POV HIPO
Dos noches habían pasado desde que regresamos, intentamos de todo para entenderlo, probamos con todos los fuegos de los dragones de la isla, tratamos de descifrar las runas, analizamos por décima vez los papeles que Astrid trajo del barco, y nada, lo único que hacía era proyectar un circulo de luz.
Debido al anuncio de que Patapez y Heather ya eran una pareja oficial, los gemelos se ofrecieron a hacer la cena de la noche anterior en homenaje a la pareja, como resultado, toda la casa club estaba en llamas, así que hicimos de mi cabaña el punto de reunión de nuevo, debo admitir que me dio cierta nostalgia reunirnos como la primera vez, alrededor de la pequeña mesa.
-Bien... me declaro rendido- dijo Patapez frustrado tallando su frente y respirando profundo, pude ver a Heather pasar una mano sobre su espalda tratando de tranquilizarlo, ¿Quién diría?, mi tímido amigo ya creció.
-¿Enserio?... yo hace horas perdí el interés- admitió Brutacio a quien lo veíamos muy concentrado escribiendo, ahora sabemos que en realidad está dibujando a Patán en la boca de Colmillo-
-Oye- reprochó Patán al ver el dibujo.
Un golpe sobre la ventana llamó nuestra atención, Brutilda fue a abrirla dejando entrar a un terror terrible, que aterrizó en el rostro de Patapez.
-El rostro... ¿Por qué siempre es el rostro?- se quejó despegándoselo y tomando la nota –Ahh... Astrid es para ti- le dijo entregándole la nota.
Ella la tomó curiosa, estaba cerrada con la etiqueta Señorita Astrid y el sello secreto de Johann, él sabía donde encontrarme siempre y cuando se comunicaba conmigo lo usaba para que supiera el remitente.
Cuando Astrid curiosa abrió la nota sus ojos reflejaron algo que yo solo había visto una vez... terror, pude ver como tragaba saliva y se forzaba por disimular mirando al suelo.
-¿Todo bien?- le preguntó Heather, Astrid respiró profundo...
-Estoico lo ha hecho oficial- murmuró -en tres semanas nombrara oficialmente a Halvard como su heredero en una ceremonia ante los 10 Clanes- dijo Astrid tratando de sonar normal, pero en su voz, había todo menos normalidad.
-¿Queeeeee?...- la voz de Patán resonó -cuando a mí me nombro ni siquiera invitaron a mi padre-
-¿Por qué Estoico llamaría a los 10 clanes para algo así?- cuestionó Patapez quien sabía la extrañeza de ese acto -El asunto del heredero se supone que es muy propio de cada tribu y las reuniones entre clanes se limitan a asuntos que los afectaran a todos- continuaba -¿Por qué?-
Mientras Patán se quejaba, Patapez seguía haciendo preguntas que nadie le respondía, Heather trataba de seguirle la corriente a su actual novio y los gemelos estaban siendo... los gemelos, yo no podía apartar la vista de mi ojiazul que no despegaba la mirada del papel. ¿Por qué le altera tanto este asunto?, vamos prácticamente el heredero por derecho soy yo y que hayan puesto a este tipo en mi lugar ni siquiera me afecta, contrario a eso lo agradezco, ¿por qué a ella le afecta tanto?... Hasta que lo comprendí...
-Déjennos solos- ordené sin levantarme de mi lugar ni despegar mi vista en ella, enseguida su mirada se cruzó con la mía, con esa mirada, esa sola mirada confirmó todas mis sospechas.
Todos en silencio y sin saber que pasaba salieron murmurando entre ellos, Astrid y yo nos mantuvimos sin mover un centímetro –Chimuelo, Tormenta, no quiero gente husmeando en la puerta, si alguien se acerca... ya saben que hacer- me aseguré de que los chicos lo escucharan para evitar que quieran curiosear.
POV NARRADOR
-Que intenso eso- murmuró Patapez saliendo con el resto -¿de qué creen que se trate?-
-No lo sé- contestó Patán –pero sea lo que sea, yo nunca había visto así de serio a Hipo y menos con Astrid- el resto asintió de acuerdo.
Los dos dragones se aseguraron de ponerse frente a la puerta como Hipo se los ordenó, y comenzaron a hacer guardias para alejar a cualquiera.
Hipo permanecía sentado en su lugar con una pierna sobre la otra y los brazos cruzados viendo en silencio a la chica que solo estaba parada y ocupada en evitar su mirada. Después de dar unos segundos para que los chicos se alejaran el jinete rompió el silencio
-Muéstrame- le ordenó
Astrid tomó un respiro profundo y comenzó con una mano a levantarse la blusa hasta llegar a su ombligo del lado derecho, miro directamente al chico que no perdía pista de ninguno de sus movimientos y con su otra mano bajo su falda y mallones poco más allá del inicio de su pelvis, ahí estaba la marca que con tanto empeño la Valkiria escondía.
*La maldición de las Valkirias*
Varios siglos antes, 11 clanes habían llevado la guerra por el poder y el territorio a la casi extinción a todo el norte, los dioses solo se limitaban a mirar decepcionados por la avaricia de su creación y su poca habilidad de convivir en paz, y en un intento desesperado por proteger a los humanos, enviaron a sus guardianes al mundo mortal para tratar de conciliar paz entre ellos... los dragones. Vidar depositó a todos ellos en un lugar sagrado y después les permito conocer el mundo, pero, dejó a un dragón enorme y poderoso al cuidado de este sitio.
Durante un tiempo funcionó, estos se encargaban de detener guerras innecesarias y proteger a los 11 Clanes de ellos mismos, pero dejó de ser útil cuando los dragones extrañamente comenzaron a atacar las tribus que les habían encomendado y fueron repudiados por ellas.
Los Dioses por un momento determinaron que solo concentrarían sus energías en el único clan que había decidido cesar la guerra y prosperar en su propio territorio, el más lejano de todos, Naddod, la tribu favorita de Frigg y Freya.
Pero cansada de ver tanta destrucción entre los hombres, Frigg le propuso a su esposo Odín un intento nuevo de parar la guerra, y en lugar de enviar más dragones enviaría algo que el hombre no trataría de dañar, al menos según ella. Ella envió a sus valkirias a la tierra, mujeres portadoras de una belleza indescriptible y un espíritu guerrero que cualquier vikingo quisiera tener, ellas tenían la misma función de los dragones, tratar de parar las guerras, pero el plan de Frigg tuvo un giro inesperado cuando Brandr un Dios expulsado de Asgard, el hogar de los dioses, maldijo a las mujeres en un intento de continuar las guerras, él, secretamente, convenció al dragón guardián para convertirlo en una especie de abeja reina que se encargaba de manipular a los dragones a su conveniencia y hacer que aquella especie atacara a los humanos, él, había sido el instigador de tanta muerte como venganza por su destierro, y la maldición de las Valkirias había sido su última gran jugada.
La maldición se las hizo saber a todos los hombres "la sangre de las Valkirias ofrece una belleza absoluta y su corazón el poder total", tras esta condena, todos los jefes de tribus comenzaron a cazar a todas las valkirias, las cuales reconocían por una marca en la pelvis derecha, algunos las violaban antes de matarlas y comer su corazón, los jefes ofrecían su sangre a sus reinas las cuales añoraban y envidaban la belleza de tales seres, tras ver tal masacre el mismo Thor decidió acabar con la vida del Dios traidor y con el resto de los clanes, pero con la muerte de aquel traidor no pudo destruir al dragón, él se encargó de protegerlo y antes de morir dejó en condena que "solo un mortal sería capaz de destruirlo".
Los dioses entonces crearon un artefacto para que aquel que fuera digno de esta batalla pudiera encontrarlo y repartieron las partes del mapa entre los sabios y mensajeros de las tribus que eran los únicos en conocer este mandato.
Odín propuso un último plan, aquel jefe, de la tribu que sea, que despose primero a una de las valkirias será el rey de las 10 tribus restantes, y las otras 9 tendrán que vivir en paz y obedeciendo a su Rey.
Thor aceptó el trato y les dio una última oportunidad a los hombres, cuando ellos comenzaron a buscar a las Valkirias se dieron cuenta que habían matado a todas, fue un golpe de realidad, con la muerte del Dios traidor ya no había quien alentara la guerra y los hombres sabiendo que era su última oportunidad antes de ser destruidos por los dioses decidieron cesar la guerra y hacer estrechos tratados diplomáticos que hasta la actualidad mantenían.
La historia dice que una Valkiria en algún lugar logró escapar y que la diosa Frigg la protegió y bendijo quitándole sus dones y guardándolos, prometiendo que en algún momento se los daría a la indicada.
Los jefes, y luego los hijos de los jefes y los hijos de estos, aún conservaban el mismo dictamen, si en algún momento, la valkiria llegara a aparecer obedecerían la orden y aquel jefe o heredero que la despose será coronado Rey de los 10 Clanes.
Cuando la madre de Astrid llegó a Berk todos tenían interés en ella por que provenía del mismo Naddod y solía rumorearse que era la heredera a ese trono. Aquel berkiano que conociera Naddod regresaba impresionado por la belleza y progreso de este, aunque no entendían por qué no hacían las cosas a "la manera vikinga".
Más de un clan se vio tentado a apoderarse de aquella isla, pero debido al tratado nadie lo intento jamás, esa mujer era bella, con la complexión y características de una nacida en Naddod, pero nada fuera de lo normal.
Cuando Astrid nació lo hizo en la soledad de la cabaña de Gothi, solo con la anciana y los padres de esta. Durante unos meses vivó en Berk pero después su tío Finn fue el designado a llevársela a Naddod puesto que aquel reino exigía educarla y verla crecer, al menos esa fue la historia oficial de Estoico, cuando solo era una pequeña niña regresó a Berk, durante ese tiempo su tío se encargó de repetirle cada día la importancia de mantener ese secreto, Astrid era una chica muy lista para su edad y lo comprendía perfectamente.
Bendecida con una belleza descomunal y habilidades para la batalla, los habitantes de Berk solían llamarla valkiria, pero pocos sospecharon que en verdad lo era, entre ellos Estoico, a quien le despejo la duda la madre de Astrid jurándole que no era cierto, que era solo una niña común.
La madre de Astrid conocía la historia por completo y le aterraba pensar en que su destino fuera como el de las otras y terminarían por quitarle la vida, desangrarla y alimentarse con su corazón, conforme la niña se hacía más grande pudo notar que era bastante cercana al hijo del jefe, y solo veía como crecía esa cercanía con el tiempo, pero para ella ese pequeño chiquillo más bajo incluso que la propia niña no podría protegerla si ella lo necesitaba y le aterraba la idea de que él la traicionara cuando estos ya fueran grandes, al final era su corazón lo que le podría dar el poder que esa espina de pescado definitivamente no tenía.
Katla tuvo una idea desesperada para mantener el secreto de su hija a salvo y le pidió a la otra que sospechaba que la entrenara para ser la Doncella del Escudo. Vala la en ese momento Doncella del Escudo por un momento lo dudó, pero sabía que siendo ella la Doncella, jamás podría entregarse a un hombre, y mientras se cuidara de que nadie la viera podría mantener su secreto el resto de su vida, y evitar que trataran de desposarla en contra de su voluntad y en el peor de los casos matarla.
Vala aceptó y en su mente, habían sellado el destino que pensaron tenia Astrid
... pero el destino es caprichoso...
