CAPÍTULO 14
Amanecía otro día en Cullen y de nuevo despertaba sola. Isabella se giró en la cama y observó a través de la ventana el verdor de las colinas que rodeaban a su nuevo hogar. Esa noche tampoco había conseguido descansar bien del todo. El recuerdo de su discusión con Edward la atormentaba. Cualquier vano intento de que su matrimonio pudiese funcionar había quedado destruido tras su disputa con su marido.
Él, estaba dispuesto a seguir con su vida como si nada, ¿Por qué no habría ella de hacer lo mismo? Tenía que adaptarse a las circunstancias, y empezaría esa misma mañana poniendo a la descarada de Tanya en su lugar.
Se vistió con dificultad, pues anudar el lazo de su espalda le resultó tedioso, otra tarea pendiente era buscar a alguien que se convirtiese en su doncella, y aunque tenía a alguien en mente, no estaba segura de que aceptase. Arregló su cabello y bajó hasta las cocinas dispuesta a terminar aquel despropósito.
Inspiró armándose de valor y entró divisando a aquella mujer sentada en la mesa holgazaneando mientras que el resto de las allí presentes afanaban de un lado para otro.
—¡Buenos días!
Las cocineras dieron un salto asustadas por la irrupción de su señora y le saludaron formalmente.
—¡Buenos días! El desayuno será servido ahora mismo, mi señora. Hemos tenido problemas con el fuego. —Explicó Emily.
—No vengo por eso, tranquila. Creo que es mi deber informaros ahora de algunos cambios en la cocina.
—Por supuesto. ¡Dejad lo que estáis haciendo venid aquí! La señora tiene algo que decirnos. —Ordenó Emily llamando a las mujeres. ´
Todas dejaron sus quehaceres para atender a Isabella. Todas menos Tanya que permanecía sentada de manera insolente mirándola desafiante.
—¡Tú, también! —La reprendió la cocinera.
—No te preocupes, Emily, lo que tengo que decir puede escucharlo sentada —Habló Isabella in perder su pose autoritaria—. A partir de ahora se preguntará el número de comensales antes de realizar cada comida, así no se desperdiciará tantos alimentos, además de que la provisiones se calcularán en función de ello, no es necesario tener comida malográndose en las despensas. Buscareis a dos muchachas de confianza para que os ayuden en la limpieza y tareas que aquí lleváis a cabo, así repartiréis el trabajo.
—Disculpe, señora, pero seremos demasiada gente en la cocina. —Se atrevió a objetar Emily.
—Seréis las mismas. Desde este mismo instante Tanya pasará a trabajar en la lavandería.
—¿Cómo? —Exclamó la aludida levantándose de un salto de la silla.
—Creo que me he expresado bastante bien. Dejarás el castillo y te encargarás de lavar, secar y planchar la ropa.
—Creo que no. No pienso marcharme de aquí.
—¿Te atreves a desobedecer una orden de tu señora? —Preguntó Isabella enarcando una ceja.
—Yo solo obedezco a mi señor, y dudo mucho que le guste tenerme lejos de este lugar.
—Pues si tan segura estáis de ello, busca a tu señor y habla con él, verás como confirmará mi decisión. Te quiero fuera de esta cocina antes de la tarde. —Sentenció Isabella para sorpresa de todas.
—Eso ya lo veremos... —Tanya salió con furia de la cocina ante la atónita mirada de las allí presentes.
Un tenso silencio se cernió sobre las allí presentes que observaban atónitas la situación.
—Bien, la otra persona que dejará su puesto aquí serás tú, Ángela.
—¿Yo? Pero mi señora, yo no he hecho nada. —Se excusó la joven, temiendo seguir los mismos pasos de Tanya.
—Lo sé, pero me gustaría que a partir de ahora te convirtieses en mi doncella. Necesito a alguien que me ayude a conocer este lugar, y en ciertas tareas personales y me gustaría que fueras tú.
—¡Claro que sí! —Gritó exultante de alegría corriendo hasta abrazarla y respirando aliviada al saber que su cambio de ocupación no era debido a ningún castigo.
—Lo siento, yo no..., yo no... — Al darse cuenta de la falta de respeto se apartó rápidamente y se disculpó.
—No te preocupes, no pasa nada. —Sonrió Bella.
—¿Estás de acuerdo, Emily? —Preguntó mirando a la madre de la muchacha que había permanecido en silencio durante todo el tiempo.
—Si, señora. —Asintió satisfecha, pues sabía que fuera de las cocinas Angela podría tener una vida un poco más cómoda.
—Perfecto, dejó en tus manos la tarea de encontrar el reemplazo de Tanya y Angela, confío en ti. Nosotras, iremos a charlar un rato, te pondré al día de tus nuevas obligaciones, Ángela.
—Por supuesto.
Ambas mujeres abandonaron las cocinas sin saber que a nos metros de ellas, una tormenta estaba a punto de desatarse.
Tanya caminaba furiosa hacia su dormitorio. No podía dar crédito a lo que acababa de ocurrir. Esa sucia Swan no iba a arrebatarle su lugar en la casa. Hablaría con Edward, estaba segura de que él no permitiría que algo así ocurriese. Debía buscarlo y hacerle saber lo que estaba ocurriendo. Sus súplicas parecieron ser escuchadas pues en ese mismo instante vio como él caminaba por él pasillo.
—¡Edward! —Llamó a voz en grito.
Él, al escuchar su nombre se giró para observar quien era y al verla allí parada frente a él le dirigió una mirada reprobadora.
—Perdón, mi señor. —Se apresuró a corregir.
—¿Qué quieres, Tanya? —Preguntó sin dejar de caminar.
—Necesito hablar contigo, con vos. —Volvió a corregirse adoptando un comportamiento tímido y avergonzado.
—Ahora mismo no puedo, tengo muchas cosas que hacer, pero tienes razón, ambos tenemos una conversación pendiente.
—Pero... Es importante, no puede esperar ¿Podemos hablar?
Edward, quería calmarse antes de poner a esa mujer en su lugar, al parecer no iba a ser así. Tomó aire para calmarse y se apretó el puente de la nariz. Ni siquiera la respondió, pasó por delante de ella y se dirigió al cuarto que ocupaba.
—Está bien, te escucho, ¿Cuál es ese asunto que requiere ser tratado de manera tan urgente?
—Esa mujer…, ¡Esa sucia Swan me ha mandado a la lavandería! ¡Tienes que hacer algo yo no puedo abandonar el castillo!
—No puedo —Respondió sin tan siquiera alterar su expresión— Las decisiones concernientes a los asuntos domésticos son asunto de Isabella. Si ella lo ha decidido así no hay nada más que hacer.
—¡Pero no puedes! ¡No puedes dejar que me trate así! ¡Yo soy...!
—¡Una empleada más, Tanya!, eso es lo que eres...
—Pero nosotros... Tú y yo... —Habló intentando acariciarle dolida por su fría actitud.
—Tú viniste a mí por voluntad propia, yo nunca te prometí nada. He sido más que generoso contigo o qué creías ¿Qué te convertiría en la señora de Cullen?
—Yo…soy especial para ti... Me lo dijiste...
—¡Jamás he pronunciado esas palabras! Me has ayudado a satisfacer mi necesidad de hombre, solo eso.
—¡Y ahora que tienes a esa perra de Swan en tu cama no me necesitas! ¿No es así? —Exclamó furiosa intentando retener sus lágrimas.
—¡Te exijo respeto para tu señora! —Gritó Edward golpeando la mesa— Cuando Isabella me contó o ocurrido o e quise creer, pero veo que es cierto, tu comportamiento no me deja dudas. ¿Crees que la señora del castillo iba a tolerar tus faltas de respeto sin tomar medidas?
—¡Esa no es mi señora, yo solo te obedezco a ti!
—¡Pues entonces hazlo!, ¡Respeta a mi esposa! Tú solita con tu descaro e insolencia te has ganado que te echen de aquí.
—¿Tú esposa? ¿De verdad me apartas por ella? ¡No has dormido en tu cama!, ¡Dudo que esa esposa pueda complacerte!
—Tú mejor que nadie deberías saber que no es necesario tener una cama para mantener relaciones. Y te aconsejo que no me faltes el respeto, Tanya recuerda quien soy.
—Entonces, no vas a hacer nada con respecto a esa...
—Cuida tus palabras, Tanya. Te recuerdo que hablas de mi esposa, tu señora, la señora de Swan y por tanto le debes respeto.
—Tú eres el hijo de laird, el futuro jefe del clan, tú eres el único que puedes dar órdenes. Si quisieras, si tú ordenas que me quede ella no podrá hacer nada. —Suplicó.
—No voy a contradecir las órdenes de Isabella, no pienso desautorizarla delante de todo el mundo. Es más, estoy de acuerdo con ella, tu insolencia merece un castigo.
Tanya rio irónica al escuchar sus palabras, no daba crédito a lo que estaba escuchando. Aún así, prefirió ignorar sus palabras. Saber que él la quería lejos la estaba matando.
—¿De verdad esperas esperas que la gente de Cullen la respete cuando ni tú mismo lo haces?
Tanya de acercó hasta él, recorrió con un dedo su pecho y acercó su cuerpo hasta que se tocaron. Besó su cuello mientras que su mano, conseguía llegar hasta el. miembro de él, empezando a acariciarle suavemente.
—Puedes mantener esa fachada delante de todos, mi señor. —Susurró libidinosa—, Pero yo te conozco, conozco lo que te gusta, lo que te enciende. Sé cómo complacerte y esa... Tu esposa, no podrá hacerlo.
Edward agarró fuertemente la muñeca de ella arrancándole un grito de dolor y la sacó de su entrepierna. La tomó por los hombros y mirándola ferozmente habló;
—Recuerda cuál es tu sitio, Tanya. Me has servido muy bien entre las sábanas, pero eso se acabó. Acepta tu nuevo puesto y mantén respeto hacia mi mujer, porque si no es así yo mismo me encargaré de sacarte de aquí. ¿Entendido?
—Tanya le sostuvo la mirada apretando lo labios fuertemente; herida, furiosa, deseosa de salir de allí y matar a aquella perra sarnosa de Isabella.
—¿Entendido? —Volvió a repetir zarandeándola.
—Sí.
Edward continuó mirándola a la espera de que respondiese como es debido.
—Sí, mi señor. —Claudicó entre dientes.
—Perfecto. —Respondió apartándose de ella—. Desde este momento pasas a ser una más. Nada de ínfulas, nunca debiste tenerlas y de haberlo sabido antes habría puesto remedio. Nada de insultos y menosprecios a ningún miembro del clan. Te dirigirás a mí con respeto y distancia, el mismo respeto que le tendrás a la señora de este castillo. Espero no tener que volver a repetirte esto Tanya, porque si es así, la próxima vez lo haré de manera menos amable.
Edward ni siquiera la dejó replicar. Se marchó dejándola completamente furiosa, lanzando por los aires las pocas pertenencias que adornaban su habitación.
—¡Esto no se queda así! ¡Ninguna maldita mujer Swan va a arrebatarme mi lugar! ¡No seré una maldita criada! ¡Tarde o temprano me convertiré en la señora de Cullen y entonces, sabrán quién es Tanya! —Sollozó golpeando furiosa la cama con los puños—. ¡Puede que esa maldita zorra haya ganado la primera batalla, pero no la guerra!¡La guerra la ganaré yo, con o sin tu apoyo querido Edward!
ὠὠὠ
Las siguientes semanas fueron de lo más tranquilas. Poco a poco Bella, con ayuda de Angela iba conociendo más acerca de su nuevo clan. Podía ver como aún la miraban con reticencia, pero a ella eso no le importaba. Estaba dispuesta a que la conociesen mejor. Había encontrado en Angela a su primera amiga y eso, hacia sus días más llevaderos.
Su relación con Edward seguía igual. Únicamente visitaba el dormitorio que compartían para asearse y cambiarse de ropa y siempre lo hacía cuando ella ya no estaba allí. Los primeros días creyó que ordenaría cambiar sus cosas de habitación o las de él, pero no fue así y no entendía la razón.
Habían compartido alguna que otra cena, donde apenas intercambiaron algunas palabras, ya que él se centraba en hablar con sus hombres y su padre. Aun así, Bella era consciente de como en alguna que otra ocasión se le escapa a alguna mirada a hacia donde ella se encontraba.
Esa situación le apenaba y le dolía, pues al fin y al cabo, seguían siendo dos extraños unidos en matrimonio, pero ella no podía hacer nada más. No iba a rebajarse y dejarse humillar por él.
Saber que la tal Tanya tampoco compartía lecho con él le aliviaba. Al menos eso era lo que Angela le había comentado según había escuchado comentar entre su madre y las demás cocineras.
Lo que Angela no le comentó es que también murmuraban sobre el rechazo de Edward hacia ella. De todos era conocido que no dormía junto a su esposa, y eso era un rico cotilleo que corría como la pólvora.
La relación con Carlisle Cullen si que había supuesto una grata sorpresa. El. hombre la acompañaba en alguna que otra ocasión durante sus paseos y le hacía participe de la vida allí, interesándose incluso por como ella estaba manejando todas las tareas del hogar. Incluso alabó la iniciativa que tuvo al ordenar el aseo de los caballos que se encontraban en las cuadras, una orden que sin saberlo supondría un avance en su matrimonio.
Esa mañana, cuando bajó a los establos, observó como alguno de los animales tenían las patas llenas de barro y las crines enredadas. Ella, que había estado visitando a su yegua Volterra y que adoraba a los animales se enfureció al ver tal falta de cuidado y ordenó al mozo asear a los animales, encargándose ella misma de peinar y desenredar sus crines para asombro del joven.
Satisfecha por su trabajo, subió a sus aposentos para darse un baño después del duro trabajo. En ello estaba cuando la puerta se abrió furiosamente sobresaltándola a ella y a Ángela que se disponía a ofrecerle la toalla para que se secase. Tal fue el susto, que la tela cayó de las manos de la joven.
—¿Se puede saber qué le has hecho a mis animales?
El resto de improperios que Edward pensaba soltar por la boca quedaron atorados en su garganta al ver la imagen que tenía frente a él. Isabella estaba desnuda, de pie dentro de la bañera, con su pelo recogido en un moño desordenado del que escapaban algunos mechones mojados y sus grandes ojos marrones mirándole desorbitados. Sus pechos se erguían lozanos, coronados por sus dos pezones sonrosados, aquellos que había disfrutado acariciando en su noche de bodas.
Las gotas de agua caían por su abdomen hasta llegar a su feminidad cubierta por una escasa línea de vello púbico. La noche que la tocó, imagino que era preciosa, pero ahora… Acababa de corroborarlo.
Isabella, al sentir como la mirada de Edward la recorría de arriba a abajo, cubrió sus pechos con su brazo y dirigió su otra mano hasta sus partes íntimas dispuestas a cubrirlas también.
—¡¿Cómo te atreves a entrar de esa manera?! —Le reprochó Isabella.
—Te recuerdo que esta es mi habitación, nunca he pedido permiso para entrar en ella. —Se acercó hasta la toalla que minutos antes había caído en el suelo. La cogió y se la lanzó a su esposa— ¡Cúbrete! Tenemos que hablar. ¡Y tú! —Señaló a Angela que permanecía allí congelada— ¡Fuera!
—Sí, mi señor. —Respondió asustada para salir corriendo dejándolos a ambos solos.
—¡No puedes tratar así de mal a Angela, ella no ha hecho nada! —Le reprochó mientras que se envolvía en la toalla.
—Estoy seguro de que tu nueva amiga estaba al tanto de tu maravillosa idea de convertir a mis caballos en tus juguetes, lo que no entiendo es, como conociéndome ella, no te hizo desistir.
—Angela, no estaba conmigo cuando baje a los establos. Solo quería ver a Volterra. La extraño, y extraño también cabalgar.
—¡Oh! Y decidiste que sería maravilloso que mis caballos estuviesen acicalados para tu yegua.
—¡Eso no es cierto! Lo hice por su propio bien. Tenían las patas llenas de barro y las crines completamente enredadas.
—¡Porque acababan de volver de un viaje! Hay un mozo que se encarga de su aseo, pero al parecer tú decidiste adelantarte.
—Pues sí, y sinceramente creí que lo verías como un detalle. Un gesto amable hacia ti no una ofensa.
—En primer lugar, lo único que has hecho ha sido deshonrar tu lugar como señora de este clan al rebajarte de esa manera, y en segundo lugar, ¿Cómo crees que me agradaría la idea de ver a mis sementales con sus crines trenzadas como si de unos simples caballos de paseo se tratase? ¿En qué momento se te ocurrió que eso era una buena idea?
—El aseo de un animal es muy importante para prevé ir enfermedades. —Habló mirándolo furiosa—. Pueden tener pulgas, chinches incluso se le pueden infectar las heridas y rasguños. Lo hice por su bien. En lugar de estar aquí regañándome deberías estar agradecido. Pero, claro… ¡Tú solo te preocupas de ti mismo! Llevas semanas sin hablarme y desde luego, jamás pensé que cuando volvieras a hacerlo sería de esta forma.
—Desde luego, si lo que querías era llamar mi atención para que volviese a dirigirte la palabra... ¡Lo has conseguido!
—¡No quería eso, te lo aseguro! ¡No pretendo forzar que alguien al quien parece que no le importo nada se fije en mí! ¡No te necesito para apañarme las en este lugar, Edward! Tu padre, inesperadamente me está ayudando mucho y las empleadas poco a poco van confiando en mí. Yo no te necesito, al igual que tú tampoco me necesitas a mí. —Le recriminó golpeando furiosa su pecho con el dedo.
—Te equivocas. —Susurró tomándola por los brazos y acercándola más a él—. Es la necesidad que tengo de ti lo que me hace apartarte de mi lado. Pero estoy empezando a cansarme de luchar contra mí.
—¿Qué...? —Susurró Isabella al ver cómo los labios de él se aproximaban a los suyos.
—Que eres mía, y lo mío lo tengo cuando y como quiero. —Habló deshaciendo el nudo de la toalla y dejándola completamente desnuda frente a él—. Y a ti te quiero ahora.
Edward la agarró por debajo de las nalgas y la elevó haciendo que una sorprendida y ruborizada Isabella enredarse sus piernas alrededor de su cintura y posarse las manos sobre su pecho. Por un momento, creyó que ese contacto era para aferrarse a él, pero cuando empezó a removerse y golpearle le quedó claro que o era así.
—¡No! —Grito apartándose de él.
—¿Qué? —Exclamó sorprendido por su rechazo.
—¡Así no! ¡No puedes ignorarme, hace cómo que no existo, entrar aquí y reclamarme para después tomarme como si de un animal se tratase!¡Yo no soy como esa fulana de tu amante!
—¡Eres mi esposa! ¡Es tu deber!
—¡Deber que no pienso cumplir hasta que las cosas no cambien!
—¡Ya han cambiado! ¡Todo e castillo sabe que lo mío con Tanya ha terminado al igual que lo sabes tú!
—¡Sí, lo sé! ¡Pero también es del conocimiento de todos que no me hablas, no me miras, no duerme conmigo y a penas soportas que esté presente en la misma estancia que tú!
—¡Me da igual lo que piensen!¡Debes cumplir con tu obligación! —Gritó furioso.
—Lo haré cuando lo hagas tú. —Sentenció Isabella mirándole desafiante— En Swan llegamos a un acuerdo, tolerarnos, respetarnos e intentar hacer este matrimonio fácil para los dos. Por e momento, sol y he cumplido con mi palara, ahora tienes qu hacerlo tú.
—Lo que estás haciendo ahora no es precisamente facilitar las cosas.
—Respétame, trátame como a una esposa y entonces me comportaré como una.
—¿Es tu última palabra?
—Sí.
—Bien, pues entonces… ¡Atente a las consecuencias!
La heladora amenaza de Edward acompañada por el estrepitoso retumbar del portazo que dio al salir dejaron a Isabella temblando. Se sentó en la cama y en un segundo desapareció toda la determinación con la que le había enfrentado.
¡Hola a todos! Parece que Bella tiene muy claro cómo actuar, aunque a Edward o le hace mucha gracia. ¿Qué consecuencias serán esas?
Muchas gracias a todos por los favs, followsy reviews.
Espero ansiosa vuestros comentarios.
Nos leemos el martes en el grupo de Facebook Elite Fanfiction y su iniciativa martes de adelantos y el viernes en un nuevo capítulo.
Saludos.
Nos seguimos leyendo
