó hacia atrás, mientras buscaba un asidero.
El señor Ackerman entró en ese momento. La carga de feromonas de ira, tristeza y confusión debió alertarlo de la situación, porque viendo entre los dos, frunció el entrecejo y su rostro se volvió de piedra.
—¿Que está ocurriendo aquí, señora Ackerman?
—Lo que debió haber sucedido hace muchos años. Quiero que saques a este bastardo de mi techo —su marido la vio con horror, y después con una furia desnuda, avanzó unos pasos hasta estar a un palmo de ella, y de un movimiento fluido la abofeteó —. ¡Señor Ackerman! —chilló la mujer, sosteniéndose la mejilla golpeada.
—Salga, señora Ackerman. Ahora mismo antes de que no responda de mí. He tolerado demasiado de Usted. Esto se acabó—le dijo su marido y su rostro de pedernal silenció cualquier protesta de la esposa.
Levi estaba temblando, sosteniéndose apenas en la pared.
—No es cierto ¿verdad? —preguntó, y la mirada de honda pena de su padre le dio la respuesta. Solo pudo cubrirse el rostro mientras dejaba que sus piernas cedieran. Su padre lo encontró a medio camino, y lo sostuvo en un abrazo fuertísimo.
Lo que siguió fue una conversación de lo más dolorosa para Levi. La revelación de una verdad que su padre le había dejado entrever el día de su boda, camino al altar, y que él jamás hubiera podido vislumbrar. Los rasguños se convirtieron en mordiscos.
No supo cuánto tiempo estuvieron allí, pero debió ser lo suficiente para que las feromonas calmantes de su padre hicieran que el llanto se le secara de los ojos, y solo la irritación y el dolor punzante en su cabeza se quedaran. El señor Ackerman le ayudó a levantarse y subir a su habitación, pues pronto la pareja de novios volvería de su paseo, y Levi no quería que lo vieran así. Mientras subían las escaleras, sus ojos recorrieron en todas direcciones, y se sintió un intruso en aquella casa; como lo había llamado la que una vez pensó era su madre.
Una vez en su habitación, sentado en la cama, el señor Ackerman le pasó un poco de agua. Aún había cosas del que hablar.
—No lo quiero. Porque no es mi intención que ella se sienta victoriosa en esto, pero es la única manera que veo que pare esto. Ve con tus tíos, Levi.
Levi asintió en silencio.
—¿Por eso le pediste al señor Jeager que me llevará con él?
El señor Ackerman pareció contrariado pero tras un breve segundo asintió.
—Escuché la conversación de tu madre con él, y Jeager te defendió de una manera que me hizo ver que, aunque yo lo considere un hombre despreciable, te tiene estima. Solo que ahora estás demasiado atribulado y no tendrías la temple para soportar la ayuda que te hubiese aconsejado que le pidieras.
—El señor Jeager no es un hombre despreciable. Él es bueno y generoso. Por favor no hables así de él, me lastimas.
El señor Ackerman le dedicó una mirada aturdida a su hijo.
—¿Jeager te gusta?
Levi dudó un momento, luego habló.
—Sí, si me gusta. Pero tú tienes razón, yo no podría soportar su ayuda, él ya ha hecho demasiado por nosotros, sería un abuso bochornoso, mucho más por el cómo acabara lo nuestro.
—¿De qué hablas? —preguntó el señor Ackerman, y Levi con los ojos cristalinos le respondió.
—Nos divorciaremos. En un mes.
—Por Dios —murmuró el señor Jeager, y se sostuvo la cabeza con ambas manos.
No hubo más palabras después de eso. Ambos se quedaron atrapados en sus propios pensamientos. En el cielo, el sol siguió su curso, y la calidez del mediodía en la habitación fue lo único que les indicó un cambio. Abajo, el ruido de los criados y del día seguia como cualquier otro, aunque ligeramente más apresurados que de costumbre.
—¿Quieres esperar hasta mañana o prefieres irte hoy? —le preguntó su padre rompiendo el silencio, a la vez que se levantaba.
—Hoy —respondió con desgano Levi —. Empezaré a empacar.
—Bien. Iré a que te preparen el carruaje —dijo el señor Ackerman, y se encaminó a la puerta, aunque en el umbral se detuvo —. ¿Le dirás a Mikasa la verdad?
—No. Le diré que el tío Uri me ha enviado una nota pidiendo mi presencia para acompañarle en sus últimos meses de embarazo, que por eso me voy.
En la mirada del señor Ackerman había una mezcla de tristeza y disculpa, pero no dijo nada, solo salió y cerró la puerta.
Levi ya casi había terminado de empacar cuando Mikasa entró. En su rostro se notaba la preocupación, y así se lo hizo saber a su hermano.
—¿Qué sucede, Levi? ¿Por qué estás empacando? ¿Discutieron mamá y tú otra vez? Me la encontré en el en el comedor y se veía rara. Le pregunté pero no me respondió. ¿Es eso, verdad?
Levi enmascarándose en una sonrisa le hizo un aspaviento de restarle importancia.
—Sí. Pero no te preocupes —respondió él, y se soltó a contarle a su hermana la mentira que había planeado para eso, diciéndole que su madre se había molestado pues a palabras suyas la dejaba en el peor momento, con la carga de todos los preparativos de su boda.
—Me llamó desconsiderado, y yo le dije que ella era la desconsiderada, porque después del trato que le había al tío Uri, que me permitiera marcharme por los próximos meses para serle de ayuda, era lo mínimo que tenía que hacer.
—Oh, ya me imaginó. Se habrá puesto roja.
—Ajap. Y verde, también.
Ambos se rieron. Aunque en Levi, la sonrisa no llegó a sus ojos.
—Te voy extrañar, hermanito —dijo la omega y le dio un abrazo a su hermano —. Pregúntale bien a tío cuando dará a luz, para que el señor Kirschtein y yo escojamos una fecha adecuada y que ambos estén. No seré yo totalmente feliz ese día si tú, los tíos y mi primo o prima no están allí.
Levi le susurró un sí y le regresó el abrazo, manteniéndolo por varios minutos.
—Aquí estaré —le prometió, y él esperaba en su corazón cumplirlo, pues también era posible que fuese la primera vez que empezaría a verle cada mucho tiempo.
Le tomó otra media hora terminar. Mikasa le había preguntado que si iba a comer con ellos antes de irse, pero él se negó, excusándose de que era mejor no alterar más el ánimo de su madre, y por ende el ambiente con Kirschtein presente, su hermana había negado, diciendo que él ya no estaba en la casa, que se había tenido que marchar. Aun así, Levi mantuvo su negativa, y a eso de casi las 3 de la tarde se estaba subiendo al coche y despidiéndose de su padre y su hermana.
Durante el viaje dejó que el dolor se desbordara de él, y que las lágrimas emergieran escandalosas rodando por sus mejillas.
Era ya muy tarde cuando llegó a Londres, y un rato después a Gracechurch Street. La casa de sus tíos estaba a oscuras y aunque tocó con fuerza nadie abrió. Es la hora, pensó, pero tenía la sospecha que era más probable que los señores de la casa no estuvieran presentes y que los sirvientes tuvieran indicaciones de no permitir a nadie sin aprobación, menos uno que se presentaba casi a medianoche.
Las calles estaban casi vacías y en los bolsillos de Levi no había suficiente dinero para pagar una posada para él y el señor Grice, su cochero. No una medianamente decente que también ofreciera comida. Tenía hambre y estaba cansado. Se arrepintió en ese momento de no haber comido antes de salir.
—¿No nos quedamos aquí, señorito? —le preguntó el señor Grice al ver que permanecía de pie y no había movimiento en el interior de la casa.
Al parecer el destino quería que él siguiera orbitando la presencia de Jeager.
—No —respondió él, y sacando la carta que aún permanecía en su bolsillo, leyó las últimas líneas.
«...Como marido suyo, mi deber es velar, cuidar y proteger de Usted, y si bien tales votos no se puedan considerar válidos a su sentir, ya eran algo que estaban en mí para con su persona. Así que por favor, si la situación con vuestra madre continua o empeora, tome esto no como un favor, sino como parte de mi responsabilidad hacia usted, una retribución por todo el daño que mi intromisión le ha causado: Eriwele House es suya, y desde hoy mismo enviaré a mi ayuda de cámara para informarlo, y quedé a su disposición. También quedará asentado en nuestro acuerdo de separación. Le dejo en una nota adjunta la dirección.
No siga soportando más daño por mi culpa.
Disculpándome una vez más con usted y deseando su pronta tranquilidad.
Eren J. »
—Iremos a otro lugar —terminó, y se subió al coche nuevamente.
Hubo un cambio perceptible al avanzar a través de los barrios bajos a los altos. El movimiento de la gente parecía un poco más abundante, e incluso se podía decir que hasta se sentía más calidez bajo las farolas.
Frente a la entrada principal de Eriwele House solo tuvo que hacer sonar la campanilla dos veces para que la puerta se abriera. Fue un hombre mayor quien lo hizo. Levi preguntó por Jeager primero, de quien le informaron su ausencia, a lo que él asintió y en posterior preguntó por el señor Foster, del que recibió una respuesta positiva.
Unos cuantos minutos después el señor apareció, medio despeinado y envuelto en su bata de dormir. Le hizo pasar, recibiéndolo solicito y presentándolo como el esposo de su amo.
—No lo esperábamos tan pronto —le confesó el señor Foster mientras la ama de llaves le disponía una cena liviana —. Pero estamos muy contentos de tenerlo aquí. El amo me confió su cuidado, y yo no pienso defraudarlo.
Levi solo pudo darle una sonrisa chiquita incomoda, pues el hombre seguía tan lisonjero como siempre.
—Esperaba encontrarme con mi esposo aquí. ¿Sabe si su viaje tardará mucho?
—En realidad no, pero pueda que sí. Antes de irnos a Hertfordshire, recibió una carta de su tío, su excelencia el señor Hannes Magnolia, conde de Matlock, requiriendo su presencia, pero él lo pospuso en pos de ir con el señor Kirschtein a arreglar lo su arrendamiento en Netherfield Park. Y pues como el conde se distrae muy seguido —el señor Floch hizo un gesto de tomar copas que Levi entendió tal cual —...si, se tardará.
Levi asintió. Después de cenar, el señor Floch le acompañó hasta el cuarto que le hizo saber le correspondía. La habitación del señor Jeager. Estuvo un poco avergonzado por eso, pero en verdad estaba cansado y terminó aceptando con el pensamiento que al día siguiente, y si sus tíos no se encontraban, pediría le arreglaran otra.
No durmió mucho, solo un par de horas. Se despertó agitado por una pesadilla borrosa. El rasguño aún presente le hizo doblarse en la cama y las lágrimas producto del mal sueño se renovaron. Su instinto se retorció dentro de él y en su mente la imagen fugaz de Jeager apareció. Su omega interno anhela la atención que el alfa una vez le había prodigado. Su cuerpo se movió solo, y de repente estaba frente al armario. Al abrirlo se encontró con varias prendas que, aun cuando el olor a jabón y lavanda estuviera presente, bajo ellos, el aroma de su dueño permanecía. Tomo un par de camisas y las apretó con fuerza, inhalando aquellos restos de esencia. El alivio al rasguño fue inmediato.
Un ronroneo emergió. Suave, arrullo.
Tomando otro par más se hizo una bolita en el interior. Unos minutos más tarde sin darse cuenta, se durmió.
No soñó nada.
...
Notas finales:
A que no se esperaban lo de la 'madre' de Levi.
Pobre cosita de bebé Levi.
Nos leemos en el próximo capítulo.
