Otro día de trabajo llegó a su fin y la pareja de esposos subió al coche, habían pasado días desde su conversación con Hans, se había enterado de que Judy había programado una reunión entre el pelirrojo y su esposo hacía días, sin embargo hasta el momento Alistair no había comentado nada al respecto, así como tampoco había tenido oportunidad de conversar con Hans.
Alistar tomó su mano sorprendiéndola al hacerlo.
— ¿Te he dicho últimamente lo mucho que te amo, Elsa? — Preguntó el hombre, la rubia bajó la mirada sin responder — Cariño, ¿Ocurre algo malo? ¿Te sientes mal? — Preguntó Alistair.
—No, me siento bien sólo algo cansada — Respondió ella — Fue un día agotador, demasiado trabajo, pero seguramente tú sabes de eso…
—No quiero hablar de trabajo ahora, Els — Dijo Alistair acercándose a ella, la tomó por el rostro con dulzura — Esta noche te llevaré a cenar a donde tú quieras, hace mucho que no te invito a salir ni pasamos un momento romántico — Besó la mejilla de la rubia.
—No es necesario — Intentó rechazar la invitación —. Quiero ir a casa y dormir un poco.
—Elsa, ¿Segura de que está todo bien? — Insistió su esposo — ¿Estás molesta conmigo?
—No — Negó rápidamente ella —. Sólo no tengo muchos ánimos de ir a cenar a alguna parte, ¿No podemos cenar en casa?
—Quiero que sea especial, sé que no he sido el mejor esposo últimamente y quiero compensarlo un poco invitando a mi chica especial a una cita — La rubia terminó cediendo — ¿A dónde desea que la lleve, bella dama?
—Vamos a dónde tú quieras — Respondió ella sin mucho interés —. Lo que decidas estará bien.
—Elsa, enserio me preocupa que algo este pasándote, ¿Tuviste algún problema el día de hoy? ¿Hay algo que te preocupa? Puedes confiar en mí, lo sabes ¿Cierto?
—Enserio estoy bien, no debes preocuparte por nada — Aseguró ella.
El hombre besó la frente de su esposa antes de darle instrucciones a su chofer de hacía donde llevarlos.
-o-
El restaurante era elegante, algo que contrastaba ligeramente con la ropa de oficina que ella llevaba, el traje de Alistair podía ser considerado una prenda apropiada mientras que era evidente que ella no estaba preparada para ir a aquel lugar.
Elsa apenas y había probado su platillo preocupando aún más a su esposo.
—Elsa, no importa lo mucho que intentes negarlo, te conozco y sé que algo te está pasando — Volvió a traer de vuelta el tema — Sabes que es importante que me digas si te duele algo, sientes alguna molestia o si te sientes débil, sé que no te gusta ir al médico — Lo dijo de tal manera que no resultaría sospechoso para los demás comensales escuchar el comentario por accidente o a algún curioso que estuviese atento a su conversación —, pero a veces es necesario.
—Me siento bien de salud, todo está en orden en ese aspecto — Intentó ser lo más convincente posible para que su esposo no dudara ni un poco de ello — ¿Por qué me has traído a cenar aquí, Alistair? — Preguntó la rubia.
— ¿No puedo tener un detalle especial para con mi esposa sin tener un motivo de por medio? — Cuestionó el hombre.
—No es tú estilo — Contestó ella.
—Quizá quiera ser un mejor esposo.
—Quizá invitarme a cenar no sea exactamente lo que yo espero de ti — Dijo ella actuando a la defensiva —. No quiero nada de esto, yo ni siquiera quería venir. Sólo acepté porque tú insististe y últimamente así se toman las decisiones en nuestro matrimonio.
— Els, tan sólo quería que tuviésemos una velada agradable, intento comprenderte y hacer cualquier cosa por ti, pero necesito que pongas de tu parte — Habló el empresario — Quiero que hables conmigo, Elsa. Ya ni siquiera conversamos como antes, es como si no te conociera, como si fueras otra persona.
—Yo ya ni siquiera me siento yo ¿De acuerdo? — Dijo ella —. Ni siquiera me siento cómoda con cómo soy, intento adaptarme a las circunstancias, pero cada vez es más malditamente difícil y sólo necesito un descanso, pero tú apareces y crees que sabes lo que necesito, dices que quieres que hable contigo, pero tú nunca escuchas.
—No hagamos una escena aquí, Elsa.
—Sólo me trajiste a un restaurante para que no pudiese expresar lo que siento ni salga huyendo.
—No es verdad, yo enserio quería pasar tiempo contigo. Quería que tuviésemos algo especial — Se defendió —. Te amo Elsa, tan solo quiero hacerte feliz. Soy consciente de que he fallado en muchos aspectos, pero soy honesto al decirte que quiero cambiar, volver a ser alguien en quien confíes…extraño como eran las cosas entre nosotros antes, daría cualquier cosa con tal de recuperarlo.
—Igual extraño eso, pero no se puede cambiar el pasado — Dijo ella.
—Lo sé, pero podemos empezar de nuevo — Comentó Alistair — Podemos intentar dejar todo en el olvido, por el bien de nuestro matrimonio.
—Alistair, sabes que te quiero — Habló la rubia —. Sin importar que ha pasado ni lo que pase en el futuro, siempre voy a quererte, eres muy especial para mí. Sin embargo hemos tenido demasiados problemas, discusiones…sólo nos hacemos daño el uno al otro.
—Por favor, Elsa. Dame otra oportunidad y te haré la mujer más feliz del mundo entero — Se puso de pie para rodear la mesa y acercarse a ella — Eres el amor de mi vida, pídeme lo que desees, ponme cuantas condiciones consideres, pero concédeme una última oportunidad.
La rubia asintió con la cabeza y de inmediato sus labios fueron capturados por los de su marido.
-o-
Llegaron a su casa e ingresaron al dormitorio donde Alistair la besó una vez más, la rubia correspondió el beso, sintió las manos de su marido aferrarse a su cintura para atraerla hacía su cuerpo.
El hombre llevó sus labios al cuello de la mujer mientras lentamente la encaminaba hacía la cama dónde la recostó con cuidado y se colocó sobre ella.
Elsa lo sintió meter una de sus manos por debajo de su blusa y empezó a ponerse nerviosa.
— No — Dijo Elsa. Alistair la miró con genuina preocupación —No puedo hacer esto — Lo apartó para proceder a ponerse de pie.
—Amor, tranquila todo está bien — Dijo Alistair abrazándola por detrás — Está bien si no te sientes preparada para volver a pasar la noche conmigo, no necesito que lo hagamos para amarte.
—Creo que jamás querré hacerlo de nuevo — Comentó ella —. Me siento el fenómeno más grande de San Fransokyo — Agregó.
—No lo eres, Elsy — Dijo Alistair —. Eres la mujer más hermosa y dulce que conozco, eres preciosa y estas lejos de ser un fenómeno, apostaría a que pareces todo un ángel.
—Yo no me siento así — La rubia bajó la mirada.
El empresario miró con tristeza a su esposa y deseo más que nunca poder leer sus pensamientos. Extrañaba a la Elsa alegre y un tanto orgullosa de la que se había enamorado, quería ayudarla.
Y quizá el invento en el que planeaba invertir podría ayudar a su dulce y amada Elsa.
