Los días iban pasando con rapidez desde que habían llegado a aquel acuerdo no verbal de poner un alto al fuego en el campo de batalla. Bellatrix y Sirius desayunaban, almorzaban y cenaban con tranquilidad, seriedad en sus rostros y un silencio sepulcral.
Lamentablemente habían llevado aquel acuerdo al extremo máximo, ya que habían entendido que, estando callados, sin dirigirse la palabra el uno al otro, podrían convivir como personas civilizadas. Habían sido demasiado literales a la hora de interpretar las palabras que había expresado el animago anteriormente, puesto que el decir "tenemos que dejar de pelearnos tanto y comunicarnos mejor" no significaba dejar de hablar para poder tener tranquilidad. El problema es que habían interpretado aquella frase de una forma no convencional y la parte de "comunicarnos mejor" se había perdido en el olvido.
Los comentarios mordaces que ella quería decirle al animago, morían dentro de su garganta, puesto que no quería ser ella quien rompiera aquella tranquilidad que estaban teniendo. Hasta ese momento había conseguido dormir mejor sabiendo que el hombre no le diría nada, por lo que el silencio le entregaba paz y armonía a su cuerpo. Estaba adquiriendo tiempo para ella misma, inmersa en sus pensamientos, en sus deseos y preocupaciones, más que nada porque hasta ese momento no había recibido carta o mensaje alguno por parte de su esposo, cosa que la tenía al borde de la histeria interna. No había conversado con su primo sobre las cosas que tenía pensadas, puesto que primero necesitaba la información que Rodolphus le pudiera entregar y seguía no queriendo romper el silencio del departamento.
Sirius por su lado, había estado pensando en qué haría para poder tener contacto más cercano con su ahijado y amigo, ya que necesitaba saber qué podría y no hacer con respecto a la bruja que no le dirigía la palabra. Después de aquella noche en la que le comentó que tenían que aprender a convivir mejor, no esperó que la bruja dejase de hablarle, más que nada porque él había hecho lo mismo que ella. Aquel día cuando se despertó, se dio cuenta que no había sido despertado por una patada en el sofá y que su prima estaba sentada en la mesa con su desayuno servido. Al ver aquello, se levantó, se fue al baño en silencio, se aseó y salió hacia el sitio donde la mujer seguía comiendo para hacer lo mismo que ella. Un ligero asentimiento de cabezas por parte de los dos en forma de saludo y silencio absoluto. No había insultos, ni quejas. No estaban lanzándose nada por las cabezas y los golpes no estaban siendo participes de sus vidas, así que ambos entendieron que aquello era lo necesario para no morir mientras estuviesen encerrados allí.
El problema que estaba teniendo Sirius, era que tarde o temprano iba a tener que irse de allí y necesitaba saber cómo estaban las cosas en Grimmauld Place y en el resto del mundo para tener claro cómo actuar cuando llegara el momento de aparecer en las vidas de los demás con una asesina agarrada de su brazo, si es que dicha asesina quería ir con él, porque tampoco la iba a obligar, mucho menos después que le había dejado claro que le podría pasar si se atrevía a ponerle una mano encima nuevamente.
Los días pasaban tranquilos y sin ser notados. Para Bellatrix, el pasar de los días, estando en silencio y sin noticias de su esposo la mantenían continuamente en un estado de alerta y ansiedad. Lo único que necesitaba era la información que él podría darle y aún no llegaba, por lo que se estaba desesperando. Estar en silencio, sin más que hacer todos los días lo mismo la estaba estresando. Se levantaba temprano, se aseaba y desayunaba, luego volvía a la habitación, se maquillaba solo para matar el tiempo y se acostaba a dormir hasta que llegara la hora de almorzar, volviendo a dormir luego hasta la cena. Se estaba cansando de esa rutina infernal, más que nada porque las rutinas de ese tipo son más una tortura que un alivio.
Dentro de sus días de análisis, se puso a caminar por todo el departamento mirando el techo. Contó cada viga de madera que se podía apreciar y todas las manchas que estaban desperdigadas por la pintura. Dentro de su ritual de observación exhaustiva, vio que cercano a las ventanas que dejaban ver lo que estaba sucediendo en el mundo Muggle, entre dos vigas de madera había una pequeña rendija que se entendía como una puerta. Con toda la curiosidad y aburrimiento que estaba sintiendo ella, tomó una silla y la puso debajo del espacio para jalar de la rendija que había encontrado. Se abrió un pasaje a la parte superior del departamento y a su vez había caído una escalera para tener acceso a ese lugar. Miró hacia atrás para asegurarse de que su primo no había salido del baño aún y sin dilataciones, trepó por la escalera, para luego estando arriba, subirla y cerrar la entrada por la que había pasado. Con una floritura de su varita, la cual había sacado del pliegue de su vestido, iluminó el lugar y se dio cuenta que era la parte más alta del edificio en el que se encontraban, por lo que debía ser la azotea del departamento del animago.
El espacio estaba vació y no contaba con nada más que no fueran arañas, sus hogares y polvo. Sintió que su pecho saltaba ante lo que había descubierto e instada por la tremenda aburrición que sentía se puso a cambiar el destino que tenía esa habitación al momento en que la crearon, adaptándola a sus necesidades.
Desde la parte de abajo, Sirius sentía como sobre su cabeza se escuchaban ruidos fuertes y de vez en cuando algunas explosiones, por lo que pensó que podían estar bajo ataque de mortífagos. Cuando salió corriendo del baño para ver si su prima se encontraba bien o si aquel ataque había sido obra de ella, se dio cuenta que la mujer no estaba por ninguna parte
—No creo que haya salido nuevamente… —se dijo a sí mismo. Un nuevo ruido lo hizo saltar sobre su lugar y llevó la mirada hacia el techo. Escuchó tipos de pasos sobre su cabeza y aquello le llamó la atención en demasía, porque era imposible que hubiese alguien encima de él. Decidió guardar silencio para ver si podía percibir algún otro ruido y una nueva explosión lo hizo saltar nuevamente, logrando que se moviera por la estancia buscando el origen de los estruendos.
Los pasos se escuchaban por todos lados, de un espacio al otro y de un segundo a otro se detuvieron, cosa que a Sirius le llamó mucho más la atención. Llegó hasta la trampilla que daba acceso hacia el ático y la tiró, subiendo por la escalera que se había desplegado hacia el suelo. Lentamente fue pisando los peldaños para no caerse y fue preparando sus ojos para la oscuridad que sabía recibirían sus retinas, pero no fue lo que se encontró.
En medio del lugar, había un especie de nido de almohadones blancos que cubría casi todo el suelo. Podría adivinar fácilmente que eran alrededor de unos cuarenta almohadones de todo tipo de tamaños, los cuales estaban soportando el peso de la bruja que yacía acostada sobre ellos. Las paredes estaban limpias y el color de la madera que antes tenían, ahora era un negro profundo. Cada ciertos tramos había pequeños faroles colgados, los cuales iluminaban el lugar con un amarillo tenue, casi el mismo que daba el fuego de una vela encendida. En la parte final del espacio, al fondo y entre dos faroles, estaba el dibujo de la constelación de Orión, la misma que él mismo tenía tatuada en su piel y la "B" yacía en el mismo lugar. Las líneas que marcaban la constelación estaban en color plata, los puntos de la misma manera y la letra principal, aquella que correspondía a la estrella de Bellatrix, estaba dibujada en una letra casi gótica y cursiva, lo que le entregaba al espacio un detalle sublime y casi marcando un escudo creado para la realeza. Sin poder evitarlo, levantó su antebrazo y encontró los mismos trazos que estaban plasmados en la pared, lo que le hizo sentir una punzada en el pecho. Estaba demasiado asombrado ante lo que estaba viendo, puesto que ese lugar anteriormente era nada más que un ático sucio y que él no había querido usar, pero ahora ya no quedaba nada de eso, ni siquiera el techo.
Al darse cuenta de ello, subió la mirada y observó que sobre su cabeza se podía vislumbrar todo el firmamento, el cual en esos momentos estaba despejado y las estrellas destellaban orgullosas en el mar negro del universo. Se perdió por algunos momentos en ello, completamente anonadado por lo que había hecho la mujer, pero entendía que era su pasatiempo y necesitaba un poco de eso en su día a día. Llevó la mirada hasta su prima y la encontró mirándole mientras seguía acostaba con la cabeza hacia atrás, de hecho, le costaba saber si realmente lo estaba mirando a él o solo veía tela blanca, porque su cara estaba chocando con los almohadones que la rodeaban. No quería perturbar la tranquilidad que habían tenido hasta esos momentos, pero sentía curiosidad y se acercó lentamente hasta la bruja
—¿Puedo sentarme? —preguntó con suavidad, rompiendo el silencio que habían adquirido días atrás
Sin decir palabra alguna, Bellatrix volvió su cabeza a su sitio y su mirada la posó en las estrellas que tanto le gustaban. Al notar que su prima no lo echaba a patadas de allí, se sentó sobre los cojines a una distancia prudente de la bruja. Se fijó que todo estaba muy tranquilo, las luces que tenían que estar prendidas en las calles bajo ellos no llegaban hasta ese espacio y aquello lograba que la contaminación lumínica no afectase la actividad que la mujer estaba llevando a cabo. Podía sentir la paz y tranquilidad que estaba brindando ese lugar y se maravilló de como una persona podía lograr tantas cosas y que le saliesen bien, puesto que a pesar de lo rustico que era el espacio, Bellatrix había conseguido que fuese acogedor, armonioso, tranquilo.
Bellatrix por su parte, estaba perdida en sus pensamientos. Mediante los minutos habían pasado y ella se entretenía moviendo la varita de un lado para otro, su elfina había aparecido entregando una carta, la cual todavía no había abierto. Sabía que tenía que hacerlo, porque lo más probable es que aquella contuviera las información que estaba necesitando. Cuando había terminado de transfigurar las telarañas en cojines y almohadones, se tiró sobre ellos para poder perderse en las estrellas. Tenía su brújula en la habitación que usaba para dormir, pero no quería bajar a buscarla, se sentía demasiado a gusto estando bajo el cielo estrellado y los cojines le habían quedado sublimes. Sentía la mirada de Sirius sobre ella, pero no tenía ninguna gana de ponerse a discutir, la carta que aún seguía en su mano la tenía sumida en un estado de parálisis.
Soltó un bufido y se levantó para poder leerla, dejando su lugar cómodo y así caminar hasta un rincón de la habitación.
Querida:
Las cosas están un poco a nuestro favor, pero también puede que se compliquen más de lo que podríamos habernos imaginado.
Mi señor nos ha reunido en el salón principal de la mansión de tu hermana para decirnos cual es la misión que debe tener el chico para compensar el desastre del ministerio. Como tú no estás aquí, tuve que estar presente, puesto que Lucius está en Azkaban (te enviaré en cuanto pueda algunas botellas de su whisky, Narcissa está pendiente de que no me las robe). Estuvimos Draco, Narcissa y yo, representándote a ti. Lo bueno es que, al haber estado presente, sé de primera fuente qué es lo que quiere el Lord de aquí a fines de este año…, lo malo es que es complicado.
Quiere que Draco mate a Dumbledore.
Te podrás imaginar lo histérica que está tu hermana con todo esto, así que agradece que no estás aquí para verla llorar y quejarse por todos lados. Pude escuchar detrás de la puerta antes de que el Lord se fuera de la mansión a quién sabe dónde, que le prohibió a Narcissa que se pusiera en contacto con Snape y que no le pidiera ayuda para la misión del chico. Hay que ver que se trae Snape en todo esto. Sé que siempre me has dicho que Snape es un traidor, pero igual me cuesta creerlo…, veré que puedo averiguar.
Lo otro, es que una vez que el Lord envió fuera de la reunión a Draco y su madre, me pidió que me quedara con él por algunos minutos, en los cuales me preguntó si tu habías guardado bien el artefacto que te pasó. Yo le dije que estaba en nuestra bóveda y que nadie más que nosotros podemos entrar a ella. Investigaré qué es lo que es, pero me imagino que tu puedes tener alguna idea de ello, más que mal siempre estuviste más cerca de mi señor que todos nosotros y tus tendencias por las Artes Oscuras y objetos de esa magia son tus favoritos. Trata de acordarte para que así tengamos un poco más de camino adelantado.
Cuídate Bella, trataré de tener más información pronto.
Bellatrix se llevó la mano al pecho y tragó con fuerza. Tenía más que claro que Voldemort podría haber querido imponer un castigo a los Malfoy por el fallo de la profecía, más que mal la misión la había comandado Lucius y la perdida de la esfera, por ende, era su culpa. Sabía que su sobrino tendría que pagar por ello, pero no sabía que sería tan duro el poder hacerlo. Conocía algo al chico y aunque fuese poco, tenía más que claro que no podría llevar a cabo esa misión.
Se volteó y se aproximó nuevamente hasta los almohadones. Se tiró sobre ellos y apoyó su cabeza bajo las manos que había cruzado en su nuca. Fijó la mirada en el firmamento, mientras que su cerebro se movía con rapidez, hasta llegar a una conclusión. Giró la cabeza y se topó con la gris mirada de su primo que le observaba con cautela. Iba a abrir la boca para poder entablar conversación con el hombre después de días de no hacerlo, pero no pudo, puesto que el animago se adelantó y preguntó
—¿Dónde dejaste el techo de este lugar?
Bellatrix pestañeó unos segundos y con las voz entrecortada por lo fuera de lugar de la pregunta, contestó —Lo hice desaparecer
—Pero no lo dejaste por ahí tirado, ¿cierto? —quiso saber Sirius con preocupación
—No, no lo dejé tirado en ninguna parte…, ¿por qué?
—Porque cuando yo andaba vagando por las calles y bosques, muchas veces me topaba con basuras que dejaban los Muggles tiradas, y muchas de esas veces me enterré astillas en las patas…, es lo peor que se puede sentir, sinceramente —comentó él como si estuviese sintiendo el dolor que ya había sentido en algún momento. Al apreciar la cara de confusión de su prima, la miró y entendió lo que ocurría, por lo que murmuró —. ¿Qué tienes que decirme?
Bellatrix no sabía por donde comenzar, pero tenía más que claro que no podía revelar ningún tipo de información hasta no estar segura de cuales serían sus pasos por seguir. —Necesito saber qué harías por mí
Sirius, que no se esperaba aquello, la miró con seriedad y alzó una ceja. No entendía porque estaba diciendo aquello y ciertamente no sabía tampoco como contestar a esa pregunta. —No entiendo a lo que te refieres
—Eso, quiero saber qué harías por mí —volvió a decir —. Si alguien de la Orden descubre que estoy contigo, qué harías. Si el vejete sabe que estamos aquí y me quieren entregar a los Aurores…, qué harías
La sorpresa en Sirius crecía cada vez más, puesto que él mismo se había hecho esas preguntas repetidas veces y siempre llegaba a la misma conclusión, cosa que lo dejaba desconcertado, y es que haría lo que fuese por ella…, pero no sabía el porqué. Tenía claridad en el hecho de que no permitiría que la enviasen de vuelta a la prisión, ya había estipulado que nadie merecía estar allí y ella después de todo lo que había vivido hasta ahora, no lograría salir con vida nuevamente, siendo que le dieran el beso del Dementor era lo más probable. Desde que estaba con ella se sentía vivo y no quería perder aquello, pero tampoco podía expresarlo, así como así
—Tendría que pensarlo Bellatrix…, no te puedo dar esa respuesta de un segundo a otro. De la misma forma, a mí me gustaría saber qué estás dispuesta a entregar por mi ayuda —dijo el animago mirándola fijamente.
Ella sabía que cuando llegase el momento en que tuvieran que conversar, empezarían las negociaciones, pero todavía le faltaba información para poder hacer ese tira y afloja.
—Te daré el tiempo que necesites para que me contestes. Yo también me tomaré me tiempo para darte una respuesta —subió su mirada al cielo y se volvió a perder en él —. Puedes dormir en la habitación, yo me voy a quedar aquí
—Te va a dar frío —susurró Sirius. No era para nada una mala idea el poder dormir sobre el cómodo colchón que tenía su cama, pero sentía que algo estaba pasando y quería saber el qué
—Me gusta el frío —contestó ella, cerrando los ojos y sintiendo la brisa helada que golpeaba su rostro. Sintió unos pasos alejándose de su lado y el sonido de la puerta que daba hacia el piso principal, pero luego sintió nuevamente una presencia a su lado. Abrió los ojos y observó a su primo acostado junto a ella, dejando un espacio que los separaba y así no tocarse entre ellos. Sin entender qué estaba haciendo, levantó una ceja esperando por una explicación
—También me gusta el frío —comentó como si fuese lo obvio —, además que hay cojines y almohadas de sobra.
Se miraron por unos minutos con el ceño fruncido, pero sin querer volver a las discusiones, alejaron la vista hacia es espectáculo que estaban teniendo sobre sus cabezas. La luna menguante estaba brillando con fulgor y los cuerpos celestes a su alrededor eran lo único necesario para que la imagen fuese maravillosa y hacer que cualquier persona se perdiera en ella.
